Nota de autor: Valga la redundancia dar mis disculpas una vez más por el retraso en la actualización, pero estaba esperando a las vacaciones para terminar con todo lo del colegio y la PSU. Ahora puedo continuar, ¡Quedan seis capítulos! Ojala los disfruten.


La tormenta

Podía verlo, estaba segura de cuando y como sucedería. Debíamos apurarnos, ya que en un día y medio mi hermano se encontraría en medio de una desmesurada masacre. Raiden manejaba la nave desde la interpecie con habilidad tratando de que la velocidad aumentara, pero a la vez sin que se perdiese el curso o la altitud. Yo estaba tras él, pensando en todo lo sucedido. Practiqué la transformación en loba unas cuantas veces para asegurarme de que me mantenía igual de hábil que antes, y en efecto era así. Extraño, después de quien sabe tanto tiempo durmiendo mi cuerpo todavía se mantenía bien, quizá era cosa de metamorfos. Suspiré. Sabía que era en realidad diferente a los otros, que era especial. Lo único que esperaba es que eso me diese la oportunidad para vencer. Miré a Raiden, quien llevaba su escopeta atada a la espalda con preocupación. Sabía que era una cuestión de años para que toda esa sangre de vampiros y licántropos que había consumido finalmente generase un cáncer maligno sin cura que acabaría con él. No quería que eso ocurriese, podía sentir el roce de mis lágrimas con mi cara al contemplar su larga cabellera brillar con el sol y como sus manos de piel oscura guiaban la nave hacia Salisbury. No podía soportar la idea de perderlo. Me acerqué a paso ligero.

-Creo que esta tramando algo en todo esto- dijo Raiden con seriedad.

Antes de contestar me fijé que había una vaina en alrededor de su cinturón. Por la forma de la espada me recordaba a la que Lily usó la última vez que la vi.

-¿Te refieres a Alex?- pregunté mientras le daba una mirada más detenida al arma.

-Tiene una hija, ¿Sabías? Y creo que esta viva y lista para prestarle ayuda. Samanta Letice decía el medallón, pero busqué antes de irme y no había ninguna persona registrada con ese nombre.

-Eso quiere decir que no es humana- dije, mientras mis ojos se concentraban en el temblante mano izquierda de Raiden que sujetaba el mango de la espada-. Raiden esa espada…

-Sí, es la de Lily.

No necesité más explicaciones, el semblante triste de Raiden lo decía todo. Lo abracé para consolarlo mientras miraba con tristeza y algo de culpa la espada.

Todo terminaría pronto, llegaríamos para el mañana a la zona de combate y entonces… de alguna forma venceríamos a la reina y los salvaríamos a todos. Yo no estaba segura de cómo, sólo sabía que debía encontrar una forma… debía, tenía que…

Mientras la nave navegaba los cielos fuimos capaces de escuchar un estruendo que sobrepasaba las nubes, como miles de truenos, cuyo sonido llegó a nuestros tímpanos después de que un haz de luz cruzara la atmósfera a kilómetros. Eso sólo podía ser una mala señal; los relámpagos caían con tanta ímpetu que no podía ser simplemente una casualidad.

-¡Benjamín!- dije a la vez que Raiden acercaba la nave hacia la conflagración de rayos.

La aeronave tuvo muchos problemas en mantenerse fuera del alcance de los rayos que caían del cielo repetidas veces. Tomé el mando de interpecie a la vez que Raiden apuntaba con ojo de halcón hacia Benjamín; fue un tiro certero a pesar de la diferencia de altitud. La bala cruzó las nubes hasta llegar a tierra, donde yacía un Benjamín sin control. El impacto dio directo, no sabía donde, pero los rayos dejaron de caer, y las olas ya no se encontraban perturbadas. Llevamos la nave hacia la superficie donde encontramos a Benjamín tirado en la tierra, adolorido; el impacto había sido en el hombro.

Miré a mí alrededor. Estábamos en una isla tropical, donde la arena volaba a nuestro alrededor por el perturbado viento que cruzaba frente a nosotros, y las palmeras se retractaban con terror como si supiesen que venía la ola del juicio final. Toda la naturaleza me habló directamente, me hizo entender los desastres que debíamos prevenir.

Raiden chequeó la condición de Benjamín, todavía estaba vivo y brillando como mil diamantes a la luz del sol. Yo me acerqué y noté que tenía una leve diferencia con los ojos que vi la última vez que nos encontramos. El pequeño destello morado se había ido; el mismo destello que había visto en Sam antes de que se liberase a la reina. Estaba libre de su control.

-¿Qué ha ocurrido?- pregunté.

Raiden retrocedió; comprendió que si estaba haciendo esta pregunta en vez de matarlo había una razón por detrás.

-¿Quién eres tú?- me preguntó.

-Dejemos eso para más tarde- me sentí un poco insultada, después de todo yo había recordado quien era-. Ahora dime, ¿Por qué estabas creando esa tormenta?

-Algo me obligó- no era sorpresa, Alex debía estar metido en esto-. Tenía que llamar su atención.

-¡Hey!- una voz distante gritó-. ¡¿Quiénes son ellos?

Dos mujeres se acercaron rápidamente al ver a su camarada sangrando en la arena. Nos vieron con un rostro feroz y Raiden alzó su escopeta, con dos cartuchos, listo para hacer dos disparos decisivos, pero yo bajé su arma.

-¿Zafrina?- me fue difícil intentar recordar el nombre, habían pasado casi dos años desde la última vez que nos vimos en la batalla contra los Vulturis-. ¿Siobhan?

-¿Y tú eres…?

-Leah Clearwater- respondí de inmediato-. Me enviaron los Cullen.

-¿A qué?- respondió agresivamente Zafrina-. ¿A matarnos? ¡Mira donde tenemos que escondernos! ¡Y todo porque liberaron a esa ramera de la reina!

-¡No fuimos nosotros!- bramó Raiden-. ¡No nos acuses de lo que no hemos hecho!

-Vinimos porque Benjamín estaba causando una tormenta, ¿Acaso no se dieron cuenta?

-¿Qué tan estúpida crees que soy?- me preguntó Zafrina-. Benjamín nos dijo que traería ayuda, alguien que nos pudiese…

Zafrina se detuvo en seco; era evidente que se dio cuenta de que éramos nosotros de quien Benjamín hablaba. Noté que Benjamín estaba padeciendo de sed, la herida estaba recién cicatrizando. Tomé el arma que estaba guardado en mi bolsillo; el bastón de hades, un arma de cazador que me había dado Lily hace ya tanto tiempo. Suspiré, iba en su memoria. Hice crecer el bastón y corté parte de la piel de mi brazo para que la sangre cayese en la boca de Benjamín.

-¡Leah!- protestó Raiden.

Pero era muy tarde. La herida se curó rápidamente como solía pasar y sólo un chorro de sangre fue suficiente para reponer a Benjamín.

-Vengan con nosotros- ofrecí-. Vamos a terminar con esto de una vez por todas.