Buenas Noches
Bueno, les traigo un capitulo más de Dinastía, esperando que les guste, gracias por su espera y paciencia y sus mensajes de apoyo son importantes para mí. Nos leemos después.
DINASTIA LI
Capitulo XXV
Cuando creía que finalmente había perdido su conciencia Sakura se descubría entrando y saliendo de ella con más facilidad de la que se necesitaba para parpadear. Resultaba irónico pero esto tampoco se parecía a la muerte, o bueno, lo que se había imaginado que sería cuando sucediera.
Sentía que su cuero era manipulado por muchas manos, no era doloroso pero podía sentir cada tirón, cada rotura. Por su vista pasaban imágenes de lo que había visto y presenciado antes de sentir ese impacto y que se hiciera imposible respirar y mantener la cabeza lucida. Los brazos de Shaoran, la angustia de su voz, todo era tan efímero que por muchos momentos se preguntaba si los sucesos en verdad habían tenido lugar o solo se trataban de algún producto de su imaginación y cuando abriera los ojos iba a despertarse en su celda oscura.
Pudieron haber pasado días de inconciencia y en un momento dado quiso salir de ello así lo que le esperara al otro lado no fuera grato. Intentó abrir los ojos pero los sentía abotargados e inflamados así que desistió.
Algo hizo que su pecho se expandiera sin que ella lo ordenara y le hacía pensar en si su cerebro se había separado de las funciones vitales. "Muévete" ordenó a su órgano cognoscitivo para que a su vez este ordenara a su brazo derecho que se moviera pero la única respuesta fue el silencio.
Quietud total.
Puede que estuviera muerta después de todo. Se dio nuevamente la expansión en su pecho y el aire volvió a salir ordenadamente. Vaya sensación incomoda. A su alrededor, frente y dentro de sí era testigo de una oscuridad tan palpable que seguro podía tocar si sintiera algo más aparte de nada.
Los sonidos también llegaban en una especie de clavo morse; imagen, chasquido, borrón, borrón, imagen y chasquido otra vez. Luego algo más, un sonido con el que se sentía bastante familiarizada desde aquella vez que fue hospitalizada mucho tiempo atrás, algo igual había estado sonando cada vez que sentía a su pesado corazón palpitar.
Una puerta, sí, eso era una puerta abriéndose o eso le decían sus oídos. Pasos pesados, seguramente se trataba de su captor que había venido a despertarla para que desayunara. La tocaba, sentía que estaba tocando alguna parte de su rostro. Una luz titilante se movió repetidamente frente a sus ojos e intento seguirla o apartarse sin poder llegar a lograrlo.
Luego nuevamente la oscuridad, alguien o algo le daba golpecitos en alguna parte inferior de su cuerpo; ¿Tal vez sus rodillas? Algo frio se posó en su pecho pasando por encima de su respiración involuntaria. Silencio.
De repente quiso ponerse a llorar y lo hubiera hecho de haber podido. Esto, su estado actual y sus acciones tampoco le habían traído la paz a su alma. Se sentía como debía sentirse un bebe cuando estaba dentro de su madre; en silencio, oscuridad y ruidos desconocidos de vez en cuando. ¿Ahora que iba a hacer?
/*/
El olor penetrante del alcohol y las pesadas palmadas en sus mejillas hicieron que Shaoran por fin regresara a la conciencia, pero cuando una lluvia de recuerdos dio la bienvenida a su vista pensó que hubiera sido mejor quedarse en la inconciencia. De repente las imágenes de Sakura, pálida, mortecina y fría, sin que sus ojos esmeraldas lo vieran, en sus brazos, violentada y con un tiro en su pecho que iba dirigido hacia él...
Los ojos se le llenaron de indeseables lagrimas inmediatamente pero podía justificarse ante las personas que lo estaban viendo que eran producto de lo que le habían dado a oler y no por que la culpa lo estuviera matando de frente y tampoco por que no pudiera contener el aluvión de su impotencia y desesperación que estaban haciendo lo posible por estrujarle todo el cuerpo. Finalmente su vista se aclaró y quien estaba ante él con un algodón impregnado de alcohol era su buen amigo Eriol que lo miraba con preocupación.
No necesitaba eso en ese momento. Las preguntas impregnaban boca dándole el sabor de la sequedad, pensaba que tal vez la preocupación que irradiaba su amigo se debía a que no sabía cómo decirle que Sakura había muerto. Parpadeó un poco y las lágrimas indeseables pero sentidas hicieron un magnánimo esfuerzo por salirse de las cuencas de sus ojos pero las limpio rápidamente de su rostro y comenzó a sentarse precariamente en la camilla. Seguramente aún se hallaban en el hospital. Miró expectante a Eriol pero el negó con la cabeza.
– – Aun sigue inconsciente – Si, bueno, eso a que estuviera muerta era algo casi celestial. Una noticia que sabía que se merecía tanto como merecía ser santificado. Probablemente la ironía era la mejor manera de lidiar con la realidad.
Eriol le pasó el móvil y de inmediato llamó a su jefe de seguridad, necesitaba saber que había pasado después de que se retiraron en esa terrible huida y sabía que aunque Liu no se hubiese quedado seguramente ya había enviado equipos de seguridad, forenses y demás para verificar la zona y saber que había sido esa espantosa vibración que habían sentido en el aparato, no podía ser una turbulencia.
– – Una explosión – fue la respuesta que recibió de Liu apenas le indago – no fue propiciada por ninguno de nuestros hombres ni creo que tampoco por los de ellos, el fuego ya fue evacuado y el equipo forense se encuentra en camino para la adecuada investigación e identificación de los cuerpos si es que quedo algo para identificar – terminó su jefe de seguridad.
– – Bien, necesito saber si ese bastardo está muerto porque si no es así lo buscare para asesinarlo yo mismo – Shaoran sabía que era la ira quien hablaba pero desde que se había enterado de la verdad lo único que le interesaba, aparte de que Sakura viviera, era cobrar venganza sobre lo que había sufrido. Era curioso que nadie quisiera cobrar venganza sobre él mismo por lo que le había hecho a ella pero prometió dejar de martirizarse con eso si ella al final lo perdonaba.
El silencio fue la única respuesta a su última sentencia pero sabía que Liu al otro lado compartía la misma opinión en una muy grande escala. Cortó la línea y transmitió a Eriol lo único que quería hacer en ese momento.
– –Quiero verla –
/+/
Eriol era seguido por Shaoran en el largo pasillo de ese costoso hospital, era el que tenían que cruzar antes de llegar al imponente vestíbulo donde después subirían al gran y acristalado ascensor y de ahí hasta donde estaba la unidad de cuidados intensivos. Mientras subían por el lento ascensor Eriol se obligó a relatarle a Shaoran lo que el médico le había dicho ya que este parecía haberse desconectado del mundo en el momento en que le había dicho lo de su hijo en formación y nonato. Había sido difícil y sorprendente ver a su amigo desmoronarse de esa manera después de ser el más grande bastardo que había conocido, fuerte, casi que de piedra e implacable pero de repente sus rodillas cuando el peso de la realidad había caído sobre sus hombros y la idea de estar tan cerca de perder a la joven Sakura lo sacudía hasta hacerle perder el conocimiento y sabía perfectamente que fue por eso. Solamente una persona que amara a otra podía caer de esa manera ante una amenaza de esa magnitud.
El olor aséptico de la sala de espera de la UCI (llamaremos así a la Unidad de Cuidados Intensivos) les dio la bienvenida. En el escritorio de recepción había una enfermera digitando en el frente y se volvió a mirarlos serena y clínicamente.
– – Venimos a ver a Sakura Li – dijo imponentemente Shaoran.
– – ¿Nombre? –
– – Shaoran Li, es mi esposa – la expresión estoica de ella no cambio, anotó el nombre en una tablilla.
– – Solamente entrará una persona – Eriol dio un paso atrás seguramente huyendo de seria una tromba de Shaoran si hacia algún esfuerzo por adelantarlo en visitar a su esposa. Este desapareció por la puerta con la enfermera. Él se quedó largo rato mirando la entrada y luego sintió que una suave mano se posaba en su hombro, se volvió y fijo su mirada en la hermosa, pálida y llorosa Tomoyo. Se volvió completamente y la abrazó. Había enviado por ella horas atrás cuando habían llegado pero tuvo que esperar a organizar todo un operativo de seguridad para ella ya que no quería correr riesgos, si a ella le pasara algo mínimamente similar a lo que le había pasado a Sakura estaba seguro de que estaría en la misma situación que Shaoran, devastado y destruido.
Tomoyo le devolvió el abrazo con creces mientras le agradecía por todo aunque técnicamente él no hubiese hecho nada. La acogió en sus brazos dando gracias por seguir vivo y poder hacerlo. Se embebió en sus dulces labios con ansia pero ella no retrocedió ante su avance, lo abrazó con más fuerza mientras las tibias lágrimas manchaban las mejillas de ambos.
Cuando terminó se sentaron en un sillón cercano y ahí Eriol le relató lo sucedido. Sintió una pesada opresión en el pecho al ver como el dolor deformaba las delicadas facciones de Tomoyo (inclusive así se veía impresionantemente bella) a medida que se enteraba de la verdad.
– – ¿Cómo pudo...?– decía la joven mientras lágrimas de compasión se dejaban caer incesantemente de sus ojos – ¿Cómo es que está viva aun después de todo eso? –
Eriol solo la abrazó porque no tenía idea de cómo contestar a esa pregunta. No sabía los misterios de la vida y la muerte ni por qué algunas personas tenían el beneficio de vivir y otras no. Lo único claro que podía sacar era que a su modo de ver era un tipo bizarro de lección y oportunidad que el crudo destino estaba dando a su amigo.
/*/
El silencio que seguía a los pasos de Shaoran en el encerado y pulcro piso era precedido por los pitidos coordinados de los otros pacientes alojados en esa unidad que, como Sakura, se encontraban en estado crítico.
Cada uno de ellos con su propia historia, con una situación más difícil que otra y con suerte de estar tan vivos como sus condiciones se lo permitían.
Distinguió a lo lejos en el último cubículo de la derecha el castaño tono de cabello de Sakura, caminó rápidamente pero aun así cuidadoso de no romper ese silencio monitorizado aunque en el fondo sentía que ningún habitante de esa unidad estaba consiente de nada. En la puerta de vidrio del cubículo había un letrero rojo que rezaba "aislamiento" el lado de unas batas desechables y tapabocas. Suponía que se trataba de evitar al máximo que alguna bacteria infectara el pulmón o corazón recién intervenidos. Su pecho volvió a estrujarse cuando la imagen de ella finalmente le devolvió la mirada cuando estuvo dentro. La palidez extrema era impresionante ya que había perdido mucha sangre y las ojeras negras en su demacrado rostro eran huellas del sufrimiento que había pasado.
Acercó su mano envuelta en un guante de goma y rozó la inmaculada superficie de la frente cuya frialdad traspasaba el material que cubría su mano. Quiso que fuera posible transmitirle todo su propio calor pero tenía intravenosas por todos lados y un tubo en la boca que sustituía su respiración así que sus deseos tuvieron que ser de nuevo contenidos. Por su mente pasaron todos esos momentos en que pudo tenerla como quería en ese momento, en esos días en que intentó ignorar su existencia encerrado en su propio egoísmo y manteniéndola a ella bajo su yugo.
La vida te daba las más duras lecciones y con esta finalmente estaba comenzando a aprender.
Jamás en la vida se le había ocurrido pensar en la posibilidad de engendrar un hijo, alguien a quien heredar sus genes y fortuna. Pero había caído en el momento en que se enteró de que ella había estado embarazada porque una imagen de un hijo con ella lo había hecho caer de rodillas. Era impresionante como la mente podía jugar esa clase de juegos. Luego al saberlo perdido y a ella al borde de la muerte la perspectiva había cambiado.
Por primera vez aceptó que podía ser algo más que un hombre solitario, podía ser padre, tal vez no el mejor dado sus antecedentes pero ella podía estar ahí, ella se lo impediría porque ella si sería una madre maravillosa. Tenía demasiada ternura y amor para dar aunque quizá él mismo se había encargado de matar hasta eso en ella.
Se bajó el tapabocas y acercó sus labios a esa frente.
– –No me dejes – susurró contra la cenicienta piel. Sabía que no tenía derecho a pedir nada de eso pero lo ansiaba tanto que no importaba, quería tener la oportunidad de pedirle perdón, de prometerle que nunca más la volvería a descuidar y que sería el mejor esposo. Tocó con cuidado la mano que estaba menos maltratada y le dijo lo único que podía decir. – Te amo tanto – pero dentro de sí lo seguía repitiendo una y otra vez y también rogarle que lo amara.
Estuvo de pie a su lado durante mucho tiempo, nunca supo exactamente cuánto. Cuando las luces comenzaron a hacerse más claras por la oscuridad exterior supo que ya era de noche, quería seguir ahí pero la enfermera vino a sacarlo ya que no podía permanecer más tiempo. Cuando salió respiró un olor diferente al de la muerte rondando, vio al fondo a la doncella de Sakura inclinada sobre el regazo de Eriol aparentemente dormida, él acariciaba lentamente los largos cabellos y tenía los ojos fijos en ella. Shaoran sintió envidia, de la buena si es que ese tipo de sentimiento existía. Su amigo había seguido sus sentimientos sin importarle nada más y él en cambio había dejado que el orgullo y el deseo de una venganza fueran más fuertes que sus nacientes y poderosos sentimientos hacia ella.
Y ahora Eriol tenía a la mujer que amaba a su lado y el tenia a la suya al borde de la muerte y esperando que las fuerzas incontrolables de la naturaleza decidieran si era digna y afortunada de abandonar el mundo cruel en el que había sido puesta o debía quedarse y así ser testigo del momento en que su maldito esposo callera de rodillas a pedirle perdón.
Habló con el médico y este le dijo que la recuperación seria larga que había muchas probabilidades de un desenlace fatal pero que harían lo posible por salvarla, o más de lo posible, había dicho el medico pacientemente cuando Shaoran había amenazado con muchas cosas si su esposa no mejoraba.
Había sido irracional, pensó sentándose al otro lado de la sala bajo la ahora distraída mirada de Eriol pero nada de lo que sentía en ese momento era racional del todo.
El celular volvió a sonar y contestó a Liu.
– – El equipo de reconocimiento legal ha terminado de recoger las muestras de ADN, había muchos cuerpos calcinados y todos ellos demasiado… como para reconocer a ninguno pero el médico forense asegura que con las muestras de ADN y el equipo adecuado podrán identificarlos a todos y sabremos si entre ellos se encontraba el hombre –
– – No escatimen en gastos ni en nada, sabes lo que quiero, esperaré por noticias – dijo Shaoran escuetamente antes de cortar la comunicación. Eriol finalmente encontró sus ojos comprendiendo y luego siguió velando por el sueño de la doncella, lo único que les quedaba por hacer era esperar.
/*/
La máquina arrojaba cada resultado a medida que la muestra de ADN era puesta en ella para ser analizada. Uno a uno los cabecillas de famosas bandas de delincuentes iban cayendo en la lista de muertos y también algunos de sus secuaces, la investigación apremiaba y Liu quería ver ese rostro que habían identificado por una fotografía antigua facilitada por el padre de la joven. Tenía que verlo para tranquilizarse y también al señor, si el hombre estaba muerto sería más fácil capturar a todos sus compinches. No funcionarían bien si nadie los lideraba y aun cabía la posibilidad de que el hombre hubiera endilgado la misión a alguien más en caso de que pasara algo. Las penúltimas y últimas muestras cotejadas pusieron fin a sus dudas. El rostro fue mezclado con la fotografía del joven coincidiendo en un 99%. Y también vino a caer a la luz la cara del secuestrador cuyo rostro fue cotejado con el retrato hablado que había elaborado el escolta.
No comprendía bien porque ese sicario estaba ahí si se suponía que una vez realizaban su misión eran despedidos e inclusive asesinados para que no hablaran. El hombre estaba muerto y era como si una terrible parte de la sombra que parecía cubrir el destino de la desafortunada muchacha comenzara a desaparecer. Liu reunió todos los detalles para dar la información al señor y se dispuso con otros elementos a la estrategia ofensiva que utilizarían para capturar y extinguir a los secuaces del hombre conocido con Kato Chen Wong.
/+/
Fujitaka estaba acostado en la cama mientras Touya le leía los pormenores de lo acontecido. Su hijo había llegado de Japón algunas horas antes y se había enterado de la totalidad la historia tras la persecución de su hermana y tal y como su padre se sentía bastante impotente al respecto.
– – Aun no puedo creer que después de todo ese tiempo ese hombre aun quisiera vengarse por lo de mamá.–
– – Hay algunos sentimientos que por su poder pueden volverse obsesivos y dañinos– Comento Kinomoto metiéndose la medicina en la boca. Touya miraba a su padre con preocupación ya que los últimos acontecimientos parecían haber mermado aún más la salud de su padre. Ambos sabían que la hora andaba cerca pero todo lo pasado parecía haberse llevado por delante lo poco que le quedaba. Posterior a la ingesta de la medicina el hijo hizo silencio para que su padre pudiera descansar todo lo en paz que podía en su estado.
Salió de la habitación y se dedicó a recorrer la casa con sus inmensos pasillos. Salió al jardín después identificando en cada rincón de este el estilo y mano de su hermana. Su hermanita. ¿Cómo era posible que todo hubiera terminado así? Fue criado como su padre, escondiendo cualquier sentimiento fraternal para así ser implacable y aprender a llevar las riendas de la villa, fue obligado por estas y muchas razones más a esconder la ternura que su hermana despertaba en él para que fuera menos dolores en el momento en que ella tuviera que dejar la villa.
La casa era una extensión llena de lujos que le eran familiares, otros que no tanto. Cuando paso derecho por el comedor accionó la puerta de entrar a la cocina pasando a esa olorosa y a la vez agradable estancia. Al parecer había una persona ahí cocinando, estaba en el fondo de la cocina, frente a la estufa con el pelo llameante y rojo recogido en un severo moño y dejando a la vista la nuca y la extensión de piel más blanca que Touya alguna vez hubiera visto. De espaldas no podía calcular su edad pero tenía el cuerpo muy bien formado como pudo darse cuenta a pesar del estricto uniforme que portaba. Se movía con gracia en la estufa pero algo le decía que se moviera con gracia independientemente de la actividad que estuviera haciendo. Se acercó de alguna manera hipnotizado por sus suaves movimientos oliendo en el aire lo que cocinaba que le recordó dolorosamente a su madre.
En un segundo ella se dio la vuelta con rapidez y el cucharon que empuñaba se convirtió en un arma defensora. Los fieros ojos color miel lo atraparon de inmediato. Era una mujer, mayor que él o eso creía y aun así lo hacía sentir como un adolescente. Se puso en posición defensiva esperando que ella lo atacara con esa absurda arma pero ella también se había quedado estática. Luego bajó el cucharon lentamente e hizo una fina reverencia.
– – Perdón señor, no lo reconocí –
Lo cual era cierto a medias, Kajo sabía quién era porque cuando el señor Liu le conto sobre los pormenores de la misión de vigilar a la señora Li se había enterado de lo que su familia había hecho al entregarla tan libremente al señor Li, había visto la foto de su padre y la foto de ese muchacho… ¿Hombre? ¿Chico? ¿Cómo podía denominarlo?; de elevada estatura, anchos hombros ojos oscuros y penetrantes, piel bronceada. Pocas veces se podían ver prospectos tan atractivos, de hecho aparte de los señores Li y Hiragizawa era el más atractivo que había visto alguna vez y está clavando su intensa mirada en ella.
– – Fue mi culpa, entré sin anunciarme – respondió dándole a Kajo un atisbo de su oscura y profunda voz.
– – ¿Qué puedo hacer por usted? – preguntó ella en un indiscutible intento de que él se fuera
– – Quisiera una manzanilla para mi padre, si es posible – dijo amable y pausadamente sentándose con pulcritud en una de las sillas que rodeaban al mesón de la cocina. Kajo se dio la vuelta y uso a bajo calor el guisado que estaba preparando. Consiguió la hierba en la nevera y comentó como quien no quería la cosa y como para aligerar el ambiente, que al menos en la opinión de ella, estaba caldeándose con rapidez;
– – No será tan buena como la de la señorita Daidoji.
El silencio fue su única contestación Kajo levantó la mirada levemente para ver que el chico seguía mirándola fijamente, se dio la vuelta para no verlo y esperaba que lo que él estuviera viendo le agradara.
No, eso no. Desde que había centrado sus energías en su carrera de espía se habían olvidado de amores juveniles y había echado por tierra cualquier relación que había querido nacer. Ahora tenía un puesto más tranquilo y estaba agradecida por ello, no quería decir que…
Puso a hervir el agua antes de divagar más.
/+/
Obligado por Eriol, Shaoran decidió ir a cambiarse y comer algo a la casa aunque dudaba mucho que pudiera disfrutar de ninguna de las dos actividades. La imagen de Sakura postrada en la cama era en lo único en lo que podía pensar y también en el embarazo perdido. Ni siquiera lograba entender por qué el destino de ambos se había cruzado pero no iba a intentar hacerlo, su propósito era recuperarla.
Cuando entró en la camioneta Liu lo esperaba en ella, le pasó la Tablet con toda la información recopilada y Shaoran la vio toda con ojo clínico. El bastardo estaba muerto y con la cantidad de pruebas de balística cuerpos y muchas otras cosas recopiladas era cuestión de tiempo que los demás allegados del hombre cayeran. No iban a carecer de pruebas y era lo que importaba. Cuando llegó a la casa se encerró por una hora en su habitación y salió renovado excepto por su ceño fruncido y las ojeras y marcas de preocupación en su rostro. Llamo a Liu y le hizo redactar un poder en el que sería su mejor amigo el que estaría frente a empresas Li mientras la ausencia de su presidente se prolongara. La intención era no desprenderse de todo del manejo de su empresa pero sabía que Eriol lo haría bien. Después de una vida de anteponer sus propios intereses y su empresa ahora no tenía miramientos en cedérsela a su amigo.
Tomó el auto blindado y con dos escoltas siguiéndolo en el camino salió hacia la clínica.
/*/
Las horas se alargaban de manera penosa, cada latido era marcado cada signo de cambio era notado. No había mucho por hacer excepto esperar. Nunca algo se le había hecho tan larga una espera a Shaoran. Se sentía agotado mentalmente pero no dejaba que ese cansancio menguara en sus esfuerzos por ser la primera persona que Sakura viera cuando abriera los ojos. Las enfermeras lo miraban ceñudas cada vez que lo veían ya que se encargaba de repetirles a todas que su esposa debía ser correctamente lavada, cuidada y respetada.
– –Como si no lo supiéramos ya – comentó una de ellas al verlo acercarse a su mujer para checarla. Muchas de ellas más que ceño lo que sentían por ese hombre era compasión y por la enferma algo de envidia. Según ellas debía ser maravilloso tener a alguien como ese hombre cuidándola y protegiéndola.
Ninguna de ellas expresaba con palabras sus pensamientos y estos eran relacionados con que la frágil jovencita no lo iba a lograr. A pesar de todos los cuidados y medidas de bioseguridad ella había contraído una infección pulmonar y su débil sistema inmunológico apenas podía contener la infección y la ingesta de medicamento antibióticos.
Las esperanzas de Shaoran morían con cada día que pasaba pero aun así se negaba a dejarse vencer. La llamaba en sueños, en sus oraciones y en toda ocasión que podía, pero en el fondo de su ser sabía que la estaba perdiendo.
/*/
Otras dos semanas y era la última casa que allanaban de todos los secuaces del hombre. Uno a uno habían caído y la gran mayoría, sino todos, estaban bajo custodia de la policía china. Los progresos habían sido sorprendentes y todo parecía indicar que el peligro había terminado. Pero no para su señora… pensó Liu mientras tecleaba un correo para que Li lo revisara. En esas dos arduas semanas había tenido que ser intervenida dos veces más, una de ellas para reforzar las válvulas cardiacas y otra para drenar sus pulmones de líquido, afectados después del tiro. Fueron procedimientos complejos y cada vez que Shaoran firmaba los consentimientos informados* para que pudiera ser intervenida sentía que firmaba la sentencia de muerte de su esposa.
Eriol le había comunicado horas antes de un movimiento bancario y negocio prominente, le había dado todas las indicaciones a seguir, este las había seguido al pie de la letra y ahora la asociación era muchos millones de yenes más rica.
Sakura salió en relativa estabilidad de sus procedimientos algo que Shaoran agradeció y luego nuevamente se sumió en la espera acuciante. Eriol acompañaba todos los días a Tomoyo a visitarla, lo poco que les permitían verla, y después pasaban el resto de tiempo juntos. Ninguno de los dos había vuelto a mencionar algo de su matrimonio pero Eriol no se había quedado quieto y en secreto había ido preparando cosas. Su inconsciente más positivo que, tal como había hecho en otras ocasiones similares y anteriores, Sakura iba a sobrevivir, aunque nunca de ellos supiera lo que iba a pasar después de que sus ojos se abrieran de la inconciencia.
/*/
El prado se extendía uniformemente ante ella. Sabia, o eso creía, que llevaba mucho tiempo caminándolo aunque no podía calcularlo, podían ser días, meses o años, u horas y ahí seguía el mismo camino y el mismo cielo que descubrió después de su siniestra oscuridad cuando creyó que la muerte por fin había llegado para llevársela una especie de luz espiritual que la cegó momentáneamente y después toda esa claridad y ese prado verde, oloroso e interminable. Cuando quería hablar no podía hacerlo ya que su voz salía muda, como fuera que pasara eso y curiosamente tampoco podía llenarse de desesperación pues la paz y el silencio eran tan grandes que no había cabida para tal sentimiento. Pero dentro de sí aún seguía siendo egoísta y deseando poder tener claridad en la ubicación en la que se encontraba. Los pasos siguieron dándose y la nada seguía extendiéndose. ¿Cuánto más tendría que esperar?
De repente y sin saber cómo sus pasos la llevaron a lo que nunca creyó que iba a encontrar, el límite del prado, como si de repente hubiese aparecido ahí frente a ella porque lo había pedido. El fin del camino pastado implicaba un inexorable y bastante poco franqueable vacío y abismo. Después de tantas horas de nada aquello le pareció chocante. Dio unos pasos tentativos para acercarse al barranco lo más que sus pequeños pies le permitieron. Se agachó y tomo un puñado de tierra y una piedra del límite. Lo lanzó al frente y comprobó que al menos ese barranco si tenía gravedad. Miro a ambos lados hallando que la línea separadora era infinita, dejándole así solamente dos opciones, ir hacia atrás y seguir en la nada o lanzarse de frente a lo que seguramente sería una muerte segura. Sopesó sus opciones pero ninguna carta en su mano era una opción viable deseo tener más opciones pero tal como creyó que pasaría ahí si no se manifestó nada diferente a lo que la rodeaba.
Atrás o adelante. Ser o no ser. Preguntas a las que no tenía respuesta pero pareció solo en ese momento que alguien más decidió por ella porque de repente una fuerza desconocida, algo sin nombre ni identidad que al mismo tiempo podía ser su misma acallada conciencia pareció empujarla a la decisión más sabia y estúpida de todas. Miro hacia atrás y sus pies se movieron sin que lo pidiera hacia adelante, a la caída segura. No podía devolverse, pensó al intentar dar un paso atrás, casi creyó que caería y se aferraría al pasto para no caerse pero era muy tarde para eso, el poder la hizo trastabillar y sin poder aferrar e a nada más que ella misma cayo libremente al vacío. Mientras la oscuridad volvía a tragársela y la sensación de vacío se asentaba en su estómago supo que había cometido un error al dejar de luchar para caerse.
/*/
Una alarma sonaba traqueteantemente en la cabeza de Shaoran, era tan incómoda como podía ser la que lo despertaba en sus días de trabajo, pero tenía una cadencia diferente, fija, no intermitente, escondió la cabeza bajo la cobija y en el sillón en que estaba incómodamente recostado. Luego cayó en cuenta de donde estaba, en la salita pequeña de la UCI…
La sala de espera…
Sus ojos se dispararon abiertos sacudiéndole la somnolencia en un segundo y temerosamente vio a un equipo de enfermeras y médicos entrar rápidamente a la unidad, se puso de pie llevado por el instinto y pensando que ellos seguramente seguirían derecho o se pasarían de largo a otro cubículo que no fuera el de su esposa pero sus peores temores se vieron confirmados cuando entraron al cubículo de la joven rápidamente y comenzaron a actuar sobre ella. La alarma no era otra cosa que el monitor avisando que el corazón se había detenido o estaba muy cerca de hacerlo. Aparto sus cobijas de sus hombros y estas cayeron sobre Eriol de cuya presencia se percató en ese momento, este con magníficos reflejos se levantó de la silla en la que estaba sentado y aferro a Shaoran haciéndole una llave e impidiéndole entrar rápidamente, se ganó un doloroso codazo y un puño pero no lo soltó, solo basto una mirada entre ellos para saber que pasaba y aunque el doctor los había prevenido contra ello era difícil ver que después de todo las sospechas no habían estado infundadas.
–¡Suéltame, maldita sea! – gritó Shaoran haciendo más fuerza contra Eriol y sintiendo que la desesperación le estaba robando el aire a la par que los brazos de su amigo deteniéndolo, no podía hacer suficiente fuerza mientras observaba impotente como la vida comenzaba a abandonar el cuerpo de su esposa. Miro trabajar a los médicos rápidamente, evidentemente expertos en ese tipo de situación e hizo todo tipo de promesas y juramentos como si estuviera en un templo si su Sakura se salvaba. Aun a distancia pudo ver a alguien que parecía esforzarse más que los demás, un médico joven y atractivo que no había visto antes. Hizo caso de los para nada oportunos celos y siguió viendo como intentaban reanimarla, habían comenzado a desfibrarla* y la secuencia continuaba mientras Shaoran luchaba con sus demonios interiores.
Cuando toda actividad pareció mermar sobre Sakura se temió lo peor.
– ¡Que me sueltes, maldición, necesito saber!
– No puedes entrar ahí y menos en este estado, solo estarás haciéndole mal– susurró Eriol.
– ¡No estaré haciéndole nada si está muerta! – dijo Shaoran odiando la palabra y forcejeando con más ganas.
– ¿Cómo demonios puedes decir eso? – dijo Eriol viéndolo en su lucha y finalmente soltándolo cuando los médicos salieron de la UCI y dejaron a las enfermeras para que recogieran todo lo que habían tenido que utilizar. Shaoran los interceptó antes de que pidieran irse y los hizo detenerse a que le explicaran qué diablos había pasado.
Y era lo que le habían dicho desde el principio. Había una muy clara y ahora cierta posibilidad de que la joven esposa Li no sobreviviera a la recuperación.
–¿Cómo puede ser posible? , han hecho todo lo que les he dicho –
– Por más que hagamos todo lo que se pueda, señor Li, sigue siendo la dueña de su cuerpo si no reacciona como esperamos al tratamiento es algo que se nos sale de las manos y también a usted. Sabe que es una muchacha muy frágil y la condición en la que llego nos hace pensar y esperar lo peor –
– ¿Qué fue todo eso? – preguntó señalando el cubículo y a las enfermeras.
– Un paro cardiaco – Shaoran se quedó rígido y solo lo sostuvo la mano de Eriol.
– ¿Puede volver a suceder? –
– Si, y en algún momento puede ser mortal, puede que si hay una próxima vez no podamos reanimarla –
Claro y conciso, el peligro de muerte aun no había pasado, las garras de esa perra de la muerte no dejaban de cernirse sobre su mujer y no había nada que él pudiera hacer al respecto.
El grupo de médicos se retiró y Shaoran se sentó en el sillón más próximo. Esperar… maldita palabra que se repetía una y otra vez.
/*/
La caída era eterna.
Después de lo que creyó que serían muchos metros la sensación de vacío dejó de existir y solo veía la oscuridad a su alrededor, no venía formas de tierra ni piedritas que le hicieran daño. ¿Estaba muriendo? ¿Finalmente?
Bien podía ser, había saltado casi que voluntariamente como solo una suicida haría. La misma decisión que había tomado como cuando eligió sacrificar su vida para salvar la de Shaoran. Definitivamente no era un haz con las decisiones correctas. No había sabido elegir ni una sola cosa bien en su vida, había escogido hacer caso a su padre y casarse con Li Shaoran de ahí y todas las desiciones erróneas que habían tomado le habían costado la vida. Esperaba que si había una existencia más allá de su muerte pudiera elegir que animal quería ser que no fuera el humano, complejo y mártir. Cerró los ojos y abrazo su destino una vez más.
/*/
El doctor Yue Tsukishiro abrió la carpeta con la historia clínica de Li Sakura, esa enferma jovencita a cuyo caso había sido asignado unos días atrás. Se había aprendido su historia de la A a la Z, pero nunca se cansaba de mirar la foto que la encabezaba como si fuera la cruenta hoja de vida de una existencia de desastre. Seguramente alguien tan joven no merecía sufrir toda esa enfermedad, se sentía poco ético al querer saber más de ella de lo que había escrito en su historial de salud, quería saber cuáles habían sido las circunstancias que la habían llevado a casarse tan joven y a ser secuestrada por un extraditable.
Pero supuso que tenía que esperar. Como médico podía acercarse más que como hombre y aun no sabía cuál era la verdad de su velado interés, lo único que quería es que la muchacha sobreviviera y así poder llegar a conocerla. Aun sentía en sus manos las dos paletas que transmitieron la electricidad al corazón de la joven para volverlo hacer andar. Se habían enfrentado a la invisible y silenciosa muerte y habían vencido, al menos esta batalla, la guerra por la muchacha apenas parecía comenzar.
En ese momento comenzaron a tocar la puerta y murmuro el adelante.
Entro la enfermera, la que había sido su extraña mano derecha desde que había entrado a ese hospital, ella lo trataba con una deferencia extraña que no le molestaba pero comenzaba a sospechar el motivo. Yue siempre se había considerado maldito por la belleza masculina con la que había sido maldecido, nadie parecía ver más allá del simple físico y temía que esa enfermera estaba comenzando a sufrir de lo mismo. La apreciaba pero si las cosas seguían así tendría que dejarle en claro las cosas.
Ella le entregó otro historial y lo miro con ojos que no eran otra cosa que anhelantes, le dijo que tenía que retirarse y que ordenara las historias en un rincón.
Cuando Rubi Akisuki vio salir al Dr. Tsukishiro pudo volver a respirar con normalidad. Sentir su presencia varonil y elegante era algo que le pasaba desde que lo había visto por primera vez, ella era una enfermera recién graduada y él era un médico que empezaba a trabajar, no podía haber nada entre ellos y menos si… ah sí, ahí estaba.
Desde que el medico había ingresado el hospital días atrás, había sido signado al caso de la muchacha de la UCI 15, la pobre jovencita que estaba en tan mal estado. Parecía que no podía dejar de leer el historial de ella porque tal como sospecho lo tenía encima del escritorio, lo cual cerraba cualquier posibilidad de que Rubi pudiera parecerle atractiva, había visto y atendido a la señora Li y sabía que incluso para un hombre era difícil no ver que era una mujer en extremo bella y por la cantidad de personas que venían a verla siempre, una muchacha muy querida.
Acomodó las carpetas encima del escritorio y salió de la oficina para ir a marcar tarjeta de fin de turno.
/*/
El tiempo siguió extendiéndose, las semanas se convirtieron en meses, en los dos meses más terribles que alguien que tuviera un familiar enfermo podía imaginarse. Su vida se redujo a la clínica y a ella, a tomar decisiones para que siguieran intentando salvarle la vida envenenando su cuerpo con medicamentos y haciendo más y más incisiones en ella. La buena noticia su corazón parecía haber seguido con la recuperación habitual que se espera en el caso de ella, el pulmón era un caso algo diferente y había tenido que seguir con el tubo y drenándola todo ese tiempo. Su cuerpo era alimentado por sondas y afortunadamente no había tomado una nueva infección. Eran buenas noticias, claro que lo era, esperanzadoras, devolviendo la fe en la causa que Shaoran creía perdida.
Le echó la azúcar al café que estaba tomando con Eriol en la cafetería de la clínica.
– Tomoyo dice que quiere casarse finalmente –
– Creí que había dicho que quería esperar a que… ella volviera a la conciencia –
– Dice que me ama y que está segura de que su señora se recuperara y se alegrara de saber que se casó conmigo –
– Es muy optimista – comentó bebiendo un sorbo del dulce café.
– ¿Tu no? –
– El realismo me impide esperar algo –
– Pero el doctor dijo que las cosas estaban mejorando, lentamente pero lo hacían –
– Ese lento es la palabra clave, me impaciento aunque sé que soy un bastardo por hacerlo, ojala pudiera…
El silencio reino, Eriol sabía que era desesperante especialmente con la irascibilidad de Shaoran pero no podía hacer otra cosa que comprenderlo. Sabía que pasaría por algo similar si sus casos fueran contrarios.
/*/
Los ojos esmeraldas de Sakura se abrieron lentamente ante el sonido de aves, un sonido que casi creyó olvidado. Creía que se había quedado dormida en su caída pero ahora no estaba cayendo, no… había arena bajo sus dedos o lo que sentía como eso. Si, garzas, sus ojos se demoraron un tiempo en enfocarlas pero ellas estaban ahí. Volando sobre ella en círculos y haciendo un hermoso contraste contra el cielo azul.
Su intento de sentarse falló al inicio, creía que se debía a la sensación de vacío y cuando estuvo sentada se quitó la arena de las manos para poder frotarse los ojos. Estaba en lo que parecía ser una playa o al menos lo que ella pensaba que sería una, había visto muchas fotos y siempre deseo conocerlas pero nunca tuvo oportunidad. Hacía un calor agradable y sus propias ropas habían cambiado, mientras caminaba tenía un vestido negro que no le gustaba, la rodeaba después de la caída creía que había estado desnuda todo el tiempo pero ahora lo que la vestía era un adorable vestido blanco adornado con oro. Se puso de pie al segundo intento y sintió la arena ahora bajo la planta de sus pies. Tal como siempre estaba sola en este nuevo escenario y su única compañera era una balsa pequeña que flotaba en el agua límpida. No lo pensó dos veces y se subió en ella que empezó a andar sin que ella remara ni nada, se alejó de la playa lentamente, las garzas la seguían. El infinito volvía a extenderse pero no tenía preguntas que hacerse, solo un destino al que volver aunque ella misma no supiera de qué iba a ir su nueva historia.
/*/
Empezó a ahogarse apenas tuvo conciencia, tenía algo atravesado en su garganta y empezó a moverse profusamente como si algo la hubiera despertado del letargo. Sin abrir los ojos sus manos palparon su rostro descubriendo en él cinta adhesiva que adhería algo a su boca, algo que la estaba ahogando pero que al mismo tiempo no la dejaba morir.
Quiso gritar pero lo que sea que le estuviera atrofiando la garganta no la dejaba hablar. Abrió los ojos llenos de lágrimas para encontrarse en una habitación desconocida, demasiado blanca y limpia. Enfoco su mirada y vio a su derecha un botón rojo llamativo, ordeno a su brazo moverse y este milagrosamente obedeció lo suficiente para presionar una y otra vez con fuerza ese botón rojo que bien podía ser para matarla o salvarla.
Una horda de personas en bata se acercó corriendo y sus ojos enfocaron al que se acercó más, de color de pelo extrañamente grisáceo y ojos profundos azul claro la miraba con una emoción que siempre quiso ver en los ojos de su esposo. Quiso transmitirle su incomodidad con su propia mirada pero alguien más se acercó y con una jeringa inyecto una de las muchas bolsas que colgaban a sus lados.
De inmediato la sensación de sueño se volvió a apoderar de ella tanto así que soltó lo que tenía en la boca y se quedó tan quieta como si no hubiera despertado.
Pero lo había hecho.
Sakura Li Kinomoto había vencido a la muerte simplemente pensando en entregarse a ella.
