Ya avisé en la actualización de esta semana de In Death's Land que he empezado con los cursos que voy a hacer este año, de modo que estoy teniendo menos tiempo para escribir que de costumbre, pero encima, para completar, me ha salido trabajo dando clases de alemán dos veces por semana (y no me quejo, por cierto, que un trabajo es un trabajo). Así que al final un año que en un primer momento parecía que lo iba a tener completamente vacío, ahora lo tengo bastante hasta arriba (aunque tengo un fin de semana que empieza el jueves y termina el domingo, ¡toma!) por lo que dispongo de menos tiempo para escribir, sobre todo porque estoy algo más cansada.

De todos modos no pienso dejar el fic tirado, y menos cuando queda tan poco para que termine (según mis cálculos unos tres capítulos o así) de modo que no os preocupéis.


Rosalya nunca había creído que fuera posible que una persona cambiase tanto su actitud de la noche a la mañana, pero desde que Lysandro había vuelto de hablar con el padre de Eleanor esa suposición estaba pasando a mejor vida.

Ella había permanecido en casa todo el tiempo que su cuñado estuvo fuera aquella mañana, su cabeza dándole vueltas a lo que le había sucedido a su amiga. Iris, siguiendo el precedente que había dejado marcado el día en el que les hizo llegar la primera nota, fue enviando pequeñas misivas donde iba informándoles de los progresos de Eleanor. Fue en una de esas cartas donde les avisó de que ella había perdido la memoria y también por ese medio les hizo saber que William Bradwell estaba comenzando a manipular a su hija para que el matrimonio que tenía concertado con Viktor fuera lo más rápido posible. Esto último a Lysandro no le hizo especial gracia, por un lado porque no le agradó enterarse de ese modo de que Eleanor iba a casarse, y por otro, porque no podía hacer gran cosa para impedir las peculiares andanzas del padre de la joven.

El día que recibió una nota del mismo, Rosalya se olió algo, pero a pesar de que le pidió a su cuñado que no acudiera, él hizo oídos sordos y fue a la residencia de los Bradwell como alma que lleva el Diablo. Sin embargo, cuando a las pocas horas volvió a entrar en la casa, Rosa pudo ver por el gesto de su cara que nada había salido bien.

—Lo sabe —dijo por toda respuesta cuando ella le preguntó por lo sucedido —Sabe que su hija está embarazada y ha llegado a la conclusión de que el padre de la criatura soy yo.

—No deja de ser cierto —murmuró Rosalya, lamentando aquellas palabras nada más decirlas. Había pecado de impulsiva, pero al parecer Lysandro no se había enterado, o simplemente había decidido ignorar el comentario.

—¿Sabes lo peor? —su tono se hizo más duro con aquella pregunta, y sin esperar a que la joven respondiera, prosiguió —Que ese hombre es capaz de ocultarle a Eleanor su estado con tal de aprovecharse. ¿Recuerdas la nota de Iris donde nos decía que William estaba dispuesto a presionar a su hija para que la boda con el hijo de lord Kingston se celebrase? No me extrañaría que pretendiera hacer pasar a ese bebé por el hijo de Viktor.

Rosalya no pudo evitar hacer una mueca al escuchar aquello. Sabía bien lo estricto y severo que podía llegar a ser el padre de su amiga, pero de ahí a ese punto iba un mundo. En su cabeza no entraba la idea de que alguien pudiera tener semejante reacción.

—Creo que ahí estás exagerando —sentenció.

Lysandro la observó, alzando una ceja.

—¿Cómo puedes explicar entonces que William Bradwell esté tan empeñado en que la gente no sepa que su hija está embarazada? No creo que lo haga para proteger la reputación de Eleanor, pues siempre puede echarle la culpa a otro, no sería la primera vez que se dan estos casos. ¿Cuántas veces no se ha hablado de la clásica historia de la chica inocente que es asaltada? No, la reputación de su hija no es del todo lo que le preocupa. Quizás estoy sacando una conclusión precipitada, pero lo que me da la impresión es que lo que más le interesa a ese hombre es dejar atado el matrimonio con el hijo de esa familia.

—Teniendo en cuenta que los Kingston son nobles y que los Bradwell no tienen heredero... —murmuró Rosa, pensativa. Bajo ese punto de vista la reacción de William Bradwell comenzaba a tener cierta lógica, aunque de ser así, Lysandro tendría todas las de perder. Eleanor no recordaba nada, por lo que no pondría en práctica ninguna de sus artimañas para reunirse con él, del mismo modo que una nota firmada por Rosalya no tendría efecto alguno, pues su amiga no la recordaba. Si el padre de Eleanor se empeñaba en mantenerla apartada de ellos, quizás ella no les recordara nunca más. O tal vez, si recuperaba la memoria algún día, ya sería demasiado tarde.

Alzó los ojos hacia su cuñado, que en esos momentos miraba por la ventana del salón el tránsito de los viandantes con el ceño fruncido. Rosalya lo conocía lo suficiente como para saber que no pensaba quedarse de brazos cruzados. Lo único que esperaba era que pudiera hacer algo con el tiempo del que disponían, pues le daba la impresión de que William Bradwell iba a precipitar el enlace lo máximo posible.


—¡Eleanor, ven! ¡Mira esto!

La voz llena de entusiasmo de Beatrice sacó a Eleanor de su sopor. Llevaba poco rato sentada en su dormitorio, contemplándose al espejo de su tocador, sintiéndose perdida. Viktor acababa de irse hacía no mucho, a su lado de hecho aún reposaba una cajita que contenía un peinecillo para el pelo que él le había llevado aquel día como regalo.

—¡Vamos, hija! —volvió a exclamar su madre desde el pie de la escalera, Eleanor pudo adivinarlo por el sonido hueco de su voz.

Se levantó, algo apática, para bajar las escaleras, encontrándose al final de la misma a su madre con el rostro cargado de ilusión. Detrás de la mujer se encontraban Iris y otra chica más, una que había venido hacía cosa de una semana para tomarle medidas a Eleanor para, supuestamente, unos arreglos de un vestido.

Las mujeres pasaron hacia el salón, indicándole a la joven que hiciera lo mismo. En el interior, sobre una percha, alguien había colocado un bonito vestido blanco. El corte seguía la moda de la época, dejando los hombros al aire pero con mangas anchas hasta la muñeca; la amplia falda también había sido cortada siguiendo las tendencias del momento. La joven observó la prenda muda, mientras que intentaba asimilar la visión de aquel vestido.

—¿Es mi vestido de novia? —las palabras salieron a trompicones de su boca mientras que alargaba una mano para tocar la prenda. ¿Acaso habían comenzado a confeccionarlo antes del accidente? No tenía sentido como tal si, en teoría, aquella noche iba a comprometerse oficialmente. De haber sido así, todo sería demasiado precipitado, pero otra explicación no veía.

Iris, mientras tanto, observaba a la joven con una sonrisa tensa en el rostro. Ella sí era consciente de la cuantiosa suma que William había pagado a aquella modista para que le hiciera el vestido a su hija en menos de una semana. Para que Eleanor no sospechase dijeron cuando vino a tomarle las medidas para la prenda, que esa mujer acudía para arreglarle un vestido que habían comprado para ella no hacía mucho pero que le quedaba algo grande. Eleanor, estando como estaba sin recuerdo alguno, había caído en la trampa sin tener ningún tipo de sospecha, pero Iris era harina de otro costal. Casi había perdido su trabajo cuando aquel maldito médico le informó a William Bradwell de que ella había sido quien le había confesado el estado de su hija, pero por suerte el hombre decidió pasar por alto su falta con la condición de que dicha conducta por parte de la doncella no volviera a repetirse. Estaba claro que él no quería que nadie más estuviera al tanto de la "peculiar" situación de su hija, por lo que mantener a Iris en la casa era una garantía de que ella no se fuera de la lengua.

Pero aunque en teoría debería obedecer las órdenes de William, no podía ceñirse a tal obligación. Eleanor siempre había sido amable con ella y su lealtad y su ayuda con todo el tema de Lysandro había sido el modo de Iris de devolverle esa amabilidad. Y ahora que su señorita no recordaba nada, era ella quien intentaba mantener al joven informado de todo, por si en algún momento ella recuperaba la memoria. No quería que por culpa de terceros la señorita Bradwell acabara siendo una infeliz.

No dejó de darle vueltas a todo aquello mientras veía a la joven desaparecer detrás del biombo y volver a emerger del mismo poco después, ataviada con el vestido de novia. Beatrice parecía radiante, pero Eleanor mostraba la misma apatía que venía teniendo desde que despertó. A Iris le daba la impresión de que Eleanor se estaba convirtiendo en una especie de marioneta que los demás movían a placer. Y eso no pensaba consentirlo.

—Iris, ve a llamar al señor Bradwell —dijo Beatrice, que no podía apartar los ojos de su hija —Quiero que vea lo guapa que está así vestida. ¡Nunca pensé que vería a mi pequeña Nellie así...! —añadió con voz tomada.

La doncella se limitó a asentir, como siempre hacía, para luego dirigirse al despacho de William. Éste ni siquiera preguntó por el motivo de que la criada apareciera dándole un aviso, se limitó a seguirla para luego contemplar a la joven vestida de blanco con una sonrisa de triunfo cuidadosamente disimulada.

—A Viktor le encantará —le escuchó decir Iris.

Eleanor se quedó mirando fijamente a su progenitor unos segundos, sus dedos jugueteando con la falda del vestido, hasta que finalmente, habló.

—¿Acaso pretende que me case ya? —si bien esa pregunta habría sido mucho más fría antes de que ella perdiera la memoria, ahora sonaba a una simple cuestión. Iris opinaba que Eleanor había perdido el arrojo que había desarrollado en las últimas semanas.

—¿Por qué no? —William alzó una ceja —¿Acaso no estás contenta con Viktor? Te ha tratado de una manera que muchos otros ni siquiera habrían podido ni imaginar, no hay muchos hombres como él que, cuando su prometida pierde la memoria, sigan junto a ella como si nada.

Eleanor guardó silencio, mordiéndose el labio. Apreciaba mucho a Viktor, pero le daba la impresión de que en todo aquello había algo raro, como si los demás le ocultasen algo. Pero finalmente, se limitó a asentir, achacando esa sensación a su amnesia. Sonrió cuando su padre le comunicó la intención que tenían ambas familias de celebrar la boda en dos semanas a más tardar. Iris arrugó levemente la nariz; aquella mañana le había escuchado hablar con Viktor antes de que él fuera a visitar a Eleanor. El joven se había mostrado algo confuso ante la obstinación de aquel hombre por celebrar la boda tan a la ligera, pero William no era tonto; había achacado la precipitación a un deseo expreso de su hija.

—"Ella no deja de pedirme que se organice la boda de una vez" —había dicho con un tono impregnado de tristeza "—Y no puedo negarle nada, no en esta situación..."

Iris frunció el ceño, odiando todo lo que estaba sucediendo. No pensaba dejar que alguien manejase a Eleanor como si tal cosa, de modo que, cuando la joven se volvió a poner su vestido de diario y subió de nuevo a su dormitorio, Iris la acompañó con la excusa de ayudarla con el pelo, para luego, con la puerta cerrada a sus espaldas, susurrarle al oído.

—Sí es cierto que estaba enamorada locamente de alguien, pero esa persona no era Viktor Kingston.


Sé que no pasa gran cosa, pero en el cap siguiente todo se va a liar. De momento ya vemos que hay boda a la vista, y Eleanor, a pesar de que sospecha, cree a su padre. ¿Será capaz Lysandro de conseguir detenerlo todo o al final llegará demasiado tarde? Os dejo con la intriga XD.

Como siempre digo, si leéis este fic, ¿por qué no dejar un review? Vamos, que es la historia con más visitas, que las estadísticas no mienten.