Resumen:Todo el mundo hablaba sobre el accidente en el hielo. No importa cuantas veces intento olvidarlo, allí estaban todos para recordárselo. Elsa es una joven estudiante distinguida entre los pasillos escolares, fría y seria, pero algo nuevo sucederá cuando entable una amistad con cierta pelirroja ¿Será posible que la compañía de cierta pelirroja sea suficiente para que la rubia se abra?

Disclaimer: Frozen es propiedad de Disney. Con la participación especial de algunos personas más de Disney.


Voluntad sobre Hielo

25

Elsa caminaba por la nieve hacia el lago mientras hablaba por teléfono celular. El cielo ni siquiera había amanecido aún, eran las cinco de la mañana. No había sol. Todavía estaba algo oscuro, pero por suerte Elsa no tenía problema para ver en la oscuridad.

Elsa, no quiero ser mala, cariño, pero realmente tengo sueño – Anna murmuró del otro lado.

Elsa rió – Pero si has sido tú quien me ha llamado

Cargaba con un bolso en su hombro y sujetaba la correa con la mano izquierda mientras con la derecha sostenía el teléfono.

Si te soy sincera no esperaba a que me respondieras – Anna rió somnolienta – Estoy cansada Elsa

– Bien, entonces descansa – Murmuró la chica con una sonrisa cariñosa – Hablaremos luego

Te quiero

– Yo también te quiero –

Al cortar la llamada miro la pantalla un par de minutos más. Su sonrisa aún no se borraba. El sonido de la garganta de alguien aclarándose llamó su atención. Junto a la orilla del lago congelado, Jennifer estaba cruzada de brazos. Cuando la chica guardo su teléfono ésta sonrió.

– Bien majestad, escuche: tengo mi laptop, la rutina para el programa corto y largo y también tengo la música. Te la enseñare primero, la veremos dos veces, repasaremos los movimientos y luego la practicaras, ¿sí? –

– Hecho – Elsa asintió.

Después de acomodarse en la mes que había junto a su casa, la castaña puso un vídeo que mostraba gráficamente una persona pixelada, sin rostro, sin nada. Era parecido a un monito de palo, pero más rellenito. Se movía por el hielo despreocupadamente. Al terminar la rutina, Elsa la miro.

– Ese es el programa corto. Ahora te diré que tienes que hacer, para comenzar… – Respondió Jennifer a la interrogante de Elsa no hecha – tenemos: secuencia de pasos, secuencia de ángeles, debes hacer dos de ellos, después volvemos a la secuencia de pasos, ¿vas entendiendo?

– Vi el vídeo, no soy ciega – Elsa sacudió la cabeza sin humor – Sé que tengo que hacer

La mujer sacudió la cabeza – Los saltos. Aquí tenemos una gran variedad de saltos, harás solo cuatro de ellos y en este orden: Salchow, Flip, Loop, Flip

– ¿Está bien repetir el Flip dos veces? – Elsa cuestiono – ¿Por qué no cambiarlo… por un salto ruso?

– ¿Estás de broma? Jamás te he visto hacerlo y no hay tiempo de practicarlo – Jennifer sacudió la cabeza.

– Pero… uhm… ¿Qué tal si lo cambiamos por un Lutz? – Preguntó.

– Un Lutz… No lo sé, Elsa –

– Bien, entonces serán dos Flip. ¿Qué sigue después de esto? – Preguntó Elsa.

– Bien, repasemos. Empezamos con una secuencia de pasos, sigue una secuencia de ángel, volvemos a la secuencia de pasos y saltas: salchow, flip, loop, flip, ¿vas entendiendo? Volvemos a la secuencia de pasos y haces un axel seguido de un toe loop. Para terminar harás piruetas

– ¿Las piruetas al final? ¿Estás segura de que es buena idea? – Pregunto no tan convencida Elsa.

– Sí. Primero, pirueta de techo, una baja y terminas con una vertical. Eso es el programa corto – Jennifer puso otro vídeo – Ahora el programa largo

Nuevamente la imagen del monito moviéndose por el hielo se proyecto haciendo una rutina. Elsa la miro fijo y luego a Jennifer.

– Entiendo, comenzamos con un triple, sigue una secuencia de pasos, tenemos Lutz, toewally, loop, pirueta en l, pirueta cruzada, secuencia de ángel, una pirueta de techo atrapada seguida de una pirueta de techo clásica, una pirueta biellman, un triple nuevamente, una variación de pirueta baja, una pirueta cañon, una invertida, un lutz, una secuencia de pasos, un camel saltada y para terminar con el show una pirueta atrapada seguida por una camel. ¿No crees que son demasiadas piruetas? Sí tenemos saltos, pero muy pocos – Elsa torció los labios – ¿Qué hay de las canciones?

– Para el programa corto tenemos el lago de los cisnes y para el programa largo, tenemos tu canción: let it go – Jennifer sonrió.

– Pero let it go tiene letra – Elsa frunció el ceño.

– No esa, tonta. Yo estoy hablando de la canción que tocaste tanto en piano como en cello. He hecho algunos arreglos, las he juntado y se escuchan grandiosas –

– ¿Por qué let it go? – Elsa cuestiono.

– Sencillo. Quiero que el público conozca a mi patinadora estrella como es en realidad. Ésta canción la has escrito tú cuando tenías diez años, te describe a la perfección y por eso quiero que la usemos en un momento tan decisivo –

– ¿Qué tal si hay un empate? Como lo que sucedió en Londres, no tenía una rutina preparada y tuve que improvisar, por poco pierdo – Elsa dijo.

– Lo sé, pero no tenemos tiempo de inventar y aprender otra más así que no nos queda de otra. Elsa, vas a tener que improvisar de nuevo si llegará a suceder – Jennifer dijo.

Elsa asintió mirando la pantalla – Todavía creo que el programa largo está algo aburrido. Solo estoy haciendo piruetas. Tal vez sería mejor arriesgarnos con más saltos

– No podemos hacerlo. Ya estás haciendo muchos saltos en el programa corto, tu pierna no te permitirá nada de eso. Te caeras y perderás –

– Que confianza. ¿Y si probamos con saltos sencillos? Venga, está muy aburrida la rutina, además, pusiste todo junto. Como que primero pusiste las secuencias, después todos los saltos y después las piruetas. Ya en el programa largo lo mezclaste, pero no hay secuencias, ¿quieres aburrir a los espectadores y a los jueces? Estamos hablando del mundial de patinaje, no de una competencia cualquiera –

– Bueno, ¿y qué quieres hacer? Es arriesgado hacer demasiados saltos –

– Tengo una idea – Elsa sonrió torcido y con confianza. Jennifer la miro intrigada.


Se sentó durante la tarde en el sofá de su casa. La chimenea estaba encendida para calentar el ambiente helado que estaba rodeando a la rubia que con una laptop se encontraba. Traía audífonos puestos y escuchaba una suave sinfonía de un piano y un cello.

Un vídeo sencillo se mostraba en la pantalla. Ladeó la cabeza mientras sus labios tiraban de una sonrisa pequeña al observarse a sí misma de uno diez años de edad tocando una suave melodía en el piano, mientras que en otro cuadro del mismo vídeo tocaba la misma melodía en el cello provocando una sensación suave en los oídos.

Movió la cabeza a un lado varias veces y dio un salto sorprendida. Su madre sonreía divertida apoyando los antebrazos en la parte superior del respaldo justo detrás de Elsa mirando la pantalla.

– Casi me sacas el corazón – Se quitó un audífono.

– Lo siento. ¿Sabes? Hace mucho que no veía ese vídeo, me acuerdo cuando Wes te dijo que si te grababas a ti misma tocando esa canción con los dos instrumentos convertiría los dos vídeos en uno solo –

– El tío Wes realmente lo hizo genial – Sonrió Elsa bajando la pantalla – Tengo una pregunta, mamá

– Si es por tu vestido, no te preocupes que lo traeré mañana para que puedas practicar con él – Sonrió.

– Ahora sí creo que me haré paleta a las cinco de la mañana con un vestido al aire libre – Rió – No, es sobre la canción. ¿Crees que está bien que la use en mi rutina del programa largo? Es algo personal y no me gustaría que terminara en internet y todos la estuvieran usando

– Eso es cierto, también no lo es. Dime Elsa, ¿acaso van a escuchar la letra? No, por lo tanto la canción siempre va a ser tuya. Y además, Els, si fuera así, ellos no sabrán la letra. La escribiste tú y sin importar si algún día alguien la escucha, a nadie le importará porque el significado es para ti –

La chica frunció los labios asintiendo lentamente – Creo que debería volver al hielo. Le prometí a Jenn que terminaría la rutina del programa largo

– Y yo debo ir a una reunión importante – Idunn asintió – Por cierto, cenarás sola está noche, tengo una cita con los padres de Anna

– ¿Qué? – Elsa pregunto automáticamente sorprendida – ¿Por qué?

– Eso es confidencial niña – La madre de la chica puso su mano en la cabeza de la joven y la giro hacia la pantalla nuevamente – Si te lo digo ahora entonces no será sorpresa después

– No me gusta donde va esto – Elsa dijo sin mirarla aún – ¿puedes soltarme?

– Ya debo irme bebé –

– Ya no soy un bebé – Se puso en pie mirando a su madre – Soy un adulto responsable

– Para mí siempre serás mi bebé – Rió Idunn caminando hacia la salida. Elsa rodó los ojos sonriendo, poco después salió de la casa para volver al hielo.

– Una rutina… solo una… vamos cerebro, puedes hacerlo… Cuando quieras, podemos empezar, yo estoy lista… Oye cerebro, yo sé que estamos muy cortas de tiempo, pero si pudieras pensar más rápido… –

– ¿Hablando sola? – Una suave y divertida voz habló.

– ¿Cerebro? – Elsa preguntó asustada.

– Sí, soy tu cerebro y te digo que le des una caja de chocolates a tu novia para hacerla feliz –

– Oye no es algo que yo… ¡Anna! – Volteó a ver a la pelirroja que se encontraba riendo. Elsa rodó los ojos y ella alzó las manos.

– No me resistí – Se acercó – Sé que no querías que viniera, pero me estaba aburriendo sin y ti y además pienso que valió la pena porque te pude jugar una broma, aunque sí quiero la caja de chocolates

Elsa rió entre dientes – Bien, te la comprare cuando vaya a la ciudad

– ¡Yay! – Anna sonrió. Al acercarse completamente a Elsa, la besó en los labios fugazmente rodeando su cuello con ambos brazos, la rubia se rió – ¿Qué haces? Digo, imagino que ibas a entrar al hielo, te conozco mucho para saber que sí es así, pero ugh, Elsa odio todo esto. Me gustaría que… Oye, ¿sabías que mis padres y los tuyos van a salir? No sé que van a hablar, pero no me fío de eso tan fácilmente. Quisiera saber que hablarán, mamá me dijo que es importante que se junten a hablar, creo que es algo como, quiero conocer a los padres de la novia de mi hija o tal vez algo como: oh, mírame, necesito intimidar a los padres de la novia de mi hija para que sepan que decirle a la chica y mantenga las manos alejada. ¿No sería mejor que la conversación la tengan con ambas? Preferiría estar allí pre…

Se detuvo al hablar cuando el dedo de Elsa se posó sobre sus labios. Anna rió entendiendo que estaba divagando y con cuidado se separo de Elsa.

– ¿Quieres patinar? – Ofreció la chica.

Anna jugó con sus manos dando un paso atrás.

– No debería. Tú tienes que practicar y yo ni siquiera debo estar aquí estorbándote –

– Entonces deberías irte – Elsa sonrió divertida. Anna abrió los ojos sorprendida.

– ¡No, no, no! ¡No me quiero ir! – Se abrazó a la rubia con fuerza escondiendo su cabeza en la curva de su cuello. Elsa rió.

– Estaba bromeando, Anna. No quiero que te vayas – Sonrió – Vamos al hielo

Anna rió tomando un par de patines que Elsa le había entregado. Si bien se había sorprendido de que hace unos días el hielo había estado completamente escarchado e imposible para caminar, ahora estaba perfecto, claro que se notaba que Elsa había estado patinando y mucho porque las marcas estaban allí.

Con cuidado, Elsa ayudo a Anna a deslizarse. Cada vez lo hacía mejor, era seguro. Elsa se deslizaba de espaldas con una sonrisa mientras Anna se sostenía de sus brazos.

– No sé si algún día llegaré a ser tan buena como tú, pero sé que me divierte esto. Es la mejor forma de pasar el día, deslizándote por agua congelada con tu novia – Anna rió.

– ¿Agua congelada? Has estado hablando con Ariel, eh – Elsa rió.

– Sí – Anna sonrió – Me contado cosas increíbles sobre ti. Cosas que esperaba que si algún día conocía me las dirías tú

– Es porque le gustaba andar contando sobre la vida de los demás – Elsa bufó.

– ¿Sí? – Anna sonrió más – Me gusta. Yo no sabía que le temías a la oscuridad de pequeña o tampoco sabía que tenías una mantita escondida en lo más recóndito de uno de tus cajones

– Oye – Elsa frunció el ceño riendo – Es personal

– ¿Tanto incluso para mí? –

– Sí –

La chica rió ligeramente. Por lo general si Elsa se sonrojaba significaba un punto para Anna puesto que rara vez ella se sonrojaba. Besó a Elsa en la comisura de los labios.

– Entonces, ¿mi reina está lista para competir en el mundial? –

– ¿Tu reina? –

– Sí, porque eres mi novia – La besó en los labios – Estoy segura de que…

– Si Jennifer nos ve nos mata. Quería extorsionarme – Se rió Elsa. Se deslizó de espaldas llevando a Anna consigo.

La pelirroja rió ligeramente – No me sorprende. Tú eres una grandiosa patinadora, pero ahora estas muy metida en un grave problema. No debería estar distrayéndote

– La distracción es buena. Sobre todo si tú eres esa distracción para mí – Elsa dijo con una sonrisa. Anna sonrió divertida y Elsa la besó en los labios.

Las dos chicas patinaron un poco hasta que Jennifer apareció, Elsa le sonrió despreocupada. Básicamente la castaña echo a la pelirroja al interior de la casa exigiéndole que no viera la rutina porque era sorpresa. Sentada en la cama de su novia, se paseaba con la mirada por toda la habitación.

Había estado allí antes. Había hablado con Elsa antes. Había reído en la habitación antes. Había dormido con Elsa allí antes. Pero jamás estuvo sola antes del modo en que estaba ahora.

Camino por la habitación vagando en las miles de cosas que ella tenía en una perfecta alineación. Elsa era muy ordenada… comparada con ella. Sonrió observando las fotos. La voz proveniente del televisor encendido se había vuelto lejana en cuanto Anna se quedo mirando una foto en especial.

Una tarde, no hace mucho atrás, Anna había ido a casa de Elsa como de costumbre. Las dos chicas rieron y hablaron, se besaron e hicieron caricias. Ella aún recordaba la sensación de los dedos de Elsa recorriéndole el brazo mientras se besaban. Estaba completamente enamorada de la rubia y aunque sabía que Elsa tenía ciertos… uh… problemas, sabía que la quería también y que estaba poniendo todo de si en la relación. Por supuesto, el lado egoísta de Anna siempre quería que Elsa se olvidara del chico con quien salió y solo le prestara atención a Anna de una buena vez por todas. Que la pelirroja sea su razón de vivir. Que estuviera enamorada cien por ciento de ella. Y tal vez porque era algo egoísta la chica no podía decirle lo que quería. Sin embargo, eso ni al caso, aquella tarde Anna había tomado un par de fotos. En una de ellas era en que Elsa estaba acostada en la cama y Anna tenía la cabeza recostada en el estomago de la rubia, sus brazos estirados hacia arriba enfocando un ángulo alto a ambas y diciendo: "sonríe, Els."

No sabía que la rubia conservaba la foto, mucho menos que la tenía puesta en un marco dentro de una vitrina junto a muchos de los trofeos y fotos que Elsa tenía de competencias escolares y artísticas en el hielo. Se sorprendió bastante.

Miro por la ventana un instante, Elsa estaba deslizándose por el hielo haciendo algunas piruetas. Sonrió. Al volver a ver las fotos y trofeos su sonrisa se ensancho más. Había un espacio vacío. Ancho. Justo en el centro. Anna imagino que era el trofeo que Elsa tanto quería.

Miro la pantalla de la tele, no entendía nada de lo que hablaba pues como era de esperarse estaban hablando en noruego, sin embargo, conocía el programa gracias a Elsa que le había traducido el nombre como "cuéntanos, celebridad". Un programa de chismes.

Como no entendía nada no le veía el caso a intentar ver que sucedía, no sabría que "chistes" estaban diciendo o que chisme estaban contando. El encabezado del programa era algo largo, la mujer dijo algo y todo lo que Anna entendió fue el nombre de Elsa. Frunció el ceño.

"¿Por qué está hablando de Elsa?"

No espero a descubrirlo por si sola porque no lo entendería así que salió de la casa a toda prisas y advirtió a la patinadora que parecía confundida. Ante esto, Jennifer sonrió nerviosa retrocediendo y sin necesidad de echarle la mirada, Elsa la detuvo levantando su ceja con una actitud molesta.

– Habla –

– Bien, es posible que yo haya hecho una cita para ir al programa de Mónica –

– Espera, ¿qué? – Anna frunció el ceño – ¿Se llama Mónica y es noruega? No se ofendan pero no es el nombre que yo elegiría

– No es noruega. Es norte americana – Jennifer dijo.

– No te distraigas. ¿Por qué lo hiciste? Yo no quiero ir – Elsa mascullo.

–Porque necesito que todos sepan que si vas a competir. Quiero publicidad para ti y que te apoyen, no que pienses que solo vas a fracasar – Jennifer dijo.

– ¿No te parece que he estado muy metida en los medios últimamente? No lo sé, pero quiero mi privacidad y no creo que tengas el derecho de arreglarme una cita allí. Eres mi entrenadora, no representante –

– Ese es el punto, si no tienes representante me haré cargo yo –

– No, el punto es que haces siempre lo que quieras sin consultarme. Yo soy la patinadora, tú la entrenadora. Limítate a entrenarme no a representarme. –

– Necesitas un manager, sobre todo ahora – Jennifer apretó los puños.

– Tenía un manager y tú lo despediste –

– Tenía que hacerlo. Él me llamó imbécil – Jennifer se cruzó de brazos.

– Es que eres una imbécil – Elsa suspiro.

Anna miro a ambas intrigada. Su mirada se paseaba de un lado a otro, de patinadora a entrenadora y de entrenadora a patinadora. De una a la otra y de la otra a la primera. Parecía un partido de tenis.

– ¡Chicas! – Alzó la voz ya aburrida de la conversación cuando ésta paso a un tema sobre comida chatarra – Basta, no van a llegar a ningún lado y ya se han ido del tema.

– Mira eso, la chica tiene razón. Por primera vez tiene la razón. Todo lo que ha hecho desde que la conocí es distraerte y ahora, por primera vez, escucho algo verdaderamente cierto e interesante –

– No te atrevas, Jennifer – Elsa dio un paso hacia la entrenadora – Soy capaz de despedirte en este instante

– ¿Sí? – Se cruzó de brazos – Dígame majestad, ilumíneme, sí lo hace, ¿entonces como ganará la competencia? Porque sé que usted sabe que necesita tener una entrenadora sobre todo cuando esta tan cerca del mundial

– Poco interesara la competencia. Aléjate de Anna – Elsa dijo dando la vuelta para entrar al hielo.

La pelirroja observo a su novia sorprendida. No esperaba que Elsa estuviera amenazando a su entrenadora a solo porque ella había dicho nada más y nada menos que Anna era una distracción. Lo cual, si tenía que admitir, era cierto porque desde que la conocía solo la había distraído.

– Yo creo que debería irme – Anna murmuró retrocediendo. Cada paso que daba era más largo que anterior. Vio a Jennifer decirle algo a Elsa, la rubia le respondió sin duda. Seguían peleando la una contra la otra y Anna realmente estaba preocupada. A su lado, Lady les ladraba, no sabía en que momento llegó, pero no importaba. De pronto, algo sucedió y Anna sabía que fue la gota que colmó el vaso. Jamás vio a Elsa así de enojada, salvo por aquella vez que le grito a sus amigos, pero… aquello fue en noruego, esto en español. ¿Cuál era la diferencia?

Anna siempre quiso saber cual era la razón por la que Elsa solía despotricar en noruego. Siempre que estaba enojada lo hablaba y cuando sucedía algo, que por lo general Anna soltaba un juramento, Elsa lo hacía en noruego. Ya se había acostumbrado a la idea de que "dritt" significaba "mierda" o algo así, porque siempre lo repetía cuando algo no le salía bien. Sin embargo, el caso es que Elsa jamás despotricaba o gritaba en español, siempre en noruego… aquella vez fue la excepción.

– ¡Quiero que te marches y no vuelvas! ¡No te quiero volver a ver más y no importa si no tengo quien me ayude para la competencia. Ya me las arreglare! ¡Estás despedida! – La vio echar humo. Anna quiso ir a ella, abrazarla y pedirle que se calmara, pero no lo hizo y en su lugar se preparo para escuchar a Jennifer gritarle algo a Elsa, pero no sucedió. La mujer, con paciencia y calma, se alejó del hielo y se fue. Anna estaba sorprendida por eso, sin embargo, cuando pensó que Elsa tal vez volvería con ella solo la vio alejarse más. Con la mirada cabizbaja.

– Elsa – Murmuró preocupada la rubia.


Para cuando Anna volvió a al hotel le sorprendió no encontrarse con algún reportero. Últimamente había muchos siguiéndola, todos queriendo saber más sobre su relación con Elsa y habían optado por seguirla a ella debido a que la rubia estaba más interesada en permanecer lejos de los medios debido a su competencia.

Sonrió al ver a Rapunzel junto a Ariel y Mérida, los tres hablando en el lovi sentados en los sofás. Al acercarse a ellos se dejo caer con una mirada deprimente, medio esperando a que le preguntaran. Los tres las miraron unos segundos, volvieron a su tema de conversación y Anna suspiro.

– Ok, de acuerdo – Rapunzel dijo – ¿Qué ha sucedido?

– Ha sido un día horrible – Anna murmuró.

– Te dije que no debías ir a ver a Elsa. Ella especifico que iban a trabajar y nadie podía ver – Rapunzel dijo riendo.

– No es por eso – Anna suspiro – Aunque no sé si realmente haya alguna relación

– ¿De qué hablas? – Mérida pregunto.

– Elsa despidió a Jennifer – Anna soltó sorprendiendo a todas.

Ariel no parecía tan sorprendida – Vaya, sabía que ambas se provocaban la una a la otra y que algún día Elsa la iba a despedir, pero no pensé que fuera tan pronto

– Es grave. La competencia de Elsa... –

– Bah, seguro se las van a arreglar en cualquier momento – Ariel restó importancia – Han peleado desde que Elsa tenía once años. No es la primera vez que Elsa amenaza con despedirla

– Pero ella lo hizo. Le dijo que no la quería ver más y estaba despedida –

– Anna, tranquila que ambas se van a arreglar. Elsa no es tonta, sabe que no puede hacer esto sin Jennifer y Jennifer, bueno, ella es exasperante y molesta en ocasiones, pero no hay nadie en este mundo a quien respete más que a Elsa –

– ¿Cómo estás tan segura? – Rapunzel pregunto.

– Porque las conozco a ambas – Ariel rió.

La pelirroja torció los labios no tan segura de que fuera así. Ella jamás vio a Elsa así de enojada, y eso que la rubia por lo general ya se había enojado en varias ocasiones. Se removió en su asiento y bajo la mirada jugando con sus manos.

– ¿Realmente? ¿Van estar bien? –

– Sí. Lo van a estar, así que tranquila –

La chica asintió intrigada. Quería ir con Elsa y saber como estaba, pero sabía que no podía porque la rubia le había pedido que la dejara sola.


Elsa golpeó la puerta una sola vez y espero a que la abrieran. Se había pasado todo el día anterior pensando en Jennifer y en lo que había sucedido. Había soportado mucho de su entrenadora, sus ganas de ordenarle que hacer, que le gritara, que a veces le hiciera bromas pesadas. Mucho. Pero lo que había sucedido el día anterior fue sin duda lo que la hizo estallar.

No fue lo que dijo de Anna porque aunque Elsa quisiera negarlo sabía que tenía razón. Desde que conoció a Anna había sido distraída por todo. Había hecho cosas que antes no, como lo de la comida chatarra, ir a fiestas, etc. Y no podía evitarlo, por mucho que quisiera enojarse, Anna no era mala chica y a Elsa le fascinaba el efecto que la pelirroja tenía en ella. Le gustaba como Anna siempre le hacía olvidarse de lo que tenía que hacer.

La puerta se abrió y Elsa sonrió, sin decir nada entro en la casa con las manos en los bolsillos. Seguía con la mirada enfrente y sin voltear a ver al dueño. Cuando escucho la puerta cerrarse le escuchó hablar.

– ¿Qué haces aquí? –

Volteó lentamente a encontrarse con los ojos color miel. No vacilo ni un solo segundo al hablar.

– Necesito que me entrenes –

Continuara…