Por Siempre Juntos
Angie de Du Pollet
Bueno chicas, yo sé que las hice esperar casi un mes sino es que más pero los exámenes me secuestraron durante todo este tiempo y para colmo el miércoles que pensaba actualizar me esguince el pie izquierdo, me pasé toda la mañana en la cruz roja, después con el doctor y tratando de conseguir mulas... puff! una semana difícil.
El cap no es muy largo y espero que les guste... supongo que le final les robará una sonrisa o por lo menos las inquietara así que sii pueden después de leer el cap me gustaría que votaran en mi perfil...
Por cierto quiero dedicar este cap a dos personitas: Gabii Manchado y a juliana () Chicas, se lo ganaron... :) y en general y a todas usd DISCULPEN MI RETRASO.
Ah! por cierto! Mmmm... ya empezaron los juegos panamericanooooooos! jejeje... a que México gana XD! jajaja bueno, que gane el mejor... ya las dejo leer felices.
Capitulo 25
Durante varios meses había tratado de imaginar cómo sería despertar al lado de Edward sin nada más que una delicada sábana cubriendo sus cuerpos, había tratado de suponer lo que en ese momento pudiera sentir y sólo el miedo era lo que siempre pensaba que apreciaría en aquel momento, había soñado con sentir esos brazos rodeándola al despertar y sin embargo nada de lo que pudo haber visualizado se asemejaba con lo que en su interior sentía.
Suspiró entre preocupada y nostálgica, pero no porque se arrepintiera sino porque había pensado que este momento nunca llegaría, pero ahí estaba ella; entre esos suaves brazos que le impedían huir y embriagada de la delicada fragancia que el cuerpo de un Edward aun dormido emanaba.
Y suspiró de nuevo preparándose a conciliar el sueño otra vez.
—¿Cómo amaneciste? —se escuchó a Edward preguntarle suavemente al sentirla acurrucarse en él.
Pensó que él seguía dormido pero sí ella le hubiese podido explicar cómo había amanecido exactamente quizá Edward la tomaría por loca y exagerada y aunque sabía que él no se lo diría prefirió darle una sincera y corta respuesta.
—A tu lado y, eso, es suficiente para mí—confesó en un susurro esbozando una sonrisa tras girar entre sus brazos para poderlo ver a la cara.
Edward respondió con otra sonrisa quedando en silencio; la admiró por un rato más. Recordando cada detalle que podía y acariciando la desnuda piel de Bella que ni las blancas sabanas o los pétalos de rosa ocultaban.
—Me gusta estar así—soltó simplemente Bella cerrando nuevamente sus ojos envolviéndose en la tranquilidad que estar así le ocasionaba.
—Ya lo creo…—concordó con ella.
Bella simplemente lo miró y sin más palabras se acercó un poco olvidando su desnudez para alcanzar el rostro de Edward y regalarle un beso en los labios.
—¿Me quieres? —le cuestionó infantilmente tras despegar sus labios.
—Más que a mi propia vida—respondió él acariciando su rostro—, Bella… quiero preguntarte si… anoche… bueno, ¿estás bien? —preguntó tímido.
Fue inevitable que ella entendiera a lo que se refería y como respuesta simplemente se escondió en el cuello de Edward para después comenzar a regalare besos traviesos que lo hicieron estremecer.
—Perfecta —suspiró con un tono de acongojada felicidad—, me has hecho sentir la mujer más afortunada del mundo y lo de anoche… bueno…—se sonrojó—, estuvo…b-bien—contestó entre penosa y divertida con una peculiar sonrisa.
—¿Te da pena decir que hiciste el amor con tu esposo? —preguntó curioso Edward al notar la expresión de Bella.
—N-no es eso… pero… ¡No me mires así Edward que me pones más nerviosa! —se quejó divertida al ver la insistente y profunda mirada esmeralda.
—Me gusta ponerte nerviosa—le besó fugazmente de nuevo.
Y sí, sinceramente se sentía algo cohibida al mencionar aquel asuntito pero sólo mencionarlo ya que la idea y el acto, honestamente, le parecía una experiencia maravillosa. Se rió por debajo ante sus pensamientos dejando un poco extrañado a Edward pera tan pronto como él le exigió una respuesta con esa penetradora mirada suya los nervios se apoderaron nuevamente de ella.
—Sabes… creo que me puedo acostumbrar a despertar todos los día así a tu lado—sugirió seductoramente acomodando los rebeldes mechones que escapaban del cabello de Bella.
—¿Enserio?—cuestionó sugestiva—, porque yo no necesito acostumbrarme—le respondió con un tono puerilmente seductor.
Una sonrisa se fue formando en los labios de Edward tan pronto escuchó las palabras de Bella, se pegó un poco más a ella para luego girarse y volver a sentir su cuerpo sobre el suyo; un ligero calor insistía en apoderar de él como la noche pasada; pero quizá lo más vergonzoso sería que Bella pudiera darse cuenta de su reciente situación y pensara que no podría controlarse…
¿Y cómo no pensarlo si después de su primera entrega, y tras un momento de calma, se volvieron a demostrar su amor casi incontables veces?
—¿Qué pasa? —preguntó extrañada al sentirlo tensarse.
—No… no es nada—contestó mientras le acariciaba el rostro—; sólo que te sienta bien la luna de miel.
—Igual que a ti—le regresó con una sonrisa atreviéndose a besarlo con un poco más que inocencia.
Edward cerró los ojos disfrutando esa inocente iniciativa que Bella había tenido; correspondió aquel beso que asemejaba mucho a los de la noche previa y que, poco a poco, los fue llevando de nuevo a querer probar un poco más del otro. Prontamente él posó una de sus manos en esa estrecha cintura que lo volvía loco y la otra en el rostro de Bella para estrechar aún más su cercanía haciéndole saber a Bella que necesitaba de ella. Una risita sorprendida escapó de los labios de Bella al notar el estado de Edward y no pudo hacer más que sonrojarse ya que ella estaba igual, sino es que más, ansiosa que él y la idea de volver a amarse por la mañana no le parecía tan mala hasta que…
—¡Mami! ¡Papi! —escucharon los gritos de un entusiasmado Anthony a lo lejos y que, sin duda, se acercaba cada vez más.
Se separaron abruptamente y trataron de recobrar la postura y ocultar sus intenciones matutinas; pero en tiempo no les favoreció y su pequeño hijo entró a la habitación antes de que ellos pudieran recuperar alguna de sus prendas perdidas.
—¿Le pusiste segu…
—¡Despierteeeeen! —interrumpió Anthony entrando efusivamente a la habitación con una gran sonrisa que se borró al notar el desorden de la habitación—, ¿qué pasó? —preguntó sorprendido.
—Le dije que no los desperta… ¡Oh wow! —exclamó Jasper al darse cuenta de la situación.
—Jazz… —hablaron al unisonido una sonrojada Bella y un apenado Edward.
—Eh… emm… Tony, vamos a ver la televisión—sentenció cargándolo para salir lo más rápido posible con un confundido pequeño en brazos.
—¿Crees que haya visto algo? —preguntó preocupada Bella.
—No creo, además no estábamos haciendo nada —intentó tranquilizarla—, y por lo del desastre le podemos decir que… ¿jugamos a la guerra? —sugirió medio nervioso medio divertido.
—Te quedó muy rico el desayuno Jazz—alagó Bella al terminar de comer el omelette de quesó y champiñones.
—Muchas gracias—contestó algo incomodado—, por cierto… no quise entrar así—se disculpó.
Edward y Bella se miraron cómplices antes de que una sonrisa nerviosa se apoderara de ellos.
—Para la próxima prometo ponerle el seguro—habló con tono relajado Edward.
—Si bueno, más que por mí háganlo por Tony si es que no lo quieren dejar traumado—les recomendó.
—¿Mami, ya podemos ir a nada? —preguntó entusiasmado Anthony al regresar de su habitación con su peluche en mano—, Eddi quiere conocer el mar—pidió interrumpiendo la plática.
—Ahorita no amor, tenemos que esperar un rato porque acabamos de desayunar—le recordó cariñosamente —, pero ven, te quiero abrazar.
Y así estuvieron cerca de una hora hablando un poco de aquello y otro poco de nada, Jasper les avisó que se iría cerca de las doce y que ya no les vería porque su vuelo de regreso a Estados Unidos era en la madrugada.
—¿Tony, le regresaste su juguete a tu tío Emmett? —preguntó curioso Edward desentonando en la plática.
El pequeño lo meditó un poco y tras hacer memoria negó en silencio para después deshacer el agarre de su madre e ir corriendo hacia el cuarto donde estaba una pequeña mochila que le llevaba. Regresó con el mismo frenesí con el que se fue y le entregó una tarjeta de plástico a Edward.
—¿Es una tarjeta del banco? —preguntó extrañada Bella.
—¿Robaste la tarjeta de crédito de tu hermano? —sugirió sorprendido Jasper al recordar que Emmett no la encontraba.
—Sí es una tarjeta pero no se la robamos… digamos que la tomamos prestada para cubrir un par de gastos —contestó tranquilamente—, además el tiene la culpa por dejar sus cosas regadas por donde quiera.
—¿Qué ejemplo le estás dando al niño? —le recriminó Bella.
Edward simplemente rodó los ojos divertido y siguiendo con la despedida de Jasper le pidió que le entregara el plástico a Emmett recalcando la parte del agradecimiento,.
—¿Y por qué tantas gracias? —insistió curioso Jasper.
—No te puedo decir porque es una sorpresa y deben de atar los cabos sueltos… —se hizo el misterioso.
Tras la despedida de Jasper los tres se dispusieron a seguir disfrutando de los días que le restaban en aquella isla. Disfrutaron de la clara agua del mar, del cálido sol que intentaba broncear su blanca piel y de la suave brisa que los relajaba. El día se les fue entre juegos y para eso de las siete de la tarde Anthony estaba más que muerto.
—Lo voy a llevar a su recamara—anunció Edward cargándolo.
—De acuerdo…—suspiró también cansada—, ¿quieres ver una película? —le preguntó.
—Sí… pon la que quieras—contestó con una sonrisa antes de desaparecer de su vista.
Bella tomó una de las películas que estaban en la inmensa colección, se decidió por una de acción ya que no quería caer dormida tan temprano y aunque cuando Edward regresó ella se encontraba ocupada preparando unas palomitas de maíz él decidió interrumpir su actividad tras abrazarla por la espalda y comenzar a regalarle suaves besos en su nuca.
—Edward…—suspiró suavemente.
—¿Mmmh? —respondió entretenido en su labor.
—Tony está con nosotros—le y se recordó.
—Y duerme como una roca—argumentó con una sonrisa en sus labios ocasionando que Bella riera.
—Puede despertar… si… nos dejamos llevar, ya sabes cómo es él—le rememoró de nueva cuenta.
—No importa si despierta… de cualquier modo prometo cerrar la puerta con llave esta vez—objetó de nuevo.
Bella simplemente se rió volteándose para ver a su amado, lo besó apasionadamente en los labios.
—Veamos un rato la peli que ando un poco cansada—le pidió con un tono demasiado sugestivo.
—¿Sólo un rato? —repitió él con un peculiar brillo que contagió a Bella.
—Sí… sólo un rato—afirmó ella tomando con una mano a Edward y con la otra las palomitas para guiarlo hasta la sala.
Comenzaron a ver la película pero no duraron mucho ya que el cansancio los invadió a ambos; definitivamente Anthony acababa con sus energías. Durmieron poco más de una hora y cuando despertaron se sorprendieron de que la noche hubiera caído tan precipitadamente.
—¿Quiénes ir a ver las estrellas? — preguntó Edward inocentemente antes de terminar de beber el té en su tasa—, es una bonita noche.
—Vamos—respondió animada—, ¿crees que podamos meternos al agua? —inquirió ilusionada recibiendo una sonrisa en respuesta.
Salieron de la casa después de poner los trastes en la tarja, no se molestaron en cambiarse la ligera ropa que vestían y por último Edward llevaba una toalla para poder recostarse en la arena sin ningún problema, aunque no fue ello lo primero que hicieron.
—No tengas miedo Bella, fuiste tú la de la idea de meternos al mar—le recordó Edward extendiéndole su mano en invitación.
—Sí… pero ya me dio cosa—justificó casi con el mismo tono infantil de su hijo.
—Vamos Bella, el agua está tibia y hay una luna esplendorosa… —pidió tratando de convencerla—, ¿o vas a hacer que vaya por ti? —inquirió al ver las nulas intenciones de Bella por adentrarse al lado suyo.
—Recuerda que eso de la velocidad no se te da mucho—le retó divertida.
—Pero el gusto por alcanzarte me motiva a perseguirte…—le contestó olímpicamente.
Y para cuando ella quiso reaccionar unos brazos le estaban rodeando impidiéndole que huyera.
—¿Ves? Te lo dije… no puedes escapar de mi—le recordó.
—Nunca dije que quisiera hacerlo —contestó risueña.
Edward la guió mar adentro hasta que el nivel del agua los tapó poco arriba de la cintura, sentían el cálido liquido rodear sus cuerpos y la tranquilidad del agua equilibrar sus emociones. Permanecieron dentro del agua un par de minutos más observando la esplendorosa presencia de la noche sólo hasta que Edward decidió comenzar una guerra de agua que inevitablemente los llevó de regreso a la area.
—¡No huyas Edward! —le gritó divertida —, ¡pero te voy a alcanzar!
—¡No lo creo Bells! —la retó antes de pararse y tomar un cangrejo que en su camino se atrevesó —, Amor… ¿te agradan los cangrejos?
Ella simplemente se paró en seco a pocos metros de Edward para ahora ser ella la quien corriera seguida de Edward.
—¡No! ¡Suelto Cullen! —chilló entrecortadamente.
—¡Oblígame! —le retó a pesar de ya haber dejado el libertar al pequeño animal, ahora solo disfrutaba del miedo de Bella.
La alcanzó cuatro zancadas después ocasionando que cayeran sobre el suave piso.
—¡Quitalta! ¡Quitalta!¡Quitalta! ¡Quitalta! —exigió Bella con los ojos cerrados.
—¿Qué cosa? —preguntó divertido mientras fingía demencia.
Bella se molestó al notar que Edward le había jugado una mala pasada pero los besos que él le proporcionaba le fueron quitando el enojo rápidamente.
—Aun así no te voy a perdonar—advirtió con un lejano tono de enojo.
—No me importa…—contestó él con simpleza siguiendo en su labor.
—Ah… ¿no? —gimió ella al sentir los labios de Edward descender por su cuello.
—No…—susurró contra su piel ensimismado en el adictivo sabor de Bella.
Bella cerró sus ojos disfrutando el contacto que le regalaban esos humedecidos y delicados labios, se dejó llevar de nuevo por esas excitadas mariposas que revoloteaban en su estomago y con manos más seguras que la noche pasada comenzó a explorar el varonil cuerpo que yacía sobre ella y que la volvía loca, él decidió imitar la cayada acción de Bella y lentamente fue explorándola de nuevo como si pareciera que ello nunca le cansaría y mucho menos le cansaría demostrarle su amor y entregarse a ella en cualquier momento.
—Edward…—suspiró su nombre tan pronto como él se detuvo en su vientre besándolo de una manera exquisita.
Él simplemente respondió parando su labor mirándola a los ojos, él se veía más perfecto de lo que Bella pudo haber pensado y es que la luz de la luna resaltaba el brillo de sus verdes ojos. La miró pidiendo permiso para poder continuar y al ver una tenue sonrisa en el pálido rostro de Bella, Edward, la volvió a hace suya recostados sobre la arena rodeados de la salada brisa.
Los días siguientes pasaron casi iguales; habían encontrado la dosis perfecta que les permitía disfrutar todo el día a un hiperactivo Anthony y que por las noches les dejaba disfrutarse a ellos mismos. Fueron sin duda los mejores momentos que cualquiera de los tres hubiese deseado tener, tristemente, esa tarde de domingo era el final de su esplendorosa luna de miel.
—No me quiero ir papi—chilló Anthony acongojado.
—Pero debemos de regresar campeón—le insistió mientras terminaba de vestirlo en su recamara —, tu mami y yo debemos volver a trabajar y tú tienes que ir a la escuela—le recordó.
—Pero no quiero…—debatió de nuevo.
Edward se rió por la actitud que su hijo estaba tomando; igualito a su madre cuando se encaprichaba en conseguir algo. Fruncía de la misma forma sus pequeñas cejas y su actitud era la viva imagen de Bella.
—Te propongo algo—se le ocurrió.
—¿Qué cosa? —le preguntó semimolesto interesado en lo que su papá le pudiera ofrecer.
—¿Recuerdas que te dije que la boda de tu mami y yo era un secreto? —le preguntó seriamente ante lo que su hijo contestó en silencio.
—¿Qué pasó? —preguntó curioso después de que Edward le pusiera una gorra.
—Bueno… si tu rompieras nuestra promesa de no acusarme con tía Alice sobre que no la invité a mi boda seguramente se enojaría mucho conmigo y en un mes estaríamos tomando otras vacaciones—le aconsejó sutilmente—, pero tú decides si rompes la promesa o no, hijo.
Anthony simplemente lo miró fijamente, pensativo y analizando las palabras de su padre. Definitivamente él quería tomar otras vacaciones igual a esas; sin ir a la escuela, levantándose tarde, jugando todo el día con sus papás y comiendo todos los dulces posibles. Se mordió su pequeño labio inferior profundizando su pensamiento.
Pero primero quería saber… ¿su tía se enojaría con él por no haber le dicho antes?
—¿Por qué tienes tú mi tarjera? —preguntó extrañado Emmett con un ligero deje de alivio en su voz.
—Ehm… Edward la tenía—contestó simplemente —, y dice que gracias…muchas gracias.
Emmett simplemente lo miró confundido, tomó el plástico y lo guardó en su cartera para después regresar a sus labores.
—¿Ya revisaste los papeles de contabilidad? —le preguntó a Jasper acomodándose en la silla de su escritorio.
—Sip, todo va bien —fue su simple respuesta—, aunque falta revisar los precios con los proveedores de la tela, uno de ellos quiere subir los costos—informó jugando con una pluma.
—Sabes que no me gusta discutir precios—se quejó cual niño pequeño.
—Lo sé, pero también sé que eso no me toca a mí y mientras no lleve Bella para delegarle tu obligación esa parte te toca a ti—se burló de él.
—Muy gracioso Jazz… de seguro ya estás así porque ya se fue el niño que quería bajarte a Alice—bufó recibiendo una sonrisa sarcástica.
—¿Y cuándo regresan los enamorados? —preguntó curioso Jasper.
—Se supone que…uhm… creo que hoy por la tarde o algo así comentó Esme—contestó pensativo—, supongo que hasta mañana van a dignarse en aparecer.
—Si supongo… oye, —le dijo antes de que Emmett se levantara de su lugar—, tengo una duda… ¿sabes para qué Edward quería tu tarjeta?
Emmett simplemente se encogió de hombros y negó en silencio.
—Neh… mientras yo no tenga que pagar lo que se gastó no tengo ningún problema, como sea ya está reportada como robada y espero que no me obliguen a liquidarla—dijo despreocupadamente sin importarle mucho el exagerado uso que Edward le había dado a su crédito.
—¿Entonces invitas el almuerzo? —preguntó Jasper animado.
Emmett simplemente asintió en silencio, salieron de la oficina y compraron algo de comida para llevar y decidieron ir a casa. Alice no se encontraba ese día en la empresa; se había quedado en casa de Esme acompañando a Rosalie a cuidar a Brandon gracias que esa mañana se había sentido un poco mal por los típicos síntomas del embarazo. Habían pasado toda la mañana sin hacer gran cosa, y es que no podían hacer demasiado ese día ya que la señora que les ayudaba a realizar las labores domesticas asistía cada lunes y esta vez no fue la excepción. Para cuando el reloj marcaba cerca de las doce del día se encontraban en la cocina mientras el pequeño bebé dormía plácidamente en los brazos de Rosalie, estaban preparando un pequeño aperitivo cuando el timbre de la casa sonó.
—¡Yo abro! —se escuchó la amable voz de Luisa desde el comedor.
—¿Esperas a alguien? —preguntó Alice interesada.
—Nop… ni idea, a menos que tu padre me haya enviado flores—contestó ilusionada.
—O quizá Emmett y Jasper ya regresaron de la oficina—sugirió Rosalie antes de picotear los cuadritos de queso que Esme había cortado.
Las tres siguieron suponiendo quién había tocado a la puerta sin embargo Luisa derrumbó cada una de sus hipótesis ya que en realidad había sido la correspondencia que había llegado; un par de promociones, facturas por pagar y estados de cuentas.
—Sí que tienes deudas mamá—bromeó Alice al ver que en realidad eran demasiados sobres.
—No, él que tiene deudas es Emmett, Rosalie… ¿fueron de compras? —le preguntó al ver el sobre de su hijo.
—Para nada… ¿ese es su sobre? —preguntó sorprendida pero antes de que ella pudiera siquiera pensar en revisar el estado de cuenta Alice ya lo había tomado.
—¡A ver! —gritó emocionada Alice.
—No deberías de ver lo que no es tuyo—pidió Esme rodando los ojos al notar la actitud tan infantil de su hija.
—Comida… gasolina…flores… películas…bares…supermercado…—empezó a recitar Alice—, ropa… flores… ¿sacerdote? —preguntó sumamente extrañado —, ¿para que contrató un sacerdote?
—¿Cómo? —preguntó extrañada Rosalie.
—¿Para qué quieren un sacerdote? —resopló Esme al igual que Alice.
—Para nada…—respondió Rosalie tomando todo el sobre y las hojas que Alice tenía.
Comenzó a revisarlas con mayor detenimiento a pesar de que cargaba a su hijo y tras verificar que los cargos en la tarjeta de crédito eran los mismos que Alice había mencionado comenzó a asustarse. Inspeccionó el sobre tratando de buscar alguna otra información que le diera pista alguna de lo que estaba pasando y fue ahí cuando vio la notificación.
—¿Sabían que Emmett había reportado su tarjeta cómo robada? —cuestionó —, a mí nunca me dijo nada…
—No te dijo nada Rose porque lo ibas a regañar por perderla, pero no te preocupes… Edward la tenía y ya se la regresó—fue la inesperada respuesta de Jasper entrando a la cocina con parte de la comida que habían comprado para comer ese día—, no le digan a Emmett que yo les dije.
Las tres chicas se miraron perplejas y tras un par de segundos que parecieron horas lograron ensamblar las piezas de ese rompecabezas; sacerdote, tarjeta de crédito y Edward sólo les permitía llegar a una palabra: boda.
—Por fin llegamos—susurró feliz Edward mientras abría la puerta de madera de su casa.
—Fue viaje largo—suspiró agotada Bella entrando con Tony en brazos—, lo bueno que ya se durmió.
—Volar dieciséis horas no es fácil—le recordó Edward—, imagínate cómo debió de haberse fastidiado en el avión.
—Ni que lo digas, si yo a las tres horas ya no sabía qué hacer con mi vida no quiero imaginar cómo estaba este pequeño torbellino—respondió feliz.
Pasaban pocos minutos después de las seis de la tarde así que el sol comenzaba a esconderse, Edward dejó las maletas medio acomodadas en la sala. Ambos subieron las escaleras para llegar a su anhelada recamara para descansar; Bella dejó a su pequeño de ojos verdes en su habitación y sin ánimos para ponerle la pijama simplemente lo arropó en su cama.
—¿Quieres que lo cambie? —le preguntó Edward al salir del baño vistiendo un short y una playera blanca que usada de pijama.
—No te preocupes amor, ya está dormido y lo arropé—dijo despreocupadamente amable.
—¿Segura? —insistió acercándose a ella para atraerla a su cuerpo y robarle un beso.
—Segura… además tenemos que descansar y él ya está dormido—le explicó abrazándolo por la cintura y disfrutando de su aroma.
—Bueno—suspiró él —, ¿Qué te parece si te pones cómoda mientras voy por algo de comer? —le sugirió.
—Me parece buena idea—dijo en un bostezo cansado—, ¿me puedes traer algo dulce… como unas galletas? —le preguntó
—¿Galletas? —cuestionó divertido separándose de ella—, no creo que sea una buena elección para cenar.
—Edward…—le rogó —, por favor. Se me antoja algo dulce.
—Está bien—aceptó antes de robarle otro beso.
Ambos se separaron con direcciones opuestas pero antes de que Bella pudiera entrar al baño para refrescarse un poco del viaje Edward la llamó un tanto preocupado.
—Bella, ¿te sientes bien? —no puedo evitar preguntarle desde el umbral de la puerta.
—Sé que me veo fatigada por el viaje… pero sí—le respondió con una sonrisa—, ¿por qué la pregunta?
—Ehm…. Bueno, es que te noto algo pálida—fue su honesta respuesta.
Bella simplemente se encogió de hombros restándole importancia al asunto para tranquilizar a Edward y es que a pesar de que ella se había estado sintiendo un poco incomoda durante el vuelo de regreso decidió ignorar y no comentarle nada a Edward las extrañas nauseas que la atacaron a la mitad del vuelo; seguramente algo de lo que comió le había hecho daño.
Muchas gracias por leerme y creo que este no ha sido uno de mis mejores caps... o por lo menos siento que no me quedó tan bien, pero bueno...el dolor del pie y el de la inyección que me acaban de poner no me ayudó mucho jejeje
Las quiero mucho (espero actualizar mas rápido ya que ando convaleciente por tres semanas y no puedo hacer mas que estudiar y escribir); y como no soy de esas personas que gustan de sacarle fotos a todo lo que les pasa (sarcasmo) pueden ver mi super férula en mi fb jejeje (www .facebook .com )
Se cuidan, nos vemos el prox cap. espero sus comentarios, reclamos etc jejeje
