Capitulo XXV lo significa todo

"-¡Sirius!-

-Avada Kedavra-

Todo pasó en cámara lenta Sirius Black había emputecido, caminó hacía la morena con la varita a punto de explotar mientras James le gritaba que no lo hiciera, el maleficio sale de sus labios cuando Jeannette se ha descuidado.

-No, Sirius- Remus ha llegado demasiado tarde, el cuerpo de la morena cae, rebota en el suelo, no hay vuelta atrás, Sirius cae de rodillas también, su varita retumba en la tierra mientras todo vuelve a ser silencio.

Remus camina lentamente hasta posarse al lado de James, niega con la cabeza mientras escuchan como el llanto del moreno rompe con el silencio, un sollozo ahogado, unos gritos de frustración, y el aullido de los perros a lo lejos.

Sirius se pone de pie, seca sus lagrimas, guarda su varita, mira por ultima vez el cuerpo de la morena en el suelo y voltea hacía sus amigos.

-larguémonos de acá- masculla con total repulsión y no espera respuesta, ha terminado, comienza a caminar hacía la soledad de aquella noche fría."

Dieciocho meses después…

Esta ahí frente a la plaza principal, frente a millones de personas, a gente común, a gente mágica, a gente variada, gente que habla distintos idiomas, turistas, pueblerinos, ricos y pobres, esta frente a toda esa gente desconocida, esta ahí de casualidad, esta ahí porque James se lo ha pedido, esta ahí mientras su amigo busca el regalo perfecto para la pelirroja, busca aquel regalo ideal para un aniversario y no sabe realmente para que busca tanto si al final siempre termina regalándole lo mismo, rosas rojas, claro que siempre con algún significado en especial, siempre en una cantidad especifica.

Como aquella vez que había comprado exclusivamente siete rosas rojas, de las mejores rosas del país, importadas de algún lugar del planeta, siete rosas rojas simbolizando los primeros siete días como familia Potter, como su mujer, su esposa, siete días de casados, siete días compartiendo sus vidas. O la vez que nació Harry al día siguiente llego con nueve rosas, o también para el aniversario primero que fueron doce rosas más, y Sirius no entendía, él no entendía, como la pelirroja no se aburría con tantas rosas.

Pero no decía nada, siempre aconsejaba, quizás una joya, o chocolate, las mujeres siempre gustan del buen chocolate, un vestido quizás, una mascota, o una noche de pasión, esos si eran regalos de verdad, pero no rosas…Rosas

Y esta ahí, sentado en una banca de la plaza, esperando a que James termine de dar vueltas por los centros comerciales, esperando a que llegue a su lado con varias rosas más y quizás una caja de bombones o algún otro regalito pequeño, pero siempre con sus rosas rojas para su pelirroja.

Es por eso que se olvida un momento de aquello, para que darle vuelta al tema si siempre es lo mismo, mejor reposa en el banco, observa el hermoso museo frente a él, y presta atención a toda la gente que transcurre por allí, como pareciera que el mundo se detiene para él, como toda aquella gente camina lo más rápido posible, los autos, los gritos, y él sólo esta quieto, ahí observando la vida pasar frente a sus ojos.

Mira el inmenso edificio, observa el cielo, las nubes blancas adornando el cielo azul, vuelve hacía la puerta del museo, ve un grupo de niños ingresando, todos en filita contentos, con sus cámaras a la mano, mientras sus profesoras los enumeran y les dan las indicaciones, un par de amigas que vienen de salida bastante conforme, con un mapa en la mano buscando su siguiente destino, una familia con dos pequeños comprando refrescos y helados a la salida, una pareja abrazados conversando en la entrada mientras otra persona los interrumpe.

Y Sirius se detiene en ellos, los mira fijamente, algo familiar tienen, y se levanta lentamente para acercarse mientras la pareja camina hacía la calle donde al parecer una limusina los espera, Sirius se detiene en la vereda justo frente a ellos, y ya sabe porque ese aire familiar, aquel hombre que esta abriendo la puerta a la mujer es Ernest, el mismo Ernest que había sido novio de Margarita, el mismo que se la había rebatado una vez, el mismo que…que

El corazón se aceleró, sentía que le saldría por la boca, su respiración se detuvo, le faltaba el aire, un sudor frío le recorrió el cuerpo y en cualquier momento perdería las fuerzas, lo sabía, porque él había mirado, había observado pero no había reconocido aquella mirada, no hasta que aquella mirada se poso en él, aquellos ojos negros le miraron con terror.

-Margarita…- susurró con un hilo de voz cuando la limusina se alejaba por la calle principal.

o0…0o

-¡Sirius!- James llevaba varios minutos llamando a su amigo tratando de sacarle palabra, de que lo mirara siquiera, pero el moreno esta en el asiento del parque con la mirada perdida, con lagrimas en los ojos, totalmente ausente -¡Sirius!-

-era…era ella- balbuceó abriendo los ojos, apenas podía pronunciar palabras, su piel estaba carente de color y James podía notar como su amigo sudaba, sus manos empuñadas en sus rodillas, y el cuerpo tenso.

-Sirius, mejor vamos a un lugar seguro- le indicó James tratando de ayudarlo, pero su amigo parecía una piedra, no lograría nada.

-era ella- volvió a repetir mientras una lagrima se escapó rodando por su mejilla -…está viva-

-Sirius no entiendo nada…-

-¡Que está viva!- gritó Sirius reaccionando -¡Margarita está viva!- masculló furioso -¡ella me engaño durante todos estos años!-

-Sirius no es bueno hablar aquí- James se notó nervioso miró hacía los costados he intento levantarse pero Sirius no lo siguió.

-la vi, James, la vi ahí- señaló la calle ahora vacía -…la vi con Ernest, la vi lo más feliz de la vida, la vi, ¡Maldición!, la vi, estoy seguro que era ella, eran sus ojos, era ella, su mirada, su piel, su boca, ella…Ella, está viva-

-Sirius no creo…-

-¡Te estoy diciendo que la vi, la vi con estos ojos, la vi James, la vi!- exclamó perdiendo el control.

James lo agarró fuerte del brazo sin pronunciar palabra, mientras Sirius gruñó molesto, sin poder quitar la mirada de aquel lugar donde la había visto, de aquella calle vacía, gruñó mientras James lo arrastraba a un lugar seguro.

-no te quedes callado, no me hagas sentir que estoy loco, porque yo se lo que vi- murmuró de pronto mientras caminaban a la casa de Remus

-han pasado dos años Sirius, creí que ya habías podido superar el dolor…-

-¿me escuchas lo que te digo?- volvió a explotar el moreno -…no estoy alucinando, no me confundí con otra persona, la vi, la vi a solo metros de distancia, era ella, ella, Margarita esta viva-

-será mejor que hablemos con Remus- sentencio James guardando silencio.

o0…0o

"-¡que yo la vi!- explotó, estaba cansado de repetir lo mismo, de convencerse a si mismo de que era la verdad, de lo que él había visto, de quien él había visto, porque no podía estar volviéndose loco, no podía tener alucinaciones, simplemente no podían ser mentiras.

-pudo haber sido una chica muy parecida a ella, a lo mejor Ernest aún tiene los mismos gustos, ¡No se Sirius!, pero es muy raro lo que estas diciendo- volvía a hablar James mientras Remus los observaba en silencio apartado de la discusión.

-que sé lo que vi, y era ella, ella…-

-¿y que harás al respecto?- interrumpió Remus -…si es que fuera ella, ¿Qué harás?-

Sirius guardó silencio, no se había detenido a pensar en aquello, si era verdad que estaba viva, ¿Por qué se hizo pasar por muerta?, ¿para volver con Ernest?, ¿para que no la encontraran nunca más?, ¿para que él, Sirius Black, no la persiguiera?, ¿Por qué?, ¿con que derecho le había provocado ese dolor?

Y si él se lo estaba imaginando, y si cabía la posibilidad de que fuera todo un engaño de su mente, él…él debía averiguarlo, debía saber cual era la verdad.

-preguntarle porque mierda me estuvo mintiendo durante todos estos años, exigirle la verdad, ¡Maldición!...no sabes lo que se siente perder a la mujer que amas frente a tus ojos, no sabes lo que me costo superarlo, yo…yo necesito una explicación, yo…-

-te vengarías de ella por todo lo que te hizo sufrir…- terminó Remus por él.

Sirius se dejó caer al sillón con las manos tapando su rostro mientras un gruñido de desesperación brotaba de su garganta.

-Será mejor que dejes las cosas así, olvídala…-"

Claro que no lo iba a olvidar, porque él quería saber la verdad, conocer sus razones, quería entenderla, quería olvidarla, quería dejar de amarla como la amaba, quería que ese amor no se transformara en odio, eso era lo que él no quería, Sirius Black no quería odiarla, porque eso significaría que seguiría atado a ella.

Caminó rápidamente por la oscura calle, acababa de aturdir a un muggle que se dirigía hacía la fiesta, lo amordazó y lo escondió, acababa de usar a un inocente para cumplir su objetivo, llevaba puesto un esmoquin muggle, un esmoquin perteneciente a aquel joven ahora olvidado entre la neblina.

-invitación, por favor- se sorprendió al escuchar una voz ajena, no se había percatado de que ya había llegado al famoso salón, a la más esperada fiesta de alta sociedad muggle.

Pero no se inmutó, metió la mano al bolsillo y sacó un pequeño trozo de papel plateado.

-adelante señor- le indicó el guardia.

Siguió su camino, con la vista en frente, derecho a su objetivo y esta vez no se detendría por nada del mundo.

o0…0o

-te lo dije Ernest, te advertí cuales eran las condiciones, pero no obedeciste…-

-lo sé, pero no la pude detener, tu sabes que cuando se propone algo lo consigue- se excusó el chico -…le propuse matrimonio, Remus, y ella aceptó, pero su condición fue que nos casemos aquí, en Londres, ella quería conocer a toda mi familia, anunciar nuestro casamiento, hacer una fiesta de compromiso, lo que se acostumbra a hacer y luego volvemos a Italia, sólo serán un par de meses, quizás menos, sólo eso…-

-pues creo que no serán ni meses, ni semanas, ni días, porque Sirius la ha visto frente al museo, la ha visto y no descansara hasta saber si es ella de verdad, así que Ernest, o te la llevas en este instante o yo no seguiré mintiendo más- sentenció el licántropo.

-pero…-

-¡pero nada!, las condiciones fueron claras desde un principio, y pensé que era lo mejor para ella, si Margarita se vuelve a topar con el pasado, con sus recuerdos puede perder la cordura, el medico te lo dijo bien claro, confié en ti Ernest, confié en que la cuidarías…-

-y yo la he cuidado, la he cuidado con mi vida, le he dado todo, yo la amo- exclamó el chico, aferrándose a ese amor -…yo la amo-

-y yo quiero lo mejor para ella- sentenció Remus dándose la media vuelta para irse.

-yo soy lo mejor para ella- le detuvo Ernest

-eso espero- susurró Remus marchándose definitivamente.

"Se que te parecerá extraña esta carta, sé que no somos amigos ni nada parecido pero no tuve a quien mas acudir…había escuchado del lamentable accidente que tuvo Margarita con Holt, supe que no sobrevivió al ataque, estuve presente en su entierro ¿lo recuerdas?.

En fin, el tema no es ese, en realidad si, me es difícil decir esto porque de seguro pensaras que estoy loco, pero hace tres días una mujer se presentó en mi casa aquí en Londres, una mujer muy parecida a ella, yo no sé que pensar, me habla con conocimiento de todos los años que estuvimos de novios, se acuerda de mis padres, de muchos detalles que sólo ella sabría, no sé que creer, pero si no hubiese estado en aquel entierro Remus te puedo jurar que es ella.

Sólo espero que puedas venir lo antes posible.

Ernest."

o0…0o

"se valiente, Sirius, se valiente" se repitió una y otra vez mientras recorría el enorme salón con la mirada.

Sentía como sus pies parecían gelatina, sus manos tiritaban, su cuerpo era un manojo de nervios, y quizás no sólo eran nervios lo que tenía, también podría ser miedo, terror de enfrentarse a la verdad, o quizás del tan sólo tener la posibilidad de tenerle enfrente, de volver a verla, o pero aún, que todo fuese una mentira.

Dio algunos pasos hacía la barra y se sentó ahí, pidió el trago mas fuerte y empezó a observar a todas las bellas damas muggles, buscando a una en especial, a aquella que no quería salir de su cabeza.

Era un lugar muy lujoso, con gente al parecer muy refinada, hermosos vestidos largos, de la mejor calidad, y horribles trajes negros todos iguales, con espantosos corbatines que ya le estaba hastiando.

Todo muy bonito pero no había señales de ella, ni del idiota de Ernest. Volvió a levantarse para recorrer el lugar, fue primero por el lado de los ventanales, para luego acercarse al sector de los baños, y fue ahí que algo no le gusto, justo en ese sector de la cocina alejado de todo, ahí por aquella puerta apareció su amigo, y no tenía la menor idea que podía estar haciendo Remus por allí, no hasta que se acercó con decisión a un matrimonio mayor, no cuando los reconoció como los padres del idiota que estaba buscando, los padres de Ernest.

Lo siguió, siguió a Remus tratando de no dar señal de su presencia, lo siguió por todo el salón, lo siguió al patio, al lindo jardín adornado para la ocasión, lo siguió al hermoso estanque iluminado, lo siguió hasta que pudo ver a dos personas besándose, lo siguió hasta que pudo reconocer a Margarita entre tanta belleza y materialidad.

Y su mundo nuevamente se desmoronó ante él…

-necesito hablarte- espetó el licántropo interrumpiendo a los enamorados.

-Remus- sonrió la mujer, abrazando a su amigo.

-ahora no, Mar, necesito hablar con Ernest, en privado- masculló separándose de la rubia y observando a su alrededor para ver si alguien les observaba, y claro que alguien les observaba, pero escondido detrás de los árboles, escondido con su corazón herido, escondido por descubrir que la traición dolía más que la muerte. -…sígueme-

-espérame aquí preciosa, enseguida vuelvo- le pidió Ernest a Margarita.

Sirius vio como los dos hombres desaparecían nuevamente, y no supo como su cuerpo reaccionó solo, salió de entre los árboles sin poder dejar de mirarla, contemplando alarmado que aquello no era un sueño, que aquello parecía ser más que una pesadilla.

Y sus sentimientos estaban confundidos, su corazón que pretendía salir fuera de su cuerpo, y un dolor que se intensificaba a cada paso.

Él fue valiente, claro que fue valiente, no se quedaría con aquella mentira, no pretendía seguir viviendo mientras todos se burlaban de él, de su dolor, de su pobre corazón, él abandonó su escondite y la observó bajo la luz de la luna preguntándose si algún día lograría perdonarla, lograría olvidar la pesadilla que vivió aquel 31 de julio cuando lloró la muerte de la mujer que ahora milagrosamente estaba a sólo un palmo de distancia.

-una bonita noche- susurró casi con la voz ahogada interrumpiendo el extraño silencio, y ella volteó con brusquedad, mientras su pelo volaba al viento, lanzando ese aroma que moría por volver a sentir, notó su piel de gallina, el nudo que se formaba en su garganta, notó aquel desconcierto en la mirada femenina…ella volteó y sus ojos negros fueron su perdición.

-Black…- balbuceó Margarita con el miedo brotando de su cuerpo.

Y Sirius quiso llorar, quiso abofetearla, quiso matarla allí mismo, era ella, estaba seguro, su corazón reaccionaba como siempre, era ella. ¿Y que debía hacer ahora?

-¿Qué quieres?- volvió a hablar Margarita mientras disimuladamente buscaba su varita en el bolso de mano.

Y Sirius dio un paso, un tímido paso, un paso que le costo la vida dar, la miró a los ojos y siguió acercándose. Ella quedó inmóvil, no reaccionó, la mirada del moreno la tenía hipnotizada, aquel brillo de nostalgia le estaba embriagando, aquellos recuerdos vagando a su alrededor.

-detente…- le susurró cuando ya estaba frente a ella, cuando sus manos estaban acariciando las mejillas femeninas, cuando los labios de ambos estaban a solo centímetros -…Sirius-

Y la besó, Sirius no fue capaz de contenerse, no fue capaz de mandar a su propio cuerpo, no fue capaz de negarle a su corazón la posibilidad de volver a probar sus labios, recorrió su boca con sumo cuidado, buscando aquellos besos que eran sólo de él, buscando alguna explicación a toda esa locura, buscando recordar el motivo de aquel encuentro, buscando con desesperación despertar de aquel sueño.

Margarita no supo que hacer, cuando aquellos ojos grises dejaron de observarla, no supo como reaccionar porque cuando se vino a dar cuenta ya estaba respondiendo a un beso prohibido.

Sus manos recorriendo su cuerpo, sus besos apasionados, su desnudes expuesta, los gemidos de dos amantes inundando su cabeza.

Sirius se detiene cuando siente como las pequeñas manos de ella comienzan a cerrarse con agresividad en su pecho, aleja sus labios de los de ella para observarla, para descubrir en sus ojos un grado de confusión mucho mayor que el de él, cuando la ve agitada y a punto de desmayarse, la sostiene en sus brazos mientras el cuerpo de ella comienza a caer lentamente desvanecida.

-¡Sirius!- le grita Remus cuando ve lo que ha ocurrido.

-necesito ayuda- dice el moreno sosteniendo el cuerpo de Margarita entre sus brazos -…se ha desmayado-

o0…0o

-ella no recuerda nada de los últimos años, no recuerda la muerte de los padres de Lily, no recuerda nada posterior a eso, no te recuerda Sirius- explicó Remus con el dolor en cada palabra -…Ella perdió la memoria, sólo recordaba su relación con Ernest-

-¿Qué ocurrió?- preguntó Sirius con el llanto contenido, hundido en aquel sillón, esperando respuestas que sabía terminarían de destruir su ser. La verdad era mucho peor que las mentiras, mucho peor que la traición, la verdad resultaría aún peor que la muerte.

-aquella noche en que desapareció, la noche en que creímos que había huido, aquella noche, Sirius, fue secuestrada por Liza, Liza Owen…-

"-Sirius, hermano- es James quien le recibe, Lily se ha hundido en el pecho masculino incapaz de dar la cara ante él.

-¿Qué mierda pasa?- se altera, no le gustan los secretos y menos cuando sabe que algo anda mal.

-es Margarita- Remus es quien contesta, esta tras él -…Margarita ha desparecido-."

-…no sé cuales fueron sus motivos, no sé por qué razón le hizo tanto daño, pero se la llevó, la escondió no se en que lugar y se hizo pasar por ella, Sirius yo no quiero que te sientas culpable, no quiero que…-

-Me lo dijiste- interrumpió el moreno -¡Maldición!, me lo dijiste, me dijiste que no era ella, me dijiste que no era ella, ¡Por la mierda!-

-ya no vale la pena lamentarse por eso…-

"-¿tú la amas, verdad?, tú deberías darte cuenta de la verdad, no podemos perder tiempo Sirius, por favor te lo pido, Margarita puede estar en graves problemas, estoy seguro que mientras necesite verse como ella la mantendrá con vida, pero que pasara cuando logre su cometido, Sirius debemos buscarla, debemos exigirle que nos diga la verdad…-

-No existe otra Margarita, Remus, y si, la amo con todo mi ser pero en lo único que puedo concentrarme ahora es en destruir al maldito hijo de puta que le hizo esto-."

-…no dije nada cuando liza murió, me encargue de los funerales en completo silencio, nadie me habría creído en ese entonces, así que abandone todo y me dedique a buscar a Margarita, pasaron meses cuando la encontré en un hospital, al parecer había logrado escapar ella sola, pero no recordaba nada, ni siquiera como se llamaba, la cuide, la lleve a cinco médicos distintos para saber si se podría recuperar, pero ninguno daba respuestas positivas, ella estaba muy mal, Sirius, muy demacrada, desnutrida, su cuerpo era el vivo testigo de todo lo que sufrió…no hable ni siquiera ahí, no fui capaz de decirte la verdad, ella no te recordaba, no me recordaba, se pasaba el día entero en una cama meciéndose, jugando con su pelo, era muy doloroso verla así, muy doloroso…-

-¿Cómo logró recordar a Ernest?- la voz de Sirius se oyó lejana, casi como un susurro, un eco.

-no lo sé- contestó Remus -…no lo sé…yo la perdí, ella escapó de mi cuidado a solo semanas de haberla encontrado, la perdí y creí que esa vez no la volvería a encontrar, pero fue en la noche del primer cumpleaños de Harry cuando las cosas dieron un giro, aquella noche recibí noticias de ella, el propio Ernest me escribió diciendo muy desconcertado que ella se había presentado en su casa, que una mujer muy parecida a Margarita se había presentado diciendo que eran novios, que recordaba a sus padres…corrí a verla y era ella, la misma Margarita de siempre, con recuerdos, pocos, pero recordaba, sonreía, hablaba…recordaba, ella estaba de vuelta y no quería perderla. Ernest la cuidó, la llevó a los mejores médicos Muggles y me prometió protegerla, él la ama…pensé que era lo mejor para ella, alejarse de todo esto, de lo vivido, del tormento, de los horribles meses que paso secuestrada, hice lo que pensé era mejor para ella, la deje ir con Ernest, y durante todo este tiempo han estado viviendo en Italia, los visitó algunas veces y se ve que ella es feliz, es como antes, alegre, con sueños e ilusiones…ella sólo volvió para celebrar su matrimonio aquí en Londres y entonces volverá a Italia, es lo que siempre deseo ser, tiene lo que siempre soñó tener, Ernest le da la vida de princesa que anhelo de pequeña…-

-se va a casar…-

-lo siento Sirius- Remus le miró con verdadera comprensión, con tristeza, con compasión, pero no con arrepentimiento -…hay otra cosa que debes saber-

o0…0o

Sabía que no debería estar allí, que si lo encontraban estaría en graves problemas, pero no podía evitarlo, no podía controlarse, llevaba días escabulléndose por los grandes jardines de la mansión de Ernest, llevaba días observando a escondidas…observándola a escondidas, soñando con volver a hablarle, soñando con volver a probar sus labios, con volver a tocarla, con volver a verla de frente, soñando, sólo soñando, porque no se atrevía, porque las palabras de Remus aún resonaban en su cabeza.

"-cabe la posibilidad de que vuelva a perder la razón, si ella vuelve a recordar, si se encuentra de frente con el pasado, ella puede empeorar, Sirius por favor, te lo estoy suplicando, no te vuelvas a acercar a ella, no le hables, no…no la busques- Remus bajó la mirada, le costaba decir aquello, le costaba a montones tener que pedirle aquello a uno de sus amigos, le costaba porque fue testigo de aquel amor -…se que es difícil, lo sé, te entiendo, sé que a lo mejor me estoy equivocando, pero no quiero volver a verla como aquella vez, no quiero que pierda su sonrisa-."

Y la vio salir de la mansión como cada tarde, la vio recorrer en silencios el camino hacía su lugar favorito, la siguió como cada tarde lo hacia para observarla lo más cerca posible, la siguió y se escondió justo detrás de esos matorrales, se recostó en el pasto y buscó ese hueco entre tanto arbusto, y la vio, allí recostada, reposando en un grueso tronco de un árbol, con un libro en la mano, mientras los tímidos rayos de sol invernales se escabullían entre las ramas, se escabullían solo para contemplarla a ella, sólo para ser testigo de su belleza.

-mierda…- exclamó Sirius de pronto, estaba tan concentrado en mirarla que no se había percatado de los llamados, no hasta que el calor en su bolsillo derecho le sacó del transe. -¿Qué ocurre?- susurró hacía el reflejo de James tras el espejo, esperando que la mujer no se hubiese percatado del alboroto.

-¿Dónde estás?, te he buscado por todos lados-

-estoy en una misión secreta- rezongó molesto -…no puedo ir ahora, dile a Remus que lo siento-

-pero…-

-adiós- se despidió antes de que James siguiera hablando, guardó el pequeño objeto en su bolsillo pero esta vez en el de su capa, y volvió a mirar hacía aquel árbol, pero ya no había nadie.

-un bonito día- y enmudeció al escuchar esas palabras justo detrás de él, volteó aún recostado en el suelo y sonrió con inocencia a Margarita.

-bastante bonito- susurró con nerviosismo alzando las manos al ver que la mujer lo estaba apuntando con la varita.

-no te hagas el chistoso Black y dime qué haces acá- masculló la rubia.

-yo…bueno, yo sólo…estoy de visita- balbuceó buscando una excusa verdaderamente convincente, pero realmente no existía, sólo existía la verdad -…haciéndote una visita- sonrió

Margarita gruñó molesta, se dejó caer encima de él sin dejar de apuntarlo, se sentó encima para inmovilizarlo. Y Sirius aguantó la respiración, tragó saliva nervioso, y volvió a sonreír como estúpido mientras las manos de ella se movían ágiles en busca de la varita.

-en el bolsillo derecho…- murmuró él acabando con la tortura.

Ella sonrió con superioridad, bajó su mano lentamente hasta el bolsillo derecho, pero Sirius volvía a moverse.

-¡Margarita!- se escuchó a lo lejos a Ernest llamándola.

Sirius se había movido rápidamente al escuchar al rubio acercarse, tomó a Margarita por la cintura y la volteó posándose sobre ella.

-por favor…- le susurró el moreno posando un dedo sobre sus labios, esperando a que Ernest se acercara buscándola.

Los ojos femeninos se posaron en él, no fue capaz de resistirse, de soltar palabra, de gritar por ayuda, no fue capaz de evitar aquel sonrojo al descubrirse en aquella posición, no fue capaz porque se descubrió deseando estar así con él por siempre, simplemente no fue capaz, se quedó callada, mirando los hermosos ojos grises frente a ella, inmóvil esperando a que Ernest abandonara su búsqueda y se fuera lo antes posible.

Dos cuerpos desnudos entrelazados, suspiros, gemidos, palabras al viento, simples contactos, manos femeninas recorriendo con ímpetu la piel de un moreno, arañando todo a su paso, pidiendo más, su propia boca recorriendo un sendero prohibido…te amo bonita

Sirius sonríe con inocencia cuando el silencio nuevamente ha reinado, cuando Ernest se ha ido, pero la ve bajo él, mirándolo con intensidad, sin decir palabras, pérdida entre pensamientos.

-¿Margarita?- susurra preocupado y ella reacciona, abre los ojos algo asustada y le mira sonrojada -¿estás bien?-

-si…- suspira respirando con dificultad.

Sirius le observa en silencio, debatiéndose entre salir corriendo o arriesgarse y besarla, pero no tiene que pensarlo mucho, es ella quien decide.

-¿no deberías irte?- pregunta removiéndose incomoda bajo él.

Pero él no se mueve, su cuerpo no responde y es que una pregunta ronda su cabeza.

La mira mientras tímidamente comienza a acariciar la mejilla femenina, y suspira con nostalgia -¿no me recuerdas?-

Ella le mira extrañada -…claro que te recuerdo idiota, si estuvimos siete años en la misma escuela- dice molesta -…y no creo que deba recordarte lo tan buen amigos que éramos- ironizó bastante enfadada.

-no lo recuerdas…-

-mira Sirius no sé ha que estas jugando, no sé porque te apareces después de tantos años, no sé que pretendes, pero conmigo no lograras nada, me escuchaste así que si te mandaron a matarme hazlo de una vez, si viniste a buscar información o algo vete porque aquí no conseguirás nada- bramó molesta, tratando de quitárselo de encima, pero él no dejaría que se fuera, no ahora que la tenía tan cerca.

-no vine a matarte y tampoco vine por información, ya no obedezco ordenes del señor tenebroso…no estoy jugando a nada- contraatacó

Ambos se quedaron mirando, en un juego de miradas, en una batalla sin ganador.

-me muero por volver a besarte- susurró Sirius de pronto, interrumpiendo el silencio -…pero no puedo, tú…-

Y Margarita no sabe de donde ha sacado el valor, no sabe porque su cuerpo reaccionó por si sólo, sólo sabe que ella también se moría por volver a besarlo, sólo sabe que ella tampoco podía, pero ella estaba besándolo como si el mundo se fuese a acabar, ella estaba besándolo con desesperación.

Probó sus labios, los recorrió a su antojo, él sólo ha seguido su juego, él sólo a respondido de la misma forma, y ambos se besan, se aman, se acarician, ella necesita aire pero no quiero soltarlo, gruñe en los labios masculinos y él sonríe de lado, vuelve a poseer sus labios pero con lentitud mientras ella recupera el aliento, le besa el labio inferior, baja por su mentón, se detiene ahí y le muerde con inocencia, ella gime mientras vuelve a buscar sus labios.

-esto es peligroso…- susurra Sirius entre besos

-muy peligroso- le responde ella sin detenerse un segundo, lo susurra sobre sus labios sin dejarlo escapar.

-te vas a casar…-

-me voy a casar- y sigue besándolo, sigue envuelta entre sus brazos, sigue recorriendo su espalda bajo toda aquella ropa incomoda.

Pero Sirius se separa de ella a duras penas, se resiste a aquellos ojos suplicantes, lucha contra su propio deseo.

-Margarita…- susurra con la respiración agitada.

-…es una locura…- responde ella, tratando de normalizar su respiración, tratando de retomar su compostura, tratando inútilmente de pensar con claridad -…deberías irte-

-si…-

Se pone de pie con torpeza, la ayuda a ella tratando de mantener la distancia.

"-¿Cuál es la probabilidad de que vuelva a recuperar toda la memoria?-

-según el medico, un cinco por ciento de que recupere la memoria y no le cause ningún daño colateral-."

-me voy…- se despide él, le besa la mejilla y se aleja -…Margarita- se detiene volteando hacía ella -¿Piensas que vale la pena luchar por un cinco por ciento?-

Ella frunce el ceño -…depende de cuanto signifique para ti- responde con confusión

-lo significa todo- sonríe, vuelve a su camino y se aleja

Lo significa todo…

o0…0o

Luchar esa es la palabra que tenía impresa en su alma, luchar era por lo que respiraba cada día, luchar era lo único que le quedaba por hacer. Y luchó, Sirius Black luchó contra la marea, luchó contra si mismo, luchó aunque todo estaba en su contra, luchó incluso cuando ella le pidió que la dejara en paz, luchó durante esos dos meses, luchó con su vida…pero no parecía tener resultados, por lo menos para él no eran favorables.

Luchar no era una opción, luchar era como respirar, luchar por ella, por Margarita significaba enfrentarse a su dolor, exponer el alma. Luchar por su amor, por el pasado, por la verdad que sólo él conservaba.

Margarita era como un fantasma para Sirius, era el recuerdo de aquellos días en que descubrió que la amaba, como el primer momento en que la vio, aquella noche que le hizo el amor, sus primeras lagrimas derramadas por su culpa, el beso, la traición, el dolor, Margarita Smith lo era todo, pero a la vez no era nada. Ella se veía lejana en el tiempo, esa Margarita de la que él se enamoró no era la que ahora estaba junto a Ernest, no era simplemente porque lo veía en sus ojos, en sus movimientos, en su falta de sinceridad, en su vida falsa y materialista, en la necesidad de riquezas para demostrar un amor inexistente por parte de ella, lo veía, él, Sirius Black lo veía tan claro en ella, lo vería aún si fuera ciego, ella no amaba a su futuro esposo, esa Margarita amaba el mundo de princesa que él joven heredero le prometía.

Y él muchas veces se cuestionó si sólo era una imaginación suya, si el dolor le hacía ver cosas que quería ver, a lo mejor su corazón dañado ya no la reconocía, quizás el tiempo marchitó el falso recuerdo que tenía de ella, de su verdadera capacidad de amar, de ese brillo en su mirada, del valor de su ser por enfrentarse a lo que fuera por un amor real.

Pero una noche todo volvió a su cabeza, una noche que marcó aquella batalla interior por descubrir quien era realmente ella, una noche donde pudo comprobar que era real, que todo lo que pensaba de ella era real, que la Margarita que él conoció no era la misma, o por lo menos no era ella misma frente a otros, para ser más especificó, Margarita Smith actuaba según la persona que tuviese frente a ella.

"-tú…- un simple susurro salió de los labios del moreno al verla parada en la puerta frente a él, al ver la confusión en su mirada, aquel frágil temblor de su cuerpo.

Y Margarita le mira ventilando su alma, él lo puede ver, puede ver la confusión en la mujer, las preguntas que él no puede responder.

-¿puedo pasar?- dice ella, y Sirius asiente sin quitarle la mirada de encima, se hace a un lado, le da lugar y cierra la puerta para seguirla. -…se que no debería estar aquí- comienza ella, y la mente de Sirius comienza a pensar en millones de respuestas a sus preguntas, pero algo en ella le hace ver que no esta allí por eso, ella no ha recuperado la memoria -…pero no puedo evitar sentir esto, es mucho más fuerte que yo- se muerde el labio inferior y se acerca a él acariciando el pecho del moreno -…te deseo Sirius-."

Llevaba semanas acercándose a ella con cualquier escusa, sólo para hablarle, para decirle un par de palabras, para sonreírle, para ver su sonrisa, llevaba días planeando cada encuentro, colándose en las fiestas que ella solía asistir, mintiendo a sus amigos, incluso llegó a espiarla al lugar donde hacían su vestido de novia, se metió en los vestidores cuando ella estaba allí y no recapacitó cuando la tenía arrinconada a medio vestir, la besó allí mismo impulsado por la furia de ver que la perdería nuevamente, que Margarita se entregaría a otro hombre, la furia de saber que ella no volvería a recordarlo.

Pero nada había pasado a mayores, ninguno de sus encuentros secretos, no hasta aquella noche, donde fue la misma rubia quien fue tras sus pasos, tras sus besos, tras unos recuerdos inexistentes en su memoria, fue por él, sin saber que no era la primera debilidad que tenía con ese hombre, sin saber que siempre terminaba así, allí, en sus brazos.

Sirius no lograba entender del todo lo que ocurría entre ambos, no podía con aquel juego que unos años antes él mismo dio comienzo, no, ahora que sabe y recuerda todo lo ocurrido, Sirius estaba luchando contra ella, contra los sentimientos de una Margarita que no recordaba mucho más allá que su salida de Hogwarts, que no sabía lo tanto que él llegó a amarla, estaba luchando solo. Margarita le enfrentaba, Margarita le besaba, Margarita le culpaba, Margarita jugaba con fuego sin siquiera quererlo, Margarita estaba envuelta en emociones mucho más grandes que las de sus últimos años, estaba confundida, estaba cayendo en brazos del merodeador con cada sutil roce, y aquello parecía no acabar, pero ambos sabían que el final estaba por llegar, la decisión final de ella, la ultima batalla de él.

o0…0o

-no te cases por favor, no te cases- había llegado aquel momento, el final a un solo día y Sirius se estaba jugando el todo por el todo.

-Sirius no puedes pedirme eso, yo…yo- Margarita no lograba mirarlo a los ojos, no después de aquella noche que pasaron juntos, no, porque la culpa y el arrepentimiento estaban marcados en su rostro.

-¿tú lo amas?- Sirius sujeta las muñecas femeninas frente a él, intentando retenerla a su lado.

-Ernest me da todo lo que siempre desee, él esta construyendo ese castillo de princesa sólo para mí, esta construyendo un cuento de hadas, él me ama…-

-¿tú lo amas?- lo vuelve a preguntar, sólo eso necesita saber. Si aquel hombre es capaz de hacerla feliz, de darle lo que ella quiere, si ella lo ama, él se hará a un lado, dejara que la vida de ambos se separe, esta vez, para siempre.

-Sirius, por favor, no me hagas esto, déjame ser feliz…-

-yo sólo te hice una pregunta y quiero que la respondas-

-no es justo, no tienes derecho a venir aquí, no tienes derecho a pedirme esto- sollozaba Margarita cuando las dudas vuelven a inundarla, cuando el contacto con el moreno le quema la piel -…no eres nadie-

Sirius la toma de los hombros, la acerca a él con agresividad, la alza hasta quedar cara a cara -…yo te amo, te amo y estoy dispuesto a luchar por ti-

Te amo Margarita. Te amo bonita. Prometo amarte por el resto de mis días, prometo amarte hasta la eternidad…

Ella solloza, su corazón esta doliendo, su cabeza que nuevamente comienza a traer imágenes de algún lugar lejano, imágenes que la confunden, que la marean, que le quitan la respiración.

-por favor…- solloza.

-si tú me dices que lo amas yo me alejo de tu vida para siempre, te prometo que nunca más volverás a verme, te dejare ser feliz con el hombre que elijas, pero dime que lo amas- le exigió Sirius nuevamente.

-¿Qué esta ocurriendo aquí?- es Ernest quien se asoma por la puerta, se detiene al ver lo que pasa, Margarita con lagrimas en los ojos, Sirius sosteniéndola, zamarreándola exigiendo una respuesta -¡suéltala, que la estás lastimando!-

-no te metas en esto, Felton- masculló Sirius molesto.

Margarita quien dejó de lado el llanto, miró a ambos hombres, se oprimió el corazón, y sacó el valor de muy adentro para decir lo que diría ahora, porque sabía que ya no había vuelta atrás.

-lo amo- susurró mirando a Sirius -…Ernest es el hombre de mi vida, yo lo amo- volvió a decir con mas seguridad -…no quiero que vuelvas a buscarme, no quiero que te acerques a mi- se detuvo tratando de ahogar un sollozo

-Margarita…-

-…por favor déjame ser feliz-

Sirius la miró con un adiós impregnado en sus ojos, la soltó lentamente entregándola a otro hombre, la dejó ir porque ya no había más que hacer, ella había decidido, él sólo quería verla feliz, aunque eso destruyera su alma.

-sólo quiero que recuerdes que luche por ese cinco por ciento, luche con mi vida, porque tú lo valías…adiós bonita-

Margarita lo vio partir, lo vio llevándose algo de ella, lo vio y no hizo nada para impedírselo, sólo se dejó abrazar por el hombre que había escogido, se dejó contener mientras nuevas lagrimas inundaban su alma.

Te amo bonita…

Y el tiempo dejo de correr, el aire se hacía escaso, su cuerpo cayó en los brazos de Ernest, desmayado.

Continuara…

By: Mainy