Vidas pasadas
capitulo 25
"La familia Moncrieff"
La mujer de ojos amatista en esta ocasión no vestía sus ropas de trabajo, ahora portaba un perfecto vestido color ambar que le daba un toque místico que haría que cualquiera la confundiera con un hada, con un ser mágico y especial.
- Mi señora, ya se ha alistado. Le prometí venir a ayudarle
- No es necesario, Lucille. Puedo hacerlo yo sola.
- Al menos permítame ayudarle a peinarse.- Pide la mujer de ojos color rubí mientras se coloca a las espaldas de la joven que se deja hacer el peinado con la mayor de las delicadezas
- Gracias, Lucille. No sé qué haría sin ti.
- De todas las mujeres que he conocido usted es la que menos necesita de nadie, señora Moncrieff.
- Me gusta ser autosuficiente y lo soy…pero cuando tengo que ponerme esto…me es imposible arreglármelas sola. Por eso detesto vestirme así
- Pero hoy es un día especial, mi señora.
- Lo sé, solo por eso me pongo este disfraz. Prefiero mil veces mis ropas de trabajo, me siento tan libre.
- El señor estará fascinado al verla vestir así, mi señora.
- ¿de verdad lo crees, Lucille?
- Jamás había visto a un hombre tan enamorado de su esposa como al señor Moncrieff. Por cierto, me pidió que le entregara esto, iba a entregárselo él mismo pero se hizo tarde para ir por la señorita Danna
- Endymion…-se enterneció la joven al descubrir un prendedor de fénix para el cabello con incrustaciones de rubí
- creo que supuso que combinaría perfecto con su vestido
- Endymion siempre es así…
El ruido de un coche se escuchó al fondo y el rostro de la pelinegra se iluminó por completo poniéndose de pie.
-Deben ser ellos, vamos Lucille.
- Pero señora, no he terminado su peinado
- no importa, así está perfecto.
La joven de ojos amatista bajó de prisa las escaleras para encontrarse de frente con una muchacha de ojos amatista muy similar, pero con el cabello un poco más corto.
- ¡Bridget!
- ¡Danna!- se abrazó la mujer de ojos amatista con evidente emoción- Estás enorme, has crecido tanto.
- Hermana, solo han pasado un par de meses desde la última vez que me viste.
- Aun así estás divina.
- Yo concuerdo con mi cuñada, estás divina, querida- interrumpe una voz varonil
- Endymion..
- tengo el orgullo de presumir que estoy casado con la mujer más hermosa de Escocia
- Así que me elegiste solo por mi belleza- se finge ofendida la pelinegra mientras siente el abrazo posesivo de Endymion a pesar de estar rodeados de la joven Danna, los pequeños herederos Moncrieff y Lucille.
- Claro que no, te elegí por tu carácter ígneo que tanto amo y lo sabes.
- Padre ¿gastaremos todo el día en tus halagos hacia mamá o iremos a la sala a tomar el té? Tía Danna debe de venir agotada.
- No lo haces porque traje dulces, ¿verdad, Dannielle?
- Claro que no, tía. Solo quiero que descances….
- Yo llevaré tus maletas arriba, tía. - Se ofrece el primogénito de los Moncrieff
- Yo te ayudaré más tarde, Raymond. Déjalas ahí.
- No, yo puedo solo. Ya soy todo un hombre, padre.
- Lo lamento, a veces lo olvido…
- Procura no hacerlo. Algún día llevaré las riendas de Moncrieff Camp
- Claro…Tienes el carácter de tu madre.
- Lo sé- dice orgulloso el chico.
- ¿qué tal lo has pasado en Londres, Danna?
- De maravilla. El doctor Sweeney es encantador. Me ha conseguido muchas cosas para mejorar mi salud y el clima de Londres me ha sentado muy bien.
- Pues no te acostumbres, jovencita. Estoy feliz de que por fin regresaras a casa. Sería bueno que no regresaras a Londres la próxima temporada.
- Endymion, eres increíble. No olvides que el Doctor Sweeney y Helios vendrán en unas semanas a Moncrieff Camp.
- ¿otra vez? Pero si acaba de irse.
- Endymion. Eso fue hace seis meses, no seas exagerado.
- ¿exagerado? Ese chico Helios no sale de Moncrieff Camp.
- Señorita de Byres, señorita De Byres- irrumpe en la sala la señora Sinclair- Le ha llegado una carta.
- Señora Sinclair, solo llámeme Danna, sabe que no me gusta que me llame así y debería mejor saludarme- pide la joven haciendo un falso puchero para luego abrazar a la anciana- que alegría me da verle.
- A mí igual, señorita, está tan hermosa
- Gracias, señora Sinclair. La carta es de…
- Helios, el joven Helios Sweeeney como siempre.
- ¡qué alegría! Iré arriba a leerla.
- ¡pero acaba de llegar! ¿cómo se las arregló para hacerle llegar una carta antes de su llegada?
- tranquilo, Endymion. Helios es así, siempre se preocupa por que ella tenga una carta suya a su llegada, es un buen chico.
- Ya hablaré con ese buen chico cuando venga a Moncrieff Camp.
- Endymion
- Solo hago el trabajo que tu padre haría si estuviera aquí
- Y practicas para cuando Danielle pase por lo mismo
- Yo nunca tendré novios, que asco.
- ¿cómo dices eso, pequeña?- se sorprende Bridget
- Que asco, tomarse de las manos y besarse a escondidas como lo hacen papá y tú, no, no quiero.
- ¡esa es mi princesa!- se emociona Endymion que abraza a la pequeña niña con emoción- tú si sabes hacer feliz a tu pobre padre. Ven, vamos a la cocina a conseguir algunos postres
Endymion se aleja emocionado con la niña en brazos mientras Raymond y su madre se observan resignados.
- Eso lo dice ahora porque está enojada con Andy Ferguson. Por la tarde nos hará jugar a la ceremonia de bodas como todos los días.
- deja que tu padre sea feliz con su idea.
- Yo si quiero casarme, Madre.
- ¿de verdad?
- Si, cuando crezca quiero casarme con Esmeralda Ferguson.
- Tu hermana y tú tienen gustos similares…ya veremos qué ocurre cuando crezcan.
- Señora Moncrieff- interrumpe la joven rubia de ojos azules
- ¿qué ocurre, Serena?
- Acabo de toparme con una chica que…
- ah, Danna. Es mi hermana, lamento no habértela presentado, se ha escabullido para leer una carta que le ha llegado esta mañana. Te la presentaré más tarde, me encantará que sean buenas amigas, casi son de la misma edad.
- Claro que si, señora Moncrieff. Me encantará conocer a su hermana y ser buenas amigas. Justo ahora iré a buscar algunas frutas para hacer buenas migas.
- Eres un ángel, Serena.
- Solo me gusta retribuir lo que se me da. Ustedes son tan buenos conmigo…Raymond, es hora de tomar tus lecciones, ven conmigo, seguramente tu madre tendrá cosas que hacer.
- Pero Serena…
- Anda ven conmigo. Señora Moncrieff, no se preocupe por nada, yo misma me ocuparé de que todo esté listo. Suba a tomar el té con su hermana, yo me ocuparé de lo demás.
- Eres una bendición para nuestros hogares, Serena. Anda Ray, ve con ella
- Si, madre…- se resigna el niño
La joven de ojos amatista cepillaba sus cabellos frente a su inmenso espejo sin poder ocultar la radiante sonrisa.
- Danna, la señora Sinclair me ha enviado a traerte un poco de té con panecillos.
La muchacha no se giró y observó a través del espejo a una rubia joven de ojos azules que aparecía con una bandeja.
- ¿quién eres tú?
- Soy Serena
- ¿Serena? Bridget no me ha hablado de ninguna Serena ¿de dónde has salido? ¿y por qué me hablas con tanta familiaridad?
- La señora Moncrieff me dijo que casi somos de la edad, así que…
- Escucha, Serena…a mi no me molesta que mis amigos me llamen con familiaridad, tampoco me molesta que la señora Sinclair o Alfred me llame así, pero no me agrada que una total desconocida lo haga. Por favor refiérete a mí como "Lady de Byres"
- ¡pero qué chica más grosera! ¿crees que porque vienes de Londres y con esos vestidos tan finos y esas maletas tan caras puedes menospreciarme?
- da las gracias a la señora Sinclair de mi parte pero sal de mi habitación. No quiero verte en este momento. Ya hablaré con mi hermana de ti, ahora fuera.
- ¿acaso crees que soy tu sirvienta?
- ¿no lo eres?
- ¡eres una…!
- ¡Serena, detente en este mismo instante!
- Madre...- chilla la rubia de coletas
- discúlpate con Lady de Byres…
- ...
- ¡discúlpate, maldita Sea! - se enfurece la de cabellos negros y abofetea a la muchachita
- madre...
- Ahora…
- yo…lo siento…-dice entre dientes la muchacha de ojos azules y sale corriendo de la habitación tratando de contener las lágrimas.
- Debo disculparme con usted por el comportamiento de mi hija. Lady de Byres ha sido muy buena con nosotras y creo que mi hija ha llegado a malinterpretar su papel en esta casa.
- Yo también me disculpo por haberme portado de esa manera, pero hubo algo en ella que me hizo… desesperar. Jamás soy tan grosera, por favor discúlpeme con su hija, Lucille.
- Quizás usted está muy cansada por ese viaje tan largo. Por favor, tome algo de té y descanse. No se preocupe que mi hija tiene el don de importunar a un centenar de personas en un segundo. Usted fue muy paciente al soportarla.
- He sacado lo peor de mi. Prometo disculparme con ella a primera hora mañana. Quizás fue solo la primer impresión y mañana veré todo diferente.
- No es necesario, señorita
- Claro que lo es, mi educación me lo ordena y además mi hermana me matará cuando se entere.
- Nadie quiere ver molesta a Lady Bridget. Ande, tome su té, la veré por la mañana
- Gracias, Lucille. Eres muy agradable.
Danna se sentía confundida ¿cómo era posible que esas dos mujeres fueran familia?
La joven de cabellos negros se asomó por la ventana del edificio y se encontró con un evento que hace mucho no presenciaba: Su hermana dando clases a los hijos de los pobladores de Moncrieff Camp.
Ella era muy pequeña cuando llegó a vivir a Moncrieff Camp, aquellos salones no estaban construidos siquiera y recordaba que Bridget comenzó dando clases bajo la sombra de aquel enorme árbol que se veía al fondo, se dirigió hacia él.
- Lady De Byres. Es una maravilla volver a verle.- Dijo una voz profunda
- ¡por dios, me ha asustado!- dijo la joven que recriminaba al hombre de cabellos negros y ojos claros ante ella.
- No se asuste de ese modo, con una sola de las hermanas De Byres que me haya rechazado es más que suficiente.
- Eso es debido a que usted llegó tarde a la vida de mi hermana
- ¿de verdad cree usted, Lady Danna que si sir Endymion no hubiera aparecido antes en la vida de su hermana, quizás ella...?
- No. Definitivamente creo que mi hermana hubiera elegido a Endymion en cualquier orden y en cualquier vida. Ellos son así.
- Es verdad. Por fin lo he comprendido eso. A pesar de que ellos pelean siempre, son tal para cual.
- Eso es cierto. El corazón de Briss ya está ocupado.
- quizás consiga el de su hermana menor.
- Lo siento, ese ya está ocupado, Sir Damon
- ¡claro, el hijo del doctor Sweeney!
- en un par de semanas será el doctor Sweeney también.
- Creo que no estoy destinado a ser para ninguna de las hermanas De Byres.
- No en esta vida- se divierte la muchacha
- ¿ahora intentas coquetear con mi pequeña?- Refunfuña una voz de un extraño a espaldas de los dos pelinegros
- ¡Endymion!
- ¿qué haces por aquí, pequeña?
- Vine a buscar a Briss, pero aun no termina de dar sus clases. Sir Damon se ofreció a hacerme compañía.
- Puede irse entonces
- ¡Endymion! ¿cómo puedes ser tan grosero? él solo es amable
- Lo sé. No soy grosero, pero si puedo elegir entre el mocoso Sweeney y Damon…
- Descuiden, descuiden, entiendo- se divierte el joven- Sé que el corazón de esta señorita ya está apartado, pero no quito el dedo del renglón, si las hermanas de Byres no quisieron a este pobre corazón, quizás Danielle…
- Largo de aquí, Corbel.
Una carcajada del extranjero que da unos pasos lejos con diversión.
- Te buscaré por la tarde, Endymion
- Endymion, eres demasiado grosero con él.
- Lo sé, pero no importa. Es mi forma de decirle que lo aprecio
- forma bastante peculiar.
- ese tipo y yo nos entendemos, descuida.
- ¿cómo puedes decir eso? lo tratas horrible, además, no puedo entender que lo tengas aquí sabiendo su interés por mi hermana.
- Eso es simple, pequeña. Tu hermana solo ama a un hombre y yo soy el afortunado, lo aprendí hace mucho.
- ¿y si lo sabes porqué sigues celándola cada que un hombre lindo la halaga?
- es un juego entre Briss y yo. Lo disfrutamos mucho, ya lo entenderás cuando crezcas.
- Ustedes si que son raros…
- Endymion siempre ha sido raro, hermanita
- ¡Briss, terminaste tus clases!
- Si, hoy los chicos no estaban muy optimistas por el clima. Preferí que descansaran un poco y me encuentro con ustedes dos murmurando por los rincones.
- Es sobre ti, hermana…dice que te ama
- ¿yo dije eso?- se apena el pelinegro
- Así que no me amas…Interesante saberlo- se finge ofendida la joven que da media vuelta y se aleja
- Briss, Briss. Espera, yo no quise decir eso…
- Ya has dicho suficiente, Endymion.
- Briss, no te vayas- suplica el pelinegro mientras la joven lo ignora- ¡Briss, no te vayas. Te amo! ¡te amo!
La pelinegra escuchó perfectamente pero se alejó sin mirar atrás, Endymion corrió detrás de ella repitiendo una y otra vez su última frase, Danna solo pudo reír a carcajadas, el matrimonio Moncrieff era así.
Aquella tarde Lucille buscaba a su joven hija, se acercaba la hora de la cena y no la veía por ninguna parte, le sorprendió encontrarla afuera de las destilerías, asomada por un ventanal observando al dueño y señor de Moncrieff Camp.
- ¡Serena! ¿qué crees que estás haciendo?
- ¿yo?…nada, nada…Yo… ¿qué es lo que estás pensando, madre?
- ¿qué estoy pensando? Estoy pensando que tienes interés en el señor Moncrieff y eso no debe ser, Serena
- ¿qué puede tener de malo que a mi me interese el señor Moncrieff? Él es guapo y muy bueno
- ¡y está casado!
- ¿y eso qué importa?
- ¿qué importa? ¿cómo que qué importa? La señora Moncrieff ha sido tan buena con nosotras. Nos han dado casa y trabajo, nos han ayudado, te ha enseñado a hacer cientos de cosas ¿cómo puedes desear a su esposo?
- Yo le gusto, madre. Lo veo en sus ojos
- Él te quiere, pero te quiere como quiere a la señorita Danna o a cualquier chica de aquí. Es un buen hombre, eso es todo.
- ¡No, yo le gusto!
El zendo sonido de una bofetada llegó a retumbar a varios metros a la redonda
- Saca esas ideas de tu cabeza, muchachita. No voy a permitir que lo arruines de nuevo. Vas a respetar a los señores Moncrieff aunque tenga que obligarte
- Pero ma…madre…
- No vas a arruinarlo, Serena. ¿me escuchaste?
- ¿qué pasa aquí?- Interrumpe la imponente voz del señor Moncrieff, Serena se abraza al hombre en cuanto lo ve-¿por qué lloras, pequeña?
- ma…madre…me abofeteó
- Lucille…no es bueno pegarle a los chicos. Eso solo los hace infelices.
- Es que mi hija es demasiado terca, señor
- ¿qué pudo haber hecho una chica con un rostro tan lindo? Anda…ven, ya no llores, vamos a cenar a casa. Te sentarás a la mesa con nosotros, Seguramente a Danna le encantará tener a una amiga de su edad a su lado
- Yo…no le agrado a la señorita Danna, señor…ella me lo dijo
- tonterías, cosas de chicas. Seguro ha de sentirse celosa, pero yo hablaré con ella. Verás que se vuelven grandes amigas.
- ¿usted cree?
- Claro que si, pequeña. Anda, vamos a casa, Lucille. Dejen de pelear, seguramente no es nada de atención. Así que no quiero verlas discutir, ¿entendido?
- Si, señor Moncrieff…
Aquella tarde durante la comida Danna no se mostró muy contenta con la idea de compartir la mesa con Serena, pero a pesar de ello la cena se llevó con la mayor calma
- ¿te ocurre algo, Serena?- interrogó con preocupación la señora Moncrieff cuando la joven entró a su habitación con el agua y las toallas para el baño
-no…no señora Moncrieff, estoy bien
- Claro que no estas bien, niña. ¿qué te ocurre?
- no…no puedo hablarle de ello, señora Moncrieff. Mi madre me lo ha prohibido
- Entonces será nuestro secreto, de amigas…
- ¿no le dirá a nadie? Es que…me avergüenza muchísimo
- puedes confiar en mi
- Es que me he enamorado de un chico…un chico muy guapo y muy bueno, pero…yo solo soy una sirvienta inculta
- Claro que no, eres una chica hermosa y muy lista. Cualquier hombre adoraría tu belleza.
- míreme….soy sucia y tonta
- Claro que no…Pero no te preocupes, pequeña. A partir de mañana te prometo que trabajaremos en ti. Voy a enseñarte todo lo que pueda y verás que ese muchacho se vuelve loco por ti
- ¿me lo promete?
- Te lo prometo- dice solemne la joven de ojos amatista- ahora…¿me contarás sobre ese muchacho?
- pues…aun no, es un secreto…
- bien…respetaré tu secreto por ahora. Más adelante deberás de contarme. Ahora ve a descansar y deja de llorar por tonterías ¿de acuerdo?
- Si, señora Moncrieff. Hasta mañana
Como Briss lo prometió, al día siguiente de esa charla tomó muy en serio su papel de educar a la joven Serena. Tarea que no fue fácil ya que a la chica no se le daba muy bien el aprender cosas nuevas, pero le hizo mucha ilusión recibir todos esos vestidos que la señora Moncrieff le obsequió para que se sintiera cómoda.
Un día la chica de coletas rubias se encontraba cargando un cubo de avena para dar a los caballos cuando observó llegar un perfecto carruaje tirado por caballos blancos, de él bajó un alto muchacho de cabellos de plata y ojos dorados, parecía un príncipe, la joven no pudo lucir menos que sorprendida.
- ¡Helios!- corrió la joven de cabellos negros a recibir al muchacho que la abrazó con fuerzas y la hizo girar en el aire.
- ¡Diladí! ¡Te he extrañado tanto!
- Vamos, vamos. Solo han pasado un par de días desde que no la ves. No puedes extrañarla tanto….por cierto. Suelta a mi princesa o te mato, estas en mis tierras y puedo hacerlo
- Cla…claro Sir Endymion…Disculpe
- Endymion no seas grosero- regaña la pelinegra señora Moncrieff- Helios, querido…bienvenido a casa, ¿tu padre no viene?
- No, Lady de Byres, al menos no aun…yo me he adelantado porque moría por ver a mi amada Diladí.
- Es Moncrieff y mi pequeña no es nada tuyo, no se te olvide muchacho.
- Bueno, justo de eso quisiera hablar, yo…
- Es mejor ir adentro, Helios. Debes estar agotado luego del viaje desde Londres. Te ofreceremos un trago de Whisky. Danna, lleva a Helios adentro.
- Si- acepta feliz la muchachita de ojos amatista que corre tirando de la mano del joven dejando solos a los señores Moncrieff
- ¿qué fu ese pequeño drama, señor Moncrieff?
- no me agrada ese delincuente
- No es un delincuente, es casi un doctor y sospecho que pronto será lo más cercano a un yerno para ti
- no si muere antes…- sonríe pícaro el pelinegro
- ni se te ocurra- refunfuña la pelinegra que tira de la oreja del alto- mejor vamos adentro, un trago de Whisky nos caerá bien a ambos
El matrimonio Moncrieff entró a casa justo después de los jóvenes enamorados, solo entonces Serena acató a salir de su escondite, cuánta curiosidad le daba el ver a esas personas de cerca, el vivir aquellas vidas, el viajar en esos carruajes tan hermosos, algún día lo conseguiría.
- Creo que deberías ser más amable con Serena, Danna. He visto que no la tratas muy bien- dice la señora Moncrieff por la noche mientras peina los cabellos de noche de su hermana
- No me agrada, Briss. Hay algo siniestro en esa chica
- ¿Siniestro? Danna, esa muchacha es un año más pequeña que tú ¿qué podría tener de siniestra?
-no me agrada, Briss…No me agrada. Deberías echarla
- ¿echarla? Señorita ¿qué modales has aprendido en Londres? ¿desde cuando nosotras nos comportamos de esa forma?
- No la quiero aquí, Briss.
- Danna, no tienes porqué estar celosa. Endymion y yo te amamos y nadie va a desbancarte
- No son celos. Échala
- ¿sabes cómo llegaron Serena y Lucille a nuestras vidas?
- No
- Serena y Lucille estaban a punto de ser apedreadas por la gente de Drumblnisch cuando Endymion las encontró y las protegió. Han pasado toda su vida escapando de pueblo en pueblo, sin hogar, sin familia, sin amigos… ¿crees que esa es una buena forma de vivir?
- no…
- Quizás no exista química entre Serena y tú, pequeña. Quizás no tengan nada en común, pero sé que eres buena y sé que puedes abrirle un lugarcito en tu corazón a esa chica tan desafortunada ¿me equivoco?
- Pero, Briss….
-Dale una oportunidad…solo eso pido
- Bien…solo por ti….dice de mala gana la chica
- gracias, sabía que podía contar contigo
-déjame dormir…estoy cansada- pide en forma de falso puchero la chica de ojos amatista arrancando una risa de su hermana
- a veces eres tan parecida a mi…buenas noches, Danna
- Briss…
- ¿si?
- Te quiero
- y yo a ti, pequeña…
No sabía Bridget cuan equivocada estaba al respecto sobre su opinión de aquella muchacha rubia, tiempo después se arrepentiría profundamente de haber dudado de aquellas palabras…
La jovencita rubia se encontraba sentada debajo de un árbol con un libro que miraba con dificultad.
- Parece que está confundida, señorita- se acercó un muchacho de ojos dorados con curiosidad.
- Usted es…
- Helios, Sweeney. Amigo de la familia Moncrieff desde hace años, encantada de conocerle señorita…
- Serena.
- Encantado de conocerle, señorita Serena, ¿también es amiga de la familia?
- No. Solo soy una sirvienta.
- No luce como una simple sirvienta, señorita… ¿es un libro en alemán ese que está leyendo?
- Si, Danna y Lady Bridget siempre estan leyedo estos libros y yo…no entiendo nada
- ¿sabes algo de alemán?
- ¿están en alemán?
- Si quieres puedo enseñarte.
- ¿de verdad?
- Si. Sé alemán, Francés, Italiano y claro, Latín. Puedo enseñarte ¿te gustaría?
- Claro que si.
- ¿qué haces aquí, Helios?
- Diladí, solo salí a buscarte
- ¿de verdad?
- Si, no sabía dónde estabas y salí dar un paseo, entonces me encontré con esta linda señorita
- creí que para ti la única chica alinda era yo.
- No, tú eres la única, Diladí.
- Serena, mi Hermana preguntaba por ti. Está en la sala de música
- Iré entonces
La jovencita se alejó en silencio, pero el rostro que puso la pelinegra no pasó desapercibido para el joven inglés.
- ¿ocurre algo, Diladí?
- Es solo que esa muchacha no me agrada
- no eres del tipo celosa.
No son celos…es un mal presentimiento…Uno de e cosas malas vienen junto con ella…no tienes idea de la sensación tan desagradable
- Diladí…No deberías de ser tan severa con ella.
- Es solo que no puedo evitarlo…pero lo intentaré, se lo he prometido a Briss.
-Sé que algo bueno encontrarás en ella
- Eso espero…
La pequeña Danielle jugaba trepando a un árbol cuando la voz de una chica conocida la llamó.
- Danielle, deberías bajar de allí, no es bueno que una señorita trepe árboles
- Mi mami trepa árboles y es toda una dama
- Pero una señorita Decente no debe hacerlo
- ¿qué sabes tú de decencia, Serena?- Se enoja la niña de ojos azules mientras baja molesta del árbol- No digas esas cosas de mi mami
- Pero, no dije nada
- Pero lo piensas, sé que lo piensas.
- ¡No!
- No digas mentiras, sé que mi mami no te agrada. He visto como la miras desde lejos, tú la odias
- ¿cómo puedes decir algo así, Niña?
- Tú no me gustas. Ray si te quiere pero yo no, yo no quiero tenerte en mi casa, me das miedo
- Pero, Dany
- ¡vete!
La niña salió corriendo para dejar sola a la muchacha rubia que solo pudo empuñar sus blancas manos y soltar algunas palabras en un lenguaje que nadie en Moncrieff Camp había escuchado jamás, ¿qué había dicho? Solo el tiempo lo diría…
¡Hola, Chicas!
si, no me morí, por fin despues de un chooorro de tiempo vuelvo a publicar, prometí que no subiría un nuevo capitulo hasta que terminara el fic pero ¿qué creen? Ya estoy trabajando en el último capítul y me dije...vamos a subir uno.
Gracias a todas las que aun me leen, a Irais, a la matona y a Clararina que me siguen apoyando y a todas mis lectoras que no pierden la fe, les prometo que no dejaré este fic inconcluso :)
Espero sus opiniones, chicas.
Un abrazo
La mag
