Aquí va otro... os quejaréis, eh? Espero que os guste y muchas gracias por leer
El principio del fin
La cámara de la orden del Basilisco estaba repleta de gente que gemía y se dejaba caer sin ceremonia sobre los sillones, colchones y cojines que la ocupaban casi por entero. La última batalla había sido dura y había un montón de heridos, aunque afortunadamente solo unos pocos eran graves. Parecía que tras sucesivas derrotas de sus mortífagos había decidido sacar el gran juego y enviaba contra ellos a su círculo interno, aunque de momento no había aparecido nadie de los más allegados al señor oscuro.
Las miradas se volvieron hacia Blaise, que llegaba con tres chicos, de quinto y sexto, heridos gravemente, acompañado por otro que no podía ni andar. Poco después llegaba Harry Potter, su comandante, su general, la persona que mas admiraban todos ellos, de un humor que jamás le habían visto. En sus brazos, inconsciente una joven de aspecto frágil que paso directamente a Lise. Los ojos verdes ardieron enfurecidos y su voz hizo que un silencio absoluto se adueñara de la sala.
BLAISE!!!!!!!!!!!! – rugió el moreno – QUE DIABLOS SE SUPONE QUE HACÍAS???
Harry, yo…
DEBERÍAS ESTAR JUNTO A LUNA!!! DIABLOS, PARA ESO ESTÁN LAS PAREJAS!!!! COMO SE TE OCURRA VOLVER A DESOBEDECER UNA ORDEN DIRECTA…
Y dejar que torturasen a estos tres?? – exclamó el moreno.
Aquella no fue la idea mas brillante del Slytherin. Una oleada de magia surgió del cuerpo del niño que vivió y su poder pulso, brillante y aterrador, como un tsunami que lo destrozaría todo a su paso. Blaise se estremeció levemente, pero no se amedrentó y aguantó firme la mirada aterradora de los ojos verdes.
Esos tres saben lo que tienen que hacer en caso de cruciatus!!!! – dijo el moreno, sin bajar un ápice su tono de voz.
NO podían pensar claramente – rebatió Blaise.
POR TU CULPA LUNA CASI MUERE!!! – eso silenció a la serpiente y Harry se volvió a Lise y dijo bruscamente – Llévatela a la enfermería. Y TÚ!!! DEDÍCATE A CURAR A LOS DEMÁS!!
Una voz suave pero fuerte se oyó en la sala, haciendo que todos los aterrorizados miembros de la orden mirasen agradecidos al Príncipe de Hielo, que se había puesto entre su mejor amigo y su novio. Los ojos de escarcha aguantaron sin una sola muestra de emoción la mirada furibunda de las esmeraldas que se clavaban en ellos.
Harry, basta. – su tono era calmado, y la mirada de Harry se dulcificó levemente.
Draco…
No Harry, ya basta – el moreno hizo amago de protestar, pero unos suaves dedos en su muñeca le callaron y la leve presión ejercida por el rubio terminó de convencerle – Ve a la sala de menesteres, yo pondré esto en orden.
Bien!
Y salio, aun de un humor terrible dando un portazo – cosa que no debía ser posible con la puerta de toneladas de la cámara – que resonó ominosamente. Draco suspiró cerrando los ojos un momento y se volvió hacia el resto, que le miraban con respeto y con agradecimiento.
Blaise, por favor, lleva a Luna a la enfermería – dijo con voz controlada – Lise, ni se te ocurra hacer nada, estás herida. Los demás, curaros en lo posible y descansar bien. Nos reuniremos de nuevo el viernes a las seis. Por favor, no lleguéis tarde, y sed discretos.
Con esto, el rubio salió de la sala con paso apresurado y se dirigió directamente a la sala de menesteres, donde sabía le esperaba una difícil discusión. Cuando llegó allí, se encontró a Harry dando vueltas como un león enjaulado, y nunca mejor dicho. El moreno se volvió hacia él inmediatamente al oír la puerta, y Draco endureció su mirada.
Has sido muy duro con Blaise.
No he sido ni la mitad de duro de lo que debería!! – gruñó el Gryffindor – Ha desobedecido las órdenes!!!
Para salvar a tres chicos!!! Tú hubieras hecho lo mismo!!
Sí!! Y por ello ha muerto gente! – Draco suspiró
Esto no es por Luna – dijo con voz suave, acercándose a su novio – verdad?
…
Yo también estoy preocupado, Harry. Diablos, estoy llanamente asustado! – Harry seguía sin dirigirle la mirada, mirando tenso hacia otro lado, con las mandíbulas apretadas y el ceño fruncido – Pero tienes que confiar en ellos.
Pueden morir…
Como tú, y como yo. Tienes que confiar en que no lo harán – una de las manos blancas se posó suave como una pluma sobre el puño cerrado de piel más oscura – Saben lo que hacen, y saben lo que podría pasar, pero aún así luchan, porque creen que es lo correcto, porque creen en ti. Cree tu en ellos.
Hmpf – tras ese ruido inconforme, Harry le miró, los ojos verdes todavía duros y acerados – supongo que habrás mandado a Blaise con Luna.
Sí – alzó retador Draco la cabeza.
No deberías contravenir mis órdenes.
Y con un rugido medio animal, el moreno sujetó la nuca del rubio y le besó con fuerza, a lo que Draco se dejó hacer sin mostrar demasiada resistencia. El beso era intenso, quemaba, y Harry parecía poner en él toda la frustración, la preocupación y el estrés que le estaba produciendo todo ello. Draco simplemente se abrió para él; sabía que el Gryffindor necesitaba desfogarse, expulsar todo aquello por medio de la pasión. El de ojos verdes era más parecido a un Slytherin de lo que él mismo imaginaba.
Un momento después, las rodillas del rubio chocaban contra una cama y caía en ella de espaldas, mirando los ojos ardientes de su novio, que ardían con algo que no llegó a poder nombrar. El moreno le cogió de la cadera y le hizo recular hasta estar en el centro de la enorme cama. Draco clavó sus ojos grises en él, con la misma mirada retadora que el mismo Gryffindor le había dicho que le volvía loco. El moreno gruñó y le dio la vuelta, dejándole boca abajo, ante la gran sorpresa del otro. Unas palabras bien elegidas más tarde y gimió escandalosamente al sentir su piel desnuda rozarse con la de su compañero.
Las manos de Harry elevaron sus caderas, juntándolas completamente a las suyas, dejando que su erección, ya dolorosa se alojase entre las blancas nalgas del rubio, y su pecho se pegase completamente a su espalda. Draco se arqueó voluptuosamente, jamás había sentido un contacto tan intenso, un pequeño grito se escapó de sus labios cuando sintió los dientes de Harry mordisquear su nuca, haciendo que bajase la cabeza para dejarle más espacio, lo que hizo que su culo se pegase aún más a la erección que le acariciaba el ano, tentándole pero nada más.
Joder, Harry – gimió el rubio, buscando más contacto
No deberías provocarme – siseó Harry haciendo que escalofríos recorrieran la espalda blanca bajo su cuerpo.
Su boca dejó la nuca de Draco y comenzó un sendero húmedo y tortuoso todo a lo largo de su columna, mientras sus manos acariciaban el interior de los muslos del Slytherin, que se retorcía bajo él, loco por las caricias y buscando más. Una de las manos se dirigió al culo del rubio y sus dedos acariciaron su raja, paseando de arriba abajo, en una fricción maravillosa. Draco se estremeció, sobre todo al sentir que la boca de su novio se iba acercando poco a poco al mismo lugar y gritó cuando una lengua húmeda y caliente se enredó con los dedos y recorrió dolorosamente lenta la distancia hasta su ano.
Ah!!! Harry!!! – chilló el rubio
El susodicho se sonrió pero continuó haciendo pequeños círculos con su lengua alrededor del esfínter que se presentaba ante él, entrando lentamente y simulando con ella lo que más tarde haría con otra parte de su anatomía. Draco creyó que se moría, e intentó sofocar sus gemidos en la almohada. Harry rió gravemente y siguió moviendo la lengua, acariciando las paredes cálidas y estrechas de su interior. Draco se arqueó y un grito ronco se mezcló con su respiración errática.
Ha… Harry! – gimoteó, a punto de correrse, pero una mano morena vino a presionar la base de su dolorosa erección, evitándolo.
Todavía no, Dragón
Harry besó su nuca y el rubio giró la cabeza para conseguir un beso, que se le concedió, profundo y húmedo, irregular y errático, como ellos mismos en ese momento. Mientras, dos dedos trabajaban entre sus nalgas, dilatándole. No mucho más tarde un tercero se unía a ellos y las puntas rozaban un punto en su interior que le hizo romper el beso con un grito.
Te quiero dentro – susurró con lujuria goteando de cada palabra – Ahora.
El Gryffindor rió y se introdujo en el interior del rubio de un solo golpe, entrando hasta su misma base. Draco gritó y se mordió los labios, sus ojos se llenaron de agua y una traviesa lágrima escapó a su control y recorrió su mejilla. Harry le besó la nuca, acariciando su erección, visiblemente deshinchada, con las puntas de los dedos.
Respira hondo, mi vida. – susurró besando tiernamente el lóbulo de su oreja.
Draco sonrió al oír el apelativo, del que seguramente el moreno renegaría más tarde. Intentó normalizar su respiración, sintiendo como el dolor remitía, ayudado por las caricias de Harry a su pene, que crecía a medida que recobraba la excitación. Hizo un movimiento de caderas experimental y oyó a Harry gemir y como la mano que sujetaba su cadera se apretaba.
Dios Dracooo – gimió de nuevo el de ojos verdes.
Mmmm, no se a… que esperas – ronroneó el joven.
Entonces empezó a moverse, lentamente al principio, como temiendo hacerle daño si iba más rápido, pero poco a poco fue tomando confianza y las embestidas se hicieron más rápidas y más profundas. EL moreno cogió las manos de su novio, sosteniendo todo su peso, e hizo que se agarrase al cabecero de la cama, quedando así su cuerpo naturalmente arqueado, y en ese momento, tocó la próstata del rubio, que gritó su nombre.
Harry, más… más
El niño que vivió escondió su rostro en el cuello el rubio, y ahogó sus gemidos con besos en su piel. Una mano sujetaba la cadera pálida, guiando sus embestidas, y la otra jugueteaba con las bolas del otro, subiendo más tarde a su miembro y acariciándolo al ritmo de sus movimientos.
Draco gritó de nuevo y sus nudillos se volvieron blancos en las barras del cabecero mientras se derramaba en la mano del moreno. Harry, sintiendo como el cálido cuerpo se cerraba aún más entorno a él, se vino en el interior del Slytherin gritando su nombre.
Los dos cuerpos se dejaron caer, tal y como estaban en la cama, girándose para ponerse de costado. Draco enlazó ambos brazos de Harry en su cintura y colocó sus manos encima, pegándose más aún al calor en su espalda. El moreno sonrió y besó sus cabellos mientras su magia hacía que la luz se apagase hasta que solo quedaba un rescoldo de fuego en la chimenea y que unas gruesas mantas les tapasen y les envolviesen en un cálido capullo. Pegó su cuerpo al de Draco, saliendo lentamente y con extremo cuidado de su interior, lo que hizo que el rubio murmurase algo que no pudo comprender. Así, con su pene alojado entre dos nalgas blancas, y un cuerpo cálido acurrucado junto al suyo, el moreno permitió que Morfeo le llevase.
Harry se despertó sintiendo un agradable calor en su costado, y sonrió al sentir unos mechones de suave pelo rubio hacerle cosquillas en la barbilla. Al parecer se habían movido durante la noche, él estaba de espaldas, con Draco usando su pecho como almohada, y sus piernas enredadas con las del rubio. Sacó una mano de las mantas y se echó el pelo hacia atrás, suspirando.
No era el mejor momento para pensar en ello, peor últimamente la guerra pocas veces dejaba su mente. En los últimos dos meses, el mundo se había ido adaptando poco a poco al nuevo reinado y a las medidas de guerra que se podían ver en cada esquina. La orden, por otra parte, había crecido mucho, no tanto por alumnos, si no por adultos de confianza de uno u otro lado que se habían ido uniendo, si no como combatientes, como ayuda. La enfermera Pompfrey por ejemplo, se dedicaba a hacer ojos ciegos cuando aparecían con algún herido en la enfermería.
Voldemort había recrudecido sus ataques desde que el rey se reveló, para nada contento con ese nuevo hecho. Cada vez había más ataques, y entre ellos cada vez más eran del círculo interno, y comandados por mortífagos de primera línea, el nivel más alto del círculo. Sin embargo, la red de espías había crecido mucho, es más, muchos mortífagos se habían unido a su causa, y algunos a la orden, previo examen mental de Harry.
Había habido muchos intentos de engañarle, pero nadie sabía como, él siempre los detectaba. Sonrió pensando en las reacciones que tendrían si supiesen que era un émpata. Una voz somnolienta le sacó de sus cavilaciones y se volvió hacia los ojos grises que se acababan de abrir.
Deja de pensar – susurró Draco, antes de saludarle con un beso
Qué tal estás? – dijo el moreno, abrazándole con ambos brazos besándole de nuevo.
Genial se queda corto – contestó con una sonrisa pícara – Si te pones así cada vez que te contradigo en público empezaré a hacerlo más a menudo.
Idiota
Aún así – rió el rubio – creo que hoy no me voy a levantar de la cama.
Pura pereza?
En parte, por otra no quiero ni levantarme. Voy a estar incómodo.
Lo siento – susurró el Gryffindor contrito
Yo no. Pero si te sirve para dejar de castigarte, como compensación te tendrás que quedar aquí conmigo.
No es un mal plan
No, verdad? Y ahora, qué tal si me coges en brazos y vamos a la ducha?
Harry rió con ganas y besó profundamente al rubio, colocándose encima suyo. Adoraba cuando Draco sacaba esa vena mimada y caprichosa. Sobre todo porque adoraba concederle todos sus deseos. Así que siguiendo las instrucciones dadas, se levantó y cogió al rubio en brazos, previo hechizo de ligereza. Aunque estaba fuerte, Draco era igual de alto que él, y debía pesar lo mismo, así que…
En otra parte del castillo, en la enfermería para ser exactos, una rubia abría los ojos por primera vez desde la batalla del día anterior y miraba al joven moreno que se inclinaba con una enorme sonrisa sobre ella. Sin meditarlo mucho, atrajo al chico de la nuca y le besó lánguidamente. Blaise sonrió con ternura y le acarició el pelo. Sabía que ella jamás le culparía por lo que pasó, pero en su interior algo había estado temiendo esa reacción. Ahora ella había abierto los ojos y todo volvía a estar bien.
Qué tal te encuentras?
Bien, no te preocupes.
Lo siento
Hiciste lo correcto – sonrió ella con la misma sonrisa soñadora con la que le había logrado conquistar.
Hmpf, pues tu amigo Potter me echó una bronca.
El alfa snorlack se preocupa especialmente por los snorlicklings, sobre todo por las hembras.
Ajá.
En efecto, pensó Blaise besándola con fuerza, todo volvía a estar bien.
