Buenos días, tardes y noches estimados seguidores. Sombra de Maldad de regreso, y fiel a la pequeña tradición de historias intercaladas. Ahora vamos con un nuevo recuerdo de los nuevos habitantes de esta versión de Gravity Falls. Llevaba mucho tiempo queriendo llegar a este momento, por lo que busque hacerlo lo mejor posible. Espero que lo disfruten casi tanto como yo al redactarlo, y a darnos un poquito más de perspectiva de que "Las víctimas de una guerra, no siempre son necesariamente quienes están en el campo de batalla".

Siendo todo de momento, les dejo con la lectura. Espero con ansias sus comentarios.


Una vida puede marcar la diferencia. Una vida puede significar la salvación del mundo… o su aniquilación…

Sombra de Maldad.


Recuerdos: Compañeras en el dolor

No sabía que estaba ocurriendo. De un momento a otro, el humor de su padre se había vuelto a uno hostil y furioso. Más del que ella y sus hermanos estaban acostumbrados a verlo. Y eso era raro. Pues el viejo había vuelto de su viaje al Impero de Sudamérica, por alguna estupidez política o algo así. Usualmente, su padre no reaccionaría a ello de forma violenta. Otra cosa rara fue que, en lugar de dejarla con su tío Chubs a su entrenamiento del día, fue con ellos en dirección al palacio real. Durante el trayecto, no pudo ignorar que el pueblo estaba impregnado de un ambiente de angustia y miedo. Murmullos preocupantes de los civiles que no pudo escuchar. Soldados de las otras unidades marchando con prisa, aparentemente de vuelta a sus bases. Y, extrañamente, ni un solo pregonero de Estrella Vigilante dando las noticias.

Una vez cruzada las puertas de la entrada del castillo, ve a todas las tropas portadoras de la Llama movilizados de manera muy frenética. Cargaban los Pegaso con municiones, las tropas se organizaban en escuadrones de demolición. Parecía como si fueran a la batalla. Ingresando al edificio principal, no lucia tan diferente la actividad con respecto al exterior. Todos con prisa y enfocados. Era como si los policías del tiempo fueran a atacar. Pero, aunque ya haya pasado una semana desde el último ataque, la sirena de alerta no había sonado. El camino de los tres se detiene cuando llegan a una habitación llena de monitores y comunicadores. En el centro, una gran mesa que proyectaba un mapa tridimensional de una región montañosa. Reconocía a algunos de los oficiales de la Llama que veían ese mapa, gracias a las claves grabadas en sus armaduras. Y en el frente de ellos, dándoles la espalda, estaba el viejo. Algo que la sorprendió, fue verlo con parte de su armadura dañada, o abierta. Y eso era raro en alguien que siempre llevaba pulcro hasta el uniforme. Además, que su brazo y frente estaban vendados con gasas. La sangre manchaba esos vendajes. No sabía que había pasado, pero debía ser más serio de lo que pudo imaginarse.

-¿Están listos los de Interrogación y Estrella fugaz? – Pregunta con voz fría el capitán y rey a uno de sus oficiales. Había un extraño tono en su hablar, uno que hizo temblar levemente a la pelirroja de 12 años.

2do capitán de unidad Llama: Demolición y Fuerza aérea

Rey mundial de Norteamérica

"Diamante negro" Rey Preston Northwest

-Aún falta. La artillería necesita reabastecer munición. Y estrella fugaz está buscando personal en el hospital disponible. – Le responde, con duda en sus palabras. – Señor. Entiendo cómo se siente. Pero no podemos desplegar tantos soldados ahora. Si ataca el ejército del tiempo, dejaríamos al pueblo indefenso.

-La última vez que me fije, aquí estaba el ejército más poderoso del mundo. – Replica severo el capitán de la unidad de demolición. La compostura de cada oficial se vuelve más rígida, Incluso del que se atrevió a dar su opinión. – Nunca uno de los Dementes ha estado tan lejos de su territorio. Y lo dejamos bastante herido. Jamás tendremos de nuevo una oportunidad como esta. – Ninguno de los presentes contesta a ese argumento. Era difícil saber si era por estar de acuerdo, o miedo por su monarca.

-¡Su majestad! ¡Furia roja listo para vengarlo! ¡La puta de 8 caerá! – Exclama con energía y fuerza el capitán Corderoy. Chubsball choca los puños mientras suelta un varonil alarido.

-Es bueno oírlo, capitán. Porque quiero que lidere junto a nosotros el frente. – Dan sonríe entusiasmado ante la idea. Es entonces que recuerda a su hija presente.

-Wendy. Te quedaras aquí mientras papi aplasta a monstruos con tu rey. – Su padre mira fijamente a los ojos de su primogénita. La niña sintió la mirada de advertencia de su padre. Una que solo usa con sus más rebeldes hombres, y sus hijos cuando hablaba en serio. – Pórtate bien con la princesa. – Y como en contadas veces, no dio comentario al respecto. Solo se limitó a dos palabras.

-Sí, Maestro. – Afirma obediente la pelirroja.

Casa leñadora Corderoy

Escudera Wendy Corderoy

Satisfecho, el capitán y teniente solicitan que les contaran el plan de acción. Y mientras los adultos se ocupaban de sus asuntos de adultos, la joven Wendy de 12 años se marcha a explorar por enésima vez, esperando descubrir que había ocurrido. No porque le importara. Solo como pasatiempo, mientras daba con la princesa.

Como hija de uno de los principales asociados del rey, la servidumbre de combate solía estar atenta a cualquier petición que ella tuviera. Desde saber dónde estaba alguien, hasta incluso una buena comida al tener hambre. Pero, lo que fuera que pusiera tan enojado a su padre y al viejo rey, fue motivo suficiente para que incluso llegaran a ignorarla por lo ocupados que estaban. Más que molestarla, incrementa su interés. Pero, no había quien le dedicara tiempo de resolver sus dudas.

Luego de un tiempo, decidió que no tendría caso seguir buscando respuesta, la pelirroja abandonó a su investigación, y opta por salir al jardín trasero del castillo. A parte de pasar tiempo con su amiga Tambry, era lo que más le gustaba hacer. Los pastos verdes y árboles frondosos que crecían ahí creaban un lugar excelente para descansar.

Pero al llegar a esa sección de la residencia militar, ve a lo lejos unos soldados de demolición en posición de vigía. Eran los primeros que no estaban ocupados de un lado a otro. Y reconociendo que protegían el perímetro del jardín, ya se hacía una idea de quien estaba dentro. Como persona cercana a la familia real, gracias a su padre, era posible que la dejaran pasar si solo lo pedía. Pero, estaba la posibilidad de que "ella" ordenara intimidad. Así que queriendo evitar un rechazo y advertirles de ella, opta por volarse la vigilancia.

Cuando era pequeña, ellos estaban más atentos a cualquier posible rareza salvaje que pudiera infiltrarse al territorio, o individuo sospechoso. Por lo que las primeras veces que los burlaba, fue porque no estaban atentos a cosas más "pequeñas". Con el tiempo, eventualmente fueron más atentos a encontrarla a ella, por lo que hubo ocasiones que incluso la atrapaban, antes de llegar a "jugar" con la princesa. Lo que, irónicamente, también la forzó a afinar sus propias habilidades. Una vez más, había logrado aprovechar el primer punto ciego que se abría en la vigilancia, e ingresa. Ya en el lugar, solo tenía que seguir el camino de piedra para encontrar a la mocosa con la que ha tenido que estar varias veces.

Es entonces que, el natural sonido de los arboles siendo mecidos por el viento era acompañado por un ruedo extraño. Lo reconocía de las veces en las que algún otro niño llegaba hacia ella con prepotencia, y ella le tumbaba un diente de leche: alguien estaba llorando. Más atenta a ese llanto, camina con cautela, en búsqueda del origen. A pesar de que sabía que solo una persona podía estar en ese lugar, le sorprendió mucho lo que vio:

Sentada en una piedra, con su vestido rosado ligeramente enlodado en los bordes, estaba esa niña rubia de 9 años llorando con amargura. Su rostro cubierto por sus manos, gemidos amargos exhalados de su boca, una imagen que recordaba a cualquier niño que se había raspado la rodilla. Y a pesar de que sería normal en cualquier ocasión, a Wendy le impactaba mucho el escenario. La niña, desde que tiene memoria, siempre fue instruida para mantener una imagen de dignidad y superioridad ante el resto. Jamás expresarse abiertamente como cualquier persona. Ni una sola vez bajar la cabeza, al menos que sea ante el rey. Por lo que verla llorar con tanto desconsuelo era algo muy desconcertante para ella. Además, por alguna extraña razón, tenía un pesado sentimiento amargo por escuchar ese llanto triste. Tenía un mal presentimiento. Aun así, decide acercarse más.

-Oye, Paz. ¿Por qué el berrinche? ¿A caso se acabaron los ingredientes de tu pan favorito? – Comenta en mofa la pelirroja, buscando alguna reacción natural de la menor. Para su sorpresa, cuando Pacifica voltea hacia ella, no parecía reservar sentimiento alguno por verla. Y como si no estuviera, da una larga respiración para aplacar su lloriqueo. Con suaves movimientos, intenta limpiar las lágrimas de su rostro. Y a pesar de que aún tenía los ojos rojos, parecía como si no hubiera llorado recientemente. Aun así, su mirada no resplandecía por su orgullo o vanidad. Estaba completamente apagada.

-No estoy de humor para tratar con usted, escudera Corderoy. Le solicito que me deje sola. – Contesta con elegancia y frivolidad. Algo que hacía que no pareciera ser solo una niña de 9 años. A Wendy en verdad le sorprendía el cambio en la actitud de la princesa. Pero, no podía simplemente fingir que no vio nada y hacer menos. En esta ocasión, sentía que no podía.

-No me vengas con la actitud de princesa perfecta. Todo el mundo está loco en tu choza, y nadie me dice que rayos está pasando. – Comenta firme Corderoy, sorprendiendo un poco a la rubia. Algo que Wendy noto por su respuesta, es que la actitud indiferente que trató de dar se estaba perdiendo por una mueca de disgusto. Sus pequeños puños eran apretados con fuerza.

-Me alegra que finalmente muestre interés en los asuntos de importancia del reino. Pero, no es nada que le concierne a una simple escudera. Le sugiero que, o se olvide del tema, o consulte a alguien más. De cualquier forma, le repito, retírese. Necesito privacidad. – Ordena de nuevo, ahora dándole la espalda. La pelirroja no vio con buenos ojos tal actitud.

-Necesitas un buen golpe. Ya dime de una vez que ocurre. ¿Por qué tu padre está tan… así? Siempre lo veo de mal humor cuando me mira. Pero, esta vez sí se ve furioso… - Aun recordaba la expresión del viejo. Sus ojos no transmitían nada de prepotencia, ni vanidad. Solo un intenso deseo de sangre. Algo que veía muy comúnmente en los soldados de su padre al estar por salir de misión.

-¡Nada que le importe! ¡Váyase ya! – Aunque estuviera viendo la espalda de la niña, Wendy vio cómo su cabeza se agachaba mientras empezaba a perder la paciencia. Cualquiera podría tener miedo de desatar la ira de una noble mundial. Pero, no era algo que siquiera le preocupara, con el tiempo que lleva molestándola.

-¡No me iré a ningún lado sin que me respondas! – Declara la pelirroja, tomando de inmediato del hombro a la princesa para forzarla a mirarla.

Cuando hace que diera la vuelta, la rubia lanza su palma hacia la mejilla de Wendy. Pero, siendo alguien que era entrenada por una fuerte raza, pudo atraparla de su muñeca a solo centímetros de que pudiera darle la bofetada. El rostro de Wendy se endureció por el débil intento de golpearla de la menor. Era tal su enfado porque quisiera pegarle, que pudo ocultar su sorpresa porque Pacifica quisiera hacerlo. Más aun, que al tenerla cara a cara, pudo ver la expresión que la pequeña trató de ocultarle dándole la espalda:

Su ceño fruncido tanto como su infantil piel le permitía. Su boca mostrando sus dientes siendo apretados en un gesto de hostilidad a quien se acercara. Y más aún, unos ojos llorosos. Lágrimas que salían a borbotones, de unos ojos que transmitían un solo sentimiento: Dolor. Un dolor que varias veces los soldados del ejército sienten cuando una misión resulta en un atroz fracaso, o un triunfo que quizás no lo valiera. Un dolor que Wendy no ha dejado de sentir desde muy tierna edad. Uno que cargó sola, y le ha impedido dormir bien varias noches frías.

Lentamente, empezaba a recordar las cosas que vio: el pueblo temeroso, soldados alistándose, su padre mencionando al aterrador "8", la fría cólera del viejo… Todo empezaba a tener sentido. De porque todo el pueblo estaba como si la ruina fuera a caer. Por qué los soldados estaban tan preparados para la batalla. Por qué Pacifica lloraba…

-¡¿Qué?! ¡¿Ahora qué?! – Pregunta la princesa, viendo que el rostro de Wendy se volvía a uno que no sabía que decir. Con un violento movimiento se libera del agarre de la pelirroja, pero no reduce distancias. - ¿Ahora estás pensando en cómo molestarme? ¿En lo gracioso que se ve la "consentida princesita" llorando? ¡¿Te estas carcajeando por dentro?! ¡¿O acaso piensas en que otro tonto juego quieres obligarme a jugar?! ¡No quiero nada que ver contigo, Corderoy! ¡Así que haz lo que tengas que hacer! ¡Di que me "vaya a llorar con mi mamá", Y DEJAME DE UNA VEZ POR TODAS!

Era la primera vez que veía a la princesa Northwest estallar de esa forma… era la primera vez que veía a un Northwest hacerlo. Aun cuando la veía respirar agitadamente tras gritar todo eso, no dijo nada. Solo permaneció viendo como la menor aun esperaba su respuesta. Sabía que decir, pero algo le impedía. Muchos recuerdos llegan a su mente. Varios que en su momento eran felices, pero que ahora le daban una sensación de vacío. Sintió que era lo más difícil que jamás ha hecho. Pero, a punto de hacerlo, sintió que por primera vez, en mucho tiempo, todo su cuerpo se relajó.

-…también extraño a mi mamá.

El rostro furioso de Pacifica se esfuma. Su mirada, que en un comienzo mostraba sufrimiento, se ven acompañados de la sorpresa. Estaba impactada de ver lágrimas delicadas derramándose de los ojos de Wendy, mientras aún mantenía el contacto visual con ella. Los labios de la pequeña princesa temblaron. Más lágrimas salían de su dolido corazón. Se notó que hizo un gran esfuerzo para intentar resistirse. Pero al final, Pacifica se lanza hacia Wendy, abrazándola con gran fuerza. Al comienzo, la niña Corderoy se sintió sorprendida de tener a la pequeña noble apresándose de ella, mientras continuaba con su llanto, más fuerte que antes, a la vez que cubría su rostro con su pecho. Sus gimoteos eran más estridentes, y sentía su ropa mojarse. Pero, soltando un poco más de llanto, Wendy responde el abrazo, permitiéndose llorar lo que no pudo antes.

Su padre era un hombre agresivo que jamás mostraba especial consideración, incluyendo a sus hijos. Y cualquier cosa que sufriera la guardaba para sí mismo, o para desahogarlo en la lucha. Sus hermanos, aunque compartían el mismo pesar, pasaban más tiempo entrenando que con ella. Y los Hombretauros, aunque leales, despreciaban cualquier sensibilidad tachándola de debilidad. Y como futura capitana de la unidad de asalto, no se le permitía lucir frágil, aun ante sus propios amigos. Así que jamás pudo hablar de nadie de sus penas. Y tuvo que ocultarlas con una máscara de indiferencia y malicia, usualmente abusando de la princesa como medio de descargar su tensión.

En este mundo en constante guerra y muerte, nadie estaba a salvo de pasar por lo mismo. Ni siquiera los nobles mundiales. Y ahora mismo lo veía, mientras sentía como la orgullosa princesa de Norteamérica lloraba como la niña que realmente era. Pero, a diferencia de la gran mayoría, solo esa pequeña podía entender lo que era sentir eso, pero teniendo la obligación de guardarlo para sí misma por su posición ante el reino. Por primera vez en mucho tiempo, mientras de verdad añoraba la pérdida de su madre, sentía que no estaba sola… y no permitiría que esa mocosa tampoco lo estuviera…

-¿Exploradores caos? Estamos a 1 minuto de llegar al objetivo. Prepárense para el lanzamiento. – Fue dicho con tono formal pero volumen normal. Aun así, fue suficiente para que Corderoy se despertara de su letargo y rápido empezara a realistar su equipamiento. Verificando que nada se abandonara o se aflojara de su sitio mientras tomaba su siesta. Poco después, la compuerta trasera se abría para permitir el descenso. Su paso fue firme y rítmico al bajar. A pesar de mantener la guardia, da una profunda respiración del polvoriento ambiente.

-Nos hubiera tomado siglos llegar aquí a pie… Gracias de nuevo, Paz. – Piensa Wendy, mientras junto a Soos y Giffany empezaban a marchar hacía la entrada del abandonado edificio. Eso, aun teniendo en mente al par que se preocupó de que el Pegaso se apartara. Con una misión en progreso, sabía que tenía que seguir probando si ese par continuaba siendo los gemelos destructores que recordaba. Teniendo en mente que tenían ojos cuidándolos desde las alturas, supo que no sería un auténtico problema…


TRADUCCIÓN

La mina: Cinco monstruos. Ahora cuatro.

La casa de la alegría: Una variable cambia todo. Incluso un cromosoma.