Después de tantísimo tiempo regreso, así que espero que os guste como se torna la historia y todo eso. Besazos.
...
Draco P.V.
Atravesamos el jardín por el camino de grava. Los pavos reales pronto se acercaron a nosotros, extendiendo sus colas frente a nosotros, ¿qué les pasaba? Nunca se habían comportado así. Uno de ellos se acercó hasta mi y permitió que Rose pasara la mano por su cola riendo, en una de esas se llevó una pluma. El pavo real se alejó de mi y se acercó a Hermione, Scorpius acabó con otra pluma.
-Vaya, vaya -se oyó la voz de mi madre tras los pavos, que no dejaban de gluglutear. Pronto apareció frente a nosotros, ahuyentando a los pavos a base de palmadas- Al fin llegáis.
Sus ojos se abrieron con sorpresa y su boca se abrió ligeramente. Pronto su dedo alternaba entre Hermione y yo, entre Scorpius y Rose- ¿Que ocurre madre?¿ Sorprendida? -una pequeña sonrisa asomó en sus labios.
-Es un gusto volver a verte, Hermione -saludó mi madre, abrazando a mi chica por los hombros y dándola dos besos.
-El gusto es mío, Narcissa -respondió mi chica, sujetando a Scorpius con una mano y la otra pasándola alrededor de mi madre. Pronto el niño comenzó a jugar con un mechón de pelo de su madre.
-Vaya, vaya -sonrió mi progenitora separándose y acariciando la mejilla de mi hijo- Un Draco en miniatura.
-Es idéntico al padre -reí, llegando a la gran puerta de roble. Rose, con la pluma del pavo iba golpeando las cosas, hasta que en frente nuestro estaba mi padre, al que tendió sus pequeñas manitas para que la cogiera, sin embargo, Lucius Malfoy se dio la vuelta con un gruñido y desapareció por las escaleras.
-No está muy contento con la situación -susurró mi madre, detrás mío, colocando su mano en mi hombro- Solo dale tiempo.
-Tiempo tiene todo el que quiera -respondí, siguiendo a mi madre hasta la sala, donde unas tazas de té nos esperaban humeantes.
Herms y yo nos sentamos en el sofá de cuero negro, mientras que mi madre se sentó en el sillón individual con Scorpius en su regazo. Herms dejó a Rose en la alfombra, no sin antes quitarle la pluma, y la dejó a su libre albedrío. Pronto comenzó a gatear entre las patas de la mesa, entre nuestras piernas y demás objetos que encontraba.
-Bueno -sonrió mi madre, acariciando el ruloso pelo de Rose, que se había sentado sobre los pies de mi madre. Ante esto, Herms susurró un pequeñísimo "lo siento" que fue acallado por la risa de mi madre- ¿Y no me vais a contar nada?
-¿Qué quieres saber, madre? -reí, ante la mirada que me echó, evidenciando que la pregunta iba dirigida a Herms- Lo entendí -murmuré, jugando con Scorpius sobre mis piernas.
-Pues... -comenzó Hermione, pasándose la mano por el pelo, síntoma de que se encontraba un tanto nerviosa- Es un tanto... extraño todo.
-No te preocupes, querida -la tranquilizó mi madre, ganándose una sonrisa por parte de la castaña- Me han contado a grandes rasgos... no es tan raro, si mi hijo fuera un poco listo nada de esto hubiera pasado.
-¡Oye! -protesté, sin embargo no me dejó, con un gesto de la mano indicó a Hermione que continuara, o más bien, comenzara. ¿Qué yo fuera un poco más listo? Pero bueno... cierto que me comporte como un imbécil, pero no es necesario que me lo estén recordando cada dos por tres, bastante tengo ya con recordarmelo yo solo.
-Pues, fue un par de días antes del baile de Navidad... -ante esto me quedé sorprendido. ¿Por eso estaba tan rara? Si soy imbécil, si...- Ya sabe usted, el día del baile se lo fui a decir a Draco, pero su hijo se me adelantó con sus cosas, diciendo que si estaba con otro y demás sandeces.
-Sí, se a lo que te refieres -sonrió mi madre. ¿Qué se traían estas dos?- Genes Malfoy. Salen a la luz cuando menos deben.
-Sí -rieron las dos juntas- Y eso, al día siguiente del baile me fui del colegio y estuve en casa de mis padres hasta que volví al colegio este curso.
-Tuvo que ser muy duro pasar todo eso -comentó mi madre, bebiendo de su taza, cogiendo a Rose en sus rodillas.
-Conté con la ayuda de mis padres y amigos -sonrió mi castaña, haciéndome sentir miserable.
-¿Podemos dejar el tema? -pregunté, acariciando con mi dedo índice la nariz de Scorpius, que rió ante el contacto.
-Claro -comentó mi madre, cogiendo a Scorpius y dejándolo a su lado en el sofá- Ir a dar una vuelta.
Sin esperar a nada, cogí la mano de mi castaña y tiré de ella hasta salir al jardín. Llegamos a la parte trasera de la mansión y nos tiramos en la hierba escondidos por algunos arbustos. Pronto me situé sobre ella e inmovilicé sus piernas con las mías. Sus ojos se cruzaron con los míos y pronto nos fundimos en un necesitado beso. Una sonrisa se expandió por su rostro una vez que nos separamos. Me senté sobre sus caderas, intentando no apoyar todo mi peso para no hacerla daño. Mis dedos recorrieron sus costados, mientras que ella se mordía el labio inferior. Mis dedos se hundieron en su carne, consiguiendo que ella se retorciera e intentara librarse de mis costillas.
-¡Basta, Draco! -habló una vez que dejé que respirara, sin embargo, una vez que se relajo comencé de nuevo- ¡Que me hago pipí!
Esas cuatro palabras fueron el detonante para que parara y me tirara a su lado a reír con ella. Una vez dejamos de reírnos ella se sentó sobre mí, de la misma manera que yo había hecho anteriormente. Se inclinó sobre mí y presionó sus labios contra los míos. Pasé mi lengua por su labio inferior, arrancándola una pequeña risa. "Te amo" susurró, para comenzar a besar mi cuello. La situación se comenzó a caldear en el mismo momento que situó la falda de su vestido cubriendo la gran parte de nuestros cuerpos y frotó su pelvis con la mía.
-Herms.. -susurré, enterrando mis dedos en sus rizos castaños. Ella sonrió, volviendo a rozar su sexo con el mío- O paras, o no podré parar yo.
-¿Y si no quiero que pares? -susurró en mi oído, mientras metía la mano por debajo de la falda del vestido y rozaba el bulto que poco a poco aumentaba en mis pantalones- Hace mucho que esperaba esto.
Con esas últimas palabras nos volvimos a fundir en un húmedo beso. La necesitaba. ¿Sonaría muy cursi diciendo que la necesitaba con todo mi ser? Giré posicionándome sobre ella, consiguiendo que me rodeara la cintura con sus piernas, por lo que me apreté más contra ella. Ella suspiró, mientras que mis labios viajaban por sus clavículas. Con ligereza mi mano se deslizó a lo largo de su cuerpo hasta llegar a su entrepierna. Jugué con el elástico de sus bragas. Ella gimió cuando mis dedos tocaron su suave y húmeda piel. Ella arqueó su espalda buscando mayor contacto.
-Más... -gimió, cuando introducí mi dedo índice en su pequeña y apretada cueva. Gemí. Estaba mucho más apretada que de lo que recordaba. Mi dedo entró y salió de ella repetidamente para introducir otro más, y otro. Tres de mis dedos conseguían que se retorciera debajo mío, que suspirara mi nombre, que pidiera más. Sentía, como sus húmedos músculos apretaban cada vez más mis dedos, por lo que saqué mi mano de ahí y corrí su ropa interior a un lado, para enterrarme en ella de un solo envite.
-Oh, joder -gimió, clavando sus uñas en mi espalda. pronto comencé a moverme, gruñendo como un animal cuando su sexo comenzó a palpitar en torno a mi miembro, por lo que aumenté el ritmo de mi embestidas, arrancándole pequeños gritos de su boca, que procuré acallar con un beso húmedo. Una gran presión comenzó a crecer en mi bajo vientre, sin embargo mi castaña no acababa de descargar, por lo que mientras que con mi mano izquierda agarraba su cintura con la derecha masajeé su pequeño botoncito, consiguiendo que arqueara su espalda, mientras sus músculos exprimían mi miembro, por lo que descargué en su interior, mientras secaba el sudor que cubría su frente con mis labios.
-Te amo -susurré, descansando mi cabeza sobre su pecho, sintiendo como su corazón disminuía el ritmo de sus latidos. "Yo también" -susurró, entrelazando mis dedos con los suyos. Un crack interrumpió el cómodo silencio en el que nos hallábamos sumidos.
-Señorito Malfoy -habló Elbereth, la elfina de mi madre, yo solo hice un sonido a modo de pregunta- ¿Usted y la señorita van a ir a comer?
-Por supuesto -se me adelantó la castaña, enredando sus dedos entre mi pelo- Ahora mismo vamos.
-Sí, señorita Granger -se inclinó la elfina, para desaparecer de nuevo.
-Ay, mi castañita -susurré, para después volver a fundir mis labios con los suyos.
-Bueeno, venga -rió Herms, levantándose, dejándome caer al suelo. Pronto comenzó a caminar a través de los arbustos tras haber colocado su ropa. Con agilidad me levanté y corrí hasta ella para envolver su cintura con mis brazos. Ella se sobresaltó y soltó un pequeño chillido- ¡Estás loco!
-Pero me quieres -susurré, humedeciendo la piel de su cuello con mi lengua mientras caminábamos abrazados hasta el comedor, donde ya nos esperaban los niños, uno sentado en el regazo de mi madre y la otra sentada en una silla, y mis padres.
Lucius mantenía su mirada en el plato vacío, mientras que mi madre jugaba con la pluma que Scorpius había cogido de los pavos, intentando que Rose y Scorpius no se la quitaran.
-Sentimos el retraso -sonreí al ver como Rose alzaba los brazos hacia su madre, que pronto la alzó para besar su pequeña mejilla repetidas veces. Scorpius, al ver los cariños de su madre a su hermana alzó los brazos hacia mí.
-Jamás pensé que te verías tan atractivo con un mini-tú en brazos -rió mi madre, indicándonos dos sillas, en las que cada uno nos sentamos con uno de los niños cada uno.
-Yo me veo atractivo siempre, madre -reí, mientras daba de comer a Scorpius. A los pocos minutos, la silla que debía ocupar mi padre se ocupó. Su mirada azul se cruzó con la marrón de Scorpius. Una mueca de asco ocupó su rostro mientras llevaba una cucharada de sopa a la boca.
-Alegra esa cara, Lucius -rió mi madre, al ver cómo su nieto se había ensuciado toda la cara con un poco de su comida- Son dos niños adorables.
-Si, lo que digas -gruñó mi padre, siguiendo con su comida.
Una vez terminamos todos, nos sentamos en los sillones de la sala. Herms y yo en uno con los niños, mientras que mis padres en el otro.
Mi castaña dejó a Rose en el suelo y pronto se fue gateando hasta las piernas de mi madre, quien la recogió con una gran sonrisa. Yo hice lo mismo con Scorpius, solo que éste fue hasta las piernas de mi padre, sentándose sobre sus lustrosos zapatos negros, haciendo que una mueca más desagradable aún surgiera en su rostro.
Finalmente se rindió y subió a Scorpius sobre su regazo. Scorp aplaudió con sus manitas, haciéndonos reír a los demás, mientras que mi padre aflojó su ceño.
-Le ha gustado, señor Malfoy -rió mi castaña, apoyando su cabeza en mi hombro y entrelazando sus dedos con los míos. Un agradable calor se extendió por mi cuerpo ante su contacto.
-Es que mi Lucius puede llegar a ser adorable -rió mi madre, besando la mejilla de mi padre, haciendo que Rose se colgara de su cuello.
-Bueno -susurró Herms, levantándose y estirando la falda de su vestido- Es hora de que nos vallamos yendo.
-Pero si es pronto -se quejó mi madre, aferrándose más fuertemente a mi hija- Quedaros un poquito más.
-No se preocupe -rió la castaña, besando las dos mejillas de mi madre- Las vacaciones de navidad están a la vuelta de la esquina.
-Espero que las paséis aquí -dejó caer mi madre, ganándose un gruñido por parte de mi padre. Sin embargo la morena negó con la cabeza.
-Podríamos venir la primera mitad -sonrió la castaña, cogiendo a Rose en sus brazos. Mi madre le sonrió de vuelta y asintió- Es que quiero ir a visitar a mis padres en la segunda semana.
- Por supuesto, Hermione -rió mi madre, levantándose y dándole dos besos a mi castaña- Pero aquí tenéis que venir.
-Que sí, mamá -reí, cogiendo a Scorpius, que había agarrado el pelo de mi padre y tiraba de él- Me ocuparé personalmente de que así sea.
-Bien -respondió mi madre antes de que saliéramos de la mansión, haciendo reír a mi castaña.
-Me encanta tu madre -susurró Herms, besando la mejilla de Rose, mientras agitaba la pluma de pavo que llevaba en la mano- Estate quieta -reprendió a la niña, que acarició la cara de su hermano con el extremo de la pluma blanca.
-¿Te he dicho que te quiero? -susurré, acercando mi rostro a su oído, mientras agarraba fuertemente a Scorpius contra mí. Reí fuertemente al ver cómo las mejillas de Herms se teñían de rosa, haciendo que Scorpius se escondiera en mi cuello, apoyando sus manitas frías en mi cuello.
-Sí, me lo has dicho -respondió, escondiendo su rostro tras su pelo. Agarré fuertemente a Scorpius y me desaparecí, para encontrarme de nuevo en los terrenos de Hogwarts. Pocos segundos después mi castaña apareció a mi lado. En ese momento me percaté de la cara de disgusto de mi hija, para después darme cuenta de que Scorpius tenía esa misma expresión.
-¿Qué les pasa? -pregunté, mientras nos acercábamos al colegio.
-Pues que les desagrada desaparecerse -sonrió Herms, colocando mejor a Rose en sus brazos- Como a mí.
-Pues vaya -susurré, agarrando a Scorpius con un brazo y pasando el otro por encima de los hombros de mi castaña. Me encantaba poder demostrar que ellos tres eran míos y de nadie más.
-Que bobo eres -rió Herms, besando mi mejilla. Antes de que se alejara presioné mis labios sobre los suyos.
Llegamos hasta las grandes puertas de madera, donde nos esperaban la pelirroja y la lunática, quien me arrancó a Scorpius de los brazos.
-Al fin llegáis -gruñó la mini Weasley, haciéndole carantoñas a Rose, en los brazos de mi castaña- ¿Tarde movidita?
Las mejillas de mi castaña se tiñeron de rojo, mientras que en mi mente se recreaba la imagen del jardín. Supongo, que por nuestras caras, las dos chicas sacaron la conclusión correcta.
-¿Te quedarás aquí, Draco? -preguntó la rubia, caminando hacia el interior del castillo. La pelirroja la siguió, y pronto la castaña tiraba de mi brazo, dirección al gran comedor.
Cuando cruzamos las grandes puertas de roble, todas las miradas se giraron hacia nuestra dirección. ¿La gente no se acostumbraba de una vez a vernos juntos? Llegaba el punto en el que esas miraditas resultaban hasta molestas.
-¡Hola! -chilló Astoria cuando nos sentamos frente a ella. Cerró el libro de transformaciones que estaba leyendo y arrastró a Rose hasta su regazo- ¿Qué dijo Cissy?
-Se enamoró de estos dos bichines -sonrió Herms, haciendo reír a sus amigas.
-Son encantadores -comentó Astoria, acariciando la naricilla de Scorp- Cualquiera se enamoraría de ellos.
-No por nada, son míos -comenté, ganándome un golpe en el brazo por parte de Herms.
-Creído -susurró, apoyando su cabeza en mi hombro. Besé su coronilla y me despedí de ellas para volver a la mansión, ya que McGonnagal no me permitió quedarme en el castillo.
Con las manos en los bolsos caminé lentamente por los terrenos de Hogwarts hasta el límite, donde me desaparecí.
-Al fin regresas -gruñó mi padre, una vez crucé la puerta de casa- Hay cosas que hacer.
-¿Sobre qué? -pregunté curioso.
-Hay que ir a casa de los Greengrass, tengo que revisar unos papeles del negocio que tenemos entre los dos.
-¿Y a qué se supone que tengo que ir yo? -pregunté, bastante irritado ante la perspectiva de ver otra vez a Daphne.
-Deberás aprender a llevar los negocios de la familia, ahora que dejaste Hogwarts -volvió a gruñir mi padre, mientras se colocaba la gabardina negra.
-Creo, que habíamos quedado en que iba a estudiar medimagia -me crucé de brazos, esperando una respuesta que sabía que no iba a llegar.
-Deja de protestar como un crío y vamos -se giró sin decir más, por lo que con la boquita bien cerrada seguí sus pasos.
...
