El segundo día de la conferencia científica se llevó a cabo con normalidad. Yu y Shirayuki presentaron los resultados de su investigación. A partir de la combinación de técnicas científicas orientales, lograron desarrollar brebajes y ungüentos bactericidas de amplio espectro. Además, lograron reducir el tiempo de extracción de propiedades químicas, con lo cual podrían introducir mejoras a la productividad de la industria farmacéutica existente. Los resultados son muy bien recibidos. Sin embargo, Shirayuki está desanimada. Yu mantiene su distancia. Izana observa de reojo su interacción. Es normal que se hablen poco después de lo sucedido entre ambos.
La reunión concluye. Varios nobles se interesan por las mejoras anunciadas por Shirayuki y Yu. Están ansiosos por saber cuándo se podrán introducir. Izana concluye que él se encargara de anunciarles esa fecha. De acuerdo a lo planeado, Shirayuki se marcharía a Yuen al mes siguiente. Por lo tanto, no tendría tiempo para atender ese asunto. Él debía hablar con ella para ajustar los tiempos de su partida. En ese sentido, Izana le pide a ambos investigadores que vayan a su despacho. Ambos saben lo que les pedirá. Yu se rehúsa a quedarse más tiempo. Debe partir a su tierra natal para introducir mejoras en el sistema de ciencia y tecnología del Reino de Yuen, antes de que el rey actual muera. Necesita que vea los resultados de su inversión. Aunque no dice que el Rey es su padre, Izana y yo Shirayuki entienden a lo que se refiere.
Shirayuki indica que su viaje a Yuen, puede ayudar a acelerar los procesos de innovación tecnológica en Clarines. Por lo tanto, no le gustaría cancelarlos o posponerlos por mucho tiempo. Sin embargo, es importante que antes de su partida se creen las condiciones suficientes para que otros investigadores se encarguen de implementar sus teorías. De este modo, le pide a Izana que, en los próximos seis meses, le permita quedarse en la capital e instalar un programa de formación para que investigadores de diferentes zonas del Reino aprendan las técnicas desarrolladas y pueden aplicarla. Izana acepta. Le complace que Shirayuki se quede más tiempo a su lado.
Yu se retira del salón y Shirayuki va detrás de él. Ella cree que deben hablar después de que decidió quedarse más tiempo por su propia cuenta, cuando ya habían planeado su viaje al Reino de Yuen. Antes de que ella se disculpe, Yu le insiste en que no le debe explicación alguna. Es su deber como futura Reina de Clarines, atender los requerimientos del Rey. Triste, ella le indica que cumplirá su promesa de ir al Reino de Yuen y trabajar juntos, por un tiempo más.
Shirayuki va a su habitación a meditar lo sucedido. Cree que ha tomado la decisión correcta. Después de todo lo que ha sucedido con Yu e Izana, no consideraba que era correcto irse al Reino de Yuen de inmediato. Aun así, no puede sentirse mal por haber cambiado sus planes de manera unilateral.
Tras descansar un poco, va a buscar a Izana. Ella cree que, al hablar con él, quizá se quede un poco más tranquila. Él aún se encuentra trabajando en su despacho. Ella no quiere interrumpirlo, por lo que decide regresar más tarde. Ella se va a pasear a los jardines y comienza a hablar consigo sobre sus preocupaciones: su trabajo, sus estudios, su relación con Izana, las implicaciones de convertirse en su prometida oficial, su futuro como Reina. En lo que deambula, apabullada por todo, llega sin darse cuenta, al cementerio real. De inmediato piensa en Zen. Con la mente en blanco y una punzada en el pecho, va directo a su tumba. Toma asiento y por más que intenta hablar con él, ya no sabe qué le responderá. Ella entiende que ha cambiado. En ese sentido, se limita a reportarle todo lo que ha sucedido desde la última vez que habló con él en las montañas de Lyrias.
En lo que le cuenta lo sucedido, ella identifica que no puede ir por la vida, con sentimientos a medias. Su indecisión solo ha hecho que Izana y Yu se preocupen más de lo necesario e incluso, los ha lastimado. Ella le dijo a la madre de Zen que quería que Izana pudiera encontrar la felicidad a su lado, siendo un Rey y un hombre a la vez; sin dejar de lado sus sueños. Haría todo lo posible para lograrlo.
Animada va a buscar a Yu a su habitación. De mala gana, él le abre la puerta. Se admira al verla exaltada. Ha corrido todo el camino. Ella le dice: "Volveremos a Lyrias juntos, tú partirás al Reino de Yuen y yo te alcanzaré en seis meses para estudiar durante cuatro años. Es una promesa". Yú la mira con un semblante desconcertado y se limita a contestarle: "No creo que Izana deje que te vayas cuatro años". Ella le dice: "Lo sé. Sin embargo, puedo estudiar primero dos años y luego, otros dos". Él solo se ríe y le dice: "Nos vemos mañana".
Seguidamente, va al despacho de Izana. Él aún está trabajando. Sin embargo, ella quiere verlo. En ese sentido, le pide a su asistente si es posible que la deje entrar para hablar con él. Él sospecha de su relación y en ese sentido, le avisa a Izana de su presencia. Él le da permiso para que entre y le pregunta qué desea. Ella simplemente le dice: "Solo quería verte. Me sentaré, esperaré a que termines de trabajar y luego, hablamos". Él se sonroja por esa confesión e intenta trabajar, pero ahora que la tiene frente a él, mirándolo fijamente, no puede concentrarse del todo. Sonrojado completamente, deja su trabajo y le pide que vayan a cenar juntos. Él sabe que algo ha ocurrido. Ella es descarada, pero nunca tan directa. Mientras caminan al ala residencial, Shirayuki toma su mano. Él confirma sus sospechas.
- "¿Ha sucedido algo?", mirándola de reojo.
- "Si. Decidí que no me contendría contigo", ella le expresa con franqueza.
- "¿A qué te refieres?", él le expresa desconcertado.
- "Quiero casarme contigo, pero no quiero dejar mi trabajo", ella le dice con seguridad. Él se imaginaba una respuesta de este tipo. - "Quiero que seamos felices, aunque eso signifique posponer mi viaje a Yuen por seis meses", ella le expresa sonriente. Él se detiene.
- "¿Accediste a la solicitud de la nobleza por mí?", él le pregunta, desconcertado, mirándola de frente.
- "Por los dos", ella le responde mirándola de manera encantadora. Él la mira de manera sospechosa. Se muere por saber lo que está pensando. Ella corresponde su mirada con valentía y le sujeta el rostro.
- "Deja de pensar cosas extrañas y solo acepta que quiero estar a tu lado", ella le dice con un encanto inusual y sigue caminando, hasta que Izana tira de ella.
- "¿Qué me estas ocultando?", Izana le dice con seriedad. Ella se asusta con su mirada. - "No puedes huir de mí", él continua con un tono desafiante.
- "Simplemente, me cansé de tener miedo y no hacer nada", ella le responde evasiva.
- "¿A qué tienes miedo?", él le pregunta con una mirada inquisidora. Ella guarda silencio.
- "Tengo miedo de alejarme de ti, ahora que apenas estamos comenzando a acércanos. Tengo miedo de que ya quieras casarte conmigo si me trabajo ya no te es útil. Tengo miedo de que si no voy a Yuen ya no creceré como científica", ella le responde con sinceridad, tras sentirse acorralada. Él se aproxima a ella.
- "Me tranquiliza más esta actitud", le expresa sonriente. - "Prefiero que me cuentes lo que sientes a que intentes solventarlo por tu propia cuenta. Cuando buscas tus propias respuestas, por lo general solo te lastimas a ti misma", continúa con franqueza.
- "¡No es cierto!", ella reacciona exaltada.
- "Dile eso a los médicos que trataron en Lyrias por hipotermia", le expresa con ironía. Ella refunfuña aún más. Izana sigue caminando. Ella lo sigue.
