El tiempo transcurría y todo parecía pasar con aparente normalidad en torno a la vida de Ciel Phantomhive, sin sospechar que alguien muy lejos de su mansión, en específico en el inframundo tramaba un perverso plan para recuperarlo o solo era para desquitarse, ni Sebastian mismo lo sabía, cuál era su objetivo con lo que planeaba, por momentos lo reflexionaba pero una enorme rabia lo consumía, mezclado con celos y lo motivaban a seguir.
-Solo bastó unos días para que me olvidarás... ¿Ese era todo el amor que sentías?- Se le escuchaba murmurar malhumorado al demonio estando sentado en un costado del pequeño huerto que había improvisado en el infierno, aun cuando ya había pasado casi un año desde su separación con el joven conde de mirada azulina, el recuerdo en su mente y corazón no se desvanecía, agradecía que en el infierno los días pasaban con más prisa que en el mundo mortal, pero aun así todavía le dolían las palabras que Undertaker en esa noche le aclaraba que Ciel y él habían intimado a los pocos días de su ruptura, que el solo estorbaba y lastimaba a su antiguo amor, esa aclaración tan seria que fue el detonante para que desistiera de su contrato y se alejará de él definitivamente, tal vez él fue quien primero traicionó a su amado, pero jamás creyó que su pequeño conde en unos pocos días lo cambiara por el sepulturero, ni siquiera le dio tiempo de rogar por su perdón, era la rabia que le consumía.
-¿Qué refunfuñas, querido?- Se escuchaba decir con una sonrisa sarcástica al demonio que tomaba nuevamente la forma de Ciel, pues sabía que aquello era la vulnerabilidad de Sebastian.
-Por favor... deja de aparecerte con su forma...- Le decía con mala cara el demonio mirándolo de reojo, esa visión distorsionada de su querido conde lo hacia profundizar más en la confusión que presentaba ahora, aun siendo una imagen manipulada, era hermoso, pensaba el demonio.
-¿Te duele verlo?- Le insinuaba con malicia el otro demonio, acercándose se le restregaba al cuerpo con sensualidad, Sebastian pretendía ignorarlo mirándolo con desprecio.
-Pero bien que has disfrutado con esta forma...- Hablaba con una sonrisa pervertida el demonio que trataba de secudirlo, como al parecer había lograba hacerlo en numerosas ocasiones.
-Cállate...- Refunfuñaba Sebastian porque aquello hasta para él le resultaba penoso, y más que disfrutar de esos encuentros sexuales, era una forma de desahogarse o de rememorar un pasado en el que hacia vibrar bajo su cuerpo al pequeño conde, no podía negar como le enfurecía que ahora ese cuerpo le perteneciera a alguien más, pensarlo le fastidiaba y era lo que lo hacía persistir en su malévolo plan.
-Creo que estás enloqueciendo...- Decía el otro al verse ignorado, y notar la mirada cegada de furia del demonio, que parecía moler unas hojas con fuerza, aun para ser un demonio actuaba un poco más desquiciado de lo normal.
-No... solo estoy volviendo a lo que era antes... antes de conocer su amor...- Dijo Sebastian sin borrar esa maliciosa sonrisa, aunque le costara perder a su ex-contratista para siempre, el seguiría en su plan, por eso no sabía si era un plan de amor o venganza.
-Quieres decir... ¿Qué lo dejaste de amar?- Cuestionó el demonio con apariencia de Ciel con una sonrisa divertida, que se regocijaba ver la locura de un colega quien no le respondió a esa pregunta.
-Por eso el amor no nos he permitido...- Seguía diciendo mientras pretendía marcharse de su lado. -Al final terminaras destruyéndote a ti mismo...- Se le escuchaba susurrar al demonio dejando a Sebastian en soledad con su delirio.
-¡Maldición!...- Exclamaba al demonio cuando se quedó solo, estaba tan confundido sobre seguir sus planes, tal vez lo mejor era regresar por su hijo e irse a empezar una nueva vida lejos de Londres, lejos de su querido Ciel, lanzando con furia las hojas que molía, preso de la indecisión, por un lado su naturaleza mezclada con despecho le pedía venganza por otro su frío corazón clamaba por un nuevo comienzo y no hacer miserable la vida del conde junto a la de su ahora amante, a quienes no había visto en casi un año.
-No puedo odiarte Ciel... no puedo...- Eran las desesperadas palabras de Sebastian mientras su mirada titilaba en un intenso rojo carmesí, apretándose el pecho se recostaba en el suelo, como preso de un intenso dolor y desesperación casi presintiendo que en ese tiempo de ausencia, su antiguo amo disfrutaba de la tranquilidad y el cariño junto a Undertaker, Christopher y sus leales sirvientes.
-Christopher... desde hoy eres un Phantomhive...- Se escuchaba decir muy orgulloso al conde alzando su copa proponía un brindis en esa noche, en que celebraban que el pequeño dejaba su apellido Michaelis por el Phantomhive, suficiente tiempo había dejado pasar para esperar a que el padre del niño apareciera, y al no hacerlo Ciel decidió adoptarlo, con su título no era difícil de conseguir.
-¡Salud!- Dijeron sus más cercanos que celebraban el acontecimiento, menos uno que resignado y casi a la fuerza brindaba, a él no le gustaba la idea que Ciel oficialmente se hiciera cargo del niño, ese niño que a pesar de tener un año y medio aparentaba más de dos años, además creciendo se asemejaba más al demonio, era algo que le molestaba pero trataba de disimular para no crear tensión innecesaria en su relación.
-Ciel...- Le llamaba el niño quien en un sillón de pie era el centro de ese brindis, el conde le escuchó y tomando el contenido de su copa se prestaba a acercarse, entonces Christopher emocionado lo abrazaba con fuerza, el otro correspondía su abrazo, no podía negar lo mucho que se había encariñado al pequeño, a quien consentía sin malas intenciones, pensaba que ese niño fue el motivo de su separación con Sebastian, pero tal vez el inicio de una nueva vida, donde no habría venganza, ni soledad, ni tristeza.
-Los niños de estos tiempos son tan adorables...- Hablaba en voz alta Undertaker disimulando sus celos, pretendía avergonzar al joven que al escuchar eso se sonrojó, le enojaba que le llamaran niño y si lo hacían frente a otros más que coraje le llenaba de vergüenza.
-Cierra la boca.- Le ordenaba el conde con molestia, pero sin dejar de abrazar al pequeño, mientras la pareja se miraba desafiante.
- Ciel... Ciel es mío- Hablaba el pequeño dirigiéndole una mirada algo desafiante al sepulturero, aquel gesto que le llenó de coraje, detestaba cuando ese aparente inocente niño le desafiaba, era como que Sebastian de alguna forma tomaba lo que anteriormente fue suyo, el ambiente antes alegre se tornaba un poco tenso y todos lo percibían, Meyrin que ya conocía estas situaciones tan comunes cuando se reunían, se acercó a su amo y con un caramelo convencía al pequeño para que viniera con ella, a regañadientes el pequeño hacia caso.
-¿Por qué no aprovechamos para brindar por algo más?- Se escuchaba decir a Finny con alegría y así acabar con la tensa y silenciosa escena anterior, pues la pareja ahora parecía enojada entre sí.
-¿Hay otro motivo?- Murmuró en su malhumor el conde que odiaba ser celado con el pequeño.
-Si... una próxima boda...- Aclaraba emocionado el jardinero sorprendiendo un poco a todos, porque en esa habitación habia más de una pareja formada.
-¿Boda?- Dijeron todos, pensándolo un poco se miraban entre sí.
-¿Cómo se enteraron que le propondría matrimonio a su amo?- Se escuchaba decir burlonamente al sepulturero abrazándose por la espalda de Ciel de forma muy cariñosa, aquella muestra de afecto que el conde le hacía avergonzar a pesar de que todos sabían la firme relación que tenían aun le resultaba vergonzoso mostrarse afectuoso frente a los demás.
-¿Qué?- Dijo sorprendido ante esa declaración poco seria de su amante.
-claro que no nos casaremos... ¡Deja de decir tonterías...!- Terminaba de decir con esa altivez propia de él, desanimando al otro que se separaba de él, resentido ante ese regaño.
-Será... ¿que ustedes se casaran?...- Murmuró con una pequeña sonrisa traviesa el conde a la pareja de Finny y Snake que estaban frente a él.
-No... no... no...- Negaron los dos en voz baja con mucha timidez, ellos llevaban una hermosa relación pero el casarse no era algo que se les permitiera legalmente, pero eso no les impedía el amarse sinceramente.
-Entonces...- Susurraba Ciel que disimulaba no saber de quien se trataba, aunque desde el principio lo supo, en si todos lo sabían.
-Era una sorpresa... ¿Quién les dijo?- Dijo sonrojada Meyrin con una sonrisa nerviosa, junto a ella estaba un poco sonrojado Bard que miraba mal a la serpiente que llevaba Snake en su hombro.
-Emily... fuiste tú...- Le acusaba el cocinero con mala cara señalando a la serpiente quien siseaba su lengua, como confirmando que fue ella quien había sido testigo de la propuesta matrimonial el día anterior y se encargó de contarla a Snake y a su pareja. Todos alegres celebraban los dos felices acontecimientos, fue una velada entretenida, ya exhaustos un poco tarde todos se retiraron a descansar.
-¿Por qué tan pensativo?- Cuestionaba el shinigami cuando vio cómo su hermoso conde miraba pensativo a través de la ventana, su mirada se concentraba en el vasto y oscuro cielo.
-Hoy me divertí...- Respondió el conde sintiendo como esos brazos que ahora anhelaba le apretaban con firmeza pero a la vez con dulzura.
-¿Qué tiene eso de malo?- Preguntaba su amante porque su respuesta parecía algo nostálgica o triste.
-Nada...- Murmuró Ciel con una sonrisa dejando ese desliz de nostalgia que le invadió, pero más que nostalgia era algo de incertidumbre, presentía que tanta alegría era demasiado buena para ser real, ¿Algo malo se acercaba?, no quería ser pesimista pero un extraño presentimiento le invadía, además de alguna forma el capítulo de su vida que fue Sebastian nunca fue concluido, tenía un final abierto, ¿Qué haría si apareciera? ¿Se daria cuenta que nunca lo olvidó? O ¿Seria confirmar que ya no tenía ningún sentimiento de amor para él? Pero sin duda si apareciera en sus vidas ahora, el que más sufriría seria Undertaker, y pensar en ello le lastimaba, pensando en eso, volteaba a ver a quien lo abrazaba sujetando su rostro lo miraba con ternura.
-¿Quieres que me quede esta noche?- Cuestionó el peliblanco notando la mirada algo confusa de Ciel, le besaba su juvenil rostro con devoción.
-Si tú quieres...- Se escuchaba murmurar al conde disimulando su respuesta afirmativa, la pareja se disponía a acostarse en la cama, pero ese presentimiento atemorizaba a Ciel, mostrándose algo vulnerable ante los ojos de su amante que trataba de seducirlo.
-Esta noche, solo abrázame hasta que me duerma...- Pedía el jovencito con la mirada confundida, Undertaker no podía negarse a eso, además el también sentía un extraño presentir, pensaba que posiblemente Sebastian estaría por aparecerse en cualquier día, eso le asustaba, ambos con esos pensamientos sin darse cuenta se quedaron dormidos. Mientras tanto en el infierno, un ser sonreía complacido al parecer su plan estaba ya listo, era hora de ponerlo en marcha, pero antes debía tantear el terreno, así que armándose de valor regresaría a la mansión, esa mansión donde había pasado los mejores momentos de su demoníaca existencia. Era la hora de enfrentar a su amado Ciel Phantomhive.
Hola!
Me alegra saludarles y traerles este nuevo capitulo,
Gracias y besos :*
