N.A.: como algunas ya sabéis, el retraso al colgar esta parte se debe a que mi portátil decidió cobrar conciencia propia, rollo Skynet, y me borró el archivo cuando llevaba un buen trozo escrito. El tiempo que perdí en peleas para recuperarlo me quitó el que necesitaba para haber colgado el viernes, así que echad las culpas a los j… ordenadores y las gracias, por favor, a Isilen, por batir a mi colega informático y recuperarme el archivo en un plis *deposita flores a sus pies, jurando que ve un halo de santidad a su alrededor*
Esta primera parte está dedicada a todas las que habéis estado/estáis con exámenes estos días, para que veáis que nuestros vampiritos también sudan con ellos ;) Serias advertencias lemon para todo este capítulo, ¿vale?, aunque esta primera parte es sólo *tose* introductoria.
Por favor, si tenéis tiempo, consultad la nota a pie de página que he añadido al capi anterior sobre un error de traducción en los tomos OFICIALES en castellano de la serie, que Sagakure ha tenido la amabilidad de explicarme. ¡Decidme lo que pensáis, por favor! Se acerca ese momento especial para nuestra parejita y me encantaría conocer vuestras opiniones y expectativas.
27 de junio: para evitar confusiones: la palabra "chuleta" que aparece aquí es jerga estudiantil española. Se refiere a esos papelitos donde te apuntas lo que nunca recuerdas de una asignatura para intentar mirarlo en el examen sin que te pille el profe. PRISGPE tuvo la gentileza de explicarme que en México se llaman "acordeones". Si en vuestros países se llaman de otra forma, decídmelo, que lo pondré aquí para que nadie se piense que estoy hablando de un trozo de carne :p
Capítulo 10. Libérame. Parte 1
Cada uno de los soldados ocupó su sitio en la cola en silencio, con Disciplina marcial.
Las miradas estaban fijas al frente, decididas. Con un Propósito común.
Los dedos se apretaron sobre las armas, con Decisión.
El enemigo les esperaba detrás de aquella puerta. No podían vacilar. No podían distraerse.
La batalla iba a ser dura, de dos horas.
Un asalto más para ganar la Gran Guerra.
Puedo hacerlo.
Los combatientes estaban cansados tras dos días de batallas continuas, pero sus mentes eran una fortaleza impenetrable de Concentración.
La mía también tiene que serlo.
El soldado de delante pasó el último control y ella se encontró ante la mirada dura, implacable, del General.
Puedo hacerlo. Tengo una Misión que cumplir. Este combate es un paso más hacia el Horizonte Final.
Poseo el EBN (Entrenamiento Básico Necesario, espero).
La Convicción.
La Voluntad.
La Valentía.
Y algo muy, muy importante...
-No llevarás chuletas, ¿verdad, Yuuki?
¡Aing!
La muchacha se encogió bajo la mirada irónica de Kaname, plantado ante la puerta de entrada al aula con una ceja levantada, repasando los bolsillos y los bolígrafos de todos los alumnos que entraban a la sesión de tort... eh... al examen de Física. Cualquiera que fuera pillado usando esas burdas estrategias humanas en el examen sería suspendido de manera fulminante y la media de la Clase Nocturna, además, bajaría dos décimas como castigo colectivo. Algo que, huelga decirlo, no había sucedido jamás. Maldita sea, Kaname, tenía que darte por hacer de Prefecto. Era el segundo y último examen de la noche, estaba agotada mentalmente, casi histérica y aún le quedaba una maratoniana sesión de probarse vestidos con todas las demás vampiras que asistirían al Baile de Invierno.
Yuuki levantó las manos, con toda la colección de bolis de colores firmemente sujeta en una, el estuche vacío en la otra y sonrió como una oveja de camino al matadero.
-¡No! ¡Claro que no, Kan... eh... Inspector Jefe! No llevo em... chuletas.- cruzó los brazos detrás de la espalda, intentando disimular el bolígrafo de cuatro colores entre el resto.
Con el trabajo que me ha costado, tendrían que aprobarme sólo por ser capaz de hacer esta maravilla. La parte inferior de aquel bolígrafo era más gruesa que el de la mayoría para poder albergar las cuatro minas (azul, negro, rojo y verde) y se desenroscaba. Un escondite ideal para, pongamos, un recordatorio en miniatura de la formulación básica. Y de la tabla periódica de los elementos, para el examen de Química. Y, para que no se diga que no sabía trabajar con anticipación, las declinaciones de latín y, sólo por si se quedaba en blanco, nada más, la lista completa de todas las malditas fechas de esas absurdas guerras y los reyes que habían reinado coincidiendo con ellas. Porque, evidentemente, las abreviaturas de las figuras poéticas más comunes para el parcial de Lite no contaban como una chuleta. Eran una Pista.
Aquel boli era el Arma Definitiva. El Factor X secreto que le permitiría ganar aquella Guerra a gran escala contra los exámenes. Con aquella pequeña obra de arte en miniatura se sentía como una protagonista de "Héroes". Si Kaname se lo confiscaba pasaría directamente a sentirse una mezcla de "Perdidos" y "Mujeres desesperadas".
Kaname la taladró con la mirada esbozando una sonrisa tan leve que sólo Yuuki se dio cuenta de ella. Lo sabe. Mientras mantenía su expresión tan angelical como le era posible, meneó desesperadamente el boli a su espalda para llamar la atención de Kain, el siguiente en la cola de Inspección.
Cógelo, vamos, cógelo. A ti no te inspeccionará tan a fondo, nunca esperaría que llevaras una chuleta.
Akatsuki frunció los labios al ver las manitas de Yuuki cruzadas detrás de su espalda moviendo frenéticamente lo que parecía un boli de aquellos con minas de cuatro colores que usan los niños de Primaria. ¿Qué narices quería decir... ? Un momento, no puede ser... ¿Le estaba pidiendo que le escondiera una chuleta? ¿De Kaname? Ciertamente, las desgracias nunca vienen solas y la gente que te puede meter en un lío, tampoco. Como si no tuviera suficiente con el mentecato de Hanabusa, ahora Yuuki parecía empeñada en torcer la recta senda de su vida. ¿Por qué le pasaba eso a él? Quizás por lo que decía Aido, que su cara de calma pasmosa parecía estar diciendo que podía asumir cualquier marrón que le cayera encima. Como aquel. Hay que fastidiarse, no te haces tú una chuleta y tienes que ayudar a Yuuki con las suyas.
Suspiró, sabiendo que la batalla con sí mismo estaba perdida de antemano. Si alguien necesitaba una chuleta para aprobar era Yuuki. Aunque un cirio a Santa Rita, patrona de los imposibles, tampoco le iría nada mal. Dio un paso adelante cogiendo el boli de colores de la mano de la joven, guardándoselo dentro de la manga de la camisa y hablando con tono resignado al mismo tiempo.
-Yuuki, quedan cinco personas más para inspeccionar y el examen está a punto de empezar.
Ella se giró un poco hacia él con una sonrisa excusada.
-¿Eh? ¡Claro, Akatsuki, ya voy!- se giró de nuevo hacia Kaname.- ¿Puedo pasar ya?
La mirada sarcástica del purasangre pasó de su hermana hacia el noble pelirrojo y su sonrisa se hizo un pelín más ladeada.
-Claro, Yuuki. Toma asiento.
-¡Gracias!
La joven entró en la gran sala donde los alumnos ya estaban sentados a filas alternas, dejando un asiento entre ellos para evitar que se copiasen -¿quién caería tan bajo como para pensar aquello?-. Yuuki remoloneó un instante junto a la puerta, fuera del alcance de la vista de su hermano, para oír el educado intercambio entre los dos chicos.
-¿Estás limpio, Akatsuki, o tengo que inspeccionarte?- la voz de Kaname era tan educada como siempre, aunque con un tinte de sorna.
-Mi conciencia está limpia, sí.- el tono de Kain transmitía su calma habitual. Una forma como otra cualquiera de decir que sus manos no, pero que era por una buena causa.
-Bien, pues. Allá tú con ella.
Cuando el alto pelirrojo pasó al lado de Yuuki de camino a su pupitre, no perdió ni un segundo en sacarse el Arma Definitiva de la manga y endosársela. La chica suspiró agradecida y empezó a subir los escalones revisando los papeles que el profesor había dejado sobre los pupitres con los nombres de cada alumno, aunque sabía dónde estaría el suyo: en la última fila, la más alta, justo entre Kaname (sentado al lado de la ventana) y Aido. Al otro lado del rubio se sentaba Seiren y, al final de la fila, Ruka.
Aquel miércoles era la primera noche que Seiren se levantaba de la cama tras el ataque de Takuma. Parecía que su cuerpo no había rechazado la sangre de Kaname y la herida del estómago había cicatrizado por completo, por lo que volvía a hacer vida normal. A pesar de haberse perdido dos días de exámenes, había recibido permiso para concentrarlos en los tres días que quedaban de semana, por lo que tendría más parciales que afrontar que los demás cada noche. A pesar de que aquello habría convertido incluso al alumno más calmado en un manojo de nervios babeante, Seiren parecía -y estaba, según percibía Yuuki- tan tranquila como siempre.
No se podía decir lo mismo del resto de los alumnos de la Clase Nocturna. Antes de contar con aquel talento para leer las auras, Yuuki había creído que eran una especie de seres alienígenas a los que el corazón no se les aceleraba ni un latido ante la perspectiva de dos horas redactando ensayos sobre el recurso del amor en la literatura inglesa medieval, por poner un ejemplo. Pero se había equivocado.
Rima estaba histérica con el examen de Historia, aunque aspiraba a Excelente en Lengua Extranjera. Shiki se había dejado los ojos y parte del cerebro peleándose con todos los apuntes menos con Filosofía, con el objetivo muy realista de simplemente aprobar las asignaturas. Aido resoplaba como quien se enfrenta a un toro furioso con Literatura, mientras que a Ruka se le ponían los pelos de punta con sólo pensar en Lengua Antigua y Akatsuki se pasaba horas escuchando solos de guitarra en el Ipod intentando asimilar cualquier conocimiento de Física, Mates y Química.
No es que fueran inmunes a los exámenes, es que disimulaban como para llevarse el Oscar a los mejores actores.
La única que realmente estaba tranquila era Seiren. Porque incluso Kaname estaba afectado por los exámenes, aunque de una manera... un tanto distinta. Desde que había vuelto al hotel después de aquella larga conversación con Zero en el cementerio se comportaba de forma diferente. Había caído dormido como una piedra durante horas, exhausto por la carga emocional de las explicaciones y por los recuerdos que le habían asaltado.
Pero, cuando se hubo despertado y le hubo explicado todo a Yuuki, parecía... aliviado. Extrañamente feliz a su propia manera calmada. Parecía que la cosa había ido bastante bien; Zero había escuchado, por lo que Yuuki estaba segura de que su amigo, al final, tomaría la decisión más sabia. Al menos, parecía que ya no los odiaba ciegamente, que ya no estaba obcecado con matarlos. Desde entonces, era como si Kaname se hubiera sacado una losa de encima. Estaba más relajado de lo que lo había estado en muchos días, sonreía con frecuencia -a su estilo reservado- y no perdía oportunidad de abrazarla o de robarle un beso por sorpresa. Lo había pillado en varias ocasiones charlando a escondidas con Ruka con aire conspirador, entre exámenes, y luego mirándola con una particular expresión enigmática que, a saber por qué, hacía que su cuerpo reaccionara como si hubieran subido la calefacción.
Aquel humor ligero se había ido acentuando examen tras examen. Al contrario que cualquier ser normalmente configurado, Kaname parecía sentirse feliz sumido en la rutina de inspeccionar a los estudiantes, asegurar la disciplina, contestar interminables preguntas y repasar en la biblioteca en el tiempo libre entre controles. Además de, al parecer, con la líbido más activa que de costumbre pero, a la vez, receloso de dejarse llevar. Quien lo entienda que me lo explique, por favor.
Yuuki se sentó en su silla, apoyó con gesto decidido los antebrazos sobre la mesa y puso el boli en ristre, preparada para enfrentarse a otro interrogatorio que vulneraba todas las Convenciones de Ginebra sobre el trato mínimo humanitario, por no decir la Declaración Universal de los Derechos del Niño -¡no podéis torturarme así, soy menor!-.Llevaban dos noches de exámenes y tenía las neuronas manifestándose en masa pidiendo una tregua que no iba a llegar hasta que entregara el examen de Lite el viernes de madrugada.
La joven sabía que una chuleta no le iba a salvar un examen, pero quizás sí evitara un desastre épico. De momento, los controles de Filosofía y Ética, Mates y Lengua Extranjera no le habían ido tan horrorosamente mal como había creído. A lo mejor, las clases particulares de Shiki y Aido habían funcionado, junto con su determinación de ver los exámenes como un escalón hacia el futuro que quería en vez de como un muro ciclópeo contra el cual estrellarse. Si quería dirigir la Academia algún día necesitaría una Licenciatura universitaria. Para eso, tendría que pasar el examen de ingreso, cuyo paso previo era haber aprobado Secundaria, que constaba de múltiples controles como el que estaba a punto de acometer. Paso a paso, Yuuki. No pierdas el Foco, la Resolución. Frunció el ceño, preparada para lo que fuese, cuando Kaname se deslizó grácilmente en el banco, a un asiento de distancia. Lo miró con el ceño fruncido, intentando transmitirle su determinación de ir en serio en los estudios, de darlo todo... hasta que se encontró con su mirada.
Entonces perdió el mundo de vista.
Kaname la contemplaba con la cabeza algo ladeada y la luz de la luna creando matices irreales en su cabello al filtrarse por los ventanales a su espalda. Tras atrapar los ojos de ella con una mirada en ascuas, bajó las pestañas y Yuuki lo notó recorriendo la piel cremosa del muslo que la corta falda blanca del uniforme dejaba al descubierto con generosidad al remangarse. Aquellos ojos como los rescoldos de una hoguera subieron lenta... muy... lentamente, por su muslo, la cintura estrecha que enmarcaba el chaleco tras quitarse la americana entallada y se detuvieron sobre el perfil de su pecho. El corazón de Yuuki empezó a bombear más rápido porque había tenido la inquietante sensación de que podía sentir sobre la piel algo de lo que Kaname estaba pensando. Las largas pestañas negras se elevaron y aquellos ojos iridiscentes, almendrados, brillaron un instante, como las chispas que se desprenden de una hoguera. Luego, los labios cincelados se elevaron un momento, levemente, en una sonrisa secreta sólo para ella. Luego, tan rápido como se había avivado, la hoguera se apagó y Kaname desvió la mirada hacia el pupitre.
Uh… ¿han subido la calefacción?
Yuuki parpadeó, contemplándolo un instante, para luego pasear la vista por toda el aula, intentando recuperar el hilo de sus pensamientos anteriores. Examen. Física. Tenía que intentar grabarse esas palabras a fuego para no perder la concentración, pero sólo conseguía pensar en tres. Kaname. Casi desnudo. O del todo. Eso son más de tres palabras.
¡Vaaaaaaale ya!
-Señores, vayan pasando las hojas de los exámenes a sus compañeros de fila, por favor, en el mismo orden en que están dispuestas.
La voz del profesor cuando se paró justo al lado de Kaname le dio un susto de muerte, como si el hombre pudiera leer los pensamientos que corrían por su mente, y el corazón volvió a subírsele a la garganta. El purasangre, en cambio, cogió tranquilamente los ejemplares del examen y dejó uno en el pupitre delante de él antes de pasárselos a Yuuki. Cuando ella alargó la mano, las yemas de los de dedos le rozaron la muñeca, tan rápido que podría haberlo soñado de no ser por el rastro de calor que parecieron dejar. La mirada de Kaname volvía a mostrar aquel extraño calor contenido de los últimos días y Yuuki permaneció hipnotizada hasta recordar que los demás esperaban sus exámenes. Tragó saliva, cogió un ejemplar y le entregó el resto a Aido, que los aceptó con gesto aburrido antes de pasarle otras copias a Seiren.
La joven purasangre inspiró con fuerza, decidida a centrarse en el examen y a dejar para más tarde el pequeño misterio de qué narices le pasaba a Kaname, porque su aura, tan controlada como siempre, no le daba demasiadas pistas. A ver, lo primero es escribir bien tu nombre y luego intentar entender los enunciados. Yuuki frunció el ceño, creando mentalmente la imagen de ella misma rodeada de una burbujita que la aislaba del resto del mundo, y se sumergió en la lista interminable de preguntas. Qué curioso… Estaba casi segura de que podía resolver con acierto un buen número de ellas y había unas cuantas más que, si conseguía concentrarse, incluso era posible que contestara bien algunas. Lo cual distaba mucho de lo que había sido la tónica general de los exámenes de Física hasta la fecha. Aquí hay trampa, fijo que sí…
Kaname respondió la primera parte del examen con sólo la mitad del cerebro realmente concentrado. El resto, junto con su cuerpo, sólo percibía la presencia de Yuuki a su lado. Arriesgó una mirada de reojo. La joven se había echado las dos largas coletas por encima del hombro derecho, dejando al descubierto, como una invitación, el largo lado izquierdo del cuello, por donde una vena azulada latía tentadoramente. Se daba leves golpecitos con el bolígrafo en los labios fruncidos, carnosos, y sintió la súbita urgencia de quitarle el boli y el examen, de besarla hasta que su boca estuviera de color carmín, justo antes de desnudar los colmillos para…
Maldijo en silencio, frunciendo el ceño y mirando la hoja de preguntas sin verla. Probablemente, era la única persona en el mundo a la que una semana de exámenes causaba ese efecto. El de sentirse libre. Para alguien que había vivido atrapado en convenciones, en aburridas veladas que ocultaban encerronas, lejos de lo que se consideraba una infancia o una adolescencia normal, los exámenes, aquel clima de nerviosismo compartido, de camaradería ante un sufrimiento común, era como poder vivir durante unos días en la piel de un adolescente cualquiera. Dando ejemplo, se sentaba con los demás en las salas de estudio, compartía apuntes con Yuuki, se preocupaba de que sus lápices tuvieran mina, comentaba las preguntas al salir del examen con las personas de su círculo de confianza… En cierta medida, su estatus de purasangre, aquel corsé que lo ceñía, se aflojaba un poco, dejándole respirar como lo haría un estudiante normal.
El efecto que eso provocaba normalmente es que Kaname se comportaba de manera algo más cercana y que su faceta más fastidiosamente pícara salía a la luz. Hasta ahora, lo exteriorizaba con algunas pullas a Aido o, en años anteriores, metiéndose con Kiriyu más de lo normal durante el cambio de clases. Ahora, con Yuuki a su lado, a su alcance, aquel humor burbujeante bajo la usual apariencia calmada había tomado un sesgo muy distinto. Cambió levemente de postura en el asiento de madera, haciendo lo posible por acomodar lo que había empezado a despertar entre sus piernas de forma que no fuera ostensible. Tener a Yuuki al lado hacía que el ansia de sangre y la lujuria cabalgaran justo por debajo de su piel.
El purasangre se forzó a concentrarse en el segundo bloque de formulación mientras parte de su mente seguía divagando sin remisión. Desde aquella tremenda experiencia en el sofá del despacho de Cross, no habían vuelto a compartir sangre… ni caricias. Aquello se había saldado con la sorprendente confesión de Yuuki de que quería hacer el amor con él. Cuando fuera posible. En cuanto estuvieran a solas. Y, mira por dónde, Kaname acababa de asegurarse aquello.
Había sido cruel recurrir a Ruka para materializar el pequeño plan que tenía en mente, pero no sabía a quién más podía acudir. Los intereses económicos de su familia eran los más adecuados para que ella le pudiera conseguir justo lo que andaba buscando. Aún no se lo había dicho a Yuuki, en parte porque acababa de ultimar los detalles y, también, porque no estaba seguro de cómo reaccionaría ante la perspectiva de pasar unos días a solas con él. ¿Se sentiría presionada? ¿Se echaría atrás, pensando que necesitaba más tiempo?
No era obligado que ocurriera algo si los dos estaban a solas pero… Kaname se encontró dándole vueltas insistentemente a la frase que Yuuki le había dicho hacía una semana –"Te pediría que me tomaras en tus brazos y me hicieras sentir mujer"-, combinándola con imágenes muy vívidas de las posibilidades. Las encías le picaron y los colmillos de aguja descendieron un par de milímetros. El purasangre apretó los labios, enfadado consigo mismo por la vacilación en su control. Lo cierto es que anhelaba la sangre de Yuuki. Se había pasado demasiados años sin el consuelo que proporciona la esencia del ser amado y, cuanto más vacilaba, cuanto más nervioso se ponía ante la perspectiva de consumar su relación, más aumentaba aquel deseo.
Y también su inseguridad. Siendo realistas, ¿qué chico de 19 años no se sentía algo nervioso ante la perspectiva de perder la virginidad? ¿Quién no tenía algo de aprensión, lo dijera o no, a fallar, a hacerlo mal, a no estar a la altura? Añade a eso que tu novia no puede ser quien te guíe porque está en las mismas que tú. Ahora coge todo ese cóctel explosivo y súmale la sensación, arrastrada desde hace exactamente los mismos años que tienes, de que tu cuerpo no es tuyo. Oh, sí, Kaname había avanzado mucho en la mentalización de que su envoltura física ahora era suya, que formaba parte de él. Pero, ¿y si, justo en el calor del momento, algo no funcionaba? ¿Y si no conseguía que su cuerpo le obedeciera porque no estaba del todo fusionado con él? ¿Y si en aquella noche que tenía que ser especial, mágica, las cosas salían horriblemente mal porque su cuerpo no le respondía?
Cuanto más le daba vueltas a cómo anhelaba que aquel momento con Yuuki llegara, tanto más cuando había conseguido poner en marcha aquel pequeño plan, más se acrecentaba aquel miedo. Probablemente era estúpido e irracional porque, afrontémoslo, hasta ahora su cuerpo había reaccionado con puntualidad británica a todos los estímulos recibidos. Pero, ¿y si…?
Demonios…
Le dio vueltas al bolígrafo entre los dedos, diciéndose con ironía que, a aquel paso, sería la primera vez en su vida que bajaría del Notable en Física. Porque maldita sea las ganas que tenía de estar allí sentado resolviendo problemas. Miró de reojo a Yuuki, que parecía haberse tomado un respiro y se masajeaba rítmicamente la sien derecha con un dedo mientras miraba las musarañas. Kaname cogió la hoja en blanco que les habían dado para que pudieran hacer cálculos en sucio y garabateó un par de frases. Espió al profesor, que se mesaba la perilla contemplando la luna llena, y estiró el brazo derecho para hacerle llegar la nota a su hermana. Como le pillaran, aquello pasaría a los anales de la Clase Nocturna.
Yuuki percibió el movimiento a su izquierda y levantó la vista del examen. Kaname seguía con la mirada fija en sus hojas, pero tenía algo en la mano derecha, estirada hacia ella por debajo de la mesa. Una nota. Las cejas de ella se alzaron al punto. ¿Kaname pasando notitas a escondidas en un examen? ¿Hablamos de Kaname Kuran? Comprobó que el profesor proseguía con su nostálgica contemplación del cielo nocturno y alargó rápidamente la mano, cogiendo la nota. La colocó sobre sus hojas, disimulando, e intentó entender la complicada letra de Kaname cuando escribía a toda prisa. Tuvo que leerla dos veces porque el corazón le había empezado a martillear de tal forma en las sienes que casi le nublaba la visión.
"Después del examen. Lavabo de minusválidos al lado de la biblioteca. Por favor".
Aquellas dos palabras parecían haber sido añadidas como una ocurrencia de última hora, pero comunicaban más necesidad de… de lo que fuera, que el resto del mensaje. Yuuki volvió a contemplar de reojo a Kaname, que le devolvió una mirada mezcla de inseguridad y fervor entre los mechones sedosos que tapaban sus ojos. Oh, oh… Inexplicablemente, un pequeño terremoto de calor recorrió la espina dorsal de Yuuki, que asintió. Los labios cremosos de su hermano temblaron en una pequeña sonrisa de agradecimiento y el purasangre volvió a concentrarse en su examen. Algo crepitó a través de su vínculo. Sed. Y algo más, una emoción poderosa mezclada con timidez.
El resto del tiempo del examen pasó como la niebla ante el sol para Yuuki. Dio gracias por haberse podido concentrar para contestar las primeras partes, porque no estaba segura de haber entendido ni un solo enunciado de la tercera. Aido fue el primero de toda la Clase en entregar el examen, desperezándose como un gato, y salió de la clase con los brazos cruzados por detrás del cuello entre las punzadas generalizadas de envidia del resto de los alumnos. Kaname fue el segundo, levantándose de la silla con un susurro y bajando las escaleras del aula con elegancia sin mirar hacia atrás. Dio las gracias al profesor y salió de la clase con su acostumbrado aire de elegancia regia. Yuuki no fue la última en entregar el examen simplemente porque decidió que no tenía ningún sentido perder el tiempo intentando descifrar lo que le preguntaban cuando lo único que tenía en mente era aquella mirada y el contenido de la nota. Admítelo, hasta aquí has llegado. Ni siquiera valía la pena probar a consultar su chuleta. Estaba tan desconcentrada que tampoco habría podido aplicar la formulación que llevaba escrita allí. Recogió los bolígrafos en el estuche y bajó las escaleras para dejar su examen en el mismo montoncito que los demás, en un extremo de la mesa del profesor.
Cuando salió al pasillo, ya se habían formado algunos pequeños corros de vampiros comentando el examen, muchos de ellos consultando sus apuntes y sus libros para comprobar si las respuestas que habían dado eran correctas. Otro punto en el que no se diferenciaban de los humanos, pensó Yuuki mientras trotaba por los pasillos hacia la biblioteca. Habían acabado los controles de la noche, así que los alumnos de la Clase Nocturna probablemente volverían a la Residencia Luna para comer algo y distraerse antes de volver a encerrarse en sus cuartos para repasar los exámenes de mañana. Eso, los que no tenían aquella cita con los modistos que iban a venir expresamente a la Academia para ayudar a los ocupados nobles –ella incluida- a escoger sus vestidos para el Baile de Invierno.
En estado normal, Yuuki estaría dando saltitos de alegría ante la perspectiva de verse envuelta en telas de colores y en vestidos de noche como si hubiera salido de "Sissí, Emperatriz", pero aquella noche había algo que la llamaba más. Al acercarse a la biblioteca se dio cuenta de que sólo había un par de alumnos empollones dentro y suspiró aliviada, acercándose a los lavabos. A saber qué tenía Kaname en mente. Toda la Academia estaba adaptada para alumnos con minusvalía. Las entradas de los edificios y los bordillos contaban con rampas, había ascensores y se habían instalado plataformas elevadoras para sillas de ruedas en las escaleras. Igualmente, todos los baños contaban con un lavabo, a parte de los demás, más grande y con los aseos a la altura de una persona que se desplazara en silla de ruedas. Dado que había muy pocos alumnos con minusvalía en la Academia, y ninguno en la Clase Nocturna, casi nadie usaba aquellos lavabos.
Yuuki se acercó a la puerta del lavabo de minusválidos y apoyó la mano en el pomo, vacilando un instante. Podía sentir la impaciente presencia de Kaname dentro y se mordió el labio, indecisa sobre por dónde iban los tiros. Le había parecido percibir un fuerte destello de ansia de sangre en él en clase, mezclado con... um, ¿lujuria? y aquello era lo que la hacía sentir insegura. Su relación con Kaname había ido cruzando finas líneas rojas poco a poco y lo habían dejado a un paso de cruzar la última frontera, por así decirlo. En aquel momento, al calor de lo compartido, le había dicho que estaba preparada y, cada vez que pensaba en ello a solas -más veces de las que estás dispuesta a confesar-, lo único que podía sentir era el escalofrío de la anticipación.
Pero cuando tenía a Kaname delante -o al lado, o encima- era distinto. Su hermano podía ser.... abrumador. La manera en que parecía fundirla con sólo una mirada, la mareante sensación del peso cálido de su cuerpo sobre el suyo, aquella oscura sensualidad que desprendía... era como tirarse a un pozo de lava sin saber si aguantaría el calor. A veces, cuando él parecía recibir cualquier caricia suya como un regalo divino, Yuuki se sentía poderosamente mujer, con la capacidad de otorgar felicidad o tristeza con un solo gesto, y aquello la hacía sentir segura. Pero cuando Kaname tomaba el control... cuando se dejaba llevar por aquella especie de oscuro impulso... Uh....Su cuerpo tembló y el color le subió a las mejillas. En aquellas ocasiones, tenía un poco de miedo. Era como si él pudiera fundirla en aqueltorrente de fuego líquido, consumirla, hacerla desaparecer, casi devorarla... tal era su hambre.
Pero no iba a poseerla en un lavabo de minusválidos al lado de la biblioteca de la Academia, ¿verdad que no? Pues claro que no, so tonta. Meneándose la cabeza a ella misma, empujó la puerta del baño, sorprendida al darse cuenta de que estaba a oscuras.
-¿Kan...?- comenzó en un susurro extrañado, como si hubiera entrado en una casa encantada.
-Sshhh... ¿No querrás que nos oigan, verdad?
Kaname le enlazó la cintura en cuanto ella entró, cerrando el pestillo con la otra mano. En los segundos en que los ojos de Yuuki tardaron en adaptarse a la oscuridad, se encontró sintiendo el frío de la pared de baldosas contra su espalda, el calor del cuerpo de Kaname pegado al suyo, separándole las piernas con un muslo, y sus labios ardientes contra los de ella. La lengua de él resbaló por sus labios hundiéndose directamente en su boca, profunda, hambrienta. Yuuki ahogó un pequeño sonido sorprendido cuando él presionó su entrepierna con el muslo, empujándola más contra la pared, mientras la mano derecha de Kaname jugueteaba con el cabello de su nuca y la izquierda acariciaba la cadera hasta posarse en sus nalgas. La lengua de él ahogó cualquier protesta cuando lamió seductoramente el labio inferior para luego mordisquearlo, haciéndole notar que sus colmillos empezaban a alargarse.
Yuuki suspiró, aceptando lo inevitable, que era incapaz de pensar con coherencia cuando Kaname actuaba así, como si no pudiera reprimir el deseo que sentía por ella. Y aceptando también que aquello era precisamente lo que había estado deseando desde la semana anterior. Enredó una mano en la melena oscura y la otra se posó en la espalda de él para apretarlo contra sí. Aquella pequeña reacción provocó un sordo gruñido desde el fondo de la garganta del purasangre.
-Me estás tentando… -susurró contra la boca de su hermana.
Sin previo aviso, succionó la lengua de ella con fuerza y clavó los colmillos. Las manos de Yuuki se tensaron, arrugándole la chaqueta del uniforme y gimoteando. Kaname no le dio tregua, succionando pequeñas gotas de sangre de su lengua para luego rozar las heridas con la punta de la suya, juguetonamente, y atrapar su labio inferior con un suave tirón por última vez antes de separarse un poco y mirarla a los ojos.
Yuuki alzó los párpados con desconcierto, mareada ante el calor que empezaba a sentir, y, cuando lo hizo, la respiración se le paró en la garganta. En la oscuridad del lavabo, que sus sentidos vampíricos convertían en penumbra, los ojos rasgados de Kaname brillaban como una hoguera, sombreados por las pestañas de ébano. No sonreía, sólo la contemplaba con la intensidad de un dios intentando resolver un misterio que se le escapara. El demonio no puede ser más tentador que él... Le dejó contemplar aquella belleza oscura unos segundos antes de agachar de nuevo la cabeza, acariciando su mejilla encendida con el cabello sedoso y el lado derecho de su cuello con la punta de la nariz. Aquella particular fragancia, la mezcla de especias y dulce esencia frutal, se desprendió de su piel en una oleada posesiva que la mareó por su intensidad.
-Kaname... ¿qué..?- maldita sea, no puedo hablar cuando me mira así.
Algo húmedo rozó la vena de su cuello con un largo toque sensual y Yuuki tembló al notar el aliento cálido de él sobre su piel humedecida.
-Estoy sediento, Yuuki.- ronroneó, apretando de nuevo el cuerpo contra el de ella y besando su piel con los labios abiertos mientras hablaba.- ¿Quieres calmar mi sed?
Por algún motivo, la temperatura corporal de ella subió unas cuantas décimas y el calor se reunió en un punto en concreto entre sus piernas. ¿Alguna mujer digna de tal nombre podría rechazar una petición así? Ella no pensaba hacerlo, pero se forzó a ser la voz del sentido común -¡Yo! ¡Imagínatelo!- antes de queaquello se les fuera de las manos.
-Estamos... estamos en unlavabo.- las manos de él recorrían su cuerpo por encima del uniforme, enfebrecidas, y tuvo que girar el rostro cuando empezó a besar el otro lado de su cuello.- Cualquiera nos... puede oír... y oler.... ¡Kaname!- le reprendió en un susurro apresurado cuando él mordisqueó la piel de su cuello para luego succionar mientras sus manos empezaban a correr debajo de la falda.
Él le habló con los labios sobre el oído.
-No te preocupes, no derramaré ni una gota.- lamió el lóbulo de su oreja.- Llevo días… -mordisqueó con suavidad.- deseando beber… de ti.- rozó el vientre de ella con su entrepierna inflamada.-… y tocarte. Pero no lo haré… si tú no me das permiso.
Se separó bruscamente de ella, mirándola a los ojos como si pueda absorberla, completamente inmóvil. Yuuki notaba la sed, en todos los sentidos, que emanaba de él, pero también supo, sin lugar a dudas, que no movería ni un dedo si ella no asentía. Estaban en un lavabo. Con vampiros cerca. Si la oían, todos volverían a saber lo que estaban haciendo. Kaname sabía que eso la incomodaba y estaba dispuesto a reprimir sus muy urgentes ansias si ella decidía que no era el momento. Tenía el cuerpo tenso, esperando su veredicto, y Yuuki frunció el ceño. Al diablo con los demás. Asintió.
Al instante, los labios de él volvieron a devorarla y su cuerpo delgado ardió al apretarse contra el suyo. Notó las ágiles manos de Kaname empujando la chaqueta de su uniforme por sus brazos hasta que cayó al suelo y luego sus dedos desabrocharon el chaleco a velocidad de vértigo. El olor de Yuuki le inundó los sentidos, tentándolo a dar rienda suelta a su deseo, a morderla de un solo embate, a arrancarle la ropa, a dejar la marca de sus uñas en la piel blanca, a alzarle las caderas y hundirse en ella hasta que la oyera gritar su nombre, a llenarla con su semilla una y otra vez, a deslizarse hasta el suelo y a apoyarla de rodillas…
Yuuki intentó coger aire cuando se encontró de golpe sin chaleco y oyó el "ras" del lazo rojo del uniforme que llevaba al cuello rasgándose. Separó bruscamente los labios doloridos y contempló a Kaname con los ojos dilatados. La temperatura de su cuerpo subió más allá de las marcas del termómetro cuando vio la lujuria más cruda en su mirada, la fiera ansia de posesión. Él respiraba con dificultad, con la punta de los colmillos rozando su labio inferior. Levantó la mano izquierda, posándola en el pequeño valle entre sus pechos, jugueteando con el botón de la camisa negra, y la petrificó en el sitio con aquella mirada que brillaba en la oscuridad.
-Déjame tocarte, Yuuki.- apretó las caderas contra las de ella, apoyando la frente contra la suya mientras los botones de la camisa negra parecían abrirse por voluntad propia gracias a la magia de sus dedos ágiles.- Estoy sediento… de ti.- empujó las caderas hacia arriba, haciéndole notar hasta qué punto llegaba su necesidad.- De tu sangre.- sus labios se movieron contra los suyos, exhalando en su boca.- De tu corazón.- su mano derecha rozó la curva superior de su pecho izquierdo.- De tu cuerpo.- la mano izquierda subió por su muslo, provocando escalofríos con las yemas de los dedos.- No puedo soportar verte a mi lado todos estos días… sintiéndome tan… vivo sin poder tenerte.
La respiración de Yuuki llenó todo el lavabo y sintió como su raciocinio se evaporaba mientras sus piernas se convertían en gelatina. Los dedos de Kaname la acariciaron por encima de la ropa interior, resiguiendo su abertura, esperando permiso, mientras su respiración entrecortada en el oído le erizaba el vello de todo el cuerpo con un escalofrío sensual. Podía oír a los alumnos abriendo y cerrando puertas en los otros baños y pasos en el pasillo… y, a aquellas alturas, era muy consciente de que, probablemente, no conseguiría estar callada… Pero era incapaz de rechazar a Kaname cuando le tenía así. Lo enlazó con ambas manos de la nuca y lo atrajo hacia su boca, abriéndola completamente mientras su cuerpo se arqueaba por voluntad propia, acoplando la mano de él a la forma de su pecho. Si te sirve como asentimiento…
Sirvió.
Yuuki no estaba preparada para la respuesta que provocó en él. En el espacio de una respiración se encontró con las manos de Kaname aferrándola de la cintura y dándoles la vuelta de forma que él quedó con la espalda contra la pared del lavabo y ella con la espalda contra su pecho, semi derrumbada sobre su cuerpo. Al instante siguiente, su lengua estuvo justo sobre su zona de mordisco, enloqueciéndola con rápidas acometidas superficiales. Su mano izquierda levantó el sujetador, sin preocuparse en abrirlo, y sus dedos encontraron su pezón endurecido, atrapándolo con una fuerza rayana en el dolor. La joven dejó caer la cabeza hacia atrás, contra su hombro, reprimiendo justo a tiempo un gemido que acabó saliendo de sus labios como un quejido cuando notó la mano de Kaname por dentro de su ropa interior. Cuando intentaba prepararse para notar sus primeras caricias exploratorias, la respiración se le escapó en una sonora exhalación ante tres poderosas sensaciones al mismo tiempo.
Su dureza clavándose como una lanza entre sus nalgas, empujando.
Dos largos dedos entrando en ella de un solo movimiento.
Los colmillos felinos hundiéndose en su vena con tal fuerza que la recorrió un relámpago de dolor y placer y se sacudió de los pies a la cabeza.
Luego, con la misma rapidez con que la habían asaltado, las sensaciones desaparecieron. Los colmillos se retiraron de su cuello con un movimiento rápido, mareándola; los dedos abandonaron su interior húmedo y Kaname se retiró un tanto, dejando de presionarla con su erección, como si vacilara. Yuuki levantó el brazo derecho por impulso, aferrando la cabeza de él, atrayéndolo de nuevo hacia su cuello al tiempo que giraba el brazo izquierdo hacia atrás, intentando estrellar de nuevo aquel cuerpo duro contra ella.
Petición aceptada.
Aquella vez, el ritmo fue distinto. La mano en su pecho comenzó a acariciar su pezón dolorido con lentos movimientos circulares, haciendo que Yuuki se derrumbara contra el pecho de Kaname, clavándose los colmillos en el labio en un intento de ahogar los jadeos. Los dedos de él volvieron a recorrer su entrada para reproducir en aquel punto duro las caricias profundas y sensuales de su pecho. La oleada de placer mojó aún más los dedos de él y Kaname respondió volviendo a acercar sus caderas a las nalgas de Yuuki, moviéndolas en movimientos ascendentes y descendentes, acariciando su propia longitud entre ellas. La lengua de él cerró con rapidez las heridas en el cuello antes de que el olor de alguna gota de sangre pura pudiera alertar a los demás, para luego presionar la punta de los colmillos algo más abajo, rompiendo a penas la superficie de la piel y dejándolos allí, sin moverlos.
Quería tomarla como un animal, quería adorarla como una princesa, quería deshacer su autocontrol con caricias lentas y extenuantes… Lo quería todo a la vez.
Esto es lo que se siente al hundirse en el pecado…
Yuuki se habría ido al suelo de no ser porque estaba apoyada contra el cuerpo de Kaname. La punta de los colmillos enterrados en el cuello le provocaba oleada tras oleada de descargas eléctricas, como si toda su piel aguantara la respiración esperando el momento en que se empalaran en ella, traspasándola. Le tiró del pelo, sin importarle si le hacía daño.
-Kan… Kaname, haz-hazlo…
Su ruego no fue atendido. Quizás él no oía, porque el eco del deseo que Yuuki podía percibir era como el redoble de un tambor, atronador. Mantuvo los colmillos rompiendo sólo la superficie de la piel mientras sus dedos continuaban su tortura, acariciando en círculos, pellizcando, hundiéndose… Los retiró de su interior, completamente mojados, y ella tuvo que volver a ahogar sus gemidos cuando él usó aquella humedad para impregnar su pezón. La sensación de sus dedos resbalando sobre el nudo sobresaliente fue tan erótica cuando comenzó a castigarla con lentas caricias que pensó que perdería el control allí mismo. Cables al rojo vivo empezaron a enredarse en torno a su vientre y él debió percibirlo, porque su otra mano volvió a deslizarse a su entrepierna, hundiendo suavemente los dedos para humedecerlos de nuevo y llevarlos hasta el centro de su placer. Allí el ritmo fue distinto al de su pecho, frenético. Yuuki se arqueó, adaptándose inconscientemente al movimiento de las caderas de él, acariciándole sin piedad entre sus nalgas.
Los colmillos se hundieron unos milímetros más y ella quiso gemir de frustración, gritar y pegarle. Kaname torturó ahora su pecho izquierdo, presionando el pezón entre los dedos con tanta fuerza que las rodillas se Yuuki se doblaron.
-¡Aah, nnn…!
Los murmullos incoherentes cesaron bruscamente cuando se oyó el sonido de pies aproximándose al vestíbulo de los baños y voces de conversaciones. Oh no, oh, oh, no, por favor…
Pero Kaname no pareció darse por enterado. Los colmillos se hundieron hasta la mitad con devastadora lentitud, haciendo que Yuuki se arqueara hasta estrellarse contra su pecho. Ni un sonido, ni un sonido… nnnn… Quería tocarlo, quería alcanzar aquella ancha y dura longitud, deshacer su compostura igual que él hacía con la suya, pero Kaname estaba tan encajado contra sus nalgas que no alcanzaba. Los dedos de él se hundieron con brusquedad en ella al tiempo que tironeó de su pezón con la otra y hundió los colmillos hasta la empuñadura, rompiendo piel y venas con violencia.
-¡Kan… Aah!
Esta vez, Yuuki no pudo reprimir la exclamación a tiempo y clavó los dedos de una mano en su cadera mientras cogía puñados de cabello de su nuca. Los cables de acero se tensaron y los muslos de ella, abiertos para Kaname, temblaron incontrolables, anunciando el alivio cercano. No jadees, ni gimas, no… nnn…
-¿Habéis oído algo raro?
-No, ¿dónde?
Las voces, femeninas y masculinas, sonaban peligrosamente cerca de la puerta del lavabo.
-No sé, me parece que en el lavabo de minusválidos. Hay como un olor… raro por aquí, ¿no?
-Bueno, no se usa nunca ese baño por la noche, no creo que haya nadie dentro. Tampoco se ve luz por debajo de la puerta.
-Ya, me lo habré imaginado. Oye.- el tono se hizo más ligero.- ¿Qué habéis contestado en la segunda parte del examen?
El orgasmo se agolpó, traidor, en aquel punto que los dedos de Kaname habían inflado y que parecía latir con vida propia, pero sin llegar a estallar. Las voces, la vergüenza, la sensación de sentirse espiada… Yuuki quiso poder gritar de pura frustración, ansiando alivio sin dilemas morales. Su lucha interna debió llegar hasta Kaname de algún modo, entre la niebla roja en la que se hallaba sumido, porque la giró con rapidez y Yuuki tuvo los reflejos justos como para extender los brazos y apoyar las palmas contra la pared, absorbiendo el impacto del cuerpo de Kaname contra el suyo.
Los colmillos se retiraron y él sorbió con fuerza de las heridas al instante siguiente, abarcando todo su pecho con una mano, frotando a penas su dedo contra su intimidad dolorosa mientras su erección la empujaba contra la pared, clavándose en ella, frotándose. Otra oleada de lo que Kaname estaba sintiendo la golpeó mentalmente y la tensión en su vientre pareció elevarse a la enésima potencia, reduciendo su mundo hasta aquel segundo previo al orgasmo, cuando todos los nervios de su cuerpo parecían enroscarse… hasta estallar y expandirse en una oleada continua de temblores incontrolables… Yuuki apretó los ojos con fuerza mientras Kaname sorbía su alivio a través de la sangre y un gemido bajo, agudo, amenazaba con brotar de sus labios en forma de grito…
… Kaname le soltó el pecho y le tapó la boca con una mano mientras sorbía de su vena, insaciable, bañándose en el sabor y en el placer de ella, mientras su dedo presionaba, inmóvil, aquel punto entre sus piernas, notándolo latir. Su propia erección palpitaba en sus pantalones, reclamando a gritos el mismo trato, y supo que tenía que parar aquella locura antes de hacer algo de lo que se arrepentiría… cuando había otras opciones.
Absorbió hasta los últimos ecos del orgasmo de ella y sólo abandonó su cuello cuando Yuuki apoyó los brazos cruzados sobre la pared de baldosas y recostó la frente en ellos, buscando un punto de apoyo. Estuvo a punto de desplomarse encima de su menuda forma y consiguió simplemente dejar caer la cabeza en su hombro, pensando en cualquier cosa, cualquier cosa, que le permitiera bajar el ritmo de su respiración y el calor en su entrepierna. Notaba la ropa interior húmeda, la cabeza dándole vueltas y la cordura a punto de saltar en pedazos.
Las voces de fuera se alejaron, intercaladas con risitas, y Kaname se separó de Yuuki, le dio la espalda y caminó en dos zancadas hasta la pica, apoyando las manos en los bordes con la cabeza gacha. No se sentía culpable, porque ella le había dado permiso, pero sí asustado. Porque sabía que la siguiente vez que empezaran aquello, las escasas reservas de fuerza de voluntad que le quedaban no le llegarían para evitar levantar a Yuuki del suelo, sujetarla contra la pared y separarle las piernas para… ¿y si no podía?
Basta. Hay gente fuera. Están Kain, Aido, Ruka…
-¿Kaname?
La vocecilla de ella le sonó vacilante, mareada, y el purasangre abrió el grifo, mojándose las manos a conciencia antes de presionar el envase del jabón líquido y lavárselas con esmero. El olor del placer de su hermana seguía pegado a su piel como el perfume de la tentación y…
Las manos de Yuuki le rodearon la cintura y notó que apoyaba la cara contra su espalda tensa. Tomó aire. Aquellas mismas manos empezaron a bajar por su abdomen, algo vacilantes, y, cuando llegaron a su cinturón, Kaname se apartó con brusquedad de la pica. Se acercó al dispensador de toallas de papel para arrancar dos de un manotazo y secarse las manos, mientras la miraba como una fiera acorralada. Yuuki podía ver en la oscuridad tan bien como él, así que podía distinguir perfectamente hasta qué grado había estado a punto de perder la perspectiva de dónde se encontraban. Meneó la cabeza y algunos mechones se le pegaron a la frente.
-Yuuki, no… No te acerques.
Los ojos de ella, brillantes como espejos en la penumbra, se estrecharon, doloridos.
-¿Por qué no? Tú… tú me has tocado. Y ahora estás… -venga, madura y dilo como corresponde.-… muy excitado. Ya no hay nadie a fuera, ¿por qué no me dejas…?
-No lo entiendes.- el susurro de Kaname sonaba entrecortado, trabajoso.- Si me acerco a ti otra vez, si vuelvo a… sumergirme hasta ese punto, no habrá fuerza en el mundo, nada, que pueda impedirme que intente hacerte el amor aquí mismo. Nada. ¿Quieres que tu primera vez sea en un lavabo, Yuuki?- apretó las toallas de papel entre las manos.- ¿Y si no consigo, si no puedo…?
Vio que ella se encogía, como si le hubiera estado reprochando que le tentara de aquel modo, como si creyera que la culpa de su falta de control fuera que ella hubiera aceptado dejarse tocar en aquel lugar. Juró en silencio, arrojando las toallas de papel a la cesta, y cruzó la distancia que les separaba para aferrarla por los hombros, sacudiéndola con mucha suavidad.
-Escúchame, Yuuki. Te amo. Te deseo. Y ya no tengo la fuerza de voluntad necesaria como para reprimirme de hacerte mía por completo cuando te tengo entre mis brazos.- el murmullo apresurado pareció llenar de eco el espacio a oscuras y los ojos de él volvieron a brillar como brasas.- Me asusta, porque no sé si podré, si podré hacer funcionar… y no quiero echarlo todo a perder, no cuando…
Se interrumpió, indeciso sobre si debía explicarle la sorpresa que le había preparado para cuando acabaran los exámenes. Pero no lo hizo. Podía interpretarlo como que su única intención era arrastrarla con él lejos de todo para poder tener sexo con ella, y no era así. No del todo. Quería y necesitaba pasar tiempo con ella, los dos a solas, y la posibilidad de hacer el amor era un incentivo más, no el único propósito del pequeño plan que había fraguado con ayuda de Ruka. Si se lo decía ahora, justo cuando había estado a punto de tomarla allí mismo, podía asustarla y hacerla sentir presionada. Y tampoco había resuelto aquel debate estúpido consigo mismo. No, no era el momento. Se forzó a respirar, aunque sólo consiguió que el olor de los dos y el de su humedad se colara hasta su mente, volviendo a encender el fuego en su ingle. Necesitaba aire fresco. Ahora.
-Yuuki, por favor. No te sientas ofendida, ni… ni rechazada.- por Dios, ojalá pudieras tocarme ahora sin romper mi voluntad. Sería tan rápido…- Quiero hacer las cosas bien. Deja… deja que me serene un buen rato. Cuando hayas acabado de elegir los vestidos para el Baile, si quieres, hablamos en la habitación.- se las arregló para componer una sonrisa jadeante.- Tengo una pequeña sorpresa para ti, pero ahora te lo podrías tomar a mal si te la explicara.
El Baile. Probarse vestidos. Con las otras chicas. Cuando cualquiera a metros a la redonda podría oler mi…
La joven parpadeó, aterrizando en el mundo real como si hubiera parado un coche poniendo de golpe el freno de mano, derrapando.
-¿Crees que voy a poder… concentrarme…en vestidos… después de esto?- el aire entraba en sus pulmones trémulamente y apoyó las manos en la caderas para evitar que le temblaran. ¿Es o no estúpido hablar de estas cosas en un lavabo a oscuras?
Kaname se arregló la americana y se pasó una mano nerviosamente por el pelo, intentando ordenar los rebeldes mechones. Luego, juntando todos las diminutas astillas de fuerza de voluntad que podían quedarle, se acercó a Yuuki, tomándole la cara menuda ente las manos y apoyando la frente contra la de ella.
-No más de lo que voy a poder concentrarme yo, cariño.- la palabra salió con naturalidad de entre sus labios, algo que sólo conseguía hacer cuando se sentía emocionalmente exhausto.- Pero confía en mí. No es que no quiera que me toques, pero ahora tengo que salir de aquí.
Yuuki parpadeó, todavía confusa, y besó con cuidado a su hermano, notando cómo le recorría un suave temblor. Era cierto. La deseaba con tanta fuerza que podía perder el control y tomarla allí mismo… para luego lamentarlo los dos. Porque ella sería incapaz de decir "no" y luego se arrepentiría de haber hecho aquello en un lavabo a oscuras. ¿Y qué quería decir con aquello de que a lo mejor no podía?
-Está bien.- le dio un suave beso, sabiendo que se explicaría cuando se sintiera preparado.
Otro ramalazo de calor crudo crepitó en sus venas a través de su vínculo antes de que Kaname abriera la puerta del lavabo y saliera a toda prisa.
OOO
-Creo que me quedaré el violeta, resalta más mis ojos.
-Um, yo lo veo un poco atrevido para mí. Ésta va a ser una ocasión solemne, creo que me quedaré el negro con escote en barco. ¿Y para Yuuki? Tiene que ser algo que esté a su altura.
La voz de Ruka llegó hasta Yuuki como si hablara desde la distancia, amortiguada por un muro. Contempló los vestidos de alta costura que los modistos que se habían desplazado expresamente hasta la Academia desplegaban ante ella sin verlos demasiado. Había salido corriendo del baño y se había escurrido en la Residencia Luna antes de que lo hiciera la mayoría de los vampiros que holgazaneaban en el edificio principal tranquilizando sus nervios. Una vez en su habitación, se había arrojado de cabeza a la ducha para intentar borrar el olor a sexo de ella… porque el de Kaname no iba a conseguirlo ni frotándose con lejía.
Incluso ahora, mientras negaba de forma ausente con la cabeza ante un hermoso vestido blanco de organza, podía percibir el olor de él en su piel. No es que hubiera querido quitarlo, ni loca, pero no podía evitar pensar de nuevo que daba igual que se hubiera duchado, el olor de marcaje eran tan intenso que sólo podía significar que los dos habían estado juntos. A lo mejor estaba volviéndose paranoica, pero estaba segura de que Ruka la había mirado un momento más prolongado de lo habitual y que Rima había sonreído algo al pasar por su lado hacia el probador, con un largo vestido violeta de cola de sirena.
El pequeño salón del palacete había sido transformado, como por arte de magia, en un taller de alta costura. Dado que la mayoría de las familias nobles estaban ya bastante ocupadas preparando el desplazamiento que requeriría asistir a la casa de verano de los Aido, se habían ocupado de enviar a sus hijos un muestrario de sus diseñadores favoritos para que pudieran escoger en la misma Academia, sin tener que perder el tiempo en medio de la semana de exámenes. Los modistos habían habilitado probadores temporales con cortinas y tubos de acero en un lado del salón y habían dispuesto caballetes en medio para poder exponer las colecciones de vestidos y complementos. Las chicas disfrutaban ahora de una merecida sesión de entretenimiento probándose y descartando vestidos tan caros que se habría necesitado al menos un año del salario completo de un humano normal para pagar uno de aquellos modelos. Complementos a parte. Los chicos habían sido confinados al comedor, mucho más pequeño, acorde al hecho de que simplemente tenían que probarse esmoquins que variaban poco de diseño de un año para el otro.
Yuuki siguió apoyada en un caballete, ajena al jolgorio de alrededor. Algo le pasaba a Kaname, y no era sólo su deseo por ella –de lo cual, por otra parte, no tenía queja alguna. Había algo que seguía clavado en su corazón y que le impedía sentirse totalmente liberado cuando estaba con ella. Le recordaba un poco a cuando habían empezado a convivir: rígido, escondido en su coraza nostálgica que escondía el temor a que ella lo rechazara. Sí, había algo que aún preocupaba a Kaname, pero no tenía ni idea de lo que podía ser.
Un destello de un profundo color borgoña le llamó la atención e hizo un esfuerzo por enfocar su mirada a lo que tenía delante. La ayudante del modisto, una Nivel C acostumbrada a tratar con la nobleza, le estaba enseñando un impresionante vestido de una oscura seda carmesí. La parte superior era un ajustado corpiño con escote palabra de honor, que dejaba los hombros totalmente al descubierto y que se prolongaba un poco más abajo de la cintura, pensado para remarcar una esbelta silueta hasta la parte superior de las caderas. Todo el corpiño tenía intrincados motivos bordados en hilo de seda negro que parecían una fina telaraña con diminutos rubíes engarzados, cubriendo prácticamente la seda de debajo. Al darse cuenta de su interés, la costurera se apresuró a enseñarle la parte de inferior: una larga falda de vuelo del mismo color borgoña, lisa, con cola en la parte posterior.
Borgoña… Los ojos de Kaname brillando en la penumbra volvieron a cobrar vida ante ella al fijarse en el vestido y asintió, aterrizando en el presente.
-Éste me gusta.
-Tiene usted un gusto exquisito, señorita. Es un diseño de alta costura de la última colección de nuestro estudio, inspirado en el fuego.- alabó la modista, y parecía sincera.- Por supuesto, acaba de salir de nuestro taller, usted es la primera en verlo. ¿Quiere probárselo para ver si tendríamos que hacerle muchos retoques?
-Eh… claro.- Yuuki se dejó guiar hacia uno de los probadores improvisados.- Pero tendrá que ayudarme con el corpiño y la enagua, nunca me he puesto algo así.
La mujer pareció bastante sorprendida, pero tuvo el buen juicio de no añadir palabra. Nunca se sabía qué podía suscitar la ira de una purasangre. Estaba claro que aquella jovencita era la compañera de otro Nivel A. Y sólo había uno viviendo en aquella Academia. El mero pensamiento de estar atendiendo a la compañera del heredero de los Kuran le puso los pelos de punta y rogó por que nada en su comportamiento resultara ofensivo. Ayudó a la joven a vestirse admirando su figura con aire profesional. Todos los purasangres tenían aquel halo, aquella elegancia innata, pero esta muchacha, joven incluso para los Niveles A, tenía además el encanto de la inocencia. Cuando la mujer abandonó el probador, aguantando la cortina para que la joven pudiera salir también y contemplarse en el gran espejo de pie que habían colocado en el salón, se dijo que había escogido bien el vestido.
La joven se miró al espejo por encima de sus delicados hombros, exponiendo la grácil curva del cuello mientras la melena cobriza se desparramaba sobre su espalda, conjuntando a la perfección con el profundo color sanguíneo del vestido. Parecía algún hada gótica con aquel corpiño bordado resaltando sus pequeños pechos y su cintura estrecha. La larga falda caracoleó alrededor de sus piernas como las alas de una criatura fantástica, posándose a sus pies entre un susurro de seda, en ademán de servitud.
Faltaban los complementos. Las joyas de rubíes que realzarían el color del vestido y, según decían, de los ojos del heredero de los Kuran. El collar que enmarcaría su cuello cremoso sin llegar a tapar su vena, el pasador o la diadema que mantendría su melena en alto, exhibiendo el cuello que sólo estaba al alcance de una persona.
Sí, pensó la modista mientras asentía hacia la joven, sonriendo. Aquel era el vestido para una joven reina. Y, a juzgar por las bocas abiertas de las demás vampiras del salón, era un pensamiento compartido. Dejó que la muchacha contemplara su propio reflejo en el espejo, poniéndose de puntillas y girando sobre sí misma, mientras empezaba a seleccionar los posibles complementos.
-Estás preciosa.
Yuuki se paró a medio giro al oír el inusitado tono apreciativo en la voz de Ruka. La bella noble llevaba un vestido negro de muselina y de corte imperio, con amplio escote, recogido bajo el pecho, que caía en una vaporosa cortina con pequeños cristales engarzados subiendo desde el dobladillo, dándole la apariencia de una estrella caída. Contrastaba hermosamente con la larga melena rubio ceniza, que parecía sacada directamente de "La Bella Durmiente", y Yuuki no pudo evitar sonreír con calor.
-Tú también, pareces una princesa.
Ruka alargó una mano, colocando bien alguno de los pliegues de la larga falda de la joven y sonriendo con una nota de tristeza.
-No, Yuuki. Tú eres la princesa aquí.-contestó con voz suave.-Puedo imaginarme el orgullo que sentirá Kaname cuando te conduzca del brazo hacia esa sala de baile.
Un pequeño eco de alegría y nostalgia mezcladas llegó hasta Yuuki y frunció el ceño. Se encontraban bastante apartadas del resto de las jóvenes nobles, atareadas en sus conversaciones, lo cual les daba algo de privacidad. Indicó a la amable modista que dejara las cajas de guantes y bolsos que estaba preparando encima del caballete más cercano y se giró hacia Ruka, mordiéndose el labio mientras buscaba las palabras más adecuadas. No hacía falta ser un genio para darse cuenta de lo que la joven sentía por su hermano, incluso sin añadir el impacto que habría supuesto sentir los colmillos de Kaname en su cuello. Hubo un tiempo que aquella imagen le había dado miedo, otro en que había sentido celos de Ruka, pero ahora que entendía mejor las reacciones de su propio cuerpo sólo era capaz de sentir empatía hacia ella. Impulsivamente, alargó la mano y apretó un instante la de la joven rubia, que alzó los ojos hacia ella instantáneamente.
-Ruka, ya sé que casi no nos conocemos.- comentó con una sonrisa vacilante.- Y creo… creo que entiendo que tienes motivos para que yo no te caiga bien.- se dispuso los pliegues de la falda, disimulando su incomodidad.- Siento si… si el hecho de que yo esté aquí, con vosotros, te hace sentir… triste.
Era algo un tanto infantil que decir, pensó Ruka, pero por la expresión de Yuuki supo que las palabras eran sinceras. Si estuviera en su mano, intentaría que todo el mundo a su alrededor fuera feliz. Los ojos de la aristócrata se dulcificaron con aquella rara mirada suave que normalmente sólo reservaba para cuando pensaba en una persona.
-Hubo un tiempo en que tu presencia me hacía sentir triste, sí.- sonrió cuando Yuuki la miró con expresión contrita.- Fue el tiempo en que creí que no podrías hacer feliz a Kaname, que estabas demasiado asustada por él y por todo lo que te había ocurrido como para ver lo que realmente te necesitaba, lo que había soportado por ti.- inclinó la cabeza en un inusitado gesto humilde.- Ahora, cuando lo sorprendo mirándote, veo felicidad. Quizás nunca llegue a expresarla como un joven alegre y despreocupado, él no es así.- tragó saliva, con un nudo en la garganta.- Pero cuando te mira veo esperanza, la tranquilidad de saber que ya no estará solo. Sólo por eso, siempre tendrás mi cariño, Yuuki, si lo quieres.- parpadeó muy rápidamente.- No voy a negar que a veces te envidio.- sonrió, alzando las cejas como si se riera de sí misma.- Pero su corazón siempre fue tuyo, de nadie más. Si he vivido años entre ilusiones infantiles es problema mío, tú no tienes nada que ver. Hazle feliz, por favor…- como yo nunca podré…
Yuuki contempló a la orgullosa joven con el corazón en un puño, vacilando en si debía abrazarla. Pero los estrechos hombros estaban tensos y mantenía la vista fija en los brillantes de su vestido, como si estuviera peleando por recuperar su dignidad después de haber desnudado su alma. No podía decirle que le deseaba lo mejor, ni darle cínicamente las gracias por su bendición, pero podía devolverle el favor descubriendo un poco sus propios temores.
-¿Sabes? Kaname aún… me impresiona un poco.- confesó en un susurro, asegurándose de que nadie las oía.
Ruka parpadeó rápidamente y alzó la vista, con sus inusuales ojos algo más brillantes de lo normal.
-¿Por qué? Creí que habíais tenido tiempo de… estar a solas y conoceros.- calló al momento, insegura de cuánto podría hablar libremente con la joven, y de si estaba interpretando bien sus palabras.
Yuuki pareció imitar su gesto de antes y repasó los brocados del corpiño con un dedo.
-Ese es el problema. Que hemos estado poco a solas. Realmente a solas, ¿sabes?- por el leve sonrojo de Ruka, supo que había entendido exactamente a qué se refería. Otra para quien sus actividades tampoco habían pasado desapercibidas.- Me da… algo de miedo pensar en el momento en que estamos los dos… solos de verdad. No sé qué tendría que hacer, que tiene que pasar, yo… -la verdad es que agradecería tener una amiga que me explicara qué puedo esperar.
La joven morena no prosiguió con la frase, pero flotó en el aire y Ruka no pudo evitar sonreír por mucho que el significado de lo que Yuuki decía le doliera. Cualquier chica a quien se le diera la oportunidad de pasar una noche a solas con Kaname habría asentido hasta tocar con la cabeza en el suelo sin darle más vueltas, asesinando a quien osara pasar por delante. Pero Yuuki era joven, más que ella misma, y a lo mejor había vivido en un entorno protegido y con poca información sexual. Lo más probable es que estuviera igual de nerviosa que cualquier chica pensando en su primera vez, pero con todavía menos idea de qué esperar y eso no era bueno teniendo en cuenta los planes que tenía Kaname para el fin de semana.
Suspiró, diciéndose que, si había algún Dios, como creían los humanos, debía tener un sentido del humor muy retorcido. Aquí estoy yo, que daría unos cuantos años de mi vida por estar en la piel de Yuuki esa noche, intentando calmarla, cuando tampoco tengo ninguna experiencia. Pero había algo de lo que Ruka estaría completamente segura si fuera ella quien estuviera en aquella circunstancia. La noble esbozó una pequeña sonrisa privada que hizo que sus ojos brillaran cuando miró a la indecisa joven.
-¿Confías en él?
-¡Claro!- los grandes ojos chocolate volaron hacia los de la aristócrata.
-¿Le quieres y le deseas?- Ruka bajó la voz hasta casi un susurro imperceptible, pero su mirada seguía fija.
Yuuki se sonrojó hasta emular el color del vestido, pero asintió.
-Entonces simplemente deja que tu cuerpo lo exprese.- es lo que haría yo, si pudiera.- Puede parecer que las chicas somos las que estamos en una posición más vulnerable en esa ocasión, ¿verdad?- ante ella, Yuuki asintió de nuevo.- No es así. Kaname es un caballero y sabrá apreciar el honor que le haces. Si no me equivoco, él es quien estará más nervioso intentando estar a la altura del regalo que le otorgas. Ellos son los que están al cargo esa primera vez, imagina cuánta responsabilidad, teniendo que cumplir con las expectativas.- una pizca de travesura asomó a sus ojos.- Tú eres la mujer. Tendrás que ponérselo fácil.
La joven morena contempló un instante los ojos pícaros de Ruka y aquella sonrisa en sus labios, anhelando tener una pizca de su sabiduría femenina. La sonrisa se le acabó contagiando y se sacudió en risitas nerviosas, notando que una pizca de tensión la abandonaba. Ruka hizo un gesto hacia la modista, que esperaba a una distancia prudencial de ellas, lejos del alcance del oído.
-Ahora vamos a escoger tus guantes, tu bolso y los zapatos antes de que todas estas envidiosas de tu elegancia te roben los mejores.
OOO
Kaname dio vueltas en sueños, incómodo. Hacía calor, sudaba y algo le impedía dormir. Se giró instintivamente hacia un lado, acomodándose contra las curvas mullidas que percibía allí. Algo suave acarició su nariz y un olor frutal mezclado con el de su propio cuerpo penetró en sus sentidos, embrujándolo. Se frotó contra aquel cuerpo cálido y el suyo pareció latir en respuesta, endureciéndose, alargándose. Gimió al borde de la vigilia, buscando aquella forma que complementaba la suya, apretándose. Su erección encontró acomodo entre unas nalgas cálidas y el purasangre se frotó inconscientemente contra ellas.
-Mmm…
El susurro soñoliento acabó de sacarlo de su letargo. Abrió los ojos, confundido, para encontrarse enterrado contra el cuello de Yuuki, el brazo derecho por encima de su cintura y su ingle abultada presionada contra su trasero, insistente. Al punto, todo rastro de sueño lo abandonó y se separó de ella con cuidado, asegurándose de que dormía. Desorientado, contempló la pequeña habitación de Yuuki, situándose, y se pasó una mano por los ojos. La había encontrado dormida al volver a la habitación más tarde de lo esperado, después de probarse el esmoquin adecuado y de tener que lidiar telefónicamente con Lord Aido para concretar los detalles pendientes.
Indeciso sobre cómo debía dirigirse a ella después de los del lavabo, se había demorado dándose una ducha y, cuando entró en su habitación, la encontró dormida. Todavía tenía los libros encima de la cama, sin duda dando un último repaso, así que los había puesto encima del escritorio y se había introducido bajo las sábanas con ella, dispuesto sólo a descansar a su lado. Yuuki se estaba esforzando mucho aquellos días y, después de lo que había pasado aquella noche, era normal que estuviera cansada.
No había pretendido despertarla, sólo descansar en su calor. Era raro la noche en que no acababa el uno en la cama del otro y sabía que a ella le gustaría despertar y encontrarlo a su lado, era un milagro al que ninguno de los dos se había acostumbrado todavía. Pero su cuerpo, que se había estado aguantando desde hacia horas, tenía otras ideas y reaccionó por propia iniciativa a su cercanía.
Kaname se acostó boca arriba, intentando que la sangre volviera a distribuirse de manera uniforme por su cuerpo. Respira, piensa en otra cosa… Al cabo de un minuto, con los pulmones consiguiendo captar sólo el olor de Yuuki y sus oídos se empeñados en registrar su suave exhalación mientras dormía, Kaname se dio por vencido. Tenía que encargarse de aquello o explotaría por sí solo. Contempló a Yuuki de reojo y supo que jamás se atrevería a despertarla para pedirle explícitamente que… um… le ayudara. Así que sólo le quedaba una opción, ¿no? Apretó los dientes. Hasta la fecha, odiaba tocarse. Oh, sí, lo hacía cuando su cuerpo, en plenitud de vida, le decía "hasta aquí hemos llegado" y le amenazaba con un despertar mojado si no le daba alivio antes. Lo disfrutaba sólo en la medida que procuraba tranquilidad a su cuerpo por un tiempo, pero siempre lo había dejado con una sensación… sucia. Su cuerpo siempre había sido aquel envoltorio extraño, robado, y tocarlo le hacía sentir a menudo como si estuviera abusando de otra persona, como si no tuviera ningún derecho.
Sólo que no era así, ¿no? Llevaba semanas intentando asumir todas las dimensiones que lo configuraban, las diferentes partes de su alma y el hecho de que estaban conectadas con su encarnación física. Yuuki había conseguido hacerle ver que su cuerpo reaccionaba porque seguía los dictados de su corazón, que era suyo también. Pero desde entonces no lo había puesto a prueba él solo.
Arriesgó una mirada a la figura de su hermana, aovillada de lado, dándole la espalda. La suave forma en que la grácil curva de su cuerpo subía y bajaba le decía que estaba profundamente dormida. Podría levantarse, meterse en la ducha y hacer lo que tenía que hacer, pero no se sentía capaz. Aunque no fuera Yuuki quien lo tocara, el hecho de notarla cerca le daba fuerzas, siempre y cuando siguiera dormida, porque no podía pensar en nada más humillante que ella se despertara y le encontrara…
Frunció el ceño y cerró los ojos, sintiéndose como un voiyeur espiado por su hermana dormida. Poco a poco. Deslizó la mano derecha sobre su estómago con lentitud, percibiendo que sus músculos estaban tensos. Vaciló un tanto al llegar a la cinturilla del pijama, pero al cabo de dos inspiraciones siguió bajando, hasta tocar su erección. Uh… Rebulló en las sábanas cuando lo recorrió un pequeño calambre. Estaba duro y caliente. Se recorrió con la mano, midiéndose como si no se conociera, estudiando sus propias reacciones. Su longitud palpitó y notó cómo se endurecía un poco más, tensando las cuerdas de sus abdominales. Recordó cómo Yuuki lo había rodeado con su mano, aprendiendo su anchura, su longitud, la punta suave… imitó aquellos movimientos y sus muslos se convulsionaron. ¿Era grande? ¿Pequeño? ¿Resultaría apropiado para el tamaño de Yuuki? Ella era tan menuda…
Un ramalazo de calor serio lo recorrió de los pies a la cabeza y notó que empezaba a sudar. Con los ojos firmemente cerrados, metió la mano bajo las sábanas y se remangó la camisa del pijama. La prueba de fuego… Dejó que su mano resbalara bajo los pantalones. No se había molestado en ponerse ropa interior tras la ducha, pocas veces lo hacía, así que se alcanzó con facilidad, liberándose. Rozó la punta inflamada con las sensibles yemas de los dedos y sus piernas se abrieron por voluntad propia mientras la mano izquierda se enredaba en las sábanas. No era desagradable… No si se limitaba a sentir en vez de a pensar. Cerró la palma alrededor de la rigidez, acariciándose con movimientos largos y lentos, presionándose en la base. Ua… Su espalda empezó a estremecerse sobre las sábanas y se mordió el labio, intentando no hacer ningún sonido. Con cautela, probó a acariciarse con movimientos rápidos y cortos, apretando la punta, para calmarse acto seguido con aquellos ondulares lentos y largos. La mano izquierda aferró la sábana en un puño mientras su espalda se convulsionaba, los dedos se encogían y las piernas se estiraban, rígidas.
La erección pulsó entre sus manos y una gota escapó por la punta. ¿Sería muy vergonzoso si…? Se mojó las puntas de los dedos en sus propios fluidos y los repartió generosamente por su longitud, notando cómo las venas empezaban a hincharse. Probó luego a mover a la palma y la fricción húmeda multiplicó el calor por mil. Así lo sentiré cuando esté dentro de ella… El pensamiento hizo que, no sólo su longitud, también lo que había más abajo se tensara. La mano izquierda de Kaname decidió unirse a la exploración. Abrió más las piernas, todo lo que podía con los pantalones a medio bajar, y tanteó aquellos bultos pesados mientras aumentaba la presión con la mano derecha.
-Nngh…
Esta vez, no pudo evitar que se escapara un pequeño gemido de sus labios y se los mordió con más fuerza, notando que la tensión empezaba a escalar hacia niveles insoportables sin poder pasar de allí. Su cuerpo se sentía vivo, su corazón martilleaba como un picapedrero, tenía la frente perlada de sudor y se retorcía entre las sábanas mientras sus manos alternaban caricias cada vez más frenéticas en su erección -presionando, deslizando- con la exploración de los bultos aterciopelados. Se arqueó sobre las sábanas mientras su cabeza rodaba en la almohada, rogando por el alivio… que se negaba a llegar. Todo su cuerpo estaba tenso al borde del orgasmo pero algo, una diminuta espina, seguía clavada en su mente. Aquel era el problema. Su raciocinio seguía rigiendo y seguía insinuando –cómo se atrevía- que aquello no estaba del todo bien, que aún no había hecho méritos suficientes como para poder usar su propio cuerpo de aquella manera… Y, si no podía usarlo aún, ¿qué pasaría cuanto tuviera a Yuuki entre sus brazos? ¿Cuándo quisiera entregarle su cuerpo además de su alma? ¿Y si… fallaba? ¿Y si no podía mandar a su cuerpo porque no era del todo suyo…?
Gimió de frustración, notando el sudor en su pecho, cuando el orgasmo se quedó latiendo muy dentro de su longitud hinchada y dolorida. Sin querer, aumentó la presión en su escroto y se quedó sin aire cuando un calambre de dolor lo recorrió de los pies a la cabeza. Se soltó de golpe, cruzando los dos brazos sobre la cara y jadeando mientras intentaba reprimir las lágrimas. No controlas tu cuerpo, no lo conoces, no puedes hacer que reaccione como lo haría el de un hombre normal. ¿Cómo quieres entrar en ella? ¿Cómo quieres tener la fuerza para tomar su inocencia, para darle placer, cuando ni siquiera puedes dártelo a ti mismo?
-Sigue… por favor.
El susurro de Yuuki a su lado fue como si le clavaran una aguja en el cerebro y se quedó petrificado, sin atreverse a apartar los brazos del rostro. Yuuki estaba despierta… ella le había visto, había presenciado su sucio intento de darse placer… había visto que no podía… que no era digno de ella. Se estremeció y un jadeo mezclado con un sollozo amenazó con salir de su pecho. El colchón se hundió un poco cuando Yuuki se movió, acostándose pegada a su lado izquierdo. La joven apoyó la cabeza contra su hombro y apoyó una mano sobre su vientre sudoroso, haciéndole temblar.
-Kaname, mírame… por favor.
Obedeció, como siempre, sin importarle cuán humillante pudiera ser la situación, sólo porque ella se lo pedía. Se quitó los brazos de la cara y se giró a mirarla con aprensión, pero no había mofa en sus ojos, sólo una expresión seria y un ligero sonrojo en las mejillas. Alzó la mano que tenía apoyada sobre su estómago, tocándole las mejillas ardientes.
-¿Qué ocurre?- preguntó, sin censura.
Kaname tomó aire mientras su longitud volvía a latir simplemente con su cercanía. Era ella quién había obrado el milagro, ella quién había despertado su cuerpo de verdad, y ella era la única que podía ayudarlo.
-No puedo… No puedo… acabar.- confesó, humillado.- No, si tú no me ayudas. Aún no creo que mi cuerpo sea… -cerró los ojos con fuerza, completamente mortificado. ¿Había alguna manera más vergonzosa para un hombre de perder su orgullo?
Notó que Yuuki se acercaba más a él y luego su mano deslizándose por su estómago, acariciándole en lentos círculos.
-Tu cuerpo es hermoso, Kaname, ya te lo he dicho…
Él abrió los ojos al punto, respondiendo a su voz, y se quedó con la mirada fija en los ojos chocolate, sin atreverse a seguir el recorrido de su mano.
-¿De verdad… te lo parece?
Yuuki sonrió, sin rastro de sueño ahora. Tan poderoso y tan vulnerable al mismo tiempo. Nunca acabaría de acostumbrarse a aquella dualidad que era parte de su misterio. Bajó la mano hasta él y dejó que su pulgar trazara lentos círculos sobre su punta, haciendo brotar una nueva humedad. La cabeza de Kaname se apretó contra la almohada y el cabello negro se desparramó a su alrededor. Las pálidas mejillas estaban sonrojadas y algunos mechones se pegaban a la piel humedecida del cuello. Cuando ella deslizó su palma mojada alrededor suyo, ondulando los dedos para acariciar su piel, toda su delgada figura se sacudió, sin rastro de rigidez ni de compostura, pura sensualidad. Gimió cuando ella le soltó y le cogió la mano derecha, guiándola de vuelta a una erección al borde de culminar. Apoyó los dedos sobre la mano de él, acompañándolo en sus caricias, mientras se inclinaba para rozar con los labios su boca entreabierta.
-Eres… completamente… deseable.- luego estallaría de pura vergüenza cuando recordara lo que había dicho, pero en aquel momento, con él ondulando debajo suyo con aquel abandono, sólo podía decir la verdad.
Él capturó los labios entre los suyos, manteniéndolos apretados sin llegar a profundizar en el beso, como si se aferrara a algo que le diera valor. Yuuki le dejó seguir con sus caricias, cada vez más rápidas, más desesperadas, mientras guiaba su mano izquierda más abajo, instándole a explorarse. Era algo que ella misma no había hecho con su propio cuerpo, pero algo le decía que para Kaname era un asunto vital, en el que se jugaba algo, probablemente su propia autoestima.
El lento ascender hacia la cúspide estaba deshaciendo completamente la compostura del purasangre, retorciéndose entre las sábanas mientras se llevaba a su propio placer, acompañado por las manos de Yuuki, sosteniéndose en sus labios. Notó que sus órganos se encogían, a punto de dejarse ir y supo que podía hacerlo, que era capaz, que él era dueño de su propio cuerpo… gracias a ella. Y también supo que quería hacérselo saber.
-Acábame… tú… por… favor.
Las palabras casi no salieron de sus labios, pero ella pareció entender porque se levantó y pasó una pierna a cada lado de sus muslos, sentándose encima. Kaname creyó que iba a usar sus manos y, cuando su boca húmeda se abrió sobre él, se incorporó sobre los antebrazos, incrédulo. Yuuki lo alojó completamente en su interior, sin tocarlo, hasta que cerró los labios alrededor de su base, presionando. El olor de la posesión, del marcaje, se desprendió suavemente de su cuerpo menudo, como una caricia más. La lengua lo recorrió en toda su longitud, marcando un camino de fuego, mientras sus pequeños dientes señalaban la dirección y sus labios apretaban sus venas, instándole a vaciarse.
Como siempre con ella, obedeció.
Alzó las manos para aferrarse al cabezal de la cama cuando todo su cuerpo se tensó, liberando la cálida semilla en ella en el mismo momento en que su boca llegó a la punta, chupando con fuerza. La sangre manó de sus labios de Kaname cuando se los acuchilló con los colmillos extendidos en el intento de ahogar el grito que se formaba en su pecho. Su cuerpo ni siquiera le permitió preocuparse de si Yuuki podría tragar todo aquello, se limitó a desahogarse bombeando su alivio en la boca caliente que lo rodeaba. Al fin, se desplomó sobre la cama, jadeando agitado, mientras los labios de ella volvían a recorrerlo, apretándolo desde la base, forzándolo a soltar todo lo que tenía, apurándolo por completo. Dejó caer los brazos en cruz, a ambos lados, notando que el cuerpo se le aflojaba de golpe como si hubiera estado atado por cuerdas.
¡Dios!
El pecho le subía y bajaba como si estuviera al borde de un ataque, pero una sonrisa empezó a perfilarse en su cara después de que se hubo lamido la sangre de los labios. Podía hacerlo. Podía darse placer, podía gobernar su propio cuerpo. No lo había llevado hasta el final porque quería que Yuuki supiera que lo había descubierto gracias a ella, pero sabía que podía hacerlo. Como cualquier hombre normal. Notó que ella lo desmontaba y bajaba de la cama, trasteando en el cajón de su mesita de noche. Curioso, abrió los ojos para ver que sacaba unos cuantos pañuelos de papel de una caja de cartón. Respingó cuando ella lo sostuvo con delicadeza, limpiándolo sin hacerle daño. Por algún motivo completamente idiota y fuera de lugar, notó unas punzadas en los párpados y cerró los ojos mientras ella le subía los pantalones del pijama con cuidado. ¿Qué haría sin ti?
Yuuki se tendió en la cama, acomodándose contra su costado y se inclinó para besarlo en los labios, pasando la lengua traviesamente por su labio inferior para que pudiera notar su propio sabor. El hecho de saber que su semilla estaba dentro de ella de algún modo, que había conseguido entrar y llenarla, le hizo suspirar de alivio.
-¿Mejor?- preguntó la joven, apoyando el codo en la almohada y la cabeza en la palma. Sólo sonreía un poco, quizás insegura de lo que había ocurrido.
Kaname levantó la mano para acariciarle el hinchado labio con el pulgar y asintió, notando la pesadez del sueño que empezaba a invadirlo.
-Sí, gracias a ti.- su voz aún sonaba ronca.
Yuuki lo contempló unos segundos en silencio, sopesando si debía preguntar. Cuando se había despertado y se había encontrado a Kaname tocándose a su lado, con los ojos cerrados como si sufriera, no había sabido qué hacer. Se había quedado dormida a pesar de haberlo estado esperando haciendo ver que estudiaba, sin saber muy bien qué quería decirle él. Y lo siguiente que sabía es que estaba intentando frenéticamente aliviarse sin acabar de conseguirlo, como si algo se lo impidiera. La manera en que lo había visto, vibrando entre las sábanas, sudoroso, completamente… sexual, había pulsado alguna cuerda dentro de ella cuando ni siquiera estaba totalmente despierta. Ahora, la verdad es que no podía lamentar su atrevimiento. Quizás los dos habían llegado ya a un punto en que nada del contacto físico les parecía avergonzante ni demasiado atrevido. A lo mejor, los dos estaban listos. Le acarició el cabello húmedo con la otra mano.
-¿Por qué no me despertaste si estabas… excitado?- qué curioso, lo fácil que salían ya esas palabras de su boca.
Kaname torció el gesto.
-No quería asustarte.- cambió un poco de posición, incómodo.- Y también quería probar si, bueno, si ya no me desagrada tanto… tocarme.- añadió en un susurro, desviando la mirada.- Nunca me he sentido a gusto haciéndolo. Pero creí que, si no lo conseguía, si no podía…- gesticuló con las manos, intentando encontrar las palabras.-… gobernar mi propio cuerpo, notarme a gusto con él… Entonces, no tendría ningún derecho a reclamar el tuyo.- soltó una risita baja.- No sabía si tendría la fuerza para poder… tomarte.
¿Le doy una bofetada o lo mato a besos?
Al final, optó por rodearlo con los brazos y atraerlo hacia sí, de modo que quedó encima suyo, un peso cálido y sensual que pareció amoldarse a ella con la facilidad del agua al lecho del río. A veces, hasta los purasangre necesitaban que les dieran seguridad... Rodeó su nuca con los brazos y se concentró en besarle a conciencia, profundamente, explorando todos los rincones de su boca hasta que notó que los colmillos, que se habían retraído, volvieran a alargarse y que su anatomía volvía a despertar contra ella. Entonces se separó de su boca y alzó una ceja.
-¿Crees que reaccionas lo bastante adecuadamente para poder tomarme?- comentó con voz traviesa.
Él rió un poco contra sus labios y bajó la cabeza para salpicarle el cuello de pequeños besos inocentes.
-Creo que podremos ponerlo a prueba… si tú quieres.- se apresuró a añadir. El corazón se le disparó contra el pecho y enterró la cara en su cabello.- He reservado una pequeña cabaña para nosotros este fin de semana.
No añadió nada más y Yuuki lo empujó para volverlo a dejar boca arriba en la cama. Se incorporó, apoyando el peso en un brazo.
-¿Una cabaña?- repitió, como si no hubiera oído bien.
Él sonrió y tironeó juguetonamente de un largo mechón castaño.
-Es uno de esos complejos de cabañas y bungalows alrededor de un lago, en las montañas, al pie de una estación de esquí. Es propiedad de la familia de Ruka, ella nos lo ha encontrado.- algún día tendré que agradecer su bondad.- Tiene servicios comunes, restaurantes y organiza actividades deportivas, pero las cabañas están separadas unas de otras y se alquilan por separado. He visto fotos, son bastante grandes y acogedoras, con chimeneas y muebles de madera.- se encogió de hombros.- Está a unas cuantas horas de aquí y puede que nos congelemos con tanta nieve pero… pensé que era mejor que quedarse organizando el traslado a los antiguos dormitorios. Ya han acabado las obras. He reservado una cabaña para las noches del sábado y del domingo. No sé… ¿qué te parece?- preguntó al final, reparando en que estaba empezando a balbucear sin sentido.
Yuuki lo miró como si le estuviera diciendo que el fin del mundo llegaba mañana.
-Escucha, no quiero que te sientas presionada después de esto.- se sintió obligado a añadir.- Sólo pensé que nos vendría bien pasar unos días a solas, no tiene… no tiene por qué pasar nada si no quieres. No pienses que… -déjalo estar, porque se va a dar cuenta de que TÚ sí quieres que pase algo.- ¿Qué dices? ¿Quieres… que vayamos?
¿Bromeas?
Los ojos de Yuuki se abrieron como platos mientras un montón de mariposas empezaban a aletear en su vientre. Kaname podía ser un caballero, pero lo que estaba deseando llegaba a ella igual que si se lo hubiera escrito en un papel. ¿A quién quieres engañar, Yuuki? Lo que TÚ estás deseando también.
Dos noches a solas con Kaname.
En una cabaña lejos del mundo.
Lejos de cualquier vampiro.
De cualquiera que pudiera oírlos, sentirlos u olerlos.
Kaname y Yuuki, simplemente.
Los ojos de color chocolate de ella adquirieron aquel brillo que parecía fundirlos en miel cuando sonrió y se inclinó para besarle suavemente.
-Sí que quiero.
