Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.
Capítulo 23
.
.
.
BPOV
—Edward ¡Edward! —alguien nos interrumpe, como siempre.
Edward bufa haciendo un gesto con la cabeza. Después de que Esme le entregue el teléfono y este me haga señas con los dedos, cierro la puerta y me cambio de ropa. Estoy a punto de entrar en una crisis existencial decidiendo si arrancar como siempre o quedarme y encararlo es lo correcto. ¿Por qué hoy no tengo la valentía de ayer cuando me declaré? Parece que fuese mentira que lo haya soltado sin más.
Lo peor de todo es que me quedo mucho tiempo pensando en mi posible decisión, porque cuando salgo hacia la cocina, Edward ya ha terminado su llamada.
—Hasta más tarde, Emmett.
Me siento inútil, inestable y tan débil, que prefiero fingir que no le he escuchado y avanzo rápido por el pasillo. Para mi mala suerte, estamos solos. Esme y Leticia ya se han ido. Moverme hacia el patio trasero sería una buena forma de escapar, pero atino que no es maduro por mi parte hacerlo. Ahora que comprendo mis sentimientos y que él se haya enterado de ello, me hace volverme mucho más tímida de lo normal. Pero ya estaba y debía asumirlo.
—Bella —lleno la tetera de agua y la pongo sobre la estufa caliente— Bella.
—¿Uh?
—¿Puedes dejar de moverte y escucharme?
—Te estoy escuchando.
—No, no lo haces. —Silencio. ¿Qué puedo decir? Es la verdad, solo lo estoy oyendo. Sus ojos no se apartan de los míos, como si esperase que yo comenzara la conversación. Eso está lejos de ser una posibilidad— Lo que me dijiste ayer…
—¿Sí?
—Vamos, tú sabes.
—No lo sé.
Suelta un gruñido.
—No puedes jugar con eso.
La pequeña esperanza en mí se esfuma tan veloz como la corrida de una liebre.
—¿Te refieres al hecho de que soy un ser humano con sentimientos? ¿Eso para ti es un juego? —inquiero dolida. Es mucho más simple decir las cosas por impulso, porque si te pones a pensarlo detenidamente, al final nunca las dirás. Ahora es uno de esos casos. Una parte de mí quiere que se vaya a trabajar y olvide lo que he dicho, pero la otra parte necesita saber lo que piensa al respecto— ¿O el que haya admitido lo que siento por ti sin pelos en la lengua?
Edward no espera que esas sean mis preguntas, sin embargo. Y traga en seco sin poder contestar ninguna. Su presencia me duele porque, aunque haya dicho un millón de veces que no siente lástima por mí, definitivamente esta vez sí la tiene. No por lo que me pasó, sino por lo que siento y él no.
—Todo estaba tan bien entre nosotros… tan bien.
—Y yo lo arruiné todo ¿verdad?
Se me llenan los ojos de lágrimas, no lo puedo evitar.
—No es lo que quise decir. No es lo que estoy intentando decir.
—¿Y qué quieres decir entonces? —lo encaro con lágrimas o no, pero lo hago.
Edward frunce el ceño; confuso, atónito, asustado.
—No lo sé.
Sacudo la cabeza.
—No creo que sea buena idea que vayamos juntos en el auto, así que llamaré a Alice para saber si puede venir por mí. —no le dejo opción.
Estoy esperando el "Bella, no podemos" "Bella, esto está mal" "Bella, necesitas más tiempo para mejorarte" "No te comportes como una niña" Las espero, lo juro. Y creo que quiero golpearlo antes de que las diga. Pero él no las dice. Solo se acerca, me da un beso en la mejilla, y se marcha.
.
.
.
Ness no puede entender lo caradura que puede resultar Charlie queriendo hablar conmigo. Jacob, en cambio, intenta darle algún sentido.
—Es viejo, probablemente ahora se dé cuenta de su soledad en la vejez y está tratando de probar suerte con los espermios que dejó por allí.
No sé en qué momento Charlie salió a colación en nuestra conversación. Estaba tan distraída que no me percaté del segundo en que ellos empezaron a interesarse en mi inexistente vida familiar. No me importa tanto, de todos modos. Ellos hablan y yo me encuentro en otro lugar. Tengo un libro sobre el regazo, el que hojeo detenidamente sin leer una sola frase. Si alguien viniese a pedirme que le haga un resumen de las tres últimas páginas, me quedaría en blanco. Creo que solo presté atención a las diez primeras, donde sus frases tocaron la grieta de mi destrozado corazón.
A pesar del intento de lectura, no puedo apartar la imagen de Edward en mi cabeza. Una sensación de vergüenza se apodera de mí y no puedo dejarle ir. ¿Por qué se lo dije? ¿Por qué no lo guardé para mí? La desilusión no la hubiese tenido tan de repente. La idea era que yo no tendría este tipo de problemas en mi vida. Alejaría a los hombres de mí y moriría sola. Tal vez necesito entender que esa es la realidad de todas las personas; morir solas.
Le miento a Alice diciendo que Edward vendrá por mí. Se supone que no volvería a irme o hacer algo sin avisarle a nadie, pero tengo estos periodos de rebeldía donde me hago la siguiente pregunta: ¿Por qué no puedo hacerlo por mi cuenta? ¿Por qué tengo que seguir avisando cada paso que doy? Suena egoísta de mi parte, pero he estado sometida a tantas restricciones en mi vida, que un poco de libertad por una hora, no parece tan terrible. Necesito sentir por un momento que nadie está controlándome.
O al menos, eso quiero hacerme creer yo.
¿Puedo estar equivocada? Tal vez.
¿Sueno mal agradecida? Sí, lo que no significa que lo sea.
La estación del metro siempre está repleta. Analizo a la gente y rememoro las veces que he venido con Alice. Me hago la valiente. No sé cómo lo he hecho, pero en diez minutos estoy dentro del vagón. Cuando el metro empieza su recorrido, sonrío tanto que no me importa que la gente me mire extraño.
Lo hice sola. Acabo de tomar el metro por mi cuenta.
Demoro un poco más en llegar a casa de lo que me demoraría estando con alguien más, pero estoy satisfecha por el resultado. El único problema fue no decidir nunca cruzar la calle y lo hice cuando todo el mundo empezó a avanzar, así que si toda esa gente hubiese querido morir atropellada, yo también lo habría hecho inconscientemente.
Leti no dice nada de verme llegar sola, aunque de todos modos frunce el ceño.
Me apresuro a ir a mi habitación. Preparo mi ropa de deporte y elijo una camiseta de Tom & Jerry esta vez. Carmen se apoya en la puerta apenas llega, esperándome mientras me veo en el espejo.
—Vamos, el mundo afuera te está esperando. ¡Deprisa!
Caminamos hasta el parque, y nos sentamos sobre el césped recién cortado.
—Pensé que Edward vendría con nosotros.
—Está trabajando.
Eso no es problema para él. Aunque trabaje, siempre tiene tiempo para mí.
—¿Pelearon?
Carmen sabe dar en el clavo.
—Algo así.
No insiste. No lo necesita, Carmen lo intuye.
Estiramos las piernas hasta que estas me empiezan a doler.
—¿Has tenido pesadillas?
—Sip.
—Cuéntame. —no hay necesidad de ruegos. Parece que hubiese esperado esa pregunta durante todo el día, porque apenas lo dice estoy expulsando el sueño de Mike y el niño en sus brazos, y de como yo estaba debajo del escritorio empapada en sangre. Lucho contra los escalofríos de mis brazos. Carmen escucha mi testimonio, abordando una razón— ¿Piensas mucho en ese bebé?
No puedo mentirle.
—A veces.
—¿Por qué? —encojo los hombros— ¿Qué te hace recordarlo?
—Las fechas. —admito— Tendría que haber nacido hace meses, y pienso en lo que sería su cara o si mi recuperación hubiese sido tan efectiva como lo es sin él.
—¿Te arrepientes?
—No creo que se trate de eso, sino de lo que mi cuerpo experimentó. No puedo pasar por alto aquello ni fingir que nunca existió.
Carmen pone una mano en mi brazo.
—Entonces solo lo estás asimilando. Probablemente vas a volver a soñar con él o con distintas situaciones, y algún día, cuando eso no ocurra, te vas a dar cuenta que ese periodo de aceptación ya lo asumiste en su totalidad.
Nos damos un abrazo, y luego de meditarlo un poco, salgo a trotar sola. Aprovecho mi día de independencia, así que me alejo sin mirar atrás. Corro hasta perderme al final de la calle. Niños pasan en bicicleta junto a mí, y sonrío al grupo de ancianas en sus clases de zumba. En algún punto de mi trote quedo agotada. Me sostengo de algo y poco después, me doy cuenta que estoy junto a la baranda del puente de la carretera principal. El mismo que me escuchó gritar por primera vez.
Le tengo un cariño especial a este lugar, más que nada porque nunca antes había escuchado un grito mío tan liberador.
Alguien pone un gato de peluche delante de mí.
Ese alguien es muy astuto.
No puedo evitar dar un salto de saberme acompañada, pero no tardo en reconocer esas manos.
—Está sonriendo. —digo, pasando el índice por la sonrisa maliciosa del gato.
Lo recibo y presiono su estómago para escucharle soltar un ronroneo y posterior risita. Cuando levanto la cabeza, no puedo evitar romper a reír por su aspecto.
—¿Qué?
Edward lleva ropa de deporte, pero también lleva un cintillo amarillo patito en la cabeza como el mío.
—No puedes estar usando esa cosa en la cabeza.
—¿Por qué no? Tú lo usas. —voy a decir alguna broma respecto a eso, sin embargo, nada de eso sucede. El recuerdo de mi bochorno me lo impide—Estaba preocupado por ti.
Claro. Alice se lo dijo.
—No pasa nada si de vez en cuando me voy a casa sola.
—Supongo que ya eres adulta. —sonríe y sonrío también— Pero no estaba preocupado por eso. De hecho, no tenía ni idea de que te fuiste sola a casa. —demasiado cerca estamos para poder respirar, que hago caso omiso a su tono de advertencia— No me gusta que discutamos.
—A mí tampoco.
—¿Por qué lo hacemos, entonces?
Nadie discute porque sí. Siempre existe un motivo. Un motivo importante.
—Porque uno de los dos se enamoró. —respondo sin más— Ninguna amistad vuelve a ser lo mismo. Nosotros no somos la excepción.
Mantengo una postura firme, logrando que una pequeña parte de mí se tranquilice ante su presencia.
—¿Qué te hace pensar que yo no lo estoy?
Eso es lo último que hubiese esperado que saliera de su boca. Nada de lo que dice tiene coherencia en este momento.
—Me lo dijiste esta mañana.
—Nunca lo hice.
—Entonces, me lo diste entender.
—Porque no me dejaste explicarte. —me trago la picazón de mi garganta por las ganas de llorar. Tengo que dejar de llorar por cualquier cosa— Te gusta entender las cosas a tu modo.
—Edward, dijiste que no podía jugar con eso. Asumiste que lo estaba haciendo por diversión o algo así ¿De qué otra manera iba a entenderlo? —me comienzo a enfadar, él se comienza a enfadar— ¿Qué es lo que sientes por mí? —me atrevo a preguntar.
Su rostro palidece y me siento mal por ponerlo en esta situación. Es suficiente. Suficiente para él, suficiente para mí. Aquello me hace entender que las cosas deben estar en el lugar que deben estar. No puedo pedir más. Y eso no quiere decir que sea infeliz.
—¿Sabes? —traga en seco— Siento tanto por ti, que a veces creo que esto va a terminar matándome.
Edward esfuma cualquier duda quitándose el cintillo y tomándome desprevenida en un beso. No es un beso donde intente presentarse en mis labios, sino un beso que sabe con certeza lo que estos quieren y necesitan. Atrapa mi boca una y otra vez, volviéndome loca. Al cabo de unos segundos mi cuerpo deja de resistirse, y estoy respondiendo del mismo modo o incluso con más fuerza de lo que él es capaz de hacer.
Una vez que nos alejamos, sus ojos brillan de emoción.
—Cuando saliste corriendo después de nuestro baile de Navidad... —jadea en busca de aire, y no soy capaz de apartar las manos de su rostro— En ese minuto me di cuenta de lo realmente importante que eras para mí, y del miedo que tengo de perderte, de hacerte daño… todavía tengo miedo de hacerte daño. Pero lo que siento es mucho más de lo que me puedo imaginar, o incluso querer.
Su intensa mirada se posa en la mía.
—Dilo. —pido, casi como un ruego— Dilo en voz alta.
Toma ambas de mis manos, encerrándolas en un puño. Sigo siendo un alma rota. Un alma en plena reconstrucción.
—Me enamoré de ti también, Bella.
Edward es la única persona que, con su tacto, no me provoca rechazo. Tal vez se deba a que siempre estuvo allí, desde el primer instante en que mi vida volvió a tener sentido. Con su ternura, su preocupación, inconscientemente volvió a enamorarme, volvió a despertar los sentimientos que tuve por él hace tanto tiempo. Pero el problema es que ninguno de los dos se sentía preparado para aceptarlo, porque teníamos otras preocupaciones, otras prioridades.
Eso es lo que le pasó a él también.
Y ahora, todo eso ha cambiado.
Holaaa!
Bueno, Bella lo dijo, todo cambió para ellos, por suerte para bien.
Gracias como siempre a los que me leen y dejan su granito de arena con un review. Se lo agradezco muchísimo!
Los dejo invitados a unirse a mi grupo de fics "Annie Stewart fanfics" (Link en mi perfil de fanfiction) Donde voy subiendo adelantos cada semana.
Gracias por todo! Hasta la próxima ;)
