Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es SuffocatingUnderWordsOfSorro w, yo sólo traduzco.

¿Les he dicho que tengo la mejor beta del mundo? Bueno, pues así es. Isa, muchísimas gracias bonita.


Sexy Playgroup Dads

Capítulo 25: Pintando, preparando y planeando

—Estoy cansada —Lilly se quejó desde el piso, soltando su brocha húmeda en la bandeja y suspirando.

Habíamos esperado a decorar la habitación de los bebés. Alice nos había ayudado a comprar cunas, mesas cambiadoras, armarios y tres moisés. Rose me ayudó a escoger una pintura verde menta que les gustara a Edward y a las niñas.

—Casi terminamos, Lil. —Edward palmeó su cabeza y siguió con la pared que estaba pintando. Era la última capa y yo ya estaba cansada—. ¿Por qué no bajas con las niñas a descansar un ratito?

—Gracias. —Bajé con las niñas y me dejé caer en el sofá. Las niñas se subieron a mi lado y se acomodaron a cada lado mío para mirar la televisión. Dejé el control sobre mi enorme estómago y miré la pantalla con sueño.

Las niñas se quedaron dormidas cinco minutos después de empezar a ver la televisión. Cerré los ojos disfrutando de la tranquilidad mientras durara; sabía que en unos meses ya no sería así. La calidez y las estables respiraciones de las niñas me envolvieron como una manta haciéndome sonreír.

—Terminé. —Edward llegó a la habitación, se acostó en el sofá cerrando los ojos y ahogó un bostezo.

—¿Cansado? —Asintió—. Acostúmbrate. —Abrió un ojo y me miro sonriendo.

—¿Qué te parece si voy por pescado y papas fritas para cenar?

—Por favor. —Podía sentir cómo se me hacía agua la boca al pensar en el pescado y las papas.

Se bajó del sofá, estirándose y tallándose la cara.

—Regreso en un rato. —Se agachó y me besó antes de irse.

—Con extra vinagre de malta, por favor —grité cuando él abrió la puerta.

—No te preocupes, lo recuerdo. —Podía escuchar la sonrisa en su voz cuando cerró la puerta y me dejó con las niñas.

Me liberé de las niñas asegurándome de no despertarlas y fui a inspeccionar la recién pintada habitación. El verde pálido daba un aspecto sereno y de tranquilidad a la que sería, sin duda, una caótica habitación. Me acerqué a las cunas que los chicos habían armado ayer. Edward las había alineado en la pared del fondo, con las azules a cada lado de la rosa. Pasé la mano sobre ellas y sonreí. En unos meses esas camas vacías tendrían bebitos en ellas.

—¿Mamá? ¿Papá? —Escuché a Vaila subir las escaleras y asomó la cabeza por el marco de la puerta—. Ahí estás. —Sonrió y se acercó a mí.

—Lo siento, vine a ver la habitación después de que papi terminó de pintarla.

Se paró de puntillas y miró la cuna. Salió de la habitación dejándome ahí y luego regresó con algo detrás de su espalda. Sacó su muñeca Annabel de detrás de ella y la puso en la cuna rosa.

—Ella puede quedarse con mi muñeca Annabel. —Reprimí las lágrimas que querían salir por su bondad.

—Es muy dulce de tu parte, cariño. —La abracé y la besé. Ella me sonrió alegremente ante el elogio.

—¿Dónde está papi? —Miró a su alrededor confundida; acababa de notar su ausencia.

—Fue a comprar pescado y papas fritas para cenar. Es mejor que bajemos, papi llegará pronto. —Sonrió alegremente, bajó las escaleras y despertó a Lilly.

—Lilly, Lilly, papá va a traer pescado y papas fritas para cenar. —La despertó con mucha emoción. Lilly se frotó los ojos y se estiró, gimiendo en protesta.

—¡Llegó la cena! —Edward entró cargando la bolsa de pescado y papas, y cerró la puerta de una patada.

Vaila se acercó corriendo y saltó de un pie a otro esperando su cena. Sacamos la cena del envoltorio y nos sentamos en la sala. Me acabé mi cena en minutos y comencé a comer de la de Edward, pero luego fruncí la cara.

—¿Qué pasa? —Miró la papa antes de metérsela a la boca.

—Le falta vinagre. —Me esforcé para pararme del sofá y fui por el vinagre. Me senté de regreso y le puse más vinagre a sus papas; luego me comí una—. Mucho mejor. —Comí un poco más.

—¿Mucha hambre? —se rió Edward.

—¿Qué? Tengo que comer por mí y por otros tres. —Lo miré y agarré otra papa.

—Ya acabé. —Lilly me dio lo que quedó de sus papas y me las comí después de bañarlas en vinagre. Lamí el vinagre que quedó en el fondo del plato y suspiré.

—Ugh, estoy llena. —Me froté el estómago y me estiré.

—Pues comiste lo suficiente —bromeó Edward. Lo miré mal y cerré los ojos, descansando.

Las niñas se sentaron en el piso a jugar con sus juguetes mientras que Edward y yo las veíamos. Estaba recostada de lado con la cabeza en su regazo y él acariciaba gentilmente mi cabello. La tranquila charla de las niñas y las gentiles caricias de Edward me hicieron dormir.

.

—Aw, Bella, se ve muy bien. —Alice juntó las manos y caminó por la habitación de los trillizos mirando todo. Se detuvo en el armario y tocador con las manos en la perilla. Me miró pidiendo permiso.

—Adelante —me reí sabiendo que se moría por ver la ropa que les habíamos comprado.

Hizo "ohh" y "ahh" por la ropa de los niños y gritó cuando vio la sección de ropa de la niña. Después de mirar cada artículo de ropa me miró con un puchero.

—También quiero un bebé. —No pude evitar reírme de su infantil puchero y ojos de cachorrito.

—Estoy segura de que habrá bebés en tu futuro, Alice, pero mientras tanto puedes ayudarme con mi progenie cuando estos lleguen. —Palmeé mi estómago.

—Sí, de acuerdo —aceptó.

Reacomodé las cobijas y sábanas en cada cuna, acomodando de nuevo a Annabel en la esquina de la cuna rosa.

—¿Ya pensaste en nombres? Se está acercando la fecha de nacimiento, ¿cuándo te falta; cinco o seis semanas?

—Cinco, y ya he pensado en algunos nombres, pero todavía no lo he hablado bien con Edward. —No quería decirle a ella los nombres que había elegido antes de habérselos dicho a Edward.

—No necesitas decir nada más, no preguntaré hasta que lo hayas hablado con Edward. —Alzó las manos en señal de derrota—. Bajemos por una taza de té antes de que tenga que regresar a trabajar.

Nos tomamos el té con unas galletas y luego Alice se fue. Tenía que ir a ver a Esme antes de recoger a las niñas. Ella y Carlisle se habían ofrecido a comprarme mi casa, y yo acepté. La había redecorado y tenían sus propios muebles, así que solo quería hablar conmigo de los muebles que donaríamos a la caridad.

No había estado en mi casa desde que habían empezado la redecoración, pero se veía preciosa. Ahora veía de dónde había sacado Alice su sentido de la moda.

—Es hermoso, Esme. —Miré la sala; era un profundo color rojo con toques en negro. Ponía en vergüenza mis habilidades para la decoración.

—Oh, no es nada. —Sonrió un poco y disipó el cumplido.

Decidimos lo que donaríamos a la caridad y con lo que yo me quería quedar. Algunas cosas me las iba a llevar a mi casa nueva y otras se iban a quedar con Esme y Carlisle. Después de que estuvo todo decidido, dejé la casa y fui a recoger a las niñas.

Como siempre las niñas salieron agarradas de las manos y se acercaron a mí saltando felizmente. Hablaron alegremente en el camino a casa, contándome lo que habían hecho hoy y empezaron a jugar entre ellas.

Edward llegó justo cuando empezaba a servir la cena. Ahora siempre tenía ayuda; eso se estaba convirtiendo en una situación muy regular a la que no estaba muy acostumbrada. Las niñas se pusieron la pijama y jugaron en su habitación hasta la hora de dormir.

Estábamos sentados en el sofá cuando decidí sacar a colación el tema de los nombres.

—Hoy Alice me preguntó acerca de los nombres… —comencé, llamando su atención—. Yo he pensado en algunos, pero quería saber qué tenías tú en mente.

—Pues la verdad no he pensado mucho en eso. ¿En qué nombres has pensado tú?

—Me gusta Penny para niña, o Poppy. —Esperé conteniendo el aliento, esperando que le gustaran; llevaba mucho tiempo debatiéndome por nombres de niña.

—Me gustan. —Solté un suspiro de alivio, feliz de que le gustaran.

—Bueno, entonces tú puedes elegir uno. ¿Qué tal si uno elige el primer nombre y otro el segundo? —sugerí.

—Me agrada esa idea. Quizás podríamos dejar que las niñas eligieran el nombre del tercero, si no te importa. —Lo miré y sonreí.

—Creo que ésa es una buena idea para involucrar a las niñas. Entonces, ya que yo elegí el nombre de la niña, tú puedes elegir su segundo nombre y el primer nombre de uno de los niños.

—Bien. —Arrugó la frente mientras pensaba en un nombre—. Siempre me ha gustado Iain, era el nombre de mi abuelo.

Pensé en el nombre; ya había elegido Anthony como el segundo nombre que quería usar. Repetí el nombre en mi cabeza y me gustó cómo se escuchaba.

—Iain Anthony Cullen, me gusta. No te molesta que use tu segundo nombre, ¿verdad?

—Claro que no, amor. —Me besó dulcemente los labios, extendiéndolo unos segundos más y haciéndolo aún mejor—. Para nada. —Se alejó y sonrió.

—Mañana les preguntaremos a las niñas qué nombre les gusta y elegimos el que más nos guste.

—De acuerdo. —Edward me dio un beso rápido y luego se puso de pie—. Iré a revisar que las niñas estén en la cama y no tramando algo.


Espero que les haya gustado, el siguiente capítulo ya viene en camino.