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"Nota mental de los recuerdos XIII"
Ya no había más que decir, no había más que intentar… todo había sido dicho entre nosotros, con palabras vacías en sonidos, pero llenas en sentimientos.
Yo la amaba y estaba más que seguro que era correspondido.
Tanto aborrecer, celar…
Respire profundo y solté el aire lentamente. Ya no había nada que aborrecer, ella era mía y yo era de ella.
Tenía una sonrisa dulce en su rostro, estaba dormida, pero aun así sonreía. Con las mejillas sonrojadas y el cabello algo húmedo cayendo de su rostro hasta la almohada.
No quería despertarla.
Me deslice sigilosamente fuera de la cama, cuidando no despertarla. Ella se notaba cansada. Yo por otra parte me sentía pleno y completo.
Esa noche nunca la olvidaría en mi vida.
Aun a pesar de todo.
Tome mis pantalones jeans, la franela negra y me vestí. Baje descalzo hasta la puerta principal, no encontraba mis zapatos, ni mi teléfono móvil, ni mis llaves, ni nada. Todo estaba en la casa de al frente (bueno los zapatos no). No sé donde pero encontré unas botas de agua negras y me las enfunde.
Afuera aun llovía… pero aun así, salí a la calle necesitaba un teléfono y no encontraba el mío, solo esperaba que ella no despertara y notara mi ausencia. Se podrían malinterpretar muchas cosas al no verme allí y tampoco podía decirle porque me había marchado sin decir nada y volver empapado, a mitad de la noche.
Camine varias calles abajo en busca de un teléfono público, pero nada. La lluvia no me molestaba, es más, me hacía pensar lo dulce que ella se veía empapada.
Sonreí.
Camine hasta una cafetería para comprar algo de comida, ninguno de los dos había comido en la cena, ni siquiera habíamos asistido.
Tenía hambre, un hambre sin igual, nada de lo que veía se me antojaba y a la vez me asqueaba. Después de pedir dos cafés negros y algunas donas, pedí indicaciones a la camarera por un teléfono público y la devuelta en monedas.
Cruce la calle y me adentre en la fría y estrecha cabina telefónica.
No me importaba la hora, si dormía o no, tenía que decirle.
Marque un numero, que prefijo telefónico comenzaba con 44.
Sonó tres veces y una voz familiar tomo la llamada.
—¿Diga?
No titubee y mucho menos salude, aquello no era un asunto que requería de amabilidad ni modales, aquello era un asunto de despojo.
—La amo.
Del otro lado de la línea, se quedo callado por unos cuantos segundos, hasta que la maquina me pedía otra moneda que inserte.
—Lo sé —contesto y la línea se corto.
No por falta de dinero, no por interferencia…
Ya todo estaba claro.
Siempre la ame y él siempre lo supo.
Desde que vi su rostro malhumorado al frente de la casa de su madre, desde que la vi fruncir el gesto a causa de algo que no comprendía, desde la primera vez que tuve contacto físico con ella y toque su hombro.
Todo este tiempo la había amado sutilmente sin yo mismo percatarme.
Aun, hay veces que creo, que él, desde un principio, lo sabía y solo nos puso a prueba para solidificar lo intangible de nuestra relación.
...
De ahora en adelante las notas mentales iran siendo mas largas, pork ahora es k Edward toma su verdadero papel como protagonistas y como (juajujajuajua no lo voy a decir, si lo digo se sabran la historia completa juajuajaujau)... y aunk lo odien, porque se k lo odiaran, asi sera.
Besos y gracias por leerme...
Nota: me gusto mucho tu review carlita16 (sabes k mi hermana se llama asi ^-^)... y me encanto k pensaras lo mismo k yo sobre, que tenia k ser puro y sin morbo...gracias por leerme a pesar del tiempo y los inconvenientes...
