La maldición del verdadero amor
Veinticinco: Preguntando demasiado

"¡Vamos!" Johan le hizo señas a Juudai para que se situara en lo más alto de la colina. "¿Qué estás esperando?"

"Estaba esperando a que salieras del camino" contestó el castaño, sonriendo burlonamente. Johan le devolvió el gesto, mientras se encogía de hombros. Si eso era lo que quería, entonces que así fuera.

Fue el ajuste perfecto para el muchacho, dado que ya podía arreglárselas para aterrizar al lado de su amigo, cuya sonrisa se amplió a su llegada. "¿Qué tal fue el salto?"

"Silencio", para asegurarse de que Johan obedeciera, Juudai lo besó. El europeo ya no tenía más preguntas.