Glee y sus personajes no me pertenecen.
¡Gracias por el apoyo en el fic!
Capitulo veinticinco.
Tome un largo trago de mi copa de vino, haciendo a un lado el hecho de que me tocaba conducir y, que había bebido más de una copa. Ni siquiera sabía porque me comportaba de esa manera extraña, recibiendo por parte de Santana su ceño fruncido. Si, lo sé. Era por ella y su suave braga que escondía entre mis muslos sin siquiera querer guardarla en mis bolsillos. Pero necesitaba, urgentemente, algo para distraerme del cosquilleo doloroso en mi zona intima. Me había sentido así, más o menos, desde que Quinn se agacho a mi costado para darme mi "servilleta" extraviada y teniendo en cuenta que ya hemos comido y estamos de sobremesa, he sobrevivido.
Pero el ciclo volvía a comenzar con tan solo desviar unos segundos mi mirada hacia su pálido cuello, sus profundos ojos avellana, sus labios junto a sus pequeños pero redondos pechos. Era un viaje de ida y vuelta constante, y ya no interesaba lo que pudiese hacer para desviar mi atención cuando con tan solo el aroma de su perfume volvía a hechizarme.
Me removí en mi asiento con el propósito de buscar una mejor posición para el cosquilleo que no cesaba. ¿Cuánto tiempo se supone que puedo mantenerme excitada? ¿Cuándo pararía? Cerré mis ojos al sentir como mi húmeda braga se pegaba a mi intimidad y un suave escalofrío subió por mi columna. Estaba haciendo un buen trabajo oprimiendo las ganas de voltearme y mirarla para pedirle largarnos de aquí y hacerle el amor donde sea, pero la idea sobre ser virgen me golpeaba la moral y también… me excitaba un poco más. ¿Tan loco podría ser aquello? ¿Era una enferma?
Carraspee mi garganta y volví a tomar la copa entre mis dedos dejando apoyado el borde sobre mis labios entreabiertos. Mi aliento empañaba levemente el vidrio y eso no me hacía más que pensar en mi coche, sexo y Quinn. Cerré mis ojos y deje que mi garganta se lubricara con aquel dulzón sabor.
Estaba a un pelo de perder la dignidad, mirarla y devorármela con la mirada, aunque algo dentro de mi mente aun me pedía firmeza. Sin embargo, renuncie a toda batalla cuando ella maliciosamente coloco su pierna rozando la mía, jugueteando con su pie en busca del mío. Ella quería exactamente lo mismo que yo, y eso curiosamente, me hacía sentir menos culpable.
Exhale, quedándome vacía por dentro sin darme cuenta que inconscientemente había estado aguantando la respiración desde que ella enredo su pierna en la mía.
— ¿Tan aburrida te encuentras? — Habló mi madre, sacándome de mi fantasía mental — Pensé que habías traído tu coche, hija. — mira la copa que se encuentra vacía nuevamente.
Sentí automáticamente la mano de Quinn en mi regazo, encontrándose de lleno con su braga cuando intento explorar mis muslos. Instintivamente me eche hacia delante, chocando con mis codos el plato y este golpeando mi copa junto algunas cosas más sobre la mesa.
— S-si… — balbucee escondiendo mi mano debajo de la mesa para detener la mano de Quinn. De solo pensar que podía sentir mi humedad, me dejaba completamente avergonzada. Santana, sin embargo, solo me levantó sus cejas cuando instintivamente mire hacia mi izquierda. Volví a enfocarme en mi madre — He, he traído el coche…
— Hija, no puedes manejar en este estado.
— Solo he tomado unas copas, nada grave.
— Pues, no te montaras así… — casi me trapico con mi saliva por asociar la palabra "montar" con Quinn. Dios santo, ¿Qué ocurre conmigo?
— Yo puedo hacerme cargo. — su voz interrumpió la réplica de mi madre y mis ojos fueron a su encuentro. Solo recibí un guiño de ojo y último apretón sobre mi muslo.
— No sabía que tú manejas — balbucee nerviosa pero recuperando poco a poco el aliento.
— No tienes idea cuantas cosas puedo hacer. Te sorprenderías… — me sonríe y como si fuese posible, mis bragas se mojan un poco más.
Finalmente, Santana habló alegando que debía marcharse si mañana quería levantarse temprano para el trabajo. Sabía que aquello solo era una excusa, teniendo en cuenta que mi amiga rara vez abandonaba el barco de una fiesta, pero entendí que era mi oportunidad de hacer mi escape perfecto. Esto me saldría caro.
— ¿Aquí acaba la fiesta? — exclama Kurt llamando la atención de los que aun permanecíamos en la mesa.
— Kurt, estoy un poco cansada — miento tomando mi abrigo luego de abandonar mi silla — ¿Qué pensabas hacer luego?
— Pues, ir a un bar… quizá bailar un poco. No lo sé.
— Me parece excelente idea, pero no cuentes conmigo esta vez. — respondo inclinándome hacia delante para besar la mejilla de mi madre.
— Por favor, envíame un texto cuando estés en casa cariño. — apretuja mi mano sobre su hombro.
— Lo hare. — le sonrío antes de mirar hacia atrás, donde Quinn ya guarda su móvil dentro de su bolso.
— ¿Quinn? ¿Tú también te marchas? ¿Es que me dejaran aquí solo festejando?
Quinn solo ríe levantando sus hombros — Lo siento, Kurt. Me toca manejar y llevar a Rachel hasta su casa sana y salva.
— ¿Si? — levanta una de sus cejas y esto comienza a no gustarme. Intento desprenderme del agarre al que me somete mi madre pero él vuelve hablar — ¿Y como harás para regresar hasta tu casa? ¿O te quedaras allí?
La cara de Quinn se torno aun más pálida, como si aquello fuese posible, y me busco con sus ojos asustados pidiendo una soga para salir de allí.
— Claro que se quedara a dormir — mi mirada baja hasta el rostro de mi madre, que se ha girado en su asiento para observarnos — No te he criado todos estos años en vano para que me salgas mal agradecida. — le da un pequeño golpe a mi trasero. — Ya, vayan… la idea de irnos también comienza a resultarme buena idea. — extiende su mano llamando al maître.
Tras hacer las despedidas correspondientes, con Quinn detrás de mí todo el tiempo, decidí ir por Anastasia para agradecer su aparición y esta nueva etapa que atravesábamos como amigas.
— ¿En verdad te marchas? — me pregunta a penas llego hasta su asiento. Ella rápidamente se levantó interrumpiendo la conversación que entablaba con Karma.
Asiento viendo como Quinn pasa a mi lado para dirigirse hacia la antes nombrada y Amy, su amiga. — Si. Estoy algo cansada y lo suficiente bebida como para hacer mi retiro digno. — respondo algo alegre.
— Si, te he estado observando durante toda la cena — dice aquello un poco más fuerte, o quizá son mis oídos que se han refinado con el vino. Pensé que uno con el alcohol tendía a perder algunos sentidos.
— Gracias por venir aun sabiendo que… bueno — señalo con mi cabeza levemente hacia donde mi madre ya firma la cuenta.
— Tranquila, ella en algún momento tendrá que aceptar lo nuestro ¿no? — Me guiña un ojo — La amistad… — aclara y no entiendo de donde sale aquello. No veía la necesidad.
— Claro… — miro sobre su hombro buscando la mirada de Quinn para marcharnos, pero ella permanece de espaldas hacia nosotras, lo bastante cerca de Anastasia. ¿Quién iba a imaginarlo? De todos modos no iba tentar a la suerte sabiendo que Quinn podría descubrir que Anastasia estaba aquí también. — Me, me iré… — balbucee repentinamente nerviosa por pensar aquello.
— ¿Has venido en coche? — Asiento fingiendo interés para no quedar descortés al acabar repentinamente la conversación. Extiendo mi brazo, yendo más allá de Anastasia para llamar la atención de Quinn. Ella solo gira su cuello para mirarme sobre su hombro, captando la señal que es hora de marcharnos definitivamente.
— Nos vemos — Beso la mejilla de Anastasia a la vez que Quinn lo hace con sus amigas. — Te llamare en la semana.
— Espera… — dice tomándome de mis brazos para que no me alejara de ella. — No puedes conducir en este estado. — desliza tu mano por mi brazo hasta llegar a una de mis manos, y poder tomar su abrigo con la que quedo liberada — Déjame llevarte.
— Oh, no te ha…
— Yo me hare cargo. — Quinn interrumpe mi respuesta mirando fugazmente hacia nuestro agarre. — ¿Preparada o queda alguien más por despedir? — solo niego con mi cabeza sorprendida al notar su tranquilidad cuando posa una de sus manos sobre mi hombro.
— Rach ha tomado bastante vino esta noche — vuelve hablar Anastasia — Lo mejor será que la lleve hasta su apartamento.
— ¿Y puedo saber tu nombre? — pregunta. Mis piernas comienzan a temblar.
— Anastasia — sonríe pero no extiende su mano en forma de saludo.
— Bueno, Anastasia… ya he dicho que yo me hare cargo. — responde Quinn esbozando una sonrisa forzada como devolución.
— ¿Siquiera tienes licencia? — ríe haciendo el intento de burlarse de ella. Pedía con todas mis fuerzas que Quinn no captara su indirecta ya que solo quienes la conocíamos bien, podíamos reconocer su tono sarcástico.
— Vaya, no sabía que eras tan graciosa cuando Rachel me comento sobre ti. — Quinn con su mano libre se encarga de romper el agarre al que Anastasia me mantenía.
— ¿Te ha contado sobre mi? — Levanta su ceja buscando mi mirada — ¿Qué tanto le has contado, Rach? — se moja los labios y eso no pasa desapercibido para Quinn.
— Oh, tampoco me ha dicho mucho — le resta importancia haciendo un gesto con su mano — No nos ha dado mucho tiempo ¿no? — Se ríe apretujando mi mano — ¿Vamos? — mi mira luego de reírse en la cara de Anastasia.
— Por favor. — se me escapa, pero sinceramente no deseaba estar más en medio de ellas dos.
— Bien. — Me sonríe — Si me permites, me llevare a Rach a casa — enfatiza el "rach"
— Adiós, Ana… — el brazo extendido de Quinn mostrándome el camino actúa de barrera entre Anastasia y yo a la hora de despedirnos. Ni siquiera tiento a la suerte guardándome el beso en la mejilla para otra ocasión.
El camino hacia la puerta se me hizo eterno, sin contar como sentía las miradas abrasantes de mis invitados puestas sobre mi nuca. Una vez en la calle, mire sobre mi hombro viendo como Quinn cubría su cuello con un pañuelo color negro y blanco lo suficientemente grande como para arroparnos a ambas. Ahora que estábamos solas, su mirada había perdido el coraje con el que había enfrentado a Anastasia siendo reemplazado por una mas asustadiza, menos audaz mientras se acercaba a la mía. Como si quisiera transmitirme que de ahora en más no estuviera segura sobre cómo actuar o cual sería el siguiente paso a dar. La previa había acabado para nosotras.
Y lo sabíamos. Por Dios, podía ver en sus ojos la expectativa.
— No, no recuerdo bien donde he dejado el coche — rio nerviosa una vez que encuentro mis llaves, que habían tenido la mejor idea de esconderse de mí.
Ella solo esbozo su hechizadora sonrisa extendiendo su brazo detrás de mí, señalando mí solitario auto unos pasos más lejos de nosotras. Quise morir de la vergüenza ¿Qué tan idiota podía ponerme por Quinn?
Gire en mi lugar esperando a que ella se uniera a mis pasos sin atreverme siquiera a tocarla o tomarla del brazo. Ahora mismo, no confiaba en mi cuerpo y sus impulsos por tomarla aquí mismo. La deseaba tanto que dolía. El parpadeo de las luces de mi coche mientras lo desbloqueaba a distancia fue lo que me devolvió a este simple mundo. Aun no sabía en qué momento Quinn se había apoderado de las llaves.
Mire a Quinn, sin atreverme a preguntarle si podría quedarse en mi apartamento a pasar la noche… me conformaba con tan solo dormir. Observarla durante la noche entera, solo para mí. Pero tras subirnos a mi coche y ver que tomaba el camino contrario hacia mi lugar, llamo mi atención.
Era tan jodidamente hermosa concentrada manejando.
Su perfume ya flotaba dentro de mi coche, mezclándose un poco con la calefacción. Sus largos dedos rodeaban fuertemente el volante.
— Espero que no te moleste ir a casa.
Pestañeo guiándome por su voz — ¿Tu casa?
— Digamos que estoy castigada — se muerde el labio y creo morir — No es opción ir a tu apartamento, pero si tú quieres ir y dormir puedo volver. — detiene el auto frente a la luz roja y gira su cuello tras no recibir respuesta de mi parte.
La luz pega directo en su perfil izquierdo, dividiendo su rostro en rojo y negro por la oscuridad que hay dentro del auto. No me lo pienso dos veces. Mi boca duele.
— Oh… oh por Dios… — gime sobre mis labios tras lanzarme sobre ellos y prácticamente violar con mi lengua su boca. La mitad de mi cuerpo reclama del suyo y sin poder controlar mis manos, comienzan a recorrer parte de su pecho y su entrepierna en partes iguales — Oh… Rachel… — vuelve a gemir una vez que encuentro su intimidad. Ella solo se mueve en su asiento, buscando más proximidad en el hecho.
Me mantuve pegada a ella, disfrutando de su sabor en mi boca y de su placer contra mi mano. Aun no sé si el semáforo había cambiado a verde, pero ella ni siquiera se interesaba en ese detalle. Se aferro a mi cuello, elevando un poco mis caderas, fundiéndome contra su cuerpo.
— Llévame… — balbucee — contigo — logre decir luego de separarme a penas unos milímetros de sus maltratados labios rojos.
Ella solo paso su lengua alrededor de su boca limpiando mis restos en ella y me dejó el último beso antes de sonreírme.
Ambas suspiramos e intentamos volver a la normalidad de estar esperando el semáforo que aun no cambiaba. Quería pedirle a gritos que pasara en rojo, pero una vez más ella supo leer mi pensamiento.
— ¿Puedo pasar en…
— Hazlo — la interrumpí — Hazlo o lo hare yo misma. — estire mi brazo para refugiar mi mano entre sus muslos una vez que arrancó, provocándole más de un gemido.
En poco tiempo llegamos al intimidante portón negro donde un guarda de seguridad cuidaba quien entraba o salía. Él abrió sus ojos al ver a Quinn frente al volante, echando un vistazo hacia la mansión antes de verificar nuevamente quien estaba dentro del coche.
— Mi padre no tiene porque enterarse de esto, Phil.
— Pero, señorita Fabray… — duda sobre mantener el secreto.
— ¿Por favor? — pide y él hombre accede de inmediato. Yo también lo haría sin pensármelo dos veces.
Nos detuvimos frente a su casa mientras la puerta del garaje se abría para guardar mi coche. Quise pedirle que no lo hiciese, que no era necesario pero supuse que ella sabía porque lo hacía. Una vez que bajamos, mis ojos se encontraron con los suyos, cada una a un lado del coche.
Mi corazón latía desbocado.
Mi mente no dejaba de pensar en la mentira. Y en Rachel. En hacer el amor con ella. Si seguía haciéndole caso a la primera idea que mencione, terminaría pidiéndole a Rachel que se marchase. Pero aquí y este mismo momento sabia dentro mío que no era eso lo que deseaba. Era una gran mentirosa, pero disfrutaría esta noche con ella. Esta noche no había lugar para ello. Esta noche no. Solo quería estar entre los brazos de aquella mujer y disfrutar de las sensaciones que venía provocando en mi.
Nos quedamos aquí bastante tiempo, lo suficiente como para que la luz del led no captara movimiento y se apagase. Fue entonces cuando reaccione, bordeando el coche llegando hasta ella. Tome su mano y la conduje hasta la puerta. Atravesamos la enorme cocina, luego la sala y a continuación subimos por las escaleras. Sentía el calor de su mirada en mi parte baja de la espalda.
No dijimos nada una vez que nos metimos en mi habitación y cerré la puerta con traba, asombrada y temerosa por lo que pudiese pensar mi madre si mañana decidía tener la idea de despertarme.
Me di la vuelta en mi lugar y Rachel esperaba por mí en medio de mi dormitorio. Mi cuerpo solo reacciono al suyo brincando hacia sus brazos.
Sus labios me buscaron con desesperación y quedo claro que el deseo no se había apagado durante el viaje, sino que tan solo pensar en lo que nos esperaba había potenciado todo aun mas.
Respire agitada mientras Rachel comenzaba a sacarse su abrigo y sacaba su blusa de los vaqueros y empezaba a desabotonársela lentamente, sin quitar sus ojos de los míos. Mis ojos se quedaron paralizados observando su pecho y mis manos descansando ligeramente sobre sus hombros una vez que acerco su cuerpo al mío y comenzó a desnudarme.
Sus helados dedos se acercaron hasta mis pechos ya desnudos, moviéndose lentamente sobre ellos. Sus pulgares toquetearon mis duros pezones. Podía sentir como su respiración jadeaba, acercándose a uno de mis pechos, besándolos lentamente al principio y después con más ansia.
Volvió a su lugar cuando sintió como le quitaba la camisa. Yo también deseaba tocarla desesperadamente. Rebusque en su espalda mientras volvía a sentir como sus labios se cerraban en mi otro pecho, desabrochando su sujetador nerviosa.
Ella se dejó hacer y en cuestión de segundos ambas estábamos desnudas de cintura para arriba. Podía sentir como mis manos se llenaban con sus pechos, y se quedó de pie con los ojos cerrados, disfrutando de mi exploración en su cuerpo. Podía sentir su piel erizada. Oh, qué maravillosa era la piel de Rachel.
Ella tomo mi rostro entre sus manos y lo alzó cortando momentáneamente mi escrutinio. Los pechos desnudos de ambas se tocaban, mientras nuestras bocas se buscaban con ansia. Las manos de Rachel fueron hacia mi jean y yo copie sus movimientos al instante camino hacia los suyos, ambas riendo silenciosamente por la torpeza de mis manos. En pocos segundos Rachel me desnudó y luego me ayudo a quedarse en la misma situación, junto a la cama, ambas con una tímida sonrisa en el rostro.
— Quinn… quiero saber si tú… — tragó saliva — ¿Estás segura de esto? — preguntó finalmente con delicadeza.
— No, pero sí. — Ella abrió sus ojos y temí que mi respuesta la asustara — Sí — dije finalmente, intentando con todas mis fuerzas ignorar el hecho de que estaba entregándome por primera vez a una persona. Una mujer. A Rachel.
— Eres hermosa, preciosa. — susurró acariciando una de mis mejillas.
— También tú. — Tome su mano entrelazando sus dedos con los míos pidiéndole silenciosamente que por favor me abrazara.
Fue hacer aquello y sentir como nuestros cuerpos se rozaban, conectándonos en otro nivel. Sentí su calor abrasador sobre mi piel y nuevamente pensé que mis rodillas me traicionarían doblándose hacia delante. Era consciente de lo mojada que estaba desde que coloque mi mano en su muslo estando en el restaurant, sintiendo que ella también estaba preparada para mí. Me besó fugazmente antes de apartar las sabanas e invitarla a unirse. Rachel se acerco, presionando su pecho contra el mío mientras sus labios esparcían besos sobre mi rostro y cuello, sintiendo como su lengua succionaba mi lóbulo.
Mis suspiros comenzaban a desprenderse de mi boca y mis brazos rodeaban su cuerpo cada vez con más fuerza. Los dedos de Rachel se movieron nuevamente hacia mis pechos, y yo deseaba desesperaba que su boca se hiciera cargo de ellos. Fue solo pensarlo para que Rachel leyera mi pensamiento deslizándose hacia abajo, sintiendo su lengua serpentear en el valle de mis pechos, dibujando caminos antes de enroscarse sobre mi duro pezón y cubrirlo con su boca. Un profundo gemido salió de mi garganta una vez que Rachel mordisqueo mi pezón con sus dientes, colocando mis manos en su cabeza para pegarla aun mas contra mi cuerpo como sea posible, recibiendo como respuesta una larga succión antes de pasar al otro pecho y repetir la acción. Pensaba que mis manos ahogarían su rostro contra mi pecho por la presión a la que la sometía pero por Dios santo… jamás había sentido tanto placer.
Rachel comenzó a bajar por mi cuerpo. Sus labios volvían a trazar un camino acompañado por su lengua. Esta vez era mi estomago el rehén de sus besos, tomándose un poco de tiempo también en los huesos de mi cadera. Aquello era tan irreal que temía que solo fuese un sueño. Mis piernas se abrieron como si hubiesen reconocido a Rachel desde siempre permitiéndole acercarse. Gemí cuando sentí su lengua recorriendo una y otra vez el interior de mis muslos.
— No, no pensaras… — balbucee excitada — ¿Lo harás? — gimotee nerviosa viendo como sus ojos se encontraban con los mios.
— ¿No quieres? — preguntó dejando suaves besos cerca de mi intimidad.
— Por favor — rogué perdiendo la poca cordura que me quedaba. Rachel poso su boca sobre mi provocando mi grito — ¡Oh por Dios! — Mis manos se aferraron a las sábanas y estire mi cuello hacia atrás cerrando fuertemente mis ojos.
— Shh… — murmuró tomando mis piernas mientras su lengua se movía alrededor y dentro de mí. ¡Ella estaba dentro, joder! Mi cuerpo se retorcía bajo su boca pero ella tenía la fuerza suficiente como para inmovilizarme y hacerme sentir que si estuviese a punto de explotar. Mis caderas subían y mis piernas aprisionaban el rostro de Rachel mientras su boca se cerraba fuertemente contra mío.
Intentaba controlar mi respiración, casi lloriqueando por el hecho de acercarme cada vez más hacia el éxtasis buscando luego la calma. Mi garganta quemaba y mis piernas parecían tener vida propia intentando soltarse del agarre que Rachel las sometía. Podía sentirlo cerca. De un momento a otro mis caderas se quedaron quietas, mis piernas apretando el rostro de Rachel sintiendo como el orgasmo me desbordo y su boca se cerraba contra mi intimidad, consumiéndome. Grite. Grite y no medí las consecuencias de tal acto. Jamás había sentido esta intensidad recorrer por mi cuerpo.
Rachel me atrajo hacia ella una vez que se coloco a mi lado y me abrazó estrechamente mientras mi respiración volvía a su normalidad. Trague saliva, con los ojos todavía cerrados maldiciendo la idea de no tener un vaso de agua cerca.
Rachel permanecía en silencio mientras movía suavemente las manos por mi estomago. Pronto la idea de aunque sea devolverle la mitad de placer inundo mi cuerpo. Gire mi rostro encontrándome con su amplia y hermosa sonrisa. Mis labios empezaron a explorar su cuello una vez que mi rostro se oculto en el, haciéndonos rodar hasta quedar de costado metiendo una de mis piernas entre las suyas. Podía sentir su humedad y descubrí como eso comenzaba a volverme loca.
Me anime abandonar su cuello y ella ya esperaba por mi clavando si mirada en la mía. Sus hermosos y gigantes ojos chocolates me observaban sin perder ningún detalle de mi rostro. La bese suavemente en los labios, notando mi propio sabor en ellos. No sabía cuánto me ponía esto. Mi lengua se movía dentro de su boca, sobre sus labios, y alrededor de ellos cubriendo lo más posible. Volví hacia su cuello notando su pulso desenfrenado una vez que apoyo mis labios en su vena. Mis dientes pellizcaban su piel pensando que me gustaría dejar un recuerdo mío en ella, y Rachel gemía al notar mis intensiones. Deseaba complacerla, deseaba hacer las cosas realmente bien con ella.
Sin lugar a dudas quería hacer que sintiese con la misma intensidad que yo lo que acababa de provocarme minutos atras.
Mis manos envolvieron sus pechos encaminando mi boca hacia ellos y estremeciéndome al sentir su sabor. Los pezones de Rachel aun no estaban erectos, con mi lengua los provoque un poco más, haciendo que se endurecieran dentro de mi boca antes de tomarlos entre mis dientes. Sus caderas comenzaban a presionarse contra mi pierna. Su humedad provocaba que resbalara con más facilidad mientras mi mano bajaba entre ambos cuerpos, buscando el calor de Rachel sintiendo cómo su clítoris se hinchaba entre mis dedos mientras mis labios se anclaban a sus pechos.
Segui los pasos de Rachel apartando mi boca para crear un recorrido sobre su tibia piel del estómago. Mi lengua encontró un pequeño agujero sobre su ombligo dándome a pensar que allí hubo un piercing. Mi lengua violo aquella zona imaginando su vientre plano decorado por un arete. La escuche gemir suavemente y a la vez que reía. Mis deseos por complacerla aumentaban.
Rachel rogo un poco aferrándose a mi rubia cabellera — Quinn, no me hagas esperar… te lo suplico — gimió y presione con mi boca sobre ella, dejando que mi lengua la descubriese, saboreándola. Me coloque entre sus piernas imitando los mismos movimientos que ella, abriéndolas un poco y acariciándola fuertemente con la boca y la lengua, recibiendo el apretón de Rachel contra ella. No me di mucho tiempo a pensarlo. Deslice mi lengua en su interior, provocando en Rachel un pequeño temblor. Mi boca succionaba y mi lengua se había independizado completamente de mi cuerpo serpenteando lo más posible dentro de ella.
Rachel chilló luego de unos minutos, empujando con sus brazos hacia arriba para alejar sus caderas de mi boca mientras estallaba su orgasmo.
— Joder — jadeó, mientras su cuerpo temblaba gracias a los últimos espasmos del orgasmo, intentando recuperar la calma
Luego de volver a su lado colocando mi cabeza sobre su desnudo pecho, tire las sábanas hacia arriba para arroparnos juntas debajo de ellas. Rachel me aprisiono contra su cuerpo, acariciando mi pelo con sus labios y dejando besos sobre mi cabeza. Finalmente el sueño comenzaba a golpearme sintiendo los brazos de Rachel alrededor de mi cuerpo estrechándome contra el suyo. Mi pierna viajo nuevamente hacia ella hasta ponerse entre las suyas, como si aquel fuese su lugar en el mundo. Realmente estaba cansada, pero no quería que la noche acabara aun. Jamás pensé que hacer el amor seria de esta manera. Suave, delicado y tentador.
Rachel me beso suavemente dejando sus labios contra los míos por un tiempo prolongado. Mis ojos se abrieron y observe con detenimiento como sus parpados se movían aun permaneciendo con sus ojos cerrados. Comprendí que ella intentaba de decirme con aquel simple gesto lo que sentía. Volví a cerrar mis ojos imitando su gesto, comprendiéndola silenciosamente y transmitiéndole con sentimiento que era la mujer de mi vida y que estaba perdidamente enamorada de ella.
— Te amo… — susurró a penas unos minutos luego de desprenderme de sus labios y enterrar mi rostro en su cuello aferrándome a su cuerpo con mis brazos. Aquello me tomo por sorpresa, recibiendo su respiración calma indicándome que se había quedado dormida.
Cuando los primeros rayos del amanecer iluminaron cálidamente mi dormitorio me permiti cerrar los ojos sabiendo que esto no era un sueño.
Rachel Berry me había hecho el amor.
Rachel Berry me ama.
