Capitulo 24: interludio
-Me moría de ganas de pedirte que te quedaras a mi lado, de suplicarte que no me abandonaras nunca- repitió Afrodita recordando sus líneas, apoyando su cabeza contra el pecho de Alessandro que le abrazaba, ambos estaban acostados en el césped del jardín de la casa del italiano, Alessandro con la mitad del cuerpo apoyado contra un árbol, concentro su sentir en los dedos del sueco que los repasaba sobre su pecho en una caricia lenta y constante.
Cuando el italiano dirigió su mirar al muchacho que estaba entre sus brazos se topó con la celestial mirada de Afrodita y al darse cuenta este de su mirar le dirigió una enamorada sonrisa, una de las más bellas, en aquel momento no pudo sentirse más satisfecho, teniendo la perfecta seguridad de estar convirtiéndose en la persona más importante para el joven sueco.
-y yo rogaba a los cielos, que me dieras ese juramento antes de morir- sonrió recitando aquellos versos, con una sonrisa, nada que ver con el modo en que se debían pronunciar aquellas palabras en el escenario- para así poder con todo derecho llevarte conmigo.
-llevarme contigo – le miro el joven a los ojos- puedo preguntar ¿Por qué? – ahora llevaba sus manos hacia su fría mejilla, el italiano sonrió acercándose.
-por amor mi señor, aunque sea el hecho arrogante por parte de un sirviente…. De amar a quien esta demasiados escalones sobre suyo- el sueco se separó un poco de él y subió su rostro hasta quedar unos palmos cerca del suyo, Alessandro sonrió y levando una mano a la cálida mejilla del sueco le beso en los labios- pero le amo- sonrió separándose de él.
Afrodita sonrió, sintiéndose tan feliz, como al comienzo de aquella visita cuando Alessandro le había pedido ser novios, se había sentido tan absurdo, como enamorado, le amaba, y con cada segundo creía amarle más.
Las manos de Kardia acariciaron con lentitud el frio liso del anillo de plata suiza que entre sus dedos se hallaba, una segunda mirada al hombre frente suyo le hizo tensarse, su padre, no había cambiado mucho en aquellos últimos años, aun recordaba que había recibido de aquella boca la orden de romper lazos con Degel D'Aquarius, los fríos ojos amatista de su padre se posaron sobre su persona y él una vez más sintió el frio recorrerle, mas ya no era un niño, elevo los ojos y devolvió la mirada a su padre, este le miro y pudo ver como una sonrisa irónica se formaba en aquellos delgados labios.
-tu hijo es igual a ti – dijo aquella voz tan fría y carrasposa como hacía años, echo la cabeza hacia atrás sintiéndose absurdo, de aun a pesar de todos aquellos años sentir miedo de aquel hombre, este se levantó, a pesar de sus años, seguía teniendo una gran vitalidad, al dar dos pasos hacia adelante la luz de la luna ilumino por unos segundos su rostro casi siempre oculto en las sombras, su piel pálida tenia circuncisiones de arrugas, sus ojos rodeados de amplias ojeras le daban un aspecto vacía y casi macabro, sus cabellos antaño azules ahora brillaban bajo la luna con un toque plateado, la edad no le perdonaba a pesar de todo y se mostraba dónde podía.
-igual a mí –repitió Kardia mirándole atento.
-si- contesto el hombre caminando hacia la ventana, Kardia se permitió unos minutos para pensar en cuan fácil sería lanzarlo desde aquella altura al suelo, mas no hizo nada- y como tu ha cometido el error con un D'Aquarius, y yo me pregunto ¿no existe en esa cabeza vuestra un poco de sentido común? No se dan cuenta eso es obvio de lo arruinados que quedarían socialmente, sin embargo –se volvió- tu hijo no es tan cobarde ni tan tonto como tú– le miro irónico, Kardia retrocedió dos pasos al oír el tono de su padre, tan peligroso, tan… siseante, como una serpiente preparándose para atacar.
-que quieres decir, padre –pregunto tenso, mirándole, entonces el hombre formo en sus delgados labios una sonrisa que no llego a su rostro
Cuando Camus sintió las manos de Milo bajar más allá de la espalda, los ojos se le dilataron cierto nerviosismo y sus mejillas ardieron en vergüenza, y bajo la mirada con tensión
Fue entonces cuando milo rio suavemente y él sintió la indignación aparecer en sus venas, antes claro de que el otro joven le besara con suavidad y dijera entre el beso.
-no puedes imaginar cuanto te he amado
-m… milo- se separó con un hilo de voz avergonzado, bajando la mirada, en ocasiones no podía evitar sentirse avergonzado de la inmensa pasión que en muchas ocasiones sentía en milo.
-¿cuándo le diremos a nuestros padres que estamos saliendo? –pregunto Milo
-¿estamos saliendo? –Sonrió Camus mirándole- no recuerdo que me lo pidieras –comento, intentando evitar el otro tema.
Milo sonrió de lado.
-pero que gran descuido el mío –le acaricio una mejilla y se alejó un poco-perdóname Camus, pero es fácil de solucionar –se alejó unos centímetros y tomo la mano izquierda de Camus entre las suyas- Camus –le miro a los ojos ahora su voz tomaba un tono ciertamente serio- te amo con todo mi corazón y estoy seguro de que no podría amar a nadie más que a ti, por favor acepta mis sentimientos- se miraban atentamente a los ojos y el joven francés sentía las mejillas arder por vergüenza y algo más profundo- ¿quieres ser mi novio? –termino milo mirándole fijamente a los ojos con una sonrisa sincera.
-si – contesto Camus antes de esconder su rostro en el pecho de Scorpius, jurándose que no volvería a bromear con aquellas cosas con milo.
Cuando Degel recibió la llamada de Kardia para verse, por alguna extraña razón se preocupó, pero no pudo hacer mucho más hasta que el llego con su sonrisa perfecta, con aquella expresión tan maravillosa y tras la cena, no pudo menos que olvidar sus preocupaciones cuando Scorpius saco aquel anillo de plata y pronuncio aquellas palabras.
-¿Degel me harías el honor de casarte conmigo?- sus ojos se cruzaron en una mirada llena de promesas, y Degel con su emoción ignoro la terrible tormenta que se desataba en los ojos de su amor.
NOTAS FINALES: bueno cumpli, es lunes n_n
Si si ya se es de noche, pero igual, es difícil, no habia internet, perdonenme Q-Q
Ojala les guste la continuación n_n
