Actualizando: Jueves 2 de Agosto. DIOS MÍO! Ya casi es un año de que empecé a actualizar :3 Me pondré sentimental...
Disclaimmer: Los personajes de Naruto no me pertenecen. La trama es mía y no la presto a nadie, sépanlo.
Capítulo 24 – "La fiesta"
Ino caminó por el pasillo del pabellón de aislamiento en completo silencio, pasó de largo por las habitaciones y bajó las escaleras en silencio, revisando el reporte médico de una mujer que tenía un caso de envenenamiento. Suspiró un poco y comenzó a caminar por el pasillo, saludó a una de las enfermeras y se detuvo al llegar a su oficina; abrió la puerta con la llave y la cerró al entrar, dejó las carpetas en su silla y luego tomó una pequeña botella de cristal que tenía en el escritorio.
La agitó un poco, dentro tenía un líquido color dorado; sonrió y roció un poco sobre su cuello, odiaba oler a medicamentos y enfermo. Maldijo mentalmente el nombre de Sakura y el momento en que se le ocurrió golpear a uno de sus pacientes, ahora ella tenía que aguantar a los solitarios enfermos del pabellón de aislamiento, mientras ella jugaba con los niños de la academia.
Una extraña sensación comenzó a llenarle la cabeza, juntó un poco las cejas y observó la botella de perfume; la acercó a su nariz y juntó aun más las cejas, conocía ese extraño aroma… pero no podía recordar que era. Se recargó en la pared y lentamente se fue deslizando hacia el suelo, sentía que flotaba por el aire; chasqueó la lengua y dejó salir una pequeña risita al tiempo que se deslizaba por completo y caía de llenó al suelo.
Escuchó un extraño chasquido y vio que una mujer igual a ella salía de su casillero; volvió a reír y la señaló con el dedo anular, bajó la mano y siguió riendo, observó a su otro yo, parado frente a ella y con una cara completamente seria. Negó un poco e intentó levantarse, pero comenzaba a ser difícil coordinar sus movimientos; juntó un poco las cejas y volvió a reír, las cosas comenzaban a distorsionarse.
– ¿Qué… cadajo? – Pronunció con voz lenta y arrastrada. – ¿Qué…? Le pusiste algo a mi pedfume…
Se escuchó una última carcajada y sin más, la rubia cayó en un profundo sueño. La otra rubia chasqueó la lengua y tomó a la Ino inconsciente por el brazo, tiró de ella y se la acomodó sobre la espalda; caminó de regreso al casillero y acomodó a la rubia ahí adentró, procurando que la posición no fuera muy incómoda para ella. Batalló durante unos minutos, ya que la rubia se deslizaba hacia afuera rápidamente y no le daba tiempo a cerrar la puerta.
Empujó a Ino con fuerza y sacó su mano rápidamente antes de cerrar la puerta, para no lastimarse. Escuchó el sonido del cuerpo de la rubia golpear contra la puerta y se alejó lentamente, observando la puerta en caso de que se abriera. Suspiró al ver que la rubia estaba a salvo dentro de su casillero y tomó las carpetas que había dejado en la silla.
– Dulces sueños.
Sin decir más a la mujer inconsciente que tenía captiva en el casillero, abrió la puerta y salió de la oficina; se topó con una enfermera que la ignoró por completo y caminó hacia el pabellón de aislamiento. Caminó a una velocidad que consideraba normal y saludó al guardia que estaba sentado en la entrada al pabellón; abrió las carpetas y entró a una que otra habitación, hasta que dio con la que estaba buscando.
Sonrió por su inteligencia y tomó la llave que había dentro de la una de las carpetas, abrió la puerta y observó al hombre pálido que veía con nostalgia por la ventana; cerró la puerta detrás de ella y caminó hasta él, sacó un lápiz y un pedazo de pergamino y lo acomodó cerca de su diestra.
– ¿Qué es esto? – Preguntó con voz ronca el albino.
La mujer negó. – No tengo mucho tiempo.
El albino entrecerró los ojos y alejó su mano del papel. – No eres la doctora Yamanaka.
– Cállate. Tenemos un trato, ¿recuerdas?
El hombre la observó sorprendido y abrió su diestra, la sacudió un poco para que los mechones de cabello que tenía días escondiendo ahí cayeran en la cama; tomó el lápiz con cuidado y escribió en el papel, lo dobló torpemente, lanzó el lápiz a la cama y tomó los mechones de cabello, escondiéndolos dentro de su puño de nuevo.
– El lunes vendrán por ti a las cuatro de la mañana. No te resistas y responde todo lo que te pregunten.
La mujer tomó el papel y lo escondió en su bolsillo, guardó el lápiz en una de las carpetas y observó los medicamentos del muchacho antes de salir de la habitación; caminó a la última y fingió revisar algunas cosas, y después caminó de regreso a la oficina de Ino… los efectos de la droga que le había suministrado pasarían pronto.
Entró a la oficina de la mujer, dejó las carpetas en la silla y abrió el casillero, tomó a la muchacha de un brazo y la arrastró hasta la silla, la sentó y luego la acomodó sobre el escritorio para que al despertar pensara que se había quedado dormida. Tomó el lápiz de la carpeta, cerró el casillo y salió por la ventana.
Con un fuerte suspiro, Ino se sentó sobresaltada. Parpadeó varias veces al ver que se encontraba sentada en su oficina. Sintió un ligero malestar y la visión se le nubló por unos momentos, se llevó una manó a la frente y gruñó, no era la primera vez que se quedaba dormida en su consultorio… pero esta vez había soñado algo tan extraño que le había parecido real. Se frotó un poco la frente y cerró los ojos, odiaba esas pequeñas siestas de quince minutos, siempre la dejaban aun más cansada que momentos antes.
Se llevó una mano al cuello y suspiró un poco al darse un ligero masaje, le dolían los hombros, la espalda y el cuello, como cuando duras mucho tiempo en una posición incómoda. Abrió los ojos y respiró profundo, clavó la mirada en la pequeña botella que contenía su perfume favorito y la tomó entre sus manos, movió la botella de un lado a otro y luego la dejó en el escritorio, abrió uno de los cajones y tomó un pedazo de papel y un frasco con un líquido amarillento. Algo en ese sueño no terminaba de agradarle. Roció el perfume en el papel y luego dejó caer una gota del líquido amarillo, si cambiaba a color verde era porque le habían mezclado alguna droga.
– Veamos…
Observó la mancha que había en el papel y golpeó el escritorio con sus dedos durante unos segundos, esperando que las soluciones reaccionaran, pero nada pasaba. Dejó salir un pequeño suspiro, arrojó el frasco dentro del cajón y el papel lo hizo bolita, lo arrojó al cesto de la basura y se llevó las manos a la cara… en verdad se sentía fregada.
Se llevó una mano al rostro y lo frotó un poco, ¿en verdad se había quedado dormida? Se dejo caer en la silla y dejó salir un bostezo, sentía que podría quedarse dormida en cualquier momento. Agitó un poco la cabeza y se levantó de la silla, mejor se activaría un poco, no quería pasarse en los horarios con los medicamentos de sus pacientes. Se detuvo al quedar de frente a un retrato en el que salían ella y Sakura; la boca se le secó por completo y sus puños se apretaron con fuerza. ¿Y si en verdad la habían drogado?
– Maldita sea… – Se llevó las manos a la cabeza y dejó salir un suspiro. – Vaya líos a los que te metes, Sakura…
~oOo~
La gente no dejaba de hablar y la música se podía escuchar por toda la casa, Hinata llevaba una hora caminando entre las personas y asegurándose de que todo estuviera en orden; de vez en cuando veía a Hanabi caminar acompañada de alguien, que era la encargada de llevar a los invitados a sus mesas. Se detuvo unos momentos con un grupo de mujeres que no dejaba de reír y en cuanto todo estuvo en orden se alejó de ahí, en dirección a una mesa.
Se sostuvo de una silla unos momentos y se llevó una mano a la cintura, el obi estaba demasiado apretado y entre tanta carrera comenzaba a faltarle el aire; respiró profundo y regresó a su postura elegante antes de que alguien se acercara a preguntar que era lo que le pasaba. Empezó a caminar, viendo entre las personas con la esperanza de ver al Uchiha, pero como momentos antes, no había señales del muchacho ni del rubio.
Bajó la mirada, no entendía por que estaba esperando que el azabache apareciera en la fiesta, lo había visto en la tienda, pero el tiempo que duró ahí no volteo a ver un solo muestrario. Respiró profundo de nuevo y un fuerte jalón la sacó de sus pensamientos y casi la hizo caer al suelo; se detuvo del hombro de quien había tirado de ella y juntó un poco las cejas, soltó a Hanabi y le miró con reproche.
– ¡N-No hagas eso!
Hanabi movió la parte superior de su cuerpo de un lado a otro y luego dejó caer los brazos. – La consciencia…
Negó y sonrió un poco, que consciencia ni que nada… solo que tenía toda la noche escapándose de Hayato.
– Apretaste demasiado el obi. – Se quejó. – Si muero será tu culpa.
– Tú hiciste lo mismo.
Respiró profundo de nuevo y le sonrió a una familia que acababa de llegar acompañada por Neji, les dio la bienvenida y mantuvo una sonrisa cordial hasta que la familia desapareció de su campo de visión; regresó su atención a Hanabi y negó un poco. La tomó por los hombros y la obligó a regresar a la puerta; le regañó un poco por la postura que tenía y la vio caminar en dirección a la entrada. Se quedó ahí unos momentos, recuperando el aliento que Hanabi le había arrancado con su pequeño susto.
En cuanto se sintió lista regresó al jardín, vio a Shino platicando con Kiba, que desvió su atención solo unos segundos del Aburame para saludarla a ella y señalarle un puesto vacío que había a lado de ellos; Hinata le sonrió y asintió, agradecida de que el muchacho la estuviera esperando. Siguió con trayecto después de hacerle una seña a sus amigos y empezó a caminar entre la gente, se llevó una mano a la cintura y volvió a respirar profundo. Necesitaba arreglar el obi o moriría por asfixia.
Vio a uno de los meseros pasar con una bandeja llena de copas con algo que parecía ser agua, sin dudarlo tomó una, aquella noche estaba haciendo más calor que de costumbre y traer puesto un kimono tradicional en esa noche era de valientes. Le dio un sorbo al agua y al instante sintió como le refrescaba, cerró los ojos unos momentos y luego siguió caminando, recibió con una sonrisa a la Yamanaka, que venía del brazo de Chouji y Shikamaru.
Estuvieron platicando durante unos momentos sobre los peinados, el maquillaje y el kimono; Hinata agradeció el momento en que Shikamaru decidió que era tiempo de buscar una mesa, los gritos que pegaba Ino habían sido lo suficientemente agudos como para causar daños permanentes. Se giró y sintió que golpeaba su nariz contra algo ligeramente mullido, levantó la mirada y se llevó una mano al área afectada al ver que se trataba de Neji.
– Luce pálida.
– El obi…
Neji asintió una sola vez y sonrió un poco. – Puedo ayudarla si gusta.
Negó y rio un poco, nerviosa. – ¡N-No es para tanto, Neji-niisan!
– Solo venía a avisarle que la esperan en la mesa siete.
Hinata repasó rápidamente a todos los invitados que habían llegado ya y no recordaba haber visto a alguien en esa mesa; le sonrió a Neji y asintió, lo observó hacer una ligera reverencia y luego alejarse de ahí. Suspiró, esa mesa estaba del otro lado de la multitud, cerca a las puertas que daban para el interior de la casa y no tenía idea de si sobreviviría la travesía.
Caminó entre las personas con dificultad, ya que la mayoría la detenía para conversar con ella sobre cosas que olvidaba en cuanto se alejaba de ellos; respiró profundo de nuevo y rogó por que ese caos se terminara pronto, cada vez le faltaba más el aire y no podía desatarse el kimono frente a todos. Se hizo un camino entre dos grupos de personas y trastabilló un poco después de que alguien le pisara la parte baja del kimono. Se enderezó lo más rápido que pudo y observó la mesa de la que había hablado Neji.
– Oh…
En esa mesa estaban las dos médico de su generación, acompañadas por sus respectivos equipos; apretó las manos, agradeciendo que nadie pudiera verlas bajo las enormes mangas y se quedó parada, viendo al grupo platicar sobre algo que los latidos de su corazón no le permitían escuchar. Bajó la mirada, podría regresar luego y usar a los demás invitados como excusa de su ausencia.
Respiró profundo y empezó a girar, pero una estruendosa voz masculina la obligó a detenerse y colocar una sonrisa en su rostro, sintió que las mejillas comenzaban a calentársele y agachó un poco el rostro, avergonzada. Los saludó con un ligero gesto de la mano y caminó lentamente hacia ellos, sonriendo lo mejor que la situación le permitía.
– ¡Creímos que no vendrías nunca! – Gritó el rubio enérgicamente.
Bajó la mirada y negó. – ¿C-Cómo crees?
Tomó lugar a lado de Ino y pronto la envolvieron en una conversación en la que la elogiaban por la fiesta, pero ella solo reía y negaba haber participado en la organización. Varias veces volteó a ver a Sasuke y luego bajaba la mirada, sintiéndose como una idiota al notar que el muchacho veía al frente o a la persona que estaba hablando en esos momentos.
Ahogó un suspiro y fingió estar atenta de la conversación, pero no podía dejar de pensar en el muchacho de cabellos negros que estaba sentado a tres lugares de ella, entre Shikamaru y Naruto. Juntó sus manos y sintió que su corazón latía con pesadez, alejar a Sasuke aquella noche había sido la peor decisión de su vida, quería golpearse la cabeza con la mesa, pero en ese momento eso no era buena idea.
Cerró los ojos unos momentos y poco a poco volvió a escuchar las voces de las personas que la rodeaban; se sorprendió al notar que el tema de conversación había cambiado y que ahora todos parecían estar molestando a Sasuke para que dijera algo. Lo volteó a ver unos momentos, sin saber exactamente lo que le habían preguntado y desvió la mirada en cuanto el volteó a verla.
– No creí que fueras tímido, Sasuke-kun. – Se burló Ino, acentuando el "kun" con un tono meloso. – Solo responde…
Sasuke juntó un poco las cejas y le envió a Naruto una mirada de advertencia, después lo molería a golpes, solo a el se le ocurría preguntar "Del uno al diez, ¿qué tanto te enamoraste de Hinata hace unos momentos? Volteó a ver a Hinata por una fracción de segundo y sintió alivio al notar que la muchacha observaba a todos confundida… al parecer no había escuchado esa parte de la conversación.
– ¿Cuatro? – Preguntó la rubia con interés.
– Déjalo respirar, mujer… eres tan problemática. – Se quejó Shikamaru.
Sonrió al ver como la rubia le daba un golpe en la cabeza al muchacho, ocasionando que el vaso del moreno se deslizara de sus dedos y chocara contra la mesa, salpicándolo a él, a la rubia y a Sasuke. Pronto estallaron en risas Naruto, Sakura y Chouji, que no dejaban de señalar a sus respectivos mejores amigos; Hinata agachó el rostro y sonrió un poco, la cara que había puesto Ino en verdad le había causado gracia.
Levantó el rostro e intentó evitar que su voz temblara por la risa que la escena le estaba causando; apretó los labios y observó a la rubia levantarse molesta, no paraba de regañar a Shikamaru por el derrame y cuando recordaba que su kimono estaba húmedo, intentaba secarlo con la mano. Se levantó en silencio y caminó hasta los afectados por el ataque del vaso.
– ¿U-Una servilleta?
Shikamaru levantó una mano y negó, haciendo un gesto que le restaba importancia la asunto, se giró hacia a Ino y observó la mirada de perrito que tenía en el rostro, asintió divertida y se giró hacia el tercero, sintiendo como su corazón se aceleraba. Tragó saliva con dificultad y apretó un poco las manos bajo sus mangas.
– ¿U-Uchiha-san?
Uchiha-SAN. No solo lo llamaba por su apellido, ahora también era SAN.
Por alguna razón la manera en que la muchacha se refería a él era odiosamente respetuosa, preferiría que le llamara con ese odioso "kun" seguido de Sasuke. La observó unos momentos y luego negó, observó la mancha que había en su kimono, no era para tanto, además la noche era cálida así que suponía que secaría pronto.
Agradeció que la muchacha desapareciera de ahí, era difícil no verla, lucía más hermosa que nunca con el kimono y los colores tan vivos resaltaban lo claro de sus ojos y de su piel, parecía sacada de una pintura. Escuchó un sonido similar a un golpe y volteó a ver al Nara y a la Yamanaka, que comenzaban una nueva riña acerca de algo que el no quería saber; rodó la mirada y volteó a ver a Naruto, no se le olvida su broma de momentos antes.
Activó el Sharingan y juntó un poco más las cejas, ya había usado sus ojos en el rubio antes y no dudaría en hacerlo esos momentos. Vio como caían los párpados del muchacho, escondiendo los azules ojos que lo habían observado con pánico momentos antes.
– ¡Era broma, estúpido! – Se quejó, sin abrir los ojos. – ¡Sakura-chan, dile algo!
– A mi no me metas…
Desactivó el Sharingan y giró el rostro al percibir un movimiento a lado de él, Hinata había regresado con la servilleta para la rubia, que no había dejado de reñir con el moreno; apretó un poco los puños y observó la manera tan tranquila en que la muchacha intentaba calmar a la rubia. No alzaba la voz, ni chillaba como las demás, solo tomaba a la rubia del brazo y la obligaba a verla… le sonreía dulcemente y le decía algo que el no podía escuchar.
Sintió un pinchazo en la espalda y se giró rápidamente, se topó con un par de miradas coloridas, que lo veían con picardía; juntó las cejas, de seguro se le había quedado viendo a la Hyuuga como estúpido. Esa mujer no se daba cuenta de lo que le causaba con su sola presencia. Respiró profundo y se levantó en silencio, pero la voz de Naruto frustró su intento de escape.
– ¿A donde vas, teme?
Inoportuno, como siempre. –Al baño, ¿quieres venir o que? Maldito afeminado.
El rostro de Naruto se descompuso de inmediato y giró el cuello en dirección a Sakura; Sasuke sonrió de medio lado, había conseguido lo que quería. Por suerte la mesa estaba cerca a la casa y no llamaría mucho la atención de las muchachas que andaban por ahí, dedicando miradas coquetas a cualquiera que las mirara.
Hinata lo siguió con la mirada, preocupada por la manera tan hosca en que se había levantado y referido al rubio; dejó de intervenir entre los integrantes del equipo diez. No entendía porque había rechazado la servilleta si lo limpiaría de todos modos; se llevó una mano al pecho y bajó la mirada, simplemente no podía entenderlo… aquel día en la tienda le había elogiado y ahora la ignoraba.
Suspiró de nuevo y regresó la atención a la mesa, percatándose de la manera en que Sakura y Naruto se le habían quedado viendo. Sintió que sus mejillas se calentaban rápidamente y quiso cubrirse el rostro con las manos, se habían dado cuenta de todo y no podía decirles algo porque solo afirmaría sus sospechas.
– Así es él, Hinata. – Dijo Naruto con una ligera sonrisa. – Está amargado porque su mamá jamás lo abrazó de niño…
– ¡Que cruel! – Dijo Sakura al tiempo que le daba un golpe en la pierna. – ¡A ti no te abrazó tu mamá de niño! – Dijo la muchacha, resaltando el "a ti"
Sintió que le estiraban la manga y volteó a ver a la rubia, tenía un extraño brillo en los ojos. – No les hagas caso… lo están cubriendo, es obvio que tu belleza lo sorprendió. Te aseguro, está arrepentido de haberte pasado.
Sintió que las mejillas se le encendían aun más y agachó el rostro por completo, mientras Sakura regañaba a la rubia con la mirada. Apretó un poco más sus manos bajo las mangas, estaba comportándose como una quinceañera… ¡o peor! Respiró profundo varias veces, sin dejar de escuchar la manera en que la rubia comenzaba a reírse por algo que Sakura había comentado.
Levantó el rostro y le sonrió a Naruto, que seguía viéndola, al parecer muy interesado por la manera en que Sasuke la hacía actuar; desvió la mirada un poco nerviosa e incómoda y vio a todas las personas que no dejaban de hablar y de reír alrededor de ella. Volteó hacia la mesa de nuevo e inclinó un poco la cabeza.
– Y-Yo… debo ocuparme de los invitados… l-los veo luego.
Se alejó de ahí rápidamente y chasqueó la lengua al sentir que el aire comenzaba a faltarle rápidamente… se había olvidado por completo del estúpido nudo que no la dejaba respirar; se detuvo un poco, respiró profundo y volvió a caminar. Buscó caras inconformes entre las personas, pero solo se encontró con el rostro de Hanabi… al parecer estaba discutiendo algo con Neji y no parecía estar muy contenta.
Se llevó una mano a la cintura y agachó un poco el rostro, no podía creer lo difícil que era respirar; ahora no conforme con tener que hablar con todos los invitados, debía administrar el aire que entraba a sus pulmones… ¡eso era inaudito! Le sonrió a una pareja con la que casi chocaba y los rodeó, sintiendo que las mejillas se le encendían.
Cerró los ojos unos momentos y volvió a respirar profundo, eso comenzaba a desesperarla; al abrirlos sintió que todo el aire que había en su interior se escapaba por completo, Hayato estaba parado a unos cuantos metros de ahí y al parecer la había visto, ya que empezaba a alejarse de las personas con las que había estado hablando.
Caminó en dirección contraria y corrió lo más rápido que pudo al perderse tras un grupo de muchachas que no dejaban de secretearse y de hacer odiosas risitas. Giró el rostro hacia atrás y volvió a esconderse detrás de un grupo de personas al ver que el muchacho aparecía de entre las personas y miraba en todas direcciones.
– No… por favor, no.
Se giró de nuevo y empezó a caminar hacia la mesa de regalos, no le importaba esconderse debajo, lo único que quería era mantenerse lo más alejada de Hayato y así evitar que pudiera pedirle matrimonio; se llevó una mano a la frente, comenzaba a sentirse mareada y el aire no parecía llegar a sus pulmones. Si tan solo pudiera encontrar a alguien de confianza, así podría pedirle que le dijera donde se encontraba Hayato sin tener que dar explicaciones o quedar como una idiota.
Se detuvo al llegar a la mesa y echó un rápido vistazo, al parecer había perdido al muchacho unos cuantos grupos de personas atrás; cerró los ojos y respiró profundo, intentando hacer que el aire llegara a sus pulmones y esa extraña sensación que comenzaba a adueñarse de su cabeza desapareciera.
– ¿Disculpe, ha visto a Hinata?
El corazón se le detuvo. Abrió los ojos y buscó desesperada a Hayato.
– Hace dos o tres minutos… iba hacia la mesa de regalos.
Negó y volteó hacia todos lados, nadie la estaba viendo, pero Hayato no tardaría en aparecer; cerró los ojos y sin pensarlo dos veces se apresuró a esconderse bajo la mesa, agradecida de que el mantel fuera lo suficientemente largo y no dejara ver lo que había debajo. Se abrazó las piernas y contuvo la respiración, al escuchar que alguien se detenía justo a su lado, del otro lado del mantel, pero no se movía de lugar, tan solo giraba de vez en cuando.
Dejó salir el aire de poco en poco e inhaló de la misma forma, no quería producir el menor sonido, solo quería que el muchacho se alejara de ahí y la dejara en paz por unas cuantas horas. Escuchó que se movía de lugar y pudo respirar con un poco más de libertad, aunque el nudo del obi parecía estar más apretado que nunca en esos momentos.
– ¡Hanabi!
– ¡Oh, genial! – Escuchó decir a la castaña en un tono irónico. – ¿Ve lo que ha provocado?
Quiso echar un vistazo, la ironía había desaparecido de la voz de Hanabi y había sido remplazada por un tono de verdadera molestia; estuvo a punto de asomarse, pero la voz de Hayato la hizo regresar a su posición, temerosa de que pudiera escucharla.
– Disculpe, no fue mi intención-…
– No importa… ¿qué necesita?
– ¿Ha visto a Hinata?
– Si, hace años. ¿Para que la busca?
No sabía donde posar la mirada, quería saber para que la estaba buscando Hayato y ese nuevo silencio empezaba a angustiarla; se inclinó un poco, para escuchar en caso de que estuvieran secreteando, pero solo consiguió escuchar lo mismo: montones de voces y risas.
– Quiero… proponerle matrimonio.
El corazón se le detuvo y sintió que la sangre se le congelaba, además comenzaba a sentir un extraño cosquilleo en las puntas de los dedos; respiró lo mejor que pudo en silencio y cerró los ojos. ¿Hanabi, por qué estas tan callada? Pensó con terror, la muchacha siempre era un maremoto de palabras en esas situaciones.
– ¿Ha perdido la cabeza, acaso?
– No.
– Mi hermana no le dará una respuesta positiva a una persona que se anda exhibiendo. Así que pierde su tiempo y si quiere mantener su dignidad, le recomiendo que se ahorre el número.
Sonrió un poco al escuchar las palabras de la muchacha y recargó la cabeza sobre sus rodillas, sentía débil el cuello y una extraña pesadez en los párpados; volvió a respirar profundo y empezó a escuchar que los sonidos de la fiesta comenzaban a atenuarse, lentamente.
– Hanabi-sama, ¿Qué cosas dice?
– La verdad, solamente. Le recomiendo que guarde esa pregunta para otra ocasión. Con permiso.
– La acompaño…
Pasaron unos minutos y salió de debajo de la mesa lentamente, después de asegurarse que Hanabi se había llevado a Hayato lejos y de que nadie la estuviera viendo; se sostuvo de la mesa al sentirse más mareada que momentos antes y comenzó a preocuparse al sentir que unas nauseas extrañas la atacaban. Un fuerte deseo de ver a Sasuke la embargó, ahora que Hanabi le había dicho eso a Hayato sentía que su decisión había sido la correcta.
Empezó a caminar en dirección a la casa, necesitaba arreglar el obi o moriría en cualquier momento; sentía que las voces se mezclaban en un extraño sonido que entraba con forma de espiral a sus oídos y explotaba ahí dentro, la boca comenzó a secársele y se sostuvo, aterrada, a una de las paredes ya que cada vez le era más difícil poder caminar sin sentir que se iba de lado. Agradeció que nadie quisiera hablar con ella y respiró un poco antes de subir los escalones; se detuvo con fuerza de la baranda y se impulsó, hasta que llegó al pasillo.
Se impulsó y caminó de manera extraña hasta el interior de la casa, ahí no pudo sostener más sus pasos y cayó al suelo, se llevó una mano a la frente y respiró profundo. No sabía que era lo que la estaba afectando más: el no saber de Sasuke o ese desgraciado nudo. Se puso en pie y al instante chocó contra una de las paredes, abrió los ojos y vio que las luces de colores y los adornos del pasillo se movían en círculos.
– Ay… no…
Esa asquerosa sensación de frío y calor comenzó a recorrer el cuerpo, la piel se le erizó por completo, un extraño sabor le inundó la boca y los labios empezaron a entumírsele, al igual que las manos; parpadeó varias veces para deshacerse de las pequeñas manchas negras que iban creciendo dentro de su campo de visión, no podía desmayarse ahí. Respiró una última vez antes de sentir que su cuerpo se debilitaba por completo y que comenzaba a caer.
– ¿Qué demonios?
Intentó abrir los ojos al sentir que chocaba contra algo suave y cálido, pero la inconsciencia parecía ir ganando la batalla; respiró por inercia y un ligero aroma varonil llegó a su nariz… sonrió un poco, lo reconocería donde fuera y sin importar el tiempo que pasara. Volvió a respirar, sintiendo como la nube de la inconsciencia comenzaba a disiparse.
– ¿Hinata?
Sintió como el peso de la muchacha caía sobre el por completo y la acomodó lo mejor que pudo en sus brazos; la había seguido en una extraña carrera hasta que la perdió de vista al llegar a la mesa de regalos, por culpa de cierto Hyuuga que llevaba toda la noche buscándola… no podía creer que al encontrarla pasaba eso. Sintió como ella se aferra a su kimono, con una fuerza tan diminuta que no parecía la de una mujer de casi veintidós años.
Le tocó la frente y sintió pequeñas gotas de sudor frío adherirse a su piel, eso no era normal, ¿estaba enferma acaso? La escuchó suspirar y sintió que el alma le regresaba al cuerpo al ver que esos ojos claros estaban a la vista de nuevo. La ayudó a ponerse en pie y la sostuvo por la espalda, se veía demasiado pálida aún.
– ¿Estás bien?
Lo observó unos minutos y asintió una vez.
– ¿Cómo te sientes?
Sonrió un poco y se llevó una mano a la frente, nunca había escuchado al Uchiha tan preocupado. – B-Bien… descuida…
Se sentía tan feliz de verlo ahí, frente a ella con su kimono azul oscuro como la noche; se sostuvo de él hasta que las cosas dejaron de moverse tan rápido y entonces intentó alejarse de él, pero la mano que tenía sobre su espalda la obligó a quedarse donde estaba.
– ¿Estás enferma?
Negó, avergonzada. – N-No es… y-yo… necesito ir a mi habitación…
La observó unos minutos, aun se veía pálida y parecía que podría desmayar en cualquier momento. – Te acompaño.
Sintió que el corazón se le disparaba y negó rápidamente, arrepintiéndose al sentir que se mareaba. – ¡No! S-Si alguien nos ve-…
– Me importa un bledo, estás enferma. ¿Hacia donde?
Sintió que las mejillas se le calentaban un poco y levantó la mano en dirección hacia su derecha. Sintió como Sasuke la tomaba entre sus brazos y sonrió un poco, la última vez que la había llevado así fue en ese absurdo sueño; recargó la cabeza en el hombro del muchacho y cerró los ojos, aun se sentía mal.
Bajó la mirada unos momentos y una sensación le inundó el pecho, llenándolo de calor… no entendía que era lo que le pasaba con ella. Se dejó guiar por la muchacha y se sorprendió al entrar a su habitación, podía sentir a Hinata en cada color y cada detalle; se acercó a la cama y la dejó bajar con cuidado. La observó suspirar y cubrirse el rostro con las manos unos minutos… al parecer el malestar no desaparecía.
– ¿Necesitas un médico? Puedo llamar a Sakura
Agitó una mano y sonrió un poco. – N-No… es necesario.
Le puso una mano en la frente y apretó un poco los labios. – ¿Segura que estás bien?
Asintió de nuevo y se alejó de él. – ¿P-Podrías salir?
La observó unos momentos y asintió, no serviría de nada agobiarla. – Estaré afuera, llama si pasa algo.
Levantó la mirada unos momentos y asintió. – S-Solo serán unos minutos…
Lo observó alejarse de ella, abrir la puerta, girar el pestillo antes de salir y cerrarla detrás de él; sonrió un poco ante el gesto, Sasuke en verdad era un hombre muy raro. Se recostó en la cama de lado, aun se sentía débil, se llevó las manos a la espalda y desató el obi con cuidado y un poco de dificultad; suspiró al sentir que el obi dejaba de oprimirle el abdomen y casi de inmediato una sensación cálida le recorrió el cuerpo. Se recostó unos momentos y respiró profundo, sintiendo que el oxígeno regresaba a su cerebro y comenzaba a fortalecer las vértebras de su cuerpo.
Abrió los ojos y se levantó de la cama, tomó el obi con cuidado y con manos temblorosas se dedicó a hacer el nudo de nuevo; después de lo que le pareció una eternidad observó el nudo frente a él espejo y sonrió, giró el obi hasta que el nudo quedó en su espalda y recordó lo que Sasuke había dicho antes de salir. Se llevó una mano al pecho y caminó a la puerta, se quedó viéndola unos segundos y giró el pestillo, abrió la puerta y sonrió al ver al muchacho parado en la pared contraria.
– Gracias. – Dijo un poco nerviosa. Se giró para cerrar la puerta, pero la mano de Sasuke la detuvo. – ¿Qué-…?
– ¿Te importa si hablamos? – Preguntó serio.
Lo observó en silencio unos momentos y luego observó el pasillo, no sentía a alguien cerca. – E-Está bien.
Entró a la habitación y esperó a que Sasuke entrara, cerró la puerta con cuidad y giró el pestillo, para que no fueran a abrir la puerta y llevarse una impresión errónea. Se quedó unos segundos parada detrás de la puerta y cerró los ojos unos momentos, mientras intentaba calmar su corazón y deshacerse de la agitación que amenazaba con apoderarse de sus pulmones.
Sasuke caminó hasta quedar frente a un librero que había en una esquina de la habitación y se cruzó de brazos, estar solo con ella no le agradaba mucho. Sintió que la sensación que había en su pecho se acrecentaba; desvió la mirada hacia el frente y juntó un poco las cejas, jamás entendería porque se sentía así al estar con ella.
Todos sus sentidos se concentraban en sentirla solamente a ella, en notar cada uno de sus movimientos, escuchar el sonido que emitía al moverse aunque fuera un centímetro… si eso era estar enamorado, esperaba no tenerla jamás a lado en batalla. Bajó la mirada al suelo y respiró profundo, necesitaba deshacerse de esa pregunta que lo atormentaba desde el día en que Sakura y Naruto le dieron la invitación, pero no debía ser indiscreto. Bajó la mirada y decidió pegarse al plan.
– El otro día, en la tienda, dije la verdad.
Apretó el rostro al escuchar eso y sintió que el corazón le latía con fuerza; bajó la mirada, evitando la de Sasuke a toda costa, no tenía idea de que responder. Se aseguró que la puerta estuviera asegurada y se alejó de ella. Caminó a la cama en silencio y se sentó lentamente, observó el suelo de nuevo. Sasuke parecía seguir maravillado con la pared que tenía frente a él; en realidad estaba pasando por uno de los momentos más difíciles, jamás había imaginado que cortejar a una mujer sería tan difícil… mucho menos que decir lo que sentía lo sería aun más. Estaba enojado por volverse un idiota de lengua anudada en esos momentos, ahora entendía a que se refería Naruto y se arrepentía un poco de haberlo molestado tanto.
– G-Gracias…
Levantó un poco la mirada y sonrió. Ahora o nunca. – Me gustas, Hinata.
– ¿Q-Qué?
Sasuke arrugó un poco la nariz y desvió la mirada. – Lo que escuchaste.
Se llevó una mano al pecho y observó sorprendida el rostro de Sasuke. Podía sentir como su corazón golpeaba con fuerza, el calor subía por sus mejillas a una velocidad impresionante y las rodillas comenzaban a temblarle, a pesar de que se encontraba sentada en la cama. Bajó la mirada, sintiendo un cosquilleo molesto en el estómago.
– Se que Hayato está cortejándote… o lo que sea. – Dijo un poco molesto. – Pero no voy a dejarle las cosas fáciles.
El corazón le latió con fuerza y recordó lo que el Uchiha había dicho en la tienda. "Le deseo suerte con eso." ¿A eso se refería? Tragó saliva con dificultad, sintiendo que el corazón le latía aun más rápido que momentos antes. Si eso era posible.
– S-Sasuke yo…
Observó a Hinata unos momentos y negó, no quería que le interrumpiera, no en esos momentos. Era demasiado difícil, no quería que fuera a volverlo aun más complicado.
– Voy a intentarlo. – Dijo serio, sintiendo que el corazón le latía con fuerza. – Dame una oportunidad.
Respiró profundo y levantó la mirada, su corazón dio un extraño vuelco al toparse con los claros ojos de la muchacha. La sensación en su pecho pareció tomar aun más fuerza con esa pequeña e insignificante acción; mantuvo la mirada en los ojos de la muchacha, sin atreverse a apartar la mirada, ella parecía hipnotizarlo y el no se resistía… se alejó de la pared y se quedó parado a mitad de camino, quería abrazarla y llevarla lejos de ahí a un lugar donde nadie pudiera decirle que eso estaba mal. Se llevó las manos a la bolsa y dejó salir su característico "hmp."
– Te prometo que haré todo lo que esté en mis manos para protegerte.
Sonrió un poco y apretó sus manos con fuerza, se sentía feliz… no podía creer que esas palabras la hacían sentirse la mujer más dichosa de ese planeta en un momento como ese. Bajó la mirada, no podía seguir viendo a Sasuke a los ojos, estaba demasiado emocionada y avergonzada.
– Se que no tengo el mejor pasado, pero no soy ese Sasuke. – Dijo en voz baja. – Sonará trillado, pero cambié.
Dejó salir una pequeña carcajada al escuchar la manera en que Sasuke mascullaba las palabras, en verdad que le molestaba decirlo. Negó un poco y dejó salir un suspiro, ni siquiera Hayato le había dicho eso al conocerla, solo había llegado con un escuálido, "¡no te arrepentirás!" Levantó al mirada y observó a Sasuke unos momentos, cerró los ojos y dejó que la sonrisa se quedara en su rostro un poco más.
– Son… palabras muy… fuertes. Piénsalo bien…
Sasuke dejó salir una ligera carcajada irónica y volteó a ver a Hinata. – No necesito pensarlo bien.
Una atmósfera silenciosa y tranquila se apoderó de la habitación, aun no se había hablado todo y ninguno sabía que decir o como terminar con ese plácido silencio que los estaba rodeando. No habían apartado la mirada del otro en ningún momento, era como si intentaran decirse todo con los ojos… como si de alguna manera pudieran entrar en su mente y mostrarle todo lo que necesitaba saber.
Sasuke se sorprendió al darse cuenta que estaba parado frene a Hinata y que la muchacha estaba poniéndose en pie. No tenía idea de en que momento había acortado toda distancia, pero eso comenzaba a preocuparlo un poco, había acordado no pasarse de la raya y en esos momentos parecía que estaba a punto de hacerlo. Le acarició el rostro con cuidado y luego deslizó la mano por le hombro de la muchacha, bajó por el brazo y se detuvo en la mano de la muchacha, tomándola con cuidado.
– Ya lo pensé lo suficiente.
Hinata separó un poco los labios ella también lo había pensado lo suficiente, los juntó al sentir que las palabras se estancaban en su garganta y bajó la mirada hacia sus manos… le gustaba lo que sentía.
– ¿Hinata, estás ahí?
Hinata cerró los ojos e inhaló aire para no gritar. Sasuke sonrió un poco y le puso la mano en el brazo, el también se había llevado un buen susto al escuchar la voz de Hanabi hablar tan de pronto.
– Si… ¿pasa algo?
– Nah, solo quería saber si estabas aquí.
Sonrió al escuchar a la muchacha y negó un poco. – Está bien…
– No tardes, la cena estará lista pronto y asegúrate de no apretar tanto ese nudo o no podrás comer.
Rio un poco y bajó la mirada avergonzada, no era tan fácil actuar como normalmente lo hacía estando sola ahí dentro. Le dedicó una fugaz mirada al Uchiha y se giró hacia la puerta.
– Estoy en eso… voy en unos minutos.
– ¡Me debes una, Hinata!
Se escucharon los pasos de la muchacha al alejarse y Hinata dejó salir un largo suspiro, por un momento creyó que la muchacha querría entrar a ayudarla y sería difícil esconder a Sasuke entonces. Agachó el rostro y sintió que chocaba con el pecho de Sasuke, se tensó un poco y dejó salir una ligera sonrisa. Se llevó una mano a la frente y cerró los ojos unos momentos al imaginar que hubiera sido su padre, no sabía que hubiera pasado de ser así. Maldijo el momento en que su hermana decidió buscarla… apenas que había encontrado el valor para hablar con el muchacho.
– Será mejor que volvamos.
Volteó a verlo y asintió un poco, no muy convencida de hacer lo que estaba diciendo el Uchiha; suspiró y empezó a caminar hacia la puerta, pero la mano de Sasuke sobre su muñeca la obligó a detenerse. Sintió una ligera descarga eléctrica recorrerle el brazo y el corazón le palpitó tan rápido que le dolía el pecho.
Sasuke solo la observó unos momentos y luego tiró de ella con cuidado, obligándola a girarse para poder verle el rostro, tenía las mejillas coloradas y los labios curvados en algo que parecía ser una mueca vergüenza. Apretó los labios para no sonreír y soltó con cuidado a la muchacha.
– Te ves hermosa…
La observó en silencio y sonrió al ver que ahora no solo sus mejillas estaban coloradas; negó un poco y dio dos pasos hacia adelante, justo los que necesitaba para quedar de frente a la muchacha. La tomó del mentón con cuidado y la observó de nuevo, sabía que nadie podía verlos y que nadie podría entrar en cualquier momento… se inclinó un poco y le dio un ligero beso en la frente.
Hinata sintió como si le hubieran bombardeado el estómago con miles de mariposas que no dejaban de revolotear; se llevó una mano al pecho, tenía unas ganas enormes de abrazarlo. Cerró los ojos y se concentró en sentir la mano de Sasuke en su mentón, sonrió un poco y jugó con sus dedos bajo las mangas. En cuanto Sasuke se alejó, abrió los ojos, clavó la mirada en el suelo y escuchó como se abría la puerta y luego se cerraba.
Sonrió de nuevo y se cubrió la mitad del rostro con las manos; desvió la mirada al espejo y vio su reflej, sus mejillas estaban rojas como una manzana. Se cubrió el rostro por completo con las manos y negó varias veces, ese pequeño contacto había creado algo dentro de ella que sentía que no podría contener por mucho tiempo. Respiró profundo y bajó las manos, compuso su rostro y caminó hacia la puerta.
Sasuke caminó en silencio por el pasillo, con una sonrisa casi imperceptible en el rostro. No sería fácil conseguir que Hinata le diera una oportunidad, tampoco lo sería estar con ella, pero nada iba a detenerlo. Borró la diminuta sonrisa de sus labios al llegar a la puerta que daba al jardín y posó su mirada en la mesa que estaban ocupando el y los demás.
Juntó las cejas al darse cuenta que Ino y Sakura no se encontraban en la mesa, pero la silla de Sakura estaba tumbada en el suelo; buscó rápido a las muchachas y las encontró a su izquierda, en la esquina, alejadas de todo y al parecer estaban discutiendo, pero por la manera en que Sakura observaba a Ino, podía deducir que la pelirrosa se había metido en un serio problema. Suspiró, no entendía porque siempre eran ellos los que terminaban metidos en toda clase de problemas, solo esperaba que eso no le diera más tiempo de castigo a la Haruno.
Camino en silencio y procurando no ser detectado por las muchachas, pero estaban tan encerradas en su burbuja que no se habían percatado de que el se acercaba a ellas a paso lento pero constante. Se detuvo al estar a unos metros de ellas y activó el Sharingan, sus labios se movían demasiado rápido y estaba lo suficientemente oscuro como para que se le dificultara leerlos. Estaban discutiendo sobre algo que la Haruno había hecho a escondidas… se acercó un poco más y pudo escuchar sus voces.
– Ino, en verdad, no se de que hablas.
– Claro que lo sabes. ¿A que fuiste?
– ¡Estuve en la academia hasta media tarde, de ahí fui a casa para arreglarme!
– ¡Oh, vamos! El hospital te queda de pasada… una parada no pudo retrasarte. ¿Qué hiciste?
– Nada.
No estaba recogiendo algo interesante de esa discusión y pronto perdió el interés; estaba a punto de irse de ahí, realmente no le importaba saber en que líos andaban metidas esas dos y mucho menos quería que lo arrastraran con ellas. Pero la voz de Ino lo hizo detenerse.
– Se que fuiste al pabellón de aislamiento.
– Estoy vetada, Ino…
– Manejas las malditas drogas mejor que nadie y me conoces mejor que nadie, no pudo serte difícil usar el Henge no Jutsu y engañar al guardia… Entraste al pabellón de aislamiento y a la habitación de Suigetsu, estoy segura.
Se quedó completamente inmóvil, esa pequeña parte de la información que habían omitido, hasta esos momentos, le interesaba lo suficiente como para dejar de escucharlas e ir a hablar con Sakura; se sentía traicionado. Apretó los puños y se giró, caminó en dirección a ellas y extendió uno de sus brazos para detener a Sakura, que le había visto e intentó darse a la fuga. La observó en completo silencio durante unos minutos, apretando el agarre que tenía en su brazo y respirando profundo para no perder los estribos frente a tanta gente.
– Vete de aquí, Ino.
Sakura observó a Sasuke, con una mirada cargada de pánico. – Tengo una explicación para todo esto, Sasuke. Lo juro. Pero suéltame por favor…
La soltó tan pronto que la muchacha tardó en reaccionar y sobarse el área que el había apretado con fuerza. Sasuke juntó un poco más las cejas y se aseguró que nadie les estuviera escuchando.
– Habla.
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Esto es... pues algo. Espero poder actualizar pronto el siguiente capítulo, pero no puedo fijar la fecha porque estoy con el regreso a clases y mis horarios se han vuelto una extraña revoltura que no me da tiempo ni para comer :( Bueno, las dos cosas de las que hablé en el capítulo anterior, descuiden, ya me decidí! Y ya, se viene lo bueno :)
Y hace como un año que empecé con esta historia, el día ocho se cumple un año... y me siento extraña, creo que es la sensación de una madre al ver que su hijo cumple un año :3 porque, esto es como un hijo para mi! jajajajajaja, ok ya, fue demasiado drama XD MUCHAS GRACIAS POR EL CASI AÑO EN QUE HAN ESTADO CONMIGO! En verdad, gracias a ustedes esto ha sido posible :) Su apoyo es el que me mantiene y el que ha mantenido a esta historia! Todo esto, se los agradezco a ustedes!
Atentamente: Chipikroou
Muchísimas gracias a todos por su apoyo.
