Mil gracias por leer! Y todos los que han comentado: Muchas gracias por los ánimos, se siente increíble saber que les esta gustando.
Maye sigue teniendo la culpa de todo esto, gracias preciosa!
Saludos!
Capitulo Veinticinco
— Bueno y ¿qué? —Puntualizó Evan, ignorando las curiosas miradas de los chicos de tercer año de Hufflepuff.
Uno de ellos le comentó a otro— ¿Por qué están viniendo a nuestra mesa tan seguido? —A lo que el otro respondió— Ni idea, quizás los postres.
— ¡Qué es Navidad! Tómalo como un regalo a Albus —exclamó un molesto James. Llevaba unos veinte minutos tratando de convencer a Evan Chandler de que le diera un beso de lastima a su hermano en la fiesta de navidad.
— ¡¿Por qué tengo que andar besando a tu hermano!? —Respondió un francamente hastiado Evan. Era raro verlo así, si era siempre encantador, con muchos jajajas y disculpas y gracias.
—Evan, es solo un besito.
—Ya, ve tú y dale un besito a un chico.
—De momento, no hay ninguno interesado.
—O sea, ¿de haberlo, lo harías?
—Si con eso besas a mi hermano ¡Seguro! —dijo James. Evan le miró desencajado. Igual que los chicos de Hufflepuff que estaban escuchando la conversación.
— ¿Entonces es Albus el gay? —Preguntó uno de ellos, y a James casi le da un ataque cardiaco.
Cuando los escándalos de pasillo se gestaban, los pasillos en sí, se sentían diferentes. Hacía mucho que Rose se había dado cuenta. Las conversaciones no tenían el mismo tono, los pasillos no estaban llenos de la cacofonía de adolescentes gritones, sino que se llenaban de cuchillejos. De chismes.
Olfateo el ambiente, tratando de entenderlo. No podía ir y preguntarle a las chicas que de seguro sabían, porque eso iba contra la mitad de sus principios.
No podía.
Vagamente tuvo la idea de que podría estar relacionado al nuevo descubrimiento sexual de su primo. Deseó de corazón que no, no había peor forma de salir del armario que con un cotilleo de pasillo.
Decidió hacer la vista gorda y esperar que los acontecimientos cayeran por si solos.
Y vaya que caerían.
—Listo, pasteles de chocolate y menta —dijo Scorpius saliendo de las cocinas. Era la parada obligada si iban de camino a las mazmorras.
—Amor, que maravilla que no tengas entrenamiento —dijo Rose, en el fondo le fastidiaba un montón que un tonto juego le alejara de Scorpius. Pero esos pensamientos eran muy mezquinos para compartirlos.
—Uhm —dijo el rubio. Rose le miró, estaba sonrojado y silencioso. Justo como estaba siempre que se encontraba con Evan hacía unos meses.
Tuvo un idea, repaso los últimos acontecimientos y un bichito de duda comenzó a carcomer sus entrañas.
— ¿Ya le contaste a Albus? —Y Rose no había terminado de preguntar, cuando Scorpius le miro con sorpresa.
— ¿Eh? ¿Qué-é, qué cosa? —Preguntó el rubio. Era raro verle balbucear. Rose se anotó "raro" y decidió apagar el radar.
No tenía ganas de inmiscuirse más en la salsa humana que eran Scorpius Malfoy y Albus Potter. Pero el bichito ya tenía el tamaño de un rinoceronte.
— ¿Qué me tiene que contar? —Preguntó un muy imprudente y aparecido Albus. Estaba justo detrás de ellos, y Rose se preguntó hacía cuanto había llegado.
— ¿Qué te importa, metiche? —Le respondió risueña. Scorpius estaba color ciruela.
Albus hizo un puchero, y Rose supuso que estaba mejor de su negación inicial.
—Le conté a James que me gusta George Michael, que me gusta un montón —dijo, con una mirada intensa—. Dijo que ya se había dado cuenta.
Rose río— Sí, solo que estaba un poco perdido, creo que la confundió con otra banda —Comentó la chica, siguiendo la clave que Albus había comenzado. El chico le miró raro. Rose bufó con fuerza, Albus era lindo y todo, pero tan cortito de luces que no entendía ni sus propias claves.
— ¿George Michael? —Preguntó Scorpius, y ambos primos le miraron como si hubiesen olvidado que estaba caminando con ellos. Albus asintió sin dejar de sonreír.
— ¿Muy raro?
—Nah —dijo el rubio y le sonrió más. Pasó el brazo por el de Albus—. Rose se sabe una canción de Britney Spears.
Rose alzo una ceja. Eso era casi una calumnia, apenas se sabía el estribillo de una canción.
—Bien equipo, como lo pensé, no me sirvieron de una mierda, pero quiero que sepan que TODO lo que dije y pensaba, es real —dijo muy serio James Potter, había decidido que en Hufflepuff no tenían respeto alguno a la intimidad de los demás, así que ahora, estaba sentado en Ravenclaw frente a Lily y Hugo.
Lily estaba francamente sorprendida. Hugo no tanto.
— ¿Cuáles son las pruebas? —Preguntó el chico de gafas.
—Una confesión —dijo James.
Lily dio un chiquillo y con las manos cubriéndole la boca preguntó— ¿Se le declaro, a Evan?
James la hizo callar tan alto, que la mitad de la mesa les miró— Te dije sin nombres, carajo —Lily se disculpó sin dejar de mirarlo alucinada—. Y no, no se declaró a él, me lo contó a mí.
Hugo asintió y Lily dio saltitos.
— ¿Ahora qué? —Cuestionó Hugo.
—Ahora ayudar a Albus en la declaración que quiere hacer en el baile de navidad.
—Pensé que toda esta tontería nos había enseñado que no debemos meternos en los asuntos ajenos —apuntó Hugo, tamborileando los dedos sobre la mesa.
Hugo, siempre tan lógico y racional, pensó molesto James.
—Si bueno, la verdad es que no metería si no tuviera la certeza de que lo van a rechazar —rezongó James. Dios, que difícil era tratar con estos críos.
Lily hizo un ruidito de desilusión, acompañado de un— Que lástima.
—Aun no entiendo en qué vamos a ayudar —apuntó Hugo—. La verdad es que no quiero estar inmiscuido —anunció antes de ponerse de pie y largarse.
Lily y James comenzaron a planear cosas absurdas, como amañar los licores sin alcohol, encerrarlos en una habitación con muérdago encantado, darle multijugos a Albus para volverlo chica, o solo emborracharlos y obligarlos a magrearse.
— Podríamos preguntarle a Scorpius —dijo Lily, como iluminada—. Ya sabes, Albus ha estado mucho tiempo con él.
— ¿Si?
—Sí, Cindy no deja de decírmelo a diario —dijo hastiada la chica—. A mí también me gusta, pero lo de ella ya no es sano.
James apoyó la idea de pedir ayuda a Malfoy con un enfático— Vamos a buscarle.
— ¡¿Ahora?! —dijo Lily, y James se extrañó al verla sonrojar.
— ¡Claro!, es diez de diciembre, en una semana más es el baile, tesoro, y el tiempo apremia —dijo James seguro, sin fijarse en las dos chicas que habían estado escuchando, y asintieron enfáticamente.
Lily pareció algo contrariada, se pasó las manos por el cabello y las mejillas, sin dejar de maldecir.
—Me podrías haber avisado —rezongó cuando estaban vagando por los alrededores del Gran Comedor.
— ¿Te gusta Malfoy? —Preguntó James, divertido. Nada contra el chico, pero le ganaba en la lista del baño y eso era una ofensa grave en el país de James Potter.
—No es que me guste, guste, es que... —Lily le miró tratando de darse a entender. En eso estaban, cuando James divisó al rubio, caminando en solitario desde las mazmorras.
— ¡Atenta! —Dijo, y arrastró a su hermana hasta él— ¡Malfoy! —Exclamó cuando le tuvo cerca.
Scorpius le miró extrañado, dijo— Potter y... —e hizo una pausa y sonrió—Potter.
—Dime Lily —apuntó la chica con la voz entrecortada.
James rodo los ojos.
—Malfoy, quería saber si podíamos quitarte unos minutos, para una tontería —preguntó algo nervioso. Sabía que Malfoy era de mente abierta y todo eso, pero igual le daba nervio.
Malfoy accedió extrañado, agregó que estaba con prisas y que lo estaban esperando, mientras era llevado fuera del colegio.
—Bueno, veras, en una semana más es el baile de navidad y toda esas tonterías —dijo James, al tiempo que recibía un codazo de su hermana, quien respetaba la institución de los bailes y fiestas a puño y espada—. La cosa es que…
Y se desinfló. Se preguntó cuál sería la forma correcta de decir que su hermano quería ponerle el culo a Evan, y él quería ayudar. Lo único que sabía, era que así, no.
—Albus se le va a declarar a Evan —dijo Lily y James lo agradeció y secundó.
Claro que la cara de espanto de Scorpius fue notable.
—Sé que crees que no, pero es así, Albus me dijo —dijo James, ya harto de la negación de todo el mundo.
—Ah —fue la única respuesta del rubio.
—Debe ser una sorpresa y todo, pero él se dio cuenta hace poco —apuntó Lily en voz conciliadora—. Seguro te cuenta próximamente.
James volvió a secundar.
— ¿Y qué quieren hacer? —Preguntó Malfoy sin ánimo.
Continuara -
