La vida de ambos jóvenes había mejorado de un modo fantástico.

Después de mucho insistir, Kagami había convencido a su novio de ingresar a la Escuela musical junto a ella. Así que mientras Kagami aprendía baile, Luka se perfeccionaba con la guitarra y con el canto.

Ambos se veían casi a diario, se reunían bastante y estaban creando un nuevo grupo de amigos. Salían casi cada fin de semana, lo pasaban bien. Las cosas iban mejorando.

—¿Cómo imaginas tu futuro? —preguntó repentinamente Kagami.

Ambos se encontraban en el parque sentados observando a los demás mientras comían helado.

—¿Mm...? —la pregunta tomó al joven por sorpresa.

—Es solo que este año terminas el colegio —le recordó Kagami —. Siempre me dijiste que querías viajar una vez terminados tus estudios —le recordó.

Luka sintió el miedo presente en la voz de su novia.

Sonrió de medio lado.

—Yo no sé qué pueda suceder en el futuro. Pero, ¿sabes algo? Tengo en mente ir a Japón contigo.

El rostro de Kagami demostró sorpresa.

—¿Irías a Japón conmigo? —preguntó con un tono realmente alegre, se notaba su felicidad.

—Kagami, no imagino mi vida sin ti —sujetó la mano de su novia con fuerza —. Eres increíble.

Kagami se acercó un poco, él también, pensó que se besarían, pero en vez de eso, ensució el rostro de su novio con helado, soltó sus manos y salió corriendo.

—¡No se vale! —se quejó Luka.

Kagami continuó corriendo mientras reía.

—¡Quiero mi beso! —le gritó Luka.

—¡Solo si me atrapas! —respondió ella —. ¡Y yo no pierdo!

—¡Ya veremos! —y comenzó a perseguirla por todo el parque, como si ambos fuesen unos niños pequeños, jugando y disfrutando.