Capítulo 25
Amy caminó hacia la puerta de entrada de la casa de su mamá y antes de abrirla puso a Nicholas en el piso. El pequeñito se quedó de pie al lado de Amy, esperando a que ella abra la puerta.
"¿Quién es?", preguntó Amy, ya que la puerta no tenía mirilla. Aunque en ese momento no lo admitiera, Amy esperaba que del otro lado esté Sheldon. Por más enfadada que estuviese con él, Amy quería verlo. Por más que tratara de negárselo a sí misma, estar lejos de él era muy doloroso.
"Hola Amy, soy yo Penny", se escuchó el saludo desde fuera.
"¿Penny?" Amy preguntó sorprendida y abrió inmediatamente. "¡Hola Bestie! Pero… ¿cómo supiste? ¿qué haces aquí?"
"Lo mismo te pregunto yo a ti", respondió Penny. "¿Qué haces aquí? No sabes cómo se puso Sheldon cuando te fuiste. Si querías darle una lección ya fue suficiente, vuelve a tu casa."
El corazón de Amy saltó dentro de su pecho con sólo escuchar a Penny nombrar a Sheldon. Tragó saliva y miró hacia Nicholas tomándolo nuevamente en sus brazos, como para ocultarse de la mirada inquisidora de Penny.
"Sí… sé cómo se puso. Se puso como un loco. Me gritó, tuvimos una pelea y dijo que me odiaba." Amy respiró muy hondo al recordar lo atemorizada que se sintió al ver como actuaba Sheldon. Esta vez no iba a llorar, por mucho que le costara evitarlo. Nicholas probablemente ya estaría traumatizado de tanto verla llorar, pensaba Amy.
"Tú conoces como es Sheldon, a veces la forma en que dice las cosas no es la más adecuada y termina diciendo aquello que no quiere." Penny frotó suavemente el brazo de Amy. "Sé que nada de lo que dijo lo sentía en realidad. Está destrozado porque cree que tú nunca vas a volver con él".
"Penny, yo quisiera creer eso, pero… después de lo que vi…" Amy recordó aquella mirada tan enérgica y aterrorizante de Sheldon. "Después de lo que pasó entre nosotros, se me hace muy difícil confiar en Sheldon". Amy bajó disimuladamente la manga de su suéter para que Penny no pueda ver los moretones que los dedos de Sheldon le habían dejado sobre el antebrazo, que todavía le dolía al moverlo.
"Sheldon y tú están muy asustados por todo esto y han sufrido mucho en los últimos días. Lo que pasó con Nicky fue algo muy duro para todos, pero yo creo que esto debería unirlos más, en lugar de separarlos. Ustedes se tienen el uno al otro para afrontar lo que sea." Penny abrió su bolso y buscó el koala de peluche y el cuento para Nicky. "Además, él está bastante mejor, ya no tose tanto ¿Verdad Nick? Mira esto te lo envió tu papi."
Amy permaneció en silencio al ver que Sheldon había recordado que Nicky necesitaba su koala de peluche y su cuento para dormir y ella en su apuro por salir de casa, se había olvidado de eso. Nicky caminó hacia Penny y tomó el libro entre sus manitas, pasando las páginas como si leyera.
"¡Papá! ¡Papi!" Nicholas caminó por toda la sala, sosteniendo el libro mientras buscaba a Sheldon. "¡Papá!"
"¿A dónde vas Nicky?" Amy lo perseguía muy de cerca. Nicholas caminaba con pasitos bastante rápidos y ya casi llegaba a la cocina. Cuando Amy lo atrapó, lo tomó de la mano y juntos regresaron a la sala.
Penny sintió un nudo en la garganta al ver que Nicholas buscaba a Sheldon con tanto afán; hubiese querido que él aceptara acompañarla a ver a Amy. Había que hacer algo para reunirlos.
"¿Papi?". Aquella pregunta inocente, en esa vocecita de Nicholas, le causó un dolor indescriptible a Amy. "¡Papi!" Nicholas frunció los labios, empezaba a ponerse molesto al darse cuenta de que Sheldon no estaba en la casa.
"Creo que Nicky no había notado que Sheldon no estaba… hasta ahora. Supongo que el libro le recordó a su papá. Sheldon siempre le lee un cuento antes de irse a dormir y ese libro es uno de los que más le gusta. Seguramente Nicky creyó que Sheldon iba a leerle el cuento y por eso está buscándolo." Los ojos de Amy tenían un brillo acuoso, evitó mirar a Penny para no romper a llorar. "Monito, aún no es hora de dormir. En la noche te leeré el cuento, ¿está bien?".
Penny sacudió la cabeza y sin poder soportar aquel momento tan enternecedor, dijo:
"Amy, no quiero inmiscuirme en tus asuntos. Tú eres una mujer adulta y puedes tomar tus propias decisiones pero esto es sencillamente… estúpido. Sheldon te ama y quiere estar contigo. Tú amas a Sheldon y quieres estar con él. Nicky y el bebé deben estar con sus dos padres. No se necesita ser científico para entenderlo". Penny refunfuñó.
"No es tan sencillo, Penny" Amy respondió mientras trataba de distraer a Nicholas con su koala de peluche. "Nicky, papi no está aquí. Pero podemos jugar tú y yo", le dijo. Nicky no estaba muy convencido y seguía buscando a Sheldon.
El timbre de la puerta sonaba nuevamente y Amy se levantó de un solo brinco, esta vez tenía que ser Sheldon, pensaba ella. Amy corrió hacia la puerta, dejando a Nicholas con Penny en la sala.
"¿Leonard?" Amy se sintió decepcionada por no ver a Sheldon frente a ella. "Pasa por favor", le dijo con resignación. Inmediatamente, Leonard entró a la casa con varias bolsas del supermercado, llenas de víveres. "Nicky, tu tío Leonard está aquí, ven a decirle hola."
"¡Hola Amy, hola amiguito!" Leonard los saludó. Se acercó a Penny, le dio un beso en los labios, y compartieron una mirada cómplice. ¿Dónde puedo poner esto?", preguntó casi sin aliento por lo pesadas que estaban las compras.
"Supongo que en la cocina." Respondió Amy, con dudas. "Pero… ¿qué es eso?", preguntó.
"Son provisiones", Leonard contestó. "Alguien que te ama mucho a ti, a Nicky y al bebé y que no permitiría que pasen hambre, me pidió que les trajera algunas cosas." Obviamente Leonard estaba hablando de Sheldon. "Creo que es todo lo que necesitas".
Amy sacudió la cabeza pensando que eso no era todo lo que ella necesitaba.
"¡Gracias! Pero en realidad no era necesario. Iré por mi bolso y te pagaré todo lo que te costó." Amy dijo de manera precipitada.
"Amy, no necesitas pagarme nada. Sheldon ya pagó por todas estas compras y son para ti y para los niños. En verdad está preocupado por ti". Leonard no dejó que Amy le diera dinero.
"Entonces… llévale el dinero a Sheldon y dile gracias de mi parte". Amy seguía enfadada y no quería razonar con Leonard. "De todos modos, yo puedo encargarme de mi familia."
"Amy, seguro que puedes encargarte de tu familia, pero no vas a salir a hacer compras con Nicholas enfermo." Leonard intentó permanecer calmado y usar un tono neutral. "Sheldon sólo quiere hacer algo por ustedes. Amy… Sheldon se equivocó, pero tú no estás siendo del todo justa con él."
Amy permaneció en silencio por unos momentos y respiró hondo. Después de todo, Leonard no tenía la culpa de lo que había pasado y no debía desquitarse con él.
"¡Está bien!" Amy alzó las manos admitiendo su derrota. "Pero solamente lo estoy haciendo por Nicholas y por el bebé. Sheldon no tiene ninguna responsabilidad conmigo." Amy añadió.
Leonard volteó la mirada hacia el techo, por lo visto era imposible hablar con Amy en ese momento. Sheldon y Amy se portaban tan orgullosos y evidentemente, ninguno de los dos daría el primer paso para arreglar sus problemas.
Después de más o menos una hora de conversación infructuosa, que pasó por varios intentos de convencer a Amy de volver a casa, Leonard y Penny se dieron por vencidos. Obviamente, su intervención no era suficiente para solucionar ese conflicto. Nunca imaginaron que Amy no quisiera ni escucharles nombrar a Sheldon.
"Amy, por favor, piensa en lo que hablamos", Penny se despidió de Amy y Nicky con un abrazo. "Te llamaré más tarde y si necesitas ayuda con Nicky, solamente tienes que decírmelo".
"Trata de perdonar a Sheldon. Hazlo por él", Leonard susurró en el oído de Amy al despedirse, luego despeinó el cabello de Nicky cariñosamente.
Amy volvió a la cocina caminando de la mano con Nicholas y revisó lo que había en las bolsas del supermercado.
"Queso, leche, vegetales, el jugo de naranja sin pulpa, favorito de Sheldon." Amy colocó los alimentos en el refrigerador. "Cereal, pan, mantequilla de maní… ¿Quieres una banana?" Le preguntó a Nicholas. El niño asintió alegremente y empezó a comer la fruta como un verdadero monito.
"Aceitunas, helado de mango y té de manzanilla con jengibre. ¡Mis preferidos!" Amy no pudo evitar pensar que Sheldon era el único que conocía bien el antojo de ella por ponerle aceitunas a todo, principalmente a los postres.
Leonard nunca podría haber deducido por sí solo que el té de manzanilla y jengibre era el único que le ayudaba con las náuseas matutinas que le producía el embarazo. Realmente, todo había sido idea de Sheldon, ya no tenía dudas.
"Sheldon… ¿Por qué actúas así? Hace unas horas me dices que me odias y ahora me envías todo lo que Nicky y yo necesitamos." Amy suspiró. "Si tan sólo supiera qué es lo que pasa por tu cabeza. ¿Por qué es tan difícil estar bien contigo? ¿Por qué es tan complicado ser feliz?". Amy llenó la alacena con las cosas que Sheldon le envió. "¿Qué es lo que estoy haciendo mal?", se preguntó a sí misma.
Amy tenía que buscar alguna actividad que alejara su mente de aquellos pensamientos negativos, así que limpió la casa hasta dejarla reluciente como un espejo, le dio sus medicinas a Nicholas, preparó el almuerzo y la cena para los dos y mientras Nicky tomaba su siesta de la tarde, leyó varios capítulos de Oliver Twist, uno de sus libros favoritos de cuando era una niña.
Después de la cena, Amy se sentía exhausta y contradictoriamente eso era un alivio para ella porque quizá así lograría conciliar el sueño pronto. Le colocó a Nicholas su pijama con divertidos estampados de dinosaurios, se puso su bata de dormir de color celeste y se recostó al lado de su hijo, dispuesta a leerle un cuento.
"¿Papi?" preguntó Nicholas nuevamente, cuando vio que en la cama solamente se encontraban él y su mamá. Nicholas se sentía intranquilo, como si estuviese asustado por no estar con su papá.
"Oh, no te pongas así. Pronto vamos a ver a tu papi, y vamos a estar juntos los cuatro." Amy le dijo para tranquilizarlo, aunque en realidad no sabía si eso era cierto. "Vamos Nicky, no te pongas a llorar porque el bebé se va a poner triste también". Amy señaló su vientre mientras decía esto.
A pesar de que Nicky era aún muy pequeñito, Amy y Sheldon ya le habían dicho que en el vientre de ella vivía un bebé y que era su hermanito. A Nicholas parecía entusiasmarle la idea de tener un hermanito o hermanita.
"Bebé", Nicholas dijo en el momento en que recostó la cabeza en el vientre de Amy mientras ella acariciaba su cabello y le leía un cuento. Nicholas no tardó mucho en quedarse dormido, con el creciente vientre de Amy como almohada.
Para Amy fue mucho más difícil conciliar el sueño. Además de lo afligida que se encontraba, tenía un dolor leve en la espalda y en el vientre bajo. Toda la actividad y las emociones de ese día, empezaban a pasarle factura.
"Vamos a estar bien." Se repitió a sí misma, tratando de consolarse. "Vamos a estar bien y si Sheldon quisiera estar con nosotros, ya nos habría llamado o habría venido a buscarnos", Amy se secó las lágrimas que aún se le escapaban por el rostro, apagó la lamparita de noche y cerró los ojos tratando de descansar un poco.
Sheldon no sabía cuántas horas permaneció en su sitio favorito del sofá, con la mirada hacia la nada. Tampoco sabía cuántas veces se dijo a sí mismo: "Imbécil, imbécil, imbécil. Sólo a un imbécil como tú se le ocurre arruinar lo mejor que tenía en la vida. Pero no eres capaz de entenderlo porque… eres un imbécil".
Durante la tarde, Sheldon intentó callar esas voces dentro de su cabeza, así, buscando una actividad para distraerse, actualizó el sistema operativo de sus dos laptops y de un computador de escritorio que nunca usaba. Además, leyó y releyó el artículo en el que exponía la teoría que le consiguió la nominación al Premio Nobel, pensando en realizar una actualización del mismo, pero no se le ocurrió ni una idea para mejorarlo.
Ya entrada la noche, se dio cuenta de que no había almorzado ni cenado. Y no tenía ni apetito ni ánimos para hacerlo así que se dio una ducha, se lavó los dientes y fue a la cama. "Estúpido, estúpido, estúpido", seguía repitiéndose mentalmente.
Sheldon se levantó de la cama y observó su teléfono celular por unos minutos. "Llámale, dile que lo sientes." Se dijo a sí mismo. Pero no se hizo caso. Apagó el celular, y ni aun así pudo acallar aquellas voces. "Estúpido", susurró.
"¿Qué opción tenía?" se preguntó. "Esta situación sacó lo peor de mí. Me convertí en un animal, mi reacción me asustó a mí también." Sheldon se sentó en la cama y pasó la mano por el espacio de la izquierda que era el que Amy siempre ocupaba. "Ella se merece algo mejor y… creo que no soy yo."
Sheldon comenzaba a notar como pequeñas lágrimas caían sobre las sábanas. "El fruto no cae lejos del árbol y yo soy igual a él. Igual a mi padre." Sheldon rompió a llorar amargamente. Abrazó la almohada que Amy siempre usaba. Aún tenía el olor de su shampoo y eso no hizo más que ahondar la pena que sentía. Sheldon trató de silenciar sus gritos de rabia e impotencia. "No puedo hacerles esto", susurró.
Los tres días más tristes de la vida de Sheldon y Amy, pasaron lentamente, en una transición letárgica de minutos y horas, sucediéndose unos a otros en forma monótona.
Amanecía y anochecía como siempre, con la angustiante diferencia de que ni Amy ni Nicky estaban con Sheldon y él estaba solo la mayor parte del tiempo. Hubiese sido tan sencillo perdonarse, si eso era lo que más querían, pero ninguno de los dos daría el primer paso.
Sheldon se despertaba en la mañana a la hora habitual y seguía su rutina hasta donde podía hacerlo. Extrañaba darle un beso de los buenos días a Amy, leerle a Nicholas sus cuentos y jugar con él. Extrañaba escuchar la respiración de Amy cuando ella dormía a su lado.
Para no sentirse tan lejos de su familia, Sheldon le había pedido en muchas ocasiones a Penny que platique con Amy y le cuente como iba todo.
Amy había pedido unos días libres en su trabajo y por eso pudo dedicarse completamente a cuidar de Nicky. Sus atenciones habían dado resultado porque el niño se había recuperado muy rápido.
"Nicky, vamos a salir a dar un paseo", le dijo Amy mientras lo alistaba para llevarlo al médico. Nicholas tenía una consulta de control con el pediatra. "Me hace tan feliz ver que ya estás mejor. Me asusté mucho cuando te enfermaste. Si el médico dice que ya puedes salir, le voy a pedir a la tía Penny que te lleve a ver a tu papi. ¿Quieres?".
Amy se preguntaba que estaría haciendo Sheldon en ese momento. Seguramente estaba en la universidad, trabajando en sus proyectos y realizando complejas ecuaciones que cambiarían la manera de entender el mundo. Seguramente Sheldon seguiría con su vida normal y sus rutinas, ahora que ya no tenía obstáculos para ello, pensó Amy. "Quería su vida de antes y ya la tiene", dijo en voz alta.
"Knock, knock, knock, Dr. Siebert. Knock, knock, knock, Dr. Siebert. Knock, knock, knock, Dr. Siebert", Sheldon tocó a la puerta.
"Pase Dr. Cooper, lo estábamos esperando", respondió el director de la Universidad.
"Buenos días", Sheldon saludó. "No sabría que usted también estaba invitada a esta reunión", añadió Sheldon, frunciendo el ceño al ver que Melissa Thompson estaba en la oficina. La rubísima relacionista pública a la que siempre parecía faltarle tela para los vestidos, sonrió de manera incómoda.
"A mí también me alegra verlo" respondió Melissa con sarcasmo. "No podía perder la oportunidad de felicitarlo por su decisión tan acertada."
"Sí, Dr. Cooper, aunque nos sorprendió su repentino cambio de opinión, queremos agradecerle por reconsiderar nuestra oferta." El Dr. Siebert estiró la mano hacia Sheldon, pero él no respondió al apretón de manos.
"¿Cuándo podemos comenzar?" preguntó Sheldon secamente.
"Mañana mismo." Respondió Melissa entusiasmada. "Ya tengo planificado todo el cronograma para sus conferencias. Le agradará saber que el primer simposio que proyectamos realizar, tendrá lugar en la Universidad de Houston", Melissa enseñaba todos los dientes en esa sonrisa artificial. "Usted es de Texas, ¿verdad?".
Sheldon asintió sin demostrar emoción alguna. "¿Tiene el contrato listo?", Sheldon deseaba firmarlo y terminar con aquella conversación lo más rápido posible.
"¡Claro que sí!, aquí lo tiene", dijo el Dr. Siebert, entregándole una copia del contrato y un bolígrafo.
Sheldon leyó el contrato, por cuatro ocasiones, en apenas unos minutos. Era un lector muy rápido. Tomó la pluma, y se quedó inmóvil por unos segundos. Apretó firmemente los labios y al final, firmó.
