Capítulo 25: Malentendido

Haruka había dejado inconsciente a su agresor, e inmediatamente comenzó a buscar las llaves que la desatarían de ahí, una y otra vez buscó en todos los bolsillos, sin éxito, estaba perdiendo las esperanzas, pero vió el teléfono celular de Takeshi. Dudó un poco antes de tomarlo. Pero lo hizo.

Lo que vio a continuación la heló.

Era ella, la mujer con la que había convivido hacía ya varios años, envuelta en los brazos del hombre que ahora permanecía inconsciente en el piso. Era Michiru recibiendo un beso de Takeshi tan sólo envuelta en unas sábanas en el lecho donde solían dormir las dos, en la misma cama donde ambas se habían entregado en cuerpo y alma.

Haruka fue más a fondo y encontró más de estas imágenes, y una tras otra cuarteaban más lo que quedaba de aquella ilusión de poder volver a estar con ella. Siempre confió en la fidelidad de Michiru y por más que veía una y otra vez esas fotos de ella con Takeshi semidesnudos se preguntaba incontables veces ¿Por qué?. Para ella fue repugnante, grotesco, sucio… desleal.

Lo que la velocista no alcanzaba a imaginar era que todo estaba planeado. Aquellas fotos fueron planeadas, fueron tomadas con esa precisa intención de que ella las viese y simplemente desistiera de buscarla para que se fuera lejos y dejara de buscar a la violinista, tan lejos como creía Michiru que se encontraba.

La misma noche en que Michiru desmayó y Setsuna acompaño a Serena a su casa, Takeshi y la Señora Kaioh le dieron un calmante a la chica de cabellos marinos dejándola completamente inconsciente. Michiru esa noche fue tan sólo un juguete, no habría otra palabra para describirlo. Ambos le tomaron fotografías, Takeshi hizo con ella lo que quiso, las fotografías sólo llegaron a besos y abrazos. Lo que ocurrió después está demás decirlo.

El celular de Takeshi cayó de las manos de la rubia y rebotó en el suelo del lugar. Su mirada estaba perdida, tal cual como si hubiese visto morir a alguien, su respiración se detuvo, el aire a su alrededor se volvió denso, sus piernas se entumecieron y cayó al suelo. Haruka quería hacer todo por salir de aquel asqueroso lugar, sus sentimientos estaban convergiendo a un lugar donde ni ella sabía lo que quería sentir. Seguía buscando las llaves mientras que Takeshi permanecía en el suelo aún inconsciente, finalmente se percató que en el forcejeo las llaves cayeron cerca de una esquina de la habitación, le costó trabajo alcanzarlas porque aún se encontraba atada, pero lo logró.

Rápidamente se soltó de la única cadena que la tenía atada a aquella cama y se fijó que las llaves del auto que usó Takeshi para llegar a ese lugar, se encontraban junto con las llaves que usó para liberarse. "Por fin algo de suerte" se dijo a sí misma.

Haruka no sabía donde se encontraba, no tenía ni la mas remota idea de su ubicación en ese momento, podía ser lejos, cerca de la ciudad, y por más que intentó recordar todo lo que pasó cuando fue secuestrada le fue prácticamente imposible.

Antes de salir de la casa, la chica de cabellos rubios amarró a Takeshi, le tapó la boca, le apretó las manos, y lo dejo ahí tirado en el mismo lugar donde había perdido la conciencia al enfrentarse con ella.

Al salir del lugar la rubia miró a su alrededor, sus ojos se encandilaron, el viento sopló haciendo que sus cabellos se movieran al ritmo de éste, más aún todo simulaba ser como un desierto, el terreno se veía árido, sin forma, dejando un sinsabor, una sensación que sólo le provocaba salir corriendo, quería irse a un lugar donde nadie la conociera, a un lugar donde podría olvidar todo, todo el dolor que había sentido, todo el daño causado, simplemente quería desaparecer…

Se apresuró a irse del lugar, tomó las llaves del auto y lo encendió, se le hizo fácil acostumbrarse a éste y dominó la velocidad bastante bien como siempre solía hacerlo, a pesar de no saber a donde ir, prefirió seguir su instinto, al final siempre era lo que la sacaba de apuros, rara vez su percepción del tiempo y el espacio fallaban, Haruka era una chica demasiado inteligente y perspicaz, aunque ella no pensaba eso de si misma, en fin, mirando la carretera fijamente como si ésta nunca acabase simplemente siguió el camino que le indicaron sus instintos, de acuerdo a su noción del tiempo sintió que estuvo manejando por unas 2 horas hasta que se detuvo a tomar algo en un poblado que vio mientras conducía, se detuvo allí, sólo buscaba algo para tomar, una señora de cabellos blancos y ojos azules se encontraba en aquel lugar, se acercó a ella y muy amablemente le preguntó si acaso se encontraba lejos de Tokyo, ésta le dijo muy amablemente que se encontraba a unos 15 minutos del lugar, le dio un par de indicaciones y luego la velocista le preguntó si conocía algún lugar donde pudiese conseguir agua, la anciana le ofreció, Haruka muy apenada se negó, pero luego aceptó, al finalizar le dio las gracias y se dirigió al automóvil con dirección al lugar donde le había indicado aquella mujer. Apretó el acelerador y sin pensar mas nada volvió a tomar velocidad, eso le permitía sentir la libertad que de una u otra forma la drogaba y le daba tranquilidad.

El tiempo se pasó y ni se percató hasta que finalmente divisó a lo lejos la cuidad que alguna vez le había traído felicidad, temor, aquella ciudad que le hacía recordar aquellos miedos que muy dentro se guardaba y que pocos conocían, a pesar de que Haruka era conocida como una chica fuerte, podía ser tan frágil como la copa mas fina y delicada que pudiese existir.

Al llegar y adentrarse en esa selva de cemento, desde el automóvil veía a las personas dirigiéndose al trabajo después de almorzar y hacer toda esa rutina tonta y ridícula que todos suelen llevar día a día y que a ella le parecía satírica y patética a la vez. Hacía calor y estaba fastidiada, simplemente quería darse un baño pero obviamente no podía llegar al lugar que solía ser su apartamento, y tampoco era que quisiese hacerlo. Llegar y encontrarse con Michiru, era la última situación a la que se quería enfrentar, ella, era la última persona que quería ver en ese momento, por instantes sentía que la detestaba, por otros su corazón se quebrantaba permitiéndole sentir esa opresión horrible en el pecho, esa daga que atraviesa el corazón y causa el dolor que le recordaba que aún la amaba.

Sabía que le haría daño verla, más aún se decidió a dejar la camioneta en un taller cerca del apartamento, Haruka era conocida por aquellos lares por lo que a nadie se le hizo extraño que llegara con un carro diferente, el dueño del lugar, Jacob, la saludó muy amablemente, era un chico joven, muy bien parecido y se llevaban muy bien. Haruka siempre iba a ese lugar a arreglar cualquier problema mecánico. La rubia le pidió a Jacob que le prestara un chaleco, este accedió, le dijo que no había problema, que usara el que tenía en la repisa por cuanto tiempo lo necesitara, era un saco negro con capucha, Haruka le dio las gracias y se fue del lugar con la prenda puesta, siguió caminando hasta estar a 2 casas de donde estaba su apartamento, vio hacia sus pies y se le ocurrió una brillante idea al ver una piedrecita en el suelo de aquel lugar. Luego de cerciorarse que no hubiese nadie cerca, entró por la puerta trasera, y escuchó todo en silencio, aun así quería cerciorarse que no hubiese nadie, tiró la piedra en dirección a la sala del apartamento, esperó un par de minutos, y al no recibir ninguna señal de alerta, entró en el recinto.

Entró en su cuarto, o bueno el cuarto que hasta hace pocos días compartía con Michiru, pero que ahora veía con desagrado al recordar las imágenes que había visto, se sentó en la cama, suspiró, vio hacia un costado y su mirada se frenó en una foto de Michiru con Takeshi que estaba en un cuadro sobre la mesita de noche, tomó el objeto, y sin darse cuenta lo apretó fuertemente con sus dos manos, no midió la fuerza simplemente tenía mucha ira y el vidrio de un momento a otro se resquebrajó, al reaccionar lo dejó en el mismo lugar boca abajo. Respiró profundo, necesitaba tranquilizarse y calmar los ánimos, fue a la cocina por un poco más de agua, luego volvió al cuarto donde se quitó toda la ropa, se dio un baño que duró unos 15 minutos, pero que sirvió para quitarse toda la mugre de encima, fue demasiado refrescante y logró devolverle un poco de paz. Luego de salir de la ducha, buscó en el armario si aún quedaban algunas de sus prendas, efectivamente, Michiru las conservaba, ¿Era mucho pedir? se puso una camisa blanca con aquella corbata roja que le había regalado la violinista hacía sólo unos cuantos meses, fue al tocador, todo estaba intacto, antes de tomar su perfume, tomo la fragancia que la mujer de cabellos marinos siempre lleva impregnada en sí, la aspiro, esto simplemente la hipnotizó… Se quedó con los ojos cerrados unos cuantos minutos, no supo cuantos exactamente, pero sintió una necesidad irremediable de verla, de olerla, de sentirla… Cuando cobró la conciencia nuevamente, su mente quedó en blanco, y simplemente dejó el frasco de aquella sustancia nuevamente en el lugar donde lo había encontrado y mecánicamente tomó su perfume impregnándose de éste. Haruka tenía también malas costumbres, solía dejar las cosas "en su propio orden" así era como le refutaba a Michiru cuando ésta la retaba por no ser "tan ordenada", en realidad Michiru lo era demasiado. Así que dejó aquel perfume mal puesto aquella tarde.

Quiso hacerle un recorrido al apartamento, quizá era la última vez que pisaría ese lugar, al caminar se fijó que la mayoría de las cosas permanecían en el mismo lugar, y al llegar al comedor encontró una nota escrita por la madre de Michiru que decía: "Takeshi, he salido con mi hija a la "Casa de Novias" para arreglar todo con respecto al vestido que usará el día de su matrimonio, la dirección es Calle 406 con Avenida 512, cualquier cosa ya sabes que puedes encontrarme en mi celular, avísame como te fue en tu trabajo en el día de hoy, saludos."

Haruka estupefacta dejó el papel allí mismo donde lo encontró, tomó una bolsa y metió unas cuantas prendas, finalmente salió por el mismo lugar por el que había ingresado a la casa en dirección a aquel lugar, a aquella dirección que indicaba el papel, necesitaba ver con sus propios ojos eso, a su mujer o bien, a la que solía serlo, tal vez, ver todas esas cosas, verla a ella vestida de novia la ayudaría con todo, a superar toda esta situación más rápido que si tan sólo se quedaba lamentándose en cualquier lugar, quería que todo fuese un recuerdo, un recuerdo que no dolería, a pesar de que estaba segura que nunca podría llegar a olvidar, aun así quería agilizar ese dolor, hacerlo tan pero tan fuerte que ya mas nada la pudiera afectar, así era como trabajaba la psicología de Haruka.

Llegó al lugar que indicaba la dirección, muy lujoso por cierto, con un bello jardín a sus alrededores, muchos árboles, flores, hermosas rosas y arreglos. La rubia no quería entrar, simplemente no quería, por lo que se incorporo por algunos de los arbustos para no ser vista, cuando trató de divisar algo la encontró, ahí estaba… logró ver a través de los lujosos y grandes ventanales a Michiru, pero al verla, vio en su cara angustia, un síntoma de desazón, y más aún al verla vestida así sintió confusión, adrenalina, locura.

Michiru adentro se había probado ya 4 vestidos, ninguno le había gustado, a diferencia de su madre quien decía que se veía como toda una princesa con cualquiera de ellos, por lo que la violinista le dijo a su madre: "Mamá por favor, ya basta, venimos después, no tiene que ser hoy". Su madre le respondió "Hija por favor, vamos a tratar de aprovechar al máximo el tiempo ya que queda poco" Su madre era una cliente reconocida por aquella casa de vestidos de novia, no en vano se había casado 4 veces después de la muerte del Señor Kaioh. Por lo que le brindaban un trato especial en aquel lugar. Su madre finalmente le dijo, "Está bien hija, si quieres ves a tomar un poco de aire y vuelves mientras yo intento buscar el modelo perfecto para ti". A la artista no le quedó de otra, mas resignarse.

Así fue como Michiru salió a los jardines del lugar, se encontraba un poco desarreglada, llevaba un corsé blanco algo mal amarrado por delante pero que le resaltaba completamente su pequeña cintura, su cabello caía en sus hombros como siempre, sin embargo llevaba un pedazo de su pelo ligeramente amarrado que iba desde adelante hasta la parte de atrás y un ligero maquillaje que aunque natural, la hacía ver increíblemente hermosa.

Michiru caminó por el jardín viendo las formas que la naturaleza le pintaba a su antojo, esto le producía un poco de paz, suspiró, vio a una pequeña mariposa posada sobre una bella flor color naranja, y al intentar acercarse el animal salió volando, dijo "Como me encantaría poder volar a un lugar más seguro así…" en ese momento escuchó un pequeño ruido proveniente de los arbustos, la chica de cabellos marinos sintió curiosidad, pero al husmear no encontró nada, caminó un poco más y se recostó a un árbol, allí sintió que perdía la conciencia, quizá era porque no había comido nada hacía 2 días, nada le provocaba, y aunque intentara nada le pasaba, así que simplemente trató de pasar el tiempo para recuperarse un poco. Al abrir los ojos se sintió alucinada, era como si acabase de ver un fantasma, su piel palideció, su corazón se aceleró, sus manos sudaban, no podía moverse, no podía pronunciar el más leve sonido aunque quisiera. Lo que acababa de ver era irreal, pero ahí estaba, a menos de 5 centímetros, Haruka, la rubia se le acercó un poco más y acariciándola muy sutil y delicadamente en la mejilla con su mano, la besó, pero no fue un beso como cualquier otro, fue corto pero lleno del sentimiento más puro que jamás se pudiese transmitir, fue dulce, fue tierno, mágico, lleno de nostalgia, de dolor, lleno de algo que sólo ellas dos eran capaces de sentir.

Como un fantasma, Haruka se desapareció entre la naturaleza arreglada artificialmente que tenía en frente, tal cual como había aparecido. Michiru desvaneció.