La serie Once Upon a Time, sus personajes, y demás mencionados aquí, no me pertenecen.

Gracias por seguir leyendo esta historia, bienvenidos los nuevos seguidores, gracias por los favoritos y por comentar. Rominamasi, que bueno que te haya gustado el principio. Lucerocanalla, me halaga mucho tu comentario, espero que la disfrutes hasta el final. HiddleSol, adoré tu comentario, y lo siento pero no voy a darte spoilers, tendrás que leer y averiguar qué pasa. Mi querido Guest, que bueno que te encante, lamento la demora en publicar. Marymontoya17, me alegra leerte, aunque no sé si pueda complacerte, ya veremos. Melissa Swan, gracias por la crítica constructiva y dulce de casi una página. IsabellaMartins, la última super luna te trajo de vuelta, pero no pienso dejarte adivinar.

Disculpen cualquier error, y espero que lo disfruten.

PD: Puede que cuando terminen de leer el capítulo lo odien o lo amen pero todo siempre ha estado fríamente calculado.


CAPÍTULO 25

HENRY

Tomé una de mis linternas de Batman, me puse sobre la cabeza mi nueva manta de Iron man, y por suerte había cepillado mis dientes y puesto mi pijama antes de que la electricidad fallara otra vez; así que después de que ma aseguró todas las puertas y se fue, mamá y yo fuimos a su habitación, no es que tuviese miedo, es que al ser el hombre de la casa era mi deber ser un héroe, debía estar al pendiente de todo y eso incluía acompañar a mamá mientras ma volvía.

—¿Quién crees que pueda ser el ladrón?

—No lo sé cariño.

—¿Sabías que Archie solía robar antes de que el Hada Azul lo convirtiera en un grillo?

—No estoy muy al tanto de las historias personales de todos los que viven aquí.

—No le gustaba pero era muy bueno robando. Papá también era un ladrón, y ma, y la abuela, si ellos quisieran pudieran formar una banda.

—Nadie va a formar una banda de ladrones.

—Robin tenía una, ¿alguna vez te robó?

—No, hubiese sido tonto de su parte.

—Talvez te robó algo y tú ni siquiera te diste cuenta.

—Eso es imposible.

—Ma lo hizo algunas veces y nunca te diste cuenta.

—¿Qué pudo haberme robado? —Preguntó al fin interesada en nuestra pequeña conversación.

—No voy a contarte pero era parte de nuestra Operación Cobra, y yo creí que también podría ser un buen ladrón, pero resulta que no soy muy bueno, creo que es por tu culpa.

—Lo tomaré como un cumplido, y te recuerdo que robar es malo, nunca jamás se te ocurra hacer algo así.

—Está bien.

—Es hora de dormir cariño, y olvidémonos de esas ideas de ser un pequeño delincuente. —Dijo arropándome un poco.

—Es temprano, no soy un bebé.

—Eres un niño en crecimiento y necesitas todas las horas de sueño que puedas conseguir.

—Mejor cuentame ¿cómo es que terminaste siendo amiga con Tink? Es increíble que ella sea tu hada.

—No hay nada interesante en esa historia. ¿Va todo bien en la escuela? ¿Han vuelto a molestarte?

—Todo está bien mamá.

—Voy a tener una charla muy seria con tus profesores este jueves, y te recuerdo que aún tenemos una conversación pendiente con Emma.

Antes de poder oponerme a lo que acababa de decir un ruido extraño atrajo nuestra atención.

—¿Es ma?

—Shhh… —Dijo mamá levantándose de la cama—. Quédate aquí.

Un fuerte golpe, como si alguien diera patadas en la puerta principal, nos hizo sobresaltar y de inmediato me apresuré a tomar la mano de mamá para que no saliera de la habitación.

—Esa no es ma.

Volvieron a haber más golpes, no sabía si era alguien muy enojado llamando, más bien parecía que alguien quería entrar a nuestra casa, hice lo mismo que mamá y me quedé un instante de pie sin moverme, escuchando lo que estaba pasando fuera… entonces algo rompió una de las ventanas de abajo.

Mamá cerró la puerta de la habitación y puso el seguro, tomó rápidamente su celular de la mesita de noche y llamó a ma.

—Hay alguien en la casa… creo que… hay alguien fuera queriendo entrar… Henry está conmigo.

Escuché otro vidrio romperse y mamá me tomó de la mano y me llevó a su armario.

—Mamá… ¡Mamá! —Por un instante creí que ella iba a dejarme allí entre su ropa y todos sus zapatos pero entonces cerró las puertas del armario y se sentó conmigo en un rincón.

—Todo está bien Henry, todo está bien. —Dijo abrazándome con fuerza y besando mi cabeza, pero podía escuchar su corazón latiendo tan rápido como el mío, y sus manos temblaban un poco.

—Puedes usar tu magia mamá, está bien si la usas ahora. —Dije intentando mirarla en la oscuridad, había olvidado mi linterna en la cama.

—Emma está en camino, todo va a estar bien.

Quería creerle pero al mismo tiempo el ruido de las ventanas rompiéndose no me dejaba hacerlo, iban a entrar y aunque mamá no me lo dijo sabía que ella no tenía más su magia, por eso tenía miedo al igual que yo, por eso estábamos escondidos en su armario, ¿qué iba a pasar si ellos entraban antes de que ma llegue?

—Todo está bien Henry —Volvió a repetirme en un susurro—, no voy a dejar que nadie te haga daño, lo prometo.

Y cuando el vidrio de otra ventana se rompió no fui el único que se estremeció ante el fuerte estruendo.

¿Qué nos iba a pasar si ma no llegaba a tiempo?

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EMMA

—… creo que… hay alguien fuera queriendo entrar.

Ni siquiera me inmuté cuando las primeras gotas de lluvia cayeron sobre mí, mi corazón iba a salirse de mi pecho por la inesperada ola de adrenalina que fluyó en mi cuerpo de repente.

—¿Dónde estás? ¿Estás en la habitación? ¿Henry está contigo? —Y no estaba caminando, mis piernas corrían llevándome lo más rápido posible hasta mi auto—. ¡Toma a Henry contigo y enciérrate en una habitación!

Lo único que podía escuchar de ella era su respiración agitada, su silencio me estaba matando y ni siquiera sabía si estaba siguiendo mis instrucciones, supe que Robin estaba sentado a mi lado porque lo escuché hablar con David mientras yo rompía todas las reglas de tránsito.

—Estoy en camino nena, estoy casi allí. Necesito que bloquees la puerta en donde estás y busques un lugar donde esconderte. —Necesitaba calmarme y hacer que ella también se calmara conmigo para poder ganar el tiempo suficiente que me permita llegar hasta ellos—. ¡No hagas nada estúpido Regina, necesito que te escondas junto con Henry!

No podía escuchar nada, no debieron pasar más que unos cuantos segundos pero me parecieron horas, y estaba tan lejos aún, un minuto podía hacer toda la diferencia y lo sabía mejor que nadie… y entonces pude escucharla.

"Emma está en camino, todo va a estar bien… todo va a estar bien"

Pisé el acelerador con rabia y no permití que las lágrimas se derramaran por mis mejillas, era mi culpa, debía estar en casa con ellos, nunca jamás debí ponernos esas cosas y bloquear nuestra magia, debí haberme quedado con ellos fuera de Storybrooke y mantenerlos siempre a salvo.

Fueron los diez minutos más largos de toda mi vida.

Cuando bajé del auto y corrí hacia la entrada de nuestra casa lo que vi me hizo paralizarme un momento, no había una sola ventana que no estuviese rota, a pesar de la oscuridad sentí mi estómago revolverse al ver las palabras pintadas en la puerta de entrada.

—Creo que es sangre —Escuché decir a David, y solo hasta entonces me percaté que él había llegado primero que nosotros. Tenía un arma en la mano derecha y con la otra empujó la puerta abierta.

Crucé el umbral y el olor a sangre atravesó mis fosas nasales, me moví lo más rápido que pude pero lo cierto es que estaba aterrada, y el maldito silencio estaba a punto de enloquecerme, entonces vi a Robin correr por las escaleras como si nada en el mundo pudiera detenerlo, así que hice exactamente lo mismo que él hasta alcanzarlo después de que abrió con una patada la única puerta que quedaba cerrada. Lo hice a un lado y fui directo hacia el armario, estoy segura que solo pude volver a respirar cuando abrí las puertas y los vi allí, escondidos en un rincón, corrí y me dejé caer de rodillas junto a ellos.

—¡¿Están bien?! ¡¿Están bien?!

Busqué desesperada alguna herida visible mientras ellos se fundían en mis brazos.

—Ya pasó, estoy aquí, están a salvo. Estoy aquí. —Repetí mientras me mecía con ellos en mis brazos quizá en un vago intento por calmarme y convencerme que realmente estaban conmigo y a salvo.

—Hay que salir de aquí. —Escuché a mis espaldas.

David se acercó a nosotros y nos ayudó a ponernos de pie. Robin ayudó a Henry a ponerse unos zapatos deportivos que siempre suele olvidar en el pasillo y yo tomé unas botas de nieve que Regina nunca usa y se las puse en sus pies descalzos. David colocó una manta gruesa sobre sus hombros e hizo lo mismo con Henry.

—Iremos a casa y luego nos haremos cargo de esto. Robin…

—No te preocupes David, yo me hago cargo.

Henry se abrazó a la cintura de Regina y ella lo sostuvo oculto bajo la manta que caía sobre sus hombros. Tomé el otro lado junto a Henry y mi brazo llegó hasta sostener a Regina también, mientras David caminaba delante de nosotros.

—Vamos por atrás. —Y David sabía lo que yo estaba tratando de evitar.

No tardó en acercar su camioneta y fue reconfortante estar todos apretados en un solo asiento, sobretodo porque Henry lloró durante todo el trayecto, escondido bajo la manta en los brazos de Regina, y lo único que pude hacer fue abrazarlos y repetirle una y otra vez que estaban a salvo.

Mary Margaret nos estaba esperando con la puerta abierta y de inmediato nos llevó adentro cuando llegamos.

—¿Están todos bien? ¿Qué fue lo que pasó?

Nos sentamos en el sofá y de inmediato Regina tomó el vaso de agua que Mary Margaret le ofreció y se lo dio de beber a Henry.

—Bebe un poco cariño.

—Ten —Dije ofreciéndole a Regina su propio vaso de agua.

—Estoy bien. —Dijo rechazándolo.

Mary Margaret no tardó en traer dos tazas de té de manzanilla, con gotitas especiales para los nervios, y mientras Regina no permitió que Henry se negara a bebérselo todo, ella en cambio siguió insistiendo en que estaba bien.

Henry no opuso ninguna resistencia en ser llevado a la cama y Regina no se despegó de su lado ni un solo instante, me quedé a un par de metros de ellos, sin quitarles los ojos de encima mientras Mary Margaret nos informaba que Leroy y Ruby habían ido a unirse a Robin para intentar encontrar a los responsables de lo que había ocurrido, era lo único que podíamos hacer por el momento, realmente no creía que Regina o Henry estuvieran en condiciones de dar una declaración de lo que había sucedido, lo cierto es que estaban demsiado calmados para mi gusto.

Esperamos a que Henry se durmiera y solo entonces Regina se sentó con nosotros en la sala para hablar de lo sucedido.

—Cualquier cosa que nos puedas decir es importante. —Dijo David.

—No sé quiénes fueron, pudieron haber entrado a la casa pero no lo hicieron, solo… golpearon las puertas y rompieron las ventanas. —Lo dijo sin mirarnos, jugando con el anillo de compromiso en su dedo.

—Está bien nena, vamos a averiguar quiénes fueron, lo prometo. —Dije sobando su espalda y acercándola más a mí.

—¿No gritaron ni dijeron nada? —Preguntó Mary Margaret.

—No, y no hay nada más que pueda decir. —Una de sus manos no dejaba de rozar su nuca.

—Ten —Volví a ofrecer el té—, tienes que beberlo por favor.

Lo bebió demasiado rápido y luego volvió a la cama con Henry sin decir nada.

—Ella está bien, siempre ha sido muy fuerte. —Me dijo Mary Margaret.

—Está demasiado calmada. —Y era eso precisamente lo que me preocupaba, no quería que se guardara las cosas, podía sentir lo aterrada que estaba, lo percibí desde que la escuché en el teléfono y el verla solo me confirmó lo mucho que estaba intentando no derrumbarse delante de todos, deseé que tuviéramos un poco más de privacidad que una simple cortina, pero al mismo tiempo me sentí un poco más segura al saber que David pasaría la noche en el sofá para que todos pudieramos dormir a salvo.

—¿Puedes dormir en el otro extremo? Quiero que Henry duerma en el medio esta noche.

—¿Qué te parece si duermo en el medio? Así puedo abrazarlos a los dos.

No esperé una respuesta, me puse algo cómodo y me coloqué en el medio, por suerte no necesité convencerla para que apoyara su cabeza en mi hombro y se acurrucara contra mí.

—Estás a salvo, los dos lo están.

—No pude protegerlo —Dijo en un pequeño susurro.

—Eso no es cierto, hiciste que los dos estuvieran a salvo.

—No es cierto.

—Lo es, lo es Regina, y si necesitas echarle la culpa a alguien entonces es a mí a quien debes culpar… debí haber estado allí.

—Sabía que llegarías.

La abracé con fuerza y besé su frente, e hice lo mismo con Henry.

—Siempre voy a llegar.

No tardó en dormirse, y afortunadamente ninguno de los dos tuvo pesadillas esa noche. La única razón por la que me quedé dormida fue quizá debido al cansancio, o por las respiraciones pacíficas de las dos personas que más amo en el mundo que lograron arrullarme, agradecida de tenerlos entre mis brazos, aún así, no hubo nada que pudiera quitarme la imagen escrita con sangre en la puerta de nuestra casa: "Están todos muertos".

XXXSQXXX


REGINA

El sonido de algo rompiéndose me hizo despertar sobresaltada, pero no era real, esta solo en mi cabeza.

—Lo siento, no quise despertarte.

Me costó un poco recordar que habíamos pasado la noche fuera de casa, y mis manos se movieron de inmediato a mi alrededor haciéndome caer en cuenta que estaba sola en la cama.

—Fueron a comprar algo para el almuerzo, no deben tardar.

—¿El almuerzo? —Fue una sorpresa ver que el reloj marcaba cuarto para las once—. ¿Henry está bien?

—Sí, fue el primero en despertar y nos hizo prometer que te dejaríamos dormir. Estaba de mucho mejor humor, te lo aseguro.

Sus palabras me tranquilizaron, aun así no podía esperar a comprobarlo por mí misma. Tomé la manta para cubrirme un poco, sólo llevaba puesto mi pijama de seda y ni siquiera podía comprender cómo había sido capaz de dormir tanto.

—Debes tener hambre, preparé chocolate caliente y tostadas con queso derretido, pero también hay café y huevos revueltos.

—El chocolate y el queso está bien, sin tostadas.

—¿Quieres una nube con tu chocolate?

—Les decíamos así en nuestro mundo —dije al recordar todas las veces que me había infiltrado en la cocina para poder robar una nube cuando era una niña—. Sí, voy a querer un malvavisco por favor.

Pensé en levantarme de la cama, pero no tenía nada para cubrirme, y mi pijama no era precisamente el mejor atuendo para sentarme a desayunar con el padre de mi novia, así que me quedé en cama, arrimada contra el respaldar, hasta que David trajo mi desayuno.

—¿Por qué Emma habría de dejarme aquí sola? ¿Está todo bien?

—Te dejó conmigo, y sí, está todo bien. Nuestra nevera estaba casi vacía así que fueron por comida y yo me quedé para cuidar de ti.

—No necesito que nadie cuide de mí, soy perfectamente capaz de defenderme y si crees que…

—Desde que tú y Emma decidieron comportarse como un par de adolescentes irresponsables…

—¡Cómo te atreves!

—…Y bloquear su magia, es evidente que necesitas que cuiden de ti. Lo que pasó anoche fue algo muy serio, y mientras no sepamos lo que realmente está pasando lo mejor es que se queden aquí. —Detesté la forma en que dijo cada palabra, tratándome como si fuera una niña, y al mismo tiempo odiaba que tuviese razón—. Puedo darte algo de ropa de Mary Margaret.

—Prefiero quedarme en esta cama por siempre antes que ponerme algo que ha sido tocado por ella.

Esperé a que se alejara para envolverme en la manta y levantarme de la cama.

—Creí que te quedarías en la cama por siempre.

—Idiota —Murmuré mientras me dirigía al baño.

Era el baño más horrible del mundo, terriblemente floral y de mal gusto.

No hubo ningún cepillo de dientes nuevo que pudiera usar, en su lugar encontré diez pruebas de embarazo de diferentes marcas, totalmente nuevas, solo podía imaginar cuántas otras había usado ya, pero ¿por qué tenía tantas? ¿Había promoción o algo así? Por lo menos significaba que aún no estaba embarazada, y eso me hacía muy feliz por Emma.

Me miré en el espejo y busqué la manera de poder echar un vistazo a mi nuca, fue inutil, y todo en lo que podía pensar era en la noche anterior, hubiese sido distinto con mi magia. David tenía razón, bloquear nuestra magia había sido irresponsable, algo que solo un par de adolescentes hubiesen hecho. Sabía que debía hablar con Gold cuanto antes.


XXXSQXXX

Henry estaba más tranquilo, no fue difícil explicarle las razones por las cuales Emma y yo habíamos decidido bloquear nuestra magia, pero nos hizo prometer no volver a mentirle nunca más. Los padres de Emma no estuvieron de acuerdo en absoluto, seguían creyendo que lo que habíamos hecho había sido un terrible error, mientras que lo que yo consideraba un error era que Emma haya acudido a esa Hada despreciable para conseguir convertir el brazalete en dos pequeños dispositivos capaces de implantarse en nuestra piel.

—Le dije que era para mí, que no quería tener magia. —Dijo Emma cuando salimos al pasillo, dejando a Henry en el interior de la casa con el volumen del televisor muy alto para que pudiéramos hablar.

—No se puede confiar en esa mujer.

—Azul es de nuestra entera confianza, ella jamás haría algo para perjudicarnos. —Dijo la ilusa de Blancanieves.

—No sé si eres realmente ingenua o totalmente estúpida. Te recuerdo que de no ser por ella habrías sido capaz de venir a este mundo con Emma, prefirió enviarla con un pedazo de madera porque eso era lo mejor para sus intereses.

—Hizo lo mejor que pudo para ayudarnos, la he perdonado, al igual que te he perdonado a ti por hacer mi vida un infierno.

—¡Ok, alto! No vamos a discutir por el pasado otra vez. Nena lo siento pero Mary Margaret tiene razón esta vez.

—Lo que creo "nena" —dije haciendo comillas en el aire—, es que la idiotez es hereditaria.

—Pueden no volver a decir esa palabra, es perturbador que se traten así.

—Te aseguro que eso es lo menos perturbador… —Y Emma me dio un beso para evitar que le dijera algo a su madre que realmente iba a perturbarla.

—No vamos a ganar nada discutiendo —Por fin David dijo algo—, creo que lo que ocurrió anoche no fue un ataque al azar y hasta que no podamos averiguar realmente quiénes fueron y por qué lo hicieron ustedes se van a quedar aquí.

—Estoy de acuerdo con David, voy a suspender las elecciones y quedarme en casa para cuidar de Henry y de Regina mientras ustedes trabajan en el caso.

—Se me debe estar contagiando la idiotez porque lo que acabas de decir no tiene ningún sentido para mí.

—No sería la primera vez que cuido de ti Regina.

No podía quedarme allí y seguir escuchándola, y la única opción que me quedó fue entrar de nuevo en el apartamento y encerrarme en el baño, era el único lugar en el que podía tener un mínimo de privacidad.

—Soy yo mamá —dijo Henry golpeando la puerta—, ¿estás bien?

—Estoy bien Henry, ve a ver televisión.

Odiaba sentirme así, incluso la ropa que Emma había traído para mí me hacía sentir terrible. Mis manos rozaron mi nuca una vez más y traté de no pensar en las terribles ganas que tenía de quitarme esa cosa.

Emma estaba allí cuando salí del baño, se sentó conmigo en el borde de la cama y hablamos lo más silenciosamente que pudimos para que nadie nos escuchara.

—Te enseñaré a usar un arma.

—No quiero usar un arma.

—¿Qué quieres entonces?

Me quedé en silencio, no sabía realmente cómo contestar a esa pregunta.

—No puedo seguir dejando mi arma en mi auto.

—No vamos a tener un arma en la casa, y no digas nada más porque no vas a hacer que cambie de opinión con respecto a eso.

—Está bien. Voy a quedarme aquí mientras ellos ayudan en la investigación ¿ok?

—Ok. —Dije simplemente porque no quería hablar más del tema.

—Henry va a poner una película y Mary Margaret está haciendo palomitas.

—Prefiero nachos con queso.

—Ok, tendrás nachos con queso solo para ti.

David pasó el resto del día fuera de casa trabajando con Robin, Ruby y Leroy, mientras nosotras nos quedamos en casa con Henry, viendo películas, y aunque eso parecía hacer feliz a Henry, porque creía que su abuelo atraparía a los malos, a mí me hacía sentir completamente inútil.

—¿Alguien quiere pizza? —preguntó Emma de repente.

—No vamos a tener pizza para la cena. —Dije levantando la cabeza de sus piernas.

—Te comiste los nachos tú solita, tenemos derecho a pedir pizza. —Protestó y Henry chocó los cinco con ella.

—He dicho que no, ha sido demasiado por un día.

—Puedo preparar hamburguesas —Se ofreció Mary Margaret porque obviamente quería tener la última palabra y pasar por encima de mí.

—Yo quiero un hot dog. —Dijo Henry siguiéndola a la cocina.

Henry y Emma fueron a comprar el pan para las hamburguesas, no tenía muchas ganas de dejarnos a solas pero la convencí de que éramos adultas y podíamos comportarnos civilizadamente, siempre y cuando no olvidara traerme un par de manzanas.

—¿Cómo estás? —preguntó Mary Margaret mientras cortaba desordenadamente la lechuga.

—Bien, gracias.

—No tienes por qué mentir Regina, todos aquí nos preocupamos por ti y por Henry.

No tenía ganas de discutir con ella en ese momento así que preferí ignorarla y buscar algo decente que ver en televisión.

—Lo digo en serio, siempre me he preocupado por ti, quizá no me creas pero esa es la razón por la que me es difícil aceptar tu relación con mi hija. Estoy segura que hay alguien para ti y también para Emma… quiero que sean felices…

—¿Y qué te hace pensar que no lo somos? —Dije levantándome y caminando hacia ella en la cocina.

—Puede que lo sean, pero eso no significa que lo que tienen sea amor verdadero.

—¿Cómo puedes decir algo así? No tienes ni idea de lo que sentimos la una por la otra. Es increíble que a pesar de los años sigas siendo la misma niña egoísta y caprichosa que hace un berrinche porque las cosas no resultan como ella quiere. No pensaste en mi verdadero amor cuando ayudaste a conseguir que me casara con tu padre ¿por qué te importa ahora si Emma es o no mi verdadero amor?

—Intento aprender de mis errores. —Dijo dejando el cuchillo a un lado y me miró fijamente a los ojos.

—No, no lo haces. Solo piensas en ti misma. Ni siquiera eres capaz de pensar en tu propia hija y estar allí para ella.

—No te permito que digas algo así, amo a Emma con todo mi corazón.

—Y aun así la tratas como si fuera desechable y prefieres tener un nuevo bebé que te permita jugar el papel de que todo en tu vida es perfecto y maravilloso.

Sonrió con incredulidad y tomó el cuchillo otra vez para seguir cortando la lechuga, la tabla de picar sonaba con cada corte que ella asentaba demasiado fuerte y su actitud no podía enojarme más.

—No puedes juzgarme, no sabes lo que es tener que vivir con la decisión de haber enviado a tu hija lejos y no haber podido estar allí para verla crecer, daría lo que fuera por volver el tiempo atrás.

—¡No puedes volver el tiempo atrás! ¡Emma está aquí, ahora! Necesita todo el amor que le podamos dar.

—¡No me digas lo que ya sé! ¡No estoy remplazándola! —Respiró profundo para calmarse y yo solo quería que dejara de ser siempre la sensatez falsamente disimulada entre nosotras—. David y yo somos jóvenes, tenemos toda una vida por delante, si no hubieses lanzado esa maldición quizá ya tendríamos ocho hijos o quizá no tendríamos ninguno porque de no ser por ti Emma no existiría.

Sus ojos volvieron a encontrarse con los míos, con esa mirada tonta y esa sonrisa siempre fácil que hizo que mi odio por ella creciera con tanta facilidad mientras las dos crecíamos juntas para convertirnos en algo que jamás imaginamos ser.

—David cree que la fascinación de Emma por ti es algo que heredó de mí.

—Ahora que lo pienso talvez tú y esa loba fueron más que solo amigas.

—Puedo ver lo que Emma ve en ti, pero ustedes son demasiado opuestas, van en caminos contrarios y sin el verdadero amor de por medio su relación está destinada a fracasar.

—Nada puede garantizar que funcionará, ni siquiera el verdadero amor y lo sé mejor que nadie.

—¿Qué va a pasar cuando los cinco minutos de luna de miel que llevan desde que decidieron estar juntas se termine? ¿O cuando Emma se canse de desafiarnos y descubra que ha corrido demasiado rápido intentando alejarse de un pasado que no va a volver a alcanzarla? Ella no quiere un contrato a su nombre que la ate a algo, no se preocupa por un seguro médico porque vive el día a día, y lo último que se le pasa por la cabeza es tener más niños y yo sé que tú eres todo lo contrario a eso. No estoy siendo egoísta Regina, estoy pensando en cada miembro de esta familia incluida tú.

—Y ni siquiera le has preguntado a tu hija si es feliz conmigo.

Estiré la mano sobre el mesón y tiré la tabla de picar junto con la lechuga recién cortada encima de ella. Cerré las dos puertas del baño y me quedé allí hasta que cada una de las palabras de ella se alejaron por completo de mí y de mis temores, no iba a dejarla poner más dudas en mi cabeza, jugué con mi anillo de compromiso e imaginé que quizá muy pronto ella y yo estaríamos juntas para siempre, íbamos a casarnos y a ser felices, ella era mi segunda oportunidad, mi final feliz, y me amaba tanto como yo a ella.

XXXSQXXX


EMMA

Henry fue el primero en caer dormido nuevamente, Regina no quería perderlo de vista y no dejaba de preguntarle si estaba bien, era dulce la forma en que se aseguraba de que estuviera a salvo. No tenía sueño pero me acosté con ellos en la cama, y me alegré de estar allí para escuchar decir a Henry algo que alimentó la esperanza en mi corazón.

—Quizá la razón por la que la magia de ma te hizo daño fue porque estabas usando magia oscura, y si usas magia blanca entonces ya no serán incompatibles y su magia no te hará daño nunca más. —Sonaba lógico para mí, a veces la explicación correcta es la que está frente a tus ojos.

—Aunque tuviera magia blanca eso sería demasiado fácil Henry, y la magia nunca lo es. —Dijo Regina.

—Pero el verdadero amor sí. —Y eso volvió a golpear fuerte contra mí, ni siquiera iba a pensar en eso, nadie iba dictar en nuestras vidas, y sin importar lo que los demás dijeran Regina era mi verdadero amor y yo era el suyo.

Me quedé dormida después de que los ojos de Regina se cerraron, parecía que había pasado solo un segundo cuando la sentí levantarse de la cama, la vi ir hacia el baño así que intenté seguí durmiendo.

—Emma… —Fue David quien me despertó—, es Regina.

Eso fue todo lo que necesité, salí de la cama, sin preguntarme siquiera a qué hora había llegado David a casa, mi corazón se encogió cuando la escuché ahogar los sollozos, estaba sentada en el sofá, una manta la cubría y había una taza de té humeante sobre la mesa, él seguramente había intentado calmarla para no despertarme.

—Estoy bien… —dijo con la voz temblando.

Me senté junto a ella y tiré sus piernas sobre las mías, casi sentándola en mi regazo, y la abracé con fuerza.

—Estoy aquí bebé, estás a salvo.

Hundió el rostro en mi cuello, sus lágrimas resbalaron por mi piel y sus manos apretaron en puño mi camiseta.

—Has que beba esto, la ayudará a calmarse. —Dijo David, de pie junto a nosotras.

Ella no quería beber nada, estaba demasiado alterada, todo su cuerpo temblaba en mis brazos, tomé la taza y la hice beber pequeños sorbos hasta terminarlo, después de eso su respiración no tardó en relajarse y poco a poco logró quedarse dormida al fin.

David me pasó otra manta y se fue a la cama en donde Henry estaba, algo me decía que a pesar de lo cansado que se veía no era mucho lo que él iba a dormir.


XXXSQXXX

Llevaba mucho tiempo despierta, había enviado a Henry con Mary Margaret para ir a la escuela y recoger las tareas para ponerse al día, y durante el desayuno me senté con David a discutir un poco sobre el caso, la única pregunta que hizo sobre la noche anterior fue más una confirmación de que esa no era la primera vez que Regina se levanta en el medio de la noche totalmente alterada, ni él ni yo quisimos hablar del tema y necesitábamos concentrarnos en solucionar el serio problema que teníamos.

—Se quedaron diez minutos allí, no hay nada que indique que entraron a la casa, y debieron saber que Regina y Henry estaban solos.

—No lo sé David, es demasiado confuso, ¿quién se arriesgaría a hacer algo así?

—Alguien con magia, pero alguien con magia no lanzaría piedras a las ventanas.

—Creo que es una especie de amenaza, y quién quiera que sea está seguro de poder enfrentarse a Regina y a mí…

—A todos nosotros.

—No sé si esto esté relacionado con los robos, no parece hecho por la misma persona.

—Vamos a resolver esto, siempre lo hacemos.

—Gracias David, has sido de gran ayuda.

—Me tengo que ir, quedé en encontrarme con Robin. Llama si necesitas algo.

Volví a la cama y me quedé allí observando a Regina dormir, a primera hora la había llevado del sofá a la cama y ni siquiera se inmutó. Besé su frente cuando la vi despertar al fin.

—Buenos días dormilona.

—¿Qué hora es? —Dijo después de bostezar.

—Las diez.

—No sé qué pasa conmigo —Frotó sus ojos y buscó acurrucarse en mis brazos—. Me has echado a perder.

—Me gusta ser una mala influencia para ti.

—¿Y Henry?

—Lo envié a ver la tarea para ponerse al día, fue con Mary Margaret.

—Pude haberlo llevado yo. Mañana puede volver a la escuela, necesita algo para distraerse, no lo quiero envuelto en esto.

—Él está bien, sabe que siempre vamos a mantenerlo a salvo.

—No estuvo bien en ese armario, estaba aterrado y no pude hacer nada para calmarlo. No quiero que vuelva a pasar por algo así.

—No lo hará. Hoy en la mañana dijo que aunque estaba asustado él sabía que estarían bien. Hiciste un niño increíble, yo lo expulsé por mi vagina pero tú lo tomaste y lo convertiste en un superniño.

—Voy a borrar de mi cerebro la mitad de lo que dijiste.

—No dije nada que no fuera cierto y te aseguro que aunque quisiera no podría borrar esa terrible experiencia.

—No puedes decir eso, ese día fue el mejor día de nuestras vidas, nos dio nuestro pequeño príncipe.

—Hubiese sido perfecto si mágicamente hubiese salido de mi estómago, fue prácticamente como en esa película de Sigourney Weaver y peor.

—Yo creo que es extraordinario.

Nuestras manos jugaron a entrelazarse, mis labios rozaban su frente mientras ella escuchaba con atención mis latidos, un dulce hábito que se ha ido estableciendo entre nosotras cada vez que estamos en la cama sin hacer nada.

—La pesadilla de anoche, ¿quieres contármela?

—No es importante.

—Lo suficiente… ¿fue sobre lo que pasó?

—No.

—Voy a estar aquí cuando quieras hablar sobre ello, y en serio me gustaría escucharlo.

—Hablamos demasiado. ¿Cuándo podemos volver a casa para tener un poco de privacidad? —Y esa era su forma de decirme que no era el momento de hablar de lo que está molestándola.

—Puede que para la otra semana.

—Puedes llevarme a otra cita mientras tanto.

—Lo haré, iremos el viernes al cine pero antes voy a hacerte el amor.

—No mientras estemos aquí.

—En especial aquí y ahora —busqué su boca para besarla con pasión—, tenemos por lo menos una hora a solas.

—Tengo hambre, y necesito ir al baño.

—Puede esperar.

—Alguien puede llegar —dijo sosteniendo mis manos para evitar que le quitara el pijama—, tus padres me matarían si nos encuentran.

—Soy tu superhéroe, no voy a dejar que nada te pase.

—Eso es demasiado cursi.

—Te gusta que sea cursi.

—Me gustas tú. —Dijo tomando mi camiseta para acercarme.

—Y amas mi chaqueta roja.

—Amo tu chaqueta roja.

Mi lengua se perdió en su boca, creí estar tomando la iniciativa pero en un descuido ella estaba sobre mí.

—Quiero poner a prueba lo aprendido señorita Swan.

Definitivamente fue día de examen y Regina obtuvo calificación perfecta.


XXXSQXXX

Con Mary Margaret en casa me fue más fácil dejar a Henry y a Regina allí, necesitaba ir a la estación y hacer algo para acelerar la investigación.

Envié a Robin a descansar y fui personalmente a entrevistar a cada uno de nuestros vecinos, alguien podría haber visto algo, no es como si les importara pero hasta lo mínimo que pudieran decir servía de algo, más aún cuando ni siquiera teníamos una lista de posibles sospechosos.

Nadie vio nada, nadie escuchó nada, y como si eso no fuese suficiente, más de uno se atrevió a recalcarme el terrible error que estaba cometiendo al involucrarme con Regina.

Terminé los interrogatorios y volví a casa con un fuerte dolor de cabeza, no podía estar de peor humor, o al menos eso era lo que creía hasta que Mary Margaret me dijo que mi novia y me hijo habían salido con Robin al parque.

¡Qué demonios!

¿Por qué rayos habían ido al parque? Las familias van al parque juntas y ellos no son familia, al menos no de él. Dejé de divagar y me detuve de inmediato a penas los vi, Regina tenía un arco en sus manos y Robin la rodeaba con sus brazos indicándole cómo disparar una estúpida flecha. No podía ni siquiera pensar. Ella ni siquiera rozó el árbol al cual se suponía debía dispararle y Henry se mofaba de ser mejor que ella. No sé lo que se apoderó de mí, pero terminé de acercarme y me fue imposible disimular mi enojo.

—Vamos, es hora de ir a casa. —Dije levantando a Henry del piso, puse una mano en la espalda de Regina y la guié lejos de Robin.

—Pero acabamos de llegar —Se quejó Henry.

—Tienes tarea y se está haciendo tarde.

—Gracias Robin, fue muy amable de tu parte preocuparte por nosotros.

¿Por qué no podía simplemente ser igual de odiosa con él como lo es con el resto del mundo?

—No es nada, sabes que pueden contar conmigo siempre.

—Adiós Robin. —Dijo Henry demasiado emocionado al chocar su mano con él.

—Adiós pequeño arquero. Adiós Emma.

—Chao Robin.

Lo odiaba, no había vuelta atrás, no podía soportar más lo perfecto que era, me hacía sentir como Scott Summers mientras él es Wolverine, todo el mundo adora a Wolverine, y aunque Jean ama a Scott los estúpidos fans quieren que se quede con Wolverine, odio a los fans de esa película y odio esa película.

—¿Qué sucede? —Escuché vagamente preguntar a Regina, y me percaté que estábamos fuera de casa y que Henry ya había subido.

—¿Qué sucede de qué?

—¿Por qué esa actitud? Robin puede pensar que no te agrada.

—¿Desde cuándo nos importa lo que ese ladrón piense? ¿Y por qué diablos lo estabas dejando enseñarte a disparar flechas?

—¿Por qué me estás hablando así?

—No lo sé Regina, no quieres que te enseñe a disparar un arma pero sí que él te enseñe arquería.

Y entonces sus ojos se llenaron de lágrimas y subió corriendo, dejándome allí como la idiota que soy. ¿Qué rayos estaba mal conmigo? ¿Por qué demonios me había molestado con ella? Ella era Jean y él era Wolverine, pero yo no era Scott Summer, no era una princesa, ni un caballero de brillante armadura, era un completo desastre que no se merecía el amor de la mujer más increíble de todos los mundos que puedan existir.

Cuando subí ella estaba ayudando a Henry con su tarea, y durante la cena ni siquiera me dirigió la palabra, me enteré por Henry que habían estado hablando con Marco para saber cuándo estarían completamente arregladas las ventanas. Recibí un mensaje de David pidiéndome ir a la estación y a pesar de no querer ir para poder quedarme arreglando las cosas, sabía que tenía que ir.

—Hey… —dije llamando su atención mientras lavaba los platos—, lo siento, soy una idiota, no estoy enojada contigo ni nada, eres tú quien debe enojarse conmigo y está bien si lo haces, me lo merezco…

Sus labios chocaron con los míos y evitó que siguiera hablando.

—No estoy enojada. Estás estresada, lo entiendo, sé que estabas preocupada porque no nos encontraste aquí. —No merecía que fuera tan linda conmigo pero tampoco podía decirle la verdadera razón de mi estupidez, así que la besé y le prometí volver pronto—. Te amo.

—Yo también te amo princesa.

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REGINA

Emma todavía estaba en la estación, Henry acababa de dormirse y yo tenía revuelto el estómago. Fui a la cocina a prepararme un té y me encontré con mi molestia número uno vestida con un horrible pijama de gatos limpiando el piso.

—¿Qué estás haciendo?

—Ahora no Regina, no estoy de humor para aguantarte así que es mejor que mantengas la boca cerrada. —Eso me tomó totalmente por sorpresa.

—Y yo que creía que nunca estabas de mal humor, qué dirían los pajaritos si te escucharan.

—Tengo mi periodo así que estoy en mi derecho. —Como siempre arruinando toda mi diversión.

—No necesitaba una respuesta.

—En el baño hay toallas y tampones, si necesitas una marca en especial solo dímelo y la compraré. ¿Sabías que cuando las mujeres vivimos juntas se nos sincroniza el periodo?

—Mi periodo jamás se sincronizará con el tuyo.

—No es algo que puedas evitar; pensé que no lo tendría y que había logrado embarazarme… —se suponía que habíamos dejado en claro nuestra opinión sobre eso pero al parecer ella no podía quedarse callada—, tuve dos días de retraso y me emocioné, aunque nunca he sido regular, me gustaría ser de esas mujeres a las que siempre les llega a tiempo, dos días significarían algo.

Cinco días.

Di la vuelta y recorrí el camino que ya me sabía de memoria directo al baño. Cerré la puerta y me arrimé en ella mientras respiraba profundo. Hace cinco días debía haber tenido mi periodo porque soy de esas mujeres a las que siempre les llega a tiempo y que no tiene ninguna razón para haberse retrasado, solo había estado con Emma, era imposible.

Rápidamente tomé una de las diez pruebas de embarazo, destrocé el empaque para abrirlo, me senté en el inodoro y seguí cada paso de las instrucciones.

No había manera, era imposible, ni siquiera tendría que estar haciéndome un test porque no había posibilidad alguna, y Emma no quiere más bebés, me lo dijo, incluso su madre me lo recalcó, ella creería que la engañe, todos lo creerían, y aún creyéndome ella me dejaría porque tener más hijos no está entre sus planes… lo hablamos… y yo dije que estaba de acuerdo… aunque en realidad no lo estaba…

Terminé de pensar y de caminar de un lado al otro, me acerqué al lavabo y vi la prueba de embarazo.

No sé cuántos vasos de agua tomé pero fueron los suficientes para poder usar los nueve test restantes… y todos y cada uno de ellos dieron positivo.