Disclaimer: La serie Twilight (o Crepúsculo) pertenecen a Stephenie Meyer.
¡Feliz Navidad!
Edward POV
Nos dirigimos hacia la casa, ya que habíamos sido interrumpidos por nuestra familia y Tanya.
Aunque quizás fue lo mejor, las cosas se estaban yendo de nuestras manos y deseaba poseer a Bella allí y en ese momento…y no quería presionarla.
Respetaba su decisión de esperar el momento perfecto, donde nadie pudiera interrumpirnos.
Respire profundamente, era increíble el torrente de emociones que se apoderaba de mi cuando nuestros labios se encontraban o nuestros cuerpos estaban en contacto con el del otro. Era una sensación enloquecedora, haciéndome desear y querer más…
Cuando llegamos al claro que daba a la casa, pude ver a Esme, Tanya e Irina sentadas en las sillas del porche. Una pequeña parte de mi sintió una punzada cuando el rostro de Tanya se crispo ligeramente en una mueca de agonía.
Sabia que aun estaba entre molesta y dolida por que quería a Bella. De sobra sabia que simplemente tenia un capricho por mi, aunque ella se encargaba de comunicarle al mundo que era 'amor'.
Había dejado mis sentimientos en claro con ella mucho antes de que Bella hubiera nacido, pero ella seguía insistiendo, hasta unas pocas semanas atrás, cuando Bella se puso en un plan algo –sino demasiado- posesivo luego de que Tanya soltara cierta frase provocativa.
Desde entonces Tanya había optado –o quizás de verdad lo sentía- el plan 'lastimero'. Realmente extrañaba la amistad que una vez tuvimos, pero siempre preferiría a Bella por sobre todas las cosas. Solo contaba con el tiempo para que Tanya entrara en razón y estuviera feliz por que yo así lo era.
Esme nos dio una suave sonrisa de bienvenida. Aunque no podía leer su mente, sabía exactamente lo que pasaba por ella. Estaba feliz, por Bella y por mí. Y yo también lo estaba, era completamente feliz, a pesar de cómo se sucedieron las cosas.
Pero a pesar de ello, en mi mente aparecía una palabra que había escuchado una y mil veces; 'Maktub', estaba escrito. Aunque no estaba seguro de merecer a alguien como ella.
-¿Se han divertido niños?- preguntó Esme, sus ojos pasando rápidamente por mi ropa, empapada tanto como la de Bella –y mucho mas que la de los demás- debido a la nieve.
-Unos mas que otros.- escuché a Emmett reír por lo bajo. Rodé mis ojos, dándole a Bella un suave beso en la mejilla que pareció tomarle desprevenida. Entornes escuché la cantarina voz de Alice acercándose a nosotros.
-¡Vamos! ¡Tenemos que arreglarte Bella!- canturreó tomando la mano de mi novia. Mi novia…era una palabra a la que aun no me acostumbraba y menos con el posesivo que indicaba que era mía. Solo mía…
Bella dio vuelta su rostro, buscando el mío, dándome una mirada que pedía a gritos ser salvada de la tortura a la que Alice planeaba someterla. A mi me agradaba cuando Alice arreglaba a Bella. No por que lo necesitara o por que no fuera lo suficientemente hermosa –eso se daba por descontado, mi hermana sabia como resaltar cada magnifico rasgo de Bella…y conseguía volverme aun más loco, si es que eso era posible. Aun así, no me apetecía soltar su mano.
-Edward- escuché la voz de mi hermana en señal de advertencia…
-Alice, dale un respiro- dije sin apartar los ojos de los de Bella, que ahora –a diferencia de unos meses atrás- tenían un color ambarino, casi como el del resto de mi familia. –Además, no va a resfriarse.- bromeé por el echo de que estuviera empapada de pies a cabeza.
-No, pero sabrá que planeas regalarle.
Ahí estaba totalmente derrotado. No quería que lo supiera, no aun. Vi los labios de Bella entre abrirse, soltando un pesado suspiro.
-Lo siento amor.- susurré soltando su mano. Bella dejó caer sus hombros, mostrándose adorable y absolutamente derrotada sin ninguna otra salida mas que seguir a Alice.
-Creo que tu ganas.- le dijo Bella, y la aludida sonrió orgullosamente.
-Siempre gano Bella. Ahora vamos. No pongas esa cara…no tardaremos demasiado. Irina quiere mostrarte algunas cosas y Rose también.- el ceño de Bella se frunció aun mas, sabiendo que si tardarían demasiado. Demasiado para su gusto.
Bella volvió a lanzarme una mirada y pasó sus brazos por mi cintura al mismo tiempo que depositaba un cuidadoso –pero provocativo- beso en el hueco de mi cuello.
–Vas a dejar que me torturen ¿verdad?- dijo tratando de hacerme sentir culpable, esperando que cambiara de idea.
-Sip. Lo siento amor. De seguro no será tan malo como crees- Bella rodó sus ojos –además, aun me queda darle unos toques finales tus regalos.- sabiendo que Bella odiaba tanto las sorpresas como los regalos, procure marcar bien la S final, molestándola.
Obviamente su reacción fue instantánea, pero bastante diferente a la que me esperaba.
En lugar de achicarme sus ojos y sisear entre dientes, mostrando su incomodidad, sus cejas se curvaron y una triste sonrisa apareció en su rostro.
-Pero yo no te compre nada…a nadie, a decir verdad- murmuró.
Suavemente apoyé mi mano sobre su mejilla, sintiendo la suavidad de su piel. Sonreí, tratando de reconfortarla.
-No te preocupes amor, estoy seguro de que alguien se tomo el trabajo de hacer las compras por ti.- primeros sus ojos se mostraron incrédulos, pero luego los puso en blanco, sabiendo a que me refería.
-No es lo mismo.
-Tendremos cientos de navidades para que compres tú misma los presentes.- le dije dándole un beso en la frente.
Luego de que escuchara la puerta de la habitación de Bella cerrándose, me encaminé hacia el despacho de Carlisle. Necesitaba ponerme de acuerdo con los últimos toques de la sorpresa de Bella. Una de ellas estaba completamente lista, aguardando en el garaje para ser revelada. Cuando me decidí por comprarle a Bella un Audi cupe, Alice canturreó que iba a ponerse de mal humor por ello.
Aunque la sorpresa que le seguía suavizaría su humor. Odiaba que no dejara nada al suspenso…pero al menos me tocaba ver su expresión cuando supiera que iríamos a ver a su padre.
Aunque en los últimos meses no solía hablar tanto de su vida humana, cuando pasaba por las fotos que tenia sobre el tocador de su habitación se quedaba unos cuantos segundos mirándolas. Bien sabia que era su forma de extrañar a sus padres y que no lo diría abiertamente por no querer hacerme sentir mal. Aunque nada de lo que dijera o no, me harían sentirme algo mejor por lo que le había echo. La había apartado de su familia y eso era algo que no me iba a perdonar jamás.
Pero si había algo que pudiera hacer para, de alguna forma, mitigar el dolor de la perdida…iba a buscar por cielos y mares la forma de conseguirlo. Y lo había echo.
Hacia semanas atrás habíamos comenzado a levar a Bella al pueblo de Denali. Aunque la idea principal había sido de Jasper. Al principio lo odiaba, sabia que Bella sufría al oler a los humanos, sabia que cada vez que uno de ellos se le aproximaba o la brisa empujaba sus efluvios hacia ella, era como le quemaran la garganta con una plancha al rojo vivo. Yo lo había sufrido los primeros años de esta vida…y odiaba que tuviera que sufrir así.
Debía de dolerle, de eso estaba seguro…solo que ella nunca lo decía. Quizás fruncía el ceño, o contenía la respiración, pero nunca se echaba atrás y cada día iba mejorando un poco más. Eso fue lo que me llevó a tomar la decisión, junto con Carlisle de permitirle ver a su padre, aunque sea desde lejos.
La última hora la había pasado tocando algunas de mis melodías en el piano. El resto de la familia estaba reunida en la sala –excepto Bella, Alice, Irina y Rosalie, quienes aun permanecían en su pequeña reunión-. Me había acostumbrado tanto al silencio que creaba el don de Bella que en ocasiones me resultaba intolerante permanecer lejos de ella, dejando las mentes de los demás expuestas para mí.
Era como si escuchara las voces por primera vez, altas y resonantes dentro de mi cabeza, me había desacostumbrado a ellas, y ahora quería buscar por todos los medios una forma de opacarlas. Y la música era una de las cosas que había hecho por años.
Volví a repasar las notas de una melodía en la que llevaba semanas trabajando. Una melodía que Bella había inspirado y aun no me atrevía a mostrársela…no hasta que estuviera completa.
Las voces se escuchaban como murmullos en mi mente, y de repente todo se silencio…solo podía escuchar la música y sentir unos brazos envolviéndome. Cambié rápidamente de melodía, Claro de Luna era la preferida de Bella.
Ella permaneció con sus brazos rodeándome mientras yo continuaba tocando las teclas del piano, interpretando aquella canción.
-Eso fue hermoso.- susurró a mi oído cuando terminé.
-Gracias.- volteé mi rostro, dándole un suave beso a su mejilla. –Aunque no tiene punto de comparación contigo.- le dije al verla en un vestido de satén azul, sostenido en sus hombros por unos finísimos vérteles mientras que su cabello estaba acomodado en un descuidado recogido. Contuve la respiración unos instantes, ¡cuan fácil me seria deshacerme de esa prenda!
Entonces volví mis ojos a su glorioso rostro, distraído por algo colorido que llevaba en su cabello. Bella se sonrió y se llevó una mano hacia el sombrero verde y rojo que tenia sobre su cabeza.
-Te dije que me torturarían…aunque creo también te tocara sufrir a ti.- dijo con una deslumbrante sonrisa. Entonces sentí a mi hermana acercándose y golpeó con fuerza mi cabeza.
-No- bramé apartando de mi cabeza el gorro que sabia que Alice me había puesto, y lo lancé a las manos de mi hermana. –Ni loco.- no había modo de que me obligaran a usar ese estúpido gorro. Alice lo intentaba todos los años y nunca conseguía ganarme…
-Vamos Edward...ponte el sombrero...todos tenemos uno.- dijo Alice extendiéndome el objeto de tela roja y verde pero le di una mirada, retándole a que me obligara. Pero ahí cometí un gran error, si algo habría aprendido de el tiempo que llevaba era que nunca debía retar a Alice a nada. –Oh Bella…- la aludida le miro sorprendida.
-Alice…- le amenacé.
-Si no te pones el gorro, se lo diré.-
-¿Por que tanto misterio?- ambos ignoramos el comentario de Bella, estábamos pendientes en una riña interna.
-Te odio.- le gruñí tomando el estúpido gorro de duende. Era muy capaz de decírselo. Obviamente Emmett y Jasper estallaron en risas…
-Te ves adorable.- se sonrió Bella.
-Gracias.- y pasé mis manos por su cintura, acercándola a un suave beso.
-¡Hora de la película!- vamos, dejen eso para después.- gruñí suavemente con mis labios aun presionados contra los de Bella. Emmett y su estúpida fijación por la tradición de la película navideña…me pregunto que tocaría este año…
Sacudí mi cabeza y tomé a Bella de la mano, llevándola hacia el sofá. Me acomodé en el mueble de un cuerpo, en la esquina contraria a donde Kate y Laurent se encontraban. Habían pasado demasiados meses de lo de James y Victoria…y aun tenia mis sospechas de cuan implicado Laurent habría estado. Aunque el no pensaba mucho en ello. De todas maneras no iba a arriesgarme nuevamente a perder a Bella.
La música de la película me sacó de mis pensamientos y volví mis ojos hacia la enorme pantalla de plasma. Una criatura verde se movía en la escena, junto a otras personas con extraños y ridículos peinados.
-¿El Grinch, Emmett? ¿No había nada mejor?- desde que habían lanzado esa película, se había convertido prácticamente en su clásico de navidades.
-¿Bromeas? ¡Es genial!- me sorprendí al escuchar ese comentario de parte de Bella. Le lancé una mirada incrédula. -¡Oh vamos! No me digas que nunca la viste.
-Si, demasiadas veces para mi gusto.- hice un mohín, pero no tenía otra opción…estaba demasiado ansioso por que llegaran las 12 y pudiera darle uno de los regalos a Bella. Así que permanecí en silencio y miré la película, sin prestarle la debida atención.
El tiempo no parecía pasarse más, la espantosa película seguía entreteniendo a todos menos a mi. Cada tanto mis ojos se movían hacia el reloj del comedor, viendo la cuenta regresiva para las doce de la noche. Y entonces, antes de que pudiera darle una mirada mas al reloj, este comenzó a dar las campanadas.
Alice fue la primera en ponerse de pie de un salto y gritar 'Feliz Navidad' a todos. Le dio un rápido y apasionado beso a Jasper y se echó a correr escaleras arriba, en busca de los regalos obviamente. El final de la película poco importaba a estas alturas, todos nos deseábamos una feliz navidad y nos abrazábamos o estrechábamos las manos.
Entonces mis ojos se encontraron con los de Bella en medio de la multitud de abrazos y gritos de alegría. Se había quedado en una esquina abrazándose con Esme. Crucé la sala en un abrir y cerrar de ojos y la abracé fuertemente contra mi pecho.
-Feliz navidad- susurré alegre mientras besaba su frente. Las fiestas, en el pasado, solo pasaban como algo más. Tenían un toque especial cuando nos juntábamos con la familia de Tanya, pero nunca antes sentí la felicidad que me rodeaba en esa ocasión.
Sus ojos brillaron al encontrarse con los míos, incliné mi rostro para besarle, pero entonces Alice pego un grito y apartó a Bella de mi lado antes de que pudiera evitarlo.
-¡Regalos!- canturreaba Alice mientras corría hacia el árbol de navidad con Bella siendo arrastrada detrás de ella. Vi a mi hermana revolver entre la extensa montaña de paquetes de diversos colores y moños hasta que sacó uno pequeño y se lo entregó a Bella con una sonrisa. –Este es mío y de Jasper.
Bella abrió rápidamente el paquete, no queriendo demorar lo inevitable. Al principio miró extrañada el contenido y luego lo alzó con uno de sus dedos. Me mordí el labio para evitar que se me escapara una risa cuando vi el pequeño regalo que Alice le había echo.
-Um, gracias.- dijo Bella torciendo el gesto, preguntándose para si misma que uso podría darle a un llavero. Alice se echó a reír y continuó repartiendo los regalos. Yo esperaba impaciente a que terminara de hacerlo, abría los regalos –agradecía a quien correspondiera- y los apilaba sobre la mesa de café, casi sin prestarles la debida atención, esperaba que llegara mi turno de darle mi presente a Bella.
Cuando vi a mi hermana lanzándome una mirada brillante y sosteniendo una pequeñísima caja con un lazo rojo, supe que era el momento. –Ohh Bella…queda uno más…
Bella, quien ahora estaba admirando a Rosalie y la nueva gargantilla que Emmett le había obsequiado, se dio vuelta…pero no hizo gesto alguno. ¿Sabría que era mi regalo? Ella extendió su mano y tomó la caja, dándome una suave sonrisa. Si, lo sabía. Deshizo con mucho cuidado el moño y destapó la caja. Nuevamente en su rostro apareció la misma expresión que cuando abrió el regalo de Alice.
-¿Una llave?- me preguntó desconcertada. Yo asentí suavemente con mi cabeza. –Gracias…um, pero ¿Qué hago con ella?- los pocos que nos estaban prestando atención se rieron suavemente.
-Pues en principio puedes usar mi regalo.- canturreó Alice buscando la caja del presente que le había echo a Bella y lo acomodó con la llave. Extendió el pequeño objeto plateado y lo dejó en la palma de Bella. –Ahora si.
Me acerqué a ella y la rodeé con mis brazos, dándole un rápido beso en los labios. Se veía hermosa cuando su ceño se fruncía en confusión. Mi mano recorrió su brazo hasta entrelazar nuestros dedos y tiré de ella suavemente, llevándola fuera de la casa.
-¿Dónde vamos?- me preguntó. Seguí caminando hacia el garaje y saqué el llavero de mi Volvo del bolsillo de la chaqueta para levantar el portón automático. Mientras el mismo se abría, revelando poco a poco el regalo de Bella, me acomode detrás de ella, y susurré a su oído;
-Feliz Navidad.
–Edward- esta vez el tono de su voz sonaba algo molesto. Iba a molestarse, lo sabia, pero después me preocuparía por ello. Era algo que quería regalarle, era capaz de regalarle el mundo…le daría todo cuanto deseaba, por que ella valía eso y mucho mas.
Le sentí contener la respiración cuando la puerta se abrió del todo, revelando el deslumbrante Audi cupe negro con un gigantesco moño en el capó. Eso no entraba dentro de mis planes, pero supongo que me lo merecía por encomendarle a Alice y Emmett que escondieran la sorpresa.
-¿Para mi?- preguntó con un hilo de voz. Detrás de nosotros se escucharon unas risillas.
-Claro.- le respondí besando su hombro. Se acercó lentamente –para un vampiro- hacia el auto. Recorrió con las yemas de sus dedos la lustrosa capa de pintura del capo hacia la manija de la puerta. Cerró su mano suavemente entorno a esta y la abrió. Le vi acomodarse dentro del vehículo, en los mullidos asientos de cuero, mientras que sus ojos y manos investigaban el interior del Audi.
Había permanecido atento a cada uno de sus movimientos que no me había percatado de que nuestra familia había regresado al interior de la casa. Caminé hacia el auto y me senté en el asiento del copiloto.
-¿Te gusta?- le pregunté luego de permanecer en silencio un buen rato mientras ella continuaba con su escrutinio. Sus ojos se encontraron con los míos, conocía esa mirada, no iba a responder directamente. Separo sus labios y antes de que pudiera decir nada; - Por mucho que digas lo que debe valer el auto sabes que el dinero no es importante para nosotros y tampoco debería serlo para ti de ahora en mas. Todos tenemos algún vehículo, nuestra forma de libertad… ¿Por qué no habrías de tenerlo tu también? Solo di si te gusto o no Bella.
-Si, me encanta.- me dijo dándome una brillante sonrisa. Me acerqué a ella, acunando su rostro entre mis manos.
-Me alegro.
Y la besé tiernamente, estrechándola cerca de mi pecho y de mi corazón, deseando que la felicidad que ahora sentía durara por cuanto lo hiciera nuestra existencia ya que el mundo no tendría sentido si Bella no estaba conmigo.
