Este es un COPY-PASTE del libro "A midsummer`s Nightmare" de Kody Keplinger.

Los personajes de SCC pertenecen a CLAMP.

Pesadilla de Verano

CAPITULO 24

Justo después de que regresáramos a casa, recibí un mensaje de texto de

Touya:

Hey, perdón por no haberte llamado en un tiempo. ¡Nakuru consiguió un nuevo empleo! ¿Cómo estás?

Su sincronización era asombrosa. Papá iba entrando en la cocina, dejándome de pie sola en la sala de estar, sin siquiera una palabra. Como si nada hubiese pasado. Como si yo no estuviera allí. Era como si Touya supiera que lo necesitaba. Como si supiera lo sola que me sentía.

Comencé a responderle el mensaje, mientras subía las escaleras hacia la habitación de invitados.

No muy bien ¿Puedo llamarte?

Él respondió de inmediato.

No. Estoy en una reunión. Un día sábado. Es una aburrida & larga historia. Sin embargo puedo escribirte

Y ese era mi hermano, escribiendo mensajes de texto por debajo de la mesa en algún tipo de importante reunión. Una buena hermana le habría enviado otro mensaje, diciéndole que lo llamaría luego de que terminara la reunión. Él no debería estar enviando mensajes. Se trataba de su empleo. Y todo ese tipo de mierda.

Pues bien, yo no era una buena hermana. De hecho, para ser precisos, yo era bastante y malditamente egoísta. Sin embargo, supongo que se trata sólo de otro rasgo heredado de mi padre.

Había tantas cosas que quería decir. Tanto que quería contarle a Touya.

Sentimientos que quería que entendiera. Sin embargo un mensaje de texto no podía contener tantas emociones. O letras.

Por lo que escribí las únicas palabras que parecían encajar:

Me caía mejor papá antes d saber la verdad.

No fue fácil explicarle a Touya a través de mensajes de texto toda la historia de mi charla con papá, pero de alguna manera lo conseguí. Y aunque sus intentos de consolarme estaban llenos de errores de ortografía y puntuación incorrecta, se sentía bien el solo hecho de tener a alguien que escuchara. O hablando técnicamente; leyera.

Me dijo que me haría una llamada -una llamada real, de voz a voz- en los próximos días, pero no me iba a quedar esperando por ella. No era que pensase que él estaba mintiendo o algo, pero ahora tenía una esposa. Una hija. Y en este momento, comenzaba a entender lo importante que podía ser para un padre prestarle atención a su familia.

La familia de Touya era lo primero. Lo entiendo. Incluso si cuidar de ellos significaba que no podría llamarme durante algunos días. No me quejaría.

Ya no más.

Las cosas mejorarán. No olvides q sigue siendo tu padre. El la caga pero t ama

Ése no lo respondí. Últimamente todos parecían estar diciéndome que papá me amaba. Todos excepto papá.

Puse mi teléfono celular en la mesita de noche y me tendí en la cama, apretando con fuerza los ojos. Con todo lo que había aprendido, sabía que aunque el verano terminara, la pesadilla no lo haría. Estaba enojada con papá por muchas cosas, pero por sobre todo, estaba enfadada con él por dejarme ver que no era perfecto.

No abrí los ojos, incluso cuando escuché el sonido de la puerta de la habitación de invitados abrirse.

—Hey, Sak —dijo Shaoran—. Tomoyo y yo vamos al cine. ¿Quieres venir?

—No —murmuré.

—¿Estás segura? —preguntó él—. Será divertido.

—Estoy segura.

El pestillo de la puerta hizo clic, y pensé que Shaoran se había ido. Pero por supuesto, él no lo había hecho. El final de la cama se hundió un poco bajo su peso, y yo suspiré ruidosamente.

—¿Qué? —demandé, abriendo los ojos y encontrando a Shaoran sentado a mi lado.

—¿Ha pasado algo hoy? —preguntó—. ¿Contigo y Fujitaka?

Cada hueso de mi cuerpo me decía que le gritara: ¡No es de tu maldita incumbencia! Pero al mirar dentro de los ojos achocolatados de Shaoran, simplemente no pude hacerlo. Por mucho que quería culpar a los Mizuki por la manera en que papá había cambiado, ahora sabia que él había estado viciado desde hace mucho. Y ellos -Shaoran, Tomoyo, y Kaho- habían sido buenos conmigo, sin importar cómo los había tratado yo a cambio.

—Si —me senté—. Intenté hablar con él, pero simplemente no le interesa. Intenté con lo de la cosa en internet, y dijo que estaba seguro de que podía manejarlo. Eso fue todo.

—Lo siento —dijo Shaoran.

—Hubo más, pero... Sabes, creo que siempre ha sido así de egoísta, simplemente yo no quería verlo —apreté las yemas de los dedos contra mis ojos, mientras que las lágrimas con las que había luchado en el Dairy Queen, comenzaban a deslizarse por mis mejillas—. Detesto todo esto. He pasado años siendo una perra apática e insensible, sin que nadie me importase. Y sin embargo él me ha convertido en una niñita llorona con problemas de papá.

Levantó los brazos un poco, pero entonces vaciló. Negué sacudiendo la cabeza y me acerqué más a él, apoyando mi frente contra su hombro. Olía a jabón y especias, y su camiseta de algodón era suave contra mi cara. Y entonces sus brazos estuvieron a mí alrededor, abrazándome. No lloré mucho, sólo por un momento.

Una de las manos de Shaoran me acarició el cabello con gentileza, de la manera en la que debe de hacerse cuando se ofrece consuelo. De la manera en la que las madres lo hacen en las películas cuando sus niñas despiertan de una pesadilla. De la manera en la que los padres lo hacen en la tv cuando sus hijas tienen un corazón roto por primera vez.

De la manera en la que nadie nunca lo había hecho por mí.

Cuando las lágrimas hubieron terminado, me senté derecha, deslizando una de mis muñecas a través de mis ojos y mejillas húmedas.

—Lo siento. Dios, soy tan ridícula.

—No, no lo eres.

Nos sentamos en silencio por un largo rato, solamente respirando juntos el aire viciado de la habitación de invitados. Después de un momento, Shaoran me miró.

—¿Estás segura de que no quieres venir con Tomoyo y conmigo? —preguntó—. La película es una comedia. Tal vez te levante el ánimo.

Negué con la cabeza.

—No. No lo creo. Sólo voy a quedarme aquí y...

Se me quedó mirando, esperando.

—Y hacer algo. No sé.

—¿Crees que llamarás a Harrison? —preguntó él—. Quizá vendría a pasar el rato contigo o algo.

—Quizá —no—. Que se diviertan —le dije a Shaoran, tirando de mi pelo sobre mi hombro y enroscando distraídamente las hebras marrones alrededor de mis dedos—. Espero que la película esté buena.

—De acuerdo —dijo, asintiendo. Extendió una mano y me dio un ligero apretón en el brazo antes de levantarse—. Bueno, saldremos en una media hora, por si cambias de opinión.

Luego se fue.

Shaoran y Tomoyo ya se habían ido al cine para el momento en el que finalmente salí de la habitación de invitados. Comenzaba a tener hambre, y Kaho no me había llamado todavía para cenar o algo. Por lo que comencé a escarbar dentro de los gabinetes esperando poder encontrar unos Pop-Tarts para picotear.

Acababa de encontrar una caja de sabor a fresa -mi favorito- cuando la puerta mosquitera se abrió y Kaho entró, vestida con su traje de baño y riendo a carcajadas. Se detuvo en cuanto me vio, sus mejillas volviéndose instantáneamente de color escarlata.

—Sakura —dijo—. Hey. Pensé que te habías ido con los chicos.

—No —dije, desenvolviendo mi Pop-Tart—. Decidí quedarme en casa.

—Oh, lo siento —dijo Kaho, poniendo una mano sobre su boca. Pude ver una pequeña llave colgando de una cadena alrededor de su dedo—. Cariño, si hubiese sabido que ibas a estar aquí, habría hecho algo para que comieras. Vaya, lo siento mucho.

—Está bien.

Pasó por delante de mí, y se dirigió hacia el gabinete encima del fregadero, deslizó la pequeña llave plateada de su dedo, y abrió la cerradura. El gabinete de licor.

De alguna manera. Me hallaba incapaz de creer que ella mantenía licor en la casa. Kaho bajó una botella de vino.

—¿Estás segura que podrás arreglártelas tu sola esta noche? —preguntó, cerrando de vuelta el gabinete.

—Sí. No hay problema.

—Bien —dijo, volviéndose hacia mí con un suspiro—. A veces necesito una noche libre —se echó a reír y se pasó los dedos por el cabello mojado—. De acuerdo. Te veré por la mañana, Sakura.

—Nos vemos.

Sonrió, y me di cuenta de la vitalidad de su andar mientras se dirigía hacia la puerta mosquitera. Cuando salió, pude escuchar la música. Dulce y familiar.

Hay quienes dicen que la mujer tiene la culpa, pero yo sé…

La puerta se volvió a cerrar, silenciando los sonidos de Jimmy Buffett y "Margaritaville". Pero ya la había escuchado. Podría reconocer esa canción por tan sólo dos notas. La había escuchado durante tantas veces en los veranos en el apartamento.

Corrí hacia la puerta, sin soltar mí Pop-Tan: y me asomé a través de la pantalla. Papá estaba sentado en una de las sillas de jardín, vestido con su traje de baño, mientras Kaho daba vueltas y bailaba durante todo el camino de vuelta a la mesa. Se sentó frente a él y abrió la botella de vino que acababa de tomar del gabinete, bebiendo directamente de la parte superior antes de pasársela a papá.

Se llevó la botella a la boca, pero sus labios ya se estaban moviendo, formando la letra de la canción.

Él estaba cantando.

Y Kaho se estaba riendo.

Y ellos estaban bebiendo.

Era como una escena de una película que había visto una y otra vez. Aquel sentado afuera era el papá de verano. El papá que había perdido. El papá que había asumido se había ido. Pero estaba aquí. Con Kaho.

Me alejé de la puerta, con los puños apretados.

Durante todo el verano lo había buscado. Mi relajado, risueño y mejor amigo papá. Pero él había estado aquí todo el tiempo. Dos meses, y yo no lo había visto. Ahora, estaba sentado afuera con su nueva novia, viviendo su nueva vida.

Hice girar mi puño a un lado de la heladera. Luego de nuevo. Dejé mi Pop-Tart sobre la mesa y corrí al piso de arriba, tirando todas las puertas desde allí hasta la habitación de invitados.

Lo había echado de menos. Lo había echado tanto de menos, y él había estado allí todo el tiempo. Eso sí, no conmigo.

Continuara…