Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a J.K. Rowling, Warner Bross & Salamandra. Yo únicamente juego con los personajes que Jo nos regaló. La historia es de mi muy triste y retorcida imaginación.

Disfruten de la lectura como lo he hecho yo escribiendo...

Este capítulo va dedicado a estas increíbles personas que me han apoyado con cada loca decisión que he puesto en esta historia, sigo aquí por ustedes, son lo máximo. En especial: Magdalena, Pauli Jean Malfoy, Persephone Vulturi Uchiha, Jazzy Twilight, Andy-Niss… en fin, gracias por sus reviews, son hermosos. Y en general, gracias a todas aquellas personitas que leen y se encargan de hacerme saber si el capítulo fue de su agrada y qué fue lo que les gustó.

SEGUNDA TEMPORADA

Sonrisa tuya, suspiro mío

Capítulo XXV: La carta

Fred miró hacia la puerta de la habitación de Harry una vez más, indeciso de ir nuevamente a la sala con los demás o fingir demencia y quedarse un rato más ahí solo. Ciertamente, nunca pensó que verla con ese estúpido lo pusiera así. Sintió las manos temblar, un nudo en el estómago y muchas ganas de gritar. Tuvo que esperarse a que todos abordaran a Hermione para desaparecer de ahí. No quería que ella lo viera así. No quería que mal interpretara las cosas... no estaba celoso, ni afectado. ¿O sí lo estaba?

Quizá no fueran celos, pero sí estaba muy seguro de sentir una agonía tremenda en el corazón acompañado de una gran tristeza. Se encontró deseando ser él mismo el que pudiera tomar de la mano a esa insufrible prefecta de Hogwarts. De todas formas, ¿por qué se torturaba así? ¿Solamente la culpa por haberle mentido y jugado con ella lo tenía así? ¿Eso era todo? Le había pedido disculpas mil veces, excepto quizá por la última estupidez que hizo, pero por lo demás todo estaba perdonado. Hermione era tan buena y generosa, sabía por su mirada que lo había perdonado. ¿Era entonces que él todavía no se perdonaba? Quizá fuera eso... quizá en cuanto él mismo se perdonara todo ya podría ser lo mismo de antes. Disfrutar de la compañía de las chicas en Hogwarts, no preocuparse por nada en especial. Sí, eso debía ser. Había muchas chicas hermosas en Hogwarts, ¿a que sí? Sin embargo, con ninguna sentía algo más que cuando estaba con esa castaña de cabello alborotado.

¿Qué tenía de especial? Quitándole la inteligencia, los buenos modales, la sonrisa dulce, los ojos marrones preciosos, su piel suave, esos labios carnosos, esas piernas largas y esbeltas... Suspiró. Eso no era nada si se le comparaba con otras chicas, ¿no? Quitándole su belleza física, ¿qué le quedaba? ¡Ajá! Era mandona, mal humorada, criticona, un poco gritona, demasiado perfeccionista, metódica, dedicada, apasionada, honesta... perfecta.

Fred sacudió la cabeza, sintiéndose desorientado. Palmeó por la bolsita de su chaqueta y sacó la carta. Esa carta. La que Hermione le dio hace ya varios meses. ¿Sería demasiada mala idea leerla justo en ese instante? ¿Justamente cuando ella se encontraba feliz en compañía de otro hombre? Bueno, Fred nunca destacó por su sensatez. Y desde que la había encontrado dos días después de salir de Hogwarts, la leía todos los días a tal grado de sabérsela de memoria.

"Hola, no pretendo que esta sea una carta de amor ni mucho menos. Al menos esa no es mi intención principal. Me pediste que te dijera lo que siento... y bueno, me estoy exprimiendo el cerebro para poner todos mis sentimientos en palabras porque las palabras no son nada hasta que se convierten en hechos, las palabras son poderosas y eternas al mismo tiempo. Se quedan ahí tanto como tú quieras. Bueno, comienzo pero, ¿por dónde? Oh, quizá por decir que llevamos bastante "conociéndonos" y otro tanto de ser mejores amigos. Y durante ese tiempo me has enseñado muchas cosas. No mal viajes ese cerebrito, ¿eh?"

— ¿Fred? ¿Estás aquí? —escuchó la voz de su hermana y en seguida guardó la carta en su chaqueta. — ¿Qué haces aquí? Todos están preguntando por ti.

Fred parpadeó rápido un par de veces para ahuyentar las lágrimas. No importaba la intromisión de Ginny, podía seguir leyendo la carta en su mente. Sin decirle nada a la pelirroja, la tomó de los hombros y se encaminaron despacio hacia las escaleras.

"Lo que tengo contigo es muy distinto a lo que he tenido con alguien antes. Hemos hecho muchísimas cosas los dos juntos. Y no me arrepiento de nada."

¿Quizá ahora sí se arrepentía? Pensó Fred mientras bajaba los últimos dos escalones y soltaba a su hermana para ir junto a su gemelo sin mirar a nadie en particular. Una vez que llegó, se sentó y decidió que lo más interesante y propio a mirar sería el tapete desvanecido de la familia Black.

"No me arrepiento, Fred. Porque son decisiones que en su momento me hicieron reír o sonreír, y tratándose de ti quizá ambas al mismo tiempo."

Fred la buscó con la mirada sin poder evitarlo, lucía preciosa. Lucía preciosa y feliz en compañía de ese maldito Slytherin. Ahora ya no sonreís para mí, ¿eh? Ladró Fred en sus pensamientos con amargura. Quería odiarla, quería olvidarla, quería no sentirse tan endemoniadamente enamorado y confundido al mismo tiempo. Dejó de mirarla y se concentró ahora en la bebida que le pasó su hermano.

"Ahora, es difícil para mí expresar mis sentimientos, los verdaderos. Aunque en este momento sean sólo palabras, se quedan ahí, porque ya están dichas. Recuerda eso. Por eso mismo, quiero asegurarte, decirte una y otra vez que te amo..."

Fred se talló los ojos distraídamente, no estaba seguro de poder seguir recordando lo que seguía, no sin tirarse a llorar como un bebé histérico. ¿Necesitaba más pruebas para asegurarse de que realmente la amaba? Lamentablemente sí.

"Te amo por muchas razones y a veces por ninguna."

—Creo que sería buena idea pasar ya a cortar el pastel—escuchó decir a su madre desde el umbral. Sintió como su gemelo se paraba y vio a todos dirigirse hacia el comedor. La vio a ella, mirándolo con ávida curiosidad en los ojos.

"Ah, y te juro que nadie nunca logrará quererte ni amarte ni la mitad de lo que te estoy amando ahora, Fred Weasley."

Qué jodida suerte tenía. No podía contar ni con su propio cerebro que le brindaba las mejores partes en momentos ideales, ¿eh? Desvió la mirada de la castaña antes de que se le lanzara encima. Siguió muy de cerca a su gemelo y platicó flojamente con Dean Thomas. Trató de no recitar sus palabras en su mente, pero le fue imposible. No escuchaba el bullicio que todos hacían en la habitación. Sólo escuchaba la voz de Hermione en su mente, leyéndole la carta como una vez hizo cuando se la entregó por primera vez. Se sentó en un rincón y fingió comer su porción de pastel mientras asentía con pesadez a la conversación de George, Seamus y Ron que tenían a unos cuantos centímetros de él.

"Aunque sé perfectamente que no estaremos juntos para toda la vida. ¿Para qué mentir? Eso nunca pasa. Sin embargo, puedo apostar a que nunca te olvidaré. Haré un libro acerca de ti y de todos tus dramas de princesa. Es broma, ¡no te enojes!"

Le lanzó una mirada de reojo rápida, viéndola intercambiar risas con Harry, Luna y su perdedor acompañante. ¿Había Hermione imaginado la situación actual cuando escribió esa carta? Esa bruja…

"Quiero disfrutar cada instante que yo pueda y que me tengan permitido a tu lado. Espero desesperadamente que sean muchos meses, muchos años, Fred. Porque me encantan las decisiones que he tomado. Me gustan mucho y espero que a ti te gusten las tuyas. Además, no hay que pensar tanto, ¿no? Eso arruinaría muchas cosas...

Y bueno, yo creo que no soy tan celosa. Al menos no como tú. Soy celosa a mi manera, lo sé. Pero es que, ufff, no quiero que te sientas amarrado a mí, a tu mejor amiga, pero tampoco quiero que te sientas cohibido ni mucho menos. Te lo dije desde la primera semana que comenzamos a ser amigos. Nunca debes sentirte apenado en contarme algo, por muy vergonzoso, pervertido o serio que sea. Sabes que soy de mente abierta, puedo entender lo que sea y aceptarlo también (Luna me ha ayudado bastante en ese aspecto). No voy a juzgarte nunca. Ni siquiera ahora lo hago. Tampoco te pediría hacer cosas que no quisieras hacer. Así que, conmigo puedes sentirte libre y ser tú mismo. Lo que quiero es que entre los dos exista todo tipo de confianza, Fred."

Fred miró a Hermione sin temor a ser descubierto por nadie. Ella siempre le pidió eso. Confianza. ¿Y cómo le había pagado él?

"Por favor, Fred, cuando ya no quieras estar a mi lado, cuando ya no me ames de la misma manera, cuando creas que estar conmigo sea aburrido o una pérdida de tiempo, házmelo saber, ¿sí? No soportaría que estés conmigo por compromiso o por miedo a lastimarme. Sólo tienes que ser claro y directo conmigo. Ni siquiera te pediría explicaciones o tal vez sí, no lo sé. Y no es que me lo tome a la ligera, simplemente no me gustaría suplicarle a alguien que ya no quiere nada de mí, ¿entiendes eso, Fred? Yo sé que sí..."

—Son más que bienvenidos a la Madriguera estas vacaciones, Hermione—dijo Molly mientras le apretaba el hombro de forma cariñosa.

¿Son?, pensó Fred. ¿Se estaba refiriendo a Harry? Pero él siempre...

—Incluso tú, Sebastian, ¡ya es hora de dejar las diferencias de las casas en el pasado! —vio a su madre sonreírle amablemente a la serpiente. ¿Era una jodida broma? ¡Su propia madre...!

—No sé qué decirle, señora Weasley, estoy muy agradecido. —escuchó que le respondía ese sabandija. Hermione lo miraba con una sonrisa divertida en los labios. Eso no hizo más que incrementar su enojo.

— ¡No digas nada! Cualquier amigo de Hermione es amigo nuestro, ¿verdad, chicos?

La mayoría asintió con la cabeza, incluso vio a Ginny aplaudir entusiasmada. ¿Realmente todos le tenían aprecio a ese chico? No solamente se estaba robando a su chica, se estaba robando a sus amigos, a su madre...

Sin poder soportar un minuto más salió de la habitación sin verificar si alguien lo había notado, subió velozmente las escaleras hasta llegar al ático. A ver si ahí Ginny podía encontrarlo. Sacó la carta una vez más y limpiándose un poco las lágrimas que le nublaban la vista se dispuso a leer la carta sin interrupciones. Imaginándose a Hermione a su lado.

"Sé que te había dicho que no me gustas, pero te necesito terriblemente. He notado que te importaría saber mi opinión al respecto. Bueno, Fred, me gustas. Más que como amigos, más que como unos típicos novios se gustan. Es algo raro pero, ¿acaso importa mucho? A mí lo único que me importa es si tú me adoras o no, si quieres estar conmigo o no, o si yo (lo más importante) te hago verdaderamente feliz. Nunca me ha importado lo que otras personas puedan pensar de mis actos. Nunca me ha parecido importante la opinión de la gente que solamente sabe mi nombre o ni siquiera eso. Y al fin, acepto que soy algo rara, pero sólo lo normal. Aunque, hay veces que siento que a ti sí te importa lo que las otras personas puedan decir de ti, de nosotros... de lo nuestro.

También, tengo que confesarte que a veces pienso que eres una persona muy común. Y de repente, dices o haces algo sumamente ocurrente. Algo que sólo alguien igual de raro que yo podría decir. Entonces, no eres común. Eres especial, Fred.

¿Quieres que te describa? ¿Quieres saber cómo te veo? ¿Acaso alguien ya te había dicho como eres tú? Pues yo te digo.

Eres un maldito cabrón."

— ¿Hola?

Fred se dio vuelta para que la persona que estaba a punto de entrar no lo viera limpiarse las lágrimas con torpeza.

— ¿Qué haces aquí, Fred?

Fred se tensó al percatarse de que se trataba de Hermione.

—Demasiada gente. —dijo secamente. ¿Quería su espacio? ¿Quería que él se alejara? Bien. Eso estaba tratando de hacer. ¿Por qué carajo tenía que ponerlo tan difícil viniendo a una habitación donde estaban completamente solos?

"Eres extremadamente agradable y no solamente a la vista."

—Eso jamás te importó—la escuchó decir con voz divertida—Al contrario, te encanta la atención.

"Eres gracioso sin siquiera intentarlo. Me has hecho reír más que cualquier persona."

—Algunas cosas cambian. —musitó él en respuesta, sin dignarse a verla a la cara.

"He reído más estando contigo a comparación de toda mi vida, y no me sorprende."

—Tu madre me pidió que te dijera que le fueras a ayudar con las cosas que trajeron para la fiesta de Harry. —repuso ella sin hacer caso al comentario anterior. —Es demasiado amable tu madre.

Fred rió. ¿Lo decía por su maravillosa invitación? Maldito Slytherin.

"Eres serio, reservado con tus cosas y eso te hace misterioso y por lo consiguiente... atractivo para algunas brujas de Hogwarts. Pero, lo que te hace más interesante y misterioso es tu mirada."

—Podrías aceptarle la invitación—dijo al mismo tiempo que se volteaba. —Sin ningún Slytherin, claro.

Hermione jugueteó con sus manos de manera nerviosa, evitando la mirada del pelirrojo. Y Fred no pudo dejar pasar ese detalle. Hace mucho que no la veía así con él. De hecho, ella se ponía así cada vez que él estaba dispuesto a besarla como si el mundo se acabara y... realmente quería besarla en ese momento.

—No creo que sea buena idea—musitó mirándolo a los ojos, tratando de no retroceder al ver que Fred se le acercaba de manera peligrosa.

"Eres un desastre la mayoría de las veces y otras veces eres muy pacífico. Eres bueno con quien tú quieres serlo. Tú eliges, tú decides, tú haces o dejas de hacer."

—Yo decido—susurró Fred mientras daba el último paso que lo dejaba a escasos centímetros de Hermione.

— ¿Tu qué?

—Yo creo que sería una excelente idea que te pasaras una o dos semanas en la madriguera—le respondió con picardía. La vio parpadear en respuesta y alejarse un paso de él.

"Por eso mismo, yo nunca hubiera podido comenzar esta amistad, porque tú me elegiste a mí. Tú decidiste hablarme y empezar con todo esto. Y te juro, que jamás voy a entender por qué razón comenzaste esto.

¿Por qué yo?"

—Porque eres demasiado especial, Hermione. —susurró con los ojos cerrados.

La bruja ladeó la cabeza, segura de que se estaba perdiendo de algo.

—Decidí hablarte porque vi algo especial en ti, algo que nadie más tiene.

—Fred, no creo que...

—Estabas equivocada.

— ¿Yo...?

—Yo no soy especial. Tú lo eres.

Hermione vio el suelo con tristeza, pensando que lo mejor hubiera sido quedarse junto a Sebastian y Harry, dejar que Ginny buscara a Fred para evitarse este suplicio. Porque eso era. Pero lo había visto tan cabizbajo, con la mirada perdida, ojeroso… estaba dejando de ser el Fred alegre que tanto la enamoró e hizo reír alguna vez. Y si eso era culpa suya, quería aclarar un par de cosas. Por eso lo había seguido, sin ignorar que quería averiguar si él podría ser el remitente de aquella misteriosa carta.

—Ven a la madriguera—suplicó Fred, dando el paso que ella había retrocedido y tomándola por los hombros. —Te lo suplico, Hermione. Sé que me pediste distancia, que querías que me mantuviera alejado de ti, pero no lo soporto, ¿de acuerdo? He estado intentado descifrar lo que siento por ti y todo parece indicar que te...

—No lo digas. —lo cortó fríamente.

—Te amo, Hermione.

"Tienes esa cualidad, que siempre te voy a envidiar, de tomar las palabras y convertirlas en algo con significado, algo hermoso. Juegas con las palabras y casi siempre ganas. Haces que la mayoría de las personas te crean, que queden encantados con todo lo que dices."

—Y no son sólo palabras, Hermione. Créeme.

La vio mirarlo de manera intensa, por un segundo creyó ver en sus ojos castaños como le creían, como se iluminaban pero...

—Es demasiado tarde para eso, Fred.

"Y, no es que yo no te crea, sólo que, lamentablemente tengo un ligero trauma con eso... pongo absolutamente todo en duda, todos los días. Como mil veces al día..."

—No es verdad. Nunca va a ser demasiado tarde para lo que sentimos.

Hermione le envió una mirada de pocos amigos, no negando nada pero tampoco afirmándolo.

"No pongo en duda tu cariño o amor hacia mí. Sólo cuando dices que te gusto. Pero eso es tu culpa. Siempre has jugado con eso, siempre me has hecho bromas con eso."

—Sé que es mi culpa, maldita sea, lo sé. Y me arrepiento..., me arrepiento cada maldito día de lo que te hice, Hermione. Me gustaban todas las decisiones que había tomado respecto a ti, excepto esa. Perdóname. —suplicó tomándola del cuello con suavidad y poniendo sus labios en su frente, sintió sus manos delgadas en su pecho, inseguro si era para alejarlo o para tocarlo.

"Perdóname si sueno exigente pero, si en verdad te gusto lo suficiente, ¡demuéstralo! Demuéstralo de una manera diferente a como me muestras tu cariño de amigos. Demuéstrame eso y te juro que te creeré todo y nunca más pondré en duda tus palabras, Fred."

— ¿Qué prueba necesitas para creerme, Hermione? Fui un idiota antes y hasta hace unas horas no estaba seguro de estar enamorado de ti, pero verte con ese estúpido, tenerte aquí entre mis brazos, ver cómo te debates entre dejar que te bese o no... Me hace comprobar mis sospechas, Hermione.

La tomó del rostro con ambas manos y pegó su frente a la suya. Disfrutando de su cercanía y de su dulce aroma.

"Siempre he sido una persona muy apartada de los demás. Nunca mi vida ha dependido de una persona, ni siquiera tanto de mis padres. No me da miedo estar sola, ni mucho menos. Siempre he sido de esas personas que no le temen a la soledad, muy al contrario de eso, la disfruto, juego y me divierto con ella. Nunca había necesitado de alguien. Siempre pensaba si eso era una virtud o una maldición el no necesitar de alguien... pero ahora te necesito a ti."

— ¿Ya no me necesitas? —susurró Fred con miedo a escuchar la respuesta, cerrando los ojos como si eso pudiera aminorar el dolor. La sintió temblar, sin escuchar aun una respuesta.

"No te importó que fuera apartada. Y me estás haciendo hacer lo que más odio y prometí no hacer con nadie… me estás haciendo aferrarme a ti. Me estás dando motivos para no querer estar sin ti, me estás haciendo una persona alegre con altos intervalos de felicidad, pero al mismo tiempo me siento miserable e insegura, porque yo no te controlo, no controlo tu corazón, sentimientos y menos tu mente. Me siento vulnerable porque no sé cuándo te vas a ir de mi lado. Aunque tú digas que nunca lo harás, sé que es mentira. Porque todos se van. Todos. Y está bien, la mayoría de las cosas son temporales."

— ¿Ya no tienes esa necesidad de aferrarte a mí? ¿Ya no quieres estar conmigo? —le preguntó con las cejas fruncidas, tomándola de la barbilla y obligándola a que lo mirara a los ojos.

"Me gustan tus besos, Fred. Me gustan tus manos en mi espalda. Me gusta tocarte y sentirte tan real. Me gusta la mirada que me das en medio de un gran beso. Me gusta tu respiración contra la mía o como cierras los ojos cuando nos damos más que tiernos besos en los labios. Me gusta tu perfil. Me gusta verte sonreír. Me encanta verte feliz. Me encanta verte jugar Quidditch, porque solamente en ese momento sé que eres verdaderamente feliz y pleno. ¡Así que nunca dejes de jugar!"

Sin poder resistirse más llevó sus labios contra los de ella, sintiendo un alivio en su corazón y todo el cuerpo cuando al fin los tocó. Había pasado tanto tiempo desde que la tenía así. La abrazó fuertemente contra sí, temiendo que quisiera separarse.

"Fred, no sé si me gustas o me encantas. O si de verdad me estoy enamorando. No importa mucho. Simplemente está pasando."

—Detente—la sintió removerse entre sus brazos, interrumpiendo el beso. —Esto no será como las otras veces que te arrepientes de lo que haces, me dices cosas maravillosas y lo solucionas con besos, Weasley. —dijo duramente mientras lograba zafarse de sus brazos. —Te dije que las cosas cambiaron, Fred. No soy la misma de antes. Y si de verdad tienes tantito cariño hacia mí... respeta mi decisión. Ya no te necesito y mucho menos necesito que quieras confundirme con todo lo que me dices.

Fred la miró con lágrimas en los ojos, vio cómo retrocedía hacia la puerta y la abría con lentitud para dejarlo solo nuevamente.

"Te amo. Recuérdalo. Eso es para siempre."

...

Hermione había dejado Grimmauld Place de manera abrupta luego del encuentro con Fred. Había estado a punto de devolverle el beso. Pero no lo había hecho. ¿Eso significaba que lo estaba olvidando? Muy lejos de eso. Lo que pasaba ahora es que ya no iba a caer más en sus juegos ni en sus palabrerías. Eso se había acabado.

Respiró un par de veces antes de entrar a su casa. Gracias a Merlín, ya había quedado con Ron y Harry de que llevarían a Sebastian al Caldero Chorreante a pasar el resto de las vacaciones para que así todos pudieran ir al Callejón Diagon a comprar sus libros apenas les llegaran las listas de Hogwarts.

Giró sus llaves para abrir el picaporte. Se dirigió a la sala de estar donde vio a sus padres tomando el té. Había pensado mil veces lo que tenía por decirles y era buen momento para contarles sus planes, ¿no? Ya había cumplido la mayoría de edad en el mundo mágico, tenía ahorros suficientes que podría cambiar en Gringotts y costearse un lugar cerca del Ministerio de Magia donde planeaba trabajar al salir de Hogwarts. Platicó un poco con ellos sobre cosas triviales y les contó todo acerca de la fiesta de Harry, excepto el encuentro con Fred. Los vio demasiado alegres como para arruinarles lo que quedaba del día. Podría decirles otro día sus planes de vivir sola. Tenía mucho tiempo, ¿verdad?

Pasaron cerca de dos semanas cuando al fin recibió su carta de Hogwarts. Revisó las listas de útiles sin mucho entusiasmo cuando algo brillante cayó del sobre...

Una placa.

¡La habían nombrado delegado!

Después de saltar como loca por toda su habitación y sin pensárselo dos veces, puso a prueba sus aptitudes de desaparición para ir al único lugar que se le ocurrió para celebrarlo con la única persona que realmente estaba deseando ver en ese momento.

— ¿Hermione? —preguntó Fred sorprendido al abrir la puerta de su habitación. — ¿Cómo has...?

Sin dejarlo terminar, se lanzó a darle un fuerte abrazo. Y fue cuando la vio.

Romina estaba sentada en su cama, recogiéndose uno de sus tirantes. Soltó a Fred de golpe y retrocedió hacia la salida.

— ¡No! —Gritó Fred— ¡No es lo que tú piensas, Her...!

Hermione lo hizo callar con un movimiento de su varita. Y respiró trabajosamente. Lo vio tratar de gritar, gritar en silencio, vio la desesperación en su rostro. Pero no hizo nada. Vio como sus labios decían algo de manera desesperada y lo único que entendió fue que decía su nombre.

Le dio una mirada más a Romina y otra a Fred para luego desaparecer nuevamente.

Eso tenía que ser una broma.

LunaHHr

Notas del autor: ¡HOLA! No ha pasado tanto desde la última vez que actualicé, ¿verdad? Bueno, aquí está un capítulo más de la historia. ¿Les ha gustado? Espero que sí, déjenme saber sus opiniones. Y ya saben, cada que se cumplan los diez comentarios por personitas distintas subiré capítulo. Esta vez subí porque ya no me podía aguantar y porque el capítulo acabó de una manera muy dramática :3 Sufran poquito, jeje. Ustedes son las que deciden que tan rápido quieren que funcione esto. ¡Las amo! Y gracias al cielo, ya terminaron mis clases, sólo tengo exámenes \o/

Y bueno, este capítulo es demasiado importante para lo que seguirá con el resto de la historia respecto a Fred Weasley. Al fin se dio cuenta todo lo que Hermione significó para él y todo lo que ella lo amó. Y también, vimos a una Hermione fuerte que no se doblegó ante sus ganas de besarlo como en los viejos tiempos, ¡ya no más! Espero en los siguientes capítulos mostrar más de los chicos, es lo más seguro. Y finalmente, la aparición de Romina, la Voldemort de Hermione xD, ¿ustedes qué creen que esté pasando ahí? ¿Creen que nuevamente Fred le mintió a Hermione y sólo dijo las cosas por decir? ¿Un mal entendido quizá? ¡YA VEREMOS!

xxx