Severus tenía un serio dilema. Miró hacia la chica de pelo enmarañado que había en su cama. Otra vez. Parecía como si él hubiera estado contemplándola durante horas. La imagen era perfecta: Hermione, en su cama, con su libro, estudiando Oclumancia, durmiendo plácidamente, sonriendo. Debería de haber caído exhausta por quedarse despierta toda la noche con él. Y no tenía ninguna duda de que eso era justamente lo que había pasado.
Pero mirándola ahora, con los labios ligeramente abiertos, su salvaje pelo esparcido por su almohada, sus manos ansiosas alrededor de su libro avanzado, y su suave cuerpo alzándose y cayendo suavemente, ella era la imagen de la mismísima perfección. De todas formas era tarde. Hermione había dormido todo el día, después de asegurarse de elaborar la parte correspondiente de la poción Matalobos. Él no quería molestar la paz que ella mostraba, pero él también estaba muy cansado. Su cuerpo aún le dolía, sus huesos se quejaban, su cabeza también. Y necesitaba descansar.
Además, tenía el dilema. Podía meterse en la cama con ella –sin duda la opción más tentadora– y enfrentarse a las consecuencias cuando se despertara, acurrucándola contra él como la última vez. Podía dejarla ahí durmiendo tranquila e irse a dormir al sofá (excepto que eso definitivamente rompería su papel como malvado secuestrador). O, podía hacer lo que Severus Snape se suponía que debía hacer bajo esas circunstancias y despertar a la chica para decirle que le devolviera su cama. Severus suspiró, permitiéndose a sí mismo un momento más para contemplarla. No había otra opción. No demasiadas.
''Granger,'' dijo él amenazadoramente. Los ojos de ella se abrieron, pero no miró hacia él nada más hacerlo. En vez de eso, se tomó su tiempo bostezando y estirando su dulce cuerpo por todo lo largo de la cama de él, antes de girarse hacia él.
''¿Si, Profesor?'' dijo ella dulcemente. Él sintió un estirón en sus pantalones ante el sonido de la voz de ella y la imagen que tenía delante de él.
''Creo recordar,'' se escuchó a sí mismo decir, ''que le he ofrecido un sofá muy adecuado para usted. Así que ahora, levántese de mi cama antes de que tenga qe sacarla a rastras de ella.'' Los ojos de ella se abrieron de par en par ante eso, y sus labios se abrieron del shock ante las palabras tan duras de él.
''En realidad prefiero la cama, profesor. Pero gracias igualmente.'' Contestó ella con dulzura, aunque él podía ver el fuego en sus ojos. Mierda. Ahora se veía forzado a cumplir la promesa de sacarla a rastras.
''Granger, no haga esto más difícil de lo que necesita ser,'' la avisó él.
''Oh, pero Profesor, pensé que eso es lo que quería de una mujer, ¿se acuerda?'' ¡¿Qué?! Severus se quedó en blanco ante el recuerdo de su conversación con Malfoy y se quedó perplejo ante el hecho de que ella hubiera tenido las agallas para recordárselo ahora. ¿A qué está jugando?
''No veo ninguna mujer,'' respondió con malicia y pudo ver como en un momento la ofensa de sus ojos pasaba a ser fuego ardiente. Entonces, una sonrisa maliciosa apareció en la cara de ella y él sintió que se estaba poniendo duro.
''Como lo prefiera, profesor. Necesito darme un baño y comer algo igualmente. Dejaré que se acomode primero.'' Salió de la cama y se fue al baño, dejando su libro detrás y Severus se sintió por un momento congelado en su sitio. ¡¿Pero qué cojones?! No quería desnudarse si ella iba a venir al cabo de un rato, pero estaba realmente cansado. Y encima el sonido del baño al otro lado de la puerta le traía deliciosas imágenes a su mente. Mientras se sentaba al borde de la cama, se encontró que estaba muy excitado. ¡Maldita insufrible muchacha! Seguro que la chica era demasiado inocente para darse cuenta del efecto que provocaba en él.
Pero algo le vino a la mente; un recuerdo; algo que ella había dicho. Fue después de la fiesta de Navidad cuando Severus le había contado que ella debería decir 'no'. Ella le había contestado con algo como ''lo he aprendido a las malas,'' pero el sonrojo que había llenado sus mejillas le decía que no se refería a McLaggen. ¿Krum? Le hacía sentir enfermo de celos el hecho de imaginar las manos de otro hombre sobre ella; la boca de otro hombre capturando su dulce boca.
Podía escucharla tararear a través de la puerta y se dio cuenta de que no estaba cerrada del todo. ¿Lo había hecho ella a propósito? No era típico de Granger ser tan descuidada, aunque, tampoco lo era que fuera tan atrevida. A lo mejor estaba tentándolo. Si, había muchas posibilidades de ello. Después de todo, él había insultado su feminidad. Quizás ahora su plan era torturarlo hasta que admitiera su mentira. Oh, pero él nunca lo haría.
Ni siquiera cuando el vapor de el caliente baño de ella hacía que llegaran las dulces fragancias hasta su dormitorio y podía escuchar el agua salpicando suavemente con cada movimiento que ella hacía. Ahora estaba dolorosamente excitado mientras se permitía imaginarse la imagen de ella recorriendo el jabón sobre su suave cuerpo con esa esponja tan peluda que ella guardaba allí. Su canturreo se vio interrumpido por un pequeño gemido de satisfacción y él pensó que se moriría a causa de la presión que se estaba formando dentro de sus pantalones. Estaba parado en los pies de la cama, completamente vestido, su cuerpo entero pulsando de deseo ¡y ni siquiera podía verla! ¡Maldita sea con la chica!
''¿Profesor?'' lo llamó ella de repente y Severus saltó de los nervios como si lo hubiera sorprendido pensando en ella.
''¿Qué?'' respondió él duramente.
''¿Ya ha comido?'' Por los sonidos del agua chapoteando, seguramente se estaba levantando mientras le hablaba y él sintió que se calentaba más.
''No tenía hambre.'' Respondió, intentando que sus respuestas no sonaran preparadas con la mayor paciencia posible.
''¡Necesita comer, profesor!'' dijo ella a través de la puerta. ''¡Su cuerpo necesita recuperarse!'' Él no tenía ninguna respuesta para eso. ''¿Qué le gustaría comer?'' continuó diciendo ella.
''Nada,'' fue la respuesta de él.
''No me haga elegir por usted, señor. Porque lo haré.''
''Déjeme en paz, Granger. Es peor que Molly Weasley.'' Él escuchó como ella se reía y sintió un venazo de anhelo en su pecho. Merlín, oajlá pudiera ir hacia ella y jugar con su estúpida broma, y besar sus hermosos labios, y ayudarla a recorrer el jabón por todo su suave y precioso cuerpo…Severus se dio cuenta de que ella acababa de decir algo y estaba esperando una respuesta, pero él no podía imaginarse qué era lo que ella había dicho.
''¿Profesor?'' continuó diciendo ella impacientemente.
''¿Qué?'' gruñó él. Escuchó como ella resoplaba de frustración y no pudo evitar que se le escapara una sonrirsa.
''¿Podría por favor enviar a Dobby a que nos traiga algo de comer?''
''Haré un trato con usted, Granger,'' dijo el sinuosamente. ''Mandaré a Dobby si me promete que no dirá ninguna palabra más durante el resto de la noche.'' Silencio. Entonces de repente el agua volvió a sonar. Ella se lo estaba pensando.
''Trato hecho.'' Escuchó que decía ella, y sonrió de satisfacción.
Hermione se enjuagó el pelo. Si él pensaba que su inhabilidad por hablar iba a pararla, él estaba muy equivocado. De hecho, al final de la noche, si ella jugaba bien sus cartas, él estaría suplicando por que ella dijera algo. Salió del baño, escurriendo cuanta más agua posible de su pelo, y cogió una toalla. Mientras se secaba el agua de su piel, contempló su armario. ¿Qué debería ponerse para sacarlo de quicio?
Algo Gryffindor, por supuesto. ¿Una camisola? No, shorts. Unos shorts cortos, sonrió maliciosamente. Oh, él se sentía atraído por ella, bien. Y ella iba a recordárselo. No era sólo porque había insultado su feminidad, sino porque él era arrogantemente consciente del poder que él tenía sobre ella. Bueno, ella iba a asegurarse de que él supiera cuánto poder ella tendría al final de la noche. Hermione cogió una suave y estrecha camiseta y unos shorts cómodos y los transfiguró en un color rojo carmesí. ¡Ew! No. Demasiado llamativo. ¿Quizás algo verde Slytherin? Mmmmm…demasiado obvio. Cuando convirtió su camiseta blanca, y dejó los shorts en un verde oscuro, se sintió satisfecha. Perfecto. Una sonrisa maliciosa apareció en su cara mientras se miraba en el espejo y se dirigía hacia la puerta. Mientras alcanzaba el pomo, dudó. Quizás debería ponerme sujetador…Nah. Hermione reunió todo el valor y salió de la habitación.
Severus Snape ya estaba encogido dentro de sus sábanas cuando ella abandonó el baño en una nube de vapor. Casi abrió su boca para decirle algo antes de recordar su promesa. En vez de eso, ella se dirigió hacia el lado donde él estaba y puso sus manos en sus caderas, su mensaje era claro. Su pequeño sonido de indignación era suficiente como para hacer que él abriera los ojos y le sonriera con malicia. ''Su comida está en el comedor, Granger,'' dijo él antes de cerrar los ojos una vez más. Ella jadeó de enfado. ¡Ese no era el trato! Sacudiendo su hombro, ella se alegró al ver la cara de descontentamiento de él cuando abrió los ojos otra vez. ''¿Qué?'' dijo él con mal humor, entonces sonrió maliciosamente y cerró los ojos.
El enfado de ella se le estaba formando desde lo más profundo mientras volvía a sacudir el hombro de él otra vez. Cuando él la miró, su impaciencia era tan claramente visible que dio un paso hacia atrás. ''No la acompañaré Granger, puesto que ya me he acabado mi parte. Así que, como ve, he cumplido mi parte del trato.'' Ella se lo quedó mirando. Dudando un momento, y luego lo dejó ahí mientras abandonaba la sala con un resoplido. Bueno, se enfrentaría a él cuando hubiera satisfecho el sonido que se estaba formando en sus tripas.
Severus no podía dormir. No importaba cuanto su cuerpo necesitara descansar, casi ni podía mantener sus ojos cerrados para adentrarse en un profundo sueño. Se giró para apoyarse en su propia espalda y retiró la colcha de la cama, dejando sólo las finas sábanas. No había querido que Granger viera que estaba desnudo debajo de las sábanas, pero su piel estaba demasiado ardiente como para mantenerse tapado. Severus miró hacia la enorme tienda de campaña que había entre sus piernas. No podía dejarse así como así, no de esta forma. Merlín, esta chica va a ser mi perdición, dijo para sí mismo.
Cuando ella había salido del baño, él había estado a punto de agarrarla y llevársela dentro de la cama con él. Sus largas y bonitas piernas estaban descubiertas y sus cortos shorts enseñaban su suave y pequeño trasero. La camiseta que llevaba era prácticamente transparente y se había dado cuenta de que sus pezones se volvían erectos cuando se enfadaba. ¡Dioses la chica era preciosa! Severus flexionó las piernas, plantando los pies contra el colchón y dejó que su mano se deslizara hacia su dura erección. Si ella volvía de su cena, y tenía por sentado que lo haría, no sería bueno para él estar así de excitado toda la noche.
En su mente, ella estaba de vuelta en el baño, con su desnudo cuerpo cubierto de ese jabón que a él le gustaba tanto. Él se posicionaría delante de ella, cubriéndola, y dejando que ella se sonrojara ante el ardor de la mirada de él antes de meterse en la bañera con ella. Su bañera era lo suficientemente grande como para que los dos cupieran. Por un momento, se quedarían mirándose el uno al otro. Entonces, él acercaría el cuerpo desnudo de ella hacia él, dejando sus piernas entre las de ellas y forzándola a que lo sujetara por la cintura. Ella estaría sorprendida de sentir su erección debajo de ella, pero él la calmaría con dulces caricias por todo su precioso cuerpo.
Entonces, él se inclinaría sobre ella, besándola suavemente en la boca y sus manos cubrirían sus pechos. Ella tenía unos perfectos, redondos y suaves pechos. Eso lo sabía por experiencia propia. Aguantando un gemido, Severus se imaginó que ella lo besaría de vuelta apasionadamente y él deslizaría una mano entre las piernas de ella, demostrándole el placer que podía proporcionarle. Ella se movería contra él, desesperadamente, mientras él la besaría más profundo, mordiendo su hinchado y pequeño labio. Finalmente, él la alzaría en brazos, y la posicionaría lentamente alrededor de su erección. Ella gemiría mientras él la llenase hasta el fondo.
Severus estaba bombeando con entusiasmo para poder apaciguar la presión que se estaba formando dentro de él. ¡Oh Merlín! Ella empezaría a moverse contra él, primero tentativamente, luego con entusiasmo. El control de él se rompería mientras levantase su cuerpo para juntarse contra el de ella. Y él les daría la vuelta, tomando el mando. Él penetraría dentro de ella mientras ella gritaría de éxtasi…
La puerta empezó a abrirse y Severus se tapó con las mantas, dándose la vuelta hacia el lado contrario de la puerta y jadeando con una necesidad insatisfecha. Había escuchado a la insufrible chica caminando de puntillas sobre su cama y maldijo su ¡horrible jodida intromisión! Sintió como se metía en la cama detrás de él y reprimió un gemido. Podía tomarla allí mismo si quisiera. Después de todo, él había avisado a la pequeña estúpida que la quería sólo para él. ¡Ella debía saber mejor que nadie que no debía tentarlo! A no ser que…a no ser que ella quisiera que él la tomara…
¡No! ¡No seas estúpido! Reprimió su impulsivo deseo por rodar encima de ella en ese mismo momento. ¡Por supuesto que ella no quiere eso! ¡No tiene ni idea de lo que tú le harías! La pobre inocente.
Podía oler su pelo. La dureza entre sus piernas era tan dolorosa que pensó que iba a explotar. ¡Había estado tan cerca! Si pudiera pensar en algún plan…¡podría haber hechizado la puerta! Pero entonces, ella nunca habría vuelto a él. Severus dejó escapar un suspiro y se volvió sobre su propia espalda, con cuidado de flexionar una pierna para esconder su pulsante erección.
''Granger,'' gruñó con una voz más áspera de lo que había querido, ''¿qué está haciendo?'' Cuando ella no respondió, la miró. Sus caras estaban solo a pocos centímetros y los ojos de ella estaban llenos de burla. Lentamente se llevó un dedo a los labios, llamando la atención de él hacia esa boca tan insinuante. Él quería chupar sus llenos y rojos labios con los suyos y morderlos. Y empujar su lengua entre los dientes de ella. Y entonces entendió su mensaje: él mismo le había pedido que no hablara.
''Granger, fuera,'' dijo con dureza. Ella sacudió su cabeza retándolo. ''Si, Granger. ¡Ahora!'' Con rabia, ella sólo se volvió de espaldas y se estiró, sus firmes y pequeños pechos llamando la atención de él, con los pezones erectos. Escuchó como él gruñía (al menos no fue un gemido) mientras reprimía el impulso de tocar uno de ellos. ¡No podía soportarlo más! Sin varita y sacándola fuera de la cama, la cubrió con las sábanas en una especie de envoltorio y llegó al lavabo justo cuando ella se deshacía de las sábanas.
Una ducha fría va a ser entonces.
