Una vez en los laboratorios de la morgue, Sherlock se sentó delante de un microscopio para analizar la muestra de tierra que había encontrado. Mientras tanto, John se acercó a hablar con Molly.
Hola, John, ¿cómo estás? - saludó ella mientras rellenaba unos informes en la oficina. Él sonrió amablemente.
Estoy bien... ¿cómo va todo por aquí?
Como siempre... trabajando a marchas forzadas para Scotland Yard y para Sherlock. Greg y él son unos explotadores - bromeó la forense, arrancándole una risilla a John -. Dime, ¿en qué puedo ayudarte?
Quería saber si tienes algo más sobre Luck. Sherlock está ahí fuera investigando una muestra de tierra que ha encontrado.- explicó John. Molly asintió.
Ya veo, te manda a hacer el trabajo sucio - bromeó antes de buscar el informe en el registro del ordenador -. Vale, lo tengo aquí. Luck Penn... veamos... cocaína mezclada con talco y procaína en los dedos pero no ingerida... - leyó en la pantalla – tiene... algunos cortes en las yemas de los dedos. Son muy finos y superficiales, así que puedo entender que tocó algo afilado pero no con la fuerza suficiente como para herirse. Y a juzgar por el estado de las heridas y cómo la piel ha reaccionado a tener la droga situada ahí todo este tiempo, además de compararlo al estado de las otras heridas que tiene en el cuerpo... esos cortes y la cocaína llegaron ahí antes de su muerte. Pero no mucho antes, puede que una o dos horas antes. He logrado extraer algo de uno de los cortes, es como un pequeño cristal... pero no sé exactamente de dónde viene.- John sonrió ampliamente.
Yo sí... creo que sí. ¿Me puedes dar el cristal?
Claro... pero no lo pierdas.- pidió Molly intranquila. John asintió.
No te preocupes. Sólo quiero corroborar una cosa, en cuanto lo haga, te lo devuelvo - prometió. Molly asintió y fue en busca de otro contenedor de plástico donde estaba la pieza. John sonrió amablemente -. Gracias, eres la mejor.- la forense sonrió desviando la mirada.
Oye, John... algún día, me gustaría... digo, me pregunto si podríamos... tú y yo... bueno... salir... - titubeó.
¡Lo encontré! - exclamó Sherlock desde el otro lado de la sala.- ¡John, mira esto! - añadió con un tinte triunfal en la voz. John sonrió suavemente y miró a Molly.
Claro, claro que sí - respondió él sin darse cuenta exactamente de lo que ella había querido decirle, y se alejó para atender el descubrimiento de Sherlock junto con la forense, que trataba de disimular su frustración ante la interrupción como podía -. Vale, Sherlock, ¿qué has encontrado? - preguntó pacientemente. El detective sonrió mirando la muestra como si acabase de encontrar lo más hermoso de la creación.
¡Tierra con salitre y restos de hierro!
¿Qué? - las caras de incredulidad de John y Molly no se hicieron esperar. Sherlock se apartó del microscopio y les miró, incapaz de entender el por qué de su reacción.
¿Qué pasa? ¡Estoy muy cerca de resolver el caso, y todo gracias a esto! - John suspiró y se sentó en un taburete.
A ver, Sherlock... explícanoslo más despacio. ¿Por qué dices eso? - Sherlock sonrió mirándoles a los dos.
No me puedo creer que no os deis cuenta... ¡Es una pieza clave en el caso!
Vale, salitre... en Londres.- John miró a Sherlock aún más incrédulo. El detective asintió, como si estuviera molesto al ver que no le comprendían.
Sí, salitre. Verás, el Támesis comunica con el mar del norte. Y más de una vez, hemos visto criaturas marinas que se han equivocado de camino y han aparecido en el río, ¿no os suena haber escuchado en las noticias que una ballena apareció en el Támesis?
Sí, yo la vi, estaba en uno de los viajes por el río que normalmente cogen los turistas...- comentó Molly.
Sí, gracias - interrumpió Sherlock , ganándose una mirada de reproche por parte de John -. El mar remueve el lodo del fondo del río. Por eso normalmente el agua es marrón. Además, aún hay restos de contaminación, aunque ya son muy leves, gracias a la limpieza que se hizo del río y que en el 2008 hizo que el Támesis sea hoy uno de los ríos más limpios del mundo.
Abrevia.- pidió John.
El barro que encontré en la tienda corresponde al tipo de tierra del lecho del Támesis, así como el salitre.
¿Y qué pasa con los restos de hierro? - preguntó Molly. Sherlock sonrió.
Es lo más importante. Actualmente, se está extendiendo el ferrocarril hasta los puertos para llevar la carga a los barcos mercantes. En un principio, pensé que podría corresponder a la zona del London Thamesport. Pero está demasiado lejos de aquí. Nadie recorre tanta distancia para una operación de contrabando, y además, el cuerpo de Luck se encontró también cerca del Támesis. Molly, ¿tienes algo sobre eso?
No... como sabíamos dónde fue hallado el cuerpo, no le di mayor importancia... - se excusó la forense. Sherlock suspiró.
No importa. Siempre se puede volver y conseguir otra muestra.- dijo con frialdad. John miró a Sherlock con seriedad.
Oye... Molly no tiene la culpa. Ahora dime, ¿por qué relacionas al cuerpo con el contrabando y qué pasa con el hierro?
El hierro de una zona en obras es algo normal en el suelo. Las partículas se desprenden cuando se trabaja con él y cabría encontrar una cantidad veinte veces superior a la que tengo aquí. Pero hay otra zona, junto al puerto, en Royal Pier, que almacena las cargas en un descampado y de ahí se trasladan a los barcos. El nivel de hierro y metales es más reducido, perteneciente a los contenedores y lo que se pueda desprender de ellos. Encaja y tiene mucho más sentido con lo que tengo aquí. Nuestra víctima se encontró en una zona cercana a esta, seguramente más cerca del agua con la esperanza de que la corriente lo arrastrara... como siempre intentan los asesinos de baja calaña. Y eso nos lleva directamente a los puertos del Támesis, concretamente, al de Royal Pier, de donde también zarpan varios barcos en dirección a otros puertos más cercanos al mar del Norte.
Parece que intentan escapar.- aventuró John.
¡Exactamente! - exclamó Sherlock.- ¡Saben que estamos detrás de ellos y que la única manera de escapar es salir de Gran Bretaña!
¿Eso significa que intentarían huir a otro país? ¿A Bélgica, por ejemplo? - comentó Molly. Sherlock se giró hacia ella como si la viera por primera vez.- ¿He... dicho algo malo...? - preguntó ella.
John, llama a la Autoridad del Puerto de Londres. Deprisa. Yo avisaré a Lestrade.- dijo acercándose a la forense para darle un beso en los labios antes de salir de allí para llamar a Greg.
