CRONICAS DE LA ARENA Capitulo 22

Observaba por la ventana, la puesta del sol. Ya habían pasado dos semanas desde esa noche fatídica donde su hermana había intentado huir con él, solo "Ra" sabe dónde.

―Hace dos semanas que cumpliste 18 años, y no das muestras de despertar, hermana ―murmuro Draco, mientras volteaba para verla, aun conectada a todos esos aparatos artificiales y sellos de retención.

Una persona entro en escena, trayendo consigo una caja mediana, con un pastel dentro.

―Oh, eres tú, la enfermera castaña ―señalo el niño―. Gracias por ayudarme en conseguir este pastel, a pesar de que estén prohibidos esta clase de alimentos en este lugar.

―Descuide Draco-sama ―respondió Shun, con la tranquilidad que la caracterizaba―, es un placer poder hacer algo por usted o por Ann-sama.

El niño la miro con una sonrisa triste.

―Sabes, siento lo de la otra vez… ―expreso con voz de niño apenado―, yo… fui muy grosero contigo, y a pesar que te he visto cientas de veces, nunca me digne en preguntar tu nombre o conocerte un poco… Aun después de todo, sigues siendo amable conmigo y veo que aprecias mucho a mi hermana, a pesar que ella suele gritarte y tratarte mal…

La enfermera no pudo evitar mostrarse perpleja por las palabras del niño.

Una ligera sonrisa se dibujó en su rostro, acomodo el pastel que tenía en sus manos en la única mesa de la habitación, para luego pararse frente al niño e imitarlo en pose, mientras fijaba su miraba en el atardecer.

―Está bien, Draco-sama. Puedo comprender el por qué actuó así en aquella ocasión, al igual que comprendo el mal carácter que tiene mi jefa, Ann-sama ―apoyo sus brazos en el marco de la ventana―. Vivir en este mundo, no es tan fácil, menos cuando naces en la rama principal de tu clan y heredas las acciones y pecados de tus antecesores ―su voz sonaba un tanto triste―. Yo soy una plebeya, mi sangre esta tan diluida, que ni siquiera se me debería considerar una de los Taiyō, mas, puedo imaginarme la magnitud de la presión que han debido afrontar ustedes los herederos… Cuentan los rumores que Ann-sama sufrió intentos de asesinato, desde mucho antes de que naciera, y que nadie podía dirigirse o convivir con usted, desde hace años.

El pequeño rubio la miro con asombro, más se mantuvo callado, para seguir escuchándola.

―Todos las cosas negativas con las que a veces tenemos que vivir, suelen alterar nuestras formas de pensar y actuar. Muchos llegan a perder su esencia propia como persona por ello. Por eso puedo comprender la actitud de las personas que me rodean. Si bien mi estatus social es uno de los más bajos, me siento bendecida por la familia y vida que tuve en mi juventud. Como agradecimiento lo mínimo que puedo hacer es apoyar a quienes no corrieron con mi misma suerte.

El silencio se apodero del lugar. Lo único audible era el ruido tintinante de la máquina que controlaba las pulsaciones de la inconsciente Anngelius.

Draco se mantuvo en silencio, no sabía que responder al respecto.

―Mi nombre es Shun, por cierto ―agrego la castaña con gracia―, perdóneme por haberme desviado del tema, Draco-sama.

―No, está bien. Es agradable escuchar el pensar de otros, es entretenido y te hace reflexionar ―respondió el rubio con alegría en su rostro.

El ambiente se volvió agradable, pero el ruido desesperante de una de las maquinas robo sus atenciones.

El respirador se detuvo, y el monitor que revisaba las pulsaciones empezó a hacer un ruido horrible.

Ambos se acercaron a ver qué pasaba.

― ¿Por qué esas máquinas están haciendo mucho ruido? ―pregunto Draco con angustia.

Shun, como todo veterano médico, se mantuvo tranquila, mientras revisaba las conexiones.

Hasta que noto algo extraño en todos esos cables que tenían conectados a su superior.

Entreabrió los ojos del asombro, y en un instante apoyo sus oídos en el pecho del paciente, para comprobar sus sospechas.

No había duda.

Shun se abalanzo hacia el cuerpo de la que había sido su ex compañera de equipo y lo abrazo, mientras las lágrimas brotaban de sus ojos como lluvia incesante.

―Ann-sama… ―fue lo único que logro articular.

Draco atrás observaba pálido la reacción de la enfermera. No podía creerlo.

Salió corriendo de la habitación, con llanto en su rostro. Tenía que avisar lo acontecido, a pesar que en el fondo hubiese querido mantenerse en ese lugar.

La coronación daría lugar a primeras horas de la mañana.

El pelirrojo ya se había levantado y acababa de salir de la ducha. Como sería una ocasión especial, tendría que usar su atuendo clásico de Kazekage.

Tocaron la puerta.

―Pueden pasar ―respondió el Kazekage.

En eso, entraron Temari y Kankurō, quienes ya estaban listos para la ceremonia a la que asistirían. Llevaban puestas unas túnicas de cuerpo completo de color gris, envuelta de los hombros con una corta manta blanca.

― ¿Todavía no estas listos? Apúrate Gaara o llegaremos tarde por tu culpa ―dijo con Kankurō a modo de regaño mientras se sentaba en la cama de la habitación.

―Ya estoy acabando ―respondió el pelirrojo, quien ya se había puesto su túnica blanca, y se estaba pasando un peine por el cabello. Si bien siempre se arreglaba el cabello, no le duraba ni una hora, ya que al secar su pelo, este salvajemente se esparcía a libertad, dando la impresión de no haber agarrado un peine en su vida.

―Descuida, toma todo el tiempo que necesites, Gaara ―expreso Temari, quien también se sentó a un lado de la cama de su hermano menor, mientras le propinaba un codazo al castaño―, aún falta mucho para que inicie esa coronación. Kankurō quiere ir temprano solo por el bufet que están ofreciendo una hora antes, para los invitados importantes.

―Bueno, nosotros somos invitados importantes ¿no? ―emitió Kankurō un tanto inconforme―. Tengo deseos de probar todas esas delicias gastronómicas que solo son propias de los Taiyō. Lo que deseo no es pecado.

―Ya estoy listo, podemos irnos ―enuncio el pelirrojo.

Los tres salieron de la habitación del menor y de su hogar, para caminar por los pasillos del cuartel, hasta salir a la calle principal que los dirigiría, si caminaban hacia el sureste, hasta el dominio del clan de los Taiyō, donde acontecería tal celebración.

Temari siguió recriminando a Kankurō hasta poco después de salir del cuartel.

En el camino, no pudieron evitar ser el centro de las miradas de los habitantes de la Aldea. Más nadie intento detenerlos o llamar sus atenciones, ya que toda Sunakagure sabia del acontecimiento importante de ese día.

Si bien, estaba con la mirada seria, y sus hermanos mayores iban detrás suyo como escoltas, platicando a lo bajo entre ellos. Gaara no pudo evitar perderse en sus recuerdos, de los días pasados.

Luego de haber despertado en el hospital, tuvo que estar más de una semana en descanso, más que todo por sus costillas rotas y la herida profunda de su mejilla izquierda.

En comparación, sus hermanos fueron dados de alta al par de días de despertar. Ellos y Baki se encargaron de mantener la calma en la aldea luego de lo acontecido con los Taiyō.

Habían logrado capturar a todos los clones y ninguno había perecido. Más no pronunciaron palabra alguna luego de ser sellados y liberados en la prisión. Exigían la presencia de su creadora y que no hablarían con nadie más, así los torturasen.

Ello no tenían inconveniente en darles lo que pedían, pero el problema era que "su creadora" no despertaba del coma en el que se encontraba, a pesar de que se recuperó irrealmente rápido de sus heridas.

La situación era preocupante, ya que los Taiyō exigían a su líder de vuelta, mas esta se encontraba en prisión. Con un juicio pendiente por traición. Y quien debía ser la nueva líder, no se encontraba consciente.

Esa y demás preocupaciones no dejaban que el Kazekage durmiese tranquilo. A penas pudo caminar sin la ayuda de una muleta, empezó a deambular por los pasillos del hospital, visitando algunos pabellones, a modo de calmar su aflicción.

Recordó que debido a esta misión había pospuesto su visita al lugar de pediatría de este lugar. Decidió que sería una buena idea aprovechar el tiempo. Luego de consultarlo con los encargados actuales del hospital, visito a aquellos niños.

Fue un grato momento, a pesar del leve dolor que sentía en uno de sus costados y las pausadas punzadas que sentía en la herida de su rostro, debido a su cicatrización.

Obviamente tuvo que esquivar las preguntas que le hacían los niños por su estado, mas fue una estancia agradable conversar con ellos y ver los dibujos que le dedicaban.

Más el ambiente relajante fue quebrantado por la llegada de otro niño.

― ¡Gaara-niisama! ―exclamo casi eufórico y agitado―, lo he estado buscando con urgencia ―jadeo―, mi hermana…. Ella…

El Kazekage le hizo una señal de silencio. La cual el Taiyō acato.

Se despidió de los niños y se retiró del lugar, seguido por Draco.

―Ahora, con calma, dime lo que sucedió ―manifestó el pelirrojo.

Pero el niño rubio parecía bastante agitado. Era difícil saber si su rostro reflejaba alegría o tristeza inminente.

Así que le agarro de su muñeca y lo halo para que los siguiese.

Llegaron a la habitación donde se encontraba la Jefa médico. Afuera había un montón de enfermeros e incluso pacientes curiosos, que observaban expectantes, lo que acontecía en aquel lugar.

Al verlos llegar, le dieron pasos para que adentrasen.

Tal vez nunca olvidaría la escena que presenciaron sus ojos en ese momento.

La llegada a la entrada del clan hizo que volviese de sus recuerdos.

Tal parece los estaban esperando, dos guardias dorados y enormes. Los cuales los acompañaron hasta el lugar donde se estaba dando el banquete.

Fue ahí que se encontraron con el señor feudal y otros líderes de clanes.

―Oh, Kazekage, Kankurō-san, Temari-san ―expreso con algarabía el obeso líder―, que bien que llegaron, pensé que tendría que acabar este banquete yo solo ―rio.

―Ah, disculpe la tardanza ―respondió el pelirrojo, mientras se agachaba a modo de saludo, al igual que sus hermanos y tomaban asiento a lado de este.

―No hay problema, no hay problema, relájense y disfruten de estas delicias ―expreso el Daimio, mientras en ambas manos portaba dos enormes piernas de cerdo asado y las mordisqueaba sin pena.

Kankurō lo imito y empezó a comer de la misma forma exagerada. Y si bien Temari se mostró un tanto reservada al principio, se dejó llevar por el comportamiento de estos últimos y empezó a comer de la misma forma voraz.

Solo Gaara, parecía distante a la situación, ya que solo agarro una pequeña porción de comida en su plato, y se dispuso a comer con lentitud, mas por obligación que por hambre.

Los recuerdos empezaban a devorarlo de nuevo.

Era Shun quien se encontraba llorando mientras abrazaba el cuerpo inerte de su superior.

―Ya deja llorar y apártate, que me cuesta respirar contigo encima ―se escuchó la voz decaída y casi inaudible de Ann.

La castaña tardó en reaccionar, no podía evitar llorar, mas sus lágrimas eran de pura alegría.

Fue Draco quien la estiro un poco para que soltase a su hermana.

Gaara volteo hacia los que estaban en la puerta.

―Ann-sama ha despertado, que los médicos informen de esto a su superior actual ―ordeno con seriedad el pelirrojo, haciendo que la multitud se dispersase, para luego cerrar la puerta.

Anngelius trato de levantarse, pero tenías sellos en todo su cuerpo, lo cual le daba una movilidad muy reducida.

―Espera hermana, puedes lastimarte ―expreso Draco mientras apoyaba sus manos en los hombros de esta, para evitar que se levante.

Pero fue en vano tales palabras. La Taiyō logro levantar una de sus manos y se la llevo a su cara, para arrancar el sello que le cortaba la vista.

Y con un poco de fatiga, logro levantar medio cuerpo. Apoyo sus manos en la superficie de la cama para evitar caer de nuevo.

Su rostro se veía bastante decaído, sus labios estaban a quebrantados debido al tubo que se le introdujo y que al parecer se había arrancado de golpe.

―Ann-sama ¿se encuentra bien? ¿Desea algo? ―pregunto Shun de forma servicial.

―Me muero de hambre, tráeme algo para comer… ―respondió esta con desanimo.

―Sí, no tardare ―fue lo único que emitió la castaña, para luego salir de escena apresuradamente.

Fue así como el Kazekage se quedó solo en escena, con los hermanos Taiyō.

Iba a hablar, pero fue interrumpido.

―Draco, abre las cortinas ―ordeno la rubia.

―Pero, el sol aun esta fuerte a esta hora, no creo que sea conveniente en tu estado, hermana… ―indico el niño.

―No me discutas, y recorre esas malditas cortinas de una vez ―respondió con molestia Ann.

El niño movido por un gran temor a sus palabras, corrió a la ventana y quito las cortinas, haciendo que el sol inundase el lugar, dándole directamente a la Taiyō.

Las heridas que aun poseía en su rostro empezaban a sanar, su piel se movía como si tuviese vida propia y desaparecía cualquier rastro de daño, dejando salir un pequeño vapor detrás de cada acción.

Los vendajes y sellos cayeron por si solos, dejándola solo con su bata de hospital puesta.

Gaara a pesar de saber el porqué de su curación rápida, no pude evitar mostrar un poco de asombro. Al igual que Draco.

―Puedo notar que ya está al tanto de todo… Kazekage ―señalo Ann, mientras se levantaba y se dirigía a la ventana, para observar hacia fuera, como si buscase algo.

Este no le respondió, si bien tenía muchas cosas que discutir con ella, preferiría esperar a estar los dos solos, ya que era lo apropiado.

―Puedo sentir que Eros duerme dentro de usted ―prosiguió en hablar ella, al notar que no tendría respuesta―. Si me lo devuelve, podría curar sus heridas.

― No estoy muy seguro que este ser quiera volver a usted ―objeto Gaara―, pero hace días que ha dejado de manifestarse en mi mente, por más que quisiera, no puedo hablar con el ―explico.

Ann se acercó a él y lo examino con la mirada.

―Ahora lo veo, como su cuerpo fue anteriormente un contenedor, su sistema reacciona de forma agresiva e inconsciente, encerrando cualquier ser o presencia que note como amenaza, Si se hubiese apoderado de un humano normal, Eros seria incluso capaz de controla el cuerpo, aprisionando internamente al verdadero dueño―detallo―. Lo mejor será que lo libere de forma manual, es un ser molesto, pero lo necesito, ya que es un fragmento de mi mente.

―Lo pensare, mas por momento, prefiero mantenerlo ―señalo el pelirrojo―. Quiero creer que usted es consciente de su situación y…

El golpe fugaz de la mano de la Taiyō en la boca del estómago lo dejo sin habla, haciendo que se doblase del dolor, arrodillándose en el suelo. Segundos después sintió que algo recorría su esófago, para luego atorarse en su garganta, trato de no expulsarlo, pero fue inútil.

La materia deforme y blanca salió expulsada de su boca. Se movía de forma agitada, tratando de tomar forma humana, más le era imposible.

Ann se desgarro el dedo pulgar de su mano derecha y dejo que el líquido rojo cayese encima de la masa deforme, la cual absorbió la sangre con desespero, para luego tomar la forma con la que se le conocía.

Eros apareció agitado. Su vista parecía perdida. Se encontraba de rodillas y manos apoyadas en el suelo. Miro a su alrededor, para luego fijar su mirada en su creadora, sus ojos reflejaban molestia.

―Sí, yo también me alegro de verte, criatura ingrata ―expreso la Taiyō al ver la reacción de Eros.

Esta volvió a concentrar su mirada en el Kazekage, quien parecía estar colapsando por una hemorragia interna. Lo agarró del cuello de su camisa y lo arrojo con brusquedad hacia la cama donde ella había estado reposando minutos antes.

― ¡Hermana! Por favor, no le hagas daño a Gaara-niisama, él no es nuestro enemigo ―articulo Draco preocupado, él se había limitado a observarla, mas ya no quería que actuase sola por su cuenta.

Esta lo miro con molestia, mas su semblante cambio a los segundos, una notable tristeza inundaba su mirada.

―No puedo creer que hasta mi propio hermano menor me ve como un monstruo al cual temer ―se acercó al pelirrojo, y coloco sus manos encima de él, acumulando chackra de origen curativo en estas.

El Kazekage podía sentir como el dolor iba desapareciendo rápidamente, en un par de minutos, toda afección de su cuerpo había desaparecido por completo.

Intento levantarse, pero la Taiyō le hizo un gesto para que se detuviese.

―Todavía no.

Con su mano derecha, aun lastimada por la herida que se hizo minutos atrás, estiro el parche de su mejilla, que ocultaba la herida cicatrizante y deforme.

― ¿La herida traspaso la pared interior bucal? ―inquirió con voz seria.

―Hum, no, pero la herida desgarro varios músculos de mi maxilar ―respondió el pelirrojo.

― ¿Alguna molestia, comezón o sensación rara, luego de bajar la inflamación?

― No, ninguna aparte de las punzadas, que me indicaron que son normales.

― ¿Seguro? Si no es especifico o trata de mostrar resistencia podría dejarle secuelas.

―Bueno, no sé si cuente ―dijo el pelirrojo un tanto intranquilo―, pero cuando tomo algún líquido, siento una sensación metálica y un leve palpitar debajo de mi mandíbula.

―Ya veo, puede que la cirugía no fue suficiente para reconstruir los tejidos ―refuto la ninja médico, mientras estrujaba más la herida de su dedo, haciendo que la sangre volviese a salir.

Toco su mejilla con aquella mano, para ensangrentar su herida, la cual empezó a curarse de forma casi instantánea. Sintió una leve quemadura en el proceso.

Tres presencias aparecieron a los segundos, arrancando casi la puerta.

―Suelta a mi hermano, parca blanca ―expreso Temari, mientras le agarraba con fuerza de su hombro izquierdo.

Anngelius no volteo a verla, seguía concentrándose en curar la herida por completo.

―Faltan unos segundos para terminar ―refuto esta.

Temari iba a responderle, pero Baki la freno. Haciendo que bajase la mano con la que la sujetaba.

―Detente, no es lo que parece, ella está terminando de curar a Gaara.

La de las coletas rubias, dio un paso atrás con molestia.

Fue ahí que la tercera presencia empezó a hablar. Era un anciano de barba y pelo largo y blanco, con unas enormes arrugas y ojeras arraigadas en su rostro, llevaba puesto el traje común del Jefe médico. Muy a pesar de su aspecto, su presencia reflejaba una gran tranquilidad y bondad.

―Les dije que no había por qué preocuparse, conozco a mi alumna, y ella podrá actuar de forma errónea a veces, pero jamás atacaría a alguien si no tuviese razón para ello.

Ann termino de curar la herida del pelirrojo. Él fue el único que pudo ver la expresión de su rostro en el momento en el que el anciano hablo de ella. Sus ojos parecían estar al borde del llanto, mas contuvo su salida y expresión en cuestión de segundos.

Ann se separó del Kazekage y se dirigió hacia donde se encontraba Eros.

―Hora de enfrentar nuestro destino ―poso su mano en la espalda del tumbado ser, el cual empezó a deformarse y ser absorbido por su mano.

Todos los presentes, a excepción de Gaara, no pudieron evitar mostrar asombro ante lo que presenciaban sus ojos.

― ¿Qué sucederá con mi hermana? ―expreso Draco con angustia―. Ella es inocente de todo esto que sucedió, solo fue una marioneta en toda esta historia. Yo ya se lo dije todo al Kazekage. Los únicos culpables aquí son mi madre… y yo… ―termino diciendo el rubio mientras bajaba la cabeza con impotencia.

Todos los presentes se quedaron en silencio al escuchar la confesión del niño.

―Está bien, Draco ―le respondió su hermana, mientras se agachaba para verlo a los ojos y apoyaba las manos en sus hombros―. Lo cierto es que, tanto madre, como yo, hemos cometido crímenes de un grado muy severo. No te sientas culpable por lo vaya a suceder, ya que tú eres el único inocente en esta historia.

―No, te equivocas, yo también…

El niño no pudo terminar de hablar, un fuerte apretón en un costado de su cuello, hizo que empezase a perder la conciencia.

―Hermana… ¿Por qué?...

Cayó al suelo inconsciente.

―Fue lo mejor ―enuncio el anciano―. Un niño, no tiene por qué vivir este tipo de situaciones. No te preocupes, Ann, llamare a los de tu clan para que vengan por él, descuida, estará bien.

―Ah, se lo encargo maestro ―respondió la Taiyō, mientras lo alzaba del suelo y lo acomodaba en la cama del lugar.― ¿Qué no piensas levantarte? Las camas en un hospital son para los heridos y gente inconsciente, no para pelirrojos que ponen cara de idiota ―señalo con molestia al ver al Kazekage todavía sentado en la cama.

El mencionado, el cual se levantó del lugar a los segundos, frunció su ceño al escuchar tales palabras. Era bastante discreto y correcto para responderle.

Pero Temari era un caso diferente.

―Oye tú, Gaara es el Kazekage de la aldea ―la agarró del cuello de su bata de paciente y la zarandeo―, ten más respeto cuando te dirijas a él, o tu rostro probara mi puño ―sentencio.

―Yo me dirijo a cualquiera, como me dé la gana, tu hermano podría ser un dios sempiterno y de igual forma me dirigiría a él como "pelirrojo idiota" si se me antoja decirlo ―expreso con tono desafiante la de los ojos miel.

― ¡¿Qué dijiste maldita?! ―exclamo la mayor de los de la arena.

― ¿Acaso estas sorda? Bruja rubia y fea ―enuncio la Taiyō con burla.

Gaara y los demás miraban la escena en silencio y murmuraban a lo bajo.

― ¿Deberíamos detenerlas? ―cuestiono Baki.

― No, meterse en la discusión de dos féminas es como meterse en medio de dos tornados, sin duda no terminara bien ―señalo el mayor de ellos.

― Ah, concuerdo con usted ―agrego el pelirrojo.

El sonido de un golpe los saco de su charla.

Temari le había propinado una bofetada a la Taiyō, haciendo que voltease su rostro a un lado.

―Te lo advertí ―pronuncio la rubia de las coletas.

Pero Ann no se contuvo de devolverle la afrenta.

Temari simplemente no vi venir el golpe. Solo sintió como el puño se encajaba en su mejilla, tumbándola al suelo.

―Pegas como niña de jardín, "esto" es un golpe ―señalo la Taiyō mostrándole su puño.

Temari estaba furiosa, se levantó de golpe con la intensión de devolverle el golpe, pero Gaara la detuvo rodeándola con su arena.

―Ya es suficiente Temari, no empeores la situación ―dijo Baki, quien jalaba del brazo a la Taiyō hacia un costado, lejos de la otra rubia.

Este último y el anciano, se llevaron a Ann-sama consigo.

Tanto ella como su madre, debían esperar en prisión hasta que se ejecutase su juicio.

Fue entonces, que tuvo una profunda discusión con su hermana, ella últimamente se estaba comportando de una manera bastante irracional para sus ojos. Y eso a Gaara le preocupaba.

La voz de Kankurō lo saco de sus recuerdos.

―Hey Gaara ¿te encuentras bien? ―pregunto el castaño con preocupación―. Has estado muy callado hoy.

― Estoy bien, simplemente no tengo mucho que decir en este tipo de situaciones. El charlatán de los tres, eres tú, Kankurō ―respondió el pelirrojo.

―Como digas, pero de seguro debes estar pensado en cosas bien sucias "pequeño pervertido" ―termino diciéndole el castaño, a susurros―. Dicen que el traje de la futura reina, es terriblemente sensual… ―termino diciendo con picardía en su voz.

― ¿Y eso a mí porque habría de importarme? ―dijo con intriga el joven Kazekage mientras arqueaba su frente con desconcierto, ya que no entendía las insinuaciones de su mayor.

―No te hagas el desentendido ―gruño el castaño.

―No me estoy "haciendo el desentendido" ―le respondió el pelirrojo, más confundido de lo que ya estaba―, si me quieres decir algo, se directo y sin tus sarcasmos, que la mayoría de las veces no los entiendo.

El castaño suspiro resignado.

Temari, quien iba detrás de ellos, se destornillaba de la risa por lo bajo, por la frustración de Kankurō.

El banquete ya había terminado y faltaba un tanto de tiempo para la ceremonia de coronación. Todos nobles deambulaban por alrededores del castillo, a modo de matar el tiempo de espera.

Fue una sirvienta de la casa, quien los abordo, diciendo que unos de los príncipes deseaba verlos a los tres antes de la ceremonia.

Fueron dirigidos a una sala menor, donde los esperaba Draco.

― Gaara-niisama, me alegra que hayan venido ―esbozo contento. Para luego mirarlos de pies a cabeza, como analizándolos―. Supuse que vendrían con esos trajes feos que usan los nobles de la aldea ―expreso con sinceridad―, así que os tengo preparados un regalo a vosotros tres ―abrió una de las puertas del lugar, en la cual se encontraban tres sirvientes, cada uno con una caja de regalo en sus manos.

Los tres hermanos miraron un tanto curiosos los regalos que los sirvientes entregaban en sus manos.

Temari fue la primera que se animó a abrir la caja. Su rostro se ilumino de alegría, habían pocas cosas que enloquecían a la rubia y lo que había en la caja era una de ellas.

― ¿Ropas y joyas? ―articulo Kankurō un tanto asombrado.

― Si, me gustaría que los aceptasen, mas como regalo, una disculpa por todas las cosas que vivieron por nuestra culpa ―se llevó la mano a la nuca el pequeño rubio un tanto apenado.

Gaara miro un tanto perplejo tal acto.

Ellos ya serian pagados de forma monetaria por la misión que habían cumplido. Se planteó si sería correcto o no aceptar tal regalo. Mas una duda le carcomía la mente.

― ¿Este es un regalo por parte tuya o de ambos hermanos? ―pregunto directamente el pelirrojo.

―Pues, le pregunte y pedí permiso a mi hermana, por si le gustaría ayudarme a preparar este regalo, más me dijo que "hiciera lo que vea mejor". Decidí hacerlo solo, ya que ella está ocupada con lo del clan ―respondió el niño con total honestidad.

― Ya veo ―Gaara asentó el regalo en una de las mesas del lugar―. No sé si pueda aceptar tu regalo, creo que debería consultarlo con mis hermanos ―se dirigió a los mencionados―. Temari, Kankurō ¿Ustedes que opinan?

Más en ese momento, sus hermanos ya se habían cambiado y lucían sus nuevos trajes como si fuesen unos niños con nuevos juguetes.

― Me encanta, había oído que había telas mucho más suaves y exquisitas que la seda ―dio un par de vueltas con su nuevo vestido―, y el tamaño de esas joyas ―una de las sirvientas le ayudo en ponerse las pulseras y el enorme collar que se extendía hasta sus hombros.

Volteo a ver a su hermano, quien también había caído en el encanto de esos regalos, y posaba de forma extraña a su vista, como intentando mostrar sus músculos.

―Me gusta el diseño, con esto no me veo gordo y hasta me siento más varonil ―expreso el castaño con vanidad en su voz.

Gaara no pudo evitar ponerse agobiado ante la situación

¿Es que solo soy yo quien piensa antes de actuar? ―pensó.

Como sus hermanos ya se habían colocado sus regalos, el hecho de devolverlos sería muy groseros, agregando el hecho de que en la cultura de este clan, el no aceptar un deseo de los líderes se consideraba una gran ofensa.

―Mis hermanos y yo estamos muy agradecido por este gesto, Draco-sama ―articulo el pelirrojo, con resignación―. Espero nos dé la oportunidad de devolverlo en un futuro.

― Por favor Gaara-niisama ―indico el niño―, no me hables como el "sama". Yo ya te veo como un hermano mayor, puedes tutearme o incluso podrías decirme "otouto" ―termino diciendo con tranquilidad en su voz.

―Hum, está bien… Draco-san… ―expreso Gaara, ya que sentía raro el apego que tenía el rubio niño hacia él. No podía entender por qué quería tener una relación tan estrecha, como de hermanos, con él. Kankurō hubiera sido la opción correcta, y este mismo lo sabía, ya que este era mucho más carismático y amigable.

―La ceremonia no tardara en empezar, ya debo irme, tengo que acompañar a mi hermana ―sugirió el rubio―, nos vemos luego, Gaara-niisama.

La sirvienta, saco la ropa de su caja y se la extendió.

―Kazekage-sama, si no se apura, no llegara a tiempo ¿necesita que lo ayudemos en vestirlo?

― ¿Qué? ―dijo casi indignado el pelirrojo, le pareció incomoda tal propuesta.

― Estos trajes no son tan fáciles de usar, hay que ponerlos correctamente o pueden lastimar su piel ―explico la mucama―, sus hermanos aceptaron nuestra ayuda, no entiendo por qué se asombra.

― No, comprendo, pero puedo vestirme solo ―señalo el Kazekage―, pero agradezco el querer ayudarme, pero no será necesario ―se dirigió a la pequeña habitación de donde habían salido los sirvientes y se encerró, para usarlo como vestuario.

Tanto los sirvientes como sus hermanos, lo observaron un tanto desentendidos; mas estos últimos dos se aguantaron las ganas de reír.

― Oh me disculpo, no era mi intención hacer enfadar al Kazekage ―dijo apenada la sirvienta.

― Descuida, no es nada contra ti ―le respondió Kankurō―, lo que sucede es que el Kazekage es muy reservado, en varios aspectos…

Más de diez personas no dejaban de tocarla.

Desde la punta de su cabello hasta la punta de sus pies, desde días anteriores, habían empezado a hacerle un tratamiento de aceites a su piel, ya que decían que estaba "bastante descuidada".

Empezaban a llenarlas de cremas, perfumes y pinturas.

Y como olvidar ese horrible traje que tendría que usar para la ceremonia.

―Anngelius-sama por favor, no mueva tanto los ojos ―la reprendió una de sus sirvientas.

―No puedo, me arde cada que pones ese tinte negro en mis ojos ¿Quién demonios invento esto del maquillaje? Es tan molesto y superficial ―gruño la Taiyō, mas ninguna de las personas presentes le prestó atención, centrándose solo en su coraje.

Su hermano menor había desaparecido de sus ojos, seguramente habría ido a acosar a los odiosos del clan Kazekage.

A los pocos minutos por fin terminaron.

La dejaron sola, en unos pocos minutos se convertiría en la nueva líder de su clan. Y necesitaba despejar su mente.

Si le hubiesen dicho, meses atrás, que esto sucedería, jamás lo hubiese creído. Y menos en saber quiénes la ayudaron.

Empezó a caminar por el pasillo que dirigía al salón principal donde sucedería el encuentro.

Su hermano menor la esperaba en la entrada.

Ambos entraron al mismo tiempo, mientras el sacerdote los esperaba en el trono de los reyes, en el fondo del lugar.

Habría como más de mil personas reunidas en ese lugar, sin mencionar que todo el clan los estaría observando por las pantallas que habían colocado en lugares estratégicos de los dominios.

El discurso del sacerdote fue tan largo que el aburrimiento inundo sus ojos.

El momento llego y el tocado de las fue puesto en su cabeza. Tanto los sub-líderes del clan, como invitados, se levantaron para aplaudir el hecho.

Tuvo que dar unas palabras a modo de discurso. Nada complejo, más al final, tuvo que efectuar el plan que había elaborado.

― Sé que muchos aquí piensan que no soy la indicada para ocupar este lugar ―su voz se escuchaba seria―, y debo decir que… tienen razón.

Los murmullos inundaron la sala.

― ¡Silencio! ―exclamo con severidad, haciendo que el lugar se apaciguara en segundos―. Yo mejor que nadie, se dónde están mis límites. Y el gobernar todo un clan, me sería imposible, ya que forma de pensar no es la apropiada.

Fue uno de los sub-lideres quien la interrumpió.

― Anngelius-sama ¿Qué sugiere entonces? ―inquirió con preocupación este―, nuestros líderes siempre han descendido de la familia principal, no podemos romper nuestras tradición que consta con milenios de antigüedad…

―Si bien, declaro aquí mi renuncia inminente ―le interrumpió Ann―, jamás dije que dejaría desamparada a nuestras tradiciones y leyes ―aclaro―. Hoy los Taiyō tendrán una nueva cabeza que los lidere a nuevos tiempos, con más libertad y bonanza. Y ese líder es parte de la familia principal. Con el poder que aún poseo como soberana, mi único mandato será coronar a mi hermano menor, Draco, como el nuevo líder.

Se sacó la corona que llevaba y la arrojó al suelo.

Los sirvientes que había preparado aparecieron en escena, trayendo consigo la corona del rey.

Ann la sujeto y se la mostro al mundo, para luego colocarla en la cabeza de su hermano, que se encontraba a lado suyo.

― ¡Saludad a vuestro nuevo rey! ―grito con diligencia, para luego reverenciarse ante su propio hermano. Acto que fue secundado por todo aquel que perteneciese al clan.

A un costado del lugar, cerca al trono se encontraban los demás líderes, los cuales en su mayoría observaban boquiabiertos lo que acababa de acontecer.

―Oh… que giro tan inesperado ―expreso el señor feudal, llevándose la mano a la boca del asombro―, quien diría que ese pequeño se volvería el nuevo rey.

― Ciertamente fue una buena jugada por parte de Anngelius ¿no lo creen? ―manifestó el castaño, mientras se acomodaba de forma coqueta en su asiento―. En parte me alegra, así ella vuelve a no ser tan "inalcanzable".

― No seas iluso Kankurō ―agrego Temari―, esta tonta es un enorme dolor de cabeza, si hizo esto, fue por algo importante, y no por ti.

― Déjame soñar Temari ―le respondió el castaño―. Gaara, tú no te ves sorprendido ―lo miro un tanto desconfiado―. ¿Acaso tu sabias que pasaría esto?

El pelirrojo, quien seguía de brazos cruzados y con una mirada bastante tranquila, dibujo una pequeña mueca en sus labios.

― No realmente, mas debo admitir que me agrada el rumbo que tomo este acontecimiento. Ann-sama nos está ahorrando varios problemas al poner a su hermano en el trono.

FIN DEL CAPITULO.

NOTA DE LA AUTORA.

Hola! siento la demora en actualizar, me han surgido varios problemillas, mas ya estamos acá.

La imagen de este capítulo está inspirada, como ya os había mencionado antes, en parte de la cultura egipcia. Tanto Anngelius como Gaara, visten en como en el video musical "Remember the time" de Michael Jackson. Amo la música de este desaparecido cantante, y quise hacerle una especie de tributo, al vestir a mis protas con esta referencia.

Si están siguiendo mi historia en fanfiction,net pueden hallar la imagen visitando mi página de Facebook "El Mundo Surreal de Ei" en la sección fotos/álbum/ Crónicas de la Arena.

Había otra cosa que quería decirles, el final se acerca D:

Saluditos.