Hola y perdón por no actualizar por un año, pero tuve un gran pico de estrés durante el año pasado. De hecho, este año pude estar mejor porque me tomé la mitad de año sabático (y porque nació mi sobrina y soy muy feliz por ella y mi primo!)

Disclamair: Serie, canciones y referencias a películas, cada una a sus respectivos autores.


Mientras ella miraba a su alrededor, muchas cosas pasaron por su cabeza. Parecía todo acabado, con el weirdmaggedon tan avanzado no quedaban esperanzas de que alguien estuviera con vida o con la mente estable, al menos que sea cierto eso de que había un refugio en pie. Todo eso era una ola de locura. Rogó que Dipper, Soos y Wendy estuvieran bien y que hayan encontrado a Mabel y se lamentó por las últimas palabras dirigidas a Stanford antes de separarse.

–¿Unas últimas palabras? –preguntó aquel ser triangular mirándola con su único ojo apuntándole con su dedo envuelto en llamas azules. Aquel ser escalofriante, maniático y siniestro quien llamaban Bill.

–No puedo pensar en algo coherente –susurró Guinevere.

No podía pensar más que en como había terminado en esa situación.

Era cierto lo que dicen muchos testimonios de sobrevivientes de guerras. Un día estás tranquilo en tu aburrida vida y al instante todo se vuelve oscuro con ataques inesperados. Ese día también fue igual. Pero como bien aprendió todos esos años, lo que comienza normal no dura mucho en Gravity Falls.

–¡Fiesta! ¡Fiesta! ¡Fiesta de cumpleaños increíble! –gritó Mabel desde la ventana de la camioneta mientras Soos conducía. La chica se dispuso a sonreír lo más que pudiese, aunque Dipper no estuviera a su lado.

–A eso si lo llamo publicidad, Mabel. Bien hecho.

–Gracias, Soos. Hago mi mejor esfuerzo –la joven se volvió a acomodar en el asiento y ordenó las invitaciones una vez más.

Miró el dibujo que había hecho con tanto esmero. La sonrisa desapareció de su cara a un paso lento para luego dejar escapar un suspiro, por más que se esforzase, no podía seguir fingiendo tanto entusiasmo como tuvo al inicio de su día.

–Oye, Mabel, quería disculparme –ella inclinó su cabeza sin entender a lo que se refería su amigo.

–¿De qué hablas, Soos?

–Por haber confundido tu nombre casi la mitad del verano por Mantel ¿O era por Maple? –la aludida hizo una sonrisa de compasión y soltó una pequeña carcajada.

–Está bien. Dipper y yo creíamos que te llamabas Zeus en el principio del verano.

Ambos rieron en buena gana. Soos había querido animar a Mabel, no por nada él se reconocía a si mismo como un reparador de todo, o casi todo. Aunque el primer intento dio éxito, en el poco tiempo, la preadolescente retornó a su faceta de depresión y melancolía.

–Vamos, Mabel ¿Que pasa? ¿Por qué esa cara larga? –en realidad, él sabía la razón, pero pensó que si la chica lo contaba en voz alta, su triste humor se disiparía, aunque sea un poco.

–Es que... –continuó ella con sus ojos sobre las invitaciones, con la duda de poner en palabras sus problemas–. Este día empezó muy bien, pero ahora... –Mabel volvió a silenciarse y se decidió en decir otra cosa–. Espero que quede alguien para que venga a nuestra fiesta.

–Tranquila, pequeña. El lugar es pequeño, pero el corazón grande y siempre habrá alguien quien asista al cumpleaños tuyo y de Dipper.

–Si tú lo dices –dijo la chica sin mucha emoción. El repara-todo intentó otro método.

–¿No quieres que encienda la radio? Seguro puede estar pasando una gran canción.

–No, pero gracias, Soos.

Soos dio la vuelta y entró a otro barrio de Gravity Falls, él conocía ese lugar porque Stanley una que otra vez le había encomendado ir a "pedir prestado" la llave inglesa de Guinevere y otras herramientas... y más cosas.

–Oye, esa es la casa de la señorita Alvedonnia –señaló a unas pocas calles una casa que lucía modesta por fuera.

–¿La casa de la tía Wini? Es la primera vez que la veo –Mabel se levantó de su asiento para avistar mejor la imagen.

–Es una mujer muy apartada y solitaria. Sin embargo, se lleva bien con sus vecinos –Soos estacionó frente a la casa de la susodicha y le recordó a Mabel porqué estaban allí– ¿Por qué no le llevas una invitación?

–¡Muy bien! –la chica bajó de la camioneta un poco más entusiasmada, pero por cada paso, su vacilación regresaba. –Por favor, tía Wini. No me falles –susurró cuando ya estaba delante de la casa. Tocó el timbre y esperó.

–¿Mabel? –preguntó la mujer en cuanto abrió la puerta y reconoció a su visitante–. Hola ¿Qué estás haciendo aquí? –preguntó lo último recordando la advertencia de Stanford de quedarse lo más posible en la cabaña por protección de Bill. La joven carraspeó y sonrió tan jubilosa como casi siempre.

–Vine a invitarte a una super-mega-fabulosa e increíble fiesta ¡Nuestro cumpleaños! –ella extendió una de las invitaciones donde Guinevere miró las figuras de los gemelos Pines saliendo de un pastel enorme con la fecha abajo–. ¡Dipper y yo seremos adolescentes una vez que lleguemos a ese día! –dicho eso, Mabel recordó lo pasado en la secundaria con Wendy y eso decayó un poco su ánimo–. Tal vez no suena tan genial eso de ser adolescentes, pero al menos dime que vendrás –sus ojos se agrandaron como rogando de que ella fuera.

–Claro que iré –asintió Winibel guardando la invitación en un bolsillo–. ¿Por qué no asistiría? – entonces la chica recordó a sus dos amigas.

–Ni Grenda, ni Candy vendrán. Grenda va a ir a un viaje con su nuevo novio y Candy irá a un campamento –contestó la joven con la vista gacha en las invitaciones.

–Puedo asegurarte de que iré –dijo la mujer revolviendo los cabellos de la chica.

–Y yo puedo asegurarte que el tío Ford estará allí –comentó lo último guiñándole.

Winibel se ruborizó y rodó los ojos. Aunque le pidió de diversas formas a Mabel que no la llamara tía, ella siempre se salía con la suya. Bueno, ¿Quién podía negarse a la poderosa Mabel? Sin mencionar, desde que supo de la relación con su tío, insistió mucho en hacerles una entrevista privada para sus video-documentales del verano sobre que el amor vence las barreras más poderosas del tiempo y cosas así.

–Será mejor que me vaya. Estas invitaciones no se repartirán solas –antes de irse, Guinevere la detuvo.

–¡Espera, Mabel! ¿Estas con alguien? –preguntó preocupada por si ella estaba sola. No es que Gravity Falls fuera un lugar peligroso, al menos no la parte del pueblo, pero temía que Bill pudiera hacer daño a alguien y sería peor si lastimara a los sobrinos de Stan y Ford.

–Si, estoy con Soos ¿Ves? –señaló a la vereda en que la camioneta estaba estacionada. Soos por su parte hizo sonar la bocina como saludo, Winibel suspiró de alivio en su interior–. ¿Por qué lo preguntas?

–Po-porque quería acompañarte –se apresuró a responder, se quiso abofetear a si misma. No era eso lo que deseaba decir, ¿O si? ¿Fue eso un acto fallido?

–¡¿En serio?! –los ojos de Mabel brillaron demostrando la emoción acumulándose. Winibel no podía echarse para atrás.

–Si, estos últimos días tuve mucho tiempo libre y además...

Pero no pudo terminar su frase porque la pequeña la estaba arrastrando de la mano hacía la camioneta.

–¡Soos! La tía Wini viene con nosotros.

–¡Genial! ¡Bienvenida a bordo! –exclamó el multiusos.

–Agradecería que no me llamaras Tí...

–¡Ahora si estoy motivada! ¡Prende la radio Soos! –gritó Mabel subiéndose al transporte con la maestra.

–A la orden, capitana Mabel. 10.5, las mejores canciones de Gravity Falls.

En la radio empezó a sonar una canción de la cual Guinevere no conocía, pero era notorio que sus otros dos acompañantes si. Inhalaban y cantaban a todo pulmón, en especial la parte del estribillo.

You vitriolic, patriotic, slam fight, bright light

Feeling pretty psyched.

It's the end of the world as we know it

It's the end of the world as we know it

It's the end of the world as we know it and I feel fine

Levantó una ceja sorprendida de la letra, parece que hablaba de un posible apocalipsis, pero era descrito con ritmo y alegría, casi le producía gracia ese humor negro.

Pasaron por varias casas de conocidos como Toby Determined, el viejo Mcgucket, Tad Strange, Susan, incluso el alcalde Cutebiker y todo al ritmo de la música. Pero la gran sorpresa llegó cuando Mabel dio una invitación en el buzón de la mansión Northwest. Tanto a Guinevere como a Soos le impresionaron que Mabel también diera una invitación allí.

–¿Está segura de esto Mabel? Nunca te llevaste bien con esa chica –comentó Soos cuando la pequeña Pines volvió de dejar la invitación.

–Claro que si. Tal vez Pacifica no sea la mejor chica del mundo, pero después del incidente con el fantasma en la fiesta, creo que ella y Dipper... –Mabel calló e hizo una risilla.

–¿Qué? ¿Qué pasó? –siguió cuestionando la maestra. Ella no asistió a la fiesta en la mansión Northwest y tampoco tenía mucho conocimiento del accidente del fantasma.

–Pues... no se lo digan a nadie. Pero creo que Pacifica siente algo por mi hermano.

–¿Por Dipper?

–¡Ajá! Y pienso que es posible que Dipper sienta un poco por ella –continuó explicando la chica.

–No pienso que sea posible, Mabel –replicó Soos–. Dipper estuvo casi todo el verano enamorado de Wendy.

–¿Y es posible que esa chica quiera a alguien además de su reflejo? –secundó Winibel imaginando a la heredera Northwest suspirando por Dipper.

–Dipper me contó que Pacifica lo abrazó por "accidente" después de que atrapó al fantasma en un espejo –explicó Mabel más que convencida de los sentimientos de uno por el otro, como si fuera una adivina de las parejas románticas–. Es más que obvio –ambos adultos rodaron los ojos.

–Si tú lo dices. Hablando de Dipper ¿Dónde está él? –preguntó Winibel recordando la ausencia del gemelo menor Pines.

–Se fue con el tío Ford a una misión super nerdy-geek secreta. Pensé que el tío Ford podría haberte dicho algo.

–No, él muy pocas veces me dice lo que hace. Aunque es comprensivo, no usa celular.

–Eso no está bien ¡Ustedes son novios, almas gemelas! Deben mantenerse siempre en contacto y saber lo que hace el otro. Dime tía Wini ¿Ambos tienen un apodo tierno con el otro? –infirió Mabel sonriendo y codeando el costado de la mujer.

En ese momento, una canción conocida empezó a reproducirse en la radio, para alivio de Guinevere que comenzaba a sentirse nerviosa por las preguntas de su supuesta sobrina.

–¡Ah! Little green bag –la reconoció Soos–. Clásicos que nunca mueren. Todavía recuerdo cuando volvió a hacerse popular con el estreno de esa película ¿Cómo se llamaba?

–¡Reservoir dogs! –adivinó al instante Mabel.

–Si, creo que sale por el principio.

–Conozco la canción, pero no la película –comentó la maestra.

–Es una gran película, o eso al menos me dijeron –siguió explicando Mabel–. Todavía no puedo verla. Mamá y papá no nos dejaron a mi y Dipper, pero cuando al final del verano tengamos 13 ¡Pum! Se nos abrirán las puertas y veremos las películas que queramos o al menos las de para mayores de 13.

–Creo que es para mayores de 16. Con eso de la oreja.

–¿Qué oreja? ¡Soos no digas Spoilers! –rezongó la chica con sus manos en los oídos.

–Oh, perdón Mabel –se disculpó Soos y fijó la vista en la lista–. Creo que sigue la casa de los Corduroy.

–No será necesario –suspiró Mabel recordando su terrible encuentro con Wendy en las inscripciones de la secundaria–. Ya le di una a Wendy en el gimnasio de la escuela.

Winibel notó el cambio repentino en el humor de la preadolescente. Mabel entornó sus ojos y miró a la nada, mientras apretaba los panfletos entre sus brazos.

–Mabel ¿Estás bien?

–Oh, si. No pasó nada preocupante –contestó fingiendo un tono de tranquilidad.

La mujer se encogió de hombros y se acomodó mejor en su asiento mirando por la ventana del vehículo, se sintió en una rara e incómoda atmósfera.

–Bueno, no preguntaré más. Pero si quieres decírmelo, dímelo a tu tiem-

–¡Está bien! Estaba entusiasmada con esto de ser adolescente e ir a la secundaria, pero cuando fuimos con Soos para pedir prestado el gimnasio escolar y hacer la fiesta allí, Wendy me informó la horrible realidad y empiezo a pensar que ser adolescente no es tan genial como muestran las películas –confesó Mabel a una velocidad increíble sin titubear o detenerse a respirar. Cuando terminó inhaló agitada el aire perdido.

–Eso sonó como una catarsis –dijo Soos, quien también estaba impresionado de la inesperada confesión de la chica–. Escucha Mabel, la secundaria no tiene solo sus malos momentos, también tiene los buenos.

–Soos tiene razón –señaló Winibel–. Yo trabajo con adolescentes y he visto bien como es todo eso. Es verdad que hay cosas malas como los exámenes, las diversas materias, pero es solo eso.

–No olvides las falsas amistades, la escuela de verano cuando repruebas, las bromas pesadas al novato, las bromas pesadas al nerd, las burlas por si tienes algún defecto en tu cara o cuerpo, los largos castigos y sumando las tecnologías virtuales, también tenemos la difamación por internet –apuntó Soos, cuyas palabras no mejoraron en nada la situación de Mabel.

–Bien, Soos, creo que es suficiente. Pero el punto es que también hay cosas buenas.

–¿Cómo qué? –preguntó la chica que no se veía tan entusiasmada y mantenía la vista baja.

–Bueno están los bailes, las primeras citas y los verdaderos amigos que haces son los que continúan casi toda la vida contigo.

–¿Y qué más? –siguió insistiendo Mabel.

Winibel no sabía que decir, rogó que algo pasara para quitar la atmósfera pesada y alivianar la situación de Mabel, pero no sabía qué. En la estación de radio el locutor informaba de algo sobre una película próxima y dijo unas palabras que llamaron la atención de la maestra.

Y empezamos el ciclo de la tarde con una banda y/o cantante escogidos al azar. Nuestra ganadora es la banda europea BABBA, conocidas por sus éxitos como Disco Girl y Pequeñita ¡Que lo disfruten!

En el instante en que la guitarra sonó, Guinevere sintió un golpe de memorias y reconoció la canción.

–A Dipper le encantaría estar aquí, él adora BABBA –Mabel rememoró las veces que lo atraparon ella y Stan a su hermano escuchando Disco girl o Waterloo. Ante los recuerdos, la preadolscente sonrió de lado un poco más feliz.

–Recuerdo el año en que salió esa canción –exclamó Winibel y cerró sus ojos recordando mientras la escuchaba.

Couldn't quite believe his eyes, when I kissed the teacher

My whole class went wild

As I held my breath, the world stood still, but then he just smiled

I was in the seventh heaven when I kissed the teacher –cantó la maestra y sus acompañantes agrandaron sus ojos impresionados.

–¿Escuchabas BABBA, tía Winni? –preguntó aguantando una risa su sobrina. La aludida se ruborizó y desvió la mirada.

–No, en realidad, pero tengo bellos recuerdos del año en que fue lanzado el álbum que contenía When i kissed the teacher –sonrió para sus adentros siguiendo disfrutando de la canción.

I was in a trance when I kissed the teacher

Suddenly I took the chance when I kissed the teacher

–¿Qué? ¿Qué pasó ese año? –cuestionó Mabel sonriendo en un gesto malicioso y acercándose a la maestra– ¡Dime, dime! ¡Te daré mi sangre! –Wini, por su parte rio.

–Fue durante el tiempo que estaba en secundaria, había reprobado química y tuve que tomar lecciones con mi profesor. Cuando llegó la hora de hacer el examen, estaba muy asustada y nerviosa, pero al final pude aprobar.

–Que bien, señorita Alvedonnia.

–Si, pero ¿Qué pasó tía Wini? –la nombrada inhaló y trató de tranquilizar su corazón.

–Cuando mi maestro me dio la nota, estaba tan feliz porque había aprobado que no dejé de bailar y festejar por más de tres minutos... y en un momento yo lo abracé y... así como dice la canción, besé a mi maestro.

Tanto Soos como Mabel ahogaron un grito sorprendidos. La mujer rio de sus caras y siguió con su historia.

–Por supuesto que lo besé en la mejilla. A las pocas semanas estaba escuchando esta misma canción en la radio.

–¿Lo-lo besaste? ¿¡E-en-en serio!? –Mabel estaba atónita.

–Creo que fue por la emoción –reflexionó sin ocultar su sonrisa y aguantando la risa que le provocaba ver a sus amigos sin habla–. Pero la verdad es que él me gustaba mucho –las emociones que causaban el recuerdo en su interior la hacían sentirse otra vez adolescente.

–¡Oh! ¡¿Te enamoraste de un maestro?! ¡Eso suena muy adorable! ¿Que se sintió? ¿Él te sonrió? ¿Que dijeron tus compañeros? ¿Y cómo era tu maestro? ¿Era joven?

Guinevere se sintió mareada con tantas preguntas en tan poco tiempo, pero solo se limito a responder la última.

–Si, él era muy joven.

–Pero, pero ¿El tío Ford sabe de él? –recordó de repente Mabel a su otro tío abuelo.

–Es lo que estaba a punto de preguntar –alegó Soos–. Me refiero, a si el otro señor Pines estuvo celoso.

–Pues... él, del acontecimiento –respondió siendo sincera a medias–. Él lo sabe muy bien.

–¿En serio? ¿Y no estuvo celoso o algo así? Tal vez no, si fue antes de conocerlo ¿No? Hablando de eso ¿Cuando lo conociste? ¿Fue durante la secundaria?

Todavía no se sentía preparada para responder a esa pregunta, nadie que viviera en Gravity Falls, ni siquiera Stanley, sabía sobre el hecho de que ella fue alumna de Stanford durante la secundaria, excepto, claro, el mismo Stanford. Winibel quiso otra vez y como fuese cambiar el tema, hablar sobre su relación con Ford era algo que consideraba muy intimo como para compartir con una preadolescente y alguien como Soos.

–O-oye ¿No es un poco tarde? –enfocó su vista en el cielo que no estaba muy lejos del ocaso, pasaron toda la tarde repartiendo invitaciones de cumpleaños.

–No cambies de tema, tía Wini –replicó la chica.

–La señorita Alvedonnia tiene razón, Mabel. Creo que es hora de volver a la cabaña –opinó Soos.

–Debemos volver ponto, Mabel –continuó la mujer–, sin el campo de fuerza de la cabaña, Bill puede hacer de las suyas en cualquier momento.

–Bill no me engañará, soy muy lista para eso.

–A veces quienes más nos creemos listos, terminamos siendo los más ingenuos. Mira a tu tío Ford, con doce doctorados y todos sus estudios y, sin embargo, Bill logró manipularlo para hacer un portal peligroso –ante la explicación, su sobrina se mostró reflexiva–. Por favor, Mabel. Él me tiene muy preocupada, cuando alguien se lo intenta retener se pone más loco, como un perro con cadenas.

Después de unos momentos de pensar, la chica llegó a la conclusión en su mente que volver a la cabaña sería lo más seguro y conveniente. Al fin y al cabo, había repartido la mayoría de las invitaciones.

–Está bien, volvamos Soos –murmuró la chica.

–Oki, doki. Capitana Mabel –Soos dio la vuelta y regresó a la cabaña.

Cuando Mabel llegó su depresión parecía disminuida, pero cada vez que enfocaba su mirada en el panfleto de su cumpleaños su sonrisa volvía a borrarse. Esa invitación debía causarle alegría y júbilo, pero en su lugar, funcionaba como un recordatorio de que el verano acabaría y como consecuencia, ella crecería.

–Gracias por todo, Soos –agradeció la joven cuando recién salió de la camioneta.

–Fue un placer ayudarte, Mabel. Llámame para cuando necesites recorrer el pueblo, o cuando se rompa un objeto tuyo o, bueno, cuando quieras –se despidió el hombre y también bajó para reanudar su trabajo en la cabaña.

–También gracias por acompañarme, tía Wini – se dirigió a la mencionada y ella revolvió su cabello sonriendo.

–No fue nada y mantente en la cabaña lo más que puedas –advirtió por último en un susurro.

La chica asintió como respuesta y se dispuso a entrar, pero su paso era tan lento y decaído que eso llamó la atención de la mujer. Guinevere sintió pena por la chica y no quería dejarla en ese estado de ánimo, además, ella entendía bien lo que era el dolor de crecer.

–Oye, Mabel ¿Qué vas hacer? –la pregunta salió casi por si sola de su boca, pero no estaba arrepentida de haber hablado sin pensar. Mabel se dio la vuelta enseñando un rostro desconcierto–. Me refiero ahora. Como te he dicho, no tengo el día ocupado y me preguntaba si quisieras que te acompañara en alguna actividad.

Su sobrina sonrió y rio entre dientes.

–Nada en verdad. Pero me preguntaba si... –Wini inclinó su cabeza curiosa de lo que iba a decir, pero también temerosa. Mabel era una chica que podía imaginar un montón de cosas locas–, si te gustaría hacerte una transformación en tu cabello.

–¿En mi cabello?

–Si, es muy largo y se ve lindo ¿Me dejas hacerte un peinado?

Ella no esperaba una propuesta como esa, pero no sonaba mal.

–Claro, vamos adentro entonces.

–¡Si! ¡Transformación de peinado!

Mabel la condujo hacía la habitación de arriba que compartía con Dipper, que era antes el ático que Guinevere odiaba ver durante su juventud cuando visitaba a Ford en sus días libres. En esos tiempos, siempre estaba sucio o lleno de papeles con polvo y ácaros. Ahora lucía tan limpio y juvenil. Ella se sentó en el suelo de la habitación, mientras su sobrina agarraba un peine y gomas de cabello o hebillas.

–Te haré una trenza que vi en un tutorial en Internet –la chica desarmó el cabello de la mujer y cayó cubriendo toda su espalda–. Que largo es ¿Siempre lo tuviste así?

–No, en mi adolescencia lo usaba corto.

–Pues, no se como te habrás visto, pero con el cabello largo luces muy linda –la halagó la chica y empezó a peinarlo, pero su longitud no favorecía el proceso–. Pero la belleza siempre tiene un costo ¿No? –dijo refiriéndose a la complejidad de desenredar los nudos del cabello. Guinevere nunca se había considerado una exuberante belleza, si linda o bonita, pero nada que sobresaliera.

–Desde mi punto de vista, nada es gratis ¡Auch! Cuidado –se quejó sintiendo un tirón muy fuerte.

–Lo siento, nudos, lo arreglaré en seguida –Mabel fue a revisar un cajón suyo con ropas y demás cosas y sacó un rociador que facilitaría la tarea de peinar–. Creo que esto funcionará.

En seguida, reanudó su tarea y desenredó su cabello, durante el proceso de su peinado, la joven se mantuvo callada, algo nada normal en ella.

–Wini –la llamó de repente y sin parar de peinarla. La nombrada hizo un murmullo como señal de que la escuchaba–. ¿Fuiste feliz en tu adolescencia? –preguntó recordando el tema de la época en que usaba su cabello corto.

–Si, claro –Guinevere sabía a que se refería Mabel y entendió en que debía ser cautelosa, ella estaba en una situación muy delicada–. Hubo momentos difíciles, pero la pasé en su mayor parte bien.

–¿Te divertías mucho?

–Tanto como se podía divertir en aquella época, tú sabes, sin Internet y lo demás –bromeó con intenciones de hacerla reír, pero no escuchó ni una carcajada.

–¿Crees que yo podría divertirme y ser feliz?

–Depende de como veas el sentimiento de la felicidad, para algunos la felicidad es poseer y para otros es estar con quienes más amás.

–¡Rayos! Hablas como Dipper o como un filosofo –esta vez Mabel carcajeó y Winibel se sintió contagiada.

–Perdón, tuve clases de filosofía y pedagogía muy avanzadas en la universidad, de no ser por Stanford, no hubiera entendido ni un décimo de mis textos –sin darse cuenta, la mujer había prendido un foco en la cabeza de su sobrina que sonrió maliciosa.

–Hablando del tío Ford ¿Ya lo conocías en la secundaria? –Winibel tragó en seco, esta vez ya no podía escaparse.

–S-si, lo conocí por esa época, aunque no me acuerdo mucho de nuestra relación en esos tiempos– por supuesto que mentiría, no tenía otra opción. Ella recordaba la mayoría de los momentos que pasaron juntos, pero no le contaría a Mabel que él una vez fue su maestro en secundaria, que escándalo.

–¿Lo conociste por la secundaria? ¿Conociste a tu alma gemela en la secundaria? Entonces, puede haber esperanza para mi –suspiró la chica con brillo en sus ojos–. ¿Ambos pasaban mucho tiempo juntos como buenos amigos?

–Él era algo mayor que yo, por lo que no era muy posible estar tiempo juntos –respondió como mejor podía

Y así lo que quedaba de la tarde, se la pasó contestando las preguntas incómodas de Mabel tratando de eludir el tema sobre su edad y posición con respecto a la de Stanford y cambiando la ruta de conversación a otros asuntos, como los distintos romances de Mabel. Parecían dos viejas amigas hablando sobre viejos amores. Al final, después de jugar mucho con su cabello experimentando nuevas formas de peinado, Mabel se decidió por hacerle una trenza invertida con su rodete clásico.

–¡Te ves maravillosa, Wini! –la felicitó la joven con un espejo en mano. El peinado quedó precioso y se acentuaba bien.

–Gracias, Mabel –dio un vistazo rápido por la ventana y se dio cuenta lo tarde que era–. No falta mucho para la puesta del sol –murmuró recordando que ya era un poco tarde cuando había vuelto con Soos, como era verano el sol todavía se distinguía en el horizonte–. será mejor que me vaya, quiero estar en casa antes de que anochezca.

–Pero dijiste que no tenías quehaceres.

–La verdad es que Bill me tiene preocupada, mi casa también tiene un campo de protección como la cabaña, por lo que estaré bien.

–Aquí también estarás bien ¿No quieres quedarte hasta que vuelvan Dipper y Ford? Estoy segura que al tío Ford le encantará tu nuevo peinado –la profesora rio entre dientes ante ese último comentario.

–No te preocupes, otro día podremos estar todos juntos y me harás un peinado igual de bonito. Mientras tanto, si quieres puedes tomarme una foto con mi celular.

Mabel asintió entusiasmada y agarró el aparato. Notó que era un poco viejo y no tenía mucha iluminación, pero de todas formas pudo tomar una foto decente.

–Cuando el tío Ford tenga un propio celular podrás enviarle la foto –y dicho esto, desvió su vista a una cámara vieja de polaroid. Ella dejó el celular a un lado y tomó la cámara–. ¿Podría dejarte tomar otra foto para mi álbum? –interrogó con otro nuevo entusiasmo. Winibel aceptó su propuesta y en menos de un minuto tenía la chica una foto de su cara y su peinado trenzado–. Si, la iluminación fue perfecta–, comentó analizando la foto por si no hubiera quedado bien–, ahora mismo la guardaré.

La despedida de ambas fue amena, antes de marcharse, la mujer se aseguró de que Mabel estuviera alegre y de buen humor, concluyó en que estaría bien cuando vio que la chica se divertía viendo el álbum de fotos del verano.

Cuando estaba a punto de retirarse de la cabaña, otra vez, alguien la detuvo.

–¿Ya te vas? Creí que querías ver a mi hermano, digo, ahora que están en buenos términos –murmuró Stan bebiendo una soda al lado de la máquina expendedora que conducía al sótano y de ahí al portal.

–No, no quiero esperar mucho. Estoy segura que tardará demasiado, solía quedarme mucho tiempo sola en la cabaña cuando él hacía sus expediciones.

–¿Y que hacías mientras lo esperabas?

–Limpiaba o le cocinaba –Stan soltó una gran risa que hizo fruncir el ceño a Guinevere.

–Te tenía como su esclava, entonces.

–¿Por qué todos pensaban eso? –dijo recordando cuando su padre opinó algo parecido en la cena que había invitado a Ford–. Como sea, no vine por tu hermano, sino por Mabel. Ve a hablar con ella, creo que se siente desmotivada.

–¿Desmotivada? ¿Ella? ¿La chica que hace sus propios jugos para animarse?

–Tuvimos algunas charlas y llegué a la conclusión que... pues... creo que está atemorizada.

–¿Mabel? ¿Temer a algo? Oye Wini, estamos hablando de mi loca sobrina que logra congeniar con cualquiera en menos de cinco minutos, se hizo amiga del chico de las pizza muy rápido.

–Hoy me dijo que tuvo una conversación con Wendy sobre la secundaria y eso le causó mucho temor y aflicción. Habla con ella Stan, estoy seguro que la entenderás, ambos se parecen.

Aunque en un principio Stan lucía reacio, decidió por creer en las palabras de ella, después de todo, Guinevere era la "experta en niños" no él.

–De acuerdo, muy bien, hablaré con ella. Por cierto, bonita trenza.

–Gracias, nos vemos mañana –lo despidió y reanudó su caminata.

–¿No quieres que te lleve?

–No, caminaré, estoy segura que estaré bien

El ocaso hacía ver a la ciudad de forma hermosa, casi Gravity Falls podía pasar por un pueblo normal y tranquilo. Durante el trayecto, buscando su celular para saber que hora era, Guinevere comprobó que lo había olvidado en la cabaña, recordó cuando se lo dio a Mabel para que tomara fotos de su peinado y suspiró resignada.

–Oh, no... tendré que volver... otra vez –murmuró casi riendo de su suerte. No importaba como, ni cuando o porqué, siempre regresaba a la cabaña.

Volvió a la trampa para turistas apresurando su paso, tampoco estaba tan lejos, pero quería darse prisa. Estaba por llegar cuando el viento empezó a soplar más fuerte y el cielo se tornó oscuro. Se asombró cuando vislumbró un portal en forma de equis abrirse en el cielo y la tierra tembló, parecido al momento cuando se abrió el portal en el sótano.

Entró en pánico y se apresuró a llegar a la cabaña, tenía que hablar con la única persona que entendía lo que estaba pasando, Stanford.

–¡Ford! ¡Ford! –gritaba más fuerte mientras más se aproximaba a la cabaña, ni siquiera estaba del todo segura si él ya estaba allí, fue un alivio verlo contemplando el cielo tan preocupado como ella– ¡Stanford! –suspiró feliz al verlo.

–¡Wini! ¿Qué haces aquí? No es momento, debo ir por Dipper.

–Vine a la cabaña esta tarde y olvidé algo... y tenía que recogerlo –habló entre cortado por culpa de su respiración agitada. Entonces, cayó en cuenta de lo que dijo de Dipper y él no estaba cerca– ¿Dipper? ¿Dónde está él? Y ¿Qué está pasando? ¿Por qué pasa esto?

–Calmate, calmate –intentó tranquilizarla en vano frotando sus brazos–, él fue a buscar a Mabel. Ella se llevó la mochila con el contenedor de la fisura del tiempo y entonces...

–¿¡Mabel lo destruyó!? –preguntó alarmada.

–Tal vez fue un accidente. Dipper me contó que estaba enojada por la propuesta que le hice.

–¿Qué? ¿Qué propuesta?

–Le hice a Dipper la propuesta que se quedara conmigo para ser mi aprendiz después del verano.

–Espera, espera –pensó en las palabras de Ford y se sintió impactada como enojada– ¿Es... es en serio? ¿Estas consciente de lo que dijiste?

–Pues, si. Sino, no lo hubiera dicho.

–Tu propuesta es, en simples palabras ¡Alejar a Dipper de Mabel!

–¡Claro que no! ¡Solo quería...

–¡Mabel estaba muy deprimida! ¡Yo estuve con ella todo el día! Esperaba que la compañía de Dipper pudiera...

–¡Yo no tengo la culpa de no saber del estado de Mabel!

Guinevere sintió un estallido de rabia, había sentido ese último comentario tan egoísta que olvidó por completo que el weirdmageddon estaba en su auge.

–¡Que idiota! Toda su vida estuvieron juntos... ¡Ah! ¡Debo encontrarla! –gritó por última vez alejándose del científico.

–¡Wini, espera! –la llamó, pero cuando la perdió de vista, Stanford desistió en ir por ella y pensó en que encontrar a Dipper y hablarle sobre su arma para derrotar a Bill sería más importante en ese momento.

Corría, pero estaba perdida, Gravity Falls había cambiado en tan poco tiempo. Parecía un apocalipsis. Cuando ya no pudo correr más, se tiró cansada sobre el pasto y empezó a respirar tan agitada como antes, le costaba inhalar, era como si el aire se hubiese vuelto pesado de repente. ¿Dónde está Mabel? ¿Qué hago ahora? ¿Dónde iré?.

Un gritó interrumpió sus pensamientos, ella se ocultó en un arbusto rápida pero sigilosa y observó. Una persona estaba siendo convertida en piedra por uno de esos ojos voladores. Ahogó un grito, pero tapó su boca, como si el Ojo pudiera escuchar su respiración. La criatura voló cerca de su escondite, Guinevere se recostó bajo las plantas, sin importarle si eso arruinaba su ropa y trató de sosegar su respiración para no ser escuchada. Tuvo suerte, y el Ojo voló sin notarla.

–Debo hallar un escondite –murmuró.

Después de varias horas andando por el bosque, se recostó cansada. No había comido y era muy tarde en la noche. En un montículo de tierra apoyó su cabeza pensando lo que haría mañana. Sabía que en el bosque no la encontrarían con tanta facilidad como podrían en la ciudad, esos ojos irían en donde se concentrara la mayor parte de gente, era irónico que aquel bosque la ayudara cuando tanto lo odió. Tuvo que dormir, casi con un ojo abierto y solía despertarse cada ciertas horas.

Cuando amaneció, sintió mucho hambre y cansancio, a este paso tendría otra migraña o moriría de inanición. Intentó pararse, pero se le dificultaba. Tan bajo estaban sus sentidos que no se percató la proximidad de alguien.

–Señorita Alvedonnia.

Ella respingó e intentó huir, pero tropezó en su intento.

–Espere, señorita Alvedonnia, no se asuste –dijo el individuo. Winibel encaró al recién llegado y vislumbró que estaba encapuchado. Él se quitó la capucha y mostró su identidad–, soy yo, Soos.

–¡Soos! ¡Que alegría encontrar un conocido! –la mujer no dudó un rato y lo abrazó emocionada–¿Qué estas haciendo? ¿Cómo los Ojos no te encontraron?

–Mi abuelita me dijo que vaya a ayudar a los más necesitados y socorro a cuanto encuentro en mi camino. Creo que los Ojos no lograron verme ¿Entiende? –comentó lo último riendo.

–¿Sabes que pasó con Stanley y los demás?

–No tengo idea. Creo que el señor Pines está en la cabaña, si no se transformó en alguna cosa rara como mi abuelita. Se ve usted muy mal.

–No he comido, ni bebido, desde anoche –confesó mientras sentía su estómago rugir.

–Beba un poco –Soos compartió una botella con agua y ella bebió hasta saciarse–. También tengo esto que junté en un almacén abandonado –Soos trajo un típico saco de patatas, pero dentro contenía distintos tipos de alimentos empaquetados dentro suyo.

–¿Qué tienes ahí?

–Pues, lo clásico, panes, latas de conserva, carne seca.

Winibel hizo unos sándwiches de carne seca y los repartió entre ella y Soos. Después de que comieron, ella volvió a interrogar a su amigo para obtener la mayor información posible.

–¿Qué está pasando en la ciudad, Soos?

–En la ciudad hay muchas criaturas raras saliendo desde el raro vórtice que se abrió desde el cielo, algunos parecen querer devorar a la gente, otros solo los convierten en piedra.

Ante tan horrible descripción, la profesora imaginó lo horrible que la gente lo estaba pasando y se compadeció de ellos, e inclusive sintió nauseas, tal vez no había sido tan buena idea comer tan rápido.

–¿Estás seguro que no sabes donde están Dipper, Mabel, Stan y Ford? ¿No los viste en alguna parte en tu búsqueda?

–No, como ya le dije antes, no tengo idea.

Ella bajó la cabeza entristecida y desesperada. Se contentaba con la compañía amena de Soos, de no ser por él, se hubiera rendido ante el cansancio.

–Pero hay una esfera en el cielo que me resulta extraña y me recuerda a Mabel –continuó el hombre. Winibel alzó su cabeza sorprendida.

–¿Qué esfera?

–Venga conmigo, se la mostraré.

El reparador la guió hasta un terreno elevado en lo profundo del bosque. Desde allí podía distinguirse el desastre que Gravity Falls se había convertido, esos horribles Ojos volando por todas partes con demás criaturas y burbujas de locura flotando.

–Esa de allí ¿La ve? –señaló el hombre a una burbuja de color rosado encadenada. Flotaba sobre el puente del pueblo.

–Tiene el dibujo de uno de los suéteres de Mabel.

–Si, por esa razón pensé en ella cuando lo vi.

En ese momento, ella no supo porqué, pero tuvo el presentimiento que tenía que ir allí.

–Soos, quiero pedirte un favor, pero es peligroso y no me enojaré si te niegas.

–¿Qué pasa señorita Alvedonnia?

–¿Me acompañarías hasta ahí, hasta la esfera?

El hombre ajustó su gorra, se encapuchó e hizo una mirada de determinación.

–Por viento y marea, la acompañaré, señorita Alvedonnia ¡No hay montaña muy alta, ni valle tan ancho! –Guinevere sonrió agradecida, pero antes de decir algo, Soos continuó–. Bueno, en realidad si hay un valle muy ancho. La mejor forma de llegar sin atravesar todo el peligro es rodeando el pueblo, y eso nos tomará todo el día a pie –ella suspiró y miró con pena sus piernas cansadas.

–Entonces, empecemos ahora.

Fue tal y como dijo Soos, caminaron largo tiempo y sin embargo, a penas sentían que estaban cerca, pero no podían rendirse. De vez en cuando descansaban y se turnaban para cargar el saco de comidas, estaba pesado, pero esa era bueno, significaba que los víveres podían durarle para más tiempo. En un momento, ella escuchó un aleteó acercarse y supo que era.

–¡Cuidado! –alertó a su compañero y ambos se escondieron detrás de un árbol distinto.

Cuando el aleteó desapareció, salieron y prosiguieron con el camino.

–Además de los ojos y los monstruos del vórtice, también están esas burbujas ¿No? –preguntó Winibel en voz baja. Él asintió en silencio–. ¿Qué es lo que hacen?

–No se con exactitud, se les llama burbujas de rareza o de locura, una de ellas convirtió a mi abuelita en un sofá.

–Bien, creo que con eso se explica casi todo –acotó mostrando una mirada estupefacta.

Aunque debían rodear casi al extremo de la ciudad, estaban demasiado cerca del pueblo y era inevitable presenciar a lo lejos uno que otro monstruo haciendo de las suyas por Gravity Falls. Era un momento en que debían ser precavidos, pero los gritos de unas niñas llamaron la atención de los dos.

–¡Vino de por allí! –llamó Soos y corrió hacía los gritos.

Si bien la supervivencia era lo primero, no podían hacer caso omiso a algunos pedidos de ayuda. Una extraña cabeza con un brazo parecía atacar a alguien en un rincón.

–Oh, vamos entren en mi boca ¿Por qué la gente es tan necia? –pedía la criatura.

Guinevere agarró un fierro que yacía en el suelo y golpeó con eso al monstruo, Soos lo atacó con el saco.

–¡Oigan! –gritó la cabeza y volteó usando su brazo a ellos–. ¡Eso fue muy descortés!

En ese momento, los dos distinguieron a las dueñas de las voces, eran Candy, Grenda y Pacífica, estaban arrinconadas y temblando.

–¿Profesora Alvedonnia? –alcanzó a preguntar Grenda cuando la reconoció.

–¡Corran chicas! –ella les gritó mientras Soos mantenía ocupado al monstruo peleando con él.

Las chicas hicieron caso y se alejaron del lugar. Luego de otro golpe, ellos también pudieron huir, después de todo, la cabeza se movía muy lento con un único brazo.

–¿A dónde fueron? ¿Por qué nadie quiere meterse a mi boca? –preguntó buscando a su alrededor a las personas que lo golpearon.

Soos, Guinevere junto a las niñas se escondieron detrás de unos escombros y presenciaron a la cabeza alejarse de allí. Cuando no estaba a la vista, los cincos exhalaron aliviados.

–Profesora, ¿Qué está haciendo aquí... y con Soos? –preguntó Candy.

–Hola niñas –saludó el hombre con su usual sonrisa.

–¿Vieron a Mabel? –Winibel preguntó sabiendo la buena amistad que la chica mantenía con ellas.

–No, nos separamos de nuestras familias en poco tiempo y hace no mucho que estamos las tres juntas –explicó Grenda.

–Escuchamos a unos gnomos decir que había un escondite cerca de la cabaña del misterio, nos dirigíamos hacía allí ahora mismo –siguió Candy.

Pacífica, por su parte, no dijo nada y frotaba sus brazos adolorida con la cabeza gacha.

–La cabaña está por allí –señaló Soos a la dirección opuesta. Aun con la gran parte de la ciudad hecha escombros, podía recordar el camino a la perfección.

–Gracias por la indicación ¿Ustedes a dónde van? –preguntó la chica de anteojos.

–Estamos buscando a Dipper, Mabel, Stan y Ford. Pensamos que la burbuja nos de un indicio de donde puede estar Mabel –respondió Winibel.

–Y también ayudamos a cuanto podemos como forajidos, tal vez escriban canciones de nosotros.

El ruido de un estomago rugir interrumpió la perorata de Soos. Las dos chicas voltearon hacía Pacifica, quien apretó su panza avergonzada.

–Hace mucho... que no como –solo se limitó a responder la rubia en un hilo de voz.

Guinevere se compadeció de la Northwest heredera. Podía ser rica, pero era inevitable no sentirle lástima en ese estado deplorable, sobretodo por su ropa, estaba tan sucia y arruinada.

–Tengan esto –habló Soos y les dio el saco–, si van a un refugio, lo mejor será almacenar cuanta comida puedan. No se preocupe señorita Alvedonnia, acabo de guardar un poco de comida en en mis ropas –la tranquilizó cuando vio la cara de la profesora alarmada. No es que no quería darle de comer a las chicas, pero necesitaban alimento para lo que quedaba del viaje–, también suelo masticar mi gorra cuando tengo hambre –y señaló la parte masticada de su atuendo.

–¡Muchas gracia, señor Ramiréz! –agradeció Grenda que gracias a sus fuertes brazos podía cargar el saco sin problemas.

–Podríamos acompañarlas un tramo –sugirió Guinevere a su acompañante–, hasta que estemos seguros que ellas estarán a salvo.

Soos estuvo de acuerdo y acompañaron a las tres chicas un largo rato. Cuando el camino se veía seguro y el sendero que conducía a la cabaña no estaba muy lejos, las dejaron solas, no sin antes dejarle el fierro para defenderse, solo por si acaso.

Entonces, volvieron a ponerse en marcha los dos. De vez en cuando ayudaban a alguien en el camino y les indicaban donde estaban los lugares más seguros o donde los Ojos no podrían localizarlos. Cuando llegó la noche, se refugiaron en una casa abandonada firme y con techo, allí no podrían encontrarlos.

A la mañana siguiente, después de almorzar, siguieron el camino, ya no estaban muy lejos.

Llegaron a una cima elevada, peligrosa, pero sin Ojos murciélagos a la vista. Eso era un alivio y un respiro después de esos dos días. Estaban en el tercer día del weirdmageddon.

–¿Qué es eso? –preguntó Guinevere cuando vio en el horizonte algo aproximarse.

–Esas son las burbujas, parece que hay todo un campo por aquí ¡Ah! Y ese es el sujeto que golpeamos para salvar a las chicas.

–No, eso –negó apuntando más lejos–. ¡Eso!

A lo lejos un auto venía a toda velocidad, pero un acantilado los separaba a ellos del vehículo.

–Quien quiera que esté conduciendo con intenciones de saltar eso, seguro tuvo un muy mal día –comentó el reparador presenciando como el auto saltó y terminó destrozado y volteado boca arriba en el otro lado del acantilado.

–Vamos, debemos ayudarlos –dijo ella, pero él ya se había adelantado a socorrer a los extraños.

Una persona salió de la ventana del auto arrastrándose, justo cuando Soos se inclinó delante suyo y sonrió extendiendo su mano, era Dipper.

–Hola, Dipper ¿Cómo estas? –saludó.

–¡Soos! –exclamó alegre el preadolescente.

–¿Soos? –preguntó adolorida Wendy, saliendo del auto también.

–El técnico repara-todo del apocalipsis a su servicio –dijo moviendo su gorra.

–¡Dipper! ¡Wendy! –llamó Guinevere llegando.

–¡Winibel! ¿Tú también estás aquí? –preguntó tan asombrado Dipper como cuando vio a Soos.

–¿Profesora? –la reconoció Wendy, aun con un ojo morado.

–Pero ¿Cómo lograron...? ¿Dónde... –todas las preguntas de Dipper quedaron en el aire impresionado.

–Anduvimos la señorita Alvedonnia y yo vagando como forajidos por estos paramos ayudando a extraños. Creo que hay algunas canciones folclóricas sobre nosotros ahora –explicó atendiendo el brazo de Wendy que no lucía bien.

–Estuve acompañando a Soos buscando a tu hermana, tus tíos y a ti–continuó la mujer.

–Mabel está en la burbuja, según lo que me dijo Gideon. Bill la tiene prisionera –informó el chico–, creo que el tío Stan está en la cabaña, si no lo petrificaron como al tío Ford...

–¡¿Qué?! –gritó preguntando su interlocutora con los ojos por humedecerse. Estaba empezando a arrepentirse de todo lo dicho a Ford antes de separarse, e inclusive le había dicho idiota.

–Bill lo petrificó él mismo, lo más seguro es que lo tiene en la pirámide –señaló el chico al gran prisma triangular flotante.

–¿Creés que él pueda... despetrificarse? –habló bajo y con cierta angustia en su voz. El chico bajó la vista dubitativo.

–No lo sé, pero deberemos encontrar una forma de llegar a él. Me dijo que hay una manera de derrotar a Bill que solo él sabe.

–La buena noticia es que tu brazo está bien –informó Soos en voz alta sonriendo a Wendy.

–¿Y cuál es la mala noticia? –preguntó Dipper poniéndose su gorra que se le había caído en el salto.

–Que estamos rodeados –dijo Winibel cuando se percató de todos los autos de los secuaces de Gideon alrededor.

El pequeño vidente apareció en el medio con el vehículo más grande de todos.

–Me atrevo a decir que por un segundo, casi me ganaron. Pero ¡Este no es más su Gravity Falls! Aquí yo gano –Gideon hizo un aplauso y le entregaron en manos un cuerno. Él sopló por este y provocó un sonido de llamada–. Los murciélagos de Bill estarán aquí en cualquier momento para llevárselos a todos ¡Mabel es mía ahora! –él chico rio, pero Dipper solo mantenía su vista en una llave con el dibujo de una estrella fugaz.

–¿Lo es? –preguntó el Pines. Gideon se mostró sorprendido pensando en lo estúpida que sonaba para él esa pregunta.

–Bueno, si. La atrapé, por lo tanto, Mabel es mía.

–¡Gideon, escuchame! Si aprendí algo este verano es que tú no puedes forzar a alguien a quien te ame –entonces, dio una rápida mirada a Wendy herida y atendida por los dos rescatadores–, lo mejor que puedes hacer es esforzarte por ser alguien digno de amar –concluyó con sabiduría Dipper.

Las palabras del joven Pines tenían sentido, pero no para alguien tan irracional como Gideon que replicó al instante.

–¡Soy digno de amar! Estos prisioneros me aman.

Ellos vitorearon ante su mención, pero Dipper prosiguió de todas formas.

–¡Pero Mabel no! Porque eres egoísta, pero puedes cambiar. Bill piensa que no hay héroes en este mundo, pero si trabajamos juntos y luchamos podemos derrotarlo –los prisioneros se vieron casi persuadidos por el discurso del chico–. ¿Quieres ser el héroe de Mabel? Enfrenta a Bill y déjanos salvarla.

–¡Eso es una locura! ¿Sabés lo que me haría Bill si eso pasa? –objetó Gideon, en su voz se leía un cierto temor.

–¿Le temes a Bill? –preguntó uno de los prisioneros, Ghost-eyes, a su líder. El chico de cabellos blancos tembló y tartamudeó.

–¡N-no! Yo so-solo... ¡Es una situación complicada!

–Mira en tu interior Gideon –continuó Dipper–. Si todo esto es por Mabel, entonces, preguntate a ti mismo ¿Qué querría ella que tú hicieras?

Gideon se tomó unos segundos para pensarlo y su rostro, antes decidido y tiránico, se había vuelto frágil y angustioso.

–Dipper... ¿Le contarás lo que hice?

–Por supuesto que si –afirmó sin dudar.

–Espero que estés en lo cierto sobre esto –Dipper dirigió una mirada sobre sus tres amigos de incertidumbre por lo que seguiría, nada bueno se podía esperar de Gideon–. ¡Chicos, nuevo plan! Los secuaces de Bill vendrán a nosotros en segundos. Pero no voy a dejar que ese estúpido triángulo sea mi controlador ¡¿Están listos para una pelea de presidiarios a la antigua?!

Entonces, todo se había volteado en un segundo. Los reclusos apoyaron la idea de Gideon, pues le parecía más divertido pelear con un Dios del caos que con niños.

–¡Hagámoslo! –gritó el chico de cabellos blancos.

–¡Esperen! –llamó Guinevere que escuchó todo y entendió la situación en poco tiempo–. ¿Piensan ir a combatir directamente contra Bill?

–Ah, pues si –respondió como si fuera obvio Ghost-eyes.

Ella se dirigió a Dipper y los demás, y les habló con una sonrisa tranquila.

–Irán a la pirámide, debo ir con ellos –los tres reaccionaron casi respingando de impresión.

–¿Qué? ¿Estás segura? –preguntó Soos–, son convictos.

–No es lugar para una maestra y consejera escolar –acotó Wendy.

–Winibel, Mabel está... –pero Dipper fue cortado por ella.

–Yo deseaba saber donde estaban cada uno de ustedes y tener la seguridad de que se encontraban a salvo. Ahora que sé donde está Mabel, estoy segura que no estará en peligro si tú estás a su lado –dijo sin dejar de sonreír y echó un vistazo a la burbuja que no estaba muy lejos. Luego cambió su visión a la pirámide flotante–. Si Bill tiene prisionero a Ford, lo más seguro es que estén allí y tenemos que saber cuanto antes la forma de derrotarlo.

–Pero, Wini ¡Estamos hablando de Bill! ¿Estás segura de esto? –siguió preguntando Dipper. Ella borró su sonrisa y negó con la cabeza.

–No, siendo sincera, no lo estoy. No sé a lo que me enfrentaré y sé que no será fácil. Pero... –ella recordó con nostalgia cuando en su adolescencia la encerraron en un cobertizo de la azotea del colegio o cuando los gnomos la secuestraron dos veces y al final terminó en medio de la oscuridad del bosque, o cuando el Gremloblin la atacó y la sumergió en trance. Ford había estado ahí para salvarla, siempre–. Tu tío me salvó muchas veces en el pasado y siento que es hora de que le devuelva el favor. Yo iré por él, suerte con tu hermana.

Dipper, Wendy y Soos respondieron con una sonrisa de comprensión y entendieron que debían dejar a la mujer marchar.

–También suerte, Wini. Y perdón por no haber confiado en ti en casi todo el verano –dijo y se disculpó Dipper.

–Es normal, Ford tal vez hubiese hecho lo mismo. Ustedes dos son tan parecidos.

Dipper sonrió con brillo en sus ojos, le encantaba que lo compararan con su tío abuelo favorito. La mujer se dirigió a Gideon y su grupo de reclusos.

–Es un gusto, Gideon Gleeful –se presentó de una forma cortés en una corta reverencia–. Necesito un aventón hasta la pirámide, debo ir a reclamar algo a Bill Cipher. Seguro sabe quien soy.

–Si, la profesora y consejera de la primaria y secundaria de Gravity Falls –la reconoció el chico durante sus años escolares, Gideon meditó sobre el pedido de Guinevere y no encontró razón para objetar–, bien, supongo que hay espacio para uno más ¿No, Ghost-eyes?

El recluso asintió y dejó un espacio en el asiento trasero del transporte. Los autos se pusieron en marcha a donde los ojos murciélagos volaban. Winibel despidió moviendo su mano a sus amigos, pero ellos tenían su objetivo y ella el suyo.

–Recuérdeme otra vez, profesora ¿Por qué razón debe ir a la pirámide de Bill? –cuestionó Gideon en el camino.

–Tengo que rescatar a Stanford Pines –contestó ella sin apartar sus ojos del camino.

–¿A ese viejo decrépito de la cabaña del misterio? ¿Para que haría eso?

–No ese "Stanford Pines". El dueño de la cabaña se llama Stanley Pines y es hermano del verdadero Stanford, quien estuvo atrapado en dimensiones todo este tiempo y fue acechado por Bill. Él es el creador de los diarios –resumió de la mejor forma la historia.

–¡Espera! ¡¿Qué?! ¿Es enserio? ¿Fue un estafador hasta con su identidad? –preguntó Gideon impresionado del asunto, pero algo más llamó su atención de todo lo que dijo Winibel–. ¡¿Él es el verdadero creador de los diarios?! ¡Oh, cielos! ¡Debo conocerlo! –exclamó admirado. Tuvo largo tiempo en su posesión el diario 2 y todavía guardaba una hoja. Guinevere pensó que la reacción de Gideon se parecía mucho a la de Dipper cuando también supo la verdad.

–¡Ojos a la vista! –alarmó un presidiario.

Los ojos lanzaron sus rayos para petrificarlos, lo lograron con algunos, pero otros que eran bien fieros se lanzaron al combate con sus propias armas. Aquello parecía una pelea de ciencia ficción mezclada con la magia de la fantasía. Gideon sabía liderar muy bien a ese grupo de presos.

Pero como el objetivo no era pelear contra los murciélagos, sino llegar a Bill, la pandilla de Gideon esquivó a la mayoría y conducieron a la pirámide. Pasó largo tiempo para que uno de los secuaces de Bill apareciera, el tipo parecía un candado.

–¡Keyhole al frente! –avisó Ghost-eye.

–Bill ya debió habernos descubierto –pudo darse cuenta el chico de cabellos blanco.

–Pero no es demasiado tarde para pelear –gruñó el ex-preso con esmero. Pero un ejercito de murciélagos apareció junto a Keyhole–. O tal vez si es demasiado tarde para pelear. Es curioso como las cosas pueden darse la vuelta en un segundo.

–¡No es momento de filosofar! –interrumpió Gideon atemorizado.

Fue en vano pelear, los detuvieron a pocos kilómetros de la pirámide, confiscaron sus autos y camiones y aunque Gideon había planeado pelear contra Bill para que Mabel lo admirara, estaba empezando a arrepentirse. Eran presos y volvían como presos a la siniestra mansión de Bill.

Los condujeron por la llamada "Miedorámide". Guinevere admiró al prisma por dentro, no era en nada a lo que se imaginaba, ese lugar parecía más una discoteca que un calabozo de terror. Bill estaba sentado en un trono que a simple vista lucía hecho de piedra, pero mirando más de cerca, uno podía distinguir las figuras de la mayoría de habitantes de Gravity Falls.

–Aquí está Gideon Gleeful, como lo ordenaste, Bill –llamó Keyhole. El triángulo, que antes parecía entretenido sosteniendo algo dorado entre sus manos, volvió su atención a sus prisioneros.

–Gracias, Keyhole, tomate el día libre como acordamos –la criatura gritó jubiloso y se unió a los otros monstruos haciendo girar a un humano de piedra–. Vaya, Gideon y yo que te creí lo bastante cobarde como para rebelarte contra mi. Ese niño pino debió afectarte –comentó riéndose.

–¡No eres mi guardián, Bill! –contestó el chico, incluso atemorizado, no se iba a dejar controlar por el triángulo– ¡Ya nadie lo es desde que somos libres!

Los presidiarios profirieron contra Bill insultos y si no estuvieran custodiados y rodeados por los compañeros de Bill, tal vez estarían destruyendo el lugar.

–Si, muy inspiradoras palabras –dijo en tono sarcástico dando aplausos lentos–. Pero la libertad tiene siempre un precio ¿No? –se burló el triángulo.

Bill empezó a convertir uno por uno en piedra con su ojo. Cada nueva figura iba a formar parte de su trono, cuando estaba a punto de terminar con todos y decidir el castigo de Gideon, notó que alguien intentaba huir, retrocediendo y tratándose de ocultar.

–¿A dónde vas tú? –señaló a ese cobarde y en un chasquido de dedos lo trajo levitando frente suyo. Cuando reconoció de quien se trataba, el triángulo abrió su único ojo más amplío de lo normal– ¡Oh! ¡Pero! Reina de Camelot, no esperaba encontrarte entre esos hombres –dijo con sorna Bill y la dejó caer al lado del chico de cabellos blancos.

Tal vez no tuviera una boca, pero Guinevere podía sentir que él estaba sonriendo a través de su ojo.

–¿Conoces a Bill? –le preguntó susurrando Gideon a la mujer. Antes de que ella tuviera oportunidad de responder, Bill rio.

–¡Claro que si! Guinevere Alvedonnia, tiene una mente muy revuelta. Dime ¿Ya pusiste tus pensamientos en orden? –él volvió a reír, pero Winibel no lo oía, solo buscaba con su mirada en el trono a Ford–. Antes de convertirte en parte de mi trono de agonía, quisiera escuchar las razones de porqué estás aquí.

–¿Para qué quieres saberlo? –preguntó a la defensiva.

–Es lo que hacen los chicos malos ¿No? Conocer los motivos de los héroes y reírse de ello.

Ella bajó su vista por una rato, meditándose en decir la verdad o no. Bill era muy listo, se daría cuenta en cualquier momento, no valdría la pena mentir.

–Vine a buscar a Ford –respondió en voz alta y alzando su cabeza, aunque sentía a su cuerpo temblando, no mostraría debilidad.

–¡Ja! ¿La reina vino a buscar a su príncipe? Se nota que estamos en otro siglo, si ahora son las mujeres quienes deben rescatar a los hombres ¡Que cambio! –la figura triangular flotó y encogió su tamaño delante de Winibel, como solía hacerlo en sus sueños, empezó a volar a su alrededor–. Es bueno tener un cambio de vez en cuando ¿Sabes? Pero a diferencia de los cuentos ¡Tú fracasaste!

–No, aún no, porque no estoy sola. Si yo no puedo, Dipper rescatará a Mabel y los dos vendrán a terminar el trabajo.

–No lo creo, mi reina –negó Bill y volvió a ser enorme para intimidar a sus dos invitados humanos que quedaban conscientes todavía–. La burbuja de Mabel es un círculo infinito de tentaciones. Nadie que no tenga una voluntad de hierro puede romperla ¡Soy un genio creando cosas! Mira este trono, lo llamo el Trono de Agonía Humana Congelada ¿Dónde te gustaría formar parte... –pero fue interrumpido por Robbie Valentino que estaba descongelándose.

–¿Qué... qué...? –murmuró el adolescente, pero Bill lo petrificó al instante.

–Vuelve a dormir, niño.

–Tu trono es inestable –se dio cuenta Winibel–, ¡Las personas pueden volver a su anterior estado!

–Claro que no, al menos que alguien mueva al alcalde Tyler, el humano sostenedor, de su lugar. ¡Ups! Creo que hablé demasiado. Será mejor que aplique los castigos.

Bill hizo otro chasquido de dedos y Gideon flotó enfrente de él. Un bello atuendo muy elegante, aunque ridículo, atavío al pequeño vidente y de pronto, se vio atrapado en una jaula.

–Bailarás para mi toda la eternidad, hará lo que mejor sabes hacer ¡Ser lindo!

La criatura triangular admiró su creación complacido e ignoró las quejas e insultos de Gideon. Luego volteó a Guinevere. Ella estaba cabizbaja, se sentía derrotada y preocupada por Dipper, Wendy, Soos y Mabel. Si era cierto lo que Bill había dicho de la burbuja, ellos nunca saldrían y el Weirdmageddon duraría para siempre y también temía por su vida. Si podía hacer bailar para siempre a Gideon y a la gente transformarla en piedra, quien sabe que podría hacerle a ella

–Ahora tu turno, reina. –Se aproximó a ella y apuntó su dedo gigante contra su cabeza–. ¿Qué podría hacerte? Tal vez clavarte un clavo en la cabeza, como en los viejos tiempos –los secuaces de Bill reían pensando en lo emocionante que sería ver eso en un humano–, o formar parte de mi trono o algo más... original.

Por más que Bill hablaba sin cesar, ella no lo escuchaba, pensaba en Stanford, como lamentaba esas últimas palabras que le dijo. Deseaba encontrarlo, verlo una última vez.

–Tal vez algo rápido y divertido –sugirió Bill a si mismo. Entonces, sin apartarle su único y siniestro ojo de encima, le apuntó con su dedo las llamas azules de su poder. Ahora recordaba como había llegado a esa situación– ¿Unas últimas palabras?

–Todavía no he pensado en algo coherente –susurró Guinevere.

–¡Ja, ja, ja! Humor de analepsis, muy bien usado, acabas de romper la cuarta pared, Wini.

Ella no entendió a que pared se refería, pero si esa iba a ser la última vez que hablara, sería mejor morir diciendo algo coherente, pero nada se le ocurrió.

–Bien si no dirás, nada, entonces... –ella cerró los ojos esperando lo peor. Bill estaba a punto de llevar a cabo sus maliciosos propósitos, cuando paró en un instante. Parecía que había recordado algo–. ¡Oh! Ahora sé para que me podrías ser de utilidad.

–¿Qué? –ella parpadeó rápido y sintió un pequeño pedazo de esperanza para seguir viviendo.

–Será mejor que descanses por ahora, antes de que te necesite.

Bill chasqueó, pero con otras intenciones. Pronto, Guinevere sintió un raro peso en su mente y cuerpo.


Vi en un lugar de Tumblr que Gideon reaccionaría como Dipper si conociera al autor de los diarios y no pude no hacer esa reacción en él, fue divertido. Creo que me gustó escribir este capítulo porque hice interactuar a Guinevere con más personajes en la serie, además de que quería escribir a ella en otros momentos que no salen en la serie para poner otro punto de vista e imaginar cosas que no vimos.