Epílogo

En el enlace de Desmon con Annie Gordon, Candy se entero por boca de su tio el amor que el profeso a su madre , un amor, puro, sincero y verdadero que fue creciendo con la convivencia y al darse cuenta que ella nunca le corresponderia, decidio partir lejos dejando su corazon en Carliste.

Desmon le confezo a Albert que fue el quien le regalo el dige a la madre de candy.

Apenas unos meses después del regreso de Albert y Candy a sus tierras, y tras el enlace de Desmon con Annie Gordon, el rey Eduardo I de Inglaterra proclamó rey de Escocia a John Balliol. Fue un secreto a voces que había pactado con el inglés, en caso de ser elegido, dejar que este campara y dispusiera de Escocia como considerara. Fue más tarde, cuando Balliol se dio cuenta de su error al ver el abuso de los ingleses sobre su tierra, que quiso dar macha atrás y aliarse con Francia para poner freno a Eduardo.

En marzo de 1296, Comyn el Rojo atacó abiertamente Carlisle en apoyo a Balliol, lo que dejó sin opción a Bruce, puesto que para defender el castillo de Carlisle junto con los Andrew y los White, y evitar que Comyn se alzara con el trono, tuvo que apoyar al rey inglés. Al mes siguiente, tras la derrota en la batalla de Dumbar, Comyn el Rojo fue arrestado por insubordinación y conspiración contra la corona inglesa, y encerrado en la Torre de Londres por varios meses. Balliol fue obligado a abdicar y entró en prisión. Inglaterra, a partir de ese momento, gobernaba en una Escocia sometida. Sin embargo, la semilla de la rebelión estaba plantada y William Wallace empezó a reunir un ejército. En septiembre de 1297 arrasaba al ejército inglés en el puente de Stirling.

Eduardo necesitó casi ocho años para aplacar completamente la revuelta civil, que perdió paulatinamente el apoyo de la nobleza. Los nobles escoceses terminaron jurando lealtad de nuevo a Eduardo y, finalmente, en agosto de 1305 Wallace era ejecutado y Escocia de nuevo sometida.

Con Escocia pacificada, los nobles retomaron sus antiguas ambiciones y, espoleados por la Iglesia, que necesitaba un nuevo rey en Escocia, volvieron a tomar posiciones para luchar por el poder. La tan temida guerra estaba de nuevo cerca. Esta vez el trono de Escocia se debatía entre Robert Bruce y John Comyn. Este último, que contaba con más apoyos, más poder y que aparentemente había sido más duro en su oposición a los ingleses, partía como favorito. El

10 de febrero de 1306, Robert Bruce y John Comyn se reúnen en la abadía de Greyfriars para sellar el destino de Escocia.

Escocia

Condado de Dumfries

Abadía de Greyfriars

Febrero de 1306

Frente al altar mayor de la abadía, Comyn, solo y desarmado, esperaba a su oponente. Robert Bruce dejó su espada en la entrada del monasterio donde esperarían también sus hombres junto a los hombres de Comyn.

—Al fin acudís, Bruce. Dudaba de que, tras haberme citado, cambiarais de opinión.

—Podéis observar que no. No podía perder esta oportunidad. Son muchos años ya de disputas entre nuestras familias. Hoy acabarán aquí.

—Solo hay una forma. Vuestro abuelo, el Competidor, debió entenderlo hace años; nos habríamos ahorrado mucho tiempo y riquezas.

—Y vidas, Comyn. Olvidáis las muertes de escoceses que nuestras disputas han causado.

—Cierto. Aunque las vidas son reemplazables. Las tierras no. Pero no perdamos más tiempo. ¿Vais a apoyar mi coronación? No tenéis otra opción, Bruce. Tengo el apoyo de la mayoría de escoceses, tanto de la nobleza como de la plebe. Los primeros saben que puedo tomar sus tierras en cualquier momento, y los segundos saben que mi oposición a los ingleses fue firme. Vos no dudasteis en apoyar a Eduardo en cuanto tuvisteis ocasión.

—Para mí fue muy duro tener que apoyar a Eduardo, pero no podía permitir que Carlisle cayera en vuestras manos. Además, sabéis que los Bruce no abandonamos a los nuestros. Y Desmon White es de los nuestros.

—Ah, Desmon el Irlandés. Me han comentado que vuestro hermano Eduardo es gran amigo suyo. ¿Planeáis acaso tomar Irlanda al ver que no podréis hacerlo con Escocia?

Bruce no picó el anzuelo y se guardó su rabia e indignación.

—Lo que haga mi hermano no es de vuestra incumbencia. Pero sí, debo reconocer que tenemos buenas relaciones con varios nobles irlandeses. Aprecian la lealtad, algo que vos no conocéis.

—La lealtad es algo volátil en estos tiempos. La conveniencia es mucho más… motivadora. Es cierto que he cambiado mis apoyos en los últimos años, pero vos sois culpable del mismo pecado.

—No me comparéis con vos. Confundís la conveniencia política con la verdadera lealtad. Mi acuerdo con Eduardo vale tanto como el vuestro. Ambos lo romperemos en el momento que más nos convenga, pero prefiero morir antes que romper mi juramento con mis clanes, y eso lo saben ellos y vos. Y por eso vuestro poder es más frágil que el mío. Tenéis los pies de barro.

—¡Sois igual de cabezota que vuestro abuelo! Acabemos con esto, ¿vais a apoyarme como rey de Escocia o preferís que os aplaste a vos y a vuestros amados clanes? —se impacientó Comyn.

—Como os dije antes, esto acabará hoy. Aquí. Tan solo contestadme a una pregunta: ¿por qué atacasteis Carlisle?

—Sabéis la respuesta. Carlisle es clave para la defensa contra los ingleses. Es la llave de Escocia. Vos debisteis haberos unido a mí en lugar de a Eduardo.

—No me refería al «segundo» ataque —la mirada de Bruce era fría como el hielo.

—¿Segundo? Disculpad, pero no sé a qué os referís —contestó Comyn con una ladina sonrisa en los labios.

—Sí lo sabéis. Vos le ordenasteis a Ranald Crane que atacara Carlisle. Atacasteis a vuestros propios aliados. De noche. A traición.

—Ah, Ranald. Mi viejo amigo Ranald. Fue una gran pérdida para mi padre, pero sobre todo para mí. Ya que estamos sincerándonos, decidme: ¿lo matasteis vos?

—No tuve al placer. Entiendo por vuestro comentario, que admitís que vos ordenasteis el ataque.

Comyn no se tomó la molestia de ocultarlo.

—Hace tanto tiempo… Pero sí. Si esa maldita mujer, que me ha tenido obsesionado durante años, no hubiera escapado con vida, nos habríamos ahorrado mucho tiempo. No obstante, el resultado va a ser el mismo. Los Comyn gobernaremos Escocia.

—Vuestro destino está sellado, pues. —Sin apartar los ojos de la mirada soberbia de Comyn, Bruce llamó a sus aliados—. Desmon, Albert, haced lo que tengáis que hacer.

De las sombras de una esquina apareció el laird Andrew seguido del líder de los White.

Comyn palideció al verlos y llamó a sus hombres.

—¡A mí la guardia! Habéis incumplido las condiciones, Bruce. ¡Y en la casa de Dios!

Albert sacó una daga, no una cualquiera, aquella que le regaló a su esposa y con la que ella se defendió del secuestro de Comyn. La agarró con fuerza y avanzó hacia él, que acorralado por los tres hombres contra uno de los muros de la iglesia, no tenía opción de escape.

—He esperado durante años esta oportunidad. Hoy pagaréis por todo el daño que habéis causado a Escocia, pero en concreto a mi esposa—escupió Albert con veneno. La daga iba a atravesar el cuerpo tembloroso de Comyn, cuando Desmon sujetó a Albert por el hombro.

—Concededme el honor de mandar a este despojo al infierno.

Albert lo meditó durante unos instantes, pero terminó por ceder el arma. Desmon no se hizo de rogar y sin ningún tipo de remordimiento, apuñaló a Comyn.

—Esto por haber matado a mi familia, por atacar mi hogar y a mi gente, y por Escocia. Saludad a Crane en el infierno, hace años que lo envié a esperaros.

El cuerpo inerte de Comyn cayó en el frío suelo de la iglesia. Al tiempo que las baldosas se tiñeron de rojo, la vida del contrincante de Bruce se escapó.

—Marchaos —les ordenó Bruce—. Yo asumiré la autoría.

—Mi señor, nuestro honor no…

—De nada me sirve el honor de mis hombres si están en prisión y no puedo contar con ellos. Confiad en mí, cuento con el apoyo de la Iglesia. Ahora más que nunca os necesito libres. Salid. Rápido.

Los dos guerreros abandonaron la abadía por el mismo sitio que habían entrado sin ser vistos. Ya lejos de aquellos muros donde el futuro de Escocia había cambiado de rumbo, se detuvieron. Desmon estiró el brazo y esperó a que Albrt se lo estrechara.

—Mi familia ya puede descansar en paz. Nuestro juramento ha sido cumplido.

Albert aceptó el gesto.

—Eduardo no se quedará de brazos cruzados. No consentirá que Bruce sea coronado rey.

—Se avecina una nueva guerra —convino Desmon—. Marcharé para defender Carlisle, será el primer lugar que utilizará el inglés para invadir Escocia.

—Sabéis que los Andrew estaremos a vuestro lado.

—Lo sé, viejo amigo. Pero os necesito en Lakewood. Prometedme que protegeréis a mi hija y mis nietos, a Desmon, Alana y Willian, sabes como los adoro.

Albert sabía que no podía abandonar a su clan, ni mucho menos a su padre, a Anthony , sus sobrinos, a su amada Candy y sus hijos que eran su vida, por eso hizo lo único que podía para confirmar a Desmon cuál sería su prioridad:

—Palabra de Andrew.

FIN

Ahhhhh llego el final, espero les haya gustado, yo decido adactar esta historia y hasta ahora leeo el final... leia con ustedes .

Sinceramente me gusto pero quedaron muchos cabos sueltos.

Que paso con Anthony, con Paty, Anni , Camille y Rob y con Willian. Tambien el secreto que guardaba Desmon y el cariño tan especial por Candy, es una novela que contiene mucha historia antigua de Escocia, pero la autora se centro mucho en ella en el epilogo y no tanto en la vida de los personajes, ahi invente cositas. En realidad la proxima ves leeo primero y de acuerdo decido adaptar, falto que Albert sufriera mas, como castigo por ser un cabezota, la llegada aunque sea del primogenito, me invete tres, pero por la manera como copulaban estos dos minimo serian una docena despido por ahora, estoy publicando la de aventura, pero ya esta terminada en Wattpad desde hace rato.

Un abrazo y hasta la proxima.

Chao.? ゚リハ