Capítulo 25: Aquel día fatal
Víktor no solía levantarse por las madrugadas, a no ser que tuviera un buen motivo para hacerlo, y eso, generalmente, tenía algo que ver con su lindo esposo. Pero esa noche, ya se había levantado en más de una ocasión por un mismo sueño, obligándose a despertar antes de que el recuerdo lo hiciera estar al borde de las lágrimas.
Imposibilitado de poder dormir, se sentó en la cama y contemplo al delicado cuerpo junto a él. Ella era tan hermosa. Sus cabellos platinados, esparcidos por la almohada brillaban ante los escurridizos rayos de la luna. Su expresión era sumamente tranquila, sus largas pestañas caían como lluvia sobre la parte superior de sus pálidas y suaves mejillas. Los labios rosados y delgados estaban completamente cerrados y curvados en un atisbo de sonrisa. Las manos finas y delgadas descansaban unidas frente a su rostro, mientras que sus rodillas intentaban llegar a su pecho. Su blanca y tersa piel despedía un ligero y dulce aroma a lilas.
Víktor no podía hacer otra cosa más que admirar embelesado la figura de su hija. Estaba seguro, jamás vería mujeres tan bellas como sus hijas, excepto, tal vez, por la mujer a la que Viktoria le debía su segundo nombre, y cuya luz se apagó muchísimo tiempo atrás. Un escalofrío recorrió la espalda del ruso y sintió un fuerte nudo en la garganta.
El recuerdo viviría con él toda la vida. Aquellos instantes en los que vio la vida de su niña desvanecerse frente a sus ojos. El temor de perderla sería un sentimiento que lo acompañaría hasta el último de sus días. Delgadas gotas de lluvia se estrellaron silenciosas contra los vidrios de la ventana. Cómo aquella ocasión.
Suspiró antes de volverse a acostar y atraer a su hija hacia su cuerpo. Irremediablemente volvería a soñar con eso en cuanto cerrara los ojos, y quería tenerla cerca para que, en el momento en el que despertara, sintiera que ella estaba ahí, que no se había ido, que había conseguido aprovechar su segunda oportunidad.
**Flash Back**
Hasetsu, Japón. 4 años atrás.
- ¡Lo lograste! ¡Viktoria!
- ¡Papá! ¡Lo hice! ¡Lo clavé!
La niña de trece años patinó con rapidez hasta el extremo de la pista en donde Víktor la esperaba con los brazos abiertos y una enorme sonrisa radiante de alegría En cuanto se encontraron, el ruso levantó a su hija del suelo y dieron unas cuantas vueltas, ambos riendo por la emoción.
-Ahora soy tan buena como ustedes. ¿Puedes creerlo? Sólo tengo trece, y ya clavé el flip cuádruple que tú y papá Yuuri hacían.
-Así es, nena. Y te salió perfecto. Aunque tal vez deberíamos ser un poco más pacientes y no incluirlo en las competencias, todavía.
- ¡No! ¡Yo quiero hacerlo ya! Quiero darle una gran sorpresa a Yuuri cuando me vea haciendo su salto.
-Yuuri ya está muy contento contigo -le dijo mientras la dejaba de nuevo en el hielo y le tendía su botella de agua -No pasa nada si no lo haces la próxima semana.
-Puede que no, pero quiero hacerlo. Piensa en lo mucho que Yuuri se emocionara al ver que me enseñaste bien.
-Bueno… supongo que sería una agradable sorpresa… pero quisiera que él estuviera enterado de que vas a hacer algo nuevo.
-De acuerdo, pero no le digas que es, por favor -pidió Viktoria, abrazándose al torso de su padre.
-Sí, te lo prometo. Pero entonces, tendremos que practicar todo el día de mañana.
- ¡Lo haré! Lo que sea por hacer eso en la competencia y dejar a todos asombrados.
- ¿Hacer qué? -la voz de Yuuri hizo respingar a los dos peliplata en la pista.
Viktoria negó con la cabeza y le dirigió a su papá japonés una sonrisa traviesa. Casi se estrella contra Víktor cuando Yukie la abrazó con fuerza por la espalda, provocando risas entre ambas y una posterior persecución dentro de la pista. Sus padres las observaban con diversión y también rieron un poco cuando ambas terminaron cayéndose una encima de la otra.
- ¡Niñas! ¡Tengan cuidado! -gritó Viktor, que fue rotundamente ignorado por sus hijas.
-Déjalas estar, Víktor. Mientras no se lastimen, que jueguen lo que quieran -dijo Yuuri, sacándose los protectores de cuchillas y entrando a la pista - ¿Qué es lo que Viktoria quiere hacer en la competencia?
-Va a ser una sorpresa, amor -respondió el ruso, colgándose del cuello de su esposo y dejando tiernos besos en su mejilla.
-No vayan a hacer nada arriesgado, Víktor. Por favor.
-Te prometo que será algo impresionante y que te va a gustar. Yuuri… -Víktor metió su fría mano, discretamente, por debajo de la playera de su esposo -No vamos a tener mucho tiempo después, así que… ¿podríamos…?
- ¡No lo digas en voz alta! -gritó el japonés, tapándole la boca. Sus mejillas tenían un ligero tinte rojizo -Sí… yo quiero… en la noche…
- ¡Oh, Yuuri! Voy a estar esperando todo el día -le dio una ligera mordida en el lóbulo de su oído y pellizco con picardía su redondo y firme trasero.
- ¡Víktor!
-Vámonos ya, Viktoria. Dejemos que entrenen ellos -Víktor se alejó con calma de Yuuri, dejándolo completamente rojo por esas muestras de "cariño" frente a sus hijas.
Ya cobraría venganza después.
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-Amor, por favor, dime que es lo que tú y Viktoria están tramando -envueltos en las sabanas de su cama. El frío ya estaba haciendo de las suyas y nada disfrutaban más que acurrucarse el uno contra el otro.
-Le prometí que sería una sorpresa. No hagas que falte a mi palabra.
-Vitya…
- ¿Sí, amor?
-Sólo… no hagan nada imprudente… por favor. Ella aun es una niña.
-Una muy talentosa. No te preocupes, Yuuri, todo va a estar muy bien y te va a gustar lo que preparamos.
-A mí siempre me ha gustado lo que ellas y Sasha hacen.
- ¡Yuuri! -Víktor se salió de debajo de las cobijas y se subió encima de Yuuri, poniendo las piernas al costado de sus caderas -No seas tan difícil.
-No soy difícil. Sólo no quiero que hagan locuras.
-Nosotros casi no hacemos locuras.
-Sí, pero cuando las hacen, termina en desastre -dijo Yuuri, divertido, recordando los muchos y muy caóticos momentos en los que a padre e hija se les ocurría alguna "brillante" idea.
Víktor hizo un puchero y enterró su rostro en el pecho de Yuuri, quien rió, estando seguro de que su esposo se estaba acordando de la reciente tragedia en la que la muñeca del ruso había pagado las consecuencias.
-Eres malo, Yuuri -se quejó Víktor, sin levantar el rostro, provocando cosquillas con sus labios en el japonés.
-No es cierto -replicó, posando sus manos en la blanca y fuerte espalda -Pero no quiero que le pase algo a Viktoria porque querían intentar algo.
-Pues sí vamos a tratar de hacer algo nuevo, pero lo hemos practicado y ya lo hace a la perfección -le explicó, dibujando círculos con su dedo en la piel de su esposo.
-Víktor… es un nuevo salto, ¿verdad?
-No te lo voy a decir.
- ¡Víktor! -Yuuri levantó con brusquedad el torso del peliplata y lo miró con total seriedad -Que no sea lo que estoy pensando.
-Mmm…
-No. Víktor, no. Su cuerpo todavía no está listo para nada más allá de los triples.
-Amor… sea lo que sea que haremos, saldrá perfecto. Viktoria es capaz de todo y yo confío plenamente en ella.
-No estoy diciendo lo contrario, pero eso puede ser mucho para la edad que tiene.
-Está por cumplir catorce. A su edad, yo ya hacía todos los saltos posibles -alegó Víktor, incorporándose por completo, pero sin bajar de Yuuri.
-Pero tú eres hombre, tu cuerpo era más fuerte que el de ella cuando tenías su edad. Además, Yakov nunca estuvo de acuerdo con eso, así como yo no lo estoy ahora.
-Sabes que casi nunca estoy de acuerdo con él.
-Lo sé. Pero quisiera que entendieras que no lo hacía para detener tu progreso, sino para evitar que te lastimaras.
-Pero…
-Víktor, amor, ¿Cómo te sentirías sí, lo que sea que estén planeando, no saliera bien y Viktoria terminara herida? -Víktor bajó la mirada ante la pregunta de Yuuri, quien se sentó para quedar frente a él. Lo tomó del mentón para que levantara su semblante y sus miradas se conectaran -No es algo que nos gustaría, ¿verdad?
-Sólo queremos sorprenderte -murmuró el ruso, recargando su mejilla en la palma del pelinegro.
-Me hará más feliz que avance poco a poco, pero que esté segura.
-Entonces…
-No sé qué es lo que vayan a hacer, pero si es algo para lo que todavía no tiene la edad suficiente, por favor, no lo intenten.
-Pero Yuuri…
-Por favor, ya llegará el tiempo en que pueda hacer todo lo que tú y yo podemos. Prefiero ver a nuestra hija sana y que no sea tan extraordinaria, antes de que pueda lastimarse intentando ser maravillosa.
Víktor torció el gesto y se dejó caer sobre la cama, escondiendo su cara en la almohada. Yuuri rodó los ojos, fingiendo estar exasperado, y sacudió el cuerpo del ruso mientras le pedía que volteara a verlo. Después de un rato de insistencia, optó por picar sus costados, sabiendo lo mucho que le desesperaban las cosquillas y que, irremediablemente, tendría que girarse para detenerlo.
-Estás jugando sucio, Katsuki -protestó Víktor, tomándolo de la muñeca.
-Primero, es Katsuki-Nikiforov desde hace casi dieciséis años. Y segundo, cuando te portas como niño también cuenta como jugar sucio.
-Entonces eres injusto.
- ¿Por no querer que a mi hija le suceda algo?
-Por no querer dejarnos sorprenderte.
-Víktor, ya te dije que…
-Ya entendí -lo interrumpió, poniendo un dedo sobre sus labios. Yuuri lo miró tranquilo y satisfecho, pero él aún se veía algo turbado -A Viktoria no le va a gustar que le diga que no haga lo que ya habíamos acordado.
-Si le explicas las razones, estoy seguro de que entenderá.
-Ya veré que le digo. Yuuri… No es porque no confíes en ella o en mí, ¿verdad?
-Claro que no. Siempre he confiado en que harás lo mejor para Yukie, Viktoria y Sasha. Y confío en ellos.
-Yo… bueno… está bien amor.
-Gracias por entenderme, Vítya. Ahora… ¿qué tal si…? -fue el turno de Yuuri de subirse sobre el cuerpo de Víktor, quedando en la posición perfecta para arrancarle un sorpresivo gemido.
Lo que no sabían, es que su hija de cabello plateado se encontraba afuera de la habitación de sus padres, con sendas y abundantes lágrimas recorriendo sus mejillas. Pero no eran lágrimas de tristeza. Estaba, en realidad, muy enojada con ambos. Antes de hacer una pataleta en frente de ellos y provocar que la escucharan, se fue corriendo a su habitación, en donde dio un portazo. Se tiró a la cama y golpeó con fuerza y en repetidas ocasiones su almohada, para liberar su frustración.
Víktor no podía no cumplir su promesa. Él mismo se lo había propuesto. Él mismo le había dicho que sería grandioso que pudiera hacer algo con lo que todo el público la recordara, con lo que pudiera ganar sin problemas, algo que era un toque de los Nikiforov-Katsuki y que la convertiría en una digna sucesora.
Un flip cuádruple. Un salto que no cualquiera lograba realizarlo con precisión, pero que Víktor y Yuuri habían llevado a la práctica de una manera sublime.
¿Por qué ella no podría hacerlo? ¿Por la edad? Eso era ridículo. Tanto Víktor, incluso su tío Yurio, cuando tenían catorce, ya hacían grandes cosas. ¿Qué le impedía hacer lo mismo? Nada. Absolutamente nada. Ya había estado practicado el salto. Tal vez al principio había tenido dificultades, pero no era nada que con mucha práctica y la ayuda de Víktor no se hubiera solucionado.
Tal vez Yuuri tenía un poco de razón. Sí terminaba agotada, y las caídas eran dolorosas. ¡Pero era parte de cualquier aprendizaje! ¡Todos tenían que equivocarse para poder lograr lo que querían! Y eso, el mismo Yuuri se lo había enseñado.
Viktoria se incorporó y comenzó a caminar de un lado a otro en su habitación. Víktor… Yuuri… habían sido tan espectaculares cuando competían. A pesar de los años, seguían teniendo una chispa increíble y derrochaban talento. Los había visto en algunas ocasiones patinando a dueto, con esa canción que tanto significaba para ambos. Y en verdad, pocas veces veía cosa más hermosa que esa representación de amor. Su amor era excelso y grandioso. Tan incondicional y entregado. Y esa era una de las mejores formas en las que se lo podían demostrar.
Pues bien, ella también iba a hacer lo mismo. Les iba a enseñar que hacer cosas grandiosas era la manera en la que ella se expresaba. Víktor y Yuuri lo entenderían. Y estarían felices en cuanto la vieran hacer el flip que tanto representaba a los dos. Estaba segura. No importaba que ellos tuvieran miedo. Ella misma estaba firme y confiada en su decisión. Sólo eso bastaba.
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DiciembreBudapest, Hungría.
Víktor observaba a la menor de sus hijas salir de la pista después de practicar por última vez la rutina del programa largo. Apenas dos días atrás, Viktoria había presentado un precioso programa corto, y su calificación terminó igualando el récord mundial de las Junior femeninas, dejando atrás al segundo lugar, a Yukie, por algo más de veinte puntos.
Sus hijas eran asombrosas, su talento era innegable. Pero había que admitirlo, Viktoria era sencillamente magnífica, y si para algo había nacido, era para ser la mejor. De eso, Viktor no tenía la mínima duda. Le recordaba tanto a él con su ímpetu, con su curiosa necesidad de imponerse a los demás y un afán innato de desafiar las reglas y la lógica.
Lo había discutido con Yuuri alguna vez. No era que quisiera más a una gemela que a la otra. Víktor estaba enamorado y completamente embelesado por sus dos hijas y el pequeño Sasha. Si algo lo hacía levantarse cada día, además del amor de su vida, eran sus hijos. Si alguien iluminaba sus días, eran esas cuatro personas que tenían una sonrisa para él a pesar de todo.
Siempre tuvo miedo. Desde el principio, desde que se enteró de que una pequeña vida residía en el interior de Yuuri. Todo el proceso de asimilación y cuando llegaron al mundo. Siempre que las veía dormir con tranquilidad o llorar desconsoladas. No era un miedo normal, era algo cercano al pánico, por no saber si lo estaba haciendo bien, si era lo que ellas y Yuuri merecían. Porque Víktor Nikiforov siempre derrochaba seguridad, pero esas niñas lograron descolocarlo.
Pero, a pesar de todos, sus sonrisas lo valían. Sus miradas llenas de amor, cada "Te amo, papá", cada abrazo y beso. Después de catorce años con ellas, por fin, sentía que estaba haciendo un buen trabajo y que, tal vez si no era el mejor, si era un papá que se estaba esforzando por ser lo que sus hijos necesitaban, por darles lo que querían y protegerlos con su vida.
Por esa misma razón, le dolía en el corazón tener que echar abajo las ilusiones de su hija. Desde antes de salir de Japón, había tratado de hablar con ella para pedirle que no hiciera el flip, por lo menos no el de cuatro giros. Pero ella siempre se escabullía o daba un abrupto cambio de tema. Al final, ya estaban en el día de la competencia y Víktor seguía sin hablar con la joven peliplata. Pero si no lo hacía a como diera lugar, Yuuri se enojaría con ambos, más aún si algo salía mal. Pero su esposo tenía razón, aunque le costara admitirlo. Su niña probablemente no estaba del todo lista. El hecho de que pudiera clavar el salto en algunas ocasiones no significaba que estaba lista para hacerlo. Suponía que eso también era parte de protegerla. Evitar que hiciera disparates, aun si él mismo los había propuesto.
-Viktoria -la llamó, en cuanto terminó de sacarse los patines y ponerse un calzado deportivo normal. Ella lo miró, sonriente, lo cual solo hizo que se sintiera más culpable -Nena, quiero hablarte de… del flip.
-Está listo para ser presentado -respondió, levantando un pulgar y guiñándole un ojo - ¿Viste como lo hice hace unos minutos? Yo sé que me va a salir genial. Ya puedo imaginarme la expresión de Yuuri y Yukie cuando lo vean.
-Yo… hablé con tu papá -resopló ante la mirada recriminatoria que recibió -Él no sabe lo que vas a hacer, pero… sospecha del sato, y también cree que no es conveniente que lo hagas a tu edad.
-Tal vez si no se lo hubiera dicho, no lo sospecharía y no tendría por qué rechazarlo.
- ¿De qué hablas? -preguntó Víktor, aturdido.
-Escuché cuando papá Yuuri dijo que no lo intentáramos porque yo no tenía la edad.
- ¿Y qué más?
-Que terminaste por aceptar que no lo hiciera -Viktoria se levantó, con el ceño fruncido y caminó hacia la salida.
-Ven aquí, Viktoria -la chica suspiró ante el tono estricto de su padre y optó por hacerle caso - ¿No piensas que Yuuri tiene razón al no querer que te lastimes? Yo… entiendo su punto.
-Pero papá, Yuuri cree que me puedo lastimar porque no saber hacerlo. Sin embargo, tú y yo ya lo practicamos, y ya puedo hacerlo.
-Pero Viktoria, eso no significa que debas. Además, no lo hemos hecho con la rutina completa, y si te cansas, puede salir mal.
-No lo creo. Soy muy resistente.
-Escúchame -le pidió, señalando el banco para que se sentara y poniendo una mano sobre su hombro -No dudo ni un momento en que eres excelente en lo que haces. Si tuvieras más de quince, sé que podrías hacer esos cuádruples sin ningún problema.
-Sólo falta un año para eso…
-Lo sé, lo sé. Pero en ese año, puedes volverte más fuerte, ser más precisa, tener más experiencia. No tiene por qué ser ahora.
-Sí, claro que tiene que ser ahora. Tú me lo prometiste. Dijiste que íbamos a impresionar a Yuuri y a todos con mi talento. ¿O es que no confías en mí? ¿Sólo me estabas ilusionando o algo así?
- ¡No! Viktoria, no es eso. Sabes que creo en ti, y yo también esperaba verte haciendo el salto mío y de Yuuri…
-Entonces déjame hacerlo. ¿Qué es lo peor que puede pasar? Que me caiga y pierda algunos puntos, aun así, voy con una gran ventaja sobre Yukie. Y si no, entonces pasaré a la historia como la mujer más joven que clavó un flip cuádruple. ¿Crees que Yuuri podría enojarse por eso?
-Si conozco bien a tu padre y, de hecho, lo hago, sí. Se va a enojar.
-Pero no por tanto tiempo, y nos verá felices a ambos. Siempre se olvida de que está enojado cuando nosotros estamos felices.
-Esto es diferente, Vik. Esas son pequeñas travesuras, pero esto… no es tan fácil -Víktor se recargó sobre la pared y se frotó la cara con sus manos. Esa era uno de las peores inconveniencias de que su hija se pareciera tanto a él. Su poder de convencimiento era demasiado.
-Tú siempre dices que es mejor intentarlo a quedarse con la duda del que hubiera pasado -Viktoria bajó la mirada al piso, pequeñas lágrimas amenazaban por salir.
-No me hagas esto, nena. Sabes que no soporto verte llorar -el ruso tuvo que moverse de donde estaba y aprisionó a su hija entre sus brazos, quien no resistió más y se dejó ir en sollozos.
-Yo… yo solo… quiero que Yuu… Yuuri se enorgullezca de… de los dos… Papá… por favor…
-Viktoria…
-Yo te lo prometo… te prometo que saldrá bien. No quiero… salir a la pista sin tu apoyo -Viktoria se aferró todavía más al pecho de su padre, humedecido por las continuas lágrimas.
-Basta, nena. Por favor, no sigas llorado -se separó de ellas y limpió los surcos de agua salada con sus pulgares. Trató de sonreír y dejó un beso sobre su frente – No te voy a quitar la idea de la cabeza, ¿verdad? -ella negó y él suspiró -Bien, intentémoslo. Pero debes escucharme. El flip es el penúltimo salto de tu rutina. Tienes que prometerme que, si estás lo suficientemente cansada para ese punto, será un triple.
-Pero… eso me quitaría un punto por penalización…
-No me importa. Prefiero perder el punto y que tú termines de una pieza. ¿Me lo prometes, Viktoria?
-Yo… yo… sí, lo prometo. Si hay cansancio, no hay cuádruple -declaró, mordiéndose el labio.
-Gracias, mi amor. Eso quería escuchar. Ya veremos cómo escapamos de Yuuri después. Vamos al hotel para que te bañes y duermas.
Viktoria asintió y siguió a su padre hacia la salida, sintiéndose un poco culpable. Pero sucedía que simplemente no podía aceptar no hacer lo que con tanto esmero había practicado. Ella tenía a demostrarle a todos que era la mejor. Que… que el hecho de que fuera hija de Víktor y Yuuri no era lo único que la definía. El esfuerzo era suyo y no una herencia.
Esa noche, Viktoria daría un espectáculo impactante, suficiente para que nadie la olvidara.
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"Damas y caballeros, daremos inicio a la Final del Grand Prix en la categoría Junior femenina. Competidoras, pueden entrar a la pista".
-Se ven hermosas -susurró Yuuri para sí, pero Víktor alcanzó a escucharlo.
-Lo sé. Son idénticas a nosotros. Yukie cada día se parece más a ti, y eso me preocupa.
- ¿Eh? ¿Por qué?
-Por qué va a ser muy guapa y los chicos y hasta las chicas estarán detrás de ella. ¡Me van a quitar a mi Yukie! ¡Así como también me quería quitar a mi Yuuri! -el japonés no pudo hacer otra cosa más qu reírse para que su sonrojo bajara, mientras su esposo fingía un sollozo en su hombro.
-También a mi Viktoria. Todos me quieren quitar a mis plateados favoritos -se quejó Yuuri, aferrándose a los brazos del ruso.
-Deberíamos encerrarnos en nuestra casa para que nadie nos vea -sugirió Víktor, propuesta que provocó una carcajada en Yuuri, quien siguió observando el calentamiento de sus hijas.
-Viktoria está algo ansiosa, ¿no te parece? -hizo notar el pelinegro, fijando la mirada en ella.
-Es tu hija, amor. Claro que va a estar ansiosa -bromeó Víktor, mientras posaba rápidamente para una foto que le pedían en las gradas.
-Muy gracioso. Pero no me refiero a eso… Vitya, hablaste con ella, ¿cierto?
-Yo… sí…
-Víktor…
-Llegamos a un acuerdo. No te preocupes, Yuuri, todo va a estar bien. Ella lo prometió.
-Le dijiste que no intentara nada para lo que no estaba lista, ¿verdad?
-Pues sí… pero es algo complicado.
- ¡Víktor! Ella no va a…
-Tranquilízate… ya te lo dije. Tenemos un acuerdo y sé que ella lo va a respetar.
-Eso espero por el bien de los dos.
Víktor se rió un poco y le aseguró a su esposo que todo estaría muy bien y que Viktoria sabría ser juiciosa. El altavoz llamó a las competidoras a dejar la pista para que la primera participante pudiera hacer su coreografía.
Mientras eso pasaba, Yuuri y Víktor llevaron a sus hijas a hacer los últimos estiramientos. El ruso las miraba a ambas lleno de orgullo, en tanto que las asistía en algunos movimientos. Sin embargo, el japonés apenas podía dejar de ver lo que hacía la menor de sus hijas. Viktoria estaba concentrada en lo que hacía, pero demasiado para el gusto de Yuuri. No era normal que estuviera taciturna y distante, cuando, usualmente, no paraba de hablar y reír con su hermana.
Tuvo la intención de ir con ella y preguntar qué estaba sucediendo, cuando las bocinas interiores avisaron que era el momento para que Yukie se incorporara. Las hermanas se levantaron y se regalaron con un enorme y cálido abrazo.
-Lo harás genial, Yukie. Te verás hermosa -le dijo Viktoria al oído.
-Gracias, pero es casi seguro que me ganarás. Aun así, pienso darlo todo en la pista, igual que tú.
- ¡Hey! Tú no sabes lo que puede pasar. Esfuérzate mucho. Será maravilloso.
-Tú también. Suerte, Viktoria.
Mientras Víktor abrazaba a Yukie y le daba las últimas recomendaciones, Yuuri fue al encuentro de la peliplateada. La acogió en sus brazos y le dio un beso en su cabello.
-Ten cuidado, princesa. No olvides todo lo que hemos hablado. Estás hermosa y lo harás excelente.
-Gracias, papá.
-Y no olvides que, sin importar lo que pase, yo ya estoy muy orgulloso de ti. No necesito de nada para que esté satisfecho. Lo entiendes, ¿verdad? -sujetó entre sus manos el rostro de la chica, esperando que dijera algo. Sin embargo, solo asintió y se abrazó a él.
Siempre se habla de que es el instinto "maternal" el que hace saber a las madres cuando algo no está bien con sus hijos, incluso, cuando ellos van a hacer algo y eso mismo los está atormentando. Ninguno de sus tres pequeños le habían dicho nunca "mamá", pero sabía perfectamente que tenía ese instinto. Y fue eso lo que oprimió su corazón cuando Viktoria lo soltó y se fue con Víktor. Su niña estaba preocupada, y eso lo ponía muy mal, más aún el no saber cómo ayudarla.
Pero confiaba que Víktor estaría ahí para apoyarla, para hacerle saber que no estaba sola y que, independientemente de lo que pasase, todos estarían felices por su desempeño.
Yukie tomó su mano, entusiasmada, y se lo llevó a la pista para presentar su coreografía. Pero Yuuri no podía evitar quitarse de la cabeza el mal presentimiento que se apoderó de él cuando dejó de ver a Viktoria.
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Antes de entrar a la pista, Víktor y su hija aplaudieron muy entusiasmados los resultados de Yukie, que la colocaban en tercer puesto. Aunque no era lo que esperaban, estaban satisfechos por sus enormes avances. Ella también lo estaba haciendo excelente.
-Papá… si obtengo uno de los primeros puestos, Yukie no tendrá medalla -dijo Viktoria, jugando con sus dedos, nerviosa.
-No pienses en eso, nena. Tu hermana sabe que hizo lo mejor que pudo y espera que tú hagas lo mismo. Ella ya tendrá su oportunidad -alentó Víktor, tomando las manos de Viktoria entre las suyas -Concéntrate, por favor. No quiero que pienses en algo que no sea tu rutina.
-De acuerdo.
-Sé natural, no te apresures en los movimientos. Sé tú misma allá -recomendó Víktor. Ella asintió y se dio la vuelta -Y… recuerda la promesa.
La chica tomó una enorme bocanada de aire. Esperó a sentir la suave, pero firme palmada de su padre en la espalda, para adentrarse a la pista.
"Representing Russia, Viktoria Nikiforova-Katsuki"
Patinó con confianza hasta encontrar su posición en la pista. Saludó a todos quienes la ovacionaban, muchos de los cuales eran seguidores de sus papás, y se encontraban ahí para apoyar a las hijas de sus ídolos.
Su corazón latió deprisa, en cuanto la música suave de un piano inundó los rincones del estadio. Y sus movimientos se tradujeron en delicadeza y elegancia, sublimes y en sincronía con las notas.
La voz en español de Roberto Velázquez interpretó las primeras palabras de la canción que había escogido. "Aquí". Melancólica, pero con un bonito sentimiento impreso en su letra.
No hizo falta esperar mucho tiempo para el primer despliegue de saltos. Desenvolvió un axel triple con maestría y se incorporó a unos finos pasos, que embelesaron a la audiencia.
"La vida va, los sueños morirán. Al mío digo adiós y sin saber…"Tal vez su padre le había dicho que no pensara en nada, pero las palabras inundaron su mente apenas terminó una combinación dos-tres de toe loop. "Yukie no va a ganar por mi culpa. Ella estará triste al verme con una medalla". Sus brazos se movían con ademanes de querer alcanzar a alguien… o tal vez era un algo.
De cualquier forma, sus emociones hacían que su corazón se contrajera en angustia. No quería que su hermana estuviera triste. No por ella. Si ganaba una medalla, la compartiría con Yukie. Ambas se habían esforzado, y merecían tener una, sin importar cual fuese.
"Aquí, soñando, con un feliz final. Creer que esto en verdad es real"
Los asistentes se pusieron de pie y aplaudieron fuertemente la realización de un limpio lutz triple, que, aunque complicado, fue clavado con éxito.
Tal vez eran sentimientos muy profundos para la tierna edad de Viktoria. Pero ella podía hacer creer a todos que ya los había vivido. En un lento movimiento, alcanzó a ver como Yuuri se unía a Víktor para seguir su actuación. Ambos estaban serios y la observaban fijamente. "Papá… ¿ves como si lo estoy haciendo bien?"
Pensó demasiado rápido. A punto de realizar una pirueta layback, confundió un poco los movimientos y no salió como esperaba. Tuvo un mal inicio, y aunque recuperó la pirueta, empezó a ponerse muy nerviosa. "¿Qué salto seguía? ¿Era un loop o el primer flip? Creo que eran ambos"
La estancia se llenó, una vez más, con solo música. Viktoria despegó de un loop doble y se elevó al flip. Para su mala fortuna, aterrizó con los dos pies al perder un poco la noción de la altura que había alcanzado. Era demasiado alto, más de lo que normalmente hacía. ¿Por qué se estaba poniendo violenta con sus movimientos?
Estaba impaciente. Quería llegar ya al culmen de su presentación. Era momento de demostrarles a todos lo grandiosa que podía llegar así. Demostrárselo a Yuuri. ¿Por qué el no confiaba en ella? Eso le había dolido mucho. Pero ya le mostraría que podía hacer todo lo que se propusiera. Casi todo.
Maldijo por dentro al no clavar el lutz doble. ¡Pero si ya le había salido perfecto! Reparó en su respiración errática y una gota de sudor cayendo por su cuello. No. No. No. No. No podía estar cansada. No tanto.
Pero lo estaba. Sus piernas comenzaban a dolerle un tanto y sentía que sus pies protestaban a cada deslizamiento o pirueta.
"Y… recuerda la promesa". La voz de Víktor sonó clara y concisa en su mente. Lo prometió. Pero sabía que no lo iba a cumplir. Si podía hacerlo. No estaba tan mal. Sus fuerzas aún eran suficientes para su último gran momento en el hielo. Pero esa punzada en su pierna de despegue tuvo que haberle avisado algo cuando inició la trayectoria recta. La opresión en su corazón y las voces en su cabeza gritándole que se detuviera tuvieron que haberla hecho parar. Aun cuando se elevó a una altura descomunal y peligrosa, tuvo que haber parado. "Pero yo no voy a rendirme". "Soñar que el sueño en los dos está. Yo aquí… yo aquí, y tú allá"Lo supo desde el momento en que el aire la abandonó. No completaría las rotaciones. Ni siquiera caería de pie. El pánico invadió cada parte de su ser. Lo último que oyó fue un grito comunal. Alguien vociferó su nombre. Después todo fue un largo y molesto zumbido. Una molestia se extendió por su cadera. Pero el dolor, el verdadero dolor, estaba en su cabeza. El miedo se apoderó de sus últimos atisbos de razón. ¿Qué era eso, húmedo, que se deslizaba por debajo de su cuerpo? ¿Era agua o…?
No hubo más. Poco a poco, sintió el abandono de su cuerpo, y lo último de lo que fue consciente fue de una fría y temblorosa mano sobre la suya.
Después, oscuridad.
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- ¡No! ¡Viktoria!
Pánico. Horror. Pavor. Terror.
Ninguno de los dos fue plenamente consciente de sus acciones después de ese momento. Fue tan rápido, tan pronto. Sabían que saldría mal desde que vieron su salida. No estaba concentrada ni prestaba atención a lo que hacía. Ese salto estaba destinado al fracaso, a desencadenar una pesadilla.
Por instinto, Yuuri tomó la mano de Víktor y la apretó fuerte. Pero no hubo palabras que salieran de su boca al ver la escena. Primero fue su cadera, y casi inmediatamente, su nuca.
Fue un ruido sordo que paralizó los corazones de sus padres. Sus pieles se volvieron blancas y sus muecas de deformaron en algo más allá del horror cuando, mientras corrían hacia la entrada, vieron al hielo mancharse de un brillante color carmín.
A ninguno le importó que nos los quisieran dejar pasar. Empujaron a todo aquel que se encontraba en su camino y casi fue un milagro que no cayeran hasta que llegaron al cuerpo inerte de su hija.
- ¡Viktoria! ¡Viktoria! Por favor, amor. Abre los ojos, no te vayas. ¡Escúchame! ¡Viktoria! ¡Escúchame! ¡Regresa! -Yuuri fui quien primero tomó su mano. Las lágrimas y la desesperación invadieron su rostro. El cabello de ella ya estaba manchado con una cantidad abrumadora de su propio líquido vital. No supo si moverla o dejarla ahí tendida. Solo sujetaba sus manos, ausentes. Y gritaba. Gritaba mucho y ahogado en dolor - ¡Viktoria! ¡Mi amor! ¡Viktoria! ¡No te vayas! ¡Viktoria!
-No, no, no, no, no. Vikt… no puede… Viktoria… nena… -Víktor llegó apenas unos segundos después. Pero él no lloraba. Simplemente estaba anonadado. Su cuerpo se movía por inercia. La sangre envolviendo la figura de su hija lo había dejado en shock. Se arrodilló ante ella y puso sus manos en su mejilla y la sacudió ligeramente -Vik… princesa… Viktoria… despierta… despierta… ¡Viktoria! ¡Viktoria!
Un grupo de personas apartó a los dos. Yuuri estaba como enloquecido mientras alguien lo sujetaba para que no interfiriera en las labores de atención médica. Víktor fue ligeramente más consciente de lo que pasaba cuando escuchó los lamentos desesperados de su esposo. Fue con él. Quería abrazarlo. Quería decirle que estaba con él. Que Viktoria estaba viva. Que estaría bien. Pero el segundo golpe de la noche llegó fuerte y mortal para su corazón ya afligido.
- ¡Es tu culpa! ¡Es tu maldita culpa! ¡No te acerques a mí!
Yuuri rechazó por completo su contacto. Lo empujó lejos de él y Víktor cayó al suelo. Fue entonces cuando tuvo conocimiento total de la situación. Su esposo estaba herido e iracundo. Su hija estaba herida, desangrándose, y la vida se le escapaba.
- ¿Es usted su padre? -preguntó con urgencia uno de los paramédicos mientras otros se alejaban con el cuerpo de Viktoria en una camilla.
-Am… ambos lo… somos -tartamudeó, poniéndose de pie y señalando a Yuuri, quien era ayudado por otro asistente, que le pedía que mantuviera la calma.
-Acompáñenme de inmediato. Es urgente su traslado al hospital.
Víktor siguió al hombre. Al ver que se marchaban, Yuuri se unió a ellos, sin siquiera mirar al ruso. Salieron de la pista, y mientras subían con precaución a Viktoria en la ambulancia, otro grito partió todavía más el corazón de ambos.
- ¡Papá! ¡Víktor! ¡Yuuri! ¿Viktoria está muerta? ¿Viktoria murió? ¿Dónde está mi hermana? ¡Díganme algo! -Víktor se agachó para detener a Yukie en sus brazos. Entonces no lo soportó. Las lágrimas salieron de él como jamás lo habían hecho. Cargadas de dolor, abundantes y lastimeras. Abrió un poco los ojos y vio como Yurio y Otabek, con sus semblantes desencajados, se acercaban corriendo a ellos - ¡No! ¡Por favor! Está muerta, ¿verdad? ¿Por eso estás llorando?
- ¡No! Yukie. Tu hermana está muy grave, pero sigue con nosotros. No pienses lo peor.
- ¡Víktor! Viktoria… ¿cómo está? -Yuri llegó a su lado y lo sacudió de los hombros con brusquedad.
-Mal, está muy mal -explicó cómo pudo -Yurio, Otabek. Por favor, cuiden a Yukie. Debo ir al hospital con Viktoria y Yuuri.
-Claro que sí. Vete ya, Víktor -dijo Otabek, poniendo las manos sobre los hombros de la pelinegra y atrayéndola a él, tratando de calmarla.
- ¡No! ¡Quiero ir con ustedes! -gritó, tratando de zafarse del forzoso agarre del kazajo.
- ¡Yukie! Nena, por favor, contrólate. Debo ir a cuidar a tu hermana y a papá. Por favor, te pido que cooperes con nosotros. Ve con Yurio al hotel y en cuanto sepa algo de tu hermana se los avisaré. ¿Puedes ayudarme con eso?
Yukie asintió, ahogada en sus propias lágrimas y abrazó a su papá, pidiéndole que cuidara a su gemela. Víktor se lo prometió y, después de agradecer rápidamente a la pareja frente a él, corrió a la ambulancia, que estaba a punto de partir.
Al subir, se encontró con Yuuri sosteniendo la cada vez más blanca mano de Viktoria, a la que se le había puesto una venda provisional alrededor de su cabeza, junto con una mascarilla de oxígeno y un suero insertado en su mano derecha.
-Ya partimos al hospital -les indicó el paramédico.
Cerraron las puertas de la ambulancia y el sonido de las sirenas se hizo apabullantes. Víktor se colocó junto a Yuuri y quiso también tomar la mano de su hija, pero su esposo la apretó aún más contra sí.
-Fue un cuádruple… -lo escuchó murmurar -… ella no estaba lista para eso…
-Yuuri… yo… sí. Es mi culpa… no se lo prohibí -reconoció el peliplata, con la voz cortada y un nudo en su garganta.
- ¿Cómo se te ocurrió semejante estupidez, Víktor? -reclamó Yuuri, en un paso más allá de la ira -Esto es tu culpa.
-Lo sé… yo… Yuuri… lo siento.
Yuuri no contestó y no dijo nada más en todo lo que duró el camino. Se limitó a contestar las preguntas que el hombre dentro de la ambulancia les hacía para llenar el expediente de Viktoria.
-Le haremos exámenes en el hospital, pero… ¿saben el tipo de sangre? Es muy probable que necesite una transfusión.
-Es A… negativa…
-Habrá que esperar a saber si el banco de sangre del hospital tiene su tipo. Ya estamos llegando. Su… hija será traslada de inmediato al quirófano. Les pido que esperen en recepción y llenen los papales. Y busquen un donante en caso de que sea necesario.
Víktor y Yuuri asintieron mecánicamente a lo que el hombre les decía. La ambulancia entró a la zona de urgencias y rápidamente fue abierta por un grupo de doctores y enfermeros. Descendieron con cuidado y rapidez la camilla, y antes de que sus padres se pudieran despedir de ella, Viktoria fue transportada al interior del hospital, a un lugar en donde Víktor y Yuuri no podrían acompañarla.
-Señores, ¿ustedes son los padres de la señorita? -una enfermera rubia y joven se acercó a ellos, demasiado tranquila y llevando una sonrisa amable y serena. Ambos lo confirmaron -Muy bien. ¿Ella es adoptada o es hija de alguno de los dos?
-No… ambos somos sus padres biológicos… -respondió Yuuri inmediatamente.
-Oh. ¿Es producto del procedimiento Detroit? -preguntó la chica, asombrada.
-Sí, así es… -intervino Víktor, pues Yuuri se había quedado observando a un doctor que corría hacia la misma zona donde Viktoria había sido llevada.
-Perfecto. Lo anotaré en el expediente. Uno de ustedes puede acompañarme a llenar los datos de…
-Viktoria… -la enfermera asintió, pero Viktor la detuvo sujetándola de la muñeca - ¿Usted puede decirnos cómo está mi hija?
-Yo… está bien. El informe preliminar dice que un posible traumatismo cráneo-encefálico -las piernas de Yuuri fallaron y se dejó caer en uno de los sillones dispuestos en el lugar, siendo socorrido inmediatamente por Víktor, tendiéndole la mano, que esa vez no fue rechazada -Señores, espero que entiendan que, aunque sí es delicado el estado de su hija, que haya sangrado es una señal de que no hay derrame cerebral, por lo tanto, la señorita Viktoria tiene más probabilidades de recuperarse. Actuaron rápido. Por mi experiencia, puedo decirle que ella saldrá adelante. Ahora, por favor, uno de ustedes venga conmigo para llenar los datos necesarios.
-Amor, voy a ir yo. Quédate aquí. Volveré en seguida.
-Víktor… ¿dónde está Yukie? -cuestionó de pronto Yuuri, con una expresión vacía en sus ojos.
-Está con Yurio y Otabek. Ellos vendrán después. Llamaré a tu mamá. Probablemente Sasha estaba viendo la Final y no quiero que se altere, ¿está bien?
-Sí… no… Yo los llamo.
- ¿Seguro?
Yuuri asintió y Víktor se alejó con la enfermera para dar toda la información de Viktoria. Aunque en esos momentos, lo último que quería era pensar. Apenas estaba terminando de analizar lo que había pasado. Pero si de algo estaba seguro, era de que Yuuri tenía razón. Era su culpa. Era su completa y maldita culpa. A eso se referían cuando decían que no estaba lista. ¿Por qué tenía que ser tan estúpido? ¡Era un salto! ¡Un jodido salto! No pasaba nada si ella lo hacía esa noche o diez años después. ¿Por qué tenía que haberla alentado? Ahora, no sólo no sabían si volvería a patinar. Eso era una insignificancia. Lo único que pedía era que le dijeran que su hija viviría. Que se iría con ellos a su casa y que volvería a ser la de siempre. ¿Cómo es que había sido tan idiota? Un capricho. Había cedido a un capricho y ahora todos estaban sufriendo por su culpa, sobre todo Yuuri.
Yuuri… tenía que ser tan difícil para él. Viktor era el padre de ella, pero era el japonés quien las había llevado esos meses, ella creció dentro de él, y eso, inevitablemente, formaba un vínculo especial. Era probable que el dolor de Yuuri fuera aún más inmenso que el de Víktor. Su hija, una hija que salió de él, se le estaba escapando. Lo vio hablar por el celular y se acercó a él, para ofrecer su apoyo en caso de ser necesario.
-… no, mamá. Víktor y yo nos quedaremos con ella y Yukie está siendo cuidado. Necesito que te quedes con Sasha y lo tranquilices. Dile que… que… su hermana está siendo ayudada… que pronto volverá con nosotros… -Yuuri apenas fue capaz de acabar la frase, se llevó la mano a la frente y comenzó a llorar de nuevo. Víktor se quedó estático, sin saber qué hacer -… sí, me ayudaría que Mari estuviera aquí… Yo no voy a moverme de este lugar hasta que alguien me diga cómo está mi hija. Sí. Mamá… por favor… cuida de Sasha, hazle saber que todo estará bien y que lo amamos… Gracias.
- ¿Qué sucede? -preguntó el ruso, en cuanto Yuuri colgó.
-Sasha lo vio todo… él… estaba muy mal. Lloró mucho y también creyó que Viktoria… que ella… eso… Papá lo calmó porque mamá también entró en pánico. Lograron que durmiera… en cuanto despierte le van a explicar todo…
-Yuuri… ¿qué quieres que haga? Estás muy pálido…
-Nada, Víktor, no hagas nada. Ya fue suficiente.
-Yuuri… lo siento…
-Eso no va a traer a Viktoria de vuelta si algo le ocurre -espetó el japonés, poniéndose de pie -Por favor, Víktor, déjame solo un momento.
El peliplata, con su corazón latiendo con agonía, asintió y salió de la recepción hacia el exterior de del hospital. Hizo ademán de sacar su celular para ver la hora, pero recordó que todo eso estaba en la maleta de Viktoria y que probablemente Yurio la había recogido. Su reloj de mano indicaba que era casi media noche. Ya habían pasado casi dos horas desde el accidente.
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No supo cuando tiempo había pasado afuera hasta que sintió gruesas gotas de lluvia caer contra su rostro, y porque vio un auto gris estacionarse cerca de la entrada. Un rubio y un moreno descendieron rápidamente de él y prácticamente corrieron hacia el interior, chocando, primero, con el cuerpo del peliplata. Ambos lo observaron como si fuera un fantasma, pero Altin le indicó a Yurio que entrara a ver a Yuuri y que él se quedaría con su compatriota.
-Víktor… ¿cómo están?
-Yuuri me odia y no sabemos nada de Viktoria. Yo… sólo… no sé…
-Él no te odia. Sólo está molesto contigo porque expusiste a Viktoria a un peligro que pudieron evitar.
-Ni siquiera quiere verme.
-Yo tampoco querría ver a Yura si por su culpa algo le pasara a Serik. Pero en cuanto tengan noticias de ella, esto podrá ordenarse un poco.
- ¡Víktor! ¡Otabek!
Ambos hombres voltearon cuando Yuri los llamó. Un doctor avanzaba por el pasillo y se dirigía a donde estaba el grupo. Víktor prácticamente se lanzó hacia el interior del enorme edificio para acosar al doctor con preguntas.
- ¿Son familiares de Viktoria Nikiforova-Katsuki?
-Sí, somos sus padres -respondió Yuuri, en un hilo de voz temblorosa.
-De acuerdo. Hemos logrado controlar la hemorragia. Para nuestra fortuna, no hay derrame cerebral, pero si dos conmociones en los lóbulos frontal y occipital, además de una grieta en el cráneo. Ahora mismo se moverá a la zona de Rayos X para una valoración. Creemos que no necesitará más que unas placas para reparar la fisura, por no más de una semana. No hay escape de líquido encefalorraquídeo, lo cual también es bueno. Pero…
-Solo dígalo, doctor -exigió Víktor, su cabeza ya estaba doliéndole en demasía.
-Necesito que ambos firmen esto -el hombre les tendió unos papeles. Y la sola lectura de ellos, los puso pálidos, sintiendo que sus pocas fuerzas se escapaban.
- ¿Inducir al coma?
-Es necesario si queremos que su recuperación sea completa. Tiene una fisura en la cadera que ya fue tratada, además de la fractura craneal. Necesitamos que sea reposo absoluto por dos semanas.
-Pero esto… ¿no es peligroso?
-En lo absoluto. Nosotros mediremos la cantidad de sedantes que se le administren y estará conectada en todo momento a la mascarilla de oxígeno. Sus funciones vitales no se alterarán, y cuando sea el momento, la despertaremos. Será lo mejor para Viktoria.
-De acuerdo -dijeron Víktor y Yuuri al mismo tiempo, plasmando sus erráticas firmas en la hoja - ¿Cuánto más durará la operación? ¿Ella… tiene posibilidades?
-Esperamos concluir el procedimiento en no más de cinco horas. Señor Nikiforov, señor Katsuki, su hija está a salvo. Va a estar con nosotros mucho tiempo más. Su cuerpo coopera con nosotros y eso es fundamental. Tienen mucha, mucha suerte.
El doctor se fue y Yuuri, sin pensarlo, se echó a llorar en el hombro de Víktor. Este se sorprendió, pero no dudo en reconfortarlo, diciéndole una y otra vez que Viktoria iba a estar bien, que sólo sería una pesadilla.
Otabek y Yuri fueron a sentarse en un sillón para no interrumpir la escena, pero el rubio recordó algo de golpe.
-Anciano… dejaste tú celular en la maleta -dijo, tendiéndole el aparato -Vladya llamó y él… viene hacia acá.
- ¿Qué Vladya qué?
-Que ya estoy aquí.
Apenas tuvieron tiempo de reaccionar todos, cuando la imponente figura del general Nikiforov entraba al hospital. Víktor iba a decirle algo, pero antes de siquiera abrir la boca, sintió como su hermano apartó a su esposo de su regazo y cómo un puño fuerte y certero se estampaba contra su mejilla. Terminó en el suelo. Realmente, no había sido algo que doliera demasiado, pero la impresión le impidió moverse.
- ¿Eres estúpido o qué, Viktor? ¿Cómo puedes ser tan idiota? ¡Mi sobrina! Es ella la que está pagando las consecuencias de tus tonterías. ¡Dime algo, joder!
Víktor negó con la cabeza, y estaba listo para recibir un nuevo golpe de Vladya, de no ser porque Yuuri se interpuso entre ambos, protegiendo el cuerpo caído de su esposo.
-Vladya, por favor. No es el momento ni el lugar.
- ¡Katsuki! Por culpa de ese imbécil… -señaló a su hermano, a quien Otabek ayudaba a reincorporarse -… Viktoria, mi sobrina, mi niña, estuvo a punto de morir. Vi el jodido video. Estuvo demasiado cerca. ¡Es un idiota! ¡Soy capaz de hacer todo para que no se acerque a mi sobrina de nuevo!
- ¡Vladya! Estás hablando de mi esposo, y ella es tu sobrina, pero primero es su hija- Yuuri tuvo que interrumpirlo. Vladya lo estaba llevando demasiado lejos. Si, podía ser que estuviera furioso con él, pero lo amaba y era su único apoyo -No vas a solucionar nada. Tenemos que esperar a que los doctores nos den su estado.
-La quiero en Rusia, Yuuri -dijo el general, fulminando con la mirada a Víktor -Allá tendrá la mejor atención, yo me encargaré de que la vean los mejores especialistas.
-Creo que podemos preguntar si es posible un traslado. También quiero que esté bien atendida. Viktor, ¿eso está bien para ti?
-Sí. Pero, Vladya, es mi hija, y sobre ella decidimos Yuuri y yo, no tú. Y si decimos que se queda aquí, así será.
-Escúchame tú a mí…
- ¡Basta los dos! -pidió Yuuri, separándolos de lo que era una obvia y estúpida contienda territorialista.
Ambos se alejaron y fueron a sentarse lo más distanciados posible. Yuuri suspiró. No estaba con ánimos de peleas de hermanos. Una pequeña esperanza había nacido en él desde el último reporte del doctor, y a eso se iba a aferrar.
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No tenían idea de en qué momento la recepción se había llenado de tantas figuras del patinaje artístico. Pero casi al amanecer del día siguiente, poco más de diez personas esperaban por alguna noticia de Viktoria. Desde Italia y hasta los países nórdicos, incluso uno de América y dos asiáticos, todos, se mantenían a la expectativa y ofrecían toda la ayuda que fuera posible, e inspiraban algo de calma para el par de padres que no tenían noticia de su hija en más de seis horas.
Phichit y Minami habían permanecido con Yuuri la mayor parte del tiempo, y eso estaba sacando el lado celoso e iracundo de Víktor, quien se esforzaba por controlarse y repetirse a cada momento que su esposo necesitaba de las personas en las que más confiaba. Así como Yurio y Chris no se habían despegado de él. Así como Laryssa hubiera estado a su lado, de no ser porque Víktor le pidió que no estuviera ahí, pues no quería un altercado con Yuuri, y no quería explicar, por milésima vez, que ella solo era una amiga.
Por fin, después de angustiantes horas de espera, un doctor diferente se acercó al grupo, y luego de notar, para su sorpresa, que solo había hombres en ese lugar, preguntó lo primero que se le vino a la mente.
- ¿Eh… padres… o familiares de Viktoria Nikiforov-Katsuki?
-Nosotros somos sus padres -dijeron Yuuri y Víktor, poniéndose de pie, y siendo imitados por todos en el lugar.
-Oh… bien. Supongo que ya les explicaron la situación que atravesaba su hija. En efecto, tenía una fractura en forma de grieta en el cráneo, en la zona de la nuca. Ya fue reparada con la colocación de placas, mismas que serán retiradas en una semana. La pérdida de sangre no fue considerable y no se requirió de una transfusión.
- ¿Y el coma? -quiso saber Yuuri, aferrándose a la mano de Víktor.
-Ya fue inducida. Después de la operación para retirar las placas del hueso craneal, solo restará esperar a una mejoría, y… valorar las consecuencias de ambos golpes.
-Doctor. La familia es de Rusia, y queremos saber si existe la posibilidad de un traslado a San Petersburgo -para sorpresa de todos, sobre todo de Vladya, fue Víktor el que habló.
-Es viable, si ustedes así lo desean. Pero yo preferiría que esperáramos a la segunda cirugía, y dependiendo de su reacción, determinar si puede viajar. Necesitaría de equipo médico especial durante el trayecto. Por lo demás, creo que sería mejor para ella estar en un lugar que reconozca.
-Entonces nos encargaremos de eso.
-Perfecto. En cuanto puedan, me gustaría que me facilitaran los datos del hospital para que pueda enviar el expediente de Viktoria. En aproximadamente una hora terminarán de trasladarla a cuidados intensivos, y podrán entrar a verla. Sólo aquellos que sean familiares. Si no hay más preguntas, me retiro. Si tienen una duda, no duden en llamarme.
El doctor se alejó por los pasillos del hospital y todos se encargaron de reconfortar a la temblorosa pareja. Yuuri y Víktor, a pesar de que apenas habían cruzado pocas palabras durante la madrugada, entrelazaron sus manos y se dirigieron una mirada de alivio y fuerza.
Ella estaba bien. Y estaba viva. Nada más importaba.
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Dolor. Mucho dolor. Punzante en todo su cuerpo. Apenas abrió un poco los ojos, la luz del lugar en donde se encontraba fue casi lacerante y tuvo que cerrar su mirada y abrirla de nuevo, poco a poco, para adaptarse a ella.
¿Dónde estaba? Por más que se esforzó, no reconoció el lugar. ¿Qué había pasado? Lo último que recordaba era… era… hielo. Enfocó la vista en distintas partes tratando de encontrar algo que le diera una referencia del lugar en donde estaba.
No tardó mucho. Una chica de largo cabello y brillante cabello negro dormía en un sofá alejado de la cama de hospital. Su rostro se veía triste. ¿Quién era esa chica? Pero había algo más importante. ¿Quién era ella misma? Una lágrima escapó de sus ojos cuando, intentando buscar un recuerdo, se encontró con un abismo negro, falto de cualquier cosa que le diera una pista de su identidad o de lo que hacía ahí.
-Hey… a… ayu… ayuda… -su voz era apenas audible.
La máquina a su costado, que medía los latidos de su débil corazón registró un aumento de estos. Pero entonces, le llegó el pavor y la máquina disparó sus pitidos. Salvo por el cuello, no podía moverse. Trató de, con sus escasas fuerzas, levantar una mano, por lo menos un dedo. Pero su cuerpo sencillamente no reaccionaba a sus órdenes. Entonces trató de gritar. Pero ni siquiera ella podía escuchar bien ese extraño sonido que salía de su garganta.
Las lágrimas salían, incontrolables de sus ojos. Quería moverse, quería golpear algo que la hiciera descargar su frustración, su terror, pero nada en ella se movía.
Por fin, cuando llegó a pensar que caería en la locura, la chica en el sofá se removió y abrió sus enormes ojos marrones. Apenas unos segundos después de despertar, se percató del estridente sonido del electrocardiógrafo y corrió como desesperada hasta la cama, para comprobar que su ocupante en verdad había despertado.
- ¡Viktoria! ¡Estás viva! ¡Oh, Dios! Tengo que avisar a Víktor y Yuuri.
No escuchó lo que tenía que decir y eso la desesperó. Sin embargo, su mente martilleó y fue como si el viento ahuyentara la espesa niebla que se había cernido sobre sus recuerdos.
Se llamaba Viktoria… Viktoria Svetlana… Lo pensó con cuidado. Sabía que había algo antes de Katsuki. ¿Dónde estaban Yuuri y…? ¿Cómo se llamaba su otro padre? Parecía demasiado obvio, pero le estaba costando asignar un nombre al hombre de cabello plateado.
¿Estaba viva? Sí, claro que lo estaba. Esa caída había dolido mucho. Mientras las memorias se agolpaban en su mente y se ordenaban de una manera coherente, se repitió que tendría que practicar ese salto… que se llamaba… ¿cómo?
Abruptamente, la puerta de la habitación se abrió y cuatro personas entraron corriendo. Yuuri no dudo en abrazarla con fuerza, mientras que el peliplata tomaba su mano y la besaba una y otra vez. Ambos lloraban mucho. A su lado, la chica… ¡Yukie!... daba saltitos de alegría al ver a su hermana despierta. ¡Ellas eran gemelas!
-Pa… papá… No… no me… puedo…mover… ni hablar… ¿Quién…?
-Señorita Viktoria. Relájese, por favor. No se esfuerce. Es cuestión de minutos antes de que sus capacidades vocales y musculares vuelvan. Tranquila -pidió el hombre de blanco que estaba frente a todos.
Pidió a la familia que conservaran la calma y que no se precipitaran. Minuto a minutos, el doctor pedía que pronunciara algunas vocales, hasta que su voz dejó de ser un susurro para convertirse en algo fuerte y audible, con un ligero matiz de ronquez.
- ¿Puede moverse?
-Un poco… no siento mucho mis piernas, pero puedo moverlas.
-Bien, empecemos a hacer las pruebas para hacer un rápido recuento del daño. ¿Está lista, señorita Viktoria?
-S… sí.
-Perfecto. Ya hice las pruebas de reflejos, y salió perfecta. Hagamos la de memoria. Dígame, señorita, ¿Cómo se llama y cuántos años tiene?
-Yo… soy Viktoria Svetlana… y sé que hay algo antes de Katsuki. Me falta algo ahí -cerró los ojos y se llevó las manos a la cabeza. El ruso mayor de esa habitación sentía como si su alma cayera a los suelos. El médico le pidió que no se esforzara, pero ella se negaba a dejar de intentar. De pronto, abrió los ojos de golpe -Nikiforova. Nikiforova-Katsuki, y tengo trece años.
-Bien. ¿Tiene hermanos?
-Sí. Ella es mi hermana gemela, es Yukie. Y Sasha, que nos espera en Japón con mis abuelos y mi tía.
-Perfecto. Dígame la fecha de su cumpleaños y donde nació.
-31 de diciembre. Nacimos en la madrugada. En… San… Petersburgo… Rusia.
-Señorita… mencioné el último recuerdo que tenga -la chica pareció pensárselo un poco, escarbando en lo que debía ser muy obvio.
-Duele. Pero ya sabía que iba a salir mal. El hielo… está muy mojado… y no me puedo mover. Me caí de… de… un salto que… es un… no es un axel… un fl… flip… un cuádruple.
- ¿Dónde vive?
-En Hasetsu, Japón.
- ¿Sabe dónde se encuentra ahora?
-Budapest.
-No. Ahí se encontraba en el accidente. Fue trasladada a San Petersburgo, el hospital Sokolov. ¿Le recuerda algo?
-Aquí nací.
-Muy bien. ¿Sabe en qué día estamos?
-13 de diciembre.
-No. 28 de diciembre. Ese fue el día de su accidente. Ha dormido catorce días.
- ¿Estaba en coma?
-Así es. Por último, ¿usted tiene padres?
-Claro que sí.
- ¿Un hombre y una mujer?
-No. Los dos son hombres.
- ¿Puede identificarlos?
-Por supuesto -tomó la mano de Yuuri, y el casi se deshace en llanto -Él es mi papá Yuuri Katsuki-Nikiforov. Él nos tuvo a mí y a mi hermana. Y… -su mirada se detuvo en el hombre de cabello plateado detrás de Yuuri. Su mirada se tornó confusa y el doctor estaba por escribir algo, cuando ella habló, con un destello de reconocimiento -Tú… ¿quién eres?
-No… Viktoria… yo…
-Espere, señor. Deje que ella lo piense -pidió el doctor, impidiendo que el pálido hombre dijera algo. Se veía al borde un colapso.
-No… lo siento… no tengo idea de quién eres… y no quiero que estés aquí…
Fue como si le hubieran aventado un balde agua helada. Hubiera preferido eso. tal vez que lo golpearan otra vez. Pero no eso. Antes de que sus piernas le fallaran y que su razón se nublara, se dio media vuelta y caminó hacia la salida. Sus manos temblaron hasta que escuchó un extraño sonido… uno que sorprendió a todos en la sala. Él volteó y se encontró con una sonrisa y una risita de Viktoria.
-Era… una broma, papá. Tú eres Víktor. Víktor Aleshka Nikiforov-Katsuki. Eres mi papá.
- ¡Viktoria! -Yuuri la reprendió, mientras Víktor caía rendido en el sofá, ocultando el rostro entre sus manos, para que no vieran lo mucho que le había calado la broma.
-Un cruel sentido del humor -anotó el doctor, conteniendo la risa que las gemelas le estaban contagiando -Al parecer, señorita, recuerda todo.
-Creo que lo hago, aunque no sé… como llegué a Rusia.
-Tú tío Vladya insistió -indicó Yuuri, que se animó a soltar a Viktoria para ir al lado de su esposo y ofrecerle un abrazo de consuelo.
-Viktoria -habló el médico -Voy a ponerte al tanto de tu situación y de los resultados que obtuvimos después de varios análisis. Estabas en un coma inducido. Tu cráneo se fracturó, pero ha sido arreglado. Hay dos contusiones en tu cerebro que están sanando. Sin embargo, la zona que regula la ansiedad y la coordinación recibió un serio impacto, por lo que podemos concluir que, cuando trates de incorporarte a tu vida normal, habrá que ser cuidadosos con los cuadros de ansiedad, que pueden ser muy violentos. Tu cadera se fisuró, pero también ha sido tratado. Sin embargo, tendrás que llevar una terapia para moverte como antes. Por lo menos durante media año, y aunado a los problemas de coordinación, necesitarás de una silla de ruedas.
- ¿Silla de ruedas? Pero… es temporal… ¿cierto? Podré ponerme de pie y hacer lo que me gusta como antes, ¿verdad? El patinaje… el hielo… las competencias… no se acabaron para mí, eso… es imposible…
La chica había empezado a respirar con fuerza y agitada, hasta que Yuuri y Víktor corrieron a su lado y le sujetaron las manos. Ella pareció relajarse un poco. Sus padres le pidieron al doctor que los dejara solos, que ellos le explicarían. En cuanto el doctor salió, Viktoria se echó a llorar en los brazos de Yuuri.
-Nena… escúchanos, por favor.
- ¡No! ¡No quiero! ¡No quiero que me digan que no podré hacer nada de nuevo!
-Amor… podrás caminar de nuevo… es una fisura. No es grave, y con terapia, lograremos que te coordines de nuevo y andes como si no hubiera pasado nada.
-Sabes que eso no es suficiente para mí. Yuuri, Víktor. No puedo solo caminar… yo…
-Lo sabemos, Viktoria. Y veremos qué podemos hacer al respecto. Te prometo que no nos rendiremos.
-Víktor… no es momento de que comiences a prometer cosas… ya viste lo que…
-Espera, papá… -Viktoria interrumpió el reclamo de Yuuri contra Víktor. No podía dejar que cargara todo él solo -Tú lo sabes. No es toda la culpa de él. Yo… yo lo desobedecí, le prometí que…
-Ya sé eso. Y ambos son unos imprudentes.
-Pero papá… perdona que diga esto, pero… bueno… no sería el único imprudente de esta familia.
Yuuri respingó ante el argumento de su hija, y Víktor no pudo hacer más que sonreír ligeramente. La peliplata tenía un punto.
-Viktoria… eso cuenta como chantaje.
-Sólo no quiero que estés enojado con él. Nos equivocamos los dos… pero estoy aquí. Y me ayudarán a ser como antes… ¿verdad?
-Vik… -el japonés suspiró, y por primera vez en dos semanas, buscó el cálido contacto con la mano de su esposo, quien no se lo negó, incluso, lo hizo más fuerte -Sí, claro que te ayudaremos.
- ¡Genial! Por cierto… ¿el doctor dijo que hoy es 28 de diciembre?
-Sí… también es domingo.
-Bueno… quiero dormir… pero… Feliz 16 aniversario.
Viktoria no tardó casi nada en quedarse dormida, vencida por las medicinas que aún le estaban suministrando. Víktor y Yuuri se miraron sorprendidos. No era que lo hubieran olvidado, sólo que no estaban de ánimos para siquiera mencionarlo.
Pero ella ya había despertado, ya estaba bien y era consciente de todo, así que…
-Feliz aniversario, amor -Víktor se levantó de la cama y fue a buscar un abrazo de Yuuri, ante la mirada exasperada que Yukie le dirigió desde el sillón, donde también comenzaba a quedarse dormida.
-Vitya… Feliz aniversario -el japonés correspondió al abrazo con fuerza, como si temiera que su esposo se fuera a desvanecer entre sus brazos. A pesar de las espantosas dos semanas pasadas, él siempre fue el apoyo que necesitó, y el consuelo que siempre encontró.
-Perdóname, Yuuri, perdóname. No podré acaba de pedirte perdón nunca, pero al menos, trataré de reponer mi error. Soy un tonto. Todos tienen razón.
-Víktor, amor… ya pasó. Ahora tenemos que ayudarla… no la dejaremos sola… Yo te perdono. Siempre, toda la vida. Te amo, Víktor, demasiado. Pero estaba aterrado. No soportaría la idea de perder a mi hija… y quiero que vuelva a ser la misma de antes.
-Oh, Yuuri. Yo también te amo con todo mi ser. Y yo me encargaré de que la niña que era. Te doy mi palabra. La voy a proteger con mi vida. Jamás la volveré a poner en peligro. Nunca. Siempre cuidaré de ella.
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Cinco años después, viendo a Viktoria deslizarse por la pista, ensayando para su programa largo con total naturalidad, Víktor se preguntaba si estaba haciéndolo bien. Si eso era protegerla. Su hija había desafiado con creces el pronóstico de los doctores en los que se decía que no podría volver a patinar, que la ansiedad controlaría su vida, y que su capacidad de relacionarse se vería mermada.
Pero, al parecer, eso a ella no le importó. Se entregó en cuerpo y alma a la rehabilitación. Tanto, que Víktor temió que fuera demasiado y tuvo que ponerle un alto. No se iba a arriesgar de nuevo. Con esa traumática vez, era más que suficiente. Ahora tenía que cuidarla de ella misma. Tenía que medir sus esfuerzos e imponer pausas cuando era necesario.
Sabía y entendía, aunque no lo pareciera, que eso frustraba a la peliplata. Pero no importaba, había hecho una promesa. Viktoria no pasaría por lo mismo ni nada parecido si él podía evitarlo. Así tuvieran que ser medidas extremas. Así tuviera que cortar sus alas.
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¡10755 palabras! Dios, esto me rebasa. Pero bueno, les dije que les iba a compensar mi ausencia de casi una semana. Primero pensé que debía dividir en dos este monstruoso capítulo, pero mi beta reader me amenazó con suicidarse (tremenda loca) si yo lo cortaba. Así que, si perdieron tiempo de su vida en esto, es culpa de ella. Espero que les haya gustado, y hayan entendido las razones por las que Víktor actúa como lo hace. Tal vez sean extremas, mucho muy extremas, pero hay una enorme culpabilidad y una gran promesa de fondo. ¿Qué dicen? Yo, en lo personal, creo que es digno de comprensión. Además… por si lo notaron… no fue su culpa completa, aunque él la haya asumido toda. Bueno, ya me voy que debo dormir, aunque sea un poco. Perdonen si no fue tan buen capítulo, pero era necesario (esta era mi sorpresa). Nos leemos el lunes. No olviden dejar su comentario, me ayudan a crecer y a tomarlos en cuenta. ¡Saludos!
Kuroi Yukie: Jajaja, hasta a mí me molesta que sea tan distraído. Te prometo que Yuuri se pondrá en modo perra si Víktor lo engaña. Aunque no sé si eso pase… ¡Gracias por leer y por el comentario! ¡Saludos!
Maryteresaichimo: Aww. Es hermoso leer que lo que hago te gusta tanto, muchas gracias por los ánimos y el comentario, de verdad que me sirven. Yo también espero que esto acabe bien, aunque sé que no será así por un buen tiempo muajaja. ¡Gracias por leer, por comentar y por todo! Espero que el de hoy te haya gustado. ¡Saludos!
Minako Gou: No, no puede ser todo. Pero ya escogí el siguiente capítulo. Tranquilidad, que ya pronto veremos porque se pelearon los Viktuuri. Sí, los van a querer golpear a los dos. Gracias por comentar y por leer. Espero que te haya gustado esta entrega. ¡Saludos!
Sakura furinji: Te ayudo a matar a la perra maldita que quiere echarse a Víktor. Si, ya sé, es mi personaje, pero también siento unas extrañas ganas de hacer algo para que se muera. Si, el drama tendrá su ¿recompensa? Pues no sé, pero habrá sonrisas, unas cuantas, lo prometo. Gracias por leer y comentar. Espero que este cap te haya gustado. ¡Saludos!
Estrellas de Papel: Pues sí, las hermanas deben estar unidas contra el peligro en tacones. Víktor… Víktor nos va a provocar ganas de asesinar, solo un rato. Yo también amo a mi Sasha. Es que me lo imagino hermoso. ¡Gracias por leer, comentar y seguirte pasando por aquí! Espero que haya satisfecho la sed de drama. ¡Saludos!
Zryvanierkic: *Desenvuelve el papiro* Pensé que subiría capítulo sin que me hayas comentando y me encontré con una linda (y agresiva) respuesta. ¡Dios! ¡Corre, Víktor! Ya tenemos la primera candidata a hacerte pedacitos. Aunque espero que con este capítulo hayas entendido un poco del porque llega a actuar como lo hace. Estaba consciente de que estaba haciendo mal (por lo menos aquí sí) y en sus ánimos de no fallar de nuevo… falló de nuevo. ¡Pero por lo menos lo intenta! No te desquites con Sasha bebé sambero. Esa criatura es demasiado tierna e inocente para que llegue a pensar mal de Laryssa. Sí, tengo plena conciencia de que Víktor está haciendo absolutamente mal todo. Pero, y aunque no sé si los justifique, que creo que no, pienso que Víktor es de esos a los que el fin de un noviazgo no significa el fin de la amistad. ¿Si te dijera que una de las ideas originales era que Yuuri y Yurio acabaran juntos, me matarías? Creo que sí. Pero por obvias razones, eso no va a pasar. Todavía no me puedo hacer responsable de tu ira… porque todavía no ha llegado a su máximo. No odies a Vitya… él también es un bebé. Y en su defensa, Yuuri también está ocultando cosas (JA-JA-JA). Por último, la teoría de Yoshiro… no. Te voy a medio spoilear. Yoshiro es una persona que ya existe y tendrá una relación muy, muy estrecha con la familia… hasta dentro de varios capítulos, después de que las bombas estallen. Creo que… eso es todo… sí. Gracias por no abandonar este monstruo y por dejar tus siempre valiosos e importantes comentarios. Siempre me llenan de motivación, y ya me has dado una que otra idea. Espero que el gigante de hoy te haya gustado. ¡Saludos infinitos!
P.D.: A la canción que me refiero al principio es "Aquí" de la banda sonara de "Encantada".
