Era viernes, a Greg le habían dado el alta pero Zircón lo ayudaba en el lavadero mientras su fractura terminaba de soldar. Greg se sentía muy agradecido con Zircón por toda la ayuda que le estaba prestando, cada vez se mostraba más cercano a este, se podría decir que no le asustaba tanto.
Tras una larga tarde de misiones con las gemas Zircón decidió volver a tocar a la playa. La noche había caído y como en la otra ocasión el cielo estaba despejado dejando ver una hermosa luna que se reflejaba en el océano. Zircón revisó que no hubiera nadie y entonces se sentó en la arena. Abrió el estuche, saco su saxo y comenzó a tocar. Mientras tocaba pensaba para sí mismo: –"Esto podría convertirse en una agradable costumbre"-. Tras un rato tocando cesó, dejó apartado el instrumento un momento y esbozó una sonrisa de satisfacción mientras miraba el océano –"He vuelto, dime algo para saber que no he sucumbido a la locura"-. El lugar estaba en silencio, vacío, no parecía que nadie le fuera a contestar. De repente la voz le contestó – "Realmente has vuelto"- Zircón asintió con la cabeza – "te lo prometí"-. El silencio se hizo durante un momento. Zircón decidió romperlo: –"Me gustaría verte"- , la voz le respondió: – "Eso no es posible"- . Zircón manejó una suave corriente de aire de tal manera que formara una figura que se asemejara a él. Entonces insistió: –"Por favor, quiero verte"-. No hubo respuesta durante unos segundos. Entonces el agua empezó a elevarse formando la figura de una mujer. Tenía el rostro de una joven de bonitas facciones y el pelo en melena corta. Llevaba un vestido de playa que dejaba la espalda al aire dejando ver una gema en forma de lágrima. Zircón admiró a aquella mujer. La dama hecha completamente de agua permaneció en silencio. Zircón hizo un gesto con la mano y su clon de arena cogió el saxo. –"Ahora van a tocar para nosotros, sería un privilegio si el océano bailara conmigo"- Zircón le tendió la mano. La mujer de agua dudó un segundo y entonces le dio la mano. Bailaron lentamente durante horas sin decir una sola palabra.
El tiempo se pasó tan rápido que no se dieron ni cuenta y el sol empezó a salir. Zircón entonces le soltó la mano con suavidad – "volveré otro día, nadie debería estar solo"-. El clon de agua le devolvió una sonrisa y se deshizo delante suya. Zircón entonces pensó en voz alta. –"Nos vemos Lapis lazuli"-.
