Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen.
Capítulo 25
Sus noches solían ser silenciosas y pacíficas, las estrellas se reflejaban en la suave superficie del mar. Siendo la única casa en cientos de kilómetros, Kame House gozaba de una calma inigualable por cualquier otro sitio. Las olas repetidamente acariciaban la playa repleta de granos de arena, las palmeras se mecían con la brisa.
No obstante, en esta ocasión toda aquella quietud es ahora sólo un recuerdo. Ciudad Satán, era un caldo de cultivo donde el ruido florecía y proliferaba en todo rincón. La soledad de su isla pasó a un segundo plano ante la vida nocturna, el maestro Roshi pese a su edad por dentro era tan activo como un joven.
Y fue así que él caminó con elegancia por las avenidas de la ciudad, ganándose todas las miradas que se concentraron sobre él al continuar con su firme andar. Sus lentes oscuros brillaban con los fuertes letreros de neón multicolores, los cuales señalaban las entradas de los muchísimos centros nocturnos que Ciudad Satán contaba.
– Hola preciosas…
El anciano y leyenda en vida de las artes marciales, no perdió detalle alguno de los bellos y delgados cuerpos de las mujeres que enceguecían con su presencia las calles. El maestro estaba más que indeciso, había tantos lugares repletos de chicas lindas que no sabía cuál visitar primero. Pero sin importar adónde fuere, sería mejor que aprovechara el tiempo que le queda.
Yamcha lo trajo para que fuera el réferi del torneo escolar organizado por él, sin embargo aquella tarea no era más que una cortina de humo, el verdadero propósito de esa competición juvenil consistía en comprobar si Son Gohan era o no, el hijo del desaparecido guerrero Son Goku. El antiguo bandido del desierto esperaba confirmar sus sospechas, pero el maestro refutó sus especulaciones.
Lo que el amigo de Puar no sabía, era que en realidad tenía toda la razón. Gohan sí era el hijo de Goku, simplemente que el maestro por petición de él lo mantuvo en secreto. Aunque le costó mucho trabajo al final, aceptó el veredicto del octogenario. Pese a ello, en el fondo seguía teniendo numerosas dudas al respecto.
Con el torneo de la Preparatoria Estrella Naranja terminado, Yamcha se dispuso a acompañar hasta Kame House al maestro, pero para su sorpresa él decidió permanecer un poco más de tiempo en la ciudad del campeón mundial. Ante esto, Yamcha debió darle hospedaje al anciano en su casa, no obstante el beisbolista retirado le hizo prometer al longevo hombre una cosa.
No molestar a ninguna jovencita ni acosarla y el maestro lo prometió sin titubear, lo que Yamcha no vio, fue que Roshi cruzó los dedos a sus espaldas. Por un par de días el maestro cumplió con su palabra, pero cuando tuvo la oportunidad se escapó de la vigilante mirada de Yamcha. Y ahora al continuar con su recorrido por las calles, se halló parado frente a un bullicioso centro nocturno pero la fila para ingresar era casi infinita.
– ¡Oye tú viejo, este no es sitio para ti!
– ¡El asilo de anciano está al otro lado de la ciudad!
Varios de los jóvenes que esperaban su turno para entrar en el reconocido Club Satán, comenzaron a gritarle.
– ¿Buscas algo abuelo? –un vigilante del club se le acercó.
– Sólo paseo un poco por la ciudad, y sino te molesta quiero entrar…
– Será mejor que te largues abuelo, no me hagas perder mi tiempo.
El maestro Roshi respondió con una elocuente risa.
– ¿De qué te ríes viejo, te burlas de mí?
Roshi permaneció inmutable sin retorcer ni un paso.
– ¡Lárgate anciano, no me obligues a!
– ¿A qué…a golpearme? –Lo interrumpió–inténtalo…
Los jóvenes que se estaban burlando del maestro se callaron, creían que él había perdido la cabeza.
– ¡Viejo loco, tú te lo buscaste!
Rodeados de los muchos adolescentes deseosos de entrar al bar, el vigilante de la entrada abanicó un fuerte puñetazo contra Roshi. Pero en el segundo exacto en que todos pestañearon, el experimentado artista marcial desapareció de la vista de los curiosos presentes. Instantes luego el fornido guardia del club cayó noqueado a los pies de los jóvenes, sin ninguna complicación el maestro lo envió a dormir.
– ¡No puedo creerlo!
– ¡Yo no pude ver nada!
– ¿Quién diablos es ese viejo?
Mientras los demás se preguntaban qué pasó, el maestro de inmediato entró en el club. Treinta segundos después las personas que hacían fila para también entrar, en medio de una estampida ingresaron al centro nocturno pasándole por encima al hombre inconsciente tirado en el suelo quien no se percató de nada.
– ¿Estás seguro que está por aquí Yamcha?
– Sí Puar, lo puedo sentir.
Para cuando el beisbolista jubilado se dio cuenta de la no presencia del maestro, ya era muy tarde para detenerlo. Afortunadamente Yamcha logró sentir su energía haciéndole posible seguirlo, su ki lo llevó por una calle inundada de bares y demás lugares para adultos pasados de tono. Ciertamente el maestro había caminado por allí.
Ignorando las invitaciones de muchas mujeres que encontró a lo largo de su camino, Yamcha entró en el Club Satán minutos después que el maestro. Y cuando consiguió avistarlo, no creía lo que observaba.
– ¡Maestro!
– ¡Yamcha muchacho al fin llegas, mira cuántas jovencitas lindas hay aquí!
Había mujeres de todas las clases: rubias, pelirrojas, morenas y castañas. Completamente embobado por ellas el maestro las perseguía por todo el club, había recibido cientos de bofetadas por sus atrevidos intentos de llamar su atención. Además, sino detenía el interminable sangrado nasal que padecía moriría desangrado.
– Debemos irnos maestro, usted me había prometido no hacer esto.
– ¡Vamos Yamcha, encerrar a un viejo es algo muy cruel!
– Usted es mi invitado no un prisionero, solamente le pido que se comporte.
– De acuerdo iré contigo–replicó para fortuna de Yamcha, aunque éste se sorprendió al ver como el maestro no se negó tan rotundamente como creía que lo haría.
Sin deseos de hacerlo, el maestro salió de aquel lugar colmado de música y sobre todo de chicas, no obstante el astuto anciano todo lo hacía con un doble fin: uno era admirar la belleza femenina de Ciudad Satán, pero la segunda razón fue menos placentera. Un par de presencias de energía lo inquietaban desde hace días, y al salir para recorrer la ciudad se percató del verdadero poder de esos individuos.
Aquellos sujetos camuflaban muy bien su ki, tanto así que Yamcha al ser un hábil peleador no los había descubierto. Solamente el maestro los detectó, algo le decía que estaban por el mismo motivo que Yamcha lo trajo a él a la ciudad: Gohan. Las fiestas parecían ser una epidemia que se extendía sin detenerse, puesto que al otro lado de la ciudad otra celebración estaba a punto de comenzar.
Un pequeño niño vestido como su héroe favorito se maravilló con la vista, éste sonrió encantado al mirar el paisaje que se exhibía frente a sus ojos. El chico se volteó a ver a su padre, él le regresó la sonrisa antes de caminar juntos hacia la entrada. Por donde quiera que se mirase, las luces y demás preparativos prometían que esa noche no sería olvidada.
Siendo el símbolo de su ego y su poderío económico, la mansión de Mr. Satán estaba más que a la altura. Cada grieta y daño menor fue reparado en un tiempo récord, toda la estructura presentaba sus mejores galas para la inusual fiesta pronto a comenzar. Aquella celebración era una inesperada muestra de humildad, por parte del hombre más adinerado en la ciudad.
– ¡Sean todos bienvenidos a esta gran noche! –Uno de los sirvientes del campeón y alcalde les habló a las primeras personas en llegar– ¡Mr. Satán como su anfitrión los espera!
Como era de suponer, la mansión estaba repleta de personas, como si la mitad de la ciudad estuviera allí. Y literalmente casi todos se hallaban ahí, desde niños pequeños que eran vigilados por sus padres hasta criminales sedientos de venganza comandados por dos veteranos cazarrecompensas. Pero además de ellos, también había un príncipe heredero al trono acompañado de la propia hija del campeón.
– ¿Estás seguro que él vendrá a esta estupidez? –Dieciocho le preguntó en voz baja a su hermano.
– Sí, te lo puedo asegurar sin temor a equivocarme–afirmó con una gran confianza.
Hacía poco tiempo, el par de mercenarios se apoderó por completo del liderazgo de las dos bandas de criminales más grandes en toda Ciudad Satán, derrotaron a la líder de la pandilla Blue Shadow dejándola inconsciente, por otro lado, el cabecilla de la banda Red Shark les cedió el mando a cambio de eliminar de una vez por todas al Gran Saiyaman.
Y fue exactamente, cuando los dos hermanos lograron tomar el control de ambas mafias, que Mr. Satán invitó a los ciudadanos de su ciudad a honrar junto a él al superhéroe de casco naranja. Al enterarse de dicha fiesta, los mercenarios de inmediato comenzaron a fraguar cómo sacar ventaja de todo esto.
Pero antes de tan siquiera planificar cualquier acción, primero debían actualizar la información que los criminales contaban en cuanto a la identidad de su némesis. Para cuando Lunch recuperó la lucidez, descubrió indignada que su banda había sido derrotada y aún peor, ahora era liderada por los dos fenómenos presumidos–como ella así los catalogó–convirtiéndola a ella, en un peón más que debía obedecer sus órdenes.
– ¡Qué el Gran Saiyaman es quién!–exclamaron al mismo tiempo tanto Rock como Lunch.
– Lo que escucharon–contestó Diecisiete.
– El aparentemente invencible Gran Saiyaman, protector incansable de Ciudad Satán–reiteró Dieciocho con muchísimo desdén y sarcasmo–es un muchachito que escapó de casa y su nombre es Gohan, sin darse cuenta ustedes ya lo habían descubierto pero lo ignoraron por completo.
Dieciocho esparció por la mesa las fotografías que los pandilleros habían conseguido de él paseando con Videl días atrás, ahora el odio y la humillación que ambos criminales sentían se triplicó al saber que el hombre que siempre los vencía era apenas un adolescente, sumándose a eso también las palizas que Videl acostumbraba darles, al parecer, los jóvenes eran buenos derrotando delincuentes.
– ¡Todo el tiempo fue ese granuja!
– Sí–Dieciocho afirmó, antes de lanzarle a Lunch una clara burla vestida de pregunta– ¿qué se siente ser derrotada por un mocoso muchos años menor que tú?
No era necesario recalcar el profundo odio y rivalidad que ambas mujeres rubias se tenían, Lunch durante años había forjado una reputación firme como una criminal, era buscada en el mundo entero y había conseguido eludir exitosamente las cárceles. Sin embargo, todo lo que logró construir en su vida, fue ridiculizado por otra mujer que la hizo ver como una novata.
Por su parte, Dieciocho la veía como una fracasada que se creía invencible. Además a la cazarrecompensas siempre le gustó jugar y burlarse de los individuos que ella consideraba inferiores, le causaba mucha diversión ver como Lunch perdía la paciencia al dejarla como una inútil delincuente con aires de grandeza, que no era capaz de vencer a un par de adolescentes.
La mujer de listón rojo en la cabeza murmuró varias blasfemias contra la mercenaria, pese a que deseaba cerrarle la boca sabía que le era imposible lograrlo, pero eso sólo le hizo aumentar su enojo.
– ¡Ya fue suficiente Dieciocho, deja de actuar como una niña!
Mientras tanto a Diecisiete no le pareció graciosa la pregunta de su hermana, él quería que todos los criminales se enfocaran en su meta común: derrotar al hijo de la reina disfrazado de héroe.
– ¿Pero cómo ese chico obtuvo los poderes que tiene? –Rock preguntó con sensatez.
– Aunque les parezca difícil de creer, cualquier ser humano es capaz de hacer lo mismo…incluso ustedes–Diecisiete explicó–Gohan ha entrenado por años, por esos sus armas de fuego no son nada para él.
– ¿Entonces qué haremos, cómo lo venceremos?
– Si mi intuición no falla, él irá a la fiesta que Mr. Satán efectuará hoy por la noche–aseguró el mercenario de cabellera negra–pero en lugar de atacarlo directamente, nos escabulliremos entre los invitados y cuanto él esté a nuestro alcance Dieciocho y yo lo derrotaremos.
– ¿Qué hay de nosotros? –Lunch cuestionó interrumpiéndolo.
– Sé que desean vengarse de Videl Satán, ella estará desprotegida al no tener a Gohan a su lado–Diecisiete respondió de inmediato–así entre tanto nosotros dos estemos ocupados contra él todos ustedes podrán eliminarla, espero que ahora sean capaces de hacerlo, teniendo en cuenta que serán un escuadrón completo contra una sola chica…
– No olvides a los prisioneros en la cárcel, ellos serían de gran ayuda–Rock le dijo a Diecisiete.
– ¿Qué, les dijiste sobre ese plan? –Lunch se sintió traicionada, al parecer Rock les contó a los hermanos sobre todos sus planes habidos y por haber mientras ella estaba inconsciente.
– No me parece una mala idea, pero si me lo permiten le haré un pequeño cambio–Diecisiete continuó con su argumento–en lugar de liberar a sólo unos cuantos, liberaremos a todos los criminales encarcelados, con su apoyo toda la ciudad caerá en un caos nunca antes visto…
– ¿Qué importa lo que pase aquí, no pensarás quedarte en esta ciudad?–Dieciocho no comprendía por qué su hermano se preocupaba por devastar Ciudad Satán, ella lo único que quería era capturar a Gohan para reclamar la recompensa.
– Vamos Dieciocho–expresó el mercenario–hemos estado en este negocio por años y esta es la primera vez que una cacería es divertida, causar algo de caos en la ciudad del supuesto campeón del mundo me resulta muy entretenido…
– ¡Haz lo que quieras, solamente deseo terminar con esto pronto!
Al caer la noche y llegado el momento de actuar, un batallón completo de criminales se preparó vistiéndose con una gran variedad de disfraces, pero debajo de estos aparentes inocentes trajes las armas cargadas estaban listas. Diecisiete no sólo pensaba en capturar a Gohan, también tenía planeado apresar al mismísimo alcalde de Ciudad Satán.
Mientras tanto, los ciudadanos fueron entrando a la mansión de Mr. Satán. Aquello era un momento histórico para ellos, ya que la casa del campeón siempre permanecía cerrada para los extraños. Ante esto, los destellos de las cámaras fotográficas inmortalizaron la celebración desde sus primeros segundos. Y el propio alcalde miraba por medio de una ventana, como el amplio jardín de su hogar se llenaba más y más de personas.
Varios niños asistían a la fiesta vestidos con trajes hechos por ellos mismos, tomaban objetos de sus casas como ropas de sus padres para poder así emular el uniforme característico de su héroe. Otros por el contrario, usaban disfraces de diversos temas: piratas, payasos, fantasmas, robots, monstruos, vaqueros…etcétera.
Y aprovechándose de esa variedad de trajes, Gohan junto con Videl consiguieron mezclarse con las demás personas. Él obviamente no podía utilizar su ropa de Gran Saiyaman, ya que eso lo delataría ante la chica con coletas, por consiguiente, se vistió como un vampiro. En contra parte, Videl fue muy reacia en cuanto a qué disfrazarse.
La justiciera odiaba los disfraces, le parecían vergonzosos además de ridículos pero al recibir las constantes súplicas de Gohan accedió a ello. Ya que el chico se vistió como un inmortal chupasangre, la joven pensó en alguna vestimenta que combinara un poco con él. El resultado no era de su agrado, pero al menos ocultaba su verdadera identidad.
– ¡Por qué pongas esa cara, te ves genial Videl! –él la felicitó por trillonésima ocasión.
– ¡No digas mi nombre en voz alta, tonto! –ella respondió notoriamente molesta y con los dientes muy apretados entre ellos.
– Lo siento–Gohan apenado susurró una disculpa.
Videl escondía todo su ser empleando un pintoresco traje de bruja, a Gohan le encantó como se veía con su vestido negro combinado con un par de botas oscuras, en su cabeza un enorme sombrero puntiagudo camuflaba su largo cabello azabache. En su mano derecha la hechicera Videl sostenía una escoba de paja, dándole el toque final a su vestuario sobrenatural.
– Discúlpame tú a mí Gohan, es que venir aquí de nuevo me causa algo de estrés–Videl aseveró al mismo tiempo que tomaba la mano de su novio.
Novio, ella nunca antes había usado esa palabra para calificar a un hombre cercano a ella. Su vieja amiga Ireza era la que constantemente, alardeaba por su relación sentimental con un hombre en particular. Shapner fue su supuesto novio–aparente para ella, ya que nunca lo quiso–pero esta era la primera vez que aceptaba ser la novia de un chico.
– Tranquila, no pasa nada–él le regaló una extensa sonrisa.
El vampiro y la bruja, recorrieron los pocos metros que los separaban para poder ingresar en la mansión. Ambos que se mantenían firmemente tomados de la mano, fueron capaces de escuchar la fuerte música que la festividad producía envolviendo a los invitados. El intenso ambiente festivo comenzaba a hacerse sentir, sin duda el campeón del mundo estaba ofreciendo la mejor fiesta en la historia de su metrópoli.
Gohan en ese mismo momento, le agradecía al cielo que usara maquillaje en su rostro para simular la palidez de un vampiro, porque esto ocultaba el enorme sonrojo en su faz. Pero adentro de su mente se puso a él mismo un alto, al tragar saliva cerró sus ojos por un segundo para verse a sí mismo.
Estaba parado con ella, tomado de la mano con ella, compartiendo con ella no como amigos ni conocidos, sino, como una pareja. Él y Videl ahora eran pareja, era normal que en la adolescencia se sintiera algo de pena por tener a una persona especial en la vida, pero también, ese sentimiento de vergüenza con el tiempo debía pasar hasta definitivamente superarse.
– ¿Cuántas estatuas tiene tu papá? –el príncipe le preguntó a Videl, al ver los numerosos monumentos cubiertos de oro con la imagen del campeón.
– Honestamente no lo sé, pero espero que ahora comprendas porqué te decía que su ego no tiene límites–Videl replicó al ignorar las representaciones de su progenitor.
Ella siempre odió que su padre se sobrevalorara a sí mismo, él desde hacía años adornó no sólo su mansión con dichas estatuas sino también toda Ciudad Satán. La joven ojiazul seguía siendo recelosa, no creía que la tan mencionada fiesta de su padre sea en honor de otra persona que no es él mismo.
– ¡Soy el Gran Saiyaman, el mal me tiene miedo!
Un grupo de pequeños jugaba entre sí mientras esperaban por la salida del alcalde, Videl se rió alegremente al ver como ese niño imitaba las curiosas frases y pasos de baile que el superhéroe normalmente empleaba. Gohan por otro lado arqueó una ceja, se sentía orgulloso al observar a ese infante emularlo pero no entendía la razón por la cual Videl se reía tan burlescamente.
La gran multitud de personas se concentraba poco a poco en la parte central del jardín, allí se encontraba un espacioso escenario que acaparaba la atención de los espectadores. Todos los sirvientes caminaban de un lado a otro repartiendo bocadillos, más de veinte mesas repletas de comida tenían la misión de alimentar a los muchos invitados.
– ¡Damas y caballeros, con ustedes nuestro alcalde y campeón mundial de las artes marciales! –un anunciador con su potente voz, se ganó el interés de las docenas de personas disfrazadas– ¡el grande y magnífico Mr. Satán!
Los reflectores se dirigieron a la plataforma, donde una serie de fuegos artificiales prepararon el ambiente para que el alcalde apareciera. Mr. Satán usando una impecable capa blanca saltó desde muy alto haciendo varias piruetas en el aire, al hacer contacto con el suelo, dio unos cuantos saltos para desacelerar su marcha pero para su mala suerte.
Justo cuando se disponía a detenerse, perdió el equilibrio al tropezar con una de sus botas arruinando lo que era una entrada con estilo. Rodó por el suelo un par de ocasiones, hasta finalmente caer duramente contra el suelo golpeándose la cabeza. Los invitados de su fiesta se quedaron en silencio por varios segundos, incluso la música enmudeció permitiendo que el canto de unos grillos fuera el único sonido en el ambiente.
– ¿Se encuentra bien Mr. Satán? –uno de sus criados le preguntó.
– Ahh sí…sí–el padre de Videl al notar las miradas sobre él, se levantó como un rayo y recuperó la compostura para continuar con la celebración– ¡bienvenidos a mi casa, hoy vivirán una noche que no olvidarán jamás!
– ¡Mr. Satán es el mejor!
– ¡No hay nadie como el campeón!
– ¡Satán, Satán, Satán!
El público para fortuna del alcalde olvidó su caída, y como era normal correaron su nombre en forma de aclamación. Pese a ello, Videl llevó una mano a su rostro para ocultar la vergüenza que sentía al ver como su padre nuevamente se vanagloriaba. Gohan rió con disimulo, el tropiezo de Mr. Satán le causó risa pero pensó que no era correcto reírse del hombre que ahora era su suegro, aunque él aún no lo supiera.
– Como recordarán, hace unos días un cobarde grupo de hombres intentó secuestrarme–Mr. Satán habló por medio un micrófono, dando así un pequeño discurso de apertura–nuestros valientes policías acudieron en mi auxilio, pero cuando todo parecía perdido un héroe me salvó…un héroe que desde hace mucho ha protegido esta ciudad.
Al mismo tiempo que Mr. Satán pronunciaba sus palabras, los pandilleros y los mercenarios disfrazados se esparcían en diferentes puntos de la mansión.
– Es por eso que al ser el alcalde de Ciudad Satán, es mí deber premiar y reconocer públicamente el heroísmo de este hombre enmascarado–continuó hablándole a la multitud–nunca nos ha dicho su verdadero nombre ni tampoco hemos visto su rostro, pero al ver su capa roja y su casco naranja sabemos como llamarlo… ¡el Gran Saiyaman!
Las personas reunidas aplaudieron al ser mencionado el nombre del superhéroe.
– Por lo tanto, yo le dedico esta celebración al Gran Saiyaman–puntualizó el artista marcial poseedor del título mundial–espero que él me esté escuchando en este momento, porque durante la fiesta le haré entrega de una medalla por todas sus proezas memorables.
Muchos no creían la generosidad del campeón, sobre todo su propia hija quien era una persona muy escéptica.
– Pero no crean que sólo el Gran Saiyaman se divertirá, ustedes también lo harán… ¡así pues, qué comience la fiesta!
Las luces se apagaron pero la música cobró vida de nuevo, en forma sincronizada una sucesión de antorchas brindaron luz a la celebración al aire libre. Algunos bebían y comían, en cuanto a otros bailaban dejándose llevar por el ritmo de las notas musicales. Al mejor estilo de un club nocturno, varios artilugios de entretenimiento como rayos láser y estelas de humo complementaron la atmósfera festiva.
Pero ni el vampiro ni la hechicera, se animaban a bailar junto con los demás asistentes. Ambos eran personas cerradas en ese tema, Videl había frecuentado clubes como el Club Satán tiempo atrás, pero únicamente debido a que Shapner e Ireza le pedían ir pero ella siempre permanecía sentada en su mesa sin moverse.
Gohan de manera similar, no era un bailarín acreditado. Al igual que Videl, visitó el Club Satán cuando tuvo su cita con Ireza meses atrás, en aquella ocasión intentó bailar pero al recordar tal momento sólo sentía vergüenza. A pesar de eso él y Videl están allí por insistencia suya, así que tomó valor y luego dijo en tono pausado:
– Videl…
– ¿Qué?
– ¿Te gustaría ir a bailar?
– ¡Qué dijiste! –exclamó con timidez, a ella no le gustaba ser el centro de atención aunque esté usando un disfraz.
– ¿Quieres bailar conmigo? –él reiteró su petición, tomando la iniciativa.
– Bueno yo…
Videl titubeó un poco antes de contestar, apartó su mirada de Gohan para observar de nuevo la plataforma de baile. Todo pareció ralentizarse por un instante, ella no perdió detalle de cómo los hombres y mujeres disfrazadas danzaban entre sí sin temor alguno. Era una danza completamente anormal, donde los más singulares seres disfrutaban de la fiesta.
– Claro Gohan, vamos–ahora era el turno de Videl, para reunir agallas y dejar sus miedos atrás.
El chico sonrió de nuevo al tomarla del brazo, lentamente se introdujeron en la pista de baile siendo rodeados en segundos por los demás bailarines. Al mismo tiempo que caminaban un par de personas disfrazadas con capuchas negras avanzaban a la distancia, Diecisiete le susurró a su hermana al descubrir su objetivo, no importara que él estuviera disfrazado su ki seguía siendo detectable.
– ¿Intervenimos ahora? –Dieciocho cuestiona, al observar de soslayo al príncipe vestido de vampiro bailar torpemente con la justiciera caracterizada como una bruja.
– No, aún no–replicó Diecisiete, él estaba analizando a sus presas–debemos atacarlo cuando él se sienta más relajado y confiado, lo tomaremos por sorpresa en el momento adecuado.
– De acuerdo, pero ya me estoy impacientando–su pariente sonrió al escucharla, Dieciocho solía ser tan ansiosa.
En otro lugar, Mr. Satán se mantenía sentado en un cómodo sillón fumando un habano. Gracias a esa ubicación privilegiada podía verlo todo, a un costado su mansión exhibía su mejor cara. El arquitecto junto a su equipo de asistentes, hicieron un excelente trabajo de restauración en su hogar.
Todos los agujeros de bala, las paredes agrietadas, los cristales rotos y el enorme hoyo en el techo fueron reparados. En el interior, se hizo un extenso y costoso trabajo decorativo cambiando por completo el aspecto de la mansión. A pesar de su complejidad aquella gigantesca restauración fue hecha en un tiempo increíble, una semana.
Sin embargo, sólo una habitación permaneció exactamente igual. El campeón ordenó que la recámara de su hija no fuera alterada en lo más mínimo, él sin decirlo deseaba preservar la alcoba de Videl tal y como ella la dejó antes de marcharse. La suave fragancia de sus largos cabellos oscuros, aún era percibidle dentro de aquellas paredes.
A través de las imágenes plasmadas en la pantalla, se podía apreciar con todo detalle cada aspecto de la celebración patrocinada por Mr. Satán. Los reporteros seguían repitiendo una y otra vez lo grande y magnífico que era el campeón, pero en ni una sola ocasión fue mencionado el hombre que estuvo a punto de heredar toda aquella grandeza.
– Como pueden ver la fiesta hace pocos minutos dio inicio, los jardines de la mansión están repletos de personas usando toda clase de disfraces–relató una periodista al estar rodeada de cientos de personas.
Un bufido de fastidio se escuchó levemente cerca del televisor, el individuo adelante del aparato parlante continuó consumiendo la fría y espumosa bebida que refrescaba su caliente garganta.
– El alcalde Mr. Satán es el anfitrión de esta celebración nunca antes vista en nuestra ciudad, sin embargo el invitado de honor aún no aparece…muchos esperamos que el Gran Saiyaman se haga presente en cualquier momento…–la televisión fue apagada de repente, silenciando su parloteo bullicioso.
– ¡Son un montón de aduladores descerebrados!
Shapner jugueteaba con una botella de cerveza entre tanto miraba la pantalla del televisor, había sido un día muy activo desde el amanecer hasta la puesta del sol. El rubio balanceó el frasco varias veces mirando el último sorbo de bebida alcohólica dentro de ella, segundos después llevó la punta de la botella hasta sus labios terminando de beber su cerveza.
Dejándose llevar por la sensación generada ante la ingesta de alcohol, se mantuvo reclinado sobre el sofá al sentirse cómodo. Giró su cabeza observando a la distancia a la pelirroja dormida en su cama, su rostro no era visible a causa de que su espeso cabello rojizo lo ocultaba. Ángela dormida pesadamente, quizás Shapner fue demasiado exigente con ella en su primera práctica.
– ¿Puedo descansar un poco? –la joven de pelo rojo respiraba con mucha dificultad, la superficie de su piel se encontraba humedecida por su sudor.
– No, no puedes–le respondió Shapner, quien también sudaba mucho a causa del ejercicio–discúlpame por ser tan duro contigo, pero Videl es una luchadora con muchos años de experiencia, debes recortar esa distancia en muy poco tiempo.
– ¿Valdrá la pena todo esto? –cuestionó al dudar de su propia capacidad.
– Cuando veas a Videl tirada en el suelo quejándose de sus dolencias, al mirarla allí pidiéndote clemencia te darás cuenta de que todo valió la pena–el rubio se arrodilló frente a ella, él le extendió su mano para ayudarla a levantarse–recuerda que no estarás sola contra Videl.
– Sí, quiero verla tragarse sus palabras…es una presumida hipócrita, no la soporto.
En el pasado, Ángela había estaba en muchas sesiones de entrenamiento con las porristas de la preparatoria, pero en esta ocasión la exigencia física es el triple que en aquellas ocasiones. Siendo una persona sin conocimientos de lucha, debió aprender todo lo que pudo en un tiempo reducido sin darle espacio al error.
Gracias a sus años en el equipo de porrismo, Ángela desarrolló una agilidad muy útil y necesaria. Sus reflejos eran buenos, el problema más grande que debía afrontar era su fuerza la cual es a falta de otra palabra para describirla: reducida. Y fue así, mientras Shapner admiraba su brazo recientemente recuperado, que una idea cruzó su mente dándole otra perspectiva.
"La fuerza no lo es todo"–pensó el chico de rubia cabellera.
Ángela no desarrollaría una fortaleza física devastadora en un abrir y cerrar de ojos, pero si usaba la fuerza que ya tenía para golpear a Videl en puntos clave de su anatomía, quizás así podría vencerla dejando el orgullo y la reputación de la joven peinada con coletas por el suelo.
– Ven probemos otra cosa, se me ocurrió algo distinto.
Las horas siguieron pasando para el rubio y la pelirroja, ella siguió las indicaciones de Shapner quien le instruía en dar golpes rápidos en diferentes zonas del cuerpo. Él conocía a Videl, sabía que ella siempre peleaba de la misma manera, eso quedó evidenciado en el pasado torneo escolar donde casi pierde uno de sus combates.
– Videl es muy obstinada cuando lucha, hace los mismos ataques una y otra vez, su arma favorita son las patadas–Shapner comentó al analizar a la que fue su novia–lo que debes hacer es atacarla en las partes de su cuerpo que son vitales, si atacas su cuello no podrá respirar, si la golpeas en sus ojos anularás su visión, aquí no importa lo fuerza sino saber golpear.
– No entiendo.
– Repite todo lo que haga…
Shapner usando golpes suaves le mostró a la porrista donde atacar a Videl, un derechazo directo a la garganta le cortará la respiración de inmediato, ante la falta de oxígeno quedará desorientada. Un par de manotazos al rostro específicamente en sus ojos, le restaría agudeza visual. Si reiteraba esas arremetidas cuantas veces fuera posible, dejaría a Videl indefensa para rematarla con golpes más demoledores.
La porrista repitió y repitió los movimientos sugeridos por Shapner hasta quedar rendida, él al verla agotada la tomó en sus brazos para depositarla así en su propia cama. Ángela se durmió de inmediato, por otra parte Shapner flexionó su brazo anteriormente herido comprobando que éste se encontraba sano.
– Gohan…
Murmurando el nombre de ese chico, luchó contra su propia sombra proyectada en una pared. Si Ángela se preparó para retar a Videl, ahora le correspondía a él hacerlo también. Pero a diferencia de la pelirroja, él no necesitaría ninguna ayuda cuando humille a Gohan–así pensaba–al derrotarlo recuperaría su orgullo perdido.
Al terminar de entrenarse tomó de su refrigerador una fría botella de cerveza, y con una toalla sobre su cuello se sentó frente a su televisor. Momentáneamente a que bebía, sus sentidos estaban atentos al aparato eléctrico de entretenimiento. Descubriendo nuevamente para su disgusto, como la ciudad se dejaba seducir y controlar por la familia Satán.
Los nombres de Mr. Satán y del Gran Saiyaman se repetían tantas veces que sintió asco, nadie lo recordaba, pero eso ya no tenía importancia. Él formaría su propia fama gracias a sus logros, y el primer paso sería acabar con los dos pelinegros. Pero su ambición al ser tan grande, no se conformaba con sólo ser conocido en Ciudad Satán.
El rubio con su cabeza llena de sueños y aspiraciones, se levantó de su asiento para mirar el techo de su departamento imaginándose a él mismo como deseaba ser. Tanto él como Ángela, vivían dentro de una fantasía utópica donde eran personas exitosas, rodeados de sus propios fanáticos que adoran cualquier fotografía suya.
– Aún no sé qué será de mi vida, pero no seré un perdedor…todos sabrán quién soy.
El joven de cabellos dorados regresó al lado de la chica dormida en su cama, con una gentileza impensada en él acarició el rostro cansado de Ángela. Ambos creían ingenuamente que efectivamente desahogarían su frustración en sus antiguas parejas, ninguno imaginaba el verdadero poder de Gohan ni tampoco sospechaban las nuevas habilidades de Videl.
Shapner giró una vez más su mirada, a través de su amplia ventana divisó los fuegos artificiales lanzados desde la mansión Satán. Tal vez sus metas son demasiadas ambiciosas, pero nadie le haría retroceder en sus anhelos, quizás sean descabellados o fantasiosos, pero pensaba que estaba destinado al éxito.
Confiado dejó de mirar por la ventana dándole la espalda a Ciudad Satán, él esperaba que en muchos años, dicha ciudad solamente sea un vago recuerdo.
El espacio entre las personas que bailaban era incómodamente diminuto, principalmente para dos adolescentes que no están acostumbrados a interactuar de una forma tan íntima públicamente. Ambos habían progresado muchísimo como pareja, al principio como era normal y natural, comenzaron con mutuas demostraciones de cariño con algunos besos y caricias.
Sin embargo, tanto Gohan como Videl dentro de su timidez juvenil les avergonzaba hacer tal cosa estando rodeados de tantas personas. En la pista de baile dominada por muchas parejas, la temperatura tan alta igualaba el mismo entorno que en un centro nocturno. Por más que intentaban moverse al ritmo de la música, los dos se sentían intimidados por la cantidad de personas que realizaban movimientos tan atrevidos para ellos.
Gohan pestañeó reiteradamente, él ya se había impuesto dejar sus miedos y dudas atrás ahora no era momento de dejarse controlar por la vergüenza. Deseando transmitir una sensación de osadía y confianza, él aprovechó la poca iluminación para colocarse detrás de Videl. Ella lo perdió de vista por un segundo, pero sorpresivamente sintió como un pecho masculino se apretaba contra su espalda.
El hijo de Son Goku no sabía lo que hacía, pero en el fondo le gustaba. Usando la destreza de sus ojos al máximo imitó los pasos de baile que los demás realizaban, sintiendo emoción mezclada con cautela la rodeó con sus brazos colocando las palmas de sus manos en el vientre de Videl. Aquellas manos se aventuraron subiendo lentamente, y al sentir la cercanía de un par de cumbres femeninas detuvo su avance.
Videl por su parte, percibió como un escalofrío recorría su cuerpo al sentir tales roces contra su piel. Si fuera cualquier otro hombre lo hubiera detenido de inmediato, de seguro lo dejaría inconsciente en el suelo. Pero al ser Gohan el culpable de su estremecimiento, no lo detuvo…complacientemente permitió que continuara.
La joven justiciera se contagió de aquella audacia que Gohan emanaba, cerró sus ojos exhalando con pesadez permitiendo que la música resonara en su cabeza. Sus párpados se abrieron y al igual que Gohan, copió cada paso y movimiento efectuado por los bailarines restantes. Videl giró sobre sí misma con suavidad mientras elevaba sus brazos para abrazarlo, deliberadamente sus miradas se entrecruzaron disfrutando de la fiesta.
Quizás parecían un par de principiantes al bailar, pero gracias a sus disfraces se sentían seguros en el anonimato. El tiempo perdió toda lógica y secuencia, divertirse era lo único que importaba. Si sus padres sobre protectores y exigentes los mirasen, es probable que Milk se desmayara mientras Mr. Satán gritaba insultos contra Gohan.
Aquella fiesta en un principio se pensó como un homenaje al héroe enmascarado, pero los invitados llevaron dicho festejo a otro plano no imaginado. Y a nadie le parecía importar que así fuese, incluso el campeón a la distancia tarareara la música al fumar un habano, ignorando por completo el gran entorno subido de tono en la plataforma de baile.
Por segunda ocasión las manos de Gohan recorrieron el pequeño cuerpo de Videl, las cuales se aferraron a la cintura de ella elevándola en el aire mientras la hacía girar. Los pies de ella regresaron al suelo instantes luego, y sin detenerse sacudió todo su ser acaparando la atención de su novio para su deleite.
Los dos continuaron así por varios minutos, hasta que la música fue desapareciendo al ser vencida por las potentes detonaciones de la pirotecnia. Gohan bajó su mirada apreciando como el rostro de su novia, se iluminaba con los colores azules, rojos, verdes, amarrillos y morados que los fuegos artificiales liberaban.
Él la mantenía abrazada con un sólo brazo, sin perderla de vista usó su otra mano para tomarla por la barbilla. Videl sin esperarlo se vio sorprendida por un beso suave de su acompañante, el cual regresó sin objeción alguna sin molestarse a ver las fugaces miradas que ambos se ganaron.
– ¿Quieres algo de beber? –el príncipe le sugirió.
– Sí, hace mucho calor aquí–una sedienta y agitada Videl aceptó su ofrecimiento.
– Sujétate de mí.
El hijo de la reina la tomó por su mano halándola, la gran cantidad de personas rodeándolos les dificultaba el libre transitar. Sin embargo, lograron salir de la multitud encaminándose así hacia una de las mesas repletas de bocadillos, habiendo heredado el apetito de su padre, Gohan devoraba todo con sólo mirarlo.
– ¿Crees que esté aquí? –Shun le susurró a su amigo Tetsu.
– No lo sé, yo sólo quiero divertirme.
– Shapner se molestará con nosotros, si se entera que no estamos haciendo lo que nos pidió–Jin les comentó.
– Él nos ordenó buscar a Videl, pues la estamos buscando en la fiesta de su padre–Tetsu respondió menospreciando la observación de Jin.
El trío de buenos para nada, vestía unos disfraces que a cualquier otra persona le ocasionaría pena. Pero su ridícula imagen no les interesaba a ninguno, solamente querían pasar un par de horas divirtiéndose. Tetsu, Jin y Shun recorrieron los enormes jardines de la mansión, los tres les lanzaban piropos poco agradables a cuanta chica linda veían, olvidándose de la misión encomendada por Shapner.
– ¡Estúpido y ridículo disfraz!
Videl se encontraba sola parada al lado de una fuente, esperando por Gohan quien se marchó en busca de un par de bebidas para ambos. El traje de bruja era muy molesto para ella, siendo el sombrero puntiagudo de hechicera su mayor molestia. Harta de la comezón que éste le generaba se lo quitó, al arrojarlo al suelo se rascó la cabeza consiguiendo mucho alivio.
Desató el moño que sujetaba su larga cabellera oscura, con sus dedos la peinó sintiéndose libre de aquella vestimenta. Para su mala fortuna, Shun quien caminaba entre los arbustos del jardín, la divisó en la cercanía. Creyendo que era otra mujer, acomodó su ropa y caminó tratando de ser elegante con la intención de seducirla.
– ¿Por qué tan sola preciosa?
Su pregunta no fue escuchada por Videl, pero tal cosa le permitió a Shun ser el artífice de un descubrimiento monumental. El adolescente haragán desde su escondite detrás de las plantas del jardín, se dio cuenta que ese rostro le era increíblemente familiar. Al principio lo dudó, pese a ello todo se confirmó instantes después.
– Ten Videl…
– Gracias Gohan.
El hermano de Goten apareció de la nada sosteniendo un par de copas con ponche, Videl por sugerencia de su novio volvió a colocarse su sombrero de bruja ocultando su identidad de nuevo. No sólo era Videl, también estaba Gohan a su lado en una clara actitud romántica. Shun salió corriendo buscando a Tetsu y a Jin, su hallazgo debía ser conocido por ellos cuánto antes.
– ¿Qué pasa, te veo nervioso? –con una actitud muy amorosa poco usual en ella, Videl le preguntó a Gohan al acariciarle la mejilla.
– Bueno…yo–titubeó–necesito decirte algo Videl, ya no lo puedo ocultártelo más.
– Dime…–la joven replicó preocupada, por su cabeza pasaron muchas locuras que la asustaron, hasta la posibilidad que él desease terminar su relación con ella.
– Lo que quiero decirte es–balbuceó tímidamente, fue allí que creyó conveniente darle primero uno de sus dos regalos–pero antes pienso darte esto.
Él sacó de uno de sus bolsillos una caja aterciopelada, al mostrársela la abrió revelándole a la chica un resplandeciente collar adornado con una letra V. Videl no pronunció nada mientras él se lo colocaba en el cuello, aquel par de ojos como zafiros brillaron al no tener palabras. No era normal que Videl se dejara impresionar por un regalo de ese tipo, pero al ser proveniente de Gohan su actitud cambió.
– Gohan…
– Shhh–la silenció con un dedo en los labios–hay algo más que debo decir, no he sido muy honesto, verás yo…
– ¡Están disfrutando de la fiesta! –la estridente voz de Mr. Satán lo interrumpió antes de poder explicarse, un segundo antes él apretó con su mano el anillo de compromiso que intentaba mostrar.
– ¡Sí!
– ¡No los escucho!
– ¡Sí! –la gente gritó con fuerza.
– ¡Qué bueno! –Prosiguió hablando–como dije al principio esta fiesta no es para mí, el hombre al cual estamos homenajeando no se encuentra presente…así que les pido que me ayuden a llamarlo, griten conmigo ciudadanos de Ciudad Satán–él tomó aire y vociferó–¡Ven Gran Saiyaman!
– ¡Ven Gran Saiyaman! –correaron los invitados a la celebración.
– ¡Más fuerte!
– ¡Ven Gran Saiyaman!
– ¡Otra vez!
– ¡Ven Gran Saiyaman!
Los llamados se repitieron varias veces más, Gohan maldijo mentalmente al escucharlos. Justo cuando estaba a punto de contarle la verdad a Videl, en el momento exacto que le propondría matrimonio a la dueña de ese par de ojos tan hermosos...el público que lo rodeaba se lo impidió.
– ¿Me disculpas un momento? –se despidió de ella muy apresurado–iré al baño, vuelvo enseguida.
– Sí, te esperaré aquí.
Videl sabía perfectamente que se transformaría en el superhéroe, aunque dentro de su curiosa mente seguía intrigada por lo que Gohan estuvo a punto de decirle. Sin notarlo, los delgados y finos dedos de sus manos juguetearon con el collar que le obsequió su novio.
– ¡Ven Gran Saiyaman!
– ¿Alguien me llamó? –una potente voz heroica resonó desde el cielo, las miradas buscaron en varias direcciones sin poder hallarlo.
– ¡Allá arriba, allá arriba! –un niño vestido como su héroe, lo señaló con su mano al estar entusiasmado.
Dos brillantes reflectores apuntaron hacia las nubes, iluminando una silueta humana que flotaba sobre la mansión. La capa roja del superhéroe ondeaba victoriosa con la fría brisa, él lentamente fue descendiendo hasta aterrizar en el escenario donde el campeón lo esperaba. El Gran Saiyaman saludó a la multitud, mientras esta gritaba y aplaudía eufórica al verlo.
– Prepárate Dieciocho, la verdadera fiesta está por comenzar–su hermana respondió únicamente tronando sus nudillos, tanta ridiculez ya la tenía fastidiada.
Simultáneamente a que los espectadores tomaban fotografías, inmortalizando al héroe junto al alcalde de la ciudad, los criminales ubicados en diferentes puntos de la mansión aguardaban por el inicio de la ofensiva. Estos no olvidaban las muchas ocasiones que ese hombre los derrotó con facilidad, jamás olvidarían como sin importar cuántas armas se usaran contra él éste parecía invencible.
Pero al tener la esperanza de vencerlo en esta oportunidad, ellos se prepararon para quizás su último enfrentamiento ante al enmascarado de capa roja. Entre tanto las demás personas bailaban y reían en la fiesta, ellos instalaron cuantiosos artefactos explosivos por toda la propiedad del campeón y alcalde, la velada terminaría con una potente detonación.
"¡No parece ser la gran cosa, yo podría ganarle con un sólo golpe!"–meditó el padre de Videl, quien pensaba en el fondo con obstinación o tal vez ingenuidad, que él era más fuerte que el Gran Saiyaman.
Su sonrisa se veía enorme, pero por dentro aquella imagen no era del todo real. Gohan deseaba salir de allí cuánto antes para hablar con Videl a solas, él tenía el deseo de confesarle a su novia la auténtica razón de su estadía en esa ciudad, y aún más importante, revelarle sus verdaderas intenciones con ella.
– ¡Muchas gracias a todos por esta noche, especialmente a usted señor alcalde! –Gohan usando su falsa voz de superhéroe, les habló apresuradamente a los presentes.
– Los que deben dar las gracias somos nosotros, en varias oportunidades nos salvaste de muchos peligrosos, nos ayudaste cuando un grupo irracional de terroristas quiso destruir nuestra ciudad–Mr. Satán intercambió palabras con él, esta era la primera vez que lo hacían–y más recientemente, al estar mi vida en peligro de forma desinteresada viniste en mi rescate.
– Yo únicamente hago lo que me parece correcto, no pretendo ser perfecto simplemente soy una persona que se cansó de ver como el crimen carcome esta ciudad…
– ¿Sabremos algún día quién eres? –preguntó el campeón, aquella pregunta se generalizó en las personas invitadas a la fiesta.
– No lo sé, quizás sí quizás no–replicó con deseos de dar una respuesta negativa–al ocultar mi rostro tengo la tranquilidad de saber que nadie conoce quien soy, espero que entiendan.
Aquellos dos hombres, eran el ejemplo ideal del término contradicción: uno amaba la atención, que todo el planeta lo conociera, además de eso adornó su ciudad con estatuas de su imagen hechas de oro puro. El otro a pesar de sus increíbles habilidades sobrehumanas, deseaba permanecer oculto sin que nadie supiera su nombre.
– Gran Saiyaman...como alcalde de Ciudad Satán, te entrego esta medalla por todas las acciones valerosas que has realizado–Mr. Satán le colocó la condecoración en su pecho, Gohan permaneció firme y en silencio–nunca olvidaremos las vidas que salvaste, vivirás por siempre en nuestra memoria.
Los ciudadanos aplaudieron de inmediato.
– Se lo agradezco señor alcalde, pero no me siento merecedor de su gratitud–afirmó pausadamente–los culpables de los ataques a esta ciudad y a su persona aún están libres, no los he encontrado pero espero hacerlo pronto, también hay algo más que les quiero decir a todos ustedes.
Gohan tomó aire y tragó saliva.
– No estaré aquí por siempre, llegará el momento en que ustedes mismos tendrán que hacerle frente al crimen–les dijo mirando a la distancia a Videl–la avaricia, el poder, el dinero fácil, son algunas de las razones por las cuales estas personas hacen lo que hacen, si ustedes se resisten a dichas tentaciones la criminalidad irá desapareciendo de a poco–él aseguró señalándolos con su mano pero luego se apuntó a él mismo–cuando eso pase, los superhéroes como yo ya no serán necesarios…
– ¡No te vayas Gran Saiyaman! –gritó una niña con lágrimas en sus ojos, al pensar en la idea de que su héroe desapareciera.
– Aún no me voy, pero desde ahora tienen que estar preparados…nada dura para siempre–Gohan sabía que su álter ego deberá marcharse algún día, los ciudadanos de Ciudad Satán tendrán que acostumbrarse a no volver a verlo nunca más.
Mr. Satán sintió como el ambiente festivo se enfrió como si fuera un funeral, por eso actuó rápido tomando la palabra.
– ¡Pero ese día no es hoy! –Exclamó el campeón, queriendo elevar el ánimo de sus invitados– ¡esto es una fiesta así que a celebrar!
Con un ademán de su mano, la música regresó a escucharse. Gohan aún vestido como el Gran Saiyaman saltó hacia la multitud, al caer fue rodeado por todos ellos queriendo un autógrafo suyo otros deseaban tomarse una fotografía con él. Durante quince minutos Gohan los complació, desde los más chicos a los más grandes, todos tuvieron la oportunidad de estar junto a él.
Finalmente al tener un segundo de paz, sin perder tiempo precioso caminó discretamente hacia Videl quien seguía en el mismo lugar alejada de la multitud. La justiciera vestida de bruja comprendía la situación, siendo el héroe de la ciudad todos querían estar a su lado por eso lo esperó pacientemente hasta que volviera otra vez.
– Hola, sé que es usted señorita Videl–él estaba algo incómodo, la última vez que se vieron las cosas no terminaron de la mejor manera.
– Lo sé Gran Saiyaman, este disfraz no oculta mi ki–aseveró al cruzar los brazos–hablando del ki, cuándo me enseñarás a detectarlo aún me debes esa clase.
– Pronto, lo prometo.
– Así que te vas–lo interrumpió mordazmente al estar cara a cara– ¿cuándo llegará el día en que me muestres tu rostro?
Videl esperaba otra respuesta evasiva de parte de su novio disfrazado de personaje de historieta, pero Gohan no respondió como ella esperaba.
– ¿Quieres verlo Videl, quieres verlo ahora mismo? –él llevó sus manos a su casco, lentamente comenzó a quitárselo haciendo que la chica delante de él enmudeciera…
– Buenas noches Gran Saiyaman–un hombre encapuchado lo detuvo, esta era la segunda ocasión en que le impedían decir la verdad–pero dónde están mis modales…buenas noches su majestad–aquel sujeto extraño lo saludó con una burlona reverencia.
– ¿Qué dijiste? –Gohan le cuestionó, Videl no entendió nada.
– Discúlpelo joven príncipe, el tonto de mi hermano no está acostumbrado a hablarle a la realeza–una mujer también encubierta, le habló antes de reclinarse en una reverencia.
– ¿Príncipe?... ¿qué está pasando aquí? –ahora fue Videl quien demostró su confusión.
– ¿Acaso no lo sabes jovencita? –Diecisiete le regresó la pregunta–el hombre que está parado junto a ti, es ni más ni menos que el príncipe heredero al trono de la Tierra del Fuego.
Gracias al casco que cubría su cabeza no se notó, pero una expresión de miedo y sorpresa nunca antes vista en la cara de Gohan se formó. No conocía quiénes eran ni cómo descubrieron su identidad, el asombro fue tan grande que su garganta se cerró por unos segundos impidiéndole hablar con claridad.
– Príncipe, su madre está realmente furiosa–los dos mercenarios destaparon sus cabezas–ella desea su inmediato retorno al reino, puedes venir con nosotros por tu propia voluntad, evitando así una confrontación–le dice Diecisiete manteniendo la calma superficialmente.
– O puedes resistirte inútilmente–Dieciocho continuó la frase de su hermano–pero te advierto, que haremos lo que sea por regresarte con tu madre, de una forma u otra vendrás con nosotros.
– ¿Cómo es esto posible, cómo me descubrió mi madre? –Gohan les interrogó, olvidando que Videl estaba presente allí con él.
– Los primeros meses creyó tus mentiras, pero como era de suponer encontró la verdad–Diecisiete afirmó–ella ahora lo sabe todo: la falsa vida que creaste aquí para engañar a los ingenuos habitantes de esta ciudad, tú empleo de cocinero y aún más importante...el propósito de tu búsqueda: una esposa.
– ¿Esposa? –Videl gritó desconcertada– ¡qué demonios está sucediendo, explíquenme!
– ¿Qué tienen que ver ustedes dos en todo esto? –él quería respuestas.
– Somos cazarrecompensas contratados por tu madre, y el objetivo de nuestra cacería eres tú–los mercenarios elevaron su poder creando una corriente fuerte de viento, Gohan sintió como el tremendo ki de esos sujetos se elevaba muchísimo, no eran para nada ordinarios.
– ¿Te rindes o no? –Dieciocho le indagó manteniendo su energía estable.
– ¡Nunca! –exclamó ante un inminente ataque.
– Entonces que así sea, su excelencia–muy educadamente opinó Diecisiete, antes de golpearlo con un fuerte puñetazo en la barbilla.
Un estremecimiento recorrió los jardines de la mansión Satán, las personas cercanas se voltearon para observar. Los pensamientos se transformaron de modo irracional, las miradas se concentraron en un mismo lugar para no perderse detalle alguno. Al mejor estilo de una historieta, los villanos y el superhéroe se enfrentaron.
Corrió tan rápido como pudo esquivando las personas que lo rodeaban, Shun no podía contener la incredulidad que sentía ante su hallazgo. Era ella, aquella lindura que creyó encontrar sola en medio de la fiesta resultó ser Videl. Las sospechas de Shapner estaban en lo correcto, la justiciera no había abandonado la ciudad como muchos otros especularon.
Pero eso no fue todo, Gohan quien también era blanco de la venganza del rubio se encontraba junto a ella. Shun continuó gritando los nombres de sus amigos, se volteó en todas direcciones sin lograr divisarlos. Había demasiadas personas en la mansión de Mr. Satán, la visibilidad era poca a causa de la multitud.
– ¡Dónde se metieron esos dos!
De repente los invitados a la festividad comenzaron a llamar al Gran Saiyaman, para asombro de Shun este apareció pero sus amigos seguían desaparecidos. Fue entonces al mirar de nuevo que los vio, al igual que él mismo minutos antes estaban intentando llamar la atención de un par de jovencitas en la fiesta, sin embargo su mala suerte una vez más los hizo ser rechazados.
– ¡Ellas se lo pierden! –expresó Jin.
– No importa, hay muchas chicas aquí–puntualizó Tetsu.
– ¡Por fin los encuentro! –Shun gritó al estar frente a ellos.
– ¿Qué pasa? –pregunta Jin–parece que viste a un fantasma–Tetsu apoyó sus palabras asintiendo con la cabeza.
– ¡La encontré, la encontré!
– ¿A quién?
– ¡A Videl par de estúpidos, encontré a Videl!
– ¡Qué dices! –dijeron al mismo tiempo.
– Y no está sola, Gohan la acompaña.
– ¿Estás seguro, son ellos realmente?
– ¡Ya les dije que sí, hay que decírselo a Shapner!
Jin volvió a ver a Tetsu, él afirmó con su cabeza y rápidamente buscó entre sus ropas, al tener su teléfono móvil en sus manos marcó el número telefónico del rubio. La llamada repicó varias veces pero nadie contestaba, cuando estaba a punto de rendirse finalmente una voz atendió su llamado.
– ¡Shapner, la encontramos…encontramos a Videl!
Al otro lado de la línea el rubio permaneció en silencio, con algo de torpeza por la emoción del descubrimiento Tetsu le explicó todo a Shapner. No obstante, el buen humor de éste se desvaneció cuando escuchó el nombre de Gohan. Antes de terminar, el rubio les dio una orden más: vigilarlos de cerca y ver todo lo que hacen.
La fiesta continuaba su marcha con total normalidad, el tiempo pareció detenerse en ese momento. Mr. Satán bebía una gran copa de brandy, las personas disfrazadas platicaban o bailaban al ver como avanzaba la noche, los niños jugaban entre ellos a los héroes y villanos. Pero el tiempo de forma brusca se reactivó gracias a una explosión, a partir de ese momento la tranquila velada se terminó.
Una onda de choque sacudió la mansión entera, las luces y la música se desvanecieron de repente. La potencia de aquella inesperada detonación tomó por sorpresa a todos, excepto a un grandísimo grupo de criminales que estuvieron esperando ese momento durante toda la noche. Cuando las luces regresaron titilantemente, tanto Mr. Satán como sus invitados se vieron rodeados de decenas de hombres armados.
Videl abrió sus ojos de inmediato, no se dio cuenta de lo que pasó pero ahora estaba tirada en el suelo cubierta de polvo y algunos escombros. No tenía idea del tiempo trascurrido, estaba aturdida y escuchaba gritos junto a explosiones de forma distorsionada. Quizás todo aquello sea una invención de su cabeza, pero los sonidos que percibía le demostraban que era muy real.
Mientras tanto, frente al Gran Saiyaman dos personas aterrizaron sin dejar de mirarlo. Gohan se hallaba debajo de lo que fue una pared de ladrillos, con algo de lentitud frotó su barbilla con su mano, aquel golpe le dolió muchísimo pero lo más preocupante para él, fue no haber podido observar los movimientos de su rival.
– Levántate Son Gohan, un ataque tan simple como ese no es capaz de vencerte.
Los únicos que anteriormente lo habían atacado sin detenerlos eran su padre y Picorro, esos dos sujetos no sólo demostraban tener una fuerza formidable sino también, una velocidad impresionante. Por primera vez desde que llegó a Ciudad Satán meses atrás, Gohan no tendrá más remedio que usar su verdadera fuerza.
– ¡Qué esperas, pelea! –Diecisiete y Dieciocho expulsaron su ki de nuevo, haciendo que un par de auras blancas los rodearan.
– ¡Ahhhhhhhhhh! –inadvertidamente Gohan dejó escapar un grito ensordecedor desde el fondo de su garganta, su capa roja de héroe se agitó violentamente al incrementarse su poder, al igual que los mercenarios una aura azulada cubrió todo su cuerpo.
El Gran Saiyaman desapareció en un santiamén, materializándose poco después en medio de los dos cazarrecompensas. Gohan golpeó a Diecisiete con un derechazo al rostro que lo mandó a volar, seguidamente repitió el mismo movimiento contra la rubia. Sin dejar de emplear su velocidad, el príncipe reapareció detrás de Diecisiete al cual recibió con otro puñetazo.
– ¡Maldito mocoso!
Dieciocho extendió sus manos hacia él, con una veloz ráfaga de esferas energéticas contraatacó. Como si fuera una ametralladora humana disparó y disparó sin detenerse, Gohan quien estaba de espaldas volteó su cabeza notando como una lluvia de ataques se le acercaba. Giró en el aire y voló hacia ellas, con varios manotazos desvió las esferas pero esto provocó que éstas chocaran contra los edificios cercanos dañándolos.
– ¿Qué pasa?
– ¿Quiénes son esos?
– ¡Es el Gran Saiyaman!
Varias personas salieron a las calles para observar lo que sucedía, asombrados por las explosiones miraron atónitos como el héroe de la ciudad aterrizó en medio de una autopista milagrosamente vacía, veinte metros más adelante los dos mercenarios también descendieron aguardando por el reinicio de la pelea.
– ¡Todos váyanse a un lugar seguro, es peligroso que se queden aquí! –Gohan les advirtió a los curiosos.
– ¿No es lindo Diecisiete? –En forma de burla le preguntó a su hermano–el muy tonto sigue jugando al superhéroe.
– Déjalo, es la última vez que podrá hacerlo.
– Tengo pensado regresar a mi hogar, pero no de este modo–Gohan les aseguró–será mejor que se marchen de aquí.
– Sentimos mucho arruinar tus planes, pero tú no nos das órdenes.
– ¡Entonces los haré irse por la fuerza!
Tanto el príncipe como los mercenarios, corrieron para encontrarse cara a cara de nuevo. Aquella amplia autopista era ahora una plataforma de combate, donde a pesar de sus palabras algunos imprudentes se quedaron a observar. Las mentes de esos humanos nunca olvidarían lo que veían, esa noche se grabaría para siempre en sus memorias.
Diecisiete fue el primero en atacarlo, él y Gohan intercambiaron golpes con mucha destreza mientras los esquivaban o bloqueaban. Dieciocho no quería quedarse atrás, por eso tomó con sus manos un automóvil con facilidad, voló hacia el superhéroe a quien apaleó repetidas veces con el vehículo hasta destrozarlo en pedazos de metal.
Eran dos contra uno, deseando equilibrar los números Gohan sujetó a la rubia sólo para después arrojarla con todas sus fuerzas contra un enorme camión. El impacto de la mujer destruyó por completo el furgón, éste como resultado terminó estallando en una ardiente bola de fuego. Al ver los destrozos en la ciudad, Gohan creyó que lo mejor era ir a otra parte.
– ¡No escaparás!
El príncipe despegó hacia el cielo pero Diecisiete lo persiguió, los puñetazos se reanudaron entre ellos al mismo tiempo que flotaban sobre los rascacielos. El mercenario vengó a su hermana devolviéndole el mismo ataque a Gohan, lo tomó por una pierna para hacerlo girar muchas veces antes de lanzarlo contra un edificio.
El hijo de Milk atravesó la pared de concreto cayendo dentro de la edificación, momentos luego el mercenario entró allí también. Gohan trató de tomarlo desprevenido y le arrojó una esfera de energía, la cual Diecisiete repelió sin mucha dificultad. A pesar de eso, el príncipe consiguió acercarse a él lo suficiente como para atacarlo directamente empleando un rodillazo a la mandíbula que lo hizo tambalear.
Desafortunadamente para Gohan, el mercenario sólo le respondió con una sonrisa burlona en la cara. De inmediato se embistieron, Diecisiete lo acorraló gracias a la ayuda de un muro del edificio. Impulsivamente lo atacó con un puñetazo, pero Gohan lo esquivó moviendo la cabeza a un costado, viendo muy de cerca como el puño del cazarrecompensas se estrellaba contra el hormigón desmoronándolo.
Tomando ventaja de su cercanía, Gohan lo pateó en el estómago para después impactarlo varias veces en el cuerpo con más patadas. El Gran Saiyaman saltó en el aire logrando hacer una pirueta, la cual le otorgó impulso para conectarlo en el rostro. Diecisiete se desequilibró apoyándose en otra pared, estando allí tomó varias bocanadas de aire antes de proseguir.
– ¡Ahhhhhhhh! –Diecisiete gritó formando una corriente de ki, que estrelló a Gohan contra una columna a sus espaldas.
Viendo otra oportunidad, Diecisiete lo castigó con una veloz sucesión de puñetazos en el pecho. Sin poder defenderse Gohan rebotó salvajemente al recibir los golpes, para terminar, Diecisiete le obsequió un derechazo que se hundió en su abdomen que lo hizo escupir una gran cantidad de sangre por la boca.
Al verlo tendido en el suelo Diecisiete lo arrastró sin piedad alguna, con sus manos lo levantó de nuevo sólo para darle un cabezazo que aturdió al superhéroe. Divertido, Diecisiete comenzó a asfixiarlo con sus brazos, no quería matarlo solamente pretendía dejarlo sin conocimiento. Estando a punto de desmayarse, Gohan saltó cargándolo en su espalda haciendo que los dos chocaran contra el techo separándose para su fortuna.
Instantes después, Diecisiete salió disparado por una ventana hacia el exterior, con su ki fue deteniendo su impulso hasta quedarse estático y flotando en el aire. Gohan lo siguió segundos luego pero en lugar de atacarlo le pasó de largo, un único pensamiento se manifestó en su cabeza: Videl. A la distancia una reincorporada Dieciocho lo vio irse y enseguida le dio caza, su hermano también lo hizo.
– ¡Ya casi llego!
Usando su ki Gohan la ubicó, como un rayo recorrió el cielo nocturno de Ciudad Satán hasta regresar a la mansión. Por su agitación ignoró las voces y disparos que los secuaces de los mercenarios daban, rápidamente la encontró oculta detrás de una pared parcialmente derrumbada. Ella respiraba pesadamente mientras se reponía, al abrir los ojos se encontró de frente con el héroe.
– ¿Estás bien Videl?
– Volviste.
– Sí, volví–Gohan miró hacia atrás, sintió como el ki de los mercenarios se acercaba, no le quedaba mucho tiempo.
– ¿Son ellos verdad?
– Sí, se están acercando.
– ¿Podrás vencerlos?
– No lo sé.
Temiendo que esa fuera la última vez que pudiera hablar con ella, Gohan se dejó de rodeos y se dispuso a decirle todo. Con sus manos la hizo mirarlo, titubeó un poco al ver aquellos ojos azules algo impetuosos pero cuando estaba por hablar, Videl se le adelantó.
– Sé que eres tú Gohan…no tiene caso que sigas fingiendo.
Ahora fueron las manos de Videl las que sujetaron el rostro de él.
– ¿Qué dijiste? –sin poder creerlo soltó una pregunta.
– Gohan, sé que eres tú–repitió sus palabras, los delgados dedos de sus manos le quitaron el casco de la cabeza dejando su rostro desnudo–tú eres el Gran Saiyaman.
El joven príncipe se quedó mudo, durante semanas creyó que Videl no tenía ni idea de su identidad. Sin embargo sobreestimó la astucia de la mujer que lo enamoró, ella es linda, fuerte, valiente y sobre todo lista.
– Confieso que tardé mucho en descubrirte, pero un día la verdad vino a mí–le dijo con calma–reuní todas las pistas que tenía y comencé a unir cabos: tus misteriosas desapariciones cuando estábamos en la escuela, tu altura, tu voz y sin mencionar esa inusual fuerza…al verte pelear en el torneo me recordaste al Gran Saiyaman.
– Ya veo–cabizbajo aceptó sus afirmaciones–lamento mucho haberte mentido, pero tengo mis razones–él apoyó su frente contra la de ella, el dolor físico se alivió al tenerla tan cerca de su ser.
– ¿Qué es todo eso de ser un príncipe?
Gohan percibió como los mercenarios aterrizaron en los jardines de la mansión, su tiempo de paz con ella se agotaba.
– Cuando esto termine, te explicaré de una vez por todas quién soy y qué hago en esta ciudad–él sacó de su ropa la pequeña caja con la sortija de compromiso, tomó una mano de Videl y en su palma puso el pequeño joyero–prométeme que cuidarás esto pero aún más importante, que no lo abrirás hasta que yo regrese.
– ¿Qué hay dentro?
– Lo sabrás luego, pero prométemelo.
– Te lo prometo Gohan.
Los mercenarios se acercaban paulatinamente hacia ellos, Gohan preocupado por enfrentarlos de nuevo se dejó llevar por el deseo de probar el sabor de su boca otra vez. Impulsivamente presionó con fuerza sus labios sobre los de ella, fue un beso desesperado casi como una despedida llena de amarga melancolía.
Videl sentía lo mismo que él: miedo, ansiedad, dolor y cansancio. Aunque no lo dijo abiertamente, ella también necesitaba aquel beso. No les importó estar rodeados de pandilleros armados, ni de bolas de fuego, ni de explosiones, mucho menos de dos hermanos cazarrecompensas. Durante quince segundos sólo fueron ellos dos, nada más existía.
La chica se reclinó hacia atrás, mientras él posaba su peso sobre aquel delgado cuerpo femenino. Videl lo rodeó con sus brazos al besarlo, lo mantenía sobre ella con toda la fuerza de sus músculos. Era como si los dos supieran que pasaría mucho tiempo antes de volverse a ver, esa caricia entre sus labios debía durar para siempre.
Gohan no quería que aquel beso fuera como cualquier otro, sin pensarlo dos veces hizo que su lengua acariciara la de Videl, sumergiéndose juntos en un húmedo y tibio masaje que los hizo gimotear satisfechos. Pese a disfrutar de ese momento, tan rápido como empezó así terminó. Él se apartó de sus labios aún humedecidos y se acercó a su oído:
– Te amo…–le susurró casi sin aliento, él se puso su casco de nuevo para marcharse poco después.
Por otro lado, los cazarrecompensas enviados por Milk perdieron la paciencia.
– ¡Será mejor que salgas Gohan, hazlo ahora mismo! –los dos mercenarios gritaron.
– ¡Aquí estoy!
– Continuemos donde nos quedamos…
– ¡Espera! –Gohan los detuvo–vayamos a otra parte donde no haya nadie, no quiero que destruyamos la ciudad.
– Como quieras, que cambies el lugar no evitará que te venzamos.
Gohan y los hermanos levitaron lentamente ganando altura, de soslayo el chico avistó a Videl quien se mantenía oculta. La joven le devolvió la mirada por varios segundos, él tuvo que reunir mucho valor para dejar de verla. El superhéroe salió disparado hacia las nubes, los mercenarios demostrando también una velocidad abismal lo siguieron.
Videl los vio alejarse hasta perderse en el oscuro horizonte nocturno, cuando sus azulados ojos ya no fueron capaces de distinguirlos volvió a mirar su mano. Aquella caja se ganó su atención, su corazón palpitaba con fuerza al pensar en lo que está allí adentro, pero cumpliría su promesa y no la abriría hasta que él regresara.
– Ten cuidado…
La hija del campeón ahora conocía dos de sus tres identidades falsas: Gohan era su admirador secreto en la preparatoria, también resultó ser el superhéroe con poses ridículas…sólo le faltaba descubrir el origen principesco de su novio. Y estaba más que deseosa por escuchar, lo que él le tenía que decir.
Pausadamente se volteó hacia atrás, siendo testigo del caos que reinaba en su hogar. Hombres armados salidos de la nada retenían contra su voluntad a los invitados de la fiesta, varias serpientes de fuego zigzagueaban devorando los jardines, los gritos y disparos retumbaron en sus oídos.
– ¡Ahora es mi turno!
Guardó la caja en su ropa y salió corriendo hacia la mansión, antes de actuar quería cambiarse de vestimenta quitándose ese tonto disfraz de bruja. La justiciera de Ciudad Satán estaba de regreso, y más fuerte que nunca. Era el momento perfecto para demostrarles a los criminales sus nuevas habilidades y poderes, Videl haría lo que mejor hace: llevar justicia a donde no la hay.
Sus paredes de concreto eran muy gruesas, las ventanas estaban reforzadas con duros barrotes de acero, las puertas de frío metal prometían que nadie escaparía de aquel lugar. No por nada esas instalaciones llevaban por nombre: Penitenciaría de Ciudad Satán. Dentro de sus celdas, se encontraba una verdadera colección de ladrones, asesinos, violadores, estafadores y mafiosos.
– ¡Cierran las puertas! –gritó un guardia, al revisar uno de los pabellones repletos de mazmorras.
Como sería normal en cualquier otra cárcel del mundo, los delincuentes allí encerrados fueron atrapados por la policía, pero los prisioneros de la ciudad de Mr. Satán fueron atrapados por una adolescente que aún no se gradúa de la preparatoria. Tal hecho se convertía en una burla para los criminales, eran hombres corpulentos y malvados que habían sido vencidos por una chiquilla.
Videl Satán era el factor común en la encarcelación de todos ellos, sin importar qué armas usaran esa jovencita les daba una paliza antes de ser detenidos por los oficiales de la ley. Por varios años ella arruinó los planes de muchos, sus deseos de tener una vida fácil se complicaron al tenerla como adversaria.
– ¡Fuera luces! –ordenó el mismo vigilante.
Por las noches, los rufianes allí encarcelados soñaban en poner sus manos alrededor del cuello de Videl. Muchos planeaban muy seriamente su venganza, cada uno imaginaba la muerte de su carcelera de distintos modos: disparándole, asfixiándola, apuñándola, envenenándola, inclusive quemándola viva.
Así de sádico y grande era el rencor que todos le guardaban, tanto odio hacia una sola adolescente resultaba increíble. Cuando les correspondía su tiempo de ejercicio, los reos alzaban pesas esperanzados de ser lo suficientemente fuertes como para eliminarla. Una especie de club contra Videl se estableció en la prisión, no había nadie que no tuviera algo otra ella.
Unos cuantos boxeaban en la oscuridad de sus celdas, mentalizándose para el momento de cobrar venganza. En las paredes de sus habitaciones dibujaban la silueta de una mujer joven con dos coletas, golpeaban ese dibujo con fuerza sin importarles que sus nudillos sangraran al impactar el duro hormigón.
Tiempo después otro personaje apareció, un bufón de circo que resultaba más peligroso que la misma Videl: el Gran Saiyaman. Pero eso no los hizo retroceder, se vengarían de ella a como diera lugar. Y aquel sentimiento de represalia se intensificó, cuando una mujer llamada Lunch les envió a los prisioneros una carta con la promesa de liberarlos si la ayudaban a vencer a Videl.
Esos hombres que se sentían ridiculizados por haber perdido ante una mocosa, sin pensarlo mucho aceptaron ayudarle pero la ansiada fuga nunca llegó. Pero al parecer cuando menos esperaban su libertad, esta apareció frente a sus narices. El tan esperado momento de revancha contra Videl había llegado.
Los reos que dormían se fueron despertando al escuchar mucho ruido dentro de la cárcel, a la distancia se percibían gritos y disparos. Varios de los criminales encarcelados se pararon frente a su puerta, deseando así poder escuchar con más claridad lo que ocurría. Al otro lado de las paredes, los policías a cargo del presidio caían abatidos por el intenso tiroteo.
– ¡Abran las celdas, deprisa ábranlas!
Cuando las puertas se abrieron, los criminales sin demorarse demasiado salieron de sus mazmorras, pero la duda de quién los liberaba estaba aún en sus cabezas. La puerta blindada que aseguraba el pabellón fue detonada, una espesa cortina de humo rodeó a los presidiarios libres. La silueta de un hombre alto se divisó detrás del polvo.
– Mi nombre es Rock, y he venido para cumplir la promesa que Lunch les hizo hace tanto tiempo.
– ¿Somos libres?
– Por supuesto que lo son, pero a cambio de este pequeño favor espero que me ayuden a derrotar a Videl Satán.
Las palabras no fueron más necesarias, con la sola mención de ese nombre cualquier petición era aceptada. Rock les brindó armas y municiones a todos, el que fue un pequeño grupo de pandilleros armados contra los guardias de la prisión, era ahora un batallón completo de soldados dispuestos a pelear.
El motín se extendió por todo el penal, cada pabellón fue tomado por los rebeldes liberando a todos los delincuentes encarcelados. Uno a uno los policías fueron siendo asesinados, aquella rebelión tomaba más fuerza a medida que avanzaba por los corredores de la penitenciaría. Mientras los mercenarios se encargaban del superhéroe, Rock reclutaba más miembros para la causa.
Originalmente Lunch sólo quería a los mejores criminales, los más peligrosos. Pero cuando Diecisiete le ordenó a Rock comandar la fuga le dijo que liberara a todos, él prefería la cantidad a la calidad. Un grupo muy pequeño de oficiales se atrincheró en la oficina del alcaide de la prisión, éste desesperado intentaba comunicarse con el alcalde pero las líneas telefónicas habían sido cortadas.
Al mismo tiempo, algunos reos libres esparcían gasolina por los pasillos de la cárcel, entre tanto, otros saqueaban la armería de la correccional apoderándose de más armamento. El caos reinaba y no había nada ni nadie que lo detuviera, al estar el Gran Saiyaman y Videl tan lejos los delincuentes hicieron de las suyas impunemente.
– ¡Será mejor que se rindan o los mataré! –Rock les gritó a los policías escondidos– ¡se los advierto, si entramos no les tendremos piedad!
Aún usando el tradicional traje de prisión color naranja brillante, una fila de hombres armados se preparó para disparar contra la oficina del alcaide de la penitenciaría. Acorralados y sin salida la puerta se abrió finalmente, los policías salieron con sus manos en alto después de renunciar a sus armas.
– No intenten nada o lo lamentarán.
Los policías se colocaron de rodillas rindiéndose ante sus vencedores, muchos pensaban en sus familias, en sus esposas e hijos esperándolos en Ciudad Satán, el miedo los estaba desmoronando. Rock sujetó su pistola y la apuntó contra uno de los guardias.
– Dijiste que si nos rendíamos no nos matarías–argumentó uno de los oficiales al borde del terror.
– Es verdad, yo no te mataré–Rock se detuvo y le arrojó su arma a otro criminal cercano–pero él sí, mátalo.
El delincuente cumplió la orden, salpicando con sangre los rostros de los policías restantes.
– ¿Alguno de ustedes también se cree más listo que yo? –les gritó en la cara, los uniformados prefirieron no decir ninguna otra palabra.
Tanto el alcaide como sus subalternos fueron atados de manos junto con sus ojos vendados, impidiéndoles así ver como los criminales colocaban potentes bombas por toda la prisión. Una vez terminada con esa labor abandonaron la penitenciaría, al sentir la fría brisa nocturna en el rostro disfrutaron del aroma de la libertad.
Treinta minutos después de salir de la correccional, las bombas se confabularon con la gasolina esparcida por los corredores de la prisión, para crear una espectacular explosión que destruyó aquel símbolo de justicia y castigo. Los criminales presenciaron desde lejos como la oscuridad de la noche, se iluminó gracias a las columnas de fuego ardiente que se alzaban hasta el firmamento.
– ¡Esto es tan sólo el comienzo, una nuera era dará inicio muy pronto! –Rock sintiéndose como un profeta, les habló con voz firme a sus colegas del bajo mundo– ¡ahora volvamos a Ciudad Satán para reclamarla como nuestra!
Al llegar la medianoche, la luna fue testigo de como aquel ejército de delincuentes marchó con determinación hacia la ciudad del campeón. Si los dos justicieros caían derrotados como lo planeaban, tendrían vía libre para expandir su imperio del crimen en todas direcciones. La justicia, las leyes y el orden eran ahora parte del pasado, un nuevo régimen de anarquía se acercaba con el amanecer.
Fin Capítulo Veinticinco
Hola de nuevo a todos, muchas gracias por haberse tomado el tiempo de leer el capítulo. Como les había mencionado anteriormente el final se aproxima, quedan unos dos o tres episodios más. Espero que la trama final les esté gustando, en los siguientes capítulos veremos la intensa confrontación entre Gohan y los cazarrecompensas.
Pero no sólo él estará ocupado, como vimos Videl también deberá luchar contra un ejército de rufianes que está decidido en exterminarla. Shapner y Ángela además tendrán tiempo para su esperada venganza, tengo pensado incluir mucha acción los capítulos venideros. Las cosas se están poniendo muy violentas para los dos.
Antes de concluir, quiero darle las gracias por sus comentarios en el capítulo anterior a los siguientes lectores: Sbtrdz, My2, Spektro, Samara Voorhees, Kumikoson4, Ner400, Son Goaki y a EDCGV. Una vez más manifiesto mi agradecimiento hacia todos ustedes, por sus opiniones o críticas para la historia.
Gracias por leer y hasta la próxima.
