Inuyasha fanfic
"Knockout"
Capítulo 25: Enju.
Advertencia: Todos los personajes en este fanfic son propiedad de Rumiko Takahashi, así que no me demandes.
Miroku no pudo evitar alzar la mirada mientras sacaba su llave maestra de la chaqueta. El frío de noviembre calaba en los huesos, pero la razón por la cual tiritaba era otra muy distinta. Ahora el nuevo administrador del gimnasio Shikon.
Tal vez en otra situación se hubiese resistido, pero las cosas habían cambiado y de que manera. En un audaz movimiento, Kikyo había comprado el local y ahora ella, no solo era su boxeadora estrella, sino también su dueña. Desde las épocas de Óscar de la Hoya, no había visto algo parecido, mucho menos en el boxeo asiático, donde los entrenadores y peleadores, así los hombres de pantalón largo, tenían sus funciones bien definidas.
Curiosamente, el cambio de dueño no pareció afectar la publicidad del gimnasio, sino al contrario, pareció reavivar el interés por esta disciplina, al menos en la categoría femenil.
Tal vez el mundo japonés seguía siendo sumamente machista, pero no parecía demostrarlo en los deportes.
Por ello, cuando Kikyo le pidió a Miroku que fuese el administrador del lugar, no dudo ni un segundo. No quería perderse este momento, por nada del mundo.
Sin embargo, al momento de abrir la puerta, una figura se encontraba en un rincón del gimnasio, dándole la espalda, mientras no parecía dejar de ver un saco de entrenamiento.
Tal vez para los demás había resultado ser algo positivo, menos para la dueña del lugar.
-¿Kikyo? ¿Otra vez aquí?
La figura enderezo la espalda y miro de reojo al recién llegado. Una sonrisa melancólica asomó a su rostro.
-Llegaste temprano.
-Sí, tengo papeles que arreglar. La transferencia no se hace de la noche a la mañana y si queremos tener todo listo para la pelea de Inuyasha, no podemos ir al ring con problemas legales.
-Ya veo. ¿La pelea del regreso no?
-Exacto. Su oponente es el retador número 3 del ranking japonés: Pantimedias Taro.
-¿Pantimedias? ¿Quién usa un nombre tan ridículo?
-Pensé que lo sabías. Te dejé la información en tu oficina.
-Ah, eso. No he tenido tiempo de leerlo. Estoy ocupada en mi entrenamiento.
-¿Ocupada? – Pensó Miroku – pero si desde que se fue Bankutsu, no has hecho nada de tu vida. Inclusive perdiste la forma que él te dejo.
-Miroku – tercio la joven levantándose y mirándole fríamente, como si supiese que pensaba – voy a mi oficina. Avísame cuando lleguen los demás, quiero hablar con ellos.
-¿Cuestión económica?
-No, sobre sus peleas. Curiosamente, la inversión que hice con el gimnasio ya esta recuperándose en mi cuenta de banco – Sango enseño varios sobres – han comenzado a llegar retos para Sango y para Inuyasha, gané o pierda el combate.
-Eso es bueno. ¿Y para ti? ¿Ella acepto?
Kikyo se detuvo para mirar de reojo al joven y sin más, se adentro en las duchas. Miroku suspiró. Había sido mentira eso de que Kikyo había mandado la carta de reto a Akane Tendo, la actual campeona del peso pluma japonés. Aunque Kikyo era la retadora número uno, si ella no mandaba el desafío, Akane podría optar por alguien más o la misma Kikyo tendría que aceptar el reto de otra peleadora.
Apenas había pasado un mes desde la última pelea y aunque Kikyo había sanado físicamente, mentalmente estaba hecha pedazos. Más con la partida de Bankutsu hacia Osaka.
-¿Sigue deprimida? – se escucho de repente. Miroku se volteo. Sango había entrado de manera discreta. Aunque estaba bañada en sudor, se veía hermosa a los ojos del moreno.
-Sí, y creo que va para largo.
-Tal vez si Kagome y yo hablamos con ella…
-No, déjala, tiene que pensar muchas cosas.
-Su excelencia, tiene un mes así. Esta deprimida y eso nos va a costar el título.
-¿No sería mejor que te concentrarás en el tuyo?
-Lo estoy, pero mis oponentes me tienen miedo. Pasé de ser la décima en el ranking a la quinta y eso porque nadie quiere pelear conmigo.
-Kikyo tenía varios contratos de retadores.
-Sí, pero nadie que pueda ganarme.
-Oye, no subestimes a tus oponentes. Tienes un talento extraordinario, pero que no se te suba.
-No tengo talento. Lo de Kikyo si es un talento y bruto. ¿Viste lo que hizo en la Arena?
Miroku apretó los labios. Su protegida y novia tenía razón. La demostración de Kikyo, usando una técnica que nunca había practicado, demostraba no solo talento, sino un instinto que rayaba en lo animal. Había aprendido solo con ver a Sango practicarlo o usarlo contra sus oponentes.
-Como sea, no puedes confiarte. Me alegró que estés entrenando, aun cuando no hay definido.
-Sí, sí. Sabes que no dejaré de hacerlo. Aunque quisiera tener un oponente más fuerte. No me haría mal practicar con oponentes de mayor peso.
-No sé, aun no confió demasiado en eso. Podrían lastimarte.
-Sí, pero necesito ver mi verdadero nivel y solo sería con alguien más potente.
Miroku miro a Sango. No podía negar sus aspiraciones, y no quería sonar sobreprotector, pero algo más le alarmaba. No sabía que era.
-Ya veremos, ahora practica con el costal.
-Sí, como quiera "Su excelencia" – tercio esto último la joven con cinismo. Miroku no dijo nada y volvió su mirada hacia las duchas. Se escuchaba el agua correr, pero luego como una tonada un tanto triste emergía de las mismas. Sango se volteo a ver a Miroku.
-Nuevamente esa canción…
El joven suspiró. No cabe duda de que la melodía creada por un grupo depresivo no le había ayudado en absoluto.
Sango pareció notar la expresión de Miroku y solo sonrió nerviosamente mientras canturreaba también la melodía.
FOREVER LOVE, FOREVER DREAM
afureru omoi dake ga
hageshiku setsunaku jikan wo umetsukusu
OH! TELL ME WHY
ALL I SEE IS BLUE IN MY HEART
WILL YOU STAY WITH ME
kaze ga sugisaru made
mata... afuredasu ALL MY TEARS
FOREVER LOVE, FOREVER DREAM
kono mama soba ni ite
yoake ni, furueru, kokoro wo dakishimete
OH!
STAY WITH ME
Kikyo dejaba que el agua cayera sobre su cuerpo. No le importaba quedarse todo el tiempo allí, pero tenía que salir en algún momento. En el instante que dejara de recordar su última plática con Bankutsu.
-¿Cómo pudiste? ¿Cómo?
Kikyo miraba amenazadoramente a su entrenador. Aunque él le doblaba en tamaño y complexión y ella se encontraba lastimada por la pelea, el moreno dio un paso atrás. Sabía que su boxeadora podría matarlo si quisiera.
-No tuve opción. Fue lo que acordamos antes de que te entrenara.
-¿Entonces desde el principio no tuviste confianza en mí?
-No, en absoluto. Bueno, tal vez al principio sí – Bankutsu alzo las manos al ver la expresión ceñuda de la joven – verás, Naraku te presentó como una peleadora que estaba en caída libre. Que aunque tenías el potencial, no podías sacarlo apropiadamente por tu forma de ser.
-Sí, se escucha como algo que diría esa araña, pero – Kikyo apretó los puños – Tú le creíste…
-¿Y que más? Había visto videos tuyos, eras pésima y aparte cuando te conocí, no ayudaste precisamente a tu imagen.
-Te estas metiendo en terrenos muy peligrosos – el tono de voz de la joven se torno de ultratumba – estas a un pelo de que te maté.
-Pero – Bankutsu continuo – vi tu tenacidad cuando comenzamos a entrenar. Jamás…jamás había conocido a alguien como tú, que tuviera tal talento y aplicación. Por algo Naraku quería volverte en forma, podría hacerte grande.
-¡Eso no es cierto! – Kikyo gritó – Naraku solo quería poseerme. ¡Jamás vio algo en mí! ¡Fue egoísta!
-Lo sé, lo sé…ahora lo sé. Pero no podía pensar de otra manera. Lentamente fuiste superando mis expectativas.
El comentario pareció aflojar los puños de la joven, pero solo un momento, porque en un instante, Kikyo acorto el trecho que lo separaban de su entrenador. Bankutsu se topo de repente con la vitrina del palco. Con un simple empujón, podría mandarlo a volar por los aires.
-¿Por qué no me lo dijiste? – le soltó de repente.
-¿Qué cosa?
-Que Naraku y tú pensaban de esa manera de mí.
-Un entrenador no puede decir eso. No podía emitir un juicio sobre ti sin conocerte.
-Lo hiciste…
-Fue una primera impresión…
-No importa, lo hiciste.
-Me parece injusto lo que dices.
-¿Qué? ¿Ahora vas a culparme a mí?
-¡Claro! Vienes enojada y frustrada por lo que paso y tratas de buscar un chivo expiatorio. ¡No tengo la culpa de que Naraku te halla visto así! ¡Yo realmente vi tu potencial y trate de sacarlo! ¿Por qué debería sentarme en la silla de los acusados?
-¡Imbécil! ¡Jamás te diste cuenta!
-¿De qué rayos hablas?
Kikyo abrió la boca pero no dijo nada. Sin más, un puño se lanzo sobre su playera y lo sujeto fuertemente. Bankutsu temió un golpe, pero vio lágrimas saliendo de los ojos de Kikyo.
-En serio estas ciego – susurró con tono dolido – yo…tú…me gustas.
-L-Lo sé, tú también me gustas – contesto Bankutsu por reflejo – pensé que lo sab…
-¡No! ¡Sí lo sabía! Pero pensé que tú sabías lo mío…
-Lo sabía, en cierta manera…
-¡Claro que no! ¡Si hubiera sido así, no me hubieras tratado tan mal, me habrías platicado lo que aclaraste con Naraku! ¡Tu trato!
Bankutsu abrió la boca sorprendido. Era cierto. Si había confianza, si había cariño, si había algo más, ¿Por qué no dijo nada?
-Y yo se la respuesta – Kikyo suspiro y apretó el agarre contra la playera - ¡Porqué me tienes miedo!
-No te tengo miedo…
-Lo tienes, tienes miedo de afrontar algo serio, algo con alguien. Por eso huiste de Osaka…
-¿Qué? ¿Me investigaste? ¡Como pudiste!
El reclamo de Bankutsu pareció desconcertar a la joven, porque lo soltó y retrocedió aturdida. El moreno aprovecho eso para contraatacar.
-¡Y luego tú hablas de tener confianza! ¡Eso es peor!
-¡No tuve opción! – Rugió Kikyo furiosa - ¡Jamás hablabas de tu vida!
-¡Pudiste preguntar!
Kikyo nuevamente pareció desconcertada y solo apretó los labios. Bankutsu jadeaba por el enojo. Luego de unos momentos, la joven bajo la mirada.
-Creo que esto lo dice todo – comento con tono de derrota – ambos cometimos errores muy costosos.
-No me digas – Bankutsu resoplo – tienes razón, no te confié las cosas al 100%. Ese siempre ha sido mi problema, es el detalle porque lo cual ella me dejó.
-¿Y por eso perdiste las peleas?
-Pensé me habías investigado.
-Lo mínimo. Tampoco me adentré demasiado, aun cuando mi informante me ofreció más datos. Me di cuenta de mi error y por eso… - murmuro Kikyo como tratando de conciliar las cosas.
-Ella y yo estabamos prometidos. Pero me enteré de que me engañaba con otro – Bankutsu dio vuelta y comenzó a hablar mientras caminaba de un lado a otro del palco – fue un poco antes de mi pelea estelar. La que me iba a dar el campeonato. Cuando gané, me enteré que mi entrenador me había puesto yeso en las vendas… - Bankutsu apretó los puños - ¡Y yo no sabía! ¡Pero el muy estúpido me involucro en algo así y terminé en una investigación!
Kikyo parpadeo. Había escuchado la noticia: un peleador famoso de Osaka había infringido las reglas y había sido suspendido, salvándose por un pelo de la cárcel.
-No sabía que eras tú…
-Nadie lo sabía, salvo Naraku. Él mismo me ayudo a rehabilitarme y cambiarme al gimnasio que tenía en Osaka. Pero cuando traté de volver, mi reputación y mi mente habían cambiado. El boxeo me amargo y ya no tenía esperanza para ello. Por eso cuando acepté el trato para entrenarte, seguía creyendo lo mismo. Claro, hasta que te vi.
Kikyo estaba pasmada. Pensó en el fondo que la razón de su desconfianza era algo relacionado con ella, no con Bankutsu. Fue cuando sintió un golpe que pareció tumbarla, porque las piernas comenzaron a flaquearle y los golpes recibidos por su rival, volvían a palpitar por su cara y cuerpo.
-Tienes razón – Bankutsu levanto la mirada – me porté mal contigo. Fui un desconsiderado y por eso cuando Naraku tuvo la opción de recambiar mi contrato, no lo hice.
-¿Por qué?
-Porque no creía ser merecedor de alguien como tú. Ni como peleadora, ni como mi protegida, menos como tu hombre o tú como mi mujer.
-Bankutsu – Kikyo sintió frío ante el comentario – no digas eso, no puedes…
-Sí puedo – el moreno le miro con tristeza – al menos me da gusto que el contrato halla podido darte el impulso para comprar el gimnasio.
-Sí, sí, pero eso no importa. Eres tú quien…
-¿Importante? No Kikyo, no lo fui. No hasta que las cosas están bien claras. También con esto me di cuenta de que si hubiera un verdadero interés por parte de ti o mí, las cosas habrían sido distintas.
-No podían ser distintas. ¡Era tu boxeadora!
-Quizás, pero también eso contribuyo a tu éxito. Estas al alcance del campeonato.
-¡No quiero el campeonato! ¡No quiero un mugroso cinturón! ¡Te quiero a ti!
Sin embargo, la declaración solo hizo sonreír amargamente a Bankutsu. Este se acerco y sin más, le deposito un beso en los labios a la joven. Esta al principio se quedo de una pieza, pero luego sin más, se le lanzo a los brazos y comenzó a besarlo apasionadamente.
Estuvieron así un rato, abrazados y dándose besos, cuando Bankutsu se separo de golpe.
-No, no, no – Kikyo trato de sujetarlo – anda, vamos a hacerlo aquí. Hay suficiente…
-Kikyo, no.
-Bankutsu, por favor – la joven comenzó a sollozar – no te vayas.
-Tengo que. Naraku confía en que me quedaré contigo y es su carta bajo la manga.
-Entonces que la usé. ¡No me importa!
-¿Al grado de sacrificar a los demás?
Kikyo se paro en seco. No supo que decir, Bankutsu sonrió y se inclino para besar sus labios abiertos.
-¿Lo ves? No puedes…
-Pero…
-No hay opción. No por ahora. Aparte, las cosas ya están dichas.
-No es cierto ¡Nos queremos!
-Sí, nos queremos, pero no hay amor. ¿Lo hay?
El titubeo de Kikyo pareció darle la razón al moreno. Este le volvió a sonreír, pero la abrazo por una última vez y se separo.
-Hiciste una gran pelea hoy. Fue un placer ser tu entrenador.
-Bankutsu…no…
Pero el susodicho no contesto, solamente volvió a abrazarla con fuerza y se separo, mientras se dirigía a la salida con rápidas zancadas. Kikyo no se volteo a verlo. Solo se quedo, con las manos en alto, y la mirada pérdida, reaccionando solo cuando escucho la puerta cerrada. Se volvió, pero él, Bankutsu, se había ido…para siempre.
Kikyo volvió a sollozar, una vez, en voz alta, sin importarle que pudiese escucharse fuera de las duchas.
-Naraku jugo sucio – mascullo Sango – el contrato de Bankutsu estaba arreglado. Sabía que ambos se terminarían enamorando. Esa cosa obligaba a Bankutsu volver a Osaka luego de un periodo determinado.
-Sí y si se hubiese quedado, habría roto el contrato y eso habría legitimizado la posición de Naraku y un choque de intereses por el gimnasio.
-Todo estaba arreglado. Sabía que se agarrarían cariño.
-Exacto, pero no porque ambos quisieran así. Estaban necesitados de amor.
-Eso es horrible. La gente no se enamora por esas razones.
-Lo hacen. Hay personas que están tan solas y no han aprendido a vivir con eso. Kikyo y Bankutsu son un buen ejemplo de eso.
-Entonces ¿El amor es también una complicidad?
-Se podría decir que sí, aunque… - Miroku no pudo evitar sonreír – al final los dos se amaban y con ganas.
-Eso no se niega. Eran uno para el otro.
-Aparte de eso. Ambos se quisieron lo suficiente para abandonarse. Prefirieron la felicidad del uno y del otro antes que estar juntos.
Sango se quedo impresionada con las palabras de Miroku. ¿Entonces el amor era eso? ¿Sacrificio? ¿Preferir la felicidad de otro que la propia?
Fue cuando le llego una revelación a la joven. Si era la única forma de levantarle el ánimo a Kikyo, no había otra opción.
Y claro, no podía negar que también lograría su objetivo.
La sonrisa que Sango esbozo al momento de pensar esto, hizo que Miroku tuviera un mal presentimiento.
-¿Por qué tenemos que hacer esto? – Inuyasha, vestido con un chándal color rojo y bañado en sudor, miraba de malos modos a Kagome. Esta le sonrió.
-Prometimos cuidar a Kaede, ¿recuerdas?
-Sí, sí, pero una cosa es darle casa y comida, otra ir a recogerla a la escuela. Además, siento que… - un grito hizo que Inuyasha se parará. Se volvió y vio a Kaede, con su uniforme de secundaria, saludarle desde la entrada del edificio. Un chillerío comenzó a escucharse atrás de la chica.
-Tía Kagome – la adolescente le sonrió a la novia de Inuyasha – siento la tardanza, pero mis amigas me entretuvieron. Es que quieren conocer a Inuyasha y tuve que detenerlas.
-Supongo por conocerlas, es que mínimo querían un autógrafo ¿Verdad?
Kaede solo sonrió a modo de respuesta. Más gritos enardecidos hicieron que los tres levantarán la vista.
-Mejor nos largamos, porque las veo con pinta de maniacas – trago saliva el susodicho.
-¿Y como van las cosas? – Kagome miro a Kaede mientras se dirigían al coche - ¿Estas segura de pasar a la preparatoria?
-Claro, el examen de entrada no me preocupa en absoluto. Ahora solo necesito prepararme en inglés, ya que me falla un poco.
-Podría ayudarte. Tomé un curso para ponerme al día en mi trabajo.
-Eso me encantaría – sonrió Kaede. Kagome le correspondió el gesto. Inuyasha estaba atrás de ellas, con las manos en la nuca. No podía dejar de sorprenderse del carisma que desplegaba Kagome, al grado que en un mes, había conquistado a la irascible de Kaede con sus atenciones. Bueno, tampoco podía quejarse. Él mismo había caído en sus encantos y ahora no podía negar que estaba bastante enamorado de la joven.
Y es que Kagome tenía una forma de ser muy diferente a todos, en especial a Kikyo. No es que fuese mejor, sino solamente era distinta. Se agradecía un poco de positivismo y no esa expresión de tristeza o de soledad que a veces desplegaba Kikyo. Para colmo, desde la salida de Bankutsu del gimnasio, Kikyo volvía a tener ese aspecto taciturno.
-¿Aun hablas con Bankutsu? – la pregunta de Kagome rompió el hilo de los pensamientos de Inuyasha.
-Sí, lo tengo agregado al whatsapp. Nos enviamos mensajes con regularidad.
-¿Y como esta? – Kagome estaba desconcertada.
-Bien, esta tratando de entrar en un gimnasio de Osaka. Hará una prueba, pero dudo no lo acepten. Ha estado entrenando al máximo para ello…por cierto, si ha preguntado por mi hermana.
-¿Qué le has dicho?
-¿Qué querían que le dijera? Lógico que lo extraña y él también a ella. Pero ambos son tan necios que dan ganas de patearlos.
-Supongo has tratado de convencerlo de que vuelva.
-No, para nada.
-¿Y eso? Pensé estabas preocupada por tu hermana.
-Sí, pero precisamente si Bankutsu regresa con ella, echará a perder todo.
Kagome e Inuyasha se pararon a lado del coche ante el comentario de Kaede.
-¿De que hablas? – cuestiono el peliblanco. Kaede suspiró.
-Vamos Oni-chan, ¿No recuerdas lo que mi hermana paso contigo? Esta pasando por lo mismo. Si dejo que alguien más la saque de eso, volverá a salirse del hoyo, pero sin aprender ni jota de la situación.
-Me parece razonable. Sin embargo, tu hermana esta pasándola muy mal, mucho peor que conmigo.
-Quizás. Pero ¿Cuándo aprenderá a salir por si misma? Desespera que pesé a su edad, siga portándose como una niña.
Inuyasha apretó los labios. Kaede vestía como cualquier colegiala y hasta tenía detalles tipo anime en algunas partes de su mochila, ni se diga sus comentarios típicos de su edad. Sin embargo, una mirada de Kagome evitó que soltará un comentario.
-Se entiende – intervino Higurashi mientras abría la puerta del coche – y me imagino quieres el crecimiento de tu hermana. Aunque me parece algo apresurado con su pelea estelar tan próxima.
-De nada servirá que enfrente a la campeona Tendo si esta en ese estado. Es mejor que deje pasar la oportunidad.
-¿A riesgo de que pierda la oportunidad? Recuerda que le costó mucho llegar allí.
-No, no le costó – Kaede dejo boquiabiertos a ambos – mi hermana tiene mucho talento. Fácil pudo haber liquidado a sus rivales, pero sus broncas mentales la tienen donde está. Si no afila su cabeza como su cuerpo, más con Tendo como rival, terminará noqueada en el primer round.
-Creo que sobrestimas demasiado a la campeona.
-En absoluto. Akane esta invicta y ha ganado su corona sin ceder un round por puntos. Aparte, todos sus encuentros han terminado por Knockout.
Kagome e Inuyasha se miraron. La información que tenía la niña era en absoluto cierta. Por algo Akane Tendo era conocida por ser una aspirante al título mundial en un futuro. Ahora solo estaba concentrada en el campeonato local, pero pronto iría por el mundo, por el cinturón que ostentaba una mexicana, al menos en la categoría de peso pluma, donde Akane y Kikyo competían.
-Se que piensan. Pero prefiero ver a mi hermana tranquila con su vida que tratando de aspirar a algo que jamás llenará su corazón. Por eso – Kaede sonrió enigmáticamente – tuve que contactar a alguien para que le ayudará en ese aspecto.
-¿Alguien? Pensé que no querías que tuviera contacto con otro hombre.
-No tía Kagome, no es un hombre – Kaede le guiño un ojo mientras subía al coche.
-¿Qué diablos haces tú aquí? – Kikyo miro a la recién llegada con ojos de marciano. La pelirroja le sonrió descaradamente.
-Así saludas a los viejos amigos.
-Tú y yo jamás fuimos amigos Enju – Kikyo entrecerró los ojos – Kaede te contacto, ¿Cierto?
-Vamos, jamás le he podido decir no a tu hermana. Es adorable.
-Adorable, pero en el fondo es una manipuladora. Sé que se ha estado mensajeando con el idiota de mi ex entrenador. Soy necia, no estúpida.
-No sé de que hablas, pero lo que dijo Kaede es cierto. Estas muy mal.
Kikyo miro de forma penetrante a Enju. La pelirroja había sido su primera rival cuando comenzó su carrera. Kikyo le había ganado de forma contundente en el segundo round, cuando la mando a la lona. Pero Enju había vuelto a retarla y en una especie de revancha, le había sacado el empate luego de 8 rounds. Kikyo quiso tomar la revancha, pero…
-¿Cómo esta tu brazo por cierto?
-Bien, bien – Enju señalo una enorme cicatriz que tenía en el antebrazo izquierdo – aun me duele por momentos, pero no me da problemas para lo que hago todos los días.
-Supongo no has dejado el boxeo.
-En absoluto – Enju sonrió y se recargo contra la puerta del despacho de Kikyo – aunque distribuyo mi tiempo entre entrenar a chicas nuevas y escribir columnas en "Ring".
-He leído tus artículos. Para los golpes que te propiné, me sorprende que escribas tan bien.
Una sonrisa se asomo a los labios de ambas. Sin embargo, Enju se torna seria.
-Hiciste una pelea formidable contra Sakasagami. Pensé que solo Tajira era capaz de usar el Dempsey Roll.
-Eso es lo que dicen todos, pero no entiendo porque se sorprenden. Lo único que hice, fue aplicar el principio de la fuerza centrífuga y con el movimiento de 8, uno es capaz de lanzar golpes demoledores a gran velocidad.
-Sí, pero hacerlo así, siendo la primera vez y sabiendo que te puedes desgarrar…fue muy arriesgado.
-Sabía que tenía un tronco bien preparado. Bankutsu se encargo de eso.
-Ah ¿Tu ex novio?
-No es mi ex – susurró la pelinegra peligrosamente. Enju sonrió nuevamente.
-Veo que sigues con la negación de tus sentimientos. Y yo creí que habías cambiado.
-¿A que te refieres?
-No te hagas la tonta. Cuando te conocí, eras formidable. Aun cuando Naraku estaba tras de ti, pero cuando Inuyasha llego, te estabilizaste, aunque de mala manera.
-Sigo sin entender…
-Kikyo, no sabes pelear bien, no emocionalmente.
La dueña del gimnasio le sostuvo la mirada un momento a Enju, pero luego la desvió.
-Sí, lo sé. Cuando no tengo a alguien a mi lado, peleo bien, pero cuando alguien esta conmigo, la cosa cambia. Me vuelvo más inestable, más salvaje…
-Más talentosa. Bankutsu no solo se acerco a ti emocionalmente, sino también te hizo crecer físicamente.
-¿Entonces nuevamente voy por el mismo camino?
-En parte. Supongo te sigues deprimiendo por los rincones – Enju aumento su sonrisa al ver la mueca que hizo Kikyo – touche.
-No es gracioso. Realmente me…dolió – Kikyo se sorprendió por lo que dijo. Sintió como las lágrimas asomaban a su rostro.
-No deberías contenerte…
-Es fácil para ti decirlo. No has sufrido un mal de amores.
-No me insultes – Enju enseño su antebrazo – perdí mi mayor amor. Y todo por un estúpido borracho.
Kikyo recordó ese incidente. Justo cuando Enju celebraba su empate ante Kikyo, tuvo un feo accidente de bicicleta. Un coche se le cruzó en medio y la arrollo. Un conductor ebrio. Cayo literalmente sobre el brazo, que se le hizo trizas. Hasta estuvo en riesgo de perderlo. Los médicos hicieron lo posible, pero Enju tuvo que dejar el boxeo para siempre.
-Lo siento, no quise fastidiarte – mascullo algo apenada. Enju negó con la cabeza.
-Esta bien, no te preocupes. Fue una lástima no pelear más, pero ahora estoy contenta con mi vida.
-¿Realmente estas contenta?
-Claro, he aprendido a conformarme.
-¿Y crees que a mi me funcione eso?
-No. Se que si fuera así, estarías contenta con ser dueña de un gimnasio exitoso como este.
-Lo sé – Kikyo miro alrededor. El despacho que había sido de Naraku y ahora había acondicionado con su propio estilo – me dolió perder el templo, pero…esto es distinto. Es una nueva vida.
-¿Y no te emociona? ¿Pese a tener a Inuyasha o a Tajira?
-Tajira… - Kikyo sonrió – Sango es un diamante en bruto.
-Sí, tiene el potencial para ser la mejor – Enju miro a su rival – como tú…
-¿Entonces no hay más sparrings? Eso no es posible – Akane miro a su segunda, Nabiki Tendo, que aparte de ser su entrenadora, era su hermana.
-Es tu culpa. Tienes tan mala reputación con las mujeres boxeadoras que nadie quiere pelear contigo.
-No es mi culpa que sea tan débiles. Aparte, no uso toda mi fuerza.
Nabiki enarco una ceja. Lo anterior no era cierto. Su hermana era una bruta en toda la extensión de la palabra y siempre peleaba al máximo cada vez que tenía a alguien, aun en un entrenamiento.
-Sí, sí, lo que digas, tendré que mandar pedir alguna boxeadora fuera del área, aunque nos costará un poco más.
-Eso no importa. Tengo que estar en forma para la pelea por el campeonato.
-¿Sigues con eso? Kikyo sigue sin mandarnos el reto. Y aparte te has dado el lujo de rechazar a otras aspirantes.
-Lo sé, pero la Sacerdotisa de Fuego es la única que me interesa.
Nabiki hizo una mueca. Su hermana se había obsesionado de mala manera con la campeona del Gimnasio Shikon. Aunque no podía negar tampoco que si ambas peleaban, la bolsa sería excelente, más aun para la ganadora.
Pero tampoco podía darse el lujo de rechazar a otras peleadoras prometedoras. El gimnasio tenía que ganar dinero como sea.
-Señorita Tendo – una de las boxeadoras del gimnasio se acerco – hay alguien que la busca.
-¿Eh? – Nabiki parpadeo - ¿Qué desea?
-Dice que vino para hacer de "sparring" para la campeona.
-¿En serio? Que extraño. Pensé que todas habían rechazado el ofrecimiento.
-También lo creí, pero ya en un instante, estaba vestida con la careta de entrenamiento y calzándose los guantes.
-Ok, ok. Una suicida. Perfecto – Nabiki se volvió hacia su hermana que practicaba algo de boxeo de sombra – adivina que. Ya hay una retadora.
-¿En serio? – Akane sonrió exultante - ¿Quién?
Justo en ese momento, una chica delgada se subió de un salto al ring. Aunque vestía la careta reglamentaria y tenía guantes de entrenamiento, se apreciaba sumamente emocionada. Akane entrecerró los ojos al verla.
-Hmmm, es una división al menos superior a la mía – Akane siguió sonriendo – me parece perfecto. Me divertiré y mucho.
-Sí, sí. Solo procura no matarla, como hiciste con las últimas dos.
-Vamos, solo es diversión. Aparte – Akane estrello los dos puños contra sí – ella misma acaba de subirse por su propia voluntad.
-Gracias por el té – Enju había tomado asiento mientras Kikyo servía un par de tazas sobre el escritorio.
-No es nada. Apenas pude poner a punto esto. El lugar estaba algo sucio y lleno de botellas de licor.
-No me extraña de esa "araña". Naraku siempre fue sucio en todos sentidos.
Kikyo sonrió un momento, pero al momento de tomar asiento, su mirada se poso sobre la taza de té.
-Bien – le soltó de repente a Enju - ¿Qué has venido a hacer aquí? Supongo que no a dar una visita de cortesía.
-Tan suspicaz como siempre – Enju tomo su taza y bebió lentamente. La deposito con cuidado en el platito – vengo a decirte que mandes tu reto a Akane Tendo.
-¿Qué? – Alcanzo a decir Kikyo - ¿Estas loca?
-No, en absoluto. He visto tus peleas y video. Si peleas ahora, lograrás la victoria. Estas en perfecta forma.
-¿Perfecta forma? – Kikyo se levanto - ¿No me has visto? ¡He perdido la fe en mí!
-Esas son tonterías que se invento alguien por allí. Estas físicamente perfecta.
-¿Perfecta? Llevo un mes sin entrenar.
-Exacto. Bajaste de ese peso que tenías extra y ahora tu velocidad debe estar aumentada.
-Solo son elucubraciones tuyas. Traté de golpear una pera la otra vez y me descontrole.
-Eso es porque no estas concentrada. Es todo. Si te aplicas, podrás…
-Enju, no quiero volver.
-Pero Kikyo…
-¡En serio! No quiero volver a esto. Ya no más.
Se hizo un silencio en el despacho. Enju volvió a tomar su taza de té y dio otro sorbo, un tanto más largo. Kikyo la miro un momento, pero luego suspiro. Enju sonrió tan pronto depositó nuevamente la taza en la mesa.
-Amiga mía, cuando me venciste en su primer momento quede lastimada. Demasiado. Aun más cuando me atropellaron. Pensé que era la mejor a nivel amateur, pero una simple novata como tú llego. Me arrebataste mi invicto. Y tú y yo sabemos que es eso. Ganar, ganar, ganar. Pero ahora, aunque ganaste, estas peor. Se nota que has perdido tu filo, y que la partida de tu entrenador te dolió. Pero…es que hace tiempo no has tenido hambre. Y ahora que volviste a ese principio de dolor, tienes miedo de empezar desde ese punto, porque volverías a experimentar lo peor. La humillación.
Kikyo no respondió a esto. Solo apretó los dientes.
-¿Por qué volviste? ¿Fue por Kaede?
-No, y ni siquiera por ti. Es por mí. Quiero volver.
-¿A pelear?
-No, como tu coach. Tu entrenadora. Tu "segundo".
Kikyo parpadeo. Sin embargo, una sonrisa torcida apareció en su rostro.
-¿Estas bromeando?
-No, en absoluto.
-Oye, oye, también hablo en serio y no creo que tu "asesoramiento" sea capaz de levantarme.
-No pienso levantarte, eso lo vas a hacer tú solita. Yo te pondré a punto para la pelea con Kikyo.
-¿Qué? ¿En serio? – Kikyo no pudo reprimir una pequeña risa amarga – por favor. Esperas demasiado. No quiero levantarte, no tengo el ánimo. Y no habrá nada que lo haga.
Justo en ese momento, el teléfono del despacho comenzó a sonar. Kikyo suspiro e hizo un gesto de disculpa y Enju asintió.
-Gimnasio Shikon, buenas tardes, ¿En que puedo ayudarle? – contesto la dueña. Sin embargo, luego de unos momentos, el rostro de la joven se distorsiono - ¡Cómo! ¡No es posible! Sí, sí. Voy para allá – Kikyo colgó y sin más, saco su celular marcando un número con rapidez – Miroku, sí, soy yo. Quiero que salgas corriendo al hospital de zona. No discutas. Sango está hospitalizada – Kikyo colgó y miro a Enju de manera desencajada – Tajira está muy lastimada.
-¿Qué? ¿Tuvo un accidente?
-Peor – el tono de la boxeadora fue de ultratumba – hizo de sparring con Akane Tendo.
Fin del capítulo.
Notas del autor.
Es la primera vez en mucho tiempo que escribo dos episodios seguidos de esta historia. Pensaba hacer lo de siempre, escribir knockout, luego hunters, luego discombobulate, pero por los ánimos que he tenido últimamente, no me apetece escribir de estos dos últimos, sino justamente este, tanto por el tiempo y el ánimo que manejan los personajes.
Aparte, para lograr mayor inspiración, me puse a ver Rocky III, donde el personaje de esta famosísima saga alcanza su punto más bajo, cuando ve morir a su entrenador Mickey y luego tiene que cambiar no solo su estilo, sino hacer frente a sus miedos para poder enfrentar a su rival en turno.
No tengo mucho que comentar con respecto al episodio, solo que en cierta manera fue un desahogo y vaya que sirvió, porque me ayudo al menos en el aspecto anímico. Por cierto, la canción que Kikyo tararea es "Forever Love" del famoso grupo X Japan.
Agradecimientos a Dany, Emma-D612 y Piluka por sus comentarios. Me sorprende que pesé al tiempo de este fanfic, aun halla gente que lo siga leyendo a través del tiempo. ¡Gracias!
Nos vemos en el próximo episodio.
