Disclaimer: Todos los personajes de Supernatural pertenecen a Eric Kripke, por lo que esta historia no persigue fines de lucro.
Pairing: Este es un Dean/Claire!Castiel.
Spoilers: Toma como base el 4x20 y de ahí se sitúa en la sexta temporada.
Soundtrack: Capítulo cortesía de Biffy Clyro y su tema Many Of Horror.
Advertencia: Angst.
Capítulo 25.
Castiel se movió con elegancia entre los vehículos chatarra, sus ojos fijos a cualquier signo. Le había tomado muchísimo tiempo doblar el tiempo puesto que no quería levantar sospechas, de modo que fue yendo con calma hasta dar con el día en el que ahora se hallaba: él día que se despidió de Dean.
En cuanto le vislumbro por la ventana, absorto en como su botellín de cerveza refractaba la escasa y débil luz que se colaba, sonrió con nostalgia. Ese día no le era muy grato; recordaba la insondable tristeza inundándole cuando se apareció en las puertas de la cocina de Bobby, diciendo aquellas palabras que no quería pronunciar, tratando de poner una fachada de calma tan endeble que se desmoronó antes de exhibirla.
Logró entrar en la casa, deslizándose por los recodos silenciosamente. Dean estaba dándole la espalda y la urgencia inmediata de tocarle le azotó por segundos antes de poder sosegarse. No podía permitir que este Dean le viese, le perturbaría en demasía verle y de seguro apostaría a que era Claire Novak dándole una visita indeseada, eso sin contar qué tanto cambiaría el futuro. Agudizó sus sentidos y al cabo de unos minutos, luego de ocultarse debajo de las escaleras, reconoció su propia esencia cargada de tristeza aproximándose hacia la casa. Dean se encaminó hacia la cocina y esa fue la señal para que Cas actuase, saliendo al encuentro de su yo pasado. Cuando estuvieron cara a cara, los ojos azules del cuerpo de Jimmy le contemplaron con extrañeza, estudiándole con intensidad, y para cuando ella asintió en un ligero cabeceó, el hombre frente a ella abrió desmesuradamente los ojos. Había visto en ella y no podía darle crédito a toda esa avalancha de imágenes y sentimientos que fluyeron hacia él, como una ráfaga salvaje dispuesta a derribarle. Estaba frente a sí mismo, unos meses en el futuro.
— ¿Cómo…? —El contable ladeó la cabeza, completamente desorientado.
— Hagas lo que hagas, no vayas —dijo ella dando un paso hacia sí misma en aquel golpeado recipiente—. Dean… —aquel nombre fue como un pinchazo en el pecho de su masculino envoltorio y Castiel fue capaz de ver más allá de si, encerrado en ese cuerpo vacío de mujer.
— ¿Yo… y Dean? —Preguntó sin voz, sacudido por toda la dulzura del amor correspondido que atisbó, por todos los besos y abrazos que ansiaba sentir pero que no veía viables hasta… ahora.
— Sí, por esa razón no debes ir a la Guerra —exigió con premura sintiendo como una fuerza extraña empezaba a jalarle. Su otro yo frunció el ceño ante el hecho pero no pudo reconocer al culpable y para cuando iba a responderle una luz blanca y muy pura lo llenó todo y absorbió a Cas, sacándola de cuajo de ese espacio temporal.
— No puedes hacer eso, Castiel —reprendió una voz amistosa. El ángel se encontró en un lugar vacío, adimensional, donde ninguna ley física se regía ni tenía valor. Giró sobre sí misma en busca del origen de esa voz, pero entonces Joshua se mostró ante ella y le sonrió con pesar.
— Joshua… —musitó en sorpresa—. ¿Nuestro Padre te ha enviado otra vez?
—Así es —se acercó—. He venido a recordarte algo que al parecer has olvidado…
—No —negó meneando la cabeza—. No lo he olvidado.
—Castiel… —le puso las manos en los hombros y le observó con suavidad—. El destino no puede ser cambiado. Esto estaba escrito así.
—Debía intentarlo…—Cas desvió la mirada—. Tenía que…
Bajó la cabeza derrotada y descubierta. Había fallado en su misión. ¿Cómo iba a mirar a Dean a la cara ahora? Él se había había jugado al pretender venderle su alma, y aunque hubiese estado muy mal, lo había hecho por querer salvarle. Y cuando le tocaba a ella intentarlo, dar el brinco, ni siquiera podía auto convencerse de no… ser tan obediente. Joshua suspiró, y le cogió del mentón para que pudiese mirarle a los ojos, un atisbo de advertencia y disculpa se dibujaron en sus achocolatadas irises.
—Esto es lo que hubiese pasado si no hubiese anulado tu indiscreción —Joshua hizo una floritura con la mano y de pronto se encontraron en una noche fría y lluviosa. Él le hizo un gesto para que le siguiera y Castiel obedeció dejando algunos centímetros de distancia entre sus avances.
Unas voces resonaron desde el callejón entre dos edificios. Los ángeles se pusieron a cubierto pese a estar conscientes de que no serían vistos.
—Dean, espera por favor…
Cas entornó los ojos en un intento de identificar aquella voz, pero en cuanto el cazador apareció en su campo visual seguido de una muchachita de largo cabello rubio no tuvo necesidad. Contuvo la respiración sin darse cuenta.
— ¿Qué quieres Claire? —espetó el Winchester volteando a verle—. ¿Cuántas veces quieres que te lo repita? ¡No me interesas!
—Ya lo sé —musitó ella herida—. Es sólo que… Yo también le extraño —arrugó los labios—. Extraño a papá y no puedo hacerme a la idea de que ni él ni Castiel volverán…
Dean exhaló con ojos cerrados, meneando la cabeza, estático, sin reparar en el aguacero que les empapaba hasta los a huesos a Claire y a él. Se acercó a la chica y le tomó del antebrazo. El cazador no quería llegar a ese punto, ya le era muy duro tener que lidiar por su cuenta con la partida de Cas, no quería cargar con el sufrimiento de Claire, pero se veía tan frágil e indefensa… Joder. Sin notarlo se había acercado a la chica.
—Claire, deberías volver a casa —susurró él tirando de ella con cuidado—. Tu madre ha de estar muy preocupada por ti.
—No quiero regresar —apartó su mano—. Ya no quiero verla atorándose a calmantes y llorando sin cesar… No lo aguanto —le miró a los ojos suplicante—. Por eso quería verte… pero —le dedicó una sonrisa rota que a cualquiera hubiera calado a hondo—. Supongo que dos rotos no hacen un cosido —dio un paso hacia atrás.
—Claire…
— Lo entiendo bien, Dean. Soy una molestia para ti. Una niñita que no tiene ni puta idea de nada —continuó retrocediendo—. Pero si fuera Castiel… si él estuviese aquí —se señaló el pecho—. ¿Me aceptarías?
—Eso no tiene nada que ver —se justificó el cazador avanzando hacia la Novak, pero esta se empeñaba e rehuirle.
— ¡Claro que sí! ¡Tiene todo que ver! —Gritó sintiendo como algo el corazón se le desgarraba a cada palabra que salía de su boca—. ¡Porque lo amabas y no fuiste capaz de decírselo! ¡Ahora que está muerto no puedes perdonarte por eso!
— ¿Qué…? —Cas dijo en un murmullo, de pronto entumecida como si fuese capaz de sentir el frío. Miró a Joshua interrogante.
—Sí… De no haber participado en la Guerra, Rafael hubiese ganado y una vez de haber ejecutado a todos tus simpatizantes habría bajado a la Tierra a por ti —explicó con pesar. Ambos enfocaron una vez más su atención a lo que ocurría unos metros más adelante.
Por algún motivo, Claire se fue corriendo, el sonido de charcos pisoteados le acompañó. Dean se fue raudo tras ella pero pese a que daba zancadas, la chica era más ágil y le dejó atrás con vergonzosa facilidad. Un gruñido que brotó de su garganta llenó el vacío, impulsándole a esforzarse más; para su suerte le dio alcance empero para entonces Claire no estaba sola. Unos tipos de mala clase le habían rodeado y cuando Dean advirtió la situación soltó un taco preparándose para la acción.
No muy lejos de ahí, Cas observaba todo con detalle, deseando poder intervenir, pero la mirada de aviso que Joshua le dedicó, como diciendo 'es inútil', no le sosegó ni un poco. La situación se tornó grave en cuestión de segundos. Los maleantes pasaron por alto la amenaza del cazador y sin pudor comenzaron a denostar a la jovencita, tratando de desnudarle ahí mismo. Castiel no se detuvo a estudiar la censura en el rostro de su hermano y acabó con las distancias, acercándose a los humanos para auxiliar a Claire, pero por mucho que lanzaba embates, todos les atravesaban, como si ella estuviese hecha de aire. La pequeña Novak comenzó a chillar entre incontenibles sollozos y Dean hacía lo imposible por librarse de los otros dos le cerraban el paso. Entonces, el Winchester le dio un feroz puñetazo a la cara a uno y le hizo una tacleada a lo otro, moviéndose ágil y rápido hasta uno de los hostigadores. Claire le gritó 'Cuidado' y quedó helado y sin aire. Bajó con temor la vista y sólo el filo de la katana que le atravesó de lado a lado emergiendo de su vientre fue la justificación al punzante dolor que le sacudió las entrañas. Escupió sangre y cayó de rodillas, la vista nublándosele y sus manos tratando de tocar a Claire que parecía cada vez más borrosa. La Novak forcejeó por librarse, sus gemidos tocaron tonos más agudos y desoladores cuando vio como el malhechor le arrancaba sin contemplaciones el arma, logrando que el cazador se deshiciera en la acerca mientras la sangre escurría libre fuera de su cuerpo.
— ¡Dean! —Exclamó Cas corriendo a su lado. Trató de acunarle en su pecho, pero como a los otros humanos, sus manos le atravesaron y el ángel sacudió la cabeza en desesperación—. No. No. No. Dean, mírame… —el humano hizo amago de levantarse, ajeno al ángel junto a él, pero sobrevino un chirrido y un balazo y ya no volvió a escuchar a Claire. Castiel fijó los ojos en la Novak e inmediatamente se llevó las manos a la cabeza. Los asesinos se largaron en cuanto oyeron a la distancia la sirena de una patrulla de policía, dejando atrás el cuerpo mancillado de Claire y dos ríos de sangre de distintas fuentes se unieron. Bajo la vista hasta Dean descubriendo que ya no respiraba, una expresión retorcida en sus facciones y un hilito de sangre escurriendo por su barbilla—. ¡NOOOO DEEEAAAAN! —Explotó en llanto impotente, buscado el modo de tocarle pero si conseguirlo y la lluvia… la lluvia se volvió incesable e inmisericorde.
Joshua chasqueó los dedos y regresaron al espacio en blanco.
— ¿Lo has comprendido, hermano? —La pregunta fluyó sin peso, sin significado—. El tiempo en que el estuviste en el Paraíso luchando… era necesario. De ese modo los Novak pudieron volver a reunirse.
—Pero Claire…
—La vida de Claire Novak debía terminar esa mañana, Castiel. No había nada que hacer para evitarlo —habló con tino—. Y aquel desenlace violento que has visto hubiese arrojado al suicidio a su madre.
—Dean. ¿Por qué Dean? —Inquirió compungida.
—Si no te hubieses ausentado ese mes, hubieran pasado algún tiempo juntos, pero él jamás se hubiese dado cuenta de sus sentimientos y mucho menos hubiese cedido a sus impulsos, no con el huésped de tu recipiente ahí —hizo un gesto de disculpa—. Y mucho menos te hubiese visto morir…
Cas agachó la cabeza, superada por toda la información. Ver a Dean morir aún le escocía en lo profundo de su Gracia y no podía apartar la imagen de él cubierto de sangre expirando. No quería imaginar cómo hubiese sido para él verle morir…
—Todo esto fue dispuesto para que ustedes pudiesen estar juntos, Castiel —bisbisó Joshua—. Nuestro Padre así lo quiso.
— ¿Y por qué me castiga? —Preguntó ella con voz estrangulada, mirándole con ojos acuosos—. ¿Es porque ya no le amo como antes? ¿O es porque le prefiero a él antes que a toda la humanidad?
—No te está castigando, hermano —negó con la cabeza—. Si ese fuese el caso, nunca te hubiese dejado conocerle.
—Entonces…. ¿Por qué quiere apartarme de Dean? —Una lágrima rodó por su mejilla—. ¿Por qué dejó que sintiera todo esto si estaba condenado?
—Ya sabes por qué —Joshua le enjugó las lágrimas que fluían libremente de sus ojos.
— ¿Cuál es la lección? ¿Cuál es el fin de esto? —Apretó los ojos y se mordió los labios—… ¿Por qué nuestro Padre no me escucha?
—Lo hace —le confortó dándole palmaditas en la cabeza—. Nunca dudes de eso, Castiel —un destello le envolvió por completo, ante sus ojos azules Joshua lucia como un fantasma—. Es hora de que regreses a tu presente, hay alguien que te espera.
—Aguarda —se aferró a su hermano en cuanto esa ya conocida fuerza comenzó a succionarle—. ¿Cómo puedo salir de esto? ¿Qué es lo que va a pasar ahora?
—Lo que va a pasar es lo que debe pasar —sonrió gentilmente—. Todo irá bien, Castiel. Nuestro Padre no te ha abandonado.
Aquella fuerza le arrastró con más ahínco y al final Cas cayó en aquel remolino imparable. Su único pensamiento mientras sentía que desdoblaba el tiempo era Dean está vivo, está vivo…
OoO
—Dean, ¿podrías dejar de dar vueltas? Vas a hacer un hoyo en el suelo.
—Oh, cállate Sam —gruño apretando la lata de cerveza. Estaba con los nervios de punta; había pasado un día desde que Cas se fue y la falta de sueño sumada a la interminable e inagotable preocupación que le atenazaba le tenían con la paciencia en un hilo. Recordó aquella vez cuando ella se fue a hacer un reconocimiento y volvió al amanecer del otro día. Le había importado un carajo en aquel entonces que Sam le viese y sentía que en este momento, si su ángel aparecía, iba a dar un espectáculo y lo sentía por su hermanito pero tenía que compensar todas esas horas en agonía.
Sam se encogió de hombros y volvió a su computadora. Tenía el abierto el iTunes y estaba sincronizando su iPod con música nueva, y de paso respaldando los CDs que Dean le había quitado la otra vez en caso de que a su adorable hermano mayor tuviese ganas de volver a jugarle una bromita de ésas. Escuchó el sonido del trajín en la bolsa de viaje y levantó la cabeza. Dean había sacado el iPod rosado de Castiel y lo contemplaba con connotado anhelo, como si de ese modo pudiese hacer que el ángel regresase…
—Hey, Dean.
— ¿Sí? —Balbuceó colocándose los auriculares en las orejas, mirándole con una ceja encarnada.
— ¿Has pensado que harás si Cas se queda? —Cuestionó cerrando la laptop.
— ¿Qué quieres decir? —Frunció el ceño, poniéndole pausa al intro de High Voltage de AC/DC.
— ¿No te has proyectado…? Ya sabes…. ¿Con… Cas? —Se acomodó en la silla, girando un tanto para poder mirarle sin problemas, reposando sus manos en sus piernas.
— ¿Qué es esto, un interrogatorio? —Rodó los ojos, haciendo amago de sacarse los audífonos, pero al final se los dejó en caso de necesitar hacer una maniobra evasiva ante una posible pregunta incomoda.
—No, Dean. Es mera curiosidad y planificación —sonrió conciliadoramente—. Tranquilo, hombre. No voy a darte de ostias, sólo quiero saber a qué atenerme —echó la cabeza hacia atrás—. Pienso que podríamos seguir cazando en compañía de Cas, pero estoy seguro que querrías algo más que esto —abrió las manos indicando el cuartucho de motel.
—No había pensado en ello, Sam —confesó el otro cazador con ojos cerrados y facciones serenas—. Pero… Si pudiera… Sí, querría algo más que la carretera —abrió los ojos y negó con un meneo de cabeza—. Pero sólo es un pensamiento. La otra vez intenté vivir una vida normal y digamos que no… es lo mío.
—Es distinto, Dean —interceptó Sam—. Fuiste con Lisa porque te lo pedí. Ahora estás con Cas porque quieres y… —vaciló—. Asumiste cierto compromiso con ella. No recuerdo haberte visto tan en serio con una chica antes…
Ah, lo que me temía…
—Sam… —se masajeó el puente de la nariz—. Lo mío con Cas no es algo que…
—Está bien —levantó las manos—. Está bien. No voy a presionarte pero quiero que sepas que… Te apoyaré en lo que decidas —sonrió marcando esos tiernos hoyuelos que ponían a las chicas a derretirse a fuego lento—. Eres mi hermano y quiero que seas feliz.
—Ok, Grandulón, ya capté la idea pero ni creas que te voy a abrazar —graznó ocultando un casi invisible rubor, fingiendo un repentino interés por el iPod que descansaba en sus manos. Pasó por las canciones y cuando se topó con All Of My Love no contuvo una sonrisita al recordar el rostro desbordante de alegría de Cas cuando le hizo escuchar esa canción la noche que salieron juntos a divertirse.
Entonces un estruendo retumbo a sus espaldas y tanto Dean como Sam se levantaron de sopetón y dieron zancadas hasta la cocinilla. Un vapor rodeó la estancia por segundos y cuando fue menguando fue dejando al descubierto cabello rubio ondulado, jeans y una remera verde.
— ¡Cas! —En cuanto le vio tambalearse Dean le atajó con sus brazos—. ¡Cas, ¿estás bien? —Le envolvió la cintura con un brazo y le tocó en la mejilla.
—Dean… —el ángel parpadeó reiteradas como convenciéndose de que no alucinaba, sus ojos dilatados y la punta de la nariz roja fue un mal indicio para el cazador. Ella posó sus palmas en su pecho, estrujando la tela y hundió el rostro en su cuello—. Estás bien… Estás vivo… —resolló en tono roto.
—Sí… —suspiró el Winchester sin entender nada. ¿Habría pasado algo malo allá en el pasado? Sam se acercó a su hermano y le acarició la cabeza a Cas.
—Iré a dar una vuelta para que puedan conversar —musitó Sammy mirando con preocupación al ángel—. Llámame cuando esté mejor; quiero saber que pasó para dejarle así.
—Sí, gracias hermano —agradeció con una sonrisa de circunstancias, frotándole la espalda a Cas que no aligeraba ni un milímetro la fuerza de su agarre. La puerta se cerró detrás de Gigantón y Dean le masajeó en la nuca—. Cas, me estás asustando. ¿Qué tienes?
—Vi… muchas cosas —su voz sonó temblorosa y amortiguada pero aún así clara. Un tiritón le recorrió por completo y en respuesta el humano le apretó contra su cuerpo—. Yo… te vi morir, Dean —el cazador iba a preguntar cómo cojones era eso posible si estaba aquí sano y salvo, pero ella calló tratando de luchar contra los entrecortados sollozos que se esforzaban en escaparse de su control y su cuerpo no quiso obedecerle y persistió en sacudirse por sí solo.
Dean supo de inmediato que detrás de esa conducta no habían buenas noticias y se limitó a estrechar a Cas con fuerza hasta que se tranquilizó.
Lamento la tardanza. No me hallaba bien del estómago y recién pude terminar este capítulo. Espero que este sábado 19 pueda actualizar a tiempo.
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