Peter se sentó en la cama y miró a su alrededor, la habitación era la misma de un mes antes, la casa era la misma, nada había cambiado, al menos en lo que se refería al lugar; porque él era un hombre completamente distinto.
No se había dado cuenta conforme las cosas ocurrían en su vida, simplemente había formado parte de aquella locura que habían tenido que sufrir todos sus amigos y él junto a Mohinder durante días y ahora tenía tiempo para pararse a pensar y recapacitar.
Por fin, había recuperado sus poderes, aunque no se había tratado de algo repentino, no se había levantado un día volando o leyendo la mente de Mohinder. Simplemente un día se dio cuenta que su brazo herido estaba perfectamente, había sanado sin que él se dieran cuenta, cuando según el profesor, todavía le quedaban un par de semanas de reposo.
Al día siguiente sabía perfectamente que Mohinder estaba deprimido sin que él le dijera nada, pues no le gustaba nada estar lejos de casa, en otro país donde apenas podía comunicarse con nadie y sobretodo lejos de sus amigos. Al darse cuenta, se sorprendió porque le había leído la mente y un día más tarde, mientras discutía con Nathan, se había vuelto invisible, pues precisamente eso era lo que quería para que su hermano dejara de decirle que no era prudente ayudar a ese tal Rebel.
Todo estaba volviendo a su sitio, pero él no era el mismo chico asustadizo y temeroso de perder a Mohinder que había caído enfermo hacía un par de meses ya, el que sentía que había traicionado al profesor. Tal vez lo que había hecho su madre y ser secuestrado por aquellos agentes del gobierno no había sido tan malo, pese a que lo habían pasado fatal.
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"Se acabó." Dijo un día Nathan al entrar en el apartamento que Mohinder y Peter habían alquilado en ciudad de México para escapar de la vigilancia del gobierno norteamericano. "He hablado con Bennet y el presidente a rectificado, se ha dado cuenta que las medidas que estaban tomando no eran las adecuadas, que era algo totalmente desmesurado y que no toda la gente con habilidades debe ser detenida y encarcelada." Nathan le lanzó el periódico a su hermano a las manos y Peter leyó con avidez lo que decía sobre el tema.
"¿Entonces podemos volver?" Dijo Mohinder visiblemente emocionado.
"Cuando queráis, tenemos amnistía para todos, Matt ha ido a ver a Molly ya y Claire ya no tiene el coche de incógnito aparcado en al puerta de su casa de Costa Verde." Nathan se dejó caer en el sofá, mientras su hermano y el profesor lo miraban sumamente aliviados. Continuaron hablando del tema durante un par de horas hasta que anocheció.
"Bueno, os dejo, tendréis cosas que preparar para volver a casa. A casa… suena extraño." Nathan salió del salón y por un momento tanto Peter como Mohinder se quedaron en silencio.
"Lo siento." La voz de Peter resonó en la habitación con fuerza, incluso pareció que, durante unos segundos hubiera tenido eco. El profesor lo miró sorprendido.
"No vamos a empezar otra vez con eso, no tienes que pedirme perdón por nada." Mohinder cogió la mano de Peter y notó que estaba demasiado agarrotado. "Peter por favor, vamos a ser felices por una vez. ¿Cuanto antes que no salimos a cenar por miedo a que nos descubran? ¿Cuánto hace que no te escucho reír como los días que estuvimos en Londres? Vamos a volver a casa, tú has recuperado tus poderes y podrás ayudarme a canalizar los míos. No creo que sea el mejor momento para pedirme perdón por nada."
"Yo te he arrastrado hasta aquí. Si no me hubieras conocido seguirías siendo un estupendo genetista, seguramente te habrías casado y ahora mismo estarías viviendo en un adosado con un niño pequeño, tal vez dos."
Mohinder se echó a reír, tomó el rostro de Peter con ambas manos y le besó con fuerza, incluso con un poco de rabia, en los labios. "Deja de pensar tanto de vez en cuando. No quiero saber lo que habría sido de mi vida sin ti, además de un aburrimiento y una auténtica mierda, pero estoy seguro que después de todas la veces que me has salvado la vida, ahora mismo estaría muerto."
"O te habrías ahorrado muchos problemas." Mohinder empujó Peter contra el respaldo del sofá, sin perder la sonrisa, pero con unas pocas ganas de querer matar a Peter por decir esas cosas. "Lo digo en serio, si tu…."
"Cállate porque me da igual, yo elegí estar contigo. ¿Recuerdas la primera vez que nos vimos, en el taxi de mi padre? Entonces supe que serías mío." Dijo con el tono de voz más sensual que Peter le hubiera escuchado nunca hablando.
Peter sonrió tímidamente, nunca había sido del tipo de hombre decía ese tipo de cosas y mucho menos estaba acostumbrado a que se las dijeran a él tan directamente. En realidad nadie la había dicho que le quería para toda la vida de esa forma. "Y tu pensabas lo mismo, no me digas ahora que no."
"No se…" Mohinder no le dejó contestar y volvió a besarle hasta dejarle completamente sin aliento. "Me gustaste, me gustó tu forma tan sincera de hablar con un completo desconocido, como me miraste, creí que me ibas a atravesar con la mirada, que podrías conseguir lo que quisieras de mi, pero aún así, eso no compensa lo que te ha ocurrido por estar conmigo desde entonces."
"Estuve a punto de decírtelo." Deslizó las manos por su pecho, mientras de fondo, a través de la pared, en el apartamento de al lado alguien estaba escuchando música latina a la que ninguno de los dos le prestó atención.
"¿Decirme que?" Peter había tenido el mismo pensamiento aquel día en el taxi, también a él le hubiera gustado decirle que le apetecía quedar con él. Pero nunca llegó a saber si se había tratado de los nervios o de que fuera el primer hombre por lo que se interesaba, no había dicho nada. Por eso Mohinder no contestó a su pregunta.
Mohinder se acercó al oído de su amante, en el mismo momento en el que la música del piso de lado pasaba a convertirse en una balada romántica. El cabello de Mohinder rozó a Peter en la cara y le hizo cosquillas.
"¿Recuerdas cuando estuviste hace dos semanas en el hospital recuperándote?" Peter asintió y tan sólo emitió un ruido aceptación con la garganta. "Entonces tuve miedo por ti ¿y sabes que? Me sentí vivo. Antes cuando no te podía pasar nada, cuando arriesgabas tu vida por todo el mundo sin importante hacerte daño, porque sabías que todo saldría bien; yo me sentía mal, pensando que algún día me dejarías por alguien más… como tu." Pete abrió la boca para contestar, pero Mohinder continuó hablando. "Entonces era un tonto y lo supe al verte la cama del hospital. No me había dado cuenta que tu siempre necesitarás a alguien que te mantenga en el mundo real."
"Alguien como tu, al que no le importe arriesgar el pellejo por mi cuando esté demasiado obcecado en lo que estoy haciendo." Mohinder sonrió y se mordió el labio, se había acostumbrado a que Peter había vuelto a ser un hombre normal, pero ahora que le leía otra vez la mente…"
"Eso nos deja en paz supongo." Peter rodeó el cuello del profesor con ambas manos y esperó a que se acomodara a su lado en el sofá para que siguiera hablando. Le besó la frente cariñosamente y frotó su espalda con la mano. "Tu dices que me pones en peligro y yo digo que me gusta arriesgarme por ti."
Peter cogió el cuerpo del profesor y lo recostó lentamente en el sofá, se colocó encima; se miraron a los ojos, ninguno de los dijo nada las miradas de ambos lo decían todo en el silencio de la habitación.
"Yo que había empezado a cogerle cariño a esta ciudad, tan grande, con un idioma que apenas hablamos, tan… diferente a New York." Mohider vio reír a Peter. "Bueno ahora sólo tendremos que lidiar con tu madre y su manía de separarte de mi." Los labios de Peter atraparon los suyos y justo en ese momento, decidió que jamás iba a volver a lamentar, ni por un segundo estar al lado del profesor.
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Aquellos recuerdos, que parecían tan lejanos allí sentado en la cama de su casa, la que le había regalado de Nathan en el centro de New York, volvían con fuerza a su mente, recordándole que todo había valido la pena. El dolor en el cuerpo, la tristeza en su corazón por pensar que jamás iban a volver a su vida normal, el miedo a pensar que había metido a Mohinder en un callejón sin salida; todo parecía diferente ahora, tan insignificante y valioso al mismo tiempo.
Toda su vida se había dado la vuelta desde que había decidido casarse con Mohinder, incluso el mismo, el enfermero temeroso de unos poderes que no comprendía y de un futuro incierto, se sentía ahora mucho mejor, mucho más seguro de si mismo y sobretodo sabía que había alguien esperándole al final del día, alguien dispuesto a convertirse en su faro en la tempestad o en el colchón que estaría dejado de él preparado para evitar que se hiciera daño al caer.
Quería a Mohinder, adoraba al profesor y entonces se dio cuenta, no había pensado en ello desde la conversación en el pequeño apartamento de Cuidad de Mexico, pero ahora era cierto. Ya no tenía miedo a que le ocurriera algo, ahora eran dos personas iguales, los dos con poderes, incluso Peter ya había conseguido asimilar el poder del profesor.
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"Quiero que me ayudes a ser útil." Le había dicho Mohinder nada más volver a instalarse en el piso.
"¿Perdón? Te puedo asegurar que me esperaba muchas cosas de ti, pero que te sientas inútil, no es una de ellas la verdad."
"No seas tonto, quiero usar mis habilidades igual que Nathan, que Matt, que tu mismo. Quiero ayudar a luchar."
"No somos los x-men, no nos dedicamos a ser superhéroes por la noche y gente normal por el día." Mohinder revolvió vio el cabello de Peter.
"No vengas con esas. Se lo que hacéis, te quiero recordar que he estado allí cuando salvásteis la ciudad, cuando habéis derrotado a Sylar, cuando…"
"Vale, tu ganas, te ayudaré, pero no voy a atacarte, no voy a hacerte daño, no voy a atacarte para potenciar tus habilidades y no voy a…" Mohinder atrapó con su fuerza recientemente descubierta los dos brazos de Peter y lo sujetó con fuerza. "Mohinder." Peter intento soltarse pero el profesor no se lo iba a poner nada fácil, no hasta que consiguiera lo que quería. "Mohinder no lo voy a hacer." El profesor hizo más fuerza sobre Peter, sin dejar de sonreír en ningún momento.
"Eso ya lo veremos." Susurró el profesor al oído de Peter.
