Capítulo XXIV.
El abogado de los Wakabayashi (a estas alturas ya debía de haberle puesto un apellido, cuando menos), se sorprendió mucho de ver a su cliente con un moretón en el rostro. El hombre inmediatamente miró a Lily, pero ella se veía sin daños y las marcas de los brazos hechas por las manos de Genzo hacía mucho que habían desaparecido; el abogado suspiró de alivio, al menos Wakabayashi no había cometido el error de golpear a su esposa.
- ¿Tuvo algún percance, señor?.- preguntó el abogado, después de sentarse en la mesa del comedor.
- Un reportero que vino a mi casa a insultarme.- respondió Genzo, simplemente.- Le respondí el agravio y terminó por golpearme.
- No me diga que ahora se peleó a golpes con la prensa.- suspiró el abogado.
- Nada de eso.- negó Genzo.- No le devolví el golpe.
Bueno, menos mal, Genzo parecía al fin estarse controlando. El abogado fue al grano y les explicó a Lily y a Genzo el asunto del juicio. Obviamente se pediría la declaración de un perito que evaluara si efectivamente Yuki seguía siendo virgen o ya había perdido su inocencia (¡Ja!). Lily, obviamente, ya no podría ser el perito, pero previamente ella, Jean y Genzo habían charlado al respecto y la joven declararía que sería imposible que Yuki hubiera podido estar con el portero ya que Lily siempre había estado con él las noches y días que Yuki declaraba haber sufrido abuso sexual por parte de Genzo. Esto, según Jean Lacoste, causaría más impacto que el reportaje hecho por el perito.
- Una coartada es mucho mejor que un peritaje, en ciertos casos.- explicó Jean.- Yuki pudo haber perdido la virginidad con cualquiera, así que no serviría de nada el comprobar que ya no es casta si Lily declara que ella estuvo con Genzo todo el tiempo. El problema va a ser como justificar la presencia de Lily en México todo este tiempo.
- Podríamos decir que ella venía a verme los fines en semana, en el jet privado de la empresa.- sugirió Genzo.- Prefiero que me acusen de malgastar fondos a que me acusen de violación.
- Supongo.- Jean sonrió levemente.- Bueno, entonces nos enfocaremos en eso. Tienen que sonar muy convincentes, más si Wakabayashi no desea que nadie sospeche nada.
Lily y Genzo lo sabían; así pues, cuando el abogado de los Wakabayashi llegó, la pareja repitió su versión de una manera tan convincente que el hombre quedó satisfecho. Después de esto, el abogado les informó a ambos que los harían declarar por separado y que cada detalle era importante, las versiones de ambos debían coincidir en todo.
- Y cuando vayan a declarar, deben vestirse correctamente.- continuó el hombre.- Doctora Del Valle, los colores pastel la harán verse más vulnerable, aunque debe seguir mostrando esa fortaleza interior. Recójase levemente el cabello, use maquillaje de colores discretos y recuerde que la postura cuenta mucho. Cuando altere la verdad, mire de frente a la persona que la interroga, no baje la vista ni la cabeza ni un momento y controle tics como morderse las uñas o tomarse el cabello.
- Entiendo.- asintió Lily.- En el hospital he tenido que mentir piadosamente en algunas ocasiones y sé más o menos como debo comportarme.
- Bien.- continuó el abogado.- Señor Wakabayashi, usted debe vestirse sobrio y elegante, pero sin ser presuntuoso. No debe verse como un hombre de poder porque eso causará mala impresión. Controle su carácter, intentarán hacerlo perder el control acusándolo de las peores cosas y por eso mismo debe mostrarse tranquilo y sereno. Si usted no es culpable, no tiene nada por qué preocuparse.
- De acuerdo.- gruñó Genzo.
- Y por último.- el abogado suspiró.- Aquí viene lo más difícil. Necesitan conocerse a fondo. Los abogados de la señorita Yuki querrán demostrar que su matrimonio es una farsa, preguntando sobre detalles personales, así que también deben estar listos para eso.
- Hemos comenzado con eso.- dijo Genzo.
- Pues eso espero, cada cosa es importante, por mínima que sea.- replicó el abogado.-Eso incluye también, el cómo duermen. ¿Comparten habitación?
- No.- Genzo intercambió una mirada fugaz con Lily.- Dormimos en habitaciones separadas.
- Tendrán que cambiar eso.- suspiró el abogado.- Duerman juntos en la misma cama.
- ¿Eso será necesario?.- respingó Lily.
- Aunque no lo crean, se establece mayor vínculo entre parejas que pasan la noche juntos a las parejas que no lo hacen.- explicó el abogado.- No les pido que tengan relaciones eh, íntimas, pero sí tienen que dormir en la misma cama.
- Entiendo.- asintió Genzo.- Modificaremos eso.
Después de algunos otros datos extras, el abogado se retiró, dejando a Genzo más tranquilo y a Lily al borde del pánico. ¿Dormir en la misma cama que Genzo? No, eso no podía ser, el solo pensar que estaría cerca de él le causaba un estremecimiento.
- No pongas esa cara.- pidió Genzo.- Ya te dije que no intentaría ponerte una mano encima. Dormiremos en la misma cama en el más estricto sentido de la palabra.
- Está bien.- musitó Lily.
Misaki se había quedado en la sala, pintando un cuadro de un fénix iluminando con sus llamas un hermoso jardín. Taro estaba concentrado en pintar la sombra de un hombre que contemplaba al ave de fuego y el efecto en sí era más de anhelo y tristeza que de alegría, o así le pareció a Genzo al ver la pintura. Misaki dejó su trabajo en cuanto vio a Genzo y a Lily llegar.
- Hermosa pintura.- comentó ella.
- Un fénix atrapado a la fuerza en un jardín.- explicó Taro.- El hombre que lo mira se cree ser su dueño, pero la verdad es que solo con amor podría retener a un ave como ésa.
- Qué romántico.- sonrió Lily.
- Uhm.- gruñó Genzo.- Muy deprimente, a mi parecer.
- Todo depende de la persona que lo mire.- replicó Misaki.- ¿Cómo les fue?
- Bien.- contestó Genzo, simplemente.
- Vamos, ya no se hagan los tontos.- replicó Taro.- Sé que su matrimonio es una farsa, ya no tienen que seguir comportándose como si nadie lo supiera.
- Uhm.- gruñó Genzo.- Entonces te agradeceré que nos guardes el secreto.
- Eso es lo que he hecho hasta ahora.- suspiró Misaki.- En fin. ¿Qué les dijo?
- Pues que tenemos que portarnos como un matrimonio.- musitó Lily.- Y eso incluye el dormir con Genzo...
- Wow.- exclamó Taro.- ¿Quieren que les preste el Kamasutra?
- Cállate.- gruñó Wakabayashi.- Dormir, literalmente hablando.
- Sí, eso.- Lily estaba coloradísima.- No haremos... Otra cosa...
Taro miró pícaramente a sus dos amigos, los cuales se veían muy avergonzados. Misaki decidió cambiar el tema y sacar a la pareja de apuros.
- Bueno, creo que bien podrían empezar a contarse sus pasados.- dijo Taro.- Wakabayashi, no estaría mal que le cuentes a Lily de tus inicios como portero en Japón y Lily tu bien podrías contarle a "tu esposo" todo lo que me has contado a mí de tu familia.
Genzo se sorprendió por ese comentario. ¿Lily le había contado a Misaki sobre su familia? Entonces quizás él sabría todo sobre el hermano de ella y sobre la manera en como había muerto la madre de Lily. Por un momento, Genzo se sintió mal pero no supo por qué.
- Vaya, pareces conocer mucho sobre Yuri.- comentó Genzo, aunque su voz se oyó algo amarga.
- Hemos tenido mucho tiempo para hablar.- Taro se encogió de hombros.- Si te tomaras el tiempo necesario para hablar con Lily, te aseguro que descubrirías muchas cosas interesantes sobre ella. Mejor me voy, seguro que tienen mucho de qué hablar.
- No te vayas, Tarito.- pidió Lily.- Quédate a cenar con nosotros.
- No quiero ser mal tercio.- replicó Taro.
- Tú nunca harías mal tercio.- negó Lily.- Puedes quedarte sin problemas. ¿Verdad, Gen? Vamos, Taro, quédate.
Genzo vio en los ojos de Lily un entusiasmo que rara vez le veía. Al parecer, a ella le encantaba estar en presencia de Misaki.
- No creo que haya problema.- aceptó Genzo.- Quédate, Misaki.
- En ese caso.- suspiró Taro.- Le llamaré a Eriko, quizás quiera venir también.
- Claro.- la sonrisa de Lily pareció disminuir un poco.
Eriko llegó más tarde y aceptó en quedarse a cenar. Si bien la charla era llevada por Eriko y Taro, Lily respondía muy animada a las preguntas que le hacía Misaki. Wakabayashi observaba todo sin decir palabra, pero se le encogía el corazón cuando Lily le sonreía a Taro.
"Deja de pensar en cosas que no son", se dijo Genzo. "Lily no puede estar enamorada de Misaki, además, él se va a casar con Eriko, entre Lily y Misaki no puede haber nada...".
Wakabayashi ya estaba empezando a divagar. Lo mejor era concentrarse en la plática y dejar las estúpidas ideas de lado.
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Levin no estaba muy seguro de lo que había pasado. De buenas a primeras, despertó entre los brazos de Débora sin recordar cómo había llegado ahí. Bueno, al sueco no le molestó el despertar de una forma tan deliciosa, pero esperaba que no hubiera intentado seducir a Débora, ya que no tenía planeado hacer eso, al menos no de momento. Levin se zafó suavemente del abrazo y dejó a Deb dormida en el sillón. El sueco se puso sus zapatos y salió sigilosamente del departamento de Marie, más feliz de lo que había estado hasta ese entonces. Débora le agradaba mucho, le gustaba en verdad y sentía que podía llegar a algo serio con ella, pero debía irse con cuidado. De momento, Stefan recordó a Karen y suspiró; se preguntó si acaso ella le habría mandado ese ángel para hacerlo feliz...
- Karen, sabes que no te he olvidado y no te olvidaré jamás.- le dijo Levin a la clara mañana.- Pero perdóname si me enamoro de nuevo. Sé que tú no querrías que yo estuviera solo y pues ahora creo que estoy listo para seguir adelante con mi vida.
Era una hermosa mañana; Levin pensó que su antigua novia ya fallecida estaría de acuerdo en que él intentara volver a ser feliz...
Por su parte, Débora despertó a media mañana, y más bien, la despertó su teléfono celular. La chica, amodorrada, sacó el teléfono de su funda y respondió la llamada.
- ¿Hola?.- musitó ella, en inglés.
- Con la doctora Cortés, por favor.- pidió Alejandro Del Valle.
- ¡Ah! Doctor Del Valle.- Débora despertó de repente.- ¿Sucede algo?
- Es lo que yo quiero saber.- dijo el doctor.- No he recibido noticias suyas más de lo que he visto en los periódicos, y bueno, ahí hablan más de "mi yerno" que de otra cosa.
- Perdone, hemos estado ocupadas.- se disculpó Débora.- He intentado ayudar a Lily pero...
- ¿Pero?
- Pero ella parece no querer ningún tipo de ayuda.- suspiró Deb.- Está empeñada a cumplir con su parte del trato.
- En carácter, salió igual a Emily.- suspiró Alejandro.- ¿Pero Lily está bien?
- Lo está, hasta donde la vi.- respondió Deb.- Muy bien alimentada, muy bien cuidada, de eso no se preocupe.
- ¿Ese maldito no se ha atrevido a ponerle una mano encima?.- cuestionó Alejandro, enojado.
- Pues más le vale que no.- replicó Débora.- Porque sino, lo castraré sin anestesia y con un bisturí oxidado.
- Eso sería lo mínimo que se merece.- gruñó el médico.- Por favor, no dejes sola a Lily.
- No lo haré, doctor, pero ella es terca y espero que algún día se de cuenta de que no tiene por qué ayudar a ese idiota.- suspiró Deb.
- Te lo agradezco, yo sigo intentando volver al país, sin conseguirlo.- dijo Alejandro.- En cuanto tengas noticias, llámame.
- Lo haré.- dijo Deb.
- Por cierto... .- Alejandro dudó.
- ¿Sí?
El médico titubeó. ¿Debía preguntar o no? Cierto era que él había visto a Leonardo entre los jugadores y el cuerpo técnico del Bayern Múnich, pero eso no significaba que Débora se hubiera topado con él. Además, bien pudo haber sido el deseo intenso de Alejandro de ver a su hijo el que hizo que él se imaginara verlo en el periódico.
- No es nada importante, Débora.- negó Alejandro.- Solo cuando puedas, dile a Lily que la quiero mucho.
- Lo haré, doctor.- musitó Deb.
- Cuídense, las dos.- pidió el médico.
Débora cortó la comunicación. Suspirando apesadumbrada, se levantó del sillón y se fue a la cocina, aunque en el proceso ella se dio cuenta de que tenía puesta una chamarra del traje deportivo del Bayern y se preguntó de quién podría ser, muy sorprendida.
- Buenas tardes.- saludó Marie.- ¿Cómo estás? ¿Qué tal la cruda realidad?
- Bastante menos cruda de lo esperado.- respondió Deb.- ¿Cómo terminé con esta chamarra del Bayern?
- Un recuerdito que te dejó Levin antes de irse.- respondió Marie.- Supongo que no quiso que te enfriaras después de irse él.
- Eso sonó raro.- musitó Deb.- ¿Qué quisiste decir con eso?
- ¿No recuerdas que los dos se quedaron dormidos en el sillón?.- cuestionó Marie.
- ¿Quién? ¿Levin y yo?.- Deb respingó.- ¿Nos quedamos dormidos? ¿Después de hacer qué?
- Eso si, no sé.- Marie se encogió de hombros.- Si no te acuerdas tú, mucho menos yo.
- Ay, no, no me digas que... .- Débora se puso colorada.- ¿Nos acostamos?
- Ya te dije, yo no sé.- rió Marie.- Tendrás que preguntarle a él si no te acuerdas tú.
- Qué pena.- musitó la mexicana.- Recuerdo haberle acariciado el cabello y de haber visto "Aladdin", nada más.
- No creo, personalmente, que se hayan acostado.- dijo Marie.- Yo creo que los hubiéramos oído, a menos que no suelas gritar mucho.
- No digas eso, por favor.- pidió Deb.- Yo creo que nada más nos quedamos dormidos y ya.
Marie soltó una risilla. En ese momento, entró Karl a la cocina, sin camisa, y Deb lo miró con mucho disimulo (habría que estar muy ciega para no fijarse en alguien como Schneider y sin camisa). Claro, el alemán era muy atractivo, eso ni dudarlo, pero Débora se dio cuenta de que, al menos para ella, no había nadie mejor que Stefan Levin.
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Lily estaba un poco nerviosa. No era la primera vez que lo hacía, de hecho, ya varias veces había tenido que hacerlo en sus prácticas en los hospitales, pero nunca antes lo había hecho con Genzo, con su esposo: Lily iba a dormir en la misma cama con él. Ella se miró al espejo y valoró qué tan provocativo era el pijama blanco de dos piezas que se había puesto para esa ocasión. La ropa consistía en una camiseta y en un short confeccionados en satín y realmente no eran tan transparentes como se podía esperar. Lily se puso de cualquier manera la bata blanca que le hacía juego y salió a la habitación, en donde Genzo ya la estaba esperando, sentado en la cama.
- Suelo dormir sin camisa.- confesó él.- Pero... Supongo que tendré que cambiar eso.
- Sería lo mejor.- asintió Lily, dándose cuenta de que no soportaría ver el torso musculoso de Genzo.
- Y veo que tú cambiaste el pijama de osito.- sonrió Genzo.
- Pues... Creo que esto está mejor... .- musitó Lily, aferrándose a la bata.
- Pero no piensas dormir con todo y bata, ¿o sí?.- cuestionó Genzo.
- No sé por qué me causa tanta vergüenza.- Lily se rió un poco.- Ya he compartido la cama con hombres, en los pequeños cuartos de los médicos de los hospitales muchas veces teníamos que compartir cama. Pero... Bueno, esos hombres eran amigos míos, compañeros de trabajo...
- ¿Y qué?.- se rió Genzo, bromeando.- Yo soy tu esposo.
- Supongo que tienes razón.- rió Lily.- ¿De qué lado prefieres dormir?
- Me da igual, escoge el que desees.- repuso Genzo.
Después de un rato de tratar de acomodarse y de acostumbrarse, Genzo se quedó dormido. Lily tardó mucho tiempo más en quedarse dormida, y antes de hacerlo, su último pensamiento fue que a pesar de tener un carácter endiabladamente difícil, Genzo Wakabayashi tenía el rostro de un ángel.
