apareciSonic Life

¡Hello! Aquí estoy de regreso con un nuevo capítulo. Aviso de antemano que a partir de ahora, no podrá actualizar tan rápido como antes. Han pasado muchas cosas, y ahora no puedo escribir tanto como desearía, y cuando tengo tiempos libres, no tengo tranquilidad en absoluto. Es molesto, pero he decidido adaptarme a ello para continuar con uno de los pasatiempos que más amo. Además, esta historia requiere mucha dedicación XD. Pues sin más, los dejaré con el capítulo. Que lo disfruten, y nos leemos más tarde.

Chapter 25: Pequeña competencia.

–¡Arriba ustedes dos! Todavía tenemos mucho que explorar. –Les apresuró un enérgico Knuckles a sus dos compañeros, levantándolos bruscamente de las ramas de los árboles donde dormían. –¡Venga, muévanse!

–Knuckie, que tú tengas tantas ganas de buscar bajo cada piedra de las Blue Islands, no todos estamos acostumbrados a madrugar. –Se quejó Sonic, levantándose del suelo donde Knuckles lo había lanzado a él y a un soñoliento Tails, quien bostezó sin protestar.

–Prometieron ayudarme a reunir de nuevo todos los fragmentos de la Esmeralda Maestra, y deben cumplir su juramento con su vida. –Replicó Knuckles, con una imborrable sonrisa entusiasta. –¡Vamos! El último será quien nos arrastre de regreso.

–¿Arrastrar? –Moduló Tails, sobresaltándose.

–Pues… pasaremos el día entero investigando cientos de lugares, y puede que parte de la noche. –Señaló Knuckles, empezando a caminar, sosteniendo firmemente el fragmento de la Esmeralda Maestra que habían encontrado el día anterior. Su primer trozo de aquella majestuosa gema. –Probablemente terminaremos hecho polvo.

Tails soltó un quejido ante esa aclaración, mientras que Sonic frunció el ceño.

–Estoy empezando a replantear la idea de ayudarte con este trabajito.

–Muy tarde. Ahora, ¡vámonos!

Básicamente empujándolos, Knuckles arrastró a sus dos perezosos aliados en esta loca búsqueda que habían iniciado hace unas pocas horas…

La mañana empezó radiante, con el sol iluminando desde lo alto con un brillo cálido, con pocas nubes que lo acompañaban en lo alto del cielo. Los tres coloridos personajes recorrieron grandes llanuras, praderas y bosques, cascadas, montañas y cuevas, sin encontrar algún rastro de aquellos valiosos cristales que con tanto esmero buscaban encontrar.

Tails y Sonic seguían a Knuckles a regañadientes, más que todo el erizo azul, quien se quejaba a menudo diciendo que no habían descansado durante tres horas, pero el equidna rojo, inusualmente enérgico, les recordaba que le habían prometido ayudarlo a toda costa con esta misión, que apenas había iniciado.

Con obligada resignación, el zorro y el erizo siguieron a su reciente compañero hasta las entrañas de Green Hill, buscando tener más suerte en el sector central de éste…

–¿A que es hermoso, Cream? ¡Apuesto que a Sonic le gustará!

En un tranquilo sendero de aquel espeso bosque, dos chicas paseaban, charlando animadamente. Amy sostenía sobre sus manos cierto objeto verde y brillante, que recién había encontrado esa misma mañana.

–¡Será el regalo de amor perfecto! –Aseguró la eriza, alzando su obsequio: un pequeño fragmento de cristal verde, que brillaba con destellos mágicos.

–No lo sé, Amy… –Refutó Cream, no muy segura. –¿Crees que al señor Sonic le gusten las joyas?

–A todos les gustan las joyas, más que todo cuando brillan con tanta belleza. –Alegó la eriza, confiada, perdiendo sus ojos verdes en el diamante que sujetaba con firmeza, con una mirada un tanto soñadora. –Cuanto te encuentre de nuevo, mi Sonic, ¡no podrás resistirte a mí! Rápido, volvamos a casa para prepararme. Debo lucir preciosa si me encuentro con Sonic de nuevo.

–Vale… –Cream suspiró. Aunque se alegraba por Amy, desde que conoció a la Ráfaga Azul en persona, se había vuelto un tanto rara al respecto. No solía hablar de otra cosa que no fuese Sonic, y soñaba despierta una y otra vez, ilusionándose con volverlo a ver.

Esos cambios no le parecieron malos al instante, pero con el tiempo, se habían vuelto un poco molestos.

Pero, con miedo al enfadar a su amiga si abría la boca, la pequeña la siguió de regreso a su hogar, con el pequeño Cheese siguiéndola de cerca, quien, al parecer, se sentía muy atraído por el premio del cual la eriza se veía tan feliz…

–De acuerdo, Knuckles. Ya no haremos esto. –Sentenció Sonic, luego de casi medio día de buscar hasta por debajo de las piedras algún indicio de los fragmentos de la Esmeralda Maestra. –Han pasado horas, y ni siquiera hemos desayunado. Sé que esto es importante para ti, ¿pero podrías tomarte esta búsqueda con más calma, por favor?

–Estoy de acuerdo con Sonic. Estos días han sido muuuuy ajetreados para nosotros. Recién ayer escapábamos de la nave de Eggman en la que habíamos sido encerrados, y evitamos morir ahogados en Emerald Ocean de suerte. Deberíamos tomarnos al menos un respiro.

–Sin mencionar que Eggman podría atacarnos en cualquier momento. No debe estar muy feliz de que derribáramos su fábrica volante. De seguro vendrá por venganza pronto, y debemos estar preparados.

–¿Decían algo? –Inquirió Knuckles, quien perdía su mirada hacia el horizonte, concentrado.

–Knuckles…

–No importa. Ahora no es importante… –Le calló el equidna, cerrando los ojos. –Creo que siento algo… ¡Sí! ¡Estoy muy seguro de que es un fragmento de la Esmeralda Maestra!

–¡Eso dijiste las últimas siete horas! –Bramó Sonic, perdiendo la paciencia. –Bien, ve tú entonces. Nosotros volveremos a la cabaña. Avísanos cuando te tranquilices con esto de la "búsqueda de los fragmentos" o lo que sea.

–¡Oye! ¡Dijeron que iban a ayudarme!

–Dijimos eso, pero no por siempre. Tenemos otras cosas que hacer.

–Y quisiera iniciar la reconstrucción del Tornado en cuanto antes. –Añadió Tails, algo nervioso por desafiar al temperamental equidna.

Knuckles los encaró con los puños cerrados y una aterradora expresión enfurecida. Tails dio un paso atrás y Sonic frunció el ceño, pero bajaron la guardia cuando Knuckles solo les dio la espalda y se cruzó de brazos.

–Siempre supe que no podría contar con ustedes para nada. –Bufó el equidna, alejándose en la dirección que había indicado. –Nunca puedo contar con nadie.

–¡Espera, Knuckles! –Tails intentó detenerlo, pero el rojo ya se había ido, perdiédose rápidamente entre la espesura del bosque…

–Olvídalo, Tails. –Le indicó Sonic, serio. –Si desea nuestra ayuda de nuevo, él volverá.

–Pero no lo hará. –Replicó Tails, preocupado. Sonic volvió su mirada hacia él con impaciencia, pero respiró profundamente al ver el rostro preocupado y algo angustiado de su mejor amigo.

–No te preocupes por ese cabeza hueca. –El erizo azul le regaló una de sus sonrisas más radiantes, una muestra de que todo saldría bien, como solía hacer para animarlo. –Él puede cuidarse solo. Por ahora, concentrémonos en comer algo. ¡Muero de hambre!

El erizo le tendió la mano al zorro, quien, algo indeciso, volvió a mirar hacia la dirección en la que Knuckles se había ido.

–Bien, esperemos a ver qué sucede. –Tails suspiró pesadamente, aunque luego esbozó una triste sonrisa. –Creo que tenía algo de comida en la alacena. ¿Vamos a ver?

–¡Mi estómago lo suplica! –Rió el erizo, estrechando la mano del zorro. En un instante después, ambos se habían marchado.

–Ese dúo de ineptos… irresponsables buenos para nada. No me interesa si no tienen ganas de ayudarme. No los necesito, nunca necesité a nadie. Soy solitario, y eficiente por mí mismo. Encontraré cada uno de esos dichosos fragmentos de la Esmeralda Maestra, y todo volverá a la normalidad. Mi isla, mi castillo, mi gema, mi soledad y yo. –Decía para sí mismo aquel rabioso equidna rojo, quien caminaba furiosamente a través del bosque, presintiendo la energía que irradiaba el fragmento de la Esmeralda Maestra, cerca de ahí.

Vio en su mano, observando brillar el único trozo de su querida piedra que poseía, y suspiró. No quería admitirlo, pero se sentía decepcionado.

Esperaba que sus nuevos aliados se enfocaran más en la misión, e la promesa que le habían hecho, y no lo dejaran de lado con tanta facilidad, pero era de esperarse. A ellos no les interesaba él, ni la Esmeralda Maestra. No eran amigos, eran socios, y solo iban a ayudarse si la situación lo requería.

Además, cada quien tenía sus propios propósitos. Sonic y Tails luchaban contra el mal y contra un científico loco, y él debía proteger su esmeralda, lejos de cualquier ladrón o científico loco que quisiera ponerle un dedo encima… pero lograrlo ahora no sería tan fácil.

En realidad, tenía muy poco tiempo para pensar en ello desde que la Esmeralda Maestra se fisuró…

Había fracasado.

Se detuvo en seco, con la mirada gacha.

Había fallado en su misión como guardián. Eggman logró arrebatarle la Esmeralda Maestra, y él, rompiendo su juramento de protegerla, de asegurarse que su estado no sufriera ningún daño, la destruyó…

¿Por qué lo hizo?

¿Para que Eggman no la obtuviera? No parecía muy lógico. Él jamás haría algo así. Si Eggman se llevara la Esmeralda Maestra, él haría lo imposible para recuperarla.

No. Era algo más…

Pensó en lo que sucedió ayer mismo, recordando aquella memoria que seguro lo atormentaría por mucho tiempo… y entonces, tuvo un significado.

Sonic.

Él lo había ablandado, él había influido en la personalidad del guardián, haciéndole preocuparse por lo que pudo haber sucedido si Eggman se hacía con tal gema…

Toda la energía que pudo extraer de la Esmeralda Maestra, en las pocas horas de tenerla bajo su poder, y todo el caos que pudo causar con ella…

No quería que otros sufrieran por su error, y debía pagar de alguna forma para que una tragedia no sucediera por su culpa…

Y ese pago, era el tesoro más valioso de su vida.

Suspiró con pesar, sintiendo que su historia lo abofeteaba, como su obligación le increpaba por haberla dejado de lado por otros temas de menor importancia.

Su único deber… era protegerla a ella…

Y ni siquiera pudo cumplirlo.

Golpeó el suelo con todas sus fuerzas, fisurándolo, y gruñó con frustración. Requería de algo, algo que le aliviara, que le asegurara de que todo iba a mejorar, y que las cosas volverían a ser como siempre…

Nuevamente, miró su puño, perdiendo sus ojos en el brillo del cristal que aferraba.

–He fallado en mi tarea, he defraudado mis ancestros, pero todavía tengo mucho que dar como guardián… –El equidna apretó el fragmento de la Esmeralda Maestra, con una mirada decidida. –La Esmeralda Maestra sigue existiendo, todavía vive, y mi nuevo deber… es restaurarla a su estado original. Y nadie ni nada se interpondrá en mi camino.

Con un repentino ánimo, el equidna rojo se puso de pie, y, decidido a encontrar hasta el último trozo de la esmeralda gigante, se puso en marcha rápidamente, dejando tras de sí una nube de polvo.

–Nadie va a impedirme cumplir mi misión. –Susurró, con un brillo aterrador en sus ojos púrpuras.

–Vaya, vaya. ¿Qué tenemos aquí? –Decía Rouge, oculta entre el follaje de un árbol, donde observaba a cierto par caminar apaciblemente hacia algún punto sin importancia. Lo único que le interesaba de esas dos chicas, era el fragmento de la Esmeralda Maestra que una de ellas poseía. –Este trabajito será más sencillo de lo que pensé.

La murciélago sonrió para sus adentros, mientras miraba de reojo un cristal verde idéntico al que estaba por conseguir, brillando en su mano izquierda. Sonrió con malicia, y se preparó para llevar a cabo su misión…

Sin percatarse de que, por primera vez desde hace mucho tiempo, había sido descubierta antes de siquiera poner un dedo sobre su botín.

Una enorme roca aplastó el árbol en el que se escondía, obligándola a abandonarlo rápidamente para evitar compartir su destino.

Amy y Cream voltearon al instante, observando con algo de temor y sorpresa a un equidna rojo, que, como una bestia furiosa, emergía repentinamente de su escondite para atacar a su presa.

–¡ROUGE! –Bramó, abalanzándose contra la ladrona de joyas, quien, al identificarlo, sonrió con suficiencia.

–Oh, pero si es Knuckie. ¿Acaso me extrañaste? –Se mofó Rouge, elevándose para evitar la acometida frenética del guardián. –Solo pasaron unas cuantas horas, cariño.

–Sí, pero eso no evitará que te destroce por engañarnos. –Respondió Knuckles, serio. –¡Y ustedes dos! –Gritó, dirigiéndose ahora a las dos chicas que sigilosamente intentaban abandonar el futuro campo de batalla. Las dos se paralizaron, y giraron para encontrarse con la fulminante mirada del equidna. –Ni se les ocurra escapar.

–Oh, muchas gracias, mi caballero de armadura carmesí, pero yo puedo conseguir ese fragmento de esmeralda sola. –Alegó Rouge, y acto seguido, se lanzó como un cohete hacia las dos chicas, que reaccionaron al instante.

–Cream, vete. –Ordenó la eriza rosada, repeliendo la arremetida de la murciélago con su Piko Piko Hammer. –Yo me encargaré de esto.

–¡Pero Amy…!

–¡No discutas! No tenemos tiempo que perder. –Sentenció la eriza, preparándose para luchar. –No te preocupes por mí.

A regañadientes, la conejita abandonó con veloces brincos la escena, seguida por su pequeño Chao, quien le cuidaba atento la espalda.

–¡No escaparás! –Vociferó Knuckles, creando una bola de fuego para lanzarla contra Cream, pero Amy, golpeando con mucha fuerza el suelo con su martillo, generó una onda expansiva que deshizo las flamas antes de que siquiera pudieran acercarse a la conejo. Knuckles mostró los colmillos, y dirigió su molesta mirada hacia la eriza rosada.

–No sé quiénes rayos son ustedes… –Dijo Amy, amenazante, mientras alzaba su martillo. –Pero se han ganado una paliza por intentar lastimar a mi amiga.

–No deberías meterte en los asuntos que no te conciernen, mocosa. –Gruñó Knuckles, chocando sus puños.

–La conejita no me interesa. Solo quiero lo que tienes ahí. –Señaló Rouge, con sus ojos turquesa fijos en el brillante objeto que Amy sostenía.

Al notarlo, la eriza se sobresaltó, y lo guardó al instante en su bolso.

–Lo siento, pero esto es mío. –Replicó la eriza, seria. –Supongo que son ladrones o algo así, pero no me interesa. No se llevarán mi regalo.

–Tails es un mentiroso. –Bufó Knuckles, cuyos puños se encendieron en un ardiente fuego. –Hablar nunca llega a nada. ¡Solo se puede razonar con los puños!

El equidna se lanzó hacia la eriza como un cañonazo, dispuesto a arrasar con ella si se interfería en su misión. Pero no contaba con la fuerza que esa chica escondía. El choque entre su martillo y los puños de Knuckles fue colosal, y ambos retrocedieron unos cuantos metros el uno del otro.

Knuckles estaba por acometer con aún más fuerza, negándose a ser humillado por una niñita que vestía como princesa, pero Rouge lo hizo a un lado de una patada, y se lanzó contra su objetivo desde lo alto, con una patada hacha que amenazaba con cortar en dos a la eriza.

Ésta rodó por el suelo para evadir el ataque, y lanzó un martillazo hacia la murciélago para alejarla, pero Rouge, tan escurridiza como siempre, lo evadió.

Pero, descuidada, no vio como Knuckles se lanzaba contra sus espaldas, embistiéndola con un tremendo cabezazo que la dejó estampada contra el tronco de un enorme árbol.

Amy aprovechó los segundos en el que Knuckles atacaba a Rouge para girar rápidamente con su martillo, y lanzarlo con todas sus fuerzas hacia el equidna. El arma giró en el aire, pero conectó precisamente en la cabeza de Knuckles, quien vio estrellas por unos instantes.

La eriza celebró su acierto, hasta percatarse de que se encontraba ahora desarmada. Al oír como el aire se cortaba junto a ella, intentó escapar, pero fue demasiado tarde. La oleada de cuchillas de viento de Rouge conectó contra ella, rasgando ligeramente sus vestiduras, y cortando la correa de su bolso amarillo con bordes blancos, que cayó al suelo, destrozado.

–¡Ajajá! –Rió la murciélago, descendiendo para llegar junto a su botín. –Lo siento, Knuckles, pero creo que soy mejor cazadora de tesoros que tú.

–Eso no veremos. –Antes de poder prever de dónde venía esa voz, el equidna rojo emergió de pronto debajo de Rouge, golpeándola en el rostro con un potentísimo gancho que la lanzó por los aires, arrebatándole rápidamente el maltrecho bolso donde se suponía estaba el fragmento de la Esmeralda Maestra.

Ya con sus oponentes neutralizadas, el equidna revisó el contenido de la bolsa, encontrando dentro de ella lo que esperaba…

Un fragmento de cristal verde, con un brillo mágico que simplemente lo calmaba, apaciguando su espíritu de guerrero innato. Suspiró con tranquilidad cuando puso sus manos sobre él, pero cometió el error de bajar la guardia.

–¡Muchas gracias! –Sin saber exactamente cómo fue golpeado, el equidna se desplomó al suelo, con un infernal dolor en su cabeza.

El fragmento de la Esmeralda Maestra que acababa de obtener se le fue arrebatado, y esa fue una razón más que válida para reaccionar violentamente, aún sin saber qué había a su alrededor. Golpeó el suelo con sus dos manos bañadas en una intensa energía rojiza, y seguidamente, una explosión de luz se desató en aquel escenario, golpeando con fuerza todo contra lo que colisionaba. Algunos árboles fueron tumbados, mientras que el terreno bajo sus pies se destrozó gradualmente.

El equidna abrió los ojos, ya menos aturdido, y miró a su alrededor. Como respuesta, solo obtuvo el embiste de un martillo directamente en el rostro.

Cayó de lado, adolorido, y cuando se levantó con algo de dificultad, pudo visualizar a Amy, fulminándolo con una mirada furiosa, y con el fragmento de la Esmeralda Maestra en su mano. Cómo resistió su onda expansiva, no lo sabía, pero en ese momento, solo le interesaba quitarle aquel cristal de sus manos de chica.

–Tú, torpe niñita. –Moduló el equidna, poniéndose de pie. Amy, aunque herida y agotada, no mostró ningún signo de debilidad y mantuvo su martillo en alto, advirtiendo que al más mínimo movimiento hostil, ella atacaría. –No sabes lo importante que es ese cristal.

–No me interesa lo que digas, bastardo. –Mugió la eriza, encolerizada. –Intentaste golpearme, dañaste mi vestido, y quisiste robarme. ¿Por qué debería escucharte ahora?

–Tienes razón… pero no me interesa. No me interesas tú, ni nadie más. Solo me interesa… ese fragmento. –Sintió como empezaba a marearse. Ese último golpe en la cabeza vaya que lo había dejado aturdido. –Lo necesito…

Amy no respondió, y solo se quedó mirando fijamente los ojos de su agresor. No lo conocía, ni tenía deseos de hacerlo. Quizás todo lo que le decía era verdad, y quizás este pequeño diamante era valioso para él, pero había algo que no le permitía ceder…

Y era que estaba molesta.

–No confiaré en ti. –Sentenció la eriza, sintiendo como el cuerpo le pesada debido a sus heridas. –No debiste meterte con Amy Rose.

Y antes de poder reaccionar, la eriza lanzó al equidna hacia el cielo con un martillazo de su Piko Piko Hammer hacia arriba, disparándolo como un jet hasta las nubes…

Una vez se deshizo de sus atacantes, la joven se desplomó de rodillas, adolorida. No debía arriesgarse a permanecer ahí. Ellos dos volverían, eso era seguro, y no debía permanecer vulnerable tanto tiempo…

–Creí que la vida en Green Hill sería tranquila… –Susurró la chica, cojeando de camino a la casa de Cream. –Pero aquí, solo hay tipejos que quieren hacerte daño…

El dolor de su cuerpo apenas lo dejó reaccionar. Estaba elevándose, elevándose muy rápido. Esa eriza tenía una fuerza abismal para ser una chica, debía admitirlo. Quería volver a vengarse, regresar por el fragmento de la Esmeralda Maestra que todavía no había recuperado, pero el dolor en su cabeza era tremendo.

Pero tenía un deber que cumplir.

Extendió sus espinas, y las usó para frenar su ascenso, y empezar a descender como un paracaidista. Debía llegar lo más rápido posible.

No podía pensar debido al sofocante dolor en su cerebro. Solo sabía que debía recuperar el fragmento de la Esmeralda Maestra, de una manera u otra…

Jamás pensó que tendría más competencia además de Rouge y Eggman, pero eso no evitaría que cumpliera su nuevo objetivo.

La Esmeralda Maestra iba a volver a la normalidad, sin importar a cuántos haya que quitar del camino en el proceso.

Vio como la joven se arrastraba débilmente hasta una pequeña cabaña en el bosque, y supo que ese sería su destino.

Tan centrado estaba en ello, que ni siquiera notó la confrontación que se estaba llevando a cabo no muy lejos del tranquilo hogar que estaba por aplastar.

¡Listo! Pues bien, este estuvo un tanto cargado de acción. Knuckles ahora está determinado a aplastar a Amy por derrotarlo, y no dejará que las cosas se queden así por mucho tiempo. En embargo, en el estado actual del equidna, y la ayuda que Amy obtendrá en una siguiente actualización complicarán mucho la misión del equidna. Añado que este pequeño conflicto entre ambos afectará un poco su relación cuando se vean en el mismo bando.

Pero eso será más tarde. En el siguiente episodio, Sonic y Tails deberán hacerle frente otra vez al nefasto doctor, quien ha regresado nuevamente para hacerse presente, y con nuevos objetivos en mente.

Hasta entonces, me despido, y agradezco inmensamente a todos aquellos que se hayan tomado el tiempo de leer. Prometo hacer todo el esfuerzo posible para continuar esta historia, y que sus episodios vayan mejorando en cuanto a calidad a medida que pase el tiempo. Gracias a todos.

Cuídense y nos leemos.