Capitulo 25
El fin
Harry y Draco se levantaron lentamente del suelo, las figuras aún continuaban allí, juntas una al lado de la otra.
- ¿Eres el arcángel Miguel? – Preguntaba tímidamente Harry.
- Si – respondía el aludido pero sus ojos no se apartaban de la mujer a su lado.
- Y tú Alexandra.
- Hola. Su amigo fue muy valiente, igual que tú. Es difícil blandir la espada, y tú por un momento lo hiciste por tu propia cuenta.
- ¿Qué significa?
- Que tu cariño hacia tus amigos es auténtico. – Pero la mujer ya no observaba a Draco, dirigió la mirada al piso aguardando por el siguiente paso.
El ángel intentaba que la mujer lo mirara directo a los ojos pero ella le rehuía. La tomó de los hombros y por fin se miraron directo a los ojos por largo tiempo. Luego se acercaron y se besaron, lágrimas corrían por los ojos de la mujer y a la vez una sonrisa surcaba sus labios.
- Sigues siendo tan hermosa como te recordaba.- Le decía observándola embelezado.
- Sabes que al igual que tu no envejezco.
- No lo digo por tu apariencia, lo digo por tu mirada, por tu sonrisa, por la paz que me provoca el tenerte a mi lado.
- ¿Nuestras vidas hubiesen sido diferentes de estar juntos? No me canso de preguntármelo.
- Definitivamente, pero no podemos.
- Ya lo sé y duele – Contestó tocándose el pecho con la mano.
- Aún te extraño – Sonreía tristemente él– Creo que siempre lo haré.
- Es una pena que siempre sea por toda la eternidad.
- No podemos hacer nada.
- Ya lo sé, no es nuestra voluntad.
- Lo peor es que no puedo dejar de amarte. Y eso es lo más prohibido que existe en este mundo y en cualquier otro para mí. Pero ¿Sabes qué? Nunca me arrepentiré de haberlo hecho. Nunca he sentido nada más sublime que tu amor, y duele volver a perderte.
- Tu destino es otro, no estar a mi lado, es estar al lado de él, te necesita más que yo, y tu tarea es una de las más importantes.
- Mi tarea es extenuante, máxime cuando debo enfrentarme a seres como estos, fue muy duro deber enfrentarme a ti en su momento.
- No era yo – Sonrió la mujer.
- ya lo sé, era ella. Lamento no haber estado allí para protegerte. No dejo de pensar que es injusto que no pueda estar contigo.
- Todo tiene un porque, tu destino y el mío están marcados. Y nada podemos hacer.
- Sabes que debo partir. - Le decía a la dama.
- Sí, lo sé. Sabes que no te lo voy a impedir. – Ella retrocedió, se acercó a su varita que ahora yacía en el piso vuelta a su condición original y la tomó, a su toque la misma se convirtió en una espada fulgurosa como la que el ángel tenía en su poder, ambas figuras se vieron sorprendidas.
De repente una voz inundó el lugar.
- Necesito un nuevo guerrero, en realidad necesito otro guerrero, las fuerzas del mal serán cada vez más fuertes. ¿Nos acompañas?
- ¿Mi misión? – La dama no entendía.
- Tu misión ha acabado, ella no regresará, nunca más. Es por ello que ahora necesito a alguien más para enfrentar a su hermano cuando vuelva. Si quieres busco a otro guerrero. – La voz sonaba alegremente sarcástica.
- Pero… si la aceptas ¿Ella no volverá?
- No, las cosas han cambiado Miguel. Así lo he decidido. ¿Acaso te molesta la idea?
- Por supuesto que no – El ángel reía. Luego la miró a ella, a la mujer que amaba– Te vas a divertir mucho, a él le fascina hacer bromas, aunque algunas… - Se oyó un carraspeo – Perdón – pidió el ángel. – pero es verdad. – Y una risa majestuosa resonó en toda la sala.
- Acepto – Dijo la dama e inmediatamente sus facciones comenzaron a cambiar.
Su cuerpo comenzó a resplandecer, su cabello se iluminó y unas hermosas y blancas alas nacieron en su espalda.
La dama se acercó al ángel, ambos tenían una cara de extrema felicidad y volvieron a besarse, un beso cándido y puro y ambas figuras comenzaron a elevarse abrazados sin desviar los ojos uno del otro.
Harry y Draco no se asombraron, no era la primera vez que veían algo así, más allá de ello no pudieron evitar quedarse mirando el techo, aún minutos después de que la pareja hubiera desaparecido.
Luego comenzaron a ver por todos lados buscando a sus amigos, pero no había rastros de Ron o Hermione.
Harry comenzó a llorar, comprendiendo que los había perdido, Draco lo abrazó e imitó, en ese tiempo había aprendido a valorar la amistad de Ron y admirarlo.
-¿Porqué ellos? – Decía Draco – Me hubiesen tomado a mi, yo no tengo nada que perder.
- ¿Y tu hijo? – Preguntaba Harry.
- Sé que ustedes lo adoptarían como propio, me dejaron bien en claro que a él nunca le faltará su apoyo. Además ahora sé que lo vería desde algún mejor lugar y esperaría por él cuando también llegue su hora.
Comenzaron a levantarse y se dirigieron al balcón donde una muchedumbre silenciosa aguardaba, al verlos salir todos comenzaron a aplaudir, y sonreír.
-¿Y mis padres? – Preguntó Rose y los cercanos a ella dejaron de emitir sonido, un murmullo recorrió las legiones victoriosas, dándose cuenta que faltaban dos de los protagonistas de esta historia.
Y nuevamente el silencio y luego el llanto y los lamentos, los rezos por sus almas y las súplicas por su redención.
- Vamos Harry – Draco palmeó el hombro de su amigo y ambos salieron del balcón, cuando pasaron frente al marco del espejo Harry notó una luz dentro de él, pensó que era un reflejo, pero luego notó que el espejo estaba roto, no podría reflejar nada y lo que no entendía era porque no se podía ver a través de él, sólo podía ver un agujero negro. Detuvo a Draco del brazo y le indico el objeto, el blondo lo miró interrogante.
- ¿No había estallado? – Preguntó.
- En mil pedazos – Declaró rotundamente el rubio, entonces ambos retrocedieron sorprendidos.
Una mano masculina salía desde el centro de la cavidad oscura, ejerciendo presión, como empujando el aire, la mano se convirtió en un brazo, un hombro y una cabeza.
-¡Ron! – Gritaron los dos hombres y fueron a su rescate, tomando de la mano libre y sacándolo de a poco, parecía que pesaba el doble y eso era totalmente verdad, cuando su otra extremidad se vio totalmente liberada, los amigos pudieron ver que se mantenía aferrada a una pequeña mano femenina.
-¡Hermione! – Los magos lloraban, pero de alegría, y nuevamente se dieron a la tarea de sacar el cuerpo de la mujer.
Draco sostenía a Ron y Harry alzó a Hermione y luego los recostaron en el suelo.
Su alegría inicial se vio interrumpida cuando los cuerpos parecían estar sin vida.
Los observaron, vestidos con sus ropajes blancos, tal cual los habían visto por última vez reflejados en el espejo. Ambos frente a ellos, inmóviles, dubitativos de tocarlos, sin saber que hacer.
Lentamente Ron comenzó a moverse, elevó su mano y la llevó a la nuca, abrió los ojos y se incorporó sobre sus codos, mirando a sus amigos.
-¿Ganamos? – Preguntó jovialmente, pero ninguno le respondió, ambos lo miraron y luego dirigieron sus ojos al lado de él, giró la cabeza y observó a Hermione, tendida en el suelo.
Contuvo la respiración, su corazón comenzó a galopar en su pecho y su mente no sabía que pensar. Fueron segundos de incertidumbre que culminaron cuando la mujer aspiró hondo, abrió los ojos, lo miró, le sonrió, se desperezó y le dijo.
-¿Por qué tardaste tanto? – lanzándose a sus brazos y besándolo apasionadamente.
Los dos magos de pie se abrazaron su vez y comenzaron a saltar como si fueran dos colegiales que habían egresado de sus estudios, o que había ganado la copa de un final de quiddich.
Ayudaron a la pareja a levantarse y los cuatro se dirigieron al balcón donde aún las tropas se lamentaban por la pérdida de sus seres queridos.
Scorpius que abrazaba consolando a Rose, miró al balcón, fijó la vista y sonrió.
-Tal vez tus padres estén aún con vida – le dijo – si fuese así, yo me casaré contigo. ¿Qué dices? – Rose lo miró sin entender, ella amaba a Scorpius, pero lo que él decía hacía imposible su amor, entonces notó que sonreía, volteó la vista y pudo observar a sus padres en el balcón junto a su tío y a Draco, su futuro suegro.
-¡Te tomo la palabra! – Y ambos se besaron. Ginny que los observaba miró nuevamente al balcón y gritó
-¡Están vivos! – La noticia pronto se expandió entre las legiones y nuevos gritos de victoria y aplausos surgieron.
Los cuatro amigos salieron del castillo y fueron saludados, agradeciendo su intervención y ellos a su vez agradeciendo su completo apoyo y confianza en ellos.
Harry veía desfilar las caras del Cardenal Pablo, de Laicapakay, pero si bien estaba feliz de verlos, sólo había un rostro y un cuerpo que quería tener a su lado. Entonces la vio, parada, al lado de Angelina y George, y de sus padres, los señores Weasley.
-¡Ginny! – Gritó corriendo hacia ella, la mujer volteó y todo alrededor desapareció, corrió al encuentro de su esposo, en cuanto se unieron se abrazaron. - ¡Debería matarte! ¿Por qué te arriesgaste de esa manera?
- No por qué, por quién – aclaraba – Por ti mi amor, por ti. Y ambos se besaron apasionadamente, sin importarles nadie a su alrededor.
George codeaba a Percy
- Me parece que ha surgido un nuevo Harry – Señalaba donde su cuñado y su hermanita se besaban como si la vida se les fuera a terminar en cualquier momento, sin importarles nada.
- Menos mal que esa pasión surgió ahora de haber sido así hace veinte años lo mataba. – Y ambos se echaron a reír.
- No veo la hora de estar a solas contigo mi amor – Le declaraba Ginny entre sus brazos. Harry sonriendo la miró y le contestó.
- Espera – ella sintió que parte de la esencia de su esposo se había desvanecido, por unos instantes lo miró preocupada, luego pasó su mano por el rostro y lo notó frío.
- ¿Harry? – Preguntó preocupada - ¿Harry? – repetía.
- Shhhh – Le contestaba él serenamente – Estoy haciendo mal uso de mi nuevo poder, en realidad le estoy dando un uso totalmente personal y no para ayudar a otros por esta vez. – Y sonreía, Ginny se tranquilizó; al cabo de unos minutos su espíritu pareció regresar como así los colores y calidez que su rostro había perdido.
- ¿Estás bien? – Lo acariciaba Ginny.
- Si - Contestaba él mirando alrededor y al divisar un cuchillo clavado en la tierra la miró – acabo de tramitar un traslador, nos llevará a casa ya mismo. ¿Nos vamos? – Preguntó dudoso.
- ¡Dime cuando y donde! – Sólo respondió Ginny sonriente.
Él tomó su mano y ambos tocaron el resplandeciente cuchillo y ante la absorta mirada de toda su familia y amigos desaparecieron.
Reaparecieron en la entrada de su casa y sin esperar un instante ingresaron, y al hacerlo la pasión se desató; no era que nunca la habían experimentado, pero Harry siempre sentía que no tenía derecho de ser feliz y de experimentar a pleno del amor que le correspondía; eso había terminado, ahora se creía capaz de enfrentarlo todo y con el derecho de ser feliz y ser amado y entregar y entregarse a Ginny como correspondía, como su corazón se lo dictaba y como su cuerpo se lo reclamaba.
Ginny, al principio sobresaltada por la apabullante reacción de su marido, recordó como se sentía al ser parcialmente poseía por la esencia de la loba y un instinto animal, que evidentemente no había desaparecido de su cerebro se desató.
Con fiera brutalidad se desprendieron de las ropas mutuamente, sin importar rasgar las vestiduras y trastabillado contra todo a medida que avanzaban hacia su cuarto, al subir al primer piso, Harry notó los destrozos en la puerta de la habitación de Lily.
- ¿Qué pasó aquí? – Preguntó mirando la entrada quemada. Ginny sin dejar de besar su ya descubierto pecho le respondía.
- ¡Nada! Luego te explico. – Y tomó su rostro con ambas manos y lo besó. Harry se olvidó por completo de la dañada entrada y subió a Ginny sobre sus caderas.
No pudieron siquiera entrar en la habitación, se cayeron cuando él se tropezó con un escalón y aún a pesar de la incómoda posición, el moreno se apropió del cuerpo de su mujer en las escaleras.
- ¡Si! ¡Sí! – Gritaba Ginny - ¡Así Harry, así!
Era la primera vez que Ginny no tomaba las riendas de la pasión conyugal, era la primera vez que Harry era el conductor y la elevaba a instancias que nunca conoció.
No era que no disfrutaba estando con su marido, pero Harry parecía siempre reprimirse en cierto punto a entregarse completamente a ella. Por supuesto que sabía el porque y entonces recordó su promesa.
-"Si regreso nada será igual. Y ya no dudaré que merezco ser feliz"
Y Harry James Potter estaba demostrando que era un hombre de palabra, la estaba amando como nunca lo había hecho, sin miramientos, sin remordimientos, sin ataduras, sin dudar por un instante que merecía alcanzar la felicidad, y vivir la vida plenamente.
- Te amo, mi Ginny, te adoro. Nunca más nos separaremos. Nunca más – Declaraba jadeando y mirándola a los ojos demostrando que desde ese momento todo cambiaría entre ellos dos.
- Nunca más me dejes. No podría estar sin ti un solo instante más. ¡Menos ahora! – Gemía ella clavando sus uñas en la espalda. Harry se mordió el labio inferior – Perdón – reía ella al notar la mueca de él ante su brutal reacción.
- ¡Márcame! ¡Rasgúñame! ¡Muérdeme! ¡Hazme lo que quieras Ginny! ¡Más nunca dejes de amarme!
- ¡Ni tú Harry! ¡Ni tú! – Ambos llegaron al orgasmo y los cuerpos sudorosos, y agitados no se separaron hasta que las respiraciones se tranquilizaron.
Ni por un instante dejaron de besarse y acariciarse. Luego se incorporaron e ingresaron a su cuarto donde continuaron amándose hasta entrada la noche.
En el volcán, Draco saludaba al Cardenal estrechando su mano, Laicapakay lo aplaudía.
-Lo lograste muchacho – Le decía.
-¿Muchacho? – Preguntaba dando a entender que no lo era.
- Eres un hombre joven, la vida te dará una nueva oportunidad. –sonrió, entonces su padre le gritó.
-¡Draco! – Él fue al encuentro de sus progenitores y los abrazó. -¿Estás bien hijo?
- Más que bien – Declaraba entonces unos brazos lo apresaron y una voz maravillosa llegó a sus oídos.
- ¡Papá!
- ¡Scorpius! – Ambos se abrazaron.- ¿Qué haces aquí? – Preguntó con voz retórica, soltando el abrazo.
- Acompaño al amor de mi vida. – Entonces Rose apareció por detrás de él. Draco la miró sorprendido
– Tu padre te va a matar – Reía y los demás también.
- Eso lo resolveremos, ¿no? – Contestaba mirando a su novia.
- Por supuesto – Rose lo abrazaba.
- Además hicimos nuevos amigos, y amigas – dijo Scorpius mirando hacia su derecha Draco siguió la mirada y pudo ver a Jess que sostenía la rienda de su caballo y lo miraba con una amplia sonrisa, luego lo saludó tocando su sombrero, montó y salió al galope, sorteando hábilmente a las personas.
Draco suspiró y miró a su hijo, este lo miraba duramente
-¿Qué? – Preguntó
- ¿Qué haces todavía aquí? – Le contestó el muchacho lanzándole su escoba - ¡Ve tras ella! ¡Y no la dejes escapar!
- ¡Si señor! – Contestó Draco sonriendo, saludó a sus padres, besó a su hijo y a Rose – Si necesitan ayuda con tu padre…
-¡Vete! ¡Nosotros sabremos resolverlo! – Lo empujaba el chico.
Draco voló por sobre la multitud, pero no llegaba a divisar a Jesse, se había comenzado a desesperar cuando notó su cabellera brillar entre la muchedumbre, se echó en picada, y bajó frente al caballo que se frenó bruscamente, el sombrero de la mujer cayó sobre sus ojos y se enredó en su cabello sin poder sacárselo, sintió que alguien montaba detrás de ella, luego una mano fuerte y masculina le acariciaba la nuca y una electricidad recorrió su cuerpo, haciéndola estremecer. Hábilmente le desenredo el nudo del gorro y lo ubicó correctamente, cuando el sombrero estuvo en su lugar pudo ver a Draco, aunque no necesitaba comprobarlo con la vista, sus otros sentidos ya le habían hecho notar su presencia.
- Gracias – le dijo.
- Que puedo decirte, tuve una excelente maestra. – Sonrió.
- Conocí a tu hijo, es increíble, ahora te entiendo más que nunca. – le dijo sincera pero tristemente.
- Mi hijo es increíble, por nada del mundo lo dejaría – a la dama se le llenaron los ojos de lágrimas
- Eso es muy bueno – decía sin poder evitar que una de ellas cayera por su mejillas.
- Hay un pequeño problema – le dijo Draco secándosela con su dedo pulgar y tomándole la barbilla - Me acaba de dar una orden que no puedo ni quiero desobedecer.
- ¿Cuál?
- Que no te dejara ir. Y no lo haré – Acercó su rostro y besó a Jess que correspondió el beso. Luego se separó y declaró – Se que dijiste que fuésemos despacio ¿Te parece que pasado mañana me mude a tu casa? – Ella lo miró seriamente.
-¿Te parece… - y le sonrío – que tenemos que esperar tanto? – Ambos rieron y se volvieron a besar.
Draco Malfoy tuvo su tercera oportunidad, y rogaba que fuera la vencida.
Ron y Hermione no se soltaban ni para saludar a todos aquellos que se le acercaban, estaban cansados, la posesión los había agotado.
Ron ni siquiera se opuso cuando su hija mayor le presentó a su novio, Scorpius Malfoy, de hecho los felicitó y agradeció al chico el haber protegido a su niña en esa difícil batalla, pero él sólo quería estar a solas con su esposa y decirle que nunca más se separaría de ella, pero el ajetreo, los saludos y abrazos no cesaban y les fue imposible hablarse siquiera durante el viaje de vuelta a su hogar.
De regreso a Londres, ya instalados en su casa, debieron esperar que todos aquellos que se preocupaban y los querían se marcharan, Hermione preparaba un té en la cocina cuando él entró.
La tomó por detrás, pero ella se separó; esto alertó inmediatamente a Ron que la tomó del brazo y la miró a los ojos escrutiñador.
- Ella no volverá, lo sabes.
- ¿Entonces?
- He hecho tantas cosas, tus padres, tu hermana - bajó la mirada – Draco.
- Ya veo. ¿Sientes algo por él?
- ¡No! – Contestó rotundamente Hermione levantando el rostro y fijando sus ojos en los de él- ¡Yo te amo! ¡Con toda mi alma!
- ¿Entonces cual es el maldito problema?
- No maldigas.
- Maldigo todo lo que quiero, me gané ese derecho, al menos por un tiempo.
Hermione bajó la mirada nuevamente, él se dio cuenta de su actitud intransigente y la abrazó, ella se largó a llorar, desprendiendo el agarre y dirigiéndose al comedor, siendo seguida por él.
- Fue horrible – relataba Hermione – Azkaban fue una pesadilla, pero no mayor a la salida de la misma. Empecé a sentirme extraña, de repente sueños me embargaban, de lugares y personas desconocidas, y poco a poco me sentí fuera de mí. Extravagantes deseos me asediaban y te utilizaba para satisfacerlos, aún en contra de mi voluntad.
- ¿Por qué no me dijiste?
- Pensé que era alguna clase de transición. Pero cuando me encontré atrapada fue tarde.
- ¿Atrapada?
- ¿Recuerdas el espejo de Gondea? ¿La sensación de estar encerrado en él?
- Si, claramente.
- Así estaba yo. Atrapada de igual manera en mi mente. Ella dominaba mi cuerpo y lo utilizaba a su antojo. Mientras estaba contigo intentaba luchar y ejercía bastante presión sobre sus decisiones. No te imaginas lo que ella me pedía que hiciera. Cosas más atroces de las que te solicitaba. Pero cuando te fuiste, parte de mi energía se fue contigo y empecé a flaquear.
- Yo lo siento, no sabía que hacer.
- No te culpo, yo no te hubiese tolerado ni la mitad de las cosas que hice. Y luego Draco, ella dominaba mi cuerpo absolutamente y por más que yo intentara negarme continuaba con su propósito, que aún desconocía. No entendía porqué tenía que ser mi peor enemigo. Cuando regresaste mi energía se renovó, parcialmente y logré pedirte que me mataras, pensando de esa forma que todo acabaría; yo nunca me perdonaría lo que ella había hecho, porque no pude luchar.
- No podías, si yo me hubiese quedado a tu lado – Se lamentaba.
- No te culpes, por favor. – Y le acariciaba la mejilla – Tu eres mi héroe. Allí me di cuenta que junto a ti mi fuerza se renovaba, y lejos de ti me debilitaba. Fue por ello que en la mayoría de las veces que ella se presentaba ante ti, podía salir del espejo y contactarme contigo.
- Antes de tomar la botella…
- Físicamente no era yo – Ron bajó apenado la cabeza.
- En cierta forma también te fui infiel – Se lamentó.
- No, físicamente no era yo, pero te puedo asegurar que te sentí, como siempre nuestra conexión espiritual era mayor a la física. Y eso me dio una fuerza más potente, incluso pude contactarme con Harry por primera vez.
- Él agudizó sus poderes para poder hacerlo.
- Pero también fue una oportunidad de intentar sacarle información importante, a Lazupaywa, también lo intenté luego cuando ella ya me creía extinta, pero no sabía que estaba fingiendo, al fin logré saber su objetivo, pero ella me embargó con culpas y remordimientos y mis fuerzas no resistieron más y ella tomó posesión absoluta de mí. Cuando ustedes aparecieron yo quería decirle a Harry lo que pasaba, pero no podía luchar.
- Ella era muy fuerte – Contaba Ron – Cuando yo bebí de la sangre fue como si mi espíritu se desconectara de mi cuerpo. Era imposible luchar, no sé como lo hiciste durante tanto tiempo.
- En parte era lo que ella quería, para que tú no pudieras matarla. Pero tu amor y el mio. ¡Yo te amo con todo mi corazón! – Y lo tomaba con ambas manos su rostro - Eso me dio fuerzas. ¿Y tú? – Le preguntaba. Era su mayor duda, si él aún continuaba amándola como antes, si esa epopeya no había quebrado su alma e impedirle seguir amándola y estar sólo con ella por apariencias o por su obligación marital mágica.
- No tienes que preguntarlo siquiera.
- ¿Y tú? – Volvía a preguntar – ¿Olvidarás todo lo que hice, lo que dije?
- Por supuesto.
- Pero aún no lo dices, no dices…
- Te amo, te amo, te amo, te amo. – Repetía y la abrazaba - ¿Cuántas veces quieres que te lo diga? Mil, un millón, hasta morir, sólo dime y lo haré. En ningún instante te dejé de amar.
- Ni siquiera…
- Ni siquiera, olvídalo, olvídalo todo. Todo, excepto como me partí el cuerpo y el alma en rescatarte – Declaró burlón – Creo que merezco una recompensa. – Decía plegando el cuerpo de su mujer al de él.
- Yo también resistí lo más que pude.
- Entonces te daré una gran recompensa – contestaba sensualmente y la besaba en el cuello.
- Creo que yo también me la merezco – y sin más Ron la tomó entre sus brazos, ella enlazó sus manos tras la nuca masculina, él la subió a la mesa del comedor sin dejar de besarle el cuello.
- ¿Y los demás? – preguntaba la castaña.
- Los eché.
- Ron… me encanta que seas autoritario – reía entre sus brazos.
La mesa rechinó y ambos se detuvieron.
- Odio esta mesa – Tomó la varita de su túnica y declaró – Evanezco – Y el mueble desapareció, ante la falta de apoyo cayeron al suelo, él sobre ella, y comenzaron a reír.
- Gracias mi amor, yo también la odiaba. – Aclaró Hermione volviéndolo a abrazar.
- Compraremos una nueva para hacer algo hermoso sobre ella – Ambos se arrodillaron y él se concentró en desprender su túnica.
Poco a poco las prendas fueron desapareciendo, Ron acompañaba el descubrimiento del cuerpo de su mujer con apasionados besos, que iban explorando cada lugar que quedaba al descubierto.
Hermione recorría con sus manos el escultural cuerpo de su esposo, maravillándose con cada nuevo músculo que descubría en él.
Cuando ambos cuerpos se encontraron desnudos se miraron largamente, como si fuera la primera vez que lo hacían; él la abrazó y besándola la recostó sobre la alfombra.
- Haremos algo hermoso como esto – Le decía ella subiendo su cadera y permitiendo el avance masculino dentro de su cuerpo.
- No hay nada más hermoso que esto – Le decía entre jadeos Ron – No sabes como te extrañé.
- No más que yo – Le declaraba ella entre gemidos. Los cuerpos mantenían una sincronía perfecta, mostrando el conocimiento perfecto de los amantes y a la vez una renovada fuerza que surgía de sus almas.
Ron acariciaba las caderas femeninas y besaba sus pechos provocando aún más placer, Hermione rasguñaba su espalda, luego se dirigió a sus glúteos y los presionó contra ella para generar una mayor penetración.
Él la miró intensamente y la besó ahogando un gemido de Hermione.
Ella lo viró y quedó sobre él, comenzó a besar su pecho, recorriendo con su lengua cada una de las cicatrices, las ya conocidas y las nuevas.
- No te mentiré, en un punto dudé, dudé de tu amor, incluso de mis sentimientos. No te merezco Ron. - Y comenzó a llorar. Él se elevó y se aferró a sus hombros.
- No es así, nunca dudaste, de lo contrario ahora no estaríamos aquí. De no haber sido puro y verdadero nuestro amor, nunca hubiésemos logrado sobrevivir. – Y con sus labios secó las lágrimas. – No llores mi amor, ya todo pasó, estamos juntos y es lo único que importa, es por esto por lo que luché, por tus caricias, tus abrazos, tus besos, tu voz, tus gestos, tu presencia; por ti. – Y ambos continuaban amándose, cada vez con mayor intensidad, pero deteniéndose a observarse mutuamente, para alargar el momento, para disfrutar de la entrega que desde hacía muchos años tenían privada; la de su amor.
Eso era más que un acto corporal, era además, mental, espiritual; completo.
- Te amo – Le declaraba Ron a punto de llegar al cielo.
- Te amo – Gritaba Hermione llegando al paraíso.
Y allí se quedaron, todo el día, explorándose nuevamente, como redescubriéndose, pero con la certeza de conocerse de toda la vida, y con la seguridad de que nunca más se volverían a separar.
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Aún falta el epílogo, es breve pero interesante.
No dejen de ver mis fotos de cómo me imagino a los personajes para esta historia y las canciones para las diferentes parejas. La dirección es www. / blog/ ronhermy. htm (junten los espacios).
