Una profecía de los cielos

Draco Dormiens Nunquam Titillandus

0000000000000000000000000000000000000

Recomendación Musical: "Divinity" - Final Fantasy VII AC

25.- La espada sagrada

A warrior takes a sword in hand,

clasping a gem to his heart.

Engraving vanishing memories, into the sword.

He placed honed skills into the stone.

Spoken from the sword, handed down from the stone.

Now the story can be told...

OoOoO

Un guerrero toma una espada en su mano,

Albergando una gema en su corazón,

Grabando recuerdos desaparecidos en la espada,

Poniendo habilidades afiladas en la piedra.

Hablando desde la espada, dada debajo de la piedra,

Ahora la historia puede ser contada.

Fue un beso inesperado y rápido pero cargado de sentimiento. Harry sintió el gesto como la medicina para curarse de una enfermedad mortal. Agradeció ese acto impulsivo pero sabía que ya no podría repetirse.

Hermione se sintió mareada cuando se separó de Harry, pero puso su mejor expresión en cuanto lo miró a los ojos. Maldijo entre dientes al reparar como había extrañado sus labios.

- Hermione... – Susurró el chico con tristeza. Hermione estuvo segura de que estaba a punto de decirle que no podían y cualquier otro de sus impedimentos, pero ella le interrumpió cualquier monólogo con fiereza.

- Eso es por ser estúpido, Harry Potter. Por tu expresión vencida y por estar tan seguro sobre tu muerte. Es para que regreses al presente. – Dijo con voz temblorosa. – No vas a morir... n-no puedes tener tan poca e-esperanza. – Susurró con voz débil.

Harry no dijo nada pero tampoco la miró. Le incomodaba mucho hablar sobre un tema tan común para él pero tan doloroso para los demás. Estaba seguro de lo que sentía, era cierto que no sabía si iba o no a vivir, pero estaba convencido de que si moría... Voldemort se iría con él.

- No hay poca esperanza, Hermione... se llama realidad. No puedo ser positivo ante una situación que tiene un desenlace bastante obvio. – Dijo con una voz que no parecía la suya. Hermione lo miró como si estuviera a punto de golpearlo.

- Yo te creía más valiente... – Murmuró ella con frialdad. Harry la miró con las mandíbulas apretadas y con una mueca dolida. Aún sentía los labios de su amiga sobre los suyos y sus palabras sólo lo hacían tragar dificultosamente.

- Si es todo lo que querías decirme... ahora me gustaría estar solo, Hermione. – Murmuró con la voz contenida.

- ¡Honestamente, Harry! – Exclamó la castaña desesperada. - ¡No puede ser que pienses así! ¡¿Acaso no escuchaste a Adam?! ¡Necesitas mantener la esperanza!

- Hermione... – Murmuró el chico mentalmente agotado. No quería seguir discutiendo. – Dejemos el tema... ¿Sí?

Hermione lo miró fijamente por unos segundos y negó con la cabeza de manera disconforme.

- Eres un cobarde, Potter. – Siseó una voz a la espalda de la chica. Hermione se tensó de manera inmediata. – No puedo creer que no te atrevas a enfrentar la vida. ¿Tienes miedo a vivir, Potter? ¿Es eso o tú insoportable manía de ser el héroe trágico?

- No lo sé, Malfoy, quizás cada uno de ustedes se hace su propia idea de lo que siento... No serviría de nada si se los digo, ¿Verdad? – Dijo el pelinegro con amargura pero miró a la castaña con tristeza. – Y si no es mucho pedir... quiero estar solo.

- ¡Clar-

- ¡Draco, basta! – Exigió Hermione con aprensión. – Déjalo en paz.

El rubio la miró con una sonrisa y le asintió despacio.

- Lo que digas, preciosa. – Le susurró cerca del oído de manera seductora, pero en está ocasión, Hermione estaba lo bastante molesta como para atontarse por su cercanía. El rubio pasó caminando cerca de Harry con una sonrisa burlona, pero el pelinegro no mudó su expresión seria en ningún momento.

- Déjame solo, Hermione, te lo ruego de verdad. – Volvió a pedir el pelinegro con la expresión cansada.

- Si no permites que me acerque a ti con intenciones románticas... entonces tendrás que enfrentarte a mis intenciones amistosas, Harry, porque sigo siendo tu mejor amiga y por más idiota que te comportes... me sigo preocupando por ti. – Dijo ella un poco sonrojada pero segura de sí misma. Lo miró a los ojos ignorando su mueca sorprendida y se acercó a él pasando sus brazos por su espalda. Recargó la cabeza en su pecho y lo estrechó fuertemente conteniendo las lágrimas que estuvieron asechándola desde que había hablado con su guardián.

- ¿Intenciones románticas? – Preguntó el pelinegro abrazándola y suspirando profundamente mientras recargaba su cabeza contra el cabello castaño de su amiga.

- Cállate. – Ordenó la chica y sintió alivio al reparar que Harry no podía ver su sonrojo.

Ambos guardaron silencio cerrando los ojos e ignorando los ojos plateados que los miraban con una seriedad intrigante. Adam se dio media vuelta y con una sonrisa prepotente, cruzó la puerta para retirarse a las profundidades del bosque e idear el plan de salida.

(*)_.::.)::.(::..::.)::.(::./ |*| \.::.)::.(::..::.)::.(::._(*)

*~*~*~*~*~*~*~*~*~*

Regresó de su estado de duermevela cuando alguien la sacudió del brazo. Sus ojos avellana se abrieron lentamente para ver la cara pálida de Draco muy cerca de su rostro. Se atontó por un momento pero al ver su sonrisa jodidamente arrogante frunció el ceño desperezando sus cinco sentidos.

- ¿Qué pasa, Draco? ¿Ya es hora de irnos? – Preguntó Hermione repentinamente preocupada de haberse quedado dormida. El rubio negó con la cabeza y miró sobre su hombro para comprobar la hora del reloj que estaba colgado en la pared de la habitación.

- Faltan dos horas según la exactitud de Hellsing. – Respondió el chico en un susurro. Hermione alzó las cejas.

- ¿Qué haces aquí entonces? – Preguntó enderezándose. Miró hacia su amiga y notó que continuaba dormida. Draco le hizo una seña para que salieran y ella asintió siguiéndolo en silencio.

Llegaron hasta la cocina y Hermione la notó silenciosa y vacía.

- Quería hablar contigo antes de irnos. – Respondió el rubio a la anterior pregunta, interrumpiendo sus cavilaciones.

- ¿Sobre qué? – Dijo con desgana. Aún estaba molesta con él y no iba a perdonarlo por una sonrisa culpable y arrepentida.

- ¿Perdonas a Potter pero conmigo sigues enfadada? – Cuestionó el rubio con una sonrisa. Adoraba verla con esa mueca de enfado.

- Mi situación con Harry es distinta. Sigo enfadada con ambos por cómo me trataron el otro día... pero preocuparme por ustedes es diferente. – Respondió ella con hastío.

- Está bien, Granger, vengo a disculparme de todas maneras, sé que me porte como un estúpido y entiendo tu indignación... – Susurró acercándose a ella. Hermione retrocedió dos pasos.

- No te acerques tanto... – Susurró ella con voz temblorosa. El rubio soltó una risita entre dientes.

- Y bueno, viendo que me has perdonado... quiero saber tu repuesta a mi pregunta... ¿Tengo una oportunidad? – Preguntó él ignorando su anterior comentario y acorralándola contra un librero a su espalda.

- ¿Para qué? – Preguntó Hermione de vuelta con la voz temblorosa. Aunque, claro, ya sabía la respuesta. Draco colocó las manos a un lado de su cabeza impidiéndole cualquier intento de movimiento y miró el techo pensando. La castaña se tensó.

- Para salir contigo, Granger, por supuesto. – Susurró con una sonrisa que casi logró derretirla. Casi porque estaba lo suficientemente atontada. Maldición.

- Y-yo... – Se trabó torpemente cuando sintió el aliento del rubio golpear muy cerca de su rostro. – Si no te alejas de mi no voy a poder responderte nada... – Gruñó sonrojada.

Draco se rió de nuevo pero se separó de ella unos centímetros. Hermione lo miró ofuscada y colocó sus manos sobre su pecho para impedirle un nuevo acercamiento.

- Draco... y-yo, yo no te veo como tú quisieras... eres... mi amigo y t-te quiero... p-pero... no lo sé, Draco, estoy confundida. – Respondió con una mueca. El chico bajó las manos y dejó que descansaran en su cintura. Hermione sintió un escalofrío que distaba mucho de ser de terror.

- A ver, Granger, veamos una cosa... ¿Te atraigo? – Preguntó con una sonrisa de lo más seductora. De esas, y le costaba demasiado aceptarlo, que le encantaban. Hermione se mordió los labios.

- No- Bueno, es decir, sí, sí me atraes... pero tú sabes perfectamente lo que siento por Harry... y no quiero engañarte diciéndote que acepto sin sentirlo. – Murmuró tratando de respirar regularmente.

- Mmm-Mmja. – Asintió él. – Sé lo que significa Potter para ti, Granger. Pero el problema es que tu amigo es medio retrasado y no se acercará a ti hasta que la guerra termine. – Dijo de una manera condenadamente convincente. Hermione se sintió vacía. – Y ni siquiera sabes cómo va a terminar todo esto. Lo que te pido es una oportunidad de enseñarte que puede haber algo entre nosotros... no te estoy pidiendo un amor eterno, Granger, porque ni siquiera puedo darte eso. Pero déjame demostrarte que te puedes enamorar de mí, que puedes ser feliz conmigo... – Susurró eso último. La castaña tragó saliva. – Me gustas, yo te gusto... ¿Qué problema hay?

- ¿Y-y si n-no funciona... y te l-lastimo? – Murmuró ella despacio.

- Soy fuerte. – Dijo pero parecía demasiado convencido de que nada de lo que ella decía iba a pasar. – Además simplemente te estoy planteando la oportunidad de que nos conozcamos mejor el uno al otro. Y si no funciona... seguiremos tan amigos como antes...

- Tan amigos como antes... – Repitió ella tontamente. El rubio se acercó a su rostro mirándola fijamente.

- Es como vivir el momento... – Susurró el rubio de nuevo acariciando sus labios con su aliento.

- No lo sé. – Dijo ella resuelta y giró la cara para evitar que Draco estampara sus labios contra los suyos. Lo sintió sonreír contra su mejilla y un nuevo escalofrío la recorrió. Cerró los ojos un momento y el rostro y los ojos de Harry se le representaron en la mente haciéndola sentir culpable como si estuviera cometiendo una especie de traición. Claro que eso no tenía mucho sentido.

- Está bien, Granger. Dejaré que lo pienses. No te voy a presionar, preciosa, pero no me hagas esperar mucho. – Le besó la mejilla intensamente y pasados unos segundos se separó de ella.

- Draco no cre-

- No, Granger, piénsalo. – Le acarició la mejilla con el dorso de la mano y le sonrió tranquilamente. – Nos veremos en un rato…

Dio media vuelta y salió de la casa.

Hermione no pudo detenerlo y se quedó ahí, sorprendida y demasiado pensativa para su gusto.

Vivir el momento.

Y se preguntó, no sin cierto dolor, porque Harry no podía hacer eso.

Suspiró viendo como su guardián se acercaba desde una esquina hacia ella y sintió como le acariciaba el cabello. Él levantó una ceja y ella sonrió con dulzura.

(*)_.::.)::.(::..::.)::.(::./ |*| \.::.)::.(::..::.)::.(::._(*)

*~*~*~*~*~*~*~*~*~*

- ¿Cómo vamos a llegar hasta la torre? – Preguntó el pelirrojo ajustándose la espada a la cintura. Adam los miró, formando una hilera frente a sus ojos. Esperando sus órdenes para dar el siguiente paso.

Habían atravesado el bosque con mayor facilidad que en un principio. La causa era él, por supuesto. Las criaturas temían de los nuevos visitantes y prudentemente, ignorando sus instintos salvajes, se apartaban de su camino, asechándolos a la distancia pero sin el valor para enfrentarlos. Adam les había asegurado que estuvo a punto de quemar el bosque entero, pero se había sabido recular a tiempo.

Sin embargo, y a pesar de la pose segura y vencedora que tenía el ángel, ninguno había dejado de sentir miedo al atravesar el paraje oscuro, sintiendo escalofríos al reparar en cada brillante ojo que los observaba. El terror los había acompañado en cada paso pero Adam había estado tranquilo.

Ahora, estaban en la playa de nuevo, admirando las olas que seguían transfigurando a unicornios que se estrellaban contra la orilla. Habían dejado el campamento intacto, llevándose con ellos agua, sus varitas y las espadas. Eso era suficiente, había asegurado el ángel.

El océano se veía hermoso, la tenue luz reflejada por el sol y la luna le daban ese toque mágico que no dejaba de sorprenderlos. Hermione no pudo dejar de notar que el castillo lucía más reluciente, pronto se dio cuenta que el sol y la luna parecían estar más cerca de la estructura enorme que los separaba el uno del otro. Se preguntó el por qué pero no comentó nada al ver que su guardián los miraba con seriedad.

- Caminando, pelirrojo, por supuesto. – Respondió el ángel a la anterior pregunta. Hermione no fue la única que frunció el ceño.

- A lo que se refiere Ron, es a cómo vamos a llegar hasta el castillo, Adam. – Señaló la castaña mientras se acomodaba la blusa negra que había decidido vestir.

- Y yo lo he entendido, Hermione. Y he respondido. Vamos a llegar caminando. – Respondió ajustándose los guantes blancos que portaba. Hermione gruñó.

- Adam... no podemos caminar sobre el agua... si tú puedes hacerlo, te informo que nosotros no. – Aclaró la chica con desesperación. Hermione lo encaró y el castaño le levantó una ceja –manía demasiado humana que no iba a aceptar- sonriéndole.

- Claro, lo sé. Conozco su imperfección. – Hermione rodó los ojos al escucharlo pero no lo interrumpió. – La Isla tiene unas escaleras para ascender al castillo... y éstas se encuentran debajo del mar. Hoy aprenderán lo que es la magia verdadera, niños. – Sonrió con arrogancia. Hermione seguía sin entenderlo.

- ¿Pero cómo va-

- Cierra la boca, castaña. Observa y aprende. – Dijo poniéndole un dedo en la boca para callarla y mirándola intensamente. Después, sus orbes plateadas se dirigieron a la palma de su mano y la observaron durante unos segundos con atención. Los chicos lo imitaron, paralizándose cuando vieron que de sus dedos una luz blanca comenzó a brotar como hebras de humo que se esparcieron a su alrededor. Pronto, la luz los rodeó, formando una fina esfera a su alrededor como protegiéndolos.

Hermione extendió su mano y tocó la extraña barrera que los rodeaba. Sintió como si hubiera tocado hielo pero la sensación más bien le recordó a tocar nitrógeno líquido. La esfera tenía la composición del agua y brillaba como si una gota de ella los rodeara.

Adam levantó la mano y con ella, la esfera se elevó del suelo llevándoselos a ellos con el movimiento. Los ojos de los chicos se desorbitaron y Harry perdió el equilibrio del susto. Sintió la sensación de caer sobre un charco de agua pero sorprendentemente sus ropas no estaban mojadas. Levantó una mano tratando de examinar lo que tocaba y fue como si recogiera humo que se deshizo al instante en el aire.

- ¿Qué es esto? – Preguntó el chico aceptando la ayuda del pelirrojo y se levantó.

- Magia, niño. MI magia. – Respondió el ángel sin dejar de mirar al frente. Su mano seguía con la palma alzada e hizo un movimiento hacia el frente con ella. De inmediato la esfera se movió y ellos lo hicieron con ella. – Bueno, flotaremos bajo el agua más bien, les ahorraré el esfuerzo de caminar... pero no se acostumbren. – Advirtió con seriedad.

Movió la mano de nuevo y, poco a poco, bajaron hasta sumergirse en el océano. Hermione se aferró al hombro de su guardián con los labios apretados.

- Tranquila, la barrera nos protegerá. – Aseguró él en un susurro. – La esfera que nos rodea resguarda el oxigeno. – Dijo en voz más alta intuyendo la preocupación de los demás. – Admiren el paisaje, niños, pero estén alerta.

Vieron no sin cierta sorpresa como sus cuerpos se sumergían en las profundidades del océano verde que transfiguraba sus olas en estampidas de unicornios. Sus cuerpos fueron succionados hasta casi tocar la superficie terrestre que se expandía bajo el agua salada. Estaba cubierta de hierbas marinas que lucían sombrías en la oscuridad que reinaba en esa profundidad. Poco a poco, la oscuridad fue ganando lugar a su alrededor. Harry se preguntó que sentiría cuando regresaran a la luz del sol, claro, si es que regresaban.

Estaba tan oscuro que tuvieron que encender sus varitas para ver algo. Hermione supo que no había sido buena idea en cuanto vio las criaturas que empezaban a seguirlos.

Los monstruos que le habían parecido arañas ahora nadaban con gran rapidez a su alrededor. Sus bocas se abrían y cerraban recordándoles a la respiración de los peces. Claro que los dientes lucían en ellos menos inocentes que en un simple pez.

Apenas se percibían sus movimientos rápidos pues la oscuridad de su piel se camuflaba en la oscuridad. Y aunque no podían ver a más de tres metros de distancia, Hermione supo que eran más de treinta criaturas que los perseguían. Y a pesar de que parecían ser los únicos monstruos a su alrededor, ella no estaba tranquila. Nada. De hecho estaba tan alerta como su capacidad se lo permitía.

- ¿Pueden atacarnos? – Preguntó Ginny a su espalda. Parecía temerosa mientras se aferraba al brazo de su hermano y giraba su cabeza precavidamente sondeando todo con la mirada.

- No lo creo, el escudo nos protege. El verdadero problema es que el castillo tiene su propia protección y posiblemente repela mi magia en ese punto. – Contestó concentrado en el camino. Hermione se aferró más a su espalda.

- ¿Tendremos que nadar? ¿A eso te refieres? – Preguntó la castaña horrorizada.

- Si.

- Estás loco. Eso es una mala idea... ¿Has visto esas cosas? ¡En cuanto tengan una oportunidad nos van a masacrar! – Exclamó acongojada. Un gemido ahogado –estuvo segura que fue de Ginny aunque no se giró para comprobarlo- le acompañó en su reclamo.

- No se van a separar, irán directo hacia las escaleras. Yo los cubriré. – Dijo con voz monótona. Hermione gimió de terror. Otra vez no. – Tienen un oído y un olfato muy sensible, haré un conjuro que los aturda y mataré a uno para que el olor a sangre los exalte.

- No me agrada. – Murmuró la castaña. Se giró a ver a sus amigos y descubrió expresiones igual de atemorizadas que la suya. Aunque claro, ella también se estaba preocupando por la seguridad de su guardián.

- Es lo único que tenemos. – Aceptó el castaño e hizo que Hermione se pusiera delante de su cuerpo. Le apretó el brazo pero no la miró. Estaba concentrado en guiarlos en dirección correcta. – Tu espada brillará bajo el agua. Has el mismo hechizo de orientación que te he dicho antes y encontrarán el camino hacia la planta baja del castillo.

Hermione asintió sin decir nada. Aunque tenía varias cosas que rebatirle.

Se deslizaron por la superficie acuosa de esa profundidad oscura por lo que fueron unos quince minutos. Hermione pensó que habían esos habían sido los minutos más largos de su vida.

En el transcurso del camino, sus amigos se fueron acercando a su guardián y a ella, arremolinándose en el centro de la esfera. Hermione intuyó que, al igual que ella, sus amigos pensaban que de un momento a otro aquellas criaturas podían atravesar el escudo y atacarlos. Y en el mejor de los casos sólo se los comerían, rápido y poco doloroso.

Claro que sintió un escalofrío al pensar eso y se aferró con más fuerza a la espalda del castaño.

- Tranquila, Hermione. – Repitió en un susurro sin apartar la mirada del frente. Movió su mano que aún estaba abierta dejando ver su palma extendida, y la esfera giró a la derecha. La chica se hubiera caído de no por su mejor amigo que la aferró del brazo. Harry no la soltó cuando ella se repuso, pero ciertamente ella no quería que lo hiciera.

- Vaya... ¿Falta mucho? – Preguntó Ron moviéndose en su lugar y pegándose más a su hermana.

- Un poco. – Aceptó el castaño sin importarle el nerviosismo que obviamente tenían todos.

Hermione levantó la varita deshaciéndose momentáneamente del agarre que tenía sobre la espalda de Adam, y se horrorizó al ver un movimiento brusco en el agua. Enorme y ágil. Demasiado grande como para pensar que había sido causado por una de esas criaturas marinas que los perseguían y rodeaban.

La chica se aferró de nuevo a la ropa de su guardián y apretó el brazo de Harry segura de que lo estaba lastimando. Muy dentro de su mente se alegró de que él no se quejara.

- ¡Hermione, tranquilízate! – Repitió su guardián con tono cansino al sentir su ropa estrujada. Obviamente él si tenía que quejarse.

- ¿Qué fue eso? – Preguntó ignorándolo. Harry le dio un leve apretón en la mano.

- No importa, castaña, no puede atacarnos. – Respondió sin inmutarse. Hermione no se sintió más tranquila, sus amigos, en cambio, se relajaron.

- No pasa nada. – Le susurró Harry en el oído. Su aliento chocando contra su oreja y la cercanía de su cuerpo al de ella le causó escalofríos. Sabía que era el peor momento para prestar atención en esas cosas, pero lo hizo. Y se sonrojó. Mucho. Escuchó algo parecido a un gruñido a su espalda pero no se giró para comprobar si había sido Draco el responsable.

Adam, en cambio, tomó su temblor como miedo. La miró unos segundos sin dejar caer su mano abierta y suspiró.

- Una serpiente marina. La poética manifestación del mal y el caos. – Respondió mientras los hacía girar de nuevo. Está vez, Draco se tambaleó y cayó de espaldas. Ginny lo siguió pero su hermano la levantó enseguida.

- ¡El Leviatán! – Exclamó Hermione con un gemido de terror. Nadie le preguntó cómo lo sabía porque todos conocían a la castaña a la perfección. En cambio, el ángel se sorprendió de nuevo sobre sus conocimientos.

- Así es. – Susurró el ángel con una voz tenebrosa pero sonrió de lado.

- ¡Ah, vaya! ¿Y así quieres que nademos? ¡Qué fácil! – Exclamó la chica con ironía. Claro que su voz tembló demasiado al pronunciar palabra.

- Bueno, Hermione, algún obstáculo debíamos tener. – Señaló con burla. Hermione le golpeó el hombro de manera nerviosa. Adam ni lo sintió. – El Leviatán es mi diversión privada, castaña, deberías alegrarte. – Volvió a burlarse pero entendió que ella temía por él. – No va a pasar nada... sigue las instrucciones que te he dado y yo me reuniré con ustedes sano y salvo. Lo prometo. – Le susurró eso último. La chica sólo se aferró más a él.

Pasaron unos segundos hasta que Adam bajó la mano y la esfera que los transportaba se detuvo. Los chicos se miraron entre sí, esperando por una orden, por una palabra que comenzara con aquella travesía. El castaño se giró y los miró estirando su brazo para que Hermione se acercara a él.

A la espalda del ángel, a unos diez metros de distancia, una proporción enorme de una construcción antigua se extendía con magnificencia. La base del castillo poseía una extensión más grande de lo que se imaginaban. La visión rocosa se expandía a más de cincuenta metros de radio, y cada tanto, enormes columnas elegantes y talladas con diversos símbolos que no lograron comprender, sobresalían en una decoración fina y puramente magnifica. Las rocas afiladas y hundidas que se mostraban informes, bordeaban una pequeña protuberancia que conservaba una puerta metálica y sellada en el centro y que poseía dos gárgolas a los lados dándole el toque macabro a la entrada del castillo. Hermione rogó porque pudieran abrirla sin dificultades.

- El hechizo para que-

- Sí, Adam, lo sé. El hechizo para respirar bajo el agua. – Interrumpió la castaña aferrándose al brazo de su guardián. Él la miró a los ojos con intensidad y asintió.

- Hazlo. – Hermione se giró a sus amigos aunque era consciente de que ellos ya sabían realizar aquel hechizo. Aun así, ellos no se movieron cuando la chica se acercó y susurró un casco burbuja cerca de sus rostros. Adam asintió con la cabeza cuando Hermione se giró a verlo con su graciosa burbuja rodeándole el rostro.

- Necesitan, valor, niños. – Les dijo con una voz solemne. Harry dijo algo pero nadie entendió. – Cuídense, mocosos, yo los cubro. – Miró al pelinegro directamente a los ojos y sonrió con una arrogancia que hacía mucho tiempo no había mostrado. Levantó una mano y extendió un dedo en dirección a Harry. – Tienes que cuidarla, Potter.

No dijo más pero todos entendieron qué había querido decir. Hermione estuvo tentada a quitarse el hechizo para rebatirle un par de cosas pero se contuvo al ver como la miraba. No mueras, pensó. Y Adam asintió leyendo la preocupación en sus ojos miel.

El ángel se giró de nuevo y extendió su mano hacia la esfera que aún los protegía.

- Entonces... que la diversión comience. – Murmuró y al instante de cerrar el puño de la mano, su capa blanca que ondeaba con furia a su espalda, se deformó, transformándose en dos alas enormes y hermosas que enmarcaron el cuerpo del castaño con una belleza sólo divina. Blancas plumas se suspendieron alrededor de él, formando un remolino en torno a su cuerpo y que produjo un aire que meció su cabello de un lado a otro. Él sonrió y de sus ojos ahora dorados, una luz cegadora explotó, cegándolos por unos instantes. Los chicos sintieron el cuerpo húmedo, y la pesadez del agua los envolvió con furia.

Sus ojos se acostumbraron a la profundidad de ese océano verdoso y con las varitas alumbrando el camino, los cinco chicos empezaron a nadar –no sin cierta dificultad debido al peso de las espadas- en dirección a la puerta que ya habían encontrado con la mirada.

Permanecieron unidos y todos tuvieron la fuerza de voluntad necesaria para no girar sus cabezas y ver lo que había sucedido con las criaturas que anteriormente los habían perseguido. Hermione sintió como alguien la jalaba y se sorprendió al ver al rubio tomándola de la mano y agilizando su velocidad.

Estaban a punto de llegar a uno de los costados de la puerta cuando una criatura surgió del otro lado y arremetió contra ellos de manera furiosa. Hermione sintió como era lanzada hacia atrás por una fuerza energética que los apartó del camino del Leviatán y su mano se soltó del agarre del rubio sin poder evitarlo.

Chocó contra una protuberancia de la pared de roca y cuando levantó la mirada, vio a Ginny con la varita levantada del lado contrario a donde ella estaba. Supo que los había apartado del camino con una reacción sumamente rápida y no pudo más que agradecerle mentalmente a su amiga.

El Leviatán giró sobre su cuerpo velozmente y Hermione apenas pudo verlo cuando lo sintió lanzarse contra ella. Levantó la varita sin poder reaccionar a tiempo, incapaz de pensar en un hechizo que la ayudara. Cerró los ojos esperando el golpe pero nada sucedió durante unos segundos, cuando los abrió, no pudo más que suspirar –o algún vano intento de hacerlo gracias a que tenía la burbuja rodeándole la cara- cuando vio dos enormes alas impidiéndole el paso al Leviatán.

Una luz brilló frente al cuerpo del ángel y la criatura marina salió despedida con fuerza hacia atrás. Adam se giró a mirarla y le hizo una seña para que se marchara. Aturdida, Hermione asintió torpemente y nadó velozmente hacia la puerta que le había quedado muy cerca.

Apenas se percató de la presencia de dos cuerpos a su espalda y a los otros dos pelirrojos tratando de abrir la entrada a las escaleras que los llevarían al interior del castillo. Llegó junto a ellos y se giró una vez más sólo para ver como Adam desenvainaba su espada y las letras angelicales de ésta brillaban de un intenso color dorado. La luz relució tanto en aquella oscuridad que no pudo ver nada más de la batalla.

Alguien tiró de ella con fuerza y saliendo de su aturdimiento, Hermione siguió a sus amigos encontrándose de frente con unas enormes pero angostas escaleras que ascendían a la planta baja del castillo.

El pecho se le encogió y cerró los ojos.

(*)_.::.)::.(::..::.)::.(::./ |*| \.::.)::.(::..::.)::.(::._(*)

*~*~*~*~*~*~*~*~*~*

El Leviatán había resultado más grande de lo que había imaginado. La tonalidad azul-verdosa que su cuerpo despedía había cegado sus ojos por unos segundos.

La serpiente marina era como él la recordaba: tenía la piel con escamas enormes y duras de un color azul-verde brillante. Su hocico formaba una especie de pico y de la nuca le salían dos cuernos alineados y amarillos. Toda su espina dorsal estaba cubierta por más cuernos que iban perdiendo tamaño hasta llegar a su afilada cola.

Tenía dos aletas grandes que estaban cubiertas de espesas escamas que protegían su piel como si fueran una armadura de metal, cada una de ellas tenían tres afilados huesos que parecían garras de acero. Su cuello brillaba de color morado cada vez que respiraba y sus ojos amarillos y relucientes estaban fijos en él. La boca se abrió y de su profundidad roja salió un gruñido de amenaza. Su cuerpo se enrollo de manera amenazante pero el ángel sólo sonrió con arrogancia.

El Leviatán gruñó de nuevo y de su piel escamosa comenzaron a brotar esferas blancas que se posicionaron alrededor de la serpiente como si la estuvieran cubriendo.

Adam señaló a su rival con la espada y las angelicales inscripciones volvieron a brillar con fulgor.

"Me sorprende que Merlín te haya usado, bestia." Pensó el ángel a sabiendas de que el Leviatán le entendía o... lo escuchaba. "Sobre todo porque él lo sabía. Hoy te mataré."

"Tanta arrogancia y poca acción. Te mereces una lección, chico." Le respondió la serpiente hablándole a través de la mente y sin mover ni un músculo. "Y la lección no es precisamente mía."

Adam no entendió lo último pero no se puso a pensar en ello, menos cuando vio que la bestia arremetía contra él. El castaño sonrió de nuevo y pequeñas burbujas descendieron de los orificios de su nariz.

Lanzó una estocada furiosa contra la superficie y su espada despidió una ráfaga de aire que formó un remolino en el centro del aquel océano y salió disparado en contra de la serpiente marina. Adam extendió sus alas y haciendo un movimiento con ellas, se impulsó hacia arriba para evitar que el Leviatán se estrellase contra él. El remolino de aire y agua envolvió a la bestia y la aturdió provocando que chocara contra la base rocosa del castillo, después, el mismo ataque explotó con el Leviatán bajo sus redes.

Antes de dejar que se recompusiera, Adam lanzó otra estocada intensa de su espada, está vez, un filo grueso partió el agua y voló en dirección a la criatura que se convulsionó frenéticamente por el dolor de la herida profunda que le había causado el filoso ataque.

Un chillido salió de su hocico afilado y Adam miró con triunfo la sangre que brotó de uno de sus costados. Su espada se desvaneció de su mano y sus ojos recobraron el color plateado que lo caracterizaba. Sintió ráfagas a sus costados y las bestias oscuras y sanguinarias que los habían estado asechando, salieron disparadas e imparables en contra de la sangre que se expandió con fuerza a su alrededor.

Adam masculló algo inteligible incluso para él, cuando una de las esferas pequeñas que había invocado el Leviatán choco contra su brazo y le paralizó la mano de inmediato. Extendió sus alas de nuevo y trató de ignorar el dolor que subía de su brazo.

Antes de impulsarse hacia la entrada donde se encontraban las escaleras que lo llevarían al interior del castillo, el ángel vio los ojos amarillos del Leviatán mirándolo con advertencia. Después, las bestias marinas envolvieron a la serpiente, haciéndola desaparecer de su campo de visión.

Y antes de cruzar la puerta metálica, Adam escuchó con claridad unas palabras que le removieron el pecho de manera dolorosa.

"Ella pagará tu arrogancia y altivez, ángel."

(*)_.::.)::.(::..::.)::.(::./ |*| \.::.)::.(::..::.)::.(::._(*)

*~*~*~*~*~*~*~*~*~*

En cuanto pudieron respirar y comenzaron a subir a toda prisa las escaleras, Hermione no tardó ni medio segundo en conjurar el hechizo brújula con la espada. Al instante, el brilló violeta salió disparado contra el suelo de mármol y la luz se extendió a lo largo del camino.

La castaña guardó su espada de nuevo e introdujo su varita en el bolsillo mientras miraba todo su alrededor.

Se detuvieron unos segundos y admiraron con sorpresa la longitud de las escaleras que los esperaban. Montones y montones de escaleras que ascendían hacía el primer piso. El pasillo que los conducía escaleras arriba era demasiado angosto y por ella sólo podía subir una persona. Comenzaron a moverse formando una fila y Hermione abría el camino. Los escalones tenían un grosor donde apenas cabía el pie de la castaña y eso les dificultaba el trayecto teniendo que aferrarse de las paredes para un mayor soporte al caminar.

Hermione tuvo que sacar su varita de nuevo y conjurar un lumos cuando sintió que la luz violeta que los guiaba ya no era suficiente. Temblaba de pies a cabeza y los deteriorados escalones que pisaba sólo la ponían más nerviosa. Tenían que pisar con cuidado ya que había rastros destrozados de los escalones, y guardaron mayor cautela cuando ésta comenzó a dar vueltas subiendo en forma de caracol.

Hermione se aferraba con fuerza a la varita mientras trataba de ver más allá de las escaleras con sigilo, como si esperara que algo les impidiera seguir su camino de un momento a otro. Harry estaba prácticamente pegado a ella y la aferraba de un hombro como si temiese que fuera a caer o se fuera a perder. Y aunque a Hermione le aliviaba sentir a alguien detrás de ella, el nerviosismo del pelinegro la ponía más alerta con cada paso que daban.

Después de unos segundos, los chicos llegaron a una división de escaleras, había dos caminos a seguir pero gracias al hechizo el camino violeta los condujo por el lado izquierdo. Para su sorpresa, hubo más de esas divisiones mientras seguían subiendo y cada vez aparecían más caminos, e iban tan deprisa que después de unos momentos quedaron completamente perdidos seguros de que si estuvieran solos no podrían regresar sin perderse.

La castaña agradeció al hechizo enormemente, sin él, lo más probable es que jamás hubieran llegado a la primera planta del castillo. En cuanto vieron que la luz se extinguía en el centro de una habitación enorme, no sólo suspiraron, si no que el pelinegro, los dos pelirrojos y Hermione se dejaron caer al piso con cansancio. Las piernas les dolían y todos estaban sudando como si hubiesen hecho ejercicio durante horas. Las respiraciones agitadas era lo único que se escuchaba a su alrededor y a penas se percataron de lo sombría que estaba esa habitación. Y mientras los cuatro amigos trataban de recuperar sus fuerzas, Draco se dedicó a estudiar su alrededor.

El rubio se limpió el sudor de la frente con la manga de su camiseta y miró el techo que estaba a más de diez metros sobre sus cabezas. Un enorme candelabro colgaba de él y parecía lo bastante valioso como para compararlo con una de las antigüedades de su propia mansión, incluso pensó que valía más. La habitación era redonda y tenía dos puertas enfrentadas a sus costados. Estaba cubierta de antorchas que rodeaban la estancia en penumbra pero nadie se atrevió a encender alguna. La enorme habitación estaba cubierta de cuadros que ya estaban envejecidos y maltratados –y Draco no supo identificar nada de lo que se plasmaba en ellos-, telarañas colgaban de todas partes dándole un toque tétrico y fantasmagórico que acobardaría a cualquiera.

Lo más tenebroso eran dos enormes estatuas en el centro de la estancia con forma de arpías, estaban ensombrecidas por la oscuridad de la habitación y sus ojos aunque oscuros eran hipnóticos. El rubio se le quedó mirando a una, sintiendo escalofríos terribles al ver sus enormes ojos negros que tenían una profundidad lúgubre y aterradora.

Sintió como alguien se acercaba a él pero no se volvió para ver quién era. Echó un vistazo a la espalda de la arpía que miraba, pero no vio nada por la oscuridad. Un hedor fétido le golpeó la nariz en cuanto se acercó más a la figura y se la tapó con una mano dando una arcada cuando sintió el asco envolverlo.

Levantó su otra mano con la varita fuertemente apretada y susurró un lumos para ver bien a la tenebrosa figura que estaba frente a él. Sintió más pasos cautelosos a su espalda pero en cuanto vio lo que tenía frente a sus ojos, nada de su alrededor le importó.

La horrorosa cara de la arpía lo miraba con los ojos brillantes, una enorme y espeluznante sonrisa cubierta de dientes podridos le sonreía con macabra diversión. Su cuerpo grisáceo subía y bajaba en clara muestra de que estaba respirando. Su cabello enmarañado y grueso sólo la hacía ver más desagradable de lo que ya era.

Soltó un grito desgarrador que lastimó los oídos del rubio impidiéndole reaccionar para defenderse cuando la criatura extendió sus alas de buitre y arremetió contra él clavándole las gruesas garras en el brazo. Draco soltó la varita dando un alarido de dolor y se retorció en el suelo mientras se apretaba el brazo con fuerza. Sintió algo líquido en la mano y su camiseta se llenó de sangre rápidamente.

Una luz amarilla brotó de alguna varita a su espalda y aunque no le dio a la arpía, ésta retrocedió asustada por el ataque.

Hermione se acercó a él de inmediato y ambos escucharon otro chillido ensordecedor proveniente de la otra criatura que también había alzado el vuelo. Los otros tres chicos se acercaron a ellos y se arremolinaron a su alrededor mientras levantaban las varitas tratando de ver a las criaturas que se perdían con movimientos feroces en el techo de la estancia.

- ¿Estás bien? – Le preguntó la castaña mientras ayudaba al rubio a sentarse. Draco hizo una genuina mueca de dolor y apretó su brazo con mayor fuerza.

- Es una arpía, Granger, y me acaba de enterrar sus malditas garras podridas en el brazo... ¿Sabes lo que eso significa? – Preguntó con una ironía muy brusca, Hermione no le prestó atención.

- Tenemos que desinfectarte la herida. – Murmuró con preocupación. Sus ropas aún goteaban agua salada y temía que la lesión del rubio se extendiera con mayor rapidez a causa de ella.

- No. Tenemos que salir de aquí. Cuando estemos a salvo me curas y cuidas todo lo que quieras. – Le dijo en un murmullo lo bastante débil como para escandalizar a la chica. Era bien sabido que el cuerpo de las arpías era tan sucio que sus garras infectaban a la victima dolorosamente, extendiendo la herida por su cuerpo como si fuera veneno.

- ¡Protego! – Gritó Harry para detener el ataque de una de las criaturas que estaba a punto de arremeter contra ellos. – Hermione, no podemos esperar a Adam, tenemos que irnos de aquí.

- Lo sé, lo sé... – Susurró confundida y sin saber qué hacer. Tenían dos puertas a seguir y obviamente el hechizo de orientación se había apagado en esa estancia por alguna razón. Sin perder la esperanza, Hermione volvió a susurrar el hechizo brújula mientras aferraba la espada frente a su cuerpo, pensó bien en la torre más alta del castillo pero la luz violeta se extinguió al momento de brotar de la espada. – Maldición... – Dijo despacio y se frotó el puente de la nariz con frustración.

Otros dos protegos brotaron de las varitas de sus amigos y Hermione supo que no podrían estar mucho más tiempo resistiendo de esa manera. Las arpías eran mágicas y no tardarían en hartarse de los ataques físicos.

- ¡Hermione! – Exclamó apurándola su pelirrojo amigo exaltado porque una de las arpías había empezado a chillar de manera frenética. Ginny cayó de rodillas y se tapó los oídos con fuerza mientras que el doloroso sonido los recorría a todos con fuerza.

Hermione levantó su varita y temblando de pies a cabeza susurró un silencius que acalló a la criatura rápidamente. Hermione vio a su amiga y observó como espesa sangre corría de sus oídos. Se limpió el sudor de la frente de nuevo y se incorporó levantando la varita en dirección al techo.

- ¡Salvio Hexia! – Exclamó la chica cuando la arpía que no estaba silenciada volaba hacia ellos de manera furiosa y de sus garras empezaba a brotar un humo oscuro y espeso. El hechizo creó una capa blanca frente a ellos y los protegió del posible veneno que la criatura había lanzado. Hermione se giró para mirar al rubio de nuevo y se obligó a pensar en un hechizo para deshacerse de las criaturas que golpeaban la barrera de manera rabiosa.

Ron ayudó a su hermana a incorporarse y Harry jaló el brazo que Draco no tenía lastimado y lo incorporó de manera brusca. Miró a la castaña y ella no necesitó que le dijera nada para entender que quería que corriera.

Hermione vio ambas puertas con desconfianza sin saber por dónde correr. Sin embargo, su hechizo se debilitó y una de las arpías arremetió contra ella golpeándole el rostro con una de sus huesudas y horripilantes alas de buitre.

- ¡Petrificus Totalus! – Exclamó Harry para proteger a su amiga de la criatura que estaba a punto de enterrarle sus sucias garras. La arpía dio un giro en el aire y se estrelló contra la pared sin dejar de convulsionarse. Harry se distrajo ante el asombro que le provoco ver como la criatura no sufría ningún tipo petrificación sino que se retorcía de dolor como si él hubiese invocado un Crucio.

- ¡Lacarnum Inflamarae! – Exclamó Ron a la espalda del pelinegro y pronto, la arpía se envolvió en llamas mientras seguía retorciéndose de dolor. El hedor fétido volvió a inundarles las fosas nasales de una manera que resultaba hasta cierto punto dolorosa. Hermione –sintiendo un chorro de sangre caer por su rostro- se incorporó rápidamente y apuntó con su varita a la otra arpía que se desgarraba la garganta tratando de chillar sin conseguirlo.

- ¡Petrificus Totalus! – Gritó y la criatura giró en el aire y se paralizó cayendo con brusquedad en el suelo. La arpía que se estaba consumiendo en llamas dejó escapar un último grito desgarrador y está vez, todos se taparon los oídos y cayeron al piso mientras un dolor punzante los recorría desde la cabeza hasta los pies.

Draco sentía que estaba a punto de desmayarse pero abrió los ojos sacando coraje de algún lugar recóndito de su interior y alzó la varita de la pelirroja que estaba tirada a un lado de él. Apuntó a la criatura que estaba en llamas pero su mano tembló.

- ¡Flipendo! – Murmuró con voz ahogada por el dolor. Un rayo rojo salió disparado de la varita que sostenía y dio de lleno en el cuerpo de la criatura que se estrelló contra la pared. Su cuerpo grisáceo dejó escapar unos cuantos espasmos de dolor y luego se quedó quieta.

Draco se dejó caer al suelo y todo comenzó a darle vueltas. El dolor del brazo se le había extendido por todo el torso y su cabeza pulsaba de manera frenética.

A unos metros de distancia, Harry se levantó mientras sentía que todo le daba vueltas y se acercó a su mejor amiga para ver si estaba bien. Estaba a punto de agacharse para incorporarla cuando vio un extraño humo que se expandía por sus costados. Se giró y se encontró de frente con la arpía que su amiga había petrificado. Su boca desprendía el extraño humo negro y el hedor horripilante le causó una arcada de asco. Se sintió mareado y cayó de rodillas tapándose la nariz y la boca con una mano. Ron gritó su nombre pero ya no era consciente de lo que pasaba a su alrededor.

De repente, cuando empezaba a pensar que se iba a desmayar, sintió un empujón fuerte que lo aventó al otro lado de la estancia y su brazo crujió bajo su cuerpo. Dejó soltar un alarido de dolor pero empezó a recuperar su consciencia mientras parpadeaba fuertemente, no pudo mover su brazo y comprobó con dolor que estaba roto. Se incorporó mientras recostaba la mitad de su cuerpo contra una columna de mármol que no había visto anteriormente y vio dos alas enormes y blancas que se colocaban protectoramente frente al cuerpo semiinconsciente de Hermione.

Kalyo levantó su espada y vio el brillo de temor que desprendieron los ojos negros de la arpía. El ángel sonrió y sus alas se desvanecieron en su espalda, dejando en su lugar su larga y gruesa capa blanca. Unas plumas blancas se quedaron suspendidas a su alrededor formando un remolino entorno a su cuerpo.

Su ropa goteaba agua y su húmedo cabello castaño se le adhería a la frente con un extraño encanto. Las plumas que lo rodeaban empezaron a girar como si fueran un tornado y los ojos plateados le cambiaron de color brillando de un intenso dorado. La arpía chilló de nuevo pero no lo hizo por mucho tiempo pues el castaño se lanzó hacia ella con rapidez y clavó su afilada espada en el torso desnudo de la criatura mitad bruja-mitad buitre. La espada se desvaneció después de habérsele enterrado en el cuerpo y Adam tomó su cráneo con una mano para lanzarla al otro lado de la habitación con una maestría alucinante y poderosa. La arpía chocó bruscamente contra la pared y sólo dio dos convulsiones antes de quedarse paralizada en el frío suelo de mármol mientras la sangre se expandía a su alrededor. El castaño ángel se limpió la sangre de su mano y la miró fríamente.

Se giró para arrodillarse junto a su protegida y le levantó el rostro con cuidado.

- ¿Estás bien? – Preguntó con recelo al ver la sangre que caía de una de sus cejas. Hermione abrió los ojos y parpadeó fuertemente.

- Si... aturdida solamente. – Respondió con la voz temblorosa. Se incorporó hasta quedar sentada y echó una ojeada a su alrededor. Ron ayudaba a su hermana a incorporarse y Draco estaba tendido en el piso con los ojos cerrados. Harry se arrastraba por la pared mientras se acercaba a ellos y la castaña sintió cierto dolor a ver su brazo acomodado a su costado en una extraña posición.

Kalyo se levantó y le tendió una mano a Hermione para que hiciera lo mismo. Aturdida, la castaña aceptó la mano y en cuanto se estabilizó, fue directo hacia el cuerpo del rubio para comprobar que estuviera bien.

Se arrodillo a su lado y le cerró la herida del brazo. La herida ya se había propagado y su brazo y hombro estaban cubiertos de un color morado oscuro. Draco abrió los ojos después de que Hermione susurrara un ennervate y miró a su alrededor confuso. Su rostro se contrajo en una mueca de dolor cuando trató de incorporarse pero aún así se levantó.

- ¿Estás bien? – Preguntó la castaña. El rubio asintió aturdido aunque la chica sabía que le dolía. – Por el momento la herida está bien. Te daré una poción para la infección cuando regresemos al campamento.

Draco asintió de nuevo. Hermione se giró hacia su mejor amigo que tenía el rostro pálido y apenas podía sostenerse en pie. Se acercó a él pero alguien la detuvo de un brazo. Adam se adelantó dos pasos y levantó la palma abierta de su mano para curarlo.

Harry apretó los dientes cuando el ángel le presionó el brazo roto con fuerza. Una luz dorada salió de su mano y el pelinegro dejó de sentir las punzadas en la herida. Aún así su cuerpo se sintió débil y aún podía apreciar las cosquillas arremeter contra sus extremidades.

- Gracias. – Susurró el pelinegro con dificultad. Adam asintió y una sonrisa prepotente apareció en su rostro.

- Si vemos las cosas con más profundidad, Potter... pues, yo te rompí el brazo. – Se burló cruzándose de brazos. Harry hizo una mueca pero negó con la cabeza restándole importancia al asunto. - ¿Están todos bien? – Preguntó girándose a ellos.

Ron y Ginny asintieron con la cabeza. La pelirroja tenía sangrados ambos oídos pero parecía bastante repuesta del ataque. El rubio se incorporó despacio y aunque hizo una mueca de dolor al apretarse el brazo de nueva cuenta, asintió con seguridad a la pregunta del ángel.

Hermione se acercó a Harry, pero Adam no necesitaba su respuesta. Lo sabía de antemano.

- Muy bien, tenemos que avanzar. – Dijo con voz trémula. Señaló la puerta que estaba a la derecha de la estancia –y la que estaba más alejada de ellos- y avanzó dos pasos. – Es esa puerta...

Kalyo.

El ángel se giró a verlos con brusquedad pero vio en sus rostros una incertidumbre que le podría haber causado risa. Sólo vio inseguridad en sus ojos y se giró de nuevo para abrir la puerta que los llevaría hasta la torre más alta del castillo.

Kalyo.

Esta vez no se giró, completamente seguro de quién era la voz.

- Vayan... la siguiente habitación sólo tiene dos escaleras... suban por la del lado izquierdo, no importa que tan peligrosas se vean. – Habló sin mirarlos. – Esas escaleras los conducirán directamente hacia la torre donde reposa la tumba de Arturo. – Aseguró con una voz sin sentimiento. Se giró un poco y los chicos, totalmente confundidos, vieron su perfil serio y sombrío. - Tengan cuidado.

- ¿Tú que harás? – Preguntó la castaña preocupada. Observó con horror como su guardián hacia aparecer su majestuosa espada de la palma de su mano y se volvió a mirarla. Hermione no pudo leer su expresión.

- Tengo algo que hacer. – Susurró apretando su plateada arma con la mano derecha.

- ¿Pero qué e-

- ¡He dicho que se vayan! – Exclamó con hastío. Hermione se sorprendió por su brusquedad y dio un respingo exaltada.

Harry tironeó de su brazo, incitándola a obedecer pero él mismo no pudo quitarle la vista de encima a ese ángel que le representaba un misterio. Pasaron junto a él y aunque Hermione se resistió al principio, finalmente se dejó arrastrar por su amigo para cruzar la puerta que los llevaría escaleras arriba.

Draco los siguió con cautela y los pelirrojos pasaron al lado del castaño sin mirarlo.

Adam vio la oscuridad que envolvía aquella habitación y pronto, cuando escuchó la puerta cerrarse tras su espalda, unas esferas púrpuras y brillantes comenzaron a formar un cuerpo frente a sus ojos. Ladeó su cuerpo y los símbolos de su cuello, brazos y rostro empezaron a brillar con aquel fulgor dorado característico.

Se retiró el cabello de la frente y levantando la espada frente a su cuerpo, el ángel sonrió con un brillo especial en sus orbes dorados, esperando con tranquilidad que ese mago poderoso y místico, al que alguna vez le había mostrado respeto, terminara de materializarse frente a sus ojos.

(*)_.::.)::.(::..::.)::.(::./ |*| \.::.)::.(::..::.)::.(::._(*)

*~*~*~*~*~*~*~*~*~*

Hermione adelantó a Harry y se soltó de su agarre tratando de deshacerse de esa opresión en el pecho que le decía que estaban en peligro. Se resbaló varias veces al tratar de subir lo más rápido que sus piernas se lo permitían y los escalones deteriorados e informes no le ayudaban mucho en la situación. Hermione trató de retener las lágrimas que la golpearon de repente, se aferró a la pared mientras su respiración comenzaba a ser irregular y Harry la detuvo justo cuando ella estaba por pisar un escalón totalmente destruido.

El chico la giró a su cuerpo y, aunque estaban en una posición bastante incómoda y apretada, se colocó en el mismo escalón que ella y la abrazó. Hermione se aferró a su pecho pero contuvo las lágrimas que quería derramar gracias a una muy inexplicable tristeza que la envolvía.

- Él va a estar bien, Hermione... – Susurró. Y aunque ella no estaba muy segura, la voz de su amigo sonó extrañamente contenida. Hermione suspiró profundamente y asintió.

- Apártense del camino, tortolitos, no es hora de empezar con sus cursilerías. – Siseó la voz de Draco a sus espaldas con evidente enfado.

Ellos se separaron y Hermione se puso de puntitas para darle un breve beso en la mejilla a su amigo. Draco soltó un gruñido de irritación.

La castaña se dio media vuelta para emprender de nuevo su camino al ver que sus pelirrojos amigos los alcanzaban y empezó a ascender de nuevo las escaleras de caracol.

Después de varios minutos y teniendo las piernas completamente adoloridas, los cinco chicos cruzaron el marco metálico de una puerta enorme topándose de frente con una habitación completamente diferente a lo que se hubieran imaginado tendría ese castillo.

Como les había dicho Adam, ahora que estaban en el interior de aquel monumento podían apreciar su belleza con mayor detalle. El autentico palacio de cristal se les mostraba frente a sus ojos con un aura mística y magnificente.

La estancia era alta y tenía dos escaleras ascendentes a los costados que se perdían más arriba de lo que podían mirar. El suelo bajo sus pies era de un material marmóreo y blanquecino. Había un par de macetas que contenían una flor exótica de color púrpura al inicio de cada escalera. Lo alucinante de todo... era que los escalones, las paredes, las macetas, los cuadros que colgaban de las paredes, parte del suelo e incluso el gigantesco candelabro que colgaba de sus cabezas estaban hechos de cristal. Transparentando su belleza con fulgor y hermosura.

Había un ventanal enorme en la pared que quedaba atrapado entre las escaleras y a través de éste se apreciaban las olas del océano verdoso, en el horizonte el bosque frondoso y tétrico que se escondía detrás de la playa se alzaba con una elegancia y encanto aterrador.

Lo único que difería de la alucinante visión, eran dos estatuas con forma de minotauros que guarecían los costados de la escalera ubicada del lado izquierdo, la que se veía deteriorada e insegura con demasía.

- No importa que tan peligrosas se vean... – Rezó la castaña lo que su guardián les había recalcado. - ¿Creen que los minotauros nos ataquen? – Preguntó atemorizada. Aunque ya sabía la respuesta.

Las monstruosidades mitad humanas-mitad toros tenían un tamaño sorprendentemente alto. Dos metros y medio, calcularon. Eran increíblemente musculosos y cada uno tenía un hacha enorme y mortal. Además de sus cuernos, de gran longitud y con una inclinación amenazante.

Hermione tragó saliva y supo que no había sido la única en hacerlo.

- Creí que los centauros vivían en los laberintos... – Susurró Ginny apretando su espada fuertemente.

- Hasta hace unos días yo pensaba que este mundo no existía... – Respondió su hermano. Todos le dieron la razón inmediata a la veracidad de sus palabras.

- Bueno... ¿Qué hacemos? Estamos perdiendo tiempo. – Señaló la pelirroja con voz temblorosa tras haber pasado uno segundos en silencio.

Harry se acercó a las escaleras.

- Tendremos que luchar contra ellos... – Respondió el pelinegro y levantó su espada enfrente de su cuerpo. – Y está vez no tenemos a ese maldito ángel arrogante para salvarnos.

- Por una vez estoy de acuerdo contigo, Potter. – Respondió el rubio poniéndose a su lado y levantando la varita apuntando a las bestias que seguían quietas frente a ellos.

Hermione suspiró fuertemente y se acercó a los dos chicos con la espada alzada. Los pelirrojos se acercaron al instante.

- Los minotauros son fuertes y letales... y aunque parezcan de complexión lenta, son extremadamente rápidos. – Advirtió la castaña. – Además... son carnívoros.

Sintieron un escalofrío de terror al oír aquello último y estaban seguros que esa información hubiese sido mejor no saberla.

Harry tragó saliva y fue el primero en acercarse. Casi al instante, las dos monstruosidades levantaron los parpados, dejando ver sus ojos sin vida, blancos y profundos. Inyectados de sangre y furia. Levantaron las hachas al mismo tiempo al ver a los intrusos y contra todo pronóstico, arremetieron contra la escalera.

Los primeros tres escalones explotaron al instante produciendo un sonido largo y profundo. Los minotauros levantaron las armas de nuevo pero los chicos, a excepción de Harry, lanzaron el primer ataque para detener la destrucción de las escaleras.

- ¡Impedimenta!

- ¡Confrigo!

- ¡Everte Statum!

- ¡Expelliarmus!

En una serie de explosiones y luces de todos colores, y logrando que los minotauros centraran su atención sobre ellos, los chicos se prepararon para el siguiente ataque.

Harry se lanzó hacia un lado cuando una de las bestias arremetió contra su cuerpo, quedando a escasos centímetros de enterrarle sus mortales cuernos.

El chico respiró profundamente sintiendo un dolor intenso en el brazo que anteriormente había estado roto, pero se levantó rápidamente para lanzar un hechizo. Antes de siquiera pensarlo, sintió un temblor bajo sus pies y todo a su alrededor se meció frenéticamente.

A unos metros de distancia, Hermione se quedó igual de paralizada por el temblor que estaba llenando la habitación con una furia inexplicable. Siguió escuchando hechizos volar de un lado a otro. Perdiendo la concentración por un momento, la castaña vio con sorpresa como los cuadros comenzaban a caer de su posición, haciéndose añicos al tocar el suelo. Vio que las escaleras crujían peligrosamente y supo que explotarían en cualquier momento. Se giró buscando a su amigo con una opresión en el pecho y lo vio a unos metros de distancia, incorporándose de una caída.

- ¡Harry tene-

- ¡¡Hermione!! – Gritó el pelinegro con horror.

La chica sintió como un rayo la golpeaba. Salió volando hasta caer de bruces contra el suelo de mármol y aturdida se giró para ver con pánico como en el lugar en que ella había estado el candelabro gigante que estaba a sus cabezas había chocado contra el suelo haciéndose pedazos al instante. Hermione se tapó el rostro con ambas manos para protegerse de los restos de cristal que habían explotado por todos lados. Sintió a alguien arrodillarse a su lado y vio los ojos preocupados de Ginny frente a su rostro.

- Hermione ¿Estás bien? ¡Lo siento! ¡No sabía que más hacer... estabas a punto de ser aplastada y lo único que se me ocurrió fue lanzarte un Expelliarmus...! ¡Lo siento tanto! – Murmuró acongojada y la ayudó a incorporarse.

- No te preocupes... gracias, Ginny. – Dijo aún aturdida por el hechizo. Harry se acercó a ellas y vio a penas de reojo como Ron y Draco seguían lanzando hechizos contra las bestias. El temblor había cesado pero para Hermione todo seguía dando vueltas.

- ¿Están bien? – Preguntó Harry, ambas chicas asintieron.

- ¿Qué fue eso? - Preguntó la pelirroja en un susurro. – El temblor. – Recalcó.

- No lo sé... pero tenemos que irnos. Las escaleras no van a resistir mucho. – Respondió la castaña recordando el crujido que había escuchado. - ¡Draco! – Exclamó con horror cuando uno de los minutaros lo atacó con su majestuosa hacha, el rubio apenas detuvo el golpe con su espada y su varita se le cayó de las manos. Hermione levantó la suya cuando vio la mueca de dolor que surcó el rostro pálido del rubio. - ¡Expelliarmus!

El rayo rojo salió despedido contra la criatura pero ésta apenas retrocedió unos cuantos pasos. Draco recuperó el equilibrio y recogió su varita del suelo.

- ¡Depulso! – Exclamó el rubio y el hechizo golpeó al minotauro lanzándolo hacia el suelo.

- ¡Chicos corran! – Les gritó Hermione. Ron aturdió a la bestia con la que estaba combatiendo y acató la orden corriendo en dirección a sus amigos. Draco se limpió el sudor de la frente y siguió al pelirrojo.

Harry, Hermione y Ginny comenzaron a subir las escaleras y se detuvieron a tiempo para ver como una de las hachas se estrellaba contra un costado de la escalera. Sintieron un nuevo temblor y otro hachazo arremetió contra los escalones de cristal haciéndolos crujir peligrosamente. El suelo se cuarteó y la cortada subió a lo largo de las escaleras.

Ron se detuvo y se giró con la espada en una mano y la varita en la otra.

- ¡Sigan, yo los detengo! – Gritó el pelirrojo. El pelinegro se detuvo y lo miró negando con la cabeza.

- ¡No, Ron!

- ¡Harry no dejarán que nos marchemos, van a destruir la escalera antes de que lleguemos al siguiente piso! – Exclamó su amigo. - ¿No lo entiendes? ¡Por alguna extraña razón la escalera que está del lado derecho está intacta! ¡Quieren que huyamos por aquel lado... y no podemos hacerlo, por supuesto! – Dijo con un tono demasiado convincente. Harry tragó saliva y se giró de nuevo. - ¡Eres el único que puede sacar la espada, Harry! Si no lo haces tú... nadie de nosotros podrá hacerlo. – Susurró eso último. Los minotauros empezaron a correr en dirección a ellos dejando escapar alaridos de furia. Ron tragó saliva pero se mantuvo firme en su posición.

Alguien se situó a su lado.

- No voy a dejar que una comadreja sea más valiente que yo, Weasley. – Siseó la voz del rubio a su costado y él también levantó la varita.

- Eres de Slyterhin, hurón, no tienes que demostrar valentía... – Razonó el pelirrojo.

- Sigo teniendo orgullo, comadreja. – Respondió Draco zanjando el tema.

Ambos sonrieron.

- ¡Bombarda máxima! – Gritaron ambos con una sincronización impresionante. Una explosión se escuchó a su alrededor y ambas escaleras empezaron a explotar poco a poco. El suelo se cuarteó de nuevo y ambas bestias cayeron al suelo gracias a otro temblor que no había sido causado por la explosión.

OoOoO

Harry jaló a Hermione y a Ginny, y las condujo escaleras arriba. La pelirroja se resistía a dejar a su hermano pero el pelinegro no la soltó y apretó su brazo hasta que él mismo pensó que la estaba lastimando.

Sintieron como los escalones empezaban a quebrarse detrás de ellos y aceleraron el paso hasta perder de vista la habitación en la que habían estado anteriormente.

- ¡No se detengan! – Gritó al momento de ver una enorme puerta de cristal frente a ellos. Harry levantó su varita. - ¡Bombarda! – El cristal se rompió al instante y tapándose los ojos, los tres chicos se aventaron dentro de la siguiente habitación al momento que las escaleras a sus espaldas explotaban desapareciendo por completo. Ninguno de ellos se preocupó de cómo regresarían.

Se levantaron rápidamente y vieron con asombro el pasillo de una longitud impresionante frente a sus ojos y que estaba tenuemente iluminado por una serie de antorchas que reposaban a ambos lados del mismo. Al final había una puerta de madera que estaba abierta de un lado y que desprendía una iluminación más brillante que la que ofrecía aquel corredor.

Comenzaron a caminar con cautela hasta que Harry se detuvo al escuchar un alarido de dolor a su lado. Se giró hacia su mejor amiga con urgencia y vio como se retorcía en el suelo mientras una especie de liana se enredaba en las piernas de la castaña.

El pelinegro no perdió tiempo y levantó la varita enseguida.

- ¡Reducto! – Exclamó. Hermione se desprendió rápidamente de la enredadera que la había querido atrapar y se levantó con apremio.

- ¿Qué es eso? – Preguntó la pelirroja mientras levantaba su varita y daba vueltas mirando a su alrededor. Docenas de enredaderas verdes y de diferentes tamaños prorrumpieron desde el suelo, haciendo hoyos en el cristal marmóreo del piso. Se extendieron a sus lados con fiereza y los tres chicos levantaron las varitas con terror.

- ¡Harry, la puerta! – Exclamó la castaña acongojada. La gran entrada de madera empezó a cerrarse produciendo un chirrido terrorífico.

Harry lanzó varios reductos y comenzó a correr hacia la puerta tratando de alcanzarla.

Escuchó un golpe seco a su espalda y se giró de inmediato. Hermione había sido apresada de nuevo por una liana y se retorcía tratando de sacar la espada de su vaina.

Ginny se acercó a ella con urgencia y la liberó. Varias enredaderas comenzaron a llenar el suelo y pronto, Harry se vio separado de sus amigas por una pared de raíces terroríficas.

- ¡Harry, corre, la puerta! – Gritó Hermione con apremio. Harry levantó la espada y comenzó a golpear la enredadera que le impedía el paso para llegar hasta sus amigas. – ¡No, Harry, no!

- ¡Harry, corre! – Repitió la pelirroja y lanzó una serie de reductos que apenas retorcían a las feroces plantas.

- ¡No! – Exclamó con porfía el pelinegro. Lanzó una estocada contra una enredadera que estaba a punto de golpearlo pero esta le alcanzó a dar de lleno en el pecho. El pelinegro salió disparado hacia atrás y respiró entrecortadamente sintiendo un dolor agudo recorrer su hombro.

- ¡La puerta, Harry! – Urgió la pelirroja de nuevo y una raíz le rodeó el pie y la hizo caer de rodillas en el suelo. La chica dejó escapar una exclamación de sorpresa pero se recompuso y echando para atrás el cuerpo apuntó su varita por entre la barrera de plantas que formaban una pared entre ellas y el pelinegro. - ¡Expelliarmus!

El hechizo le dio a Harry en el pecho y el chico salió disparado para atrás. Un nuevo dolor le invadió el hombro pero levantó el cuerpo viendo intensamente los ojos cafés de su pelirroja amiga.

- ¡CORRE! – Exclamó la castaña que llegaba al lado de Ginny y la liberaba de la raíz que la apresaba. - ¡Eres el único que puede sacar la espada de ahí! ¡Estaremos bien, Harry, vete! Por favor... – Susurró.

El pelinegro se incorporó apretando su hombro con una mano y asintió con la cabeza, se giró y echó a correr hacia la enorme puerta que estaba por cerrarse. La cruzó apenas con tiempo y no volvió a girar su cabeza para ver los rostros preocupados de sus amigas a su espalda.

OoOoO

- ¡Ginny, cuidado! – Exclamó Hermione mientras veía desaparecer a su amigo tras la puerta de madera. Levantó la varita con la mano pero una nueva raíz la detuvo rodeándole el brazo con fuerza. Esta vez la liana estaba llena de filosas espinas que se enterraron en su carne haciéndola sangrar de inmediato. Hermione se dejó caer al piso de nuevo y un grito desgarrador brotó de su garganta. La varita se le resbaló de la mano y más raíces la envolvieron con rapidez.

La pelirroja no pudo ayudar a su amiga pues ella misma se vio envuelta en esa planta que la apresaba con fuerza. La chica se quedó imposibilitada en el suelo mientras sentía que el apretón la dejaba sin respiración. Una liana se envolvió alrededor de su boca y acalló los alaridos de dolor que tanto necesitaba emitir.

Antes de caer en una completa oscuridad, Ginny vio con horror como la planta que envolvía a su amiga la arrastraba por el piso hasta hacerla desaparecer por un enorme hoyo que se había hecho en pared.

Escuchó un alarido de dolor de la castaña, sintió un nuevo temblor en el piso y después...

... se desmayó.

(*)_.::.)::.(::..::.)::.(::./ |*| \.::.)::.(::..::.)::.(::._(*)

*~*~*~*~*~*~*~*~*~*

OoOoO

Recomendación Musical: Final Fantasy X "Hymn of the Fayth"

OoOoO

Harry cruzó la puerta para encontrarse de frente con una pequeña habitación que igual que la planta más baja era de cristal. Lo único que tenía de adorno era un sarcófago en forma de rey que estaba hecho de una especie de roca brillosa y que se plantaba en el centro con una elegancia puramente hermosa. No necesitó confirmación para saber que había llegado hasta la tumba del legendario rey Arturo.

Se acercó con cautela, levantando la espada mientras esperaba encontrarse con algún otro obstáculo que lo tratara de detener.

Subió unos escalones hasta llegar al sarcófago y bajó la espada un poco más seguro cuando no percibió ninguna presencia extraña. Desde el techo -que se extendía a más de veinte metros de su cabeza- una luz brillante y amarilla bajaba para envolver con infinita armonía el ataúd de Arturo.

Levantó ambas manos dejando su espada recargada a un lado y empujó la tapa con fuerza aunque el hombro estuviera pulsándole de dolor. Apenas y lo movió unos centímetros cuando una voz a su espalda le contrajo el corazón del susto.

- Harry Potter. Bienvenido. – Susurró una voz melodiosa. Harry se giró levantando la varita y encarando a la doncella que protegía aquel recinto. La observó con la respiración agitada y por un momento se sintió hipnotizado por su belleza.

Era completamente hermosa, parecía una ninfa. Tenía el cabello negro como la noche, largo hasta la cintura, y sus ojos eran grandes de color azul profundo y brillante. Sus labios eran gruesos y perfectos, tenía la piel blanca pálida y lisa, y su nariz estaba respingada y pequeña. Su vestido era azul y antiguo y resaltaba su figura esbelta y delgada. A Harry se le cortó la respiración.

Y a pesar de saber que posiblemente tuviera más de mil años de existencia, aquella mujer parecía joven y fresca. Viviana esbozó una sonrisa encantadora al ver el atontamiento de su acompañante y dio un paso cauteloso hacía él.

Levantó una mano y una luz plateada brotó de su palma extendida. Harry salió de su aturdimiento y levantó la varita para realizar un protego.

- Tranquilo, pequeño. No te haré daño. – Susurró con esa voz extremadamente armoniosa y suave. Harry sintió un movimiento a su espalda y se giró para ver como la tapa del sarcófago se elevaba en el aire para después descansar en el piso marmóreo.

- ¿Q-qué h-haces? – Preguntó con dificultad. - ¿N-no piensas d-detenerme?

- Si no eres el elegido, Harry Potter, entonces yo me veré en la necesidad de detenerte. – Murmuró suavemente. Flotó hasta llegar a un lado de Harry y el pelinegro retrocedió hasta chocar con el ataúd. Viviana sonrió dulcemente. – Toca la espada, pequeño. Después, veremos si no tengo que deshacerme de alguien tan encantador. – Le susurró de nuevo y esta vez, escalofríos de terror recorrieron la espina dorsal del ojiverde.

Harry suspiró fuertemente y cauteloso, se giró hacia el sarcófago. Dentro de él había un cadáver que ya estaba consumido por un color oscuro, sus ropas reales aun estaban completas y aunque estaban un poco sucias, éstas desprendían toda la elegancia que en su época le era tan reconocida. En el cráneo oscuro reposaba una corona de oro brillante con inscripciones y diamantes de diferentes grosores. El chico reprimió el asco que viajo por su garganta y miró detenidamente la espada que reposaba entre las manos del cadáver.

Era de longitud admirable, incluso más larga que la suya. Era de doble filo y de hoja plateada. Su mango tenía inscripciones en latín que llegaban hasta la parte baja de la hoja y se hundían en el metal reluciente. El mango tenía un diseño exquisito de la combinación de colores como el dorado y el negro. Tenía grabaciones y símbolos que no pudo reconocer pero eran extremadamente hermosas.

Era alucinante y el pelinegro sentía la fuerza mágica que desprendía en el aire. Se sintió hipnotizado por el hallazgo tan impresionante, olvidándose del mundo por completo.

- La Excalibur elegirá al unificador del mundo. Levántala y confírmanos a ambos la verdad. – Le dijo la mujer con voz melodiosa sacándolo de su ensimismamiento.

Harry tragó saliva pero sacando todo el coraje y valentía que representaba a un miembro de Gryffindor, tocó la espada y la levantó.

Una luz dorada inundó la estancia y lo cegó completamente.

Un ardor le recorrió la mano y subió hasta instalarse en su cabeza.

La elección había sido hecha.

OoO

OoOoO

OoOoOoOoO

OoOoOoOoOoOoO

OoOoOoOoOoOoOoOoO

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOo

*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*



¡Hola, chicas/os!

¿Cómo están? Espero que estupendamente.

Bueno, aquí traigo otro capítulo más de esta historia. Dos semanas han pasado y se me hace un tiempo justo. Lo siento, gente, pero no puedo prometer menos tiempo, no doy para tanto. XD.

Este capítulo me ha salido más largo de lo que esperaba. Al principio aquí iba a incluir la pelea de Draco y Ron contra los minotauros... además iba a explicar el encuentro de Adam. Pero como ven... ya era demasiado extenso y tuve que cortarlo.

Los pelirrojos por fin han mostrado su habilidad y aunque he cortado un poco a Ginny, pues también ha hecho su parte. Draco se mostró orgulloso y se quedó al lado de Ron para pelear contra las bestias mitológicas.

Bueno, aquí pasan cosas muy interesantes, me he roto la cabeza para hacer una acción sana. Ya ven que no hubo tanta sangre. Es que me la estoy guardando para cuando lleguemos a la guerra contra los demonios... ahh. Jaja.

Bueno, como se darán cuenta, el próximo capítulo va a ser interesante. Veremos si Harry es o no el elegido y además sabremos a dónde rayos se llevaron a Hermione. Ah, si, por cierto, no me maten por como lo he dejado.

Y para aquellos que saben algo de la leyenda artúrica, sabrán que la Dama del Lago tiene diferentes nombres. Yo he escogido el de Viviana porque me gusta. Estaba por ponerle Nimue pero me arrepentí.

El próximo capítulo se llama "Héroe". Y he escogido el título por distintas razones. Además debo dar unas buenas y malas noticias. Bueno, estoy a punto de regresar a la escuela en mi país originario. Después de seis meses, casi siete, que estuve fuera, por fin regreso a las responsabilidades académicas. Mi tiempo se irá cortando más y más, pero nunca voy a abandonar la historia. Lo prometo. Cada dos semanas si se puede, me verán subiendo un nuevo capítulo. Las buenas noticias son que mi computadora se va a ir sin mí la próxima semana y pues ahorita mismo me pongo en manos a la obra para terminar el siguiente capítulo y poder subirlo el sábado e incluso el viernes si me es posible. Menos de una semana, como la ven, es sólo porque no quiero que pase como un mes y yo sin muestras de estar viva. XD. Esas son las buenas noticias.

Bueno, no me alargo más porque de por si esto sobrepaso las 25 hojas.

Muchas gracias a todas las personas que me comentan y que me siguen con fidelidad. Se los agradezco de corazón y saben que este fic no sería nada sin ustedes. Gracias chicas/os, los/as adoro.

Muchos saludos, y un beso...

Su amiga:

DarkGranger.