CAPÍTULO 26
Odiaba los pájaros.
"¿Por qué anuncian que viene la mañana, tan ruidosamente, incluso cuando está lloviendo?" Se estiró medio dormido y su cara dio contra algo suave y cálido. Empezó a pensar sobre eso, algo extraño estaba tocando su brazo y no era como si fuera un kunai o un cuchillo... Sus recuerdos le dijeron claramente que estaba [i]todavía[/i] en el hospital, sedado y cansado y hambriento. Pero tenía a una persona durmiendo a su lado, lo que hacía que estuvier un poquito mejor. Pensó que lo mejor era no decir nada y esperar a que ella se despertara por su cuenta, pero de repente, un intenso dolor arrasó en su ojo, haciendo que lo cogiera por sorpresa y que sus oídos sisearan con fiereza.
La joven suspiró, mirando de repente, y tocó la frente del moreno.
-¿Estás bien?
-Sí.- seguía doliéndole, muchísimo, pero no quería admitirlo y que ella se fuera.
-Déjame ver.- le ofreció, todavía con la voz somnolienta.- Puede que haya algo dentro.- la mano era cálida sobre su cara.
Intentó abrir los ojos, aunque fuera un poco, pero aquello le provocaba más dolor y acababa cerrándolos con fuerza, intentando que ese dolor punzante desapareciera de su cabeza. El calor desapareció de su lado, y por un momento deseó que fuera otra pesadilla, pero una prenda fría, húmeda, apretó contra sus ojos y el dolor remitió lentamente.
-Llamaré al doctor.
-Espera.- gimió.- Ya ha pasado [O pasará pronto, pero no te vayas...]
-¿Estás seguro?- sintió el pelo sobre su frente, y cómo la joven lo peinaba hacia atrás.
-Sí...- ella nunca volvió a acostarse a su lado, simplemente se sentó en la silla y descansó los brazos al lado de la cama, cerca de su brazo. La habitación estaba caliente, el tiempo prometía que sería un día realmente húmedo, pero el espacio que había a su lado estaba realmente frío por alguna razón, y una voz en su cabeza le repetía que quería decirle a la joven que volviera a su lado...
Se despertó poco después, había perdido la noción del tiempo en aquel sueño irregular, pero estaba contento de que ella estuviera allí con comida. EStaba vestida con un kimono azul claro, y olía a champú y flores cuando se acercó a él, para coger la prenda y volver a ponerla sobre su cabeza.
-Hola.- dijo con tranquilidad, con una pequeña sonrisa en su cara. Él respondió con un gruñido quejumbroso y aceptó el vaso de agua que ella le ofrecía.- He... hablado con el médico hace unas pocas horas.- empezó, apretando un pañuelo contra sus labios, la cara notablemente sonrosada.- Ha dicho que podrías... volver a casa hoy o mañana, dependiendo... de cómo vaya el examen de hoy.- Sasuke asintió y respiró profundamente, volviendo a apoyarse contra las almohadas.
-[Algo va seriamente mal con mi cuerpo, estoy cansado todo el tiempo, con fiebre, y duermo mucho... ¿Qué demonios ha pasado conmigo?]
-¿Quieres comer algo?- le ofreció, poniendo un poco de té en un vasito de papel. Chasqueó la lengua, disgustado, sentía como si hubiera estado comiendo algo rasposo, y su cabeza le dolía justo detrás de los ojos. Algo le tocó el brazo y abrió los ojos, con visión borrosa.- ¿Cómo te encuentras?- había preocupación y ansiedad escrita en toda su cara.
-[Como si un millar de copias de Kie hubieran saltado sobre mi cabeza toda la noche]Bien...- cerró los ojos de nuevo, intentando apagar aquella luz tanto como pudiera.- ¿Qué hora es?
-Es por la tarde.- dijo calmada, sentándose a un lado de la cama, la cara roja.- Sasuke...- abrió los ojos cuando sintió aquel peso sobre su cama, frunciendo el ceño.
-[Ella no está perdiendo el tiempo, ¿verdad?] ¿Qué?
-Esto... no sé cómo... decirlo...
-Solo dilo.- empezaría teniendo paciencia, Hinata se había ganado toda su atención. La joven se mordió el labio antes de hablar.
-El fisioterapeuta ha dicho... con un poco de lectura y... experiencia, que yo podría hacerlo.- jugó un poco con sus dedos, nerviosa, y luego se apartó el pelo negro de la cara y su manga del kimono. Sasuke parpadeó.
-¿Hacer [i]qué[/i]?- se le estaba haciendo muy difícil explicarlo, haciendo que él no entendiera.
-Tu... brazo y tu... pierna.- explicó como si aquello fuera lo más obvio. Cuando él la miró como si no entendiera, la joven suspiró nerviosa y se levantó de la cama, pretendiendo aparentar que estaba muy ocupada con las cajas de comida.- Ha dicho que... después de un mes durmiendo, y... al haber huesos rotos... necesitarían rehabilitación.
-¿Por qué estás tan nerviosa?- gruñó él.
-¡No lo estoy!- dijo un poco más rápido, abriendo la caja de golpe, haciendo volar el arroz por todos lados. Hubo un poco de silencio donde Hinata no tenía ni idea de qué expresión tendría Sasuke, y no tenía coraje suficiente como para volver la cabeza y mirar su cara y su respuesta.
EStaba muy nerviosa desde que el doctor le había dicho aquello, tenía la impresión de que tendría que estar con él durante muchas horas, estirando y encogiendo sus extremidades para que las moviera, y no había pasado nada cuando ella lo había imaginado, hasta que él le dijo que tendría que hacerlo sin que él estuviera semidesnudo.
Estaba agradecida por eso, pero a la vez...
La puerta se abrió ligeramente y apareció el médico que le habían asignado a Sasuke, con una expresión parecida a si tuviera un dolor de cabeza.
-Buenas tardes, ¿cómo te encuentras hoy?
-Como basura.- gruñó.
-Bien, bien...- con aquella afirmación empezó a examinar los monitores y los documentos. Su expresión se fue suavizando con forme iba leyendo y comparando los papeles, y en unos pocos minutos empezó a apagar las máquinas y a quitar las ventosas que había en el cuerpo del paciente, por debajo de las ropas de hospital.- Lo estás haciendo muy bien, Uchiha-san.- dejó el cuadernillo sobre la mesita de noche y encendió una luz pequeña sobre los ojos de Sasuke, escuchando unos cuantos insultos por parte del joven.- Tu esposa me ha dicho que tenías dolores en los ojos.- Sasuke la miró, acusándola.- Es razonable, por alguna razón has estado utilizando muchísimo tus ojos, y para ser franco, habría jurado que perderías la visibilidad completamente.- miró entre los folios y siguió hablando.- Son de esperar algunas incomodidades, te prescribiré medicina para que puedas limpiarlos, pero no los utilices demasiado. Si te vuelven a doler, ven a verme lo más pronto posible.- Sasuke estudió la expresión de aquel viejo y deseó poder usar algún poder de Itachi para golpearle... Itachi solía usar a menudo el Mangekyou, ¿cuál era la diferencia entre su hermano y él? ¿Quizás él tenía un Mangekyou en otro nivel superior? ¿O simplemente estaba dejando que destruyera sus ojos?
Oh, mierda...
-¿Cuándo podré irme?- murmuró contra las incómodas sábanas.
-En un momento...- el médico asintió de forma ausente y empezó a caminar hacia la salida, mirando algunas notas.
-Pff...- miró a la única persona que quedaba en la habitación, con la boca tensa por su enfado.- Y tenías que decírselo.- Hinata apretó los labios.
-Tenía que hacerlo.- iba a decir algo sobre eso, pero decidió que no era lo mejor empezar a discutir por eso, así que suspiró profundamente y cerró los ojos ligeramente, la cabeza le dolía más, y escuchaba el palpitar de su corazón con fiereza.- Esto, yo... solo estoy intentando... ya sabes...- paró, tragando saliva, y sus palabras se perdieron mientras miraba por la ventana.
-¿El qué?- negó con la cabeza.
-Na... nada. Esto...- no podía creer lo asustado que estaba cuando se despertaba, o lo hermoso que había sido lo de la noche anterior...
-Ven aquí.- la joven se acercó un paso.- Más.- su mano blanca tocó el lado de la cama.
-¿Qué...?
-Ven aquí.- ordenó, las cejas fruncidas.- [¿Por qué es tan lenta para entenderme?]
-¡No!- la joven tensó los hombros, la cara completamente roja.- ¿Qué... qué quieres decir?
-Ven aquí y te lo diré.- se sonrojó todavía más cuando vio aquel brillo distinto en sus ojos negros.
-Está bien, no... no necesito saberlo.- se dio la vuelta y se acercó a la mesa que había al lado de la cama, decidiendo preparar la comida.
-¿Estás segura?
-Sí.- contestó, afirmando con la cabeza para demostrárselo, dándole la espalda para que no se diera cuenta del rojo de su cara y las lágrimas de vergüenza que se agolpaban en sus ojos. Sasuke suspiró.
-Creo que lo he perdido.
-¿Perder el qué?- la joven se volvió, escéptica.
-Mi línea ocular...- por un momento, Sasuke miró la habitación, mientras Hinata lo observaba apartarse el pelo de la cara.
-¿Te duele?- la joven tocó su codo, estudiando seriamente sus ojos por si sufrían algún cambio. Sasuke se preguntó si solo había dicho aquello para que le prestara atención, o porque justo en ese momento su vista había sido peligrosamente borrosa.- Um...- la joven tragó saliva, mirándole.
-¿Qué?
-¿Cómo...?- ahora él empezaba a preocuparse.
-¡¿Qué?
-¿Cómo es... Mangekyou Sharingan?- él la miró, y justo después ambos pegaron un brinco cuando la puerta se abrió de un golpe, dejando ver a Kei detrás con una sonrisa zorruna en su cara.
-Oh, mierda, ¿he interrumpido algo?- volvió a salir de la habitación como si fuera una bomba y cerró la puerta. Un "perdon" se escuchó tras la puerta antes de escuchar unos golpes.- Chicos, ¿puedo pasar?- Hinata sonrió con ternura y miró la puerta, preguntándose qué se había imaginado Kei que había interrumpido... Quizás había sido por la forma en la que ella estaba en la cama, con una rodilla al lado de Sasuke y casi sobre él, como si fuera a besarle... Se volvió hacia él con horror y sus ojos se encontraron, y sin pensar se apartó de su lado. Empezó a colocarse sus propias ropas.
-¡Puedes pasar!
-¿Estás segura?
-Sí...- Kei abrió la puerta y avanzó un paso, confirmando que era seguro entrar.
-Vosotros dos no deberíais hacer lo que ya sabéis cuando alguien puede entrar aquí.- sonrió.- ¿Cómo te encuentras?- la única cosa que Sasuke podía pensar era por qué demonios le habían dejado pasar, y si podía poner algún tipo de traba a eso.
-Está mejor.- Hinata sonrió, contestando por él.- El doctor ha dicho que podrá irse hoy o mañana.
-¡Genial! ¿Has escuchado eso? ¡Podrás irte hoy o mañana!- gritó.- ¿No puedes andar todavía, verdad? Vamos, creo que sigues con la pierna rota y todo.
-¿Eres idiota por naturaleza o practicas para ello?- gruñó Sasuke, apoyando la espalda en la cama.
-Practico.- Kei se sirvió un poco de té frio y bebió un sorbo.- Sono ha decidido que hoy me odio, así que me he tomado un día para mí.- dijo miserablemente, sentándose en la esquina de la otra cama.- Si solo no cambiara tanto de humor... ¡Y eso que habíamos pensado en salir hoy a algún lado!- el Uchiha suspiró inaudiblemente y se preguntó lo que estaría pensando Sono ahora mismo, por si viniera a por su marido y se lo llevara.- ¡Ya sé! Vamos a jugar a juegos de mesa.- exclamó, señalando a la nada con el dedo.- ¿Ajedrez?
-No... pero gracias.
-No.
-¿Dragones y mazmorras?- preguntó, desesperado- Oh, ¡vamos! ¿Qué hacéis por aquí entonces? ¿Ponéos enfermos?
-Es un hospital.- le dijo Hinata, esperando no herir sus sentimientos. Kei la miró, sorprendido.
-¿Y esa es la razón por la que esta habitación parece una casa fantasma?- Sasuke suspiró.
-Solo vete.
-¡Me voy! ¡Por supuesto que me voy!- dijo Kei, ofendido.- Y cuando vuelva tendremos mucho rato de diversión.- con eso dijo, volvió a salir de la sala como si se tratara de un tornado y cerró la puerta tras él. Sasuke miró la habitación, pensando en cómo matar a aquel hombre. Un par de minutos después, el sonido de sandalias corriendo por el suelo del hospital y una persona golpeando en su puerta se escuchó, para después abrirla y encontrarse a Kei, con una bolsa en la mano y el pelo más desordenado de lo habitual.- ¡Sono estaba esperándome abajo! ¡Vuelve a quererme!- tiró la bolsa hacia Sasuke, sin darse cuenta que la estampaba contra su pecho dolorido.- ¡Pasad un buen rato, chicos! ¡Ya me haréis un hueco luego!- y cerró la puerta. La habitación se llenó de silencio... Lluvia...
-¿Puedes quitarme esto de encima? Me duele...- Sasuke gruñó, quejándose, intentando apartar la bolsa de su pecho.- Este Katsuma, lo mataré algún día de estos...- Hinata sonrió con suavidad y cogió la bolsa entre sus manos, mirando las cosas que Kei les había traído, viendo un bolígrafo permanente en medio de todo aquel caos. Lo miró.- Ni se te ocurra.- abrió la palma de su mano, poniéndola frente a él a modo de defensa.- No.
-¡Solo en una esquinita!- la joven caminó alrededor de la cama hasta acercarse a su pierna escayolada.- ¡Por favor!
-No.
-Solo algo pequeñito.- suplicó, con una sonrisa en su cara. Sasuke se quedó mirándola, aquella expresión en su rostro hacía que le doliera el pecho, aunque no fuera físico.
-Pff... De acuerdo, solo algo pequeño.- Hinata ya estaba poniendo alguna cosa antes de que él pudiera acabar la frase. No podía ver lo que estaba haciendo porque ella le había dado la espalda y parecía muy concentrada, y la verdad es que estaba nervioso por lo que ella pudiera escribir...
¿Te quiero?
¿Sus iniciales?
¿Mejórate?
Quizás alguna flor... o una carita sonriente...
-Has dicho algo pequeño...- dijo, impaciente.
-Sí...- incluso cuando ella dijo aquello, seguía pintando con rapidez sobre la escayola. El médico caminó dentro de la habitación, seguido por una enfermera, y sonrió ante aquella escena.
-¿Estáis pasándolo bien?- Hinata dejó lo que fuera que estuviera haciendo y bajó la cabeza con vergüenza, cubriendo lo que había escrito para alejarse antes de pasar al médico.- Déjame ver que las vendas están bien...- El médico ayudó a que Sasuke se levantara y le quitó un poco la bata de hospital, dejándolo completamente desnudo de cintura para arriba. Hinata no sabía si debía abandonar la habitación o si estaba bien que ella estuviera viéndole así.
Una vez las vendas de su pecho fueron descubiertas, se sintió como si algo empezara a palpitar de nuevo, probablemente sobre sus costillas...
Tosió ligeramente cuando el aire frío llenó sus pulmones, y le dolió sentir aquella vibración sobre sus huesos libres en el pecho, poniendo una mueca de disconformidad e intentando que no se notara, luchando contra el dolor como mejor podía.
El médico fue mirando las diferentes heridas y la enfermera le quitaba el vendaje, mientras Hinata se encontraba sonrojada, pensando seriamente que era completamente innecesaria en aquel sitio.
-ESto... creo que... será mejor que salga.
-No, quédate.- dijo el doctor, todavía ocupado.- Vamos a ver tu brazo.- Tocó ligeramente y no se sorprendió del gemido de dolor que recibió en respuesta.- ¿Puedes moverlo?- Sasuke lo intentó, obligándolo desde su cabeza, pero lo único que hizo es provocarse más dolor.- Es suficiente, no te sobreesfuerces.- apoyó su mano en su brazo.- Bueno, parece que necesitarás un día o dos más, no necesitas más monitores, así que prepararé tus papeles mañana y te asignaré un fisioterapeuta y una tabla de ejercicios.- asintió a sus instrucciones y la enfermera se llevó uno de los aparatos, marchándose de la habitación. Hinata no podía creerlo, él podría volver a casa. El médico había dicho que sería esta mañana, pero ahora estaba realmente contenta de que pudiera ser tan pronto.
No tendría que ir corriendo cuarenta minutos por la calle hasta el hospital, no tendría que vivir cuarenta minutos de preocupación por si él quisiera su comida o si había empeorado, o si se había roto alguna cosa más...
Sin embargo, ahora que ya no tenía ningún aparato concectado, mientras movías los dedos de su brazo malherido, le dolían, y el dolor del pecho no era mejor.
-Recuérdame que no deje que me rompan los huesos de nuevo...- Hinata sonrió, con los ojos brillantes.
-No lo harás, no te lo permitiré.- con aquello dicho, volvió a poner las mantas en orden sobre él. Aquellas palabras resonaban en su cabeza una y otra vez, recalcándole que ella había estado en una condición similar no hacía mucho tiempo. Una sonrisa jugó sobre su boca y aclaró su garganta.
-¿Qué hay para comer?
Sasuke miró hacia el dibujo que había al lado de su pie, sin decidir si eran cuatro hojas o cuatro corazones tocándose los unos a los otros.
-[No es como si me importara...]
-Tu turno.- dijo Kei, sentado en la silla de al lado y mirando a la mesa de ajedrez. Sasuke hizo un movimiento y suspiró.
-Acabará pronto.
-¡No! Todavía tengo dos soldados, y mi reina aún no ha muerto!- se llevó unos dedos a la boca, pensando.- Por estas cosas 'Sono y Hinata-chan aún no vuelven'. Así que calla y juega.- Hinata y Sono habían decidido antes de que anocheciera que necesitaban ir de compras con urgencia, y que volverían tarde. Eso había sido hacía cuatro horas... Al menos ahora podía mover su mano izquierda, y no la necesitaba en todo momento, pero lo más importante era que ahora podía machacar a Kei en el tablero de juego todo el tiempo. Después de lo que parecía una eternidad, Kei hizo un movimiento y después abrió la boca.- ¡No, no! ¡Espera! ¡Voy a hacer otra cosa!- sin esperar, Sasuke agarró su caballo negro y mató una de las piezas blancas, con los ojos relampagueantes de triunfo.
-Has perdido. Paga.- una bolsa de patatas con queso se estampó contra su cara.
-He perdido todo mi dinero en patatas y chocolatinas para ti, ya no tengo nada más.- mintió Kei.
-¿Y Sono ha ido a por patatas a la tienda?- estaba demasiado ocupado reorganizando las piezas en el tablero, preparándolo para otro juego, sin molestarse en saber que volvería a ganarle.
-Sí.
-Solo juega...- ahora el dolor de cabeza había desaparecido, y era todo lo que tenía en mente, sintiéndose más confiado en sí mismo, como era antes. O al menos aquella parte de él, porque todavía seguía preocupado por si ella estaría bien, o si estaría comprando todo lo que quería.
-Ya sabes, cuando Hinata quede embarazada, entenderás lo mucho que hace en casa.- Kei empezó otra conversación consigo mismo.- Vamos, antes de que Sono se quedara embarazada solía pensar que no hacía casi nada en casa, y discutíamos mucho sobre lo mucho que yo trabajaba y que ella estaba durmiendo casi todo el día. Pero una vez empezó a sentirse demasiado cansada como para moverse demasiado, y tuve que empezar a hacer el trabajo por ella... Tío, las tareas de la casa son todo un mundo nuevo...- su cara se torció en una mueca cómica, las cejas fruncidas por la memoria.- Yo creía que esas cosas eran bastante fáciles, pero la suciedad de los zapatos que se queda por el suelo, y las ropas... ugh...- empezó a juguetear con sus piezas en silencio, perdiendo dos o tres por la distracción. Sasuke gruñó, pensando en cómo Hinata no se quedaría embarazada.
-¡Hemos vuelto!- Sono entró en la habitación haciendo ruido, y tiró las bolsas al suelo.- Es un horror ir a las tiendas de embarazadas para encontrar ropa interior...- Sasuke la miró con una ceja enarcada.
-[Demasiada información...]- la pareja se besó sonoramente. Sasuke puso los ojos en blanco, mientras Hinata aparentó estar demasiado ocupada mirando dentro de su bolsa, hasta coger una camiseta azul oscura.
-He traído esto para ti.- dijo tímidamente, estendiéndola para que la viera.
-Justo a tiempo...- no había tomado un baño en mucho tiempo, desde que llevaba en el hospital, lo único que había hecho había sido asearse con papel húmedo, y lo que llevaba puesto no podían ser llamadas ropa.
-Oh, será mejor que nos vayamos...- dijo Sono con un poco de picaresca, levantándose y diciéndole con la mirada a su marido que cogiera las bolsas.
-Sí, no queremos ver cómo Uchiha-sama se desviste.- rió Kei y agarró el pomo de la puerta, tirando las piezas de ajedrez al escaparse. Una vez la puerta se cerró y las risas se alejaron por el pasillo, Sasuke se estiró un poco e intentó no mostrar el dolor que tenía en el pecho. Deslizó el brazo izquierdo por la manga y paró, confuso tanto como su compañera de habitación.
-Um... Creo que... ha sido suficiente por hoy.- sugirió, notando cómo él no podía mover más su brazo, empezó a ponerle la camiseta.
-Hm...- al menos no era duro, sino suave. Una vez estaba vestido, ella le preguntó.
-¿Has comido?
-Sí.- Cuando ella y Sono se habían ido, había estado discutiendo con Kei sobre la cena.- ¿Qué has comprado?- quería estar seguro para preguntarle dónde iba su dinero.
-Esto... algunos libros, ropa, y comida. Lo he dejado en casa...- puso una bolsa sobre la mesa.- Y, eh... algunas ropas para ti...- se sonrojó ligeramente, haciendo que él se preguntara si había comprado también ropa interior para él.
-¿Libros?- agradecida por el cambio de tema, sonrió con suavidad y recogió las piezas de ajedrez y los platos vacíos de comida.
-Sí, para... ayudar a que te recuperes, y algunas cosas que quería saber...
-¿Sobre qué?
-Plantas.- carraspeó.- algunas hierbas que... podrían ayudarte, y plantas que puedo tener en casa. Ahora sé algunas cosas, pero nunca había necesitado tenerlas antes...
-[Así que ha ido a la tienda de medicinas para obtener información sobre hierbas medicinales... ¿Nunca piensa en sí misma?]- se echó para atrás, apoyando la espalda en las almohadas, estudiándola.
-Esto... Sono se ha ofrecido estar con nosotros un tiempo.- no lo miró porque sabría la expresión horrorizada en su rostro.- pero le he dicho que no era necesario, y que ella tenía que descansar.- sonrió.- ¿Está eso bien?
-[Sí, gracias por salvarme] Mm.
-¿Estás bien?- colocó bien las mantas a su alrededor.- ¿Estoy... hablando demasiado?- Sasuke chasqueó la lengua y se quedó mirándola, sin darle respuesta. Hinata intentó leer su expresión, pero era relajada y en blanco, lo que le preocupó. Sasuke únicamente se ponía así cuando estaba a punto de explotar o cuando quería estar solo, y empezó a pensar que era un buen momento para hacerlo.- Eh... Yo creo que me iré ahora, ya es de noche y... ¿Necesitas alguna cosa?- agarró sus cosas mientras esperaba que él dijera algo. Sin embargo, solo lo escuchó suspirar y cerrar los ojos.- [¿Significa esto un '¿déjame solo, quiero dormir ahora?'] Buenas noches...- como no obtenía respuesta, se dio media vuelta y apagó las luces, cerrando suavemente la puerta tras ella, confusa y con el corazón latiendo fuertemente en su pecho.- [Solo está cansado, es eso, no es como si hubiera hecho algo mal... ¿verdad?]
-Pesas mucho, ¡al menos pon un poquito de tu parte!- Kei gruñó y ayudó a su amigo a cruzar la puerta.
-Se supone que no debe apoyar nada de peso en las piernas, así que no le molestes.- dijo la fisioterapeuta, que se había presentado como Hagane Rin, la mujer de Tanaka, y que lo cargaba del otro lado.
-Solo cállate.- Sasuke frunció el ceño ligeramente, humillado por necesitar la ayuda de alguien, Kei y una mujer... Hinata llevaba el paraguas para que no se mojara, y cerró la puerta tras él.
-Okaerinasai, ¡muchas gracias a todos!- hizo una profunda reverencia y fue a preparar té.
-Ah, no hay problema.- con aquello, Kei dejó caer a su amigo en la mesa de la cocina, sentándose en la silla de al lado, y dejando que el otro le pegara en la cabeza. Rin suspiró y sopló, moviendo su cabello.
-Las mujeres no deberían ser tratadas así.- cogió un vaso de agua y bebió.- ¿Crees que podrás empezar mañana?- Sasuke asintió, intentando con su mejor voluntad no mostrar el dolor de sus costillas. Había sido llevado en una silla de ruedas y haber ido por la calle empedregada lo había dejado exhausto.
-[Tengo mucho trabajo que hacer...]
-Pareces enfermo.- notó Kei.- Deberías descansar por hoy.- miró a Hinata.- ¿Qué hay de cena?
-¿Cena?
-Conmigo no cuentes.- dejó el vaso vacío en la mesa y caminó hasta la salida.- Solo vine para saber dónde estaba la casa, ahora me voy.- hizo algún estiramiento y se marchó. El hombre de pelo castaño sonrió.
-Oh, yo también debería irme, tengo que...- se levantó, caminando hacia la puerta.- Bueno, en realidad no tengo nada que hacer, pero él me está mirando mal.- lo señaló acusador con el dedo.- ¡Míralo! ¡Lo está volviendo a hacer!
-Vete.- gruñó, agarrándose la cabeza.
-¡Ya me voy! ¡Después de lo que he hecho por ti!- incluso cuando había dicho aquello, estaba sonriendo como un tonto. Una vez la puerta se cerró, la casa se quedó en completo silencio. Había un poco de luz entre la lluvia fuera, pero estaba anocheciendo y no había animales ni gente. A Sasuke le gustaba aquello, hacía que le doliera menos la cabeza, pero Hinata estaba ocupada sacando y metiendo cosas a la nevera, lavando platos y preparando la cena... Sasuke frunció el ceño.
-Hey, deja de lavar los platos.- le ordenó, estudiando su confusa expresión. Su cabello estaba pegado a su cara y había lluvia en su ropa, con los bajos de su kimono cubiertos de barro. Sabía que ella tenía mejores vestidos que ese. Seguramente Hinata no había entendido bien sus palabras, y pensaba que estaba sucia y que olía mal, porque se puso completamente roja.- Ponte algo más... colorido.- le explicó él, pero la joven no dijo nada y simplemente desapareció por la puerta de la habitación, cerrándola silenciosamente tras ella.- [No tiene ningún dibujo...]
Después de un rato, la jarra de agua estaba demasiado lejos como para que llegara. Soportando su peso sobre una de sus manos, se acercó a la mesa e intentó levantarse durante un largo momento, para después notar un dolor punzante en su espina dorsal. Había una mano en su brazo, y después empezó a caer hacia delante, pero Hinata lo sujetó con una cara que no expresaba felicidad.
-¡Se supone que no debes andar!- estaban en una posición un tanto indecorosa, él sin verla.
-Andaré cuando me de la gana. [Maldita sea, mi brazo...]- la joven agarró su brazo sano y lo puso sobre sus hombros, y después de unos pasos, acabaron entrando en la habitación, que olía a limón y jabón. Sus dedos rozaron la piel blanca de la joven y cuando se dio cuenta de que ella se había puesto un kimono azul cielo, y en las mangas llevaba pequeños dibujos. Le ayudó a entrar en la cama y colocó su cuerpo en una posición que no le incomodara, probablemente había olvidado alguna cosa, pero en aquel momento todo lo que hiciera era irrelevante. ¡Estaba prácticamente encima de él! Su cara estaba sonrosada, los labios rojos, y pelo rozando su cara y dejando que oliera esa esencia a flores y especias tan suya. Eso, y que al estar en aquella posición, el kimono se había abierto levemente, revelándole [b]exactamente[/b] lo que había debajo, haciendo que el dolor de su cuerpo desapareciera.
-¿Te duele?- se encontró con sus ojos, la cara sin muestra de dolor. Sasuke deseó que ella no se diera cuenta adónde había estado mirando, o lo pasaría mal.
-No. [Oh, dios...]
-Si necesitas algo, te lo traeré cuando quieras, ¿vale? No te levantes.- dijo gentilmente, apartándose y cubriéndole con las mantas.
-[Oh, estoy demasiado seguro de lo que quiero justo ahora...]- dijo para sus adentros.- No me mandes.- la joven estudió su rostro, con algo brillando en sus ojos.
-Perdona...- se disgustó un poco cuando ella se apartó para mirar la cena, más aún cuando vio que llevaba una larga camiseta negra, y que aquello la hacía, para nada, sexy...
"Deja-de-pensar-en-eso"
Se dejó caer hacia atrás y sintió que las almohadas estaban muy altas.
"No, espera, esto no son almohadas" levantó la cabeza para mirar a su alrededor y vio el otro futón enrollado bajo las sábanas. Parpadeó. ¿Se había bañado, vestido y hecho las camas en menos de cinco minutos?
"Siempre está trabajando, siempre ocupada, haciendo la comida o con gente o con las camas, ¿tanto me odia para estar un poco de tiempo conmigo?" miró hacia la pared, con un dolor en la pierna. "¿En qué estoy pensando? Debería estar pensando en sanar pronto para irme de aquí... Amor o no, no va a darme poder para matarlo"
No con un brazo y una pierna rota, al menos. Dobló los dedos de su mano izquierda y gruñó. Si se hacía lo suficientemente fuerte, no tendría que soportar esas heridas de nuevo, si él era lo suficientemente fuer, esas heridas las sufriría su hermano, no él.
Volviendo a pensar en eso, ¿cómo estarían las heridas de Itachi? Incluso si no había recibido ningún...
Hinata caminó dentro de la habitación, y colocó todo a su lado. Su estómago respondió al olor de la comida, pero se negó a tocarlo.
-¿Dónde está tu plato?- había solo un bol de sopa, uno de arroz y un plato con carne con especias.
-No... no tengo hambre.- movió su cabeza, negando.
-Entonces yo tampoco comeré.- intentó cruzar los brazos.
-¿Por qué?- Sasuke no respondió, se limitó a estudiar las reacciones de su compañera. Vio cómo se sentía incómoda.- No tengo hambre...
-Ven aquí.- dijo con calma, sin mirarla. Ella se acercó un poco, pero no lo suficiente.- Más.- le señaló con la mano el pequeño espacio a su lado, dentro del futón. Hinata lo miró con una cara que decía '¿Qué estás intentando hacer?', sus labios con una mueca de disgusto.
-Esto...
-Solo ven aquí, no lo hagas difícil.- empezó a decirle, impaciente, pero luego respiró con profundidad cuando ella se acercó a él, la cara roja. Él puso su brazo alrededor de ella, haciendo que descansara parcialmente su cuerpo sobre su pecho.
-Sasuke, esto...- podía sentir su corazón palpitando acelerado, y su olor a través de sus ropas.
-No puedo hacer nada en estas condiciones.- empezó, con la respiración en su cuello.- Así que hasta entonces te tocará ser la persona fuerte.- ella permaneció en silencio, probablemente intentando entender lo que le decía.- No quiero tener que decirte esto una y otra vez, creo que lo sabes desde el primer momento.- la joven asintió, incómoda por el contacto físico y su actitud impaciente.- ¿En qué estás pensando?- su pregunta le sorprendió, pero acabó sonriendo por su preocupación.
-En... en nada, en realidad.- la mano que la tenía presa se hizo más firme, y la habitación se mantuvo en silencio.
-Tú.- empezó él de nuevo, intentando romper el silencio.- Tú dijiste algo sobre el Mangekyou... en el hospital.- suspiró y la soltó para agarrar el tazón con arroz, mirando cómo se alejaba un poco de él para darle espacio.
-Eh, sí... ¿qué quieres saber?- paró a medio camino.- Tu Sharingan... estaba borroso.- Sasuke masticaba lentamente, metido en sus pensamientos.
-[Pero yo no tengo el Mangekyou todavía... Tengo que matar a alguien a quien ame...]- sus ojos inmediatamente estudiaron las marcas de quemaduras de sus brazos, su cabello negro y liso, la pequeña joya que llevaba en la oreja.- [¿Acabaría con todo eso si la matara?]
Su silencio acabó con la conversación, y miró cómo ella se iba relajando gradualmente a su lado, incluso cuando él estaba tan ausente y calculando algo en su cabeza, moviendo los labios sin decir nada. Hinata miraba alrededor de la habitación. Ocasionalmente, la joven ojeaba al chico cuando no la veía, y su cara se puso roja cuando le ofreció un trozo de carne.
Sasuke se sorprendió cuando ella lo comió directamente de sus palillos.
-¡Te lo has comido!- vio cómo se tapaba la boca con vergüenza, los ojos completamente abiertos.
-¿No se suponía que tenía que hacerlo?- vio cómo sonreía.
-Pensaba que no tenías hambre.- había decidido que amaba aquella cara eternamente sonrosada, y había decidido hacer que se acercara a él un poco.- No sabía que querías que te diera de comer...- la joven se tensó, y tapó toda su cara con las manos. Sabía que no debía hablar con la boca llena, pero estaba demasiado avergonzada.
-¡No! ¡No es eso!- él cogió un poco de arroz y lo llevó de nuevo a sus labios, intentando no reírse por la cara que ponía.
-Venga, comételo.
-No, estoy bien.- se negó cordialmente, pretendiendo que se quitaba el pelo de su cara. Al final, acabó comiéndoselo porque no parecía que él fuera a cambiar de opinión. El joven siguió comiendo en silencio, intentando apartar ese sentimiento que tenía en la base de su garganta. Humillarla era muy divertido, pero si con eso solo conseguía alejarla de él... No quería que volviera a irse a ningún lado llorando... Maldita sea, él la conocía demasiado bien...
-Bueno, ¿y dónde vas a dormir?- preguntó con tranquilidad, dejando el plato a un lado y cogiendo el vaso de agua para acabar la comida. Sus ojos se encontraron.
-Oh, esto... había pensado en coger el futon...- empezó, señalando el que tenía tras su cabeza.- donde estás apoyado.
-Pero a mí me gusta estar así.- contestó él sonriendo un poco, enseñándole lo bien que se estaba echado así.
-Pero... no puedes dormir con... con eso tan alto.
-Seguro que puedo.- cerró sus ojos, aparentando que dormía. Con los ojos cerrados no podía ver su reacción, pero era obvio que no le había gustado aquello, y que se había levantado para ir a la cocina. Cuando el calor de su lado desapareció, suspiró profundamente y abrió los ojos, justo cuando las luces se apagaron y la puerta se cerró.- [Mierda...]
Gruñó en silencio, con el sudor cayendo por su espalda y la mandíbula completamente cerrada.
-¿Estás bien?
-Más.- le ordenó con un quejido, el pelo mojado pegándose a su cara.- Sí, solo hazlo.- siseó, respirando a través de sus dientes blancos.
-Deberíamos parar.
-Estoy bien.- echó su cabeza hacia atrás y respiró profundamente, los ojos cerrados.- Más fuerte.
-No puedes seguir así, mírate.- Rin lentamente empezó a destensar su pierna, moviendo su pie circularmente para relajar el músculo.- Te he dicho que me dijeras que parase cuando empezara a dolerte.- Sasuke la miró, con el Sharingan amenazando con salir.
-No me duele.- ante su mirada, añadió.- No mucho al menos.
-La rehabilitación no debería ser tan intensa.- sonrió la mujer, relajando su expresión severa.- Hace mucha calor aquí, y eso que estamos en invierno.- Hinata, que había estado mirando en silencio desde la puerta, entró y se sentó a su lado, ayudando a Sasuke con un vaso de agua.
-Ella tiene razón.- dejando el vaso en el suelo, Sasuke suspiró de nuevo.
-Ya ha pasado una semana, no debería dolerme más.- se apoyó sobre su brazo derecho y lo acercó a su pecho.- ¿Cuándo dejaré de sentir este cansancio?
-Date un poco de tiempo.- Rin se pasó una mano por la frente, tenía mucho más calor que el resto.- Vendré en un par de días, hemos estado haciendo todo esto durante horas.- el dolor de su pierna asintió.
-Lo que sea.- se tumbó y miró el techo de la habitación, respirando profundamente.
-Qué amable por tu parte.- murmuró la mujer mientras se levantaba, preparando para irse.- De todas formas, podrías perder tus músculos si no te bañas en agua caliente, pero en este estado, con tu brazo y tu pierna en ese estado... Creo que no hay opción.- sonrió, recogiendo su cabello en una coleta.- A menos que tengas cuidado, no los mojes.- asintió hacia Hinata y empezó a caminar hacia la puerta, cogiendo su paraguas.
Rin había estado visitándoles cada tarde de acuerdo al trato, y se había convertido en una especie de amiga del Uchiha, que no seguía demasiadas formalidades cuando entraba o se iba. Era como dos veces más mayor que ellos, pero tenía el mismo espíritu que su marido.
Un poco agresiva.
-Necesito un baño.- giró la cabeza hacia el lado de Hinata y miró cómo su compañera de habitación estaba sacando ropa limpia para él.- Ayúdame.- no necesitaba ayuda, pero tenía la necesidad de decir algo para convencerla de su plan. Sin saber sus tretas, la joven acudió obediente y cogió uno de sus brazos, y justo en el instante que iba a tirar para ayudarle a levantarse, fue ella la que, sorprendida, cayó hacia abajo, quedando arrodillada y con una mano sobre su pecho desnudo.- Ayúdame a bañarme.- dijo él, serio. Tal como esperaba, la joven intentó zafarse de su agarre para liberar su muñeca, con la cara poniéndose más y más roja.
-¡Eso ha sonado muy mal!
-Lo sé.- había una nota de humor en su cara, pero su voz era completamente seria.
-Báñate solo.- dejó de forcejear, había notado que él estaba jugando con ella, intentando que de entre sus dedos no se escapara su muñeca. Aún cuando empezó a mover sus dedos sobre el brazo de la joven, lo hacía de forma más suave. Hinata intentó no reírse porque él en realidad estaba intentando jugar con ella.- Déjame ir.- él bufó, entre una risa y un suspiro.
-De verdad que necesito un baño.- se sentó, remarcando los músculos de su estómago.- Pero no puedo lavarme solo, no quiero que se me moje la escayola.- soltó su muñeca y estudió su rostro. Hinata suspiró y meneó la cabeza, intentando no mirar el torso desnudo del hombre.
-Yo no... yo no puedo.
-Ayúdame.- en ese momento lo decía de verdad, no tenía ningún plan para poder bañarse sin mojarse completamente. Siseó cuando se levantó y caminó por la habitación, con la pierna protestando con cada paso. Sasuke suspiró profundamente cuando pisó el suelo caliente del baño, mirando por el rabillo del ojo a su mujer.- No me quitaré los pantalones.- lo dijo para que ella se asegurara de que no estaba planeando algo raro, pero provocó un sonrojo mayor en ella y que él pensara que estaba malinterpretando las cosas.- [No me lo quitaré incluso si quieres... Debería quitármelo si me lo pidieras, pero... Espera, ¿en qué demonios estoy pensando?]
La bañera estaba a medio llenar con agua caliente, y su cabello seguía cayendo desordenado por su rostro, sucio. Su hombro protestó por el dolor cuando se metió dentro del agua, pero los músculos fueron relajándose y abandonando el dolor. Lentamente, empezó a sentirse mejor y sus palpitaciones se volvieron normales.
-¿Quieres... quieres que te... lave el pelo?- tartamudeó la joven, incluso cuando intentaba aparentar que estaba bien. El bote de champú que tenía entre sus manos era rosa y azul.
-No, con eso no squiero.- miró el bote con horror.
-No... este es el mío.- lo dejó a un lado con vergüenza, cogiendo uno azul oscuro.
-Hm...- susurró algo para sí y asintió, descansando la espalda y colocando los brazos sobre su pecho.
Era una experiencia extremadamente incómoda para Hinata, tener que estar de rodillas para poder lavarle el cabello. Lo había hecho antes, hacía ya mucho tiempo, pero estaba siendo igual de incómodo que aquella vez. El hecho de estar tan cerca de él, casi entre sus piernas, era muy difícil para ella, demasiado.
Desde entonces, deseaba que pudiera hacerlo él mismo la próxima vez...
Sasuke, sin embargo, estaba relajado, se había calmado con el olor del champú y los dedos suaves y gentiles, que masajeaban su cabeza tras un duro trabajo, podría hacer que se durmiera.
-Esto apesta.- dijo con calma. Las manos de la joven pararon un momento.
-¿El qué?
-Que tengas que hacer esto.- susurró, el agua mojando su brazo.- ¿No es verdad?
-EStá bien.- dijo después de un momento, volviendo a su tarea. Sasuke la miró. El jabon caía por un lado de su cara, iba a abrir la boca como si fuera a decir algo, pero luego la cerró y siguió mirando hacia abajo, hacia el kimono de la joven. Después de un rato pensando, murmuró.
-Todos tus kimonos se están haciendo viejos.- sus manos dejaron su cabello un momento para empezar a aclararlo.
-Tengo un montón...- Sasuke echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos. Un montón de agua cayó sobre ella, limpiando el jabón y mojando su espalda y su pecho.
-[Si no supiera lo incómoda que se siente, podría decir que somos como una pareja normal...]- estaba agradecido de que su pelo se pegara a su cara, no quería verla con aquella expresión que sabía que tendría.- [La primera vez que me ayudó a darme un baño, no sabía si estaba feliz o humillada...]- algo cálido y mojado rozó su espalda, restregándolo con tranquilidad.- ¿Qué estás haciendo?- sintió el calor en su cara y sus orejas.
-Has.. has dicho... que te bañara.- sonó como si le hubiera sorprendido, aunque no fuera a bañarse hasta la semana siguiente... o mejor aún, un mes. Sasuke quiso dejarla hacer lo que quisiera, pero aquellas acciones de la joven le estaban afectando demasiado.
-No tienes por qué hacerlo si no quieres.- susurró, incómodo.
-¿Estás seguro?- tembló violentamente al sentir la respiración cálida en su nuca.- Oh, estás cogiendo frío.- se levantó y salió a la habitación un momento. Sasuke agarró su cabeza, sintiéndose miserable.
-[No tengo frío... más bien todo lo contrario...]- cogió la toalla que le tendía y se secó el pelo. Aceptó su ayuda para salir del baño hacia la habitación. Su brazo no le dolía tanto como pensaba, lo que era una buena señal. Ella parecía ocupada en la cocina, y Sasuke sabía que solo lo aparentaba para no tener que ver cómo se cambiaba. Se mordió el labio inferior y empezó a abotonarse la camisa con una mano.
-Sasuke, ¿quieres comer algo?- asomó la cabeza por la puerta, sus manos con bolas de arroz.
-[A ti]- suspiró, acercándose a la cama.- Eh... no. [Solo quiero dormir y olvidarme de todo esto.]
-¿Cómo está tu pierna?- le preguntó.
-Mejor.- se puso las sábanas por encima y pretendió dormirse, sintiéndose mal por cómo la estaba tratando, después de lo que ella hacía por él.- [Si ella viene a algún sitio cerca de mí...]
-Mm, oyasumi.- apagó las luces y cerró la puerta en silencio.
-Asía que si las riegas demasiado, ¿mueren?- Sasuke había arqueado una ceja mientras miraba a Hinata regando las plantas al lado de la ventana, con un libro en su mano.
-Sí.- dejó la botella en el suelo y tapó a la planta.- Quitan el dolor de cabeza, si tienes algún otro.- movió la cabeza negativamente y miró a la pequeña planta, escéptico.
-Pensaba que las plantas necesitaban sol.- Hinata sonrió ligeramente, negando.
-Ya lo veremos.- era un bonito día, la lluvia había parado por la tarde, pero las nubes se negaban a dejar pasar un solo rayo de sol... Rin no había llegado.
-¿Crees que vendrá?- cerró el libro, aburrido.
-¿Rin? No estoy segura...- Hinata se sentó a su lado y cogió el libro médico. Leer se había convertido en uno de sus hobbies también, porque no tenían donde ir, pero quizás también porque necesitaban alguna distracción al estar tanto tiempo solos en esa casa. Leer sobre jutsus oculares y hierbas medicinales, a parte del entrenamiento físico eran buenas aficiones. Unas cuantas horas después la puerta fue sonoramente tocada.
-Ey, Uchiha, abre, es importante.- Hinata se levatnó y abrió la puerta a Kei, que tenía una expresión preocupada escrita en su rostro. Kei sonrió nerviosamente.- Uh, eh, Hinata-chan.- caminó dentro de la casa, sentándose al lado de Sasuke y susurrando algo demasiado bajo como para escucharlo.
-De ningún modo.- le cortó.
-Me lo suponía.- su pelo se movió mientras afirmaba con la cabeza.- Ella está en el hospital ahora.- Hinata caminó dentro de la habitación.
-¿Qué pasa?
-Hagane ha vuelto de una misión, han dicho que estaba en peligro, así que Rin no vendrá a verle durante un tiempo.- Kei se metió las manos en los bolsillos.- Estaba con Sono en una revisión cuando la vimos.- la joven tocó sus labios con su mano.
-¿Va a estar bien?
-Sono sí estará bien, solo le queda un mes.- asintió orgulloso, hasta que Sasuke lo golpeó con un libro en las costillas.- ¡Oh, querías decir Rin! Um, no estoy seguro...- se rascó la cabeza.- Voy a ir a visitarla, pero no creo que me digan nada seguro, solo he venido porque creía que tenía que decíoslo. Sasuke se preguntó de dónde sacaba toda esa amistad Kei, ¿es que acaso no había tenido una mala experiencia nunca con sus amigos? Nadie podía ser tan amistoso con todo el mundo, ¿cierto?- Ah, de todas formas, tengo que irme, tengo una misión con los chicos en unas horas.- sonrió.- Nos vemos.- con eso, se fue tan rápido como había venido.
-Estoy preocupada.- Hinata se sentó, sus cejas ligeramente juntas.
-Ellos no la llaman 'Hagane' por nada.- afirmó Sasuke, recalcando ese nombre inspirado en el metal.
-¡De todas formas! Yo quiero estar segura de que está bien.- estudió su rostro pálido, preguntándose cuándo había empezado a tomar decisiones por sí misma sin preguntarle lo que le parecía.
-¿Ahora?- asintió, empezando a perder la confianza.- Bien, vale.- no era como si él también estuviera preocupado... mierda... Los ojos de la joven brillaron.
-¿De verdad? Um, vale, estaré en casa en...- se había levantado y estaba buscando el paraguas.- ¿dos horas?- él bajó el libro y la miró.
-Bien.
Después, escuchó sus pasos hasta que se perdieron tras la puerta. Por un momento, estuvo a punto de decirle que no fuera, que había cambiado de opinión.
De repente, todo se había vuelto muy, muy silencioso...
Hinata movió el paraguas para quitar la lluvia y caminó hasta recepción. Una vez allí, recuperó el aliento y dijo:
-Hagane Tanaka.- la enfermera negó con la cabeza.
-Eres la tercera persona que pregunta por él, todavía está en el quirófano.- señaló hacia el pasillo.- Por favor, sigue la línea roja del suelo.
La joven no perdió tiempo y empezó a caminar apresurada hacia el pasillo, para encontrarse la figura de Rin apoyada en la pared, acompañada por Marta y Yamada.
-¡Rin-san!- abrazó a la vieja mujer.- Kei-san nos lo dijo.- Rin asintió lentamente, sentándose de nuevo en la silla. Sus ojos estaban enrojecidos por el llanto, y su pelo estaba revuelto.
-Todavía no tenemos noticias.
-Él es fuerte.- susurró Yamada.- Ha pasado momentos peores.
-¿Se supone que eso me hará sentir mejor?- gimió la mujer.
-Um, no... Perdona.- la cara de Yamada se transformó con culpa, y se quedó mirando sus pies. El médico salió y se quitó una máscara verde de la cara, dejando ver su rostro cansado.
-¿Señorita Hagane?- se frotó la frente.- Hemos hecho todo lo que hemos podido, ahora hay que esperar a que él responda.
-¿Qué se supone que significa eso?- gimió la mujer, agarrando al hombre por la camisa.- ¡Dígalo ya!
-Ha tenido serias heridas y hemos hecho lo que hemos podido, estará en cuidados intensivos hasta que su condición sea estable.- le soltó.
-¿Así que me está diciendo que tengo que estar aquí hasta que él quizá muera?- hubo un largo momento de silencio.- ¿Puedo verle?- su voz apenas era audible, y quedó rota al final.
-Todavía no, quizás mañana.- con aquello dicho, volvió hacia quirófano y cerró la puerta tras él.
Marta puso una mano sobre el hombro de su amiga y le habló tranquilizándola. Yamada negó con la cabeza y se excusó, dando media vuelta y marchándose. Hinata no sabía qué podía hacer, así que le susurró a su amiga palabras de aliento antes de irse.
Si ellos no podían ni verle en ese momento, era porque estaba en situación crítica, justo como había estado Sasuke hacía un mes...
Congelada a mitad de un paso, se dio la vuelta hacia la habitación de operaciones y miró la línea roja de la puerta.
No...
Suspiró y se abrazó a sí misma, el paraguas cogido por el mango. Caminó hacia el pasillo en silencio y atravesó la puerta hasta estar en el verde jardin, viendo que la lluvia había parado durante un momento. En algún lugar que está lleno de muerte, es seguro que es bonito... Se sorprendió cuando una lata de zumo de naranja apareció frente a sus ojos, y siguió el brazo con los ojos hasta encontrarse a un hombre de pelo negro y ojos cansados.
-Yamada-san.- lentamente aceptó la lata fría.
-Espero que las pastillas funcionen, o no podrá sobrevivir.- parecía más viejo que hacía un momento. Hinata lo vio abrir una lata de zumo de mango, tomándolo a sorbos mientras frotaba el suelo con el pie. No sabía qué podía hacer o decir, él le había ofrecido un zumo cuando se había ido, pensaba que no querría hablar o que tendía a comprar cosas de las máquinas expendedoras para ofrecérselas a la getne... Prefirió no pensar en ello, aunque quería saber cómo Hagane había acabado con semejantes heridas. Yamada debía saberlo.
-Esto... ¿Cómo... cómo ha acabado... tan malherido?- se sentó en un banco, agarrando ligeramente la lata.
-Quién sabe... Era el único en esta misión, con otro tío, y él ha muerto...- bebió un poco de zumo y apretó la lata en su mano.- Todos nosotros queremos saber cómo...- la joven asintió en silencio y miró la hierba en sus sandalias.- Es raro cómo solo nos juntamos cuando las cosas van mal.- sonrió amargamente, con líneas de preocupación en sus ojos y boca. La joven lo miró como cuando había estado borracho, cuando Sasuke fue herido y...
-No realmente, te he visto en el local de Tina... algunas veces.- asintió lentamente, como si recordara exactamente lo mismo.
-Es verdad... Bueno, tengo que irme, hay trabajo que hacer.- peinó su cabello hacia atrás y metió las manos en los bolsillos, caminando con la cabeza metida entre los hombros.
Hinata se quedó mirando el zumo en su mano y se pregunto por qué se sentía tan mal con lo que la gente hacía. Por supuesto que estaba disgustada, y no podía sentirse feliz de que un hombre viejo muriera, especialmente cuando su mujer era una persona tan maravillosa, pero algo en su interior le decía que todos ellos estaban exagerando, o que quizás eran demasiado dramáticos.
"Él lo hará, estoy segura de que vivirá"
Sonrió suavemente, sonriendo para sí, y se levantó, abriendo la lata y caminando hacia casa.
Cuando entró a la habitación, abrió la boca y los ojos enormemente.
Sasuke estaba haciendo flexiones sobre un solo brazo, sin camiseta. Si su fuerza no le había sorprendido, verlo desnudo de cintura para arriba sí lo había hecho, definitivamente.
-¿Qué se supone que estás haciendo?- dejó el paraguas y la lata medio vacía en el suelo.- ¡Tu pierna!- dijo mirándola. Al levantar la cabeza para mirarla, perdió el equilibrio y cayó hacia las almohadas, apoyando la cabeza con cansancio.
-Entrenando.
-Tus labios.- se arrodilló y apartó el pelo de su cara, rozando sus labios ensangrentados.
-Oh, es verdad...- se giró para mirarla.- Ha sido... me los he mordido sin querer, cuando me he caído antes.- Bien, eso explicaba las almohadas... Una línea apareció entre sus delgadas cejas, y una expresión de 'no puedo creerme esto' jugó en su rostro. Se levantó y abandonó la habitación, probablemente para buscar algo con que cerrarle las heridas de los labios.
Sasuke agarró el zumo y se lo puso sobre los labios, siseando por un momento cuando notó el cambio del frío, pero después bebió y volvió a dejar la lata a un lado.
Hinata se sentó a su lado y mojó un pañuelo de lana con desinfectante, apretándolo contra su labio durante un segundo.
-Agg.- se quejó.- ¿Por qué estás enfadada?- no dijo absolutamente nada.- ¿Porque me he bebido tu zumo?- señaló con la mirada la lata vacía, y después ella volvió a apretar el algodón contra la herida.
-No...- dejó de tocar su mejilla, había acabado de limpiar la sangre.- Ellos dijeron... él podría no sobrevivir...- Sasuke la miró.
-¿Y?
-¿Y?- repitió ella, las manos congeladas en el aire. Sasuke puso los ojos en blanco.
-La gente muere todo el tiempo.- descansó su cabeza sobre las almohadas y miró hacia la habitación, cada vez más relajado.- Ellos lo harán también algún día.
-Él era tu amigo...
-No, pasar tiempo con él era interesante, pero él no era mi amigo.- se cubrió los ojos con el brazo, declarando que la discusión había terminado.
Si ella no hubiera dicho aquello, seguramente no lo hubiera visto, pero no habló nada durante el resto del día. Cuando fue la hora de la cena, la joven dejó los platos, con una expresión que no se podía leer, y comió en silencio.
Él había estado leyendo un libro, y se había estado preguntando si su comportamiento era por su culpa o para hacerle pensar que era una mala persona. Demasiado mal lo había pasado hacía unos años. Si se hubiera sentido mal porquela gente muriera, lo habría pasado realmente mal cuando se hubiera enterado de que sus compañeros de Konoha morían, o cuando el Hokage había muerto.
Pero él no había sentido nada, no sentía nada cuando la gente de su alrededor moría, era el ciclo natural de la vida, ¿cierto?
Vivir, crecer, y morir.
Suspiró y dejó el libro a un lado, agarrando su plato y masticando un poco de arroz mientras pensaba.
-Estás muy callada hoy.- ella lo miró un segundo antes de volver a dirigir su vista al suelo, parpadeando constantemente y con los pensamientos corriendo por su cabeza.- Estás disgustada.- sonó más como una pregunta que como una afirmación. Era la primera vez que veía a Hinata realmente enfadada, ¡quizás estaba enfadada con él! Era algo completamente nuevo.
-No.- incluso cuando ella aparentaba estar ocupada con la comida, le había contestado. Casi no había probado bocado de arroz, y tenía la ensalada sin tocar.- Solo pensaba...- así que ella estaba meditando.
-¿Mm?
-Nada.- se giró para coger un poco de lechuga y la mojó en la salsa. Sasuke odiaba las conversaciones que no le llevaban a ningún lado, especialmente cuando él sabía que estaba enfadada, era algo que atentaba contra su orgullo que ella estuviera disgustada con él por algo y que no expresara nada en absoluto.
-¿Estabas pensando en nada?- sin mirarle, asintió con la cabeza. Quiso tirar la comida de su plato y agarrarla para que le mirara, quería gritarle para que dijera algo, lo que fuera. Le gustaba que le mirara a los ojos y que su cara se sonrojara, y se odiaba a sí mismo por ello.
A él le gustaba, mucho, quizás demasiado, pero dejaba que esos pensamientos cayeran a un rincón oscuro en su cabeza, recordando lo tontos que parecían y que tenía que centrarse en otras cosas.
No quería que ella le mirara con ojos llorosos, a menos que fuera porque estaba realmente contenta, ¿cierto?
Sasuke suspiró y siguió comiendo en silencio. Había perdido el apetito desde el momento en que se había cabreado con ella y con él mismo, de modo que dejó el plato en el suelo y volvió a coger el libro, descansando la espalda en el futón enrroyado.
Había solo dos camas hechas cuanod ella esperó, hasta que Sasuke decidió dormir y dejar que ella hiciera lo que quisiera.
Hinata no tardó mucho en acabar su cena, y cuando fue a la cocina a lavar los platos, él la miró a través de la puerta entreabierta. Había movido la cabeza unas cuantas veces, y cuando se lavó las manos y decidió que era hora de dormir, se paró y se quedó en cuclillas, cubriendo su cara con las manos.
Sasuke estaba convencido de que era por frustración.
La joven entró a la habitación, aparentando que todo estaba bien, sin saber que él la había estado observando todo ese tiempo. Cerró el libro y vio cómo ella se aproximaba.
Apartó la mano para hacerle hueco, y no se sorprendió cuando la vio vacilar.
-No voy a estar convenciéndote todo el tiempo.- aunque sus palabras eran gentiles, las maneras no lo eran. Ella cogió su mano, grande y cálida, y se sentó a su lado, el calor en su cara y orejas. Cuando él no dijo nada, ella preguntó, impaciente.
-¿Qué es?- su brazo la rodeó y la acercó a él, suspirando en silencio.
-Nada.
-[¿Está abrazándome y diciéndome que no es nada?]- intentó no decir palabras de protesta, pero nada venía a sus labios excepto pequeños sonidos incoherentes.
-Empieza a hacer frío.- su pecho vibró cuando habló. Ella no pudo parar el roce de sus piernas y el frío de sus dedos. Aquella noche haría más frío, estaban entrando en el invierno.
-Mm.- se apartó un poco y estudió su rostro.- Lo tendré en cuenta.- él la miró a través de sus ojos medio cerrados.
-¿Por qué?
-Estoy cansada.- se había apartado un poco y estaba esperando a que él le dijera el "ok" para coger el futón enrollado. Sasuke suspiró, semi-incorporándose para que pudiera cogerlo.
-Bien, solo intentaba ser amable. Haz lo que quieras.- se cubrió con las mantas y se dejó caer dándole la espalda y pretendiendo dormirse.
Hinata se sintió mal al principio, sabía que se había comportado mal y que había empeorado su humor por lo que le había pasado a Hagane, pero ella no sabía por qué estaba disgustada con Sasuke por haberle dicho que no eran amigos. Eran sus asuntos, los amigos eran de cada persona y era una cosa complicada, pero eso no quitaba que se preocupara o que quizás algo como aquello le pasara pronto. Pasaba mucho tiempo con gente distinta, pero si ella se sentía mal o no, era cosa suya, no de Sasuke.
Pero ahora estaba disgustada porque había rechazado aquella rara muestra de aprecio por parte del moreno. Se había dado cuenta demasiado tarde, seguramente pensando que él la usaba como hacía con el resto de la gente, poniendo distancias para protegerse a sí mismo de heridas emocionales, como había hecho con su hermano.
Incluso había puesto a un lado a Kei en muchas ocasiones, pero quizás seguían siendo amigos por el carácter de Kei...
Sonrió para sí y se metió bajo las frías mantas, soplando ligeramente y exhalando entre sus palmas. Lo cierto es que Sasuke era una buena persona, muy dentro de él. Tras las máscaras, tras las dudas... Si él no tenía dudas, era una persona muy dulce.
Quizás la única diferencia entre ellos era que Hinata tenía esperanza por la gente que ella denominaba 'amigos' mientras que Sasuke no esperaba nada de nadie.
[b]continuará...[/b]
