Falsos juramentos

Teman; muggles y magos, muchas cosas sucederán, cuando el reinado de Voldemort se vea cercano. Harry y Draco descubrirán su madurez y su pasión al intentar derrotarlo.

R

Slash m/m

Harry/Draco Harry/Ron

Gracias por sus comentarios, son de lo más lindo que hay :D

Duda sobre mi próximo fic ¿Quieren a Harry emparentado con alguien en especial? Sino, haré lo que yo quiera. ¿Vale?

Un beso,

Nabichan Saotome.

_____________________________________________________

Capítulo 25. Mentira

Las palabras no siempre son sinceras, o tal vez son sólo palabras; pero hay las que demuestran la realidad de forma cruel y despiadada, demasiado sinceras para tener lógica, a tal grado que no existe diferencia entre sentimientos y lenguaje, no hay intermedio entre alma y mente; somos uno y pensamos como tal, sin que importen las consecuencias. Besamos y amamos, porque es lo que realmente queremos hacer. Pero si antes no hemos aceptado tal verdad, es imposible seguir adelante. No podemos continuar decisiones que no comprendemos.

Suspiró, observando desde el sofá más escondido, las llamas que empezaban a desvanecerse; pensando en nada y en todo, sin darse cuenta realmente de lo que ocupaba su mente, llevándolo más allá de la presencia efímera que era el cuerpo. Sólo sabía del sentimiento atrapado, formando el infinito, del fin al inicio, en su corazón; el dolor.

Él había intentado disculparse una y otra vez, mirándolo de esa forma dulce y tierna, derrotado; aquella que tantas veces lo convenció, tomando su mano y acercándose a él; sabía que el verde en su mirada (Incluso podía sentirlo) brillaba de súplica y dolor; pero no lo miró, sabía que el más mínimo destello acabaría por convencerlo, como siempre lograba hacerlo; y eso era algo que había aprendido a base de errores; por lo que los esfuerzos de Harry fueron insuficientes, aunque no en vano. No para Harry ni Draco.

Los había vigilado durante el desayuno, las clases y la comida, durante el receso de una clase faltante y poco antes de ir a dormir; memorizando al grado enfermizo sus actividades; casi siempre estaban hablando y riendo, esto último principalmente Malfoy, mientras el chico Potter lo evitaba por unos segundos antes de unirse a su alegría, contagiado por la risa melodiosa. O viceversa. Cuando no estaban en charla, jugaban cualquier cosa con el primer objeto que se les pusiera enfrente. Había suspirado tanto, él hacía lo mismo con Harry cuando amigos. Y lo había perdido.

Algunas veces, el de ojos verdes hablaba por largo rato, casi media hora sin parar, ante la completa atención de Draco, quien lo analizaba entretenido, cual niño al que se le cuenta su historia favorita, aquella que ha escuchado más de un centenar de veces, con la misma petición de siempre: Nuevamente. Y Harry le preguntaba algo, aunque Ron no lo supiese, un "¿Qué, qué pasa?" a la que contestaba Draco jovial y entretenido "Nada, te escucho..."; sonreía y seguía hablando, riendo de vez en cuando. Harry estaría ahí y lo sabía. Pero ya no para él.

Estaban pasando demasiado tiempo juntos, hablando, discutiendo, riendo y planeando. Así había sido desde el inicio de la extraña amistad Harry-Draco, mas él había llegado a entrometerse en algo aparentemente sagrado; recordando al primero que él existía, reclamándole compañía y cariño, retándolo; y había sido seriamente obedecido. Pero las cosas habían cambiado.

Se maldijo a sí mismo por el momento en que osó dejar a Harry solo, cuando de sobra sabía con quién estaría durante su ausencia. Todo había empezado por Draco, y siempre terminaría con él, por más que quisiera evitarlo, el destino obligaba los sucesos.

Había sido sugerencia de Hermione, quien comprensiva y amorosa, le había dicho la palabra vigilancia; algo sabía ella que no quería decirle. Podía sentirlo. Pero no dijo nada e hizo caso, sus descubrimientos dejaron ternura y dolor, al ver a Harry tan feliz, olvidándose de él y disfrutando de la compañía de Draco, quien de ninguna forma lo despreciaba; los miró por largas horas, perdiendo las clases de ese día, con la ayuda de su amiga. ¿Qué pensaría ella en esos instantes? No lo sabía, y no quería preguntarlo; la sensación de culpa aún permanecía.

De alguna forma u otra, no se daba por vencido, ignorando los hilos que lo conducían a la esperanza, ahora suplicaba que Harry se acercara, diría que sí inmediatamente...y capturaría sus labios; estaría con él; terminó sentado en aquel sofá, a la expectativa de su regreso; seguramente había ido a la Sala de Entrenamientos, él estaría ahí siempre, como lo había prometido.

Horas esperó, sin inmutarse y con pocos movimientos, demasiado hundido en sentimientos que no luchaban frente a él, no podía verlos ni ver pasar el tiempo, no podía siquiera regresar a la realidad; pero transcurrido todos los minutos de esas horas, la puerta se abrió, apenas despertándolo de un estupor mayor a la desesperación del silencio que Harry y Draco mantenían. Levantó un poco el rostro, lo suficiente para ver entre la oscuridad de llamas casi extinguidas, un chico deteniendo el paso de ambos, acercándose y abrazando al otro; por breves instantes en que su conciencia lo llevó a la realidad por completo; sin moverse ni respirar demasiado rápido, mas no así el corazón y los pensamientos actuaron.

Pudo ver la perfecta sincronía de sus deseos, no la rudeza que había sido con él; Harry lo tomó por la cintura, anulando el espacio por completo, suspirando silenciosamente el aroma de aquel que subió los brazos para corresponder el gesto; antes de romper el contacto, inclinando noblemente la cabeza hacia un costado, observándolo con delicia; o por lo menos así lo supuso; besándolo tierno y suave, sin dejar la seducción de la que Ron mismo había sido víctima. Draco estaba correspondiendo, tembloroso a pesar de decidido, cerrando los ojos y abrazando con fuerza a Harry; ambos con la necesidad de que ese beso llegara a ser más que un simple contacto resultado de la soledad. El de ojos verdes, lentamente se separó por instantes, susurrando dos palabras que resonaron en la cabeza de Ron, antes de ir a parar a su corazón con fuerza destructora; por saber que esa ocasión no eran dedicadas a él, y parecía que jamás lo serían nuevamente: "Te quiero".

No se había dado cuenta del momento en que se puso de pie en un solo movimiento, observando casi con agradecimiento la ruptura del contacto; cuando Harry dio un paso hacia atrás, siendo expulsado de un universo alterno. Era eso lo que había temido, cuando Draco apareció.

-Ron- susurró, a lo que Draco buscó con rapidez en la sala, encontrándose con unos ojos azules temblando, examinándolo con odio y dolor; la mirada nublada y celosa; sólo por unos instantes, pues ambos viraron a Harry, pidiendo una explicación. Pero el trigueño estaba demasiado alejado de la realidad como para percatar e interesarse en la mueca de incomprensión de ambos; una sonrisa de hastío se hallaba en su hermoso rostro, siendo casi de inspiración a una risa maniática. La escena era conocida por los tres hacía poco más de una semana, así Draco los había visto besarse; ahora el turno de Ron; terreno ya recorrido, Déja vu cruel e insolente. Infiel.  -Yo...- Separó los labios para hablar, tratar de explicar razones; soltó apenas una palabra y volvió a callar, mordiéndose internamente el labio inferior y cerrando los ojos con fuerza. Los pasos de Ron, rápidos y ágiles llegaron a sus sentidos, haciéndolo sentir peor; el pelirrojo estaba dolido en lo más hondo del alma, no sabía cómo, pero podía sentir el cansancio en su respiración; incluso la renuencia a entender como verdadero el suceso acaecido. Dio media vuelta, sin atreverse a subir la mirada, observando con gran interés el suelo bajo sus pies; luciendo aún más culpable de lo que hubiese querido.

-¿Por qué? ¡¿Por qué, Harry?!- unos brazos se hallaron en sus hombros, presionándolo a contestar en tanto los dedos largos lograban marcas en su piel que en esos momentos no percataría, fue ligeramente sacudido, intentando despertarlo de su estupor. Tenía que pensar algo rápido, o Ron no aceptaría la respuesta con igual credibilidad. Levantó la mirada, encontrándose con los ojos azules nublados por lágrimas amenazantes, esperando una respuesta, suplicando que fuese convincente. Él quería que no fuera cierto, le suplicaba cualquier explicación, revelándole que la creería, por más tonta que fuese.

Harry apretó las manos a manera de puño, furioso en encontrar algo que lo salvara de tal situación; había tantas ideas que cruzaban su mente casi con espasmos de energía, pero la que salió de sus labios, envenenando el sabor en su lengua rosada, fue más de lo que los tres pudieron soportar; el nudo en su garganta evitaba elevar el volumen de su tono, pero fue audible, lamentablemente. Cuando su voz quebró, no pudo dar marcha atrás; era demasiado tarde.

-Él no significa nada para mí...sólo estaba...jugando...- La presión sobre los brazos de Harry se aligeró por completo, convirtiéndose en un abrazo de perdón absoluto, que muy a su pesar fue correspondido por el joven Potter en medio de la casi oscuridad. Draco abrió los ojos tras unos segundos, respirando profundamente, poseso de las palabras que casi como un monólogo llegaban a sus sentidos, no podía creer lo que estaba escuchando, movió la cabeza en una negativa, dando un paso atrás en tanto los ojos grises perfilaban una furia nunca antes conocida por mirada humana; entrecerrándose ligeramente con la ayuda de pequeñas líneas que se formaron entre sus cejas y bajo los ojos plateados. Sin embargo, bajó la cabeza, ocultando su dolor en una máscara Slytherin de altivez pura; que de no haber sido por la posición fijada en el piso, hubiese sido creíble. Dio varios pasos hacia delante colocándose al lado del trigueño, quien no tardó en observar casi con aprensión su rostro bonito demasiado cerca, acercándose a su oído izquierdo y susurrando dos palabras que le impidieron respirar al aludido por instantes. Ambos observándose fijamente a los ojos; tan cerca que podían respirar su aroma entremezclado.

-Te odio- la máscara de frialdad no se disolvió, la voz firme no negó la naturaleza verdadera de la frase; pero su mirada dijo más que todo cuando una lágrima se deshizo entre el témpano de hielo que eran sus ojos grises, recorriendo solitaria la suave mejilla izquierda de su dueño, llegando a su cuello y desapareciendo por completo. Los ojos verdes temblaban de dolor, queriendo gritar que lo que había dicho era simplemente mentira; pero Draco se llevó la mano al rostro, delicadamente borrando todo rastro húmedo de la pequeña fractura de su frialdad; mientras una sonrisa al estilo Malfoy se hallaba en sus labios finos.

Y se fue, dejando la Torre Gryffindor; en tanto una pareja subía al cuarto; uno satisfecho, el otro herido, impidiendo las lágrimas con fiereza inigualable; intentando convencerse de su propia frase, que todo había sido un juego...que el beso que ambos habían disfrutado, simplemente era una mentira más en su lista.

***

Un cuarto sumido en la oscuridad de elegancia inigualable; muebles rústicos, una sala, perteneciente tal vez a la realeza; se hallaba ante los ojos acostumbrados de varias docenas de hombres, cuyo número no disminuía el espacio magnificente que habían tomado junto con la vida de sus antiguos habitantes. Doce filas con ocho integrantes o más. Aún sangre coloreaba de un tono más oscuro las alfombras grana bajo sus pies, representando luchas y matanzas de muggles; varitas contra armas inútiles. Tortura. Algo representativo con certeza de los magos hostiles ahora muertos que habían abandonado las filas de los mortifagos, viles hipócritas viviendo entre la comunidad mágica...bueno...ya no viviendo. Sin embargo, eso no importaba a la multitud, cubiertos con capuchas negras y máscaras; aguardando casi con impaciencia, alguna orden que seguir.

Y su aguardo fue recompensado, cuando un hombre, con rasgos de serpiente apareció frente a ellos, sentado en el trono digno y altivo; un ente llamado Voldemort. La pequeña línea que formaba sus labios se amplió en una mueca desagradable de satisfacción; en tanto ellos se inclinaban respetuosos, colocando una rodilla en el piso y bajando la cabeza exageradamente, conteniendo el terror, aquel sentimiento que tanto amaba en los demás se reflejaba en la inmovilidad de sus seguidores. Entre el silencio que en ningún momento había sido interrumpido desde su entrada, se oyó la risa estridente y malvada, que no esperó contestación, recibiendo de unos cuantos un escalofrío casi notable. Tras unos segundos que parecieron eternos a los que aún no se acostumbraban a su presencia, calló, con aún esa horrible sonrisa.

Por antojo sacó la varita de su túnica igualmente oscura, apuntó al mortifago que se hallaba en primera fila, quinto de derecha a izquierda, y susurró casi con deleite ante su propia palabra.

-Crucio- cayó al suelo, retorciéndose sin gritar, apretando la mandíbula y los puños, en tanto un sudor frío recorría su cuerpo por completo; soportando el castigo que duró casi hasta la locura; no podía más que pensar en la pena y en el deseo de terminarla. Era una prueba de resistencia, lo sabía plenamente desde aliarse a las filas; pero aún no podía contener por completo el dolor casi forzando que gruesas lágrimas de súplica cruzaran sus ojos; y eso de alguna forma u otra parecía satisfacer a su señor; que tras pronunciar su sonrisa, terminó el ataque con otro movimiento de su varita. -Acércate y dime las noticias que tienes- Colocó ambas manos en el suelo, temblando de pies a cabeza al ponerse de pie con el impulso de sus palmas; tiritando de frío y dolor, conteniendo el deseo de derrumbarse y morir con tal suerte que en pocos instantes estuvo frente a aquel ser, susurrando en su oído exactamente lo que había repasado desde su entrada en el recinto. Dos minutos después, dio un paso hacia atrás con la idea de retirarse lo más posible, pero una mirada roja le hizo detenerse, con una mueca de satisfacción y honor cuando el permiso de colocarse a su lado le fue concedido con ella. Había ganado su confianza después de tantas torturas. Se inclinó nuevamente al lado del trono, observando a sus compañeros al recibir sus noticias. -El plan va según lo acordado, con las complicaciones necesarias para hacer de este juego más interesante. Tú...- remarcó, virando ligeramente a su derecha. -Vuelve a Hogwarts...y vigílalo. Tu querido Potter no se escapará esta ocasión...- se puso de pie, ordenando a los demás a imitarlo. Elevó la voz, dirigiéndose nuevamente a las filas frente a él. -Muy pronto, "El niño que vivió" dejará de serlo. ¡Y será gracias al amor!- una risa de placer puro se halló causando eco en toda la habitación, ante la igual respuesta de los mortifagos. La persona a su lado...era el traidor...era...era...

-¡¡¡NOOOOOO!!!- Se levantó en un solo movimiento, sentado en la cama y gritando a todo pulmón; con los ojos cerrados fuertemente, las manos en la frente, presionando la cicatriz; en tanto el dolor y su voz desaparecía poco a poco. Despertó, comprendiendo el lugar donde se encontraba, no sentado en un trono y ordenando al traidor; ni torturándolo, ni riendo enloquecido. Estaba en su cama de doseles grana, al menos eso parecía; suspiró aliviado, todo había sido una pesadilla. Nadie lo había escuchado gracias al hechizo alrededor suyo, y el dolor no había sido tan fuerte como para romperlo, lo cual ya había sucedido antes. Deshizo la protección con tan sólo pensarlo y salió de la cama, solo. No había podido dormir con Ron por más que lo intentase; ya se había acostumbrado a Draco, a su calor y a su cuerpo; a los lazos afectivos que los unían antes de acostarse. Después de todo, parecía haber tenido sus ventajas, no le habría gustado asustar a Ron con otro de sus sueños.

Sacó del baúl uno de sus uniformes y demás accesorios, su respiración estaba normalizada y ya el dolor había desaparecido por completo. Mas no así la constante pregunta en su cabeza que aún rondaba impaciente por alguna respuesta.

Alguien le traicionaría, un habitante de Hogwarts. Pero ¿Quién? No había podido ver su rostro oculto por la máscara, y su voz había sido irreconocible, ni siquiera la risa o los movimientos le decían demasiado. Podía ser cualquiera. Un allegado a Voldemort, un traidor entre sus mejores amigos. La profecía de Trelawney. ¿Cuál era el plan y quién lo estaba llevando a cabo dentro de aquel recinto al que llamaba hogar? Definitivamente necesitaba más información, aunque eso significase seguir despertando con el corazón acelerado y gritando a todo lo que diesen sus pulmones cansados. Un traidor. ¡¿Quién podía ser tan maldito como para lastimar a sus mejores amigos?!

Una sonrisa rencorosa se formó en sus hermosas facciones, arruinando un poco su inocencia.

//Tú tampoco te has portado muy bien que digamos, Harry// Después de todo, era cierto. Tenía que arreglar las cosas con Ron y Draco lo más pronto posible y dejar de mentir...aunque eso significase lastimarlos...porque nadie había dicho que la verdad no era dolorosa. Cerró el baúl, asegurándolo con un hechizo; regresó al resguardo de su cama sólo para tomar su varita y procurar no olvidar nada. Cerró los doseles manualmente y lanzó varios encantamientos de protección; sin hacer movimientos delatadores, por si alguien lo observaba.

De ahora en adelante, debía ser más cuidadoso.

***

La idea de ser entregado y posterior a una tortura inigualable por parte del mayor mago oscuro de todos los tiempos, asesinado, no era lo que realmente le preocupada; se había estado preparando desde hacía años para ello y los entrenamientos con Remus le habían ayudado notablemente, por lo cual podía dar mayor batalla que antes; principalmente si se enojaba; aunque claro...no era lo mismo un duelo con Malfoy que con un asesino de profesión; mucho menos con varias docenas lideradas por su enemigo de nacimiento, lord Voldemort; no, ese no era el problema; era que uno de sus amigos le traicionaría; eso llegaba al grado preocupante. La reorganización de pensamientos, la conciencia de que ni entre sus más cercanos estaba seguro; era algo delirante y cruel. Alguien en que confiaba plenamente, que seguramente él hubiera protegido más allá de la tortura y muerte, le había mentido y lo entregaría. Era la idea de ser traicionado lo que dolía y dejaba un vacío seco y profundo en la base del estómago; pensar que alguien que él quería (Porque al ser uno de su "familia" era así), le rompería el corazón al quitarse la máscara de mortífago y mostrar sus rasgos de crueldad por primera vez, se doblegaría ante Voldemort, diciéndole que lo traía como había prometido...

Negó violentamente, no debía concentrarse en eso nuevamente, ya le había quitado gran parte de la mañana tratar de descifrar la identidad de su traidor. Era algo irónico, y ciertamente inquietante, además de cruelmente divertido, querer a un traidor. Porque hasta que no supiese su nombre no podía dejar de hacerlo. Suspiró profundamente, allá iban sus pensamientos de nueva cuenta. Tomó nota de algo que parecía interesante en la explicación de Encantamientos y siguió sumido en dos lugares a la vez; pensando y escuchando como estridente fondo la clase en que se encontraba.

Se arregló la corbata soltándola ligeramente y observó el pergamino; ahogándose entre su propia letra. Podía seguir investigando acerca de la lectura de la mente y practicar con sus más cercanos hasta descubrir al maldito traidor que... No, no debía utilizar magia de esa forma.

Tal vez sólo preguntaría. Casi se rió ante la propia burla de su subconsciente, evitándolo sólo sonriendo con sarcasmo. //Preguntar...aja, y se entregará de inmediato arrepentido de sus actos// Movió la cabeza, exasperado con el tema.

-¿Alguien sabe dónde se encuentra el joven Malfoy?- sin embargo, la pregunta que escuchó de fondo lo despertó por completo, todos negaron con simples movimientos, volteando inmediatamente a él, sentado al fondo del salón con Ron y Hermione; ni siquiera se había dado cuenta de su ausencia, aunque...se preguntaba cómo había terminado en el aula; ya todo lo hacía por costumbre... y al parecer tenía todos los apuntes. Se puso de pie, tranquilizando su nerviosismo.

-Draco no se sentía bien y fue a la enfermería- el profesor dio su apoyo sincero, asintiendo totalmente convencido de la veracidad de su respuesta.

-Espero que se mejore. ¿Podría ayudarle con la materia, señor Potter? Últimamente ha estado bajo en sus notas- la atención se volvió nuevamente del profesor a Harry, que a pesar de no estar convencido con la propuesta dio su contestación sin pensarlo siquiera.

-Claro, no se preocupe profesor; estudiaré con él- Mentiras y más mentiras, estaba harto. Se sentó con un suspiro de exasperación. No es que fuera una mentira lo de la ayuda (Que hasta ese momento comenzaba a serle sospechosa), sino la ubicación de Malfoy...ahora que lo pensaba mejor no lo había visto en todo el día...por lo menos desde su pequeño incidente.

Se sonrojó salvajemente, hundiéndose nuevamente en sus pensamientos antes de que otra voz le llamase la atención. Era Ron, a su lado; susurrándole al oído, con un severo tono que sonó a reproche; Harry sin mucha atención escuchó su reclamo, girando los ojos.

-No irás a hacerlo ¿Verdad? Es decir...a Malfoy le gustas...- sin embargo, ante su propia sorpresa le contestó en un par de segundos, también en voz muy baja, pero sin llegar a ser inaudible.

-Yo no le gusto; de hecho poco le falta para aborrecerme. Pero aún así le ayudaré; verás, yo no le odio...es mi amigo y necesita ayuda- con un tono poco convencido, Ron dejó el tema, no sin antes agregar una frase con desaprobación; tomando su pluma, entintándola y garabateando sobre su pergamino.

-Pues qué amigos tienes- sin detenerse siquiera a contestar; cambió por completo su curiosidad hacia la ubicación de Draco; tal vez durante el almuerzo iría a ver en el Mapa del Merodeador y lo encontraría. Tornó su mueca a una de desencanto total, rozando la melancolía con su propia pregunta. ¿Y qué le diría?

***

Nada, durante la mañana Draco no se había dignado a presentarse a alguna clase, ni siquiera en el desayuno ni en los corredores. Pero por alguna razón inexplicable, Harry no estaba utilizando magia para encontrarlo; es decir, se sentía demasiado confundido como para realmente querer encontrarlo. Lo mejor sería ir a buscarlo a la Torre Gryffindor, intentando no concentrarse lo suficiente en él pues si lo hacía, la magia lo guiaría a su posición exacta; tal y como había sucedido el domingo pasado; lo cual no era precisamente algo que deseara con ansias cuando ni siquiera él tenía las respuestas. Se excusó con Ron, tras un pequeño romance hallado en un aula vacía rumbo al Gran Comedor; diciéndole que necesitaba hablar con la Profesora McGonagall acerca de un trabajo que le había pedido el día anterior; lo de la tarea era cierto, pero no iría a platicar de algo que estaba lo suficientemente claro.

No; iría a buscar a Draco, quizá estaba escondido en Gryffindor. No podía seguir mintiendo a los profesores acerca de una ubicación que desconocía, y tampoco quería seguir con la curiosidad. Después de todo ¿Por qué le preguntaban a él? y peor que ello ¿Por qué lo encubría? Era su amigo, sí; pero...habían tenido tantas complicaciones que parecía imposible seguir adelante.

Recorrió toda la torre sin hallar pista de Draco, hasta que fue a dar a la cama del rubio; deshaciendo el hechizo de cerradura y revisando su interior sin percatar rastro alguno de su presencia. Sosteniendo los doseles con ambas manos pudo percatar algo que sobresalía bajo la almohada; algo que al parecer había sido escondido con muy mala suerte.

La curiosidad pudo más que su sensatez, se sentó cerrando ligeramente los doseles grana; y alzó la almohada, encontrándose con dos pergaminos, perfectamente cerrados cada uno con un listón de plata.

-El trabajo de Draco- los tomó con cierta aprensión, dejando nuevamente el cojín en la cama y acomodándolo tras guardarse los pergaminos en una de las bolsas interiores de su túnica. -De todas formas lo iba a leer- se justificó, sin levantarse de su lugar. -Draco... ¿Dónde diablos te metiste?- sin saber realmente lo que hacía sacó la varita, escribiendo en el aire dos palabras que centelleaban con su letra elegante llena de estrellas blancas y azules disminuyendo y aumentando su luz.

Salió de la cama, regresando el hechizo de cerradura normal y se alejó, no sin antes dar un último vistazo a aquel recinto, preguntándose cómo habría dormido Draco sin él... porque...por su parte, lo había extrañado mucho.

Dentro de la cama, ese día no dejarían de brillar sus palabras sinceras: *Lo siento*

***

Varios chicos esperaban a Harry en la mesa de Gryffindor, entre ellos Ron, Hermione y Gabriel, que entablaba una pequeña charla acerca de sus estudios con la chica. Los tres estaban sentados, Anderson a la derecha de Hermione, Weasley a su izquierda; el banquete apareció de un momento a otro; sin mucho interés por parte del pequeño grupo que aún platicaba animosamente.

-¿Ves, Ron? Deberías aprender... Gabriel tiene notas muy buenas- las mejillas pálidas se volvieron pronto rojizas, provocado por la comparación grave de varios minutos; lo cual entintaba a la perfección su lindo rostro. Ante ello, Anderson intervino a los pocos segundos, lo que produjo un suspiro de alivio por parte del pelirrojo; y una mueca de desaprobación de Granger.

-Pero es porque...Harry me ayuda-

-¿Te ayuda?-

-Sí, bueno...a veces voy con él para que me ayude con la tarea; suele ser más paciente conmigo que los profesores-

-¿Lo ves muy a menudo?- Ron miró de soslayo a la chica, que parecía muy interesada en el tema; algo estaba desenmarañando en aquella cabeza suya, y no estaba dispuesta a revelarlo hasta tener las respuestas adecuadas; se preguntó qué sería, pero decidió no comentar nada al respecto hasta estar seguro.

-Eh, ¿A diario? Aunque...para mi asesoría un día a la semana si es necesario...- fue su turno para sonrojarse, debido a la expresión de análisis de la chica, que a pesar de gentil no dejaba de intimidarlo un poco, estaba poniendo demasiada atención a un poco de asesoría. -Además, Harry sabe mucho que no viene en los libros- admitió, como un comentario muy aparte para alejar el tema.

-¿Qué tipo de cosas?- lo escudriñó gravemente, los ojos color chocolate brillaron debido al nerviosismo, estaba pensando que Harry tenía unos amigos muy extraños. Estaba seguro de que algo se había perdido de la conversación, pues el comentario del pelirrojo lo confundió aún más.

-Hermione...no pensarás que ellos..."tú sabes"...- Se sintió aislado de la plática, principalmente cuando dejaron de preguntarle cosas (Algo que de alguna forma lo alivió y de otra le pareció sospechoso) y lo miraban de vez en cuando, analizándolo por completo. Ron lo recorrió de pies a cabeza, buscando una pista a su curiosidad.

-Pues no lo sé...es probable...- repuso la chica, observándolo por un par de segundos antes de virar nuevamente al pelirrojo. -¿Los has visto juntos?-

-Sí, pero no veo porqué tu preocupación; lo suyo parece normal, es decir...de sólo amigos- de una forma indiscreta (Aunque intentaba no serlo) Weasley se asomó nuevamente hacia él, esta vez molesto, un par de líneas demostraban seriamente sus celos. -No, no es posible... Harry no sería capaz de hacerme eso- Gabriel, que hasta ese momento había tomado un poco de comida y jugo de zanahoria; pareció atar cabos, deduciendo lo que estaba escuchando. Ellos pensaban que él y su amigo... Se sonrojó salvajemente, alcanzando con facilidad un tono llamativo y brillante en su piel ligeramente dorada. Comió un poco más de puré de papa, sin fijar su vista en ellos; pero atento a lo que decían. -Aunque, después de lo de ayer...no sé...no quiero ni pensarlo-

-Vamos...hay una buena explicación acerca de Malfoy; sabes que Harry suele hacer ese tipo de cosas con tal de no lastimar a los demás...-

-Pues me lastimó a mí-

-Bueno, pero ya todo pasó ¿No?-

-Sí, tienes razón...- aún atento a la plática, una mano se posó en su hombro, haciéndolo brincar; pero tan pronto reconoció la risa y viró a su dueño, sonrió igualmente, sintiéndose un poco tonto al reaccionar de esa forma. Los otros callaron, se movió a un lado dejándole lugar a su izquierda; que con un movimiento de agradecimiento, Harry tomó.

-Perdón por el retraso...tuve que ir a la Sala Común- excusó, otorgando otra gran sonrisa a sus mejores amigos, antes de virar nuevamente al chico Anderson. -Hola- se inclinó, dejando un suave beso en la mejilla izquierda de Gabriel, que resaltó notablemente el color bajo aquellos ojos chocolate que le observaron con nerviosismo; algo que él no notó, demasiado preocupado en el banquete. -Mmmm, tomaré un poco de todo-

-Y Harry...- empezó suspicaz Ron, examinándolo con la mirada. -¿De qué trabajo hablaste con la Profesora McGonagall? La tarea la comprendiste muy bien...tú me la explicaste- rápidamente encontró una excusa, aunque no estaba tan alejada de Draco como hubiese querido. Tomó un poco de jugo de naranja y contestó al momento.

-Ah, no es eso, sabes que ya terminé la tarea; me pidió que diera un par de asesorías; fui a preguntarle qué temas abarcaría-

-Te estás tomando muchas molestias... ¿No lo crees?- el chico no pudo ignorar el tono molesto y celoso en su voz; pero al no saber la naturaleza de ello decidió no precipitarse, después de todo; lo de la madrugada aún estaba fresco. Aderezó un poco la carne de conejo, la partió y comió un trozo de ella, degustando su sabor. Cogió la servilleta limpiando la comisura de sus labios, en tanto Gabriel estaba atento a lo que parecía una discusión, sin perder mucho de vista a Harry; de vez en cuando sólo para tomar un poco de comida y virar nuevamente a él.

-¿Por qué lo dices, Ron?-

-Es decir...casi todo el día estás ocupado, en retención, en la biblioteca, dando asesorías... luego en la noche te la pasas entrenando y...-

-¿Entrenando?- interrumpió la chica, pasando la mirada de uno a otro en busca de explicaciones; apenas observándola, Ron contestó.

-Claro, para su lucha contra "Quien-tú-sabes", Remus le está dando lecciones- agregó, como si no tuviera la menor importancia; aunque la mueca de desaprobación de Harry no pasó de largo para ninguno de los tres. Estaba comenzando a molestarse, no a un grado extremo, pero sí a uno peligroso tratándose de un Gryffindor tan voluble. -Pero no cambiemos el tema...apuesto a que disfrutas mucho dando "asesorías"- Gabriel tragó en seco, sabiendo que había tenido parte de la culpa.

-¿Qué intentas decir?- Harry no podía evitarlo por más tiempo, la voz molesta comenzaba a zumbar en sus oídos, cargada de todo el odio que Ron podía demostrar. Si no se calmaba saldrían perjudicados. Habló lo más tranquilo que pudo, intentando concentrarse en su banquete, tenía mucha hambre y no dejaría que Ron le arruinase el apetito con sus tontos celos, aunque no por ello infundados... Pero no se iba a entretener en el tema. Sin quererlo dio pie a la discusión.

-Apostaría cualquier cosa a que las clases son sólo para los idiotas de tus "admiradores" si así se le puede llamar a gente como Malfoy- lanzó una mirada acusadora a Anderson, que desvió por primera vez la vista hacia otro lado, apoyando el brazo izquierdo en la mesa y cubriéndose los ojos con molestia. No debía hacer nada que a Harry le molestase aún más; ya estaba al tanto de un poco de sus poderes y la forma explosiva en que eran demostrados, aunque no por ello podía tener idea de lo que significaba hacer enfurecer al joven Potter, por lo menos le evitaba hacer una tontería.

Sin embargo, no fue necesario.

-Déjalos en paz- recriminó Harry apretando los dientes, sin dejar de observarlo, intentando parecer lo más calmado posible. No obtuvo respuesta inmediata, por lo que suspiró levemente, dando por acabada la charla; tomando un poco más de conejo y comiéndolo con gran delicia, cogiendo un poco de verdura con el tenedor tras aderezarla. Tan pronto terminaba el bocado, aún con el tenedor cerca de los labios, algo lo hizo detenerse; un mal presentimiento. Había alguien cerca que no era de fiar. Podía sentir en la nuca un suave cosquilleo desagradable... pero una voz que ya había tardado en responder le detuvo en su búsqueda. Ron parecía herido, su voz intentaba demostrarlo, por lo menos expresar algo que no fuera desprecio, pero fue infructuoso; el beso de Draco estaba en su cabeza, reproduciéndose una tras otra vez, aumentando su resentimiento. Su tono frío y despectivo no fue más que la gota que colmó el vaso.

-¿Por qué, Harry? ¿Por qué vas y te revuelcas con ellos?- Harry cerró los ojos y tal reflejo dejó caer el tenedor, provocando el choque de éste contra el plato; lo cual llamó la atención de la mesa Gryffindor; ante el silencio repentino en ella, cada una de las demás casas quedó sin palabras; buscando la fuente del mutismo en la sección de los leones. Los profesores viraron su atención de igual forma.

-Perdí el apetito- dijo de pronto en voz baja, abriendo los ojos nuevamente, dejó los cubiertos usados sobre el plato y la servilleta de tela a un lado, con un pequeño golpe en la madera. -Gracias- arrastró la palabra solamente a Ron, poniéndose de pie y dejando el asiento con una sonrisa que demostraba enojo escondido para el mismo destinatario. Viró a todas las mesas, observando la atención exclusiva, suspiró profundamente y les dio sus más sinceros deseos asintiendo respetuosamente. -Buen provecho- dio media vuelta con un suave movimiento que hizo ondear su túnica y volteó al chico Anderson. -¿Quieres venir conmigo, Gabriel?- no tuvo que esperar más de dos segundos antes de que el de ojos chocolate se pusiera de pie, aliviado de separarse de esos extraños amigos, colocándose a su lado con una hermosa sonrisa y siguiéndolo a la salida; en tanto los murmullos regresaban a todas las mesas.

-¿Por qué?- musitó Ron, viéndolo partir.

***

Estaba seguro de que a Draco le hubiese gustado tal espectáculo, se habría reído largamente, imitando sus palabras y logrando pantomimas elegantes que lo harían sonreír y unirse a su burlesca alegría. Pero ni siquiera se había presentado en el entrenamiento de quidditch, ahora decir que estaba preocupado era poco.

Hacía rato había terminado su examen de Astronomía, con gran suerte y tendría las calificaciones más altas; después de todo, no había escatimado en estudios durante algún momento en el curso. En esos instantes se hallaba en el salón 2 de la Torre de dicha materia, sentado en el sofá negro con la mirada perdida; despreocupado en posición, abatido en reflexión; demasiado entretenido en sus propios pensamientos como para percatarse de cualquier cosa a su alrededor. Había oscurecido y comenzaba a llover, la luna se mostraba dócil y hermosa desde una ventana delante, cubierta con nubes debido a la repentina tormenta.

Suspiró pesadamente; no sabía qué deseaba más, encontrarse a Draco o no hacerlo. Sin embargo, aún no estaba preparado para que sucediera. No sabría qué decirle, se quedaría callado, esperando que todo fuese como antes con tan sólo mencionar su nombre; a pesar de la terrible conciencia de que eso nunca sucedería.

Tomó la mochila a su lado, en el suelo, abriéndola y sacando el diario de cuero negro que llevaba a todas partes, asegurado con varios hechizos y uno que otro maleficio. Lo escrito en él era demasiado secreto para caer en manos ajenas y permitir su lectura. Lo abrió en las primeras páginas, sin observarlo del todo. Varias líneas en todas direcciones, inicio, fin y longitud; además de curvatura y profundidad posibles; tinta negra formando sólo rayas en las hojas de pergamino. Retiró un hechizo con tan sólo el toque de su mano, una contraseña. Varias letras aparecieron, antes de escurrirse por las páginas y moverse de arriba abajo, en un vaivén inusitado; formando palabras que Harry ya sabía encontraría. Lo dejó en la mesa adelante, alzando la mano unos centímetros y apareciendo frente a sí una fogata en frío suspendida sobre ella. Las llamas (Que alcanzaban una altura de apenas veinte centímetros) eran de plata, ligeros azules y blancos casi deslumbrantes; la temperatura era por debajo de la normal, y sólo quemaría papel de ser necesario; fuego frío, hielo que quema.

Bajó la cabeza, perdiendo la mirada en las llamas plateadas; suspirando lentamente, retiró el maleficio con la sola pronunciación de una verdad dolorosa.

-No sé qué hacer- el diario lanzó el tenue sonido de un candado al abrir, permitiendo que todas las palabras fueran visibles y ningún daño logrado. Lo tomó entre sus manos, leyendo su contenido nuevamente, una y otra vez repitiéndose frases que no comprendía, consciente de ser el escritor pero no precisamente el protagonista de tal historia. -¿Yo escribí esto?- sonrió incrédulo, preguntándose por los momentos que sentía tanto y nada, perdido en un abismo de pensamientos al que ya estaba acostumbrado.

Domingo

No debería preocuparme, no debería hundirme en decisiones que no controlo ni atormentarme con lo que no me corresponde. Pero lo hago.

Y pensar la forma en la que me sentía hace horas no ayuda en nada, ¿Cómo uno puede estar tan en paz y al momento lleno de furia?

¿Cómo puedo elegir entre las personas a las que más quiero? ¿Cómo puedo ponerle precio a su vida, y, quién soy para hacerlo?

No me gusta, pero también lo hago. Al poco rato me siento culpable, y aún así, de hallarme en igual posición seguiría tomando la misma decisión, consciente de los resultados

¿Por qué?

Tal vez sea porque me gusta. No, no me refiero al sentimiento de poder que abarca mi sangre e inutiliza mi criterio; inhibe la conciencia y de alguna forma al esclavizarme me libera. No, lo que quiero decir es que me gusta. 'Él' es la única razón por la cuál hoy escribo esto.

Él es por la que empecé ¿No?

Pero también sé que al cerrar estas páginas, negaré su naturaleza y mis propios sentimientos. Olvido que son mis palabras y dejo de entender. Una separación de mis deseos y lo que "El gran Harry Potter" debe hacer.

-Cursi- cerró el cuaderno con un sonoro *Plaf*, lanzándolo a un lado a pesar de las ganas de escribir sobre el día, necesitado de desahogo y libertad. Cayó al suelo y tras cinco segundos de silencio el candado (Maleficio) volvió a cerrarse, las letras desaparecieron dejando sólo líneas informes a su paso, manchando de negro las páginas de pergamino y desapareciendo todo rastro de que alguna vez alguien escribió en ellas; quedando como algo inservible a miradas ajenas, pero nunca para él. -La verdad duele- se llevó la mano a la garganta, admirando las llamas plateadas con rostro tranquilo, ese cruel nudo invisible le impedía comodidad, se acurrucó en el respaldo, dando un ligero masaje a su cuello. Cómo le hubiera encantado tener a Draco a su lado. Casi deseaba tenerlo en detención, justo en esa habitación, viéndolo hacer su trabajo y admirando la inusitada perfección de su tristeza.

Un escalofrío recorrió por completo su espalda, se había olvidado de los pergaminos.

Tomó nuevamente su mochila y sacó de ella el trabajo de Draco, admirando los listones plateados reflejando las llamas. Sonrió y giró los ojos; ya estaba pensando demasiado en él, en sus ojos grises y el cabello platinado. Se acomodó en el sofá, de tal modo que en pocos segundos sus piernas se hallaron sobre un brazo del mueble, y su espalda recargada en el otro; examinó nuevamente los listones, hallando un pequeño número romano en cada uno de ellos.

Desató el nudo del primero, dejando el otro sobre su abdomen. Quitó el listón, colocándolo igualmente a un lado; se acomodó los lentes, sonriendo con tristeza al recordar lo que había causado aquel trabajo en Malfoy, las casi lágrimas por tanta libertad de palabra. Y comenzó a leer la letra verde, Slytherin por los detalles, elegante como sólo Draco podía serlo.

*  I  *

Temo estar solo.

Pero antes de ti no sabía que lo hacía.

Porque tú me enseñaste la diferencia entre soledad acompañada y verdadera compañía, sabía del vacío más no de la razón, por culpa tuya sé diferenciar sentimientos que hasta hace tiempo no existían. Veo en tus ojos y temo. Porque de no ser por ti no lo sabría, no anhelaría los momentos que estamos juntos y no lamentaría los años perdidos, enfrascados en confrontaciones innecesarias y burlescas. En tu mirada puedo ver tanto, todo lo que me fue negado en un pasado que no quiero recordar; y aún así lo observo ajeno cuando estás conmigo.

Me miras diciéndome que estarás aquí ¿Pero, por cuánto tiempo? ¿Hasta que te canses de mí? No puedo darme el lujo de esperar tal momento, cerrar los ojos a la realidad acercándose; sé que un día dirás 'adiós' y volveré a ser un simple Slytherin, un ente viviendo gracias a la inercia que indica el reflejo del respiro; será la simple necesidad del instinto lo que me amarre a este mundo cuando decidas dar media vuelta y desconocer que algún día me tuviste entre tus brazos; declarándonos amigos.

Es entonces que el temor sujeta nuevas palabras. Temo estar sin ti.

Tú eres mi compañía, sé que no la única porque al aliarme a ti los demás me sonrieron, pero contigo es diferente. Me enseñas a vivir de verdad, cosa que en mi pasado jamás alguien intentó; y me doy cuenta, desperté cuando nos encontramos esa noche en el campo de quidditch. Quieres que sea feliz aunque no esté contigo ¿Y qué si no quiero? Puedo poner de pretexto que necesito ayuda, pero la verdad es que quiero callar el temor de no tenerte aquí.

El pasado da miedo ¿Lo has sentido alguna vez? No quiero regresar al palacio de oscuridad donde me encontraste, me sostuviste de una forma en que nadie había hecho nunca; mucho menos mis padres. Me cuidaste, y aunque nunca lo has dicho, me quisiste...o al menos así quiero pensar que lo haces. Hiciste hasta lo imposible por hacerme feliz, por cambiar tu forma de verme; me miraste amablemente mucho antes de que yo lo intentara contigo. Aún hoy en día me pregunto porqué. ¿Por qué de un momento a otro me sonreíste? ¿Por qué me proteges, por qué insistes en sacarme del palacio? Temo que te arrepientas de hacerlo, que me sueltes y me dejes caer; me encierres en un negro absoluto del que no tendré salida, y seré un zombi más de los que abundan; me veré perdido.

Daré vueltas incontables en la realidad, pero no habrá nada más adelante; hasta que el fin llegue y no exista nada que detenga la libertad que permite el desenlace de la agonía.

Pero me estoy adelantando demasiado en hechos.

¿Sabes? Ahora descubro que somos muy parecidos y al mismo tiempo diferentes. Sobre eso hay algo, entre todo lo que callo, que admiro mucho de ti, "eso" es lo que me contaste sobre tu infancia. La forma en que soportaste los golpes y los maltratos, la aparente inexistencia a unos ojos que no merecen siquiera verte; has tenido el valor de seguir adelante, de no guardarles rencor ni tomar venganza cuando podrías adueñarte de ambos; sería tan fácil, tan inescrupulosamente delicioso para alguien como yo disfrutar de verlos retorcerse del dolor y morir agonizando por haber osado tratar a alguien así. ¿Por qué te mantienes callado? Jamás has dicho mucho acerca de ello, sólo fragmentos, escenas dolorosas que me hacen temblar.

Pero permanecías casi impasible, de no ser por el ligero temblor en tu mirada, y la furia mantenida al margen.

Sin embargo ya no es así, es mi teoría, tal vez por esto ya te es casi imposible hacerlo; has soportado demasiado y tu cuerpo ya no retiene tanto dolor. Él no quiere límites, no quiere que sigas soportándolo. No lo mereces. Te controla, no puedes contenerlo. Lo comprendo, es la forma de decir 'Basta, no volverán a jugar conmigo'.

A veces, contrariando mi primera frase y continuando lo anterior, temo de ti.

En los instantes en que llegas a mirar con aquel tono escarlata, enfurecido, más allá de la conciencia. No sé qué puedes llegar a hacer cuando la línea de la cordura se quiebre ni quiero averiguarlo; es demasiado lo que he visto y no sé si podría soportar verte nuevamente de esa forma; siento que te derrumbas y no puedo sostenerte.

No quiero perderte.

Quiero que seas feliz, que te levantes y puedas sonreír; aunque eso signifique que los miedos se hagan realidad, me encuentre solo y sin ti.

¿Por qué, Harry? ¿Por qué me enseñaste a sentir?

*  I  *

Cerró el pergamino al hallar su final, casi desesperado; sus mejillas sonrojadas demostraban lo que no podía decir con palabras... Quería tener a Draco a su lado, abrazarlo hasta casi llegar a la asfixia, ahogarse en el plateado de su mirada, decirle que él también lo quería, que no pretendía dejarlo solo pues ello significaría una negación a sus sentimientos.

Golpe.

Él ya había rechazado sentirlos. Había preferido la culpabilidad a la verdad, y eso era algo que jamás pensó posible hasta ese momento.

La oscuridad comenzaba a formarse frente a sus ojos, estaba cayendo en trance, el alma lo pedía a gritos.

Negó con el solo movimiento de su cabeza, no se permitiría estar ahí todavía. Tomó el listón y cerró el documento con él, dejándolo sobre su regazo y cogiendo el otro entre sus manos. La oscuridad amenazaba con poseerlo. Lo desenvolvió, siendo presa de un negro y blanco absoluto; realidad interna y externa; peleando entre sí. Algo le indicaba el cuerpo, pero no sabía qué era. Y la curiosidad ya era demasiada.

-Espera...por favor...déjame leer el otro...- los intervalos se volvieron menos frecuentes; permitiéndole permanecer ahí. De cuando en cuando un pequeño flash de oscuridad pasaba frente a sus ojos, pero desaparecía casi al instante. Comenzó a leer; en esa ocasión el pergamino no estaba completo, Draco no había podido terminarlo con éxito más allá de la mitad.

*  II  *

Ahora me pregunto si antes de ti hubo algo humano y palpable, trascendente e importante en lo que pudo llamarse mi existencia; encuentro que sólo el dolor lo fue; sentimiento que en ocasiones lograba tener principalmente en el último año; y ello en muy corta medida.

Odiar es algo que comenzó, continua y terminará contigo. Pues en este lugar no hay persona, cosa o posición que odie más que a ti. Me haces daño, te gusta hacerlo. Terminas por convencerme con alguna excusa y me consuelas, a pesar de que tú has tenido la culpa. Llegas a mi cama como si nada hubiese pasado, como si no me hubieses enseñado el dolor y la depresión de la forma más cruel y violenta que pueda existir.

Lo peor es que no hago nada al respecto, me quedo a tu lado y permanezco callado, disfrutando de ti, de tu silencio o tus risas, tu pasado y tus planes a futuro, donde sin proponérmelo me encuentro. Te acuestas a mi lado, hablas unos instantes, me abrazas y  por primera vez me siento completo. Te abrazo y me quedo dormido entre tus brazos; como si todo el dolor se hubiese extinguido, aunque sé que no es así; que cuando menos me lo espere, dejarás de ser un ángel, caerás al vacío y serás un demonio; y a pesar de ello, espero que subas nuevamente y me abraces, porque durante tu ausencia te he de extrañar por más que te odie.

Pero ya no quiero que sea así.

No quiero querer matarte, temer perderte, odiarte y extrañarte todo al mismo tiempo; necesito dejarte para ser el mismo de antes. Pero por más que lo necesite, por más que quiera que estos cambios de ánimo se esfumen; sé que la enfermiza necesidad de ti no morirá hasta que yo lo haga, o hasta que tú logres destrozarme por completo; seré no más de lo que fui antes, y no tendré el valor de ponerme en pie, no tendría sentido hacerlo.

Por eso he vuelto atrás, recuerdo una decisión que por ti abandoné y la quiero lograr. Es la única salida.

Es irónico pensar que por sentirme vacío la haya tomado en ese entonces, y ahora lo sea por muy contrarias razones. Pero no tengo ganas de reír, me has robado las fuerzas aunque me esté liberando de ti; lo único que me inquieta ahora que no hay regreso es que jamás supe lo que sentías, nunca lo has dicho, y no te lo reprocho, porque yo tampoco lo hice; pero no tienes la menor idea de lo que hubiera significado el largarme de este lugar con la certeza de algún cariño.

Ahora río, pero es una risa maniática.

Por un segundo estuve seguro de que había un sentimiento mutuo.

Lo hice, no sabrás qué, pero lo hice.

Draco Lucius Malfoy.

*  II  *

El dulce trigueño cayó de rodillas al suelo violento, con una extraña energía grana rodeando su cuerpo, proveniente del collar pendiendo en su cuello frágil que inclinó hacia atrás en son de sufrimiento. Arqueó la espalda mientras un sudor frío calaba su cuerpo hermoso y tambaleante, la cicatriz en su frente brillaba como si estuviera abierta, y en un acto igual de espeluznante y contradictorio en una herida antigua comenzó a sangrar, una pequeña gota de aquel líquido rojo cruzó su rostro claro, marcando su recorrido. Él no la podía ver, tenía los ojos fuertemente cerrados; sintiendo demasiado profundo el dolor de Voldemort acercándose a su objetivo.

Gritó y la luz creció, desapareciendo toda oscuridad y devorando incluso las llamas plateadas, esparciéndose con más fuerza alrededor de su cuerpo. No era un grito de dolor, sino de furia; algo que en realidad no sentía pero anhelaba. Necesitaba destruir algo, batalla y sangre era lo indispensable al hacerlo.

La energía inundando el cuarto se concentró en un solo entorno, en él acompañando su aura intranquila.

Abrió los ojos, dejando ver a la luna el paisaje intermitente de su mirada abriéndose y cerrándose; roja, dorada a continuación, nuevamente furia, otra vez sólo él. Algo lo lanzó hacia atrás, golpeándolo contra el sofá antes de llevarlo en retroceso de tal forma que fue a dar contra la pared a una velocidad escalofriante, el golpe no fue directamente a él por el mueble de por medio, pero sí logro la réplica contra su espalda. La energía a su alrededor llegó a un tono cegador, moviéndose con rapidez hacia su frente en una esfera de luz, donde desapareció hundiéndose al contacto de la sangre, dejándolo con la respiración agitada, en el suelo nuevamente, pero sin dolor alguno.

Abrió los ojos, un poco nervioso, delante y demasiado cerca pudo ver un chico, casi sobre él, una ilusión que su locura estaba provocando. Cabello rubio, mirada gris y hermosa; labios dirigiendo una sonrisa de consuelo. Cuerpo fino y esbelto bajo una camisa blanca y un pantalón negro de vestir, inclinado hacia él en posición felina.

Alzó la mano derecha, tocando los labios que lo recibieron con un ligero beso lleno de sensualidad. Sonrió ante el gesto, levantando la mano izquierda a la misma altura, enternecido totalmente y deseoso de un contacto mayor.

-Draco- Pero un rayo de vacío le golpeó los sentidos, palideciendo por completo, en tanto sus ojos verdes brillaban desesperadamente, totalmente abiertos por el frío calándole por dentro. Un mal presentimiento, el olor a sangre que no era suya, un quejido de dolor y su nombre siendo susurrado en tanto la luz de una vida se apagaba. -Draco- musitó nuevamente, poniéndose de pie y corriendo con un solo destino, fue presa de tanta prisa y desesperación que sin pensarlo rompió la puerta con un hechizo, logrando un estallido y una lluvia de madera. Delante de él el camino parecía sólo sombras, vagas líneas definiendo estructuras; ni siquiera el piso parecía sólido bajo sus pasos.

Se maldijo a sí mismo, por no haber acudido antes a él; sintiendo cómo el corazón amenazaba con dejar su pecho; el frío hueco en su estómago comenzaba a darle arcadas; tenía que encontrarlo pronto, tenía que detener sus propósitos...

¡Tenía que decirle que lo de Ron era mentira antes de que cometiera una locura!

_____________________________________________________

Continuará...

Tengo que decir que este capítulo no es muy interesante (Y no me ha gustado del todo), pero sigue siendo necesario; por fin el trabajo de Draco ha sido expuesto y las complicaciones aumentarán, oh sí, es posible. Veremos si Harry es bueno y deja de jugar ¿Ustedes qué creen? Por favor, manden sus comentarios, siempre me animan a seguir adelante. =29 Noviembre 2003=

"Si lo amas, déjalo libre. Si regresa es tuyo, si no, nunca lo fue"

Atentamente,

Nabichan Saotome.