Todo a su alrededor era oscuridad. Lentamente, como si pesaran dos toneladas cada uno, pudo abrir los párpados. Al principio su visión era corta y completamente nublada, pero poco a poco se acostumbró a la oscuridad y sus ojos enfocaron algo mejor.

- "¿estoy… muerto?" – fue lo primero que su cabeza se preguntó

Movió la cabeza hacia su derecha, lo cual le causó algún dolor.

"no – volvió a pensar – no estoy muerto. Sino, no me dolería"

Como un torrente de recuerdos, todo lo sucedido le golpeó. Soltó un pequeño quejido al intentar moverse hacia un lado, dejándolo evidentemente por imposible. Volvió a abrir los ojos y entonces vio la luna, imponente en el firmamento. Y solo pudo recordar una cosa: los ojos de Hinata.

Inmediatamente después, los sonidos aún confusos de dos voces le molestaron. Eran suaves, pero parecía como si tuviera una resaca de las grandes. Se giró muy lentamente para mirarles y volvió a ver un poco borroso. Luego volvió a enfocar y vio primero a Shikamaru y luego a Kiba.

menos mal que despertaste, Naruto – dijo le mayor, sonriendo

¿Dónde estoy? – le costó articular

Tranquilo, estas a salvo. ¿recuerdas lo que paso?

¿Dónde esta Hinata? – le cortó Naruto

¿Cómo? – susurró Shikamaru, sorprendido

Incluso en aquella situación en la que se encontraba no hacía más que preguntar por la chica. Shikamaru y Kiba no salían de su asombro.

¿Dónde esta?

De momento en el hospital…

¿Qué? No, tengo que ir y…

Eh, eh, eh, ¿A dónde te crees que vas a ir en tu estado? – le replicó Shikamaru, acercándose para que no se levantara, aunque en realidad casi no podía ni moverse.

Tengo que ir con ella. ¿está bien?

Bueno, bien, bien… no se puede decir que esté bien

Matiza – casi ordenó

Cree que estás muerto – confesó

El chico se quedó sin aliento.

¿Cómo dices? – murmuró el rubio

De hecho, toda la villa lo cree – acabó Kiba

¿y eso por que?

Hinata les contó a todos que caíste por el precipicio y todo el mundo ha dado por echo que, si nadie ha sobrevivido a esa caída, tu tampoco lo harías – se explicó Shikamaru – y cuando Kiba y yo te encontramos decidimos dejar que siguieran pensando eso

Así podrás seguir protegiendo a los Hyuuga

¿Cómo, Kiba, si se supone que estoy muerto? – preguntó el rubio, cada vez un poco más despierto

Es posible que se atrevan a atacarles ahora que se supone que el kyubi ha muerto. Por eso, cuando lo hagan, tú volverás. – le explicó Shikamaru – se que te acabas de despertar y que esto igual es demasiada información y agobio, pero…

No, no te preocupes. Estoy bien. La que me preocupa es Hinata. ¿no puede saberlo ella? solo ella – pidió Naruto

No, Naruto, esto es un secreto entre nosotros y…

De repente la puerta se abrió, dejando ver una enfermera vestida de rosa con una bandeja entre las manos.

entre nosotros y ella – acabó Shikamaru

¿Quién es? – susurró Naruto

Es Sayaka, mi hermana mayor. Ella se encargará de cuidarte hasta que estés en perfectas condiciones. No te preocupes de nada.

Me entristece que no te acuerdes de mi, Naruto – dijo la chica, acercándose a la cama – aunque éramos muy pequeños cuando jugábamos juntos.

Bueno, nosotros os dejamos solos. Sayaka tiene que volver a curarte.

Bien – susurró el rubio

Los muchachos salieron y la chica se dispuso a preparar lo que necesitaba. Naruto intentó desabrocharse la camisa del pijama, pero no pudo. Le costaba mover los brazos debido a los golpes y los cortes vendados.

deja, yo lo haré – se ofreció la chica

siento causar tantas molestias

no importa – aseguró ella

Una vez lo hizo, le curó de nuevo todas las heridas y luego le dio un tranquilizante. Necesitaba dormir, era como mejor se recuperaría. Además ella sabía del poder de recuperación que Naruto poseía de parte del kyubi. En apenas una semana, volvería a estar como nuevo.

La Academia permaneció la semana siguiente con apenas un par de profesores. Lo demás, todos jounins, se habían prestado a seguir ayudando en la búsqueda del cuerpo de Naruto. Ahora si que habían perdido la esperanza de encontrarlo vivo, ya que una semana herido, sin comida ni agua, era imposible resistir. Hinata no salía de casa mientras que Neji, siempre con Ten – ten a su lado, se recuperaba en el hospital de un tipo de veneno que le habían inyectado en aquella pelea. La chica no hacía otra cosa que mirar por la ventana, con aire triste y melancólico. Hacia unos días que no se sentía bien, no solo por el dolor de haber perdido a Naruto, sino por algo más que aún no entendía. Aquella tarde de un viernes, alguien tocó suavemente la puerta de su cuarto. No dio paso, pero él entró igual.

Hinata

Le reconoció enseguida.

pasa – dijo entonces

odio verte tan triste – susurró él

lo siento, pero no puedo evitarlo – contestó ella, mientras se giraba a mirarle

El pelinegro cerró la puerta y se acercó a ella.

siento ser yo quien te diga esto, pero…

¿lo habéis encontrado? – se temió ella, sintiendo como la embargaba algo amargo por dentro

No, no, tranquila. No es eso. Solo hemos encontrado esto.

Con cuidado, le tendió parte de la chaqueta de Naruto, desgarrada y machada que Kiba y Shikamaru habían encontrado días atrás. Hinata la cogió entre sus manos con delicadeza, con lágrimas en los ojos.

es suya….

Lo se, pero aún no le encontramos. No sabemos hasta donde puede habérselo llevado el río – susurró

La chica se abrazó a aquel pedazo de tela y dejó que sus lágrimas rodaran sobre él.

Hinata, tengo otra mala noticia – dijo entonces el pelinegro, sobresaltándola

¿Qué ha pasado?

Es Sasuke.

¿lo has detenido ya?

No. Se ha escapado de la casa. Creí que sería fácil capturarlo, ya que creía que vosotros estabais muertos y no diríais nada, pero… se ha ido. Y no tengo ni idea de donde se puede haber escondido.

Tranquilo, no importa. Es mas, quiero que venga a atacarnos. Quiero poder enfrentarme a él y…

No Hinata, Naruto nunca te hubiera dejado hacer eso y… - se calló de repente – y yo tampoco – confesó

Itachi… - murmuró ella

Eres la novia de mi mejor amigo y pienso protegerte siempre ahora que él no esta. Y no te enfrentarás a Sasuke. nO quiero que te mate a ti también – susurró

El pelinegro estaba bastante cerca de ella. Y ella necesitaba unos brazos que la protegieran. La chica se dejó abrazar por él, que la mecía lentamente.

tranquila, yo te protegeré. – susurró – vas a estar bien, pequeña

Que la llamara así la ponía los pelos de punta. Entonces se apartó un poco para levantarse y de repente, no vio nada. Itachi la cogió antes de que cayera y casi la gritó.

¡Hinata, ¿estás bien?!

Si, si – musitó ella - solo me he mareado…

¿Qué te pasa?

Debe de ser que ni duermo ni como bien últimamente – susurró ella, recuperándose un poco

Cuídate, maldita sea. Y no me des estos sustos – la pidió, ayudándola a ponerse de pie - ¿seguro que estas bien? Si avisamos a Tsunade, ella…

No es necesario, de veras. Estoy bien – le cortó ella.

Túmbate y descansa – la recomendó

Ella se sentó en la cama y se abrazó a si misma con aquel pedazo de tela entre sus brazos. Entonces Itachi, antes de salir, se giró a mirarla.

¿puedo hacerte una pregunta, Hinata? – preguntó él

Claro, dime – murmuró ella

Tú ya no eres una niña, ¿verdad? – soltó

Hinata le miró, con los ojos como platos.

¿Qué… que quieres… decir? – musitó

Estuviste con Naruto, ¿me equivoco? Él te hizo mujer – repitió

La chica desvió la mirada, muy colorada.

no es algo que me importe. Simplemente quería saber si era cierto o no – dijo el pelinegro – descansa, pequeña

Y acto seguido cerró la puerta. Ella se giró a mirarle de nuevo, pero ya no estaba. Con pesadez, se dejó caer en la cama. La luz del sol era tenue y aún quedaba olor de Naruto en aquel trozo de tela. Se abrazó a él y lloró en silencio, hasta que al fin se quedó dormida.

Bien entrada la noche, con la luna iluminando el firmamento, Naruto se levantó con rapidez, ya recuperado de casi todas sus heridas. Se visitó con rapidez con ropa limpia que Kiba le había llevado esa mañana. La verdad es que se pasaba el día aburrido sin compañía y sin nada que hacer; y como no podía salir porque se suponía que estaba muerto, pues nada. Justo en el momento en que se puso la camiseta y abrió la ventana, la puerta también se abrió.

¡quieto ahí! – le gritó Sayaka, al verle medio subido en el alfeizar de la ventana

Tengo que salir, Sayaka. No puedo quedarme aquí encerrado una noche más. Necesito respirar aire puro, por favor – pidió él

No, Naruto, aún no puedes – dijo, acercándose a la ventana y poniéndose a su lado – bájate de ahí

El la hizo caso, pero bajó y se quedó muy pegado a ella. Aunque la chica era más mayor, Naruto era algo más alto y la miró a los ojos desde arriba y muy cerca, intimidándola. Ella trató de separarse y topó con la ventana. Él se acercó más aún y la acarició la cara apenas rozándola con dos dedos. Ella tembló. Veía los labios del rubio tan cerca…

por favor – la susurró – déjame salir. Solo por esta noche

no… no puedes… aún estás… herido – fue susurrando, sin poder apartar la vista de sus ojos.

Por favor, Sayaka…

La chica se estaba poniendo nerviosa al tenerle tan cerca. Y es que cuando Naruto quería era todo un conquistador. Al final, Sayaka no pudo resistirse a esa mirada tan preciosa y profunda y tuvo que permitirle salir. Él sonrió a medias y tardó unos segundos en desaparecer, saltando por la ventana. Ella respiraba entrecortadamente.

"maldito crío" – pensó – "que me haya echo temblar así con solo rozarme y mirarme a los ojos… es cierto que siempre me pareció guapo pero ahora…"

Alterada, la chica salió de allí, cerrando la puerta al salir con cuidado. Naruto era feliz saltando de árbol en árbol por toda la villa. Al principio se resistió, pero no pudo evitarlo mucho tiempo. Acabó en la ventana de la habitación superior de la mansión Hyuuga. Todas las luces estaban apagadas y, aunque había guardias, no le costó mucho llegar hasta la habitación de ella. Conociéndola, seguro que había echado fuera al guardia que debía de vigilar su habitación. Abrió con cuidado la ventana y entró sin hacer ruido. La habitación estaba como siempre. Pero sus ojos la buscaban con desesperación. Allí, tumbada sobre la cama y agazapada, la chica parecía dormir tranquila. Se acercó a la cama y, antes de que llegara, Hinata se movió hacia allí, haciéndole asustarse. Pero seguía dormida. Al final se sentó a su lado. Al principio solo la miraba pero su mano derecha se movió sola hacia su pelo y la acarició. Volver a sentirla allí después de tanto tiempo le daba más ganas de volver con ella. No tardó en reconocer como suyo el trozo de tela que Hinata tenía entre sus manos, así como también vio su colgante en el cuello de la chica. Quiso agacharse a besarla, pero aquello sin duda la despertaría. Lo que menos esperaba él era que, precisamente en aquel instante, ella abriera los ojos. Ya no le daba tiempo a esconderse, por lo que se quedó inmóvil, mirándola. Ella abrió los ojos lentamente, habituándose a la oscuridad. Pero se incorporó casi de un salto cuando le reconoció, sus ojos se abrieron como platos y le miró fijamente.

Naruto – musitó

Hola, Hinata – la contestó él

Un impulso del corazón la llevó a lanzarse a sus brazos. La chica le rodeó el cuello con los brazos y él se quedó indeciso. No debía confesarle a Hinata que estaba vivo, tenía que protegerla de sí mismo.

estás vivo – susurró, como si aquellas palabras la parecieran imposibles

no, Hinata – soltó lentamente, sintiendo dolor por decirla aquello – no estoy vivo

pero tú… estás aquí, conmigo. Volviste – murmuró, aún abrazada a él

mírame, Hinata – pidió, separándola de él

no… estas vivo, estás vivo… - se repetía una y otra vez

no Hinata – repitió, con pesar – esto tan solo es un sueño

¿Qué?

Es un sueño. Y tu estás dormida – susurró, desmoralizándola

No puede ser….

Eh, no llores más. Si estás soñando esto es porque aún hay algo entre nosotros, algo que nos une. Por eso puedes estar segura de que todo lo que estás soñando, es cierto – la susurró

Quiero que vuelvas – le dijo, con los ojos empapados en lágrimas – por favor, vuelve – le pidió, amarrándole de la mano

No me pidas eso, Hinata – murmuró él – te prometo que…

Deja de prometerme cosas. Incluso en sueños siempre tienes esa palabra en la boca – le espetó, poniéndose de pie de un salto, enfadada – también me prometiste que ambos saldríamos de aquello, ¿recuerdas? Y ahora estás muerto.

Casi furiosa, se quedó al lado de la ventana, mirando hacia ningún sitio. Naruto se acercó a ella. No sabía si debía, pero la rodeó con los brazos por la cintura. Sintió como ella suspiraba y se apoyaba en el completamente, cerrando los ojos.

te he echado tanto de menos – susurró

sabes que no estaré aquí cuando despiertes. Pero que sepas que siempre estaré protegiéndote, mi amor. Siempre. Y que cumpliré mi promesa – la susurró al oído – te juro que la cumpliré.

Vuelve – le suplicó – no puedo vivir sin ti…

Claro que puedes, Hinata. Es más vas a hacerlo y…

¿y? – preguntó ella

Vas a esperarme

Esas palabras la sorprendieron tanto que trató de girarse, pero él la mantuvo abrazada por la espalda.

prométeme que me esperarás – la susurró

¿vas a volver? Dime que si, dime que volverás. Dime que este sueño algún día se convertirá en realidad y que… - no podía seguir hablando sin sentir un nudo en el estómago – dime que algún día volverás a abrazarme así bajo la luna. Por favor, Naruto… por favor… - suplicó ella

Prométeme que me esperaras. Que nunca olvidarás que te quiero, Hinata. Que te amo más que a mi propia vida

Nunca jamás lo pondría en duda, mi amor – le dijo – estás muerto por mi culpa – sollozó

Shh, no, no llores. Por favor, pequeña – musitó

Se giró entonces a mirarle y le vio sonreír. Acarició la cara de la chica con ambas manos y la limpió las lágrimas. Para ella aquello era tan real como cualquiera de las otras veces. No se contuvo cuando su corazón la gritó lo que debía hacer. Le acarició la cara, como si quisiera darse cuenta de que había estado allí, aunque luego se desvaneciera. Y le besó. Fue el beso más largo, profundo y sentido que nunca se habían dado. Hinata le abrazaba, haciendo que se juntara más a ella y Naruto la recorría el cuerpo con las manos, delineando cada curva hasta llegar al cuello de la chica, el cual también acarició, sintiendo la piel de la chica de gallina. En aquel beso, Hinata quiso transmitirle todo lo que sentía antes de "despertarse". Y Naruto trató de convencerla de lo mucho que seguía amándola.

te esperaré – musitó varias de las veces que se separaron mínimamente para respirar.

te amo – la contestaba él cada vez

El rubio sabía que aquel encuentro tenía que terminar, ya que no tardaría en amanecer. Mientras la besaba y sintiendo una pequeña opresión en el pecho, la tocó el cuello, haciendo un poco de presión. Al instante, Hinata cayó en sus brazos, desmayada. Naruto lo sintió mucho, pero la cargó y la dejó sobre la cama con cuidado, arropándola y besándola la frente antes de salir de allí igual que había entrado.

Naruto sintió una extraña sensación cuando salió de allí, como que no tardaría mucho en volver a verla. Y es que, ahora que la señora Hyuuga había vuelto la villa una semana atrás, el plan de Sasuke para conseguir aquello que más anhelaba ya se había puesto en marcha…