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INSEGURIDADES
Disclaimer: mayoría de los personajes son reciclados de Digimon Adventure 1 y 2
Dedicado a los que se esconden bajo la cama
El capítulo anterior termina con Koushiro y Mimi empezando la búsqueda de Miyako. Miyako echó a correr cuando vio destruída la teoría de que Koushiro, y no Ken, era el novio secreto de Hikari. Koushiro es muy honesto, y Mimi siente deseos de morderle las orejas.
Capítulo 25
Rei, la novia de Ken
Wake up, Wake up, Wake up.
Koushiro abrió los ojos, alargó una mano, y detuvo el sonido del despertador. Se quedó un rato contemplando el techo bajo. Era un techo blanco, igual a las paredes de su habitación. Ideal para despejar la mente.
Taichi le había sugerido clavar arriba unos desplegables de chicas voluptuosas para animar la mañana, pero él, además que no entendía de qué forma podría animarle algo a todas luces obsceno, tampoco se podía ni imaginar el rostro que pondría su madre (literal, no podía imaginarlo) al encontrase con algo así en su habitación.
Como si supiera que los pensamientos de su hijo la habían rozado tangencialmente, la señora Izumi abrió la puerta de la habitación y asomó la cabeza. Sonrió. Las arrugas que nacían de sus ojos se profundizaron.
Koushiro no se vio venir el abrazo.
—Mi pequeño —le besó en la nuca, y de paso, solo porque durante las mañanas se admiten ciertas licencias, se la desordenó un poco.
Después de conversar con sus padres respecto lo que suponía para él el hecho de la adopción, la vida de Koushiro dejó de ser la misma. Podría decirse que su existencia densificada se hubo licuado y mezclado con el flujo de lo cotidiano. Los problemas perdieron esa gravedad extrema o esa urgencia con que los hubo etiquetado, y empezó a disfrutar de situaciones de las que antes jamás se había percatado, como por ejemplo, permanecer en su cama más tiempo del debido y observar el techo blanco.
O una actividad un poco más interactiva: de un desayuno con sus padres.
—¿Es por eso que nos pediste que te llamáramos Izzy? —le preguntó el padre mientras untaba en miel una tostada. Cuando estaba apurado, permanecía de pie tras su silla—. ¿Por Izumi?
Koushiro asintió. Se sirvió café en su taza. La taza de Koushiro era la de color naranjo.
—Creí que era por Izzy Stradlin.
El muchacho casi se atraganta con el café.
—¿Por eso me regalaste el CD de Gun's and Roses?
—Era la moda en ese momento —el señor Izumi limpió sus lentes con el bordillo de la camisa—. Y el único Izzy que conocía. Después me puse a investigar un poco ¿sabías que a los Isaac le dicen Izzy? Izzy Newton, me hizo gracia. Por eso es que te regalé su biografía.
Koushiro dejó su taza de café suspendida en el aire.
Quería ser como su papá.
Era la primera vez que lo pensaba.
Y se sintió feliz por ello.
*.*
Si a alguien le interesa, Mimi nunca llegó a morder a Koushiro. Y la búsqueda de Miyako resultó infructuosa. Miyako, dijo Koushiro, no era de esas personas que tuviese un lugar que identificase como un refugio. Nadie podría afirmar algo como «Sí, yo sé exactamente dónde debe estar Miyako en estos momentos», lo que era habitual en las películas, cuando alguien (una novia con dudas justo antes de casarse, por ejemplo) se daba a la fuga.
Lo meditó un momento.
Lo más probable, de presentarse una situación así, Mimi acudiese a la escalinata del museo de Ciencia e Innovación. Solo porque estaba segura que Koushiro le buscaría allí. Tendría que ser un rematado idiota para no deducirlo.
—¿Estas son horas de llegar? —le preguntó la madre cuando Mimi cerró la puerta tras de ella y dejó sus zapatos en el recibidor—. ¿Dónde estabas? Me tenías preocupada.
—Buscando a Miyako. La perdí.
Por la manera en que la señora Tachikawa contrajo las cejas, Mimi supo que ella intentaba recordar quién era Miyako. Suspiró, pero antes de ayudarle a recordar, entró a la cocina a servirse una bebida de dieta.
—Es la de gafas redondas y cabello morado.
—Ah sí, la gigantona ¿no?
Definitivamente nunca se llevaría del todo bien con su madre. Tomó un posavasos de la encimera, y se fue con su bebida a la habitación.
Al día siguiente interceptó a Miyako en la fila del almuerzo. Intentó conversarle trivialidades para tantear el terreno, pero al parecer, la muchacha seguía resentida. O quería aparentar que era eso, y no la confirmación de que Ken era el novio de Hikari, lo que le molestaba y deprimía.
Ambas pidieron una ensalada de espárrago y arroz blanco. La comida del colegio era deprimente.
—Y entonces ¿harás algo para las vacaciones? ¿Saldrás a algún lado? —a Mimi comenzaban a agotársele los temas.
Miyako se encogió de hombros. Fue una respuesta muy clara.
—¡Ay Miya! ¿Me vas a hablar alguna vez?
Miya clavo su mirada en los espárragos oscuros.
—Es muy injusto —murmuró al fin—. Perdóname Mimi, pero si hablo ahora, diré cosas que no pienso realmente, y prefiero no herirte, no a ti que no tienes nada que ver.
La respuesta alivió a Mimi.
Se llevó un espárrago a la boca. Horrible ¿cuál es el sentido de castigar a estudiantes con madres muy ocupadas?
Aún así, tenía que traspasar los muros de Miyako. Era necesario insistir. La muchacha que era parecida a Koushiro, al parecer tampoco estaba enterada de que los problemas se resuelven hablando. Ella corría, lo que no dejaba de ser curioso. Pero alarmante tal vez un poco.
—Izzy me contó lo que piensas, sobre Ken y Hikari –aclaró-. Tengo que decirlo, ustedes dos tienen un pensamiento bastante rebuscado. Es un cumplido.
—Entonces gracias —se limpió unos lagrimones con la servilleta y mordió un espárrago. Torció la boca—. Es que… me duele. Me irrita. Me dan ganas de explotar y tirar abajo todo el teatro que han armado. Empujar a la tal Rei desde el último piso de la torre de Odaiba por cómplice, una patada voladora a Ken por engañar a Cody, engañarme a mí, y por obligar a Kari a guardar silencio. Y claro, también bañaré en ácido a Kari.
—Vaya pensamiento violento.
—Por eso te dije que no quería hablar.
—Al menos eres sincera.
—Lo que me enfurece más, es que estoy segura que esos dos tienen una buena excusa para mantener tanto secretismo, una que soy incapaz de ver. Y también me deprime: estoy cansada de ser la peor amiga.
—¿La peor amiga?
—Ajá. Nunca he apoyado ni respetado el silencio de mis amigos. Todo lo divulgo. Y por eso ya nadie quiere hablarme. Quienes se me acercan en el instituto, es solo porque quieren cotillear, no son amigos de verdad. Al final terminaré sola, con gatos o ni eso.
La gente huía de su lado, eso es lo que sentía.
Mimi pinchó un espárrago con el palillo y lo observó detenidamente.
Seguramente Miyako estaba en lo correcto. Ken y Hikari debían tener una razón para tanto secreto. Tal vez era una razón muy mala o pobre. Pero en ciertos casos, la realidad se altera y hace que las decisiones no sean las más oportunas, escondiendo, de un extraño modo, buenas intenciones o inseguridades no resueltas.
Bien lo sabía ella, con todo lo que ocasionó el estúpido caso chupones.
Tener que desconfiar de sus amigos tampoco le hacía ningún bien a su siquis. Tal vez, solo se trataba de un malentendido que se enredó.
O tal vez no.
¡Dios! ¿Cómo ocurrió que todo se volvió tan ambiguo?
Ya en clases, como el año académico estaba a punto de terminar, y por consiguiente no tenía mucho sentido poner atención al maestro, sacó la lista con los sospechosos a novio que ella misma había generado. La leyó:
Yamato.
Joe.
Iori.
Con esos tres nombres se había quedado. Volvió a destacar el nombre del niño genio y escribió al reverso los antecedentes nuevos (o algo así):
Ken I.
Estado civil: novio de Rei, la perfecta.
Testigo: Iori, edad 13 o 14 años.
Cosas sobre Ken: le llaman el niño genio. Izzy también es genio. Probablemente sabe que a Yolei le gusta porque todos lo saben. Su pelo es azul. Viste con colores oscuros. Pasado también oscuro ¿superado? vive en otro distrito educacional. Practica futbol. Es hábil con las computadoras y esas cosas. Digimon insecto. Muy amigo de Daisuke. No habla mucho, es del tipo reservado (lo contrario a Yolei).
Cosas sobre Iori:
La verdad era que ella no sabía mucho de Iori, no más que lo que sabía sobre Ken. Vivía en la misma comunidad que Miyako y Takeru, y era un niño muy correcto, o eso aparentaba. Poseía el emblema de la sinceridad, por lo cual no creía factible que quisiera encubrir a Ken y ser parte del engaño. Pero por otra parte, también poseía el emblema del conocimiento, así que no debería (suponía) dejarse de engañar fácilmente, algo de neurona poseía el muchacho
Esa niña Rei tenía que ser cómplice de Ken, y posiblemente una gran actriz. Nadie es perfecto, pero sí es posible aparentar ser perfecto para causar una buena impresión. Además, una niña con un nombre unisex, difícilmente puede ser catalogada como tal.
"No, esa es una conclusión sin fundamentos" recriminó por allí su cabeza.
Le dieron ganas de conocer a esa tal Rei. Estaba segura que era una pieza clave en todo el asunto. Ok, le tocaba a ella ponerse un sombrero de cazador y hacerlas de Mimi Holmes. O un sombrero cloche que tenía la abuela en el armario, que de seguro usaban las mujeres espías de época.
Y su primera parada: el chico Iori, que la conocía.
Pasó por casa a cambiarse el uniforme, y con un vestido digno de primavera, una cartera hobo al hombro, más un peinado casual que no desentonara con el cloche, fue que pulsó el timbre de la residencia de los Hida.
—No, es la casa contigua —le indicó la anciana que abrió la puerta.
Bueno, para solo saber que vivía en el mismo edificio que Miyako, no lo había hecho tan mal. Al parecer, sus corazonadas eran buenas, pero tenía que pulirlas un poco más, sobre todo en el sentido espacial. Se irguió derecha y juntó mucho sus piernas luego de pulsar el timbre adecuado. Memorizó el número en su cabeza.
El propio Iori le abrió la puerta.
—¡Señorita Mimi! —gritó sorprendido. Tal vez era la visita que menos se esperaría en su vida (después de Godzilla, claro)—. ¿Qué hace usted por aquí?
A Mimi le enterneció su formalidad.
—Por favor, no me trates de usted. Me haces sentir vieja. Y quita el señorita, Mimi es suficiente.
—Perdóneme señorita Mimi. Perdón, digo... Perdóname, Mimi.
Mimi movió la cabeza en señal de reprobación pero pareció divertida. Y ya iba a entrar a su casa cuando se dio cuenta que el muchacho no se había movido de su sitio, que seguía fijo en la puerta, desconcertado.
Tal vez pensaba que iba a visitar a Miyako pero se confundió de puerta. Por si acaso, se lo aclaró.
—En realidad vengo a hablar contigo. ¿Estás solo en casa?
—Mi madre está en el trabajo.
—Genial —y como el muchacho parecía petrificado en el umbral de la puerta, añadió—: ¿Me invitas a pasar?
Las orejas puntiagudas de Iori se tornaron rojas y brillaron. Pero además de eso, no dio más muestras de bochorno. Se hizo a un lado y dejó a Mimi entrar en el piso.
Dejó sus zapatos en el recibidor y luego siguió al muchacho por el pasillo hasta lo que, supuso acertadamente, era la puerta de su habitación ¡que investigadora tan intuitiva había resultado ser!
—Y bien… ¿Ha ocurrido algo? ¿Necesita algo?
—¿Es que acaso no te puedo hacer una visita? —Iori guardó silencio, Mimi no se lo reprochó. No había que ser un investigador exitoso como ella para deducir que su visita obedecía a una inquietud concreta. Así que fue directo al grano, no tenía sentido perder el tiempo—. Quería hablar contigo sobre Rei.
—¿Rei? —Mimi asintió, el muchacho tomó asiento en su escritorio y ordenó los papeles que tenía esparcidos—. Es una muchacha agradable ¿Qué pasa con ella?
—Nada. Desde que volví a Odaiba, no conozco a muchas chicas, solo a Yolei y a Sora. A Hikari… bueno, a ella solo la veo cuando el grupo se reúne, pero eso no pasa muy a menudo. Y cuando el grupo se reúne, Ken llega solo ¿por qué no viene con su novia?
—Tal vez por Miyako.
Lo que quería decir con eso, pensó Mimi, es que Rei debía estar enterada de los sentimientos de Miyako y se sentiría incómoda en su presencia. O Ken. O ambos. Los chicos lo tenían todo pensado.
—Eso mismo creí yo. Pero hablé con Miyako, y dice que en el fondo se alegra mucho por ambos, y se sentiría muy mal si las ausencias de Rei se deben a ella ¿sabes? —Inventó, tácticas de cualquier detective—. Por eso me gustaría saber más de Rei, porque si es novia de Ken, es prácticamente parte del grupo y ya es hora de que se integre. Sé que tú la conoces ¿qué opinas de ella?
Aún con la mirada fija en los papeles de su escritorio, las orejas puntiagudas del chico Iori se colorearon mucho más.
—Rei es perfecta. Es agradable, risueña, muy educada y pulcra. Entiende de kendo, su voz es melodiosa, y hace voluntariado en el Hospital Regional. Ken es muy afortunado, es la novia que cualquier madre querría para su hijo.
Iori sacó un lápiz del tarro de maní viejo que había sobre el escritorio y comenzó a dibujar garabatos con expresión concentrada, casi enojada.
—Y también es muy bonita. Y huele bien. Y viste bien.
Mimi supo que había algo que le picaba a Iori.
—Pero… —le ayudó ella.
—Ella no es Miyako —se prolongó una pausa en la que solo se escuchó el rasgar del lápiz contra las hojas. Luego continuó con voz aflijida —: Miyako hay una sola.
Iori siguió dibujando. Mimi sacó de su bolso hobo la libreta donde guardaba la lista de sospechosos y además su bolígrafo tinta rosada. Escribió:
Cosas de Iori: fiel amigo de Miyako. El que Rei sea perfecta parece más un inconveniente difícil de aceptar.
—¿Dices que hace voluntariado en el Hospital Regional?
—Sí. En geriatría.
—¿Geriatría? ¿Y qué días?
—Los domingos por la mañana.
Como anillo al dedo.
Así que el domingo Mimi acompañó a su madre y la abuela al centro de diálisis del Hospital Regional. Supuso que no sería tan difícil encontrar a una joven con un nombre que bien puede también ser hombre, las recepcionistas y los celadores siempre recuerdan a ese tipo de gente.
Pero resultó que no tuvo que preguntar por la chica, porque cuando se topó con ella en el pasillo de geriatría, supo de inmediato que su búsqueda había finalizado. No porque fuese la única chica además de ella en ese lugar lleno de ancianos, que también. Perfecta era la palabra que resonaba en su cabeza.
—¿Rei? ¿Rei, la novia de Ken? —preguntó por cortesía.
Se trataba de una muchacha alta y esbelta. La mujer más bonita que había visto en su vida, sin exagerar. Usaba un vestido sencillo que destacaba su figura, y su cabello lleno de tirabuzones caía con gracia por su espalda estrecha.
Sus labios rellenos, sus pestañas crespas, su mentón fino y sus pómulos altos. Todo era armónico en ella.
Parecía levitar cuando se movía. O era el tiempo que se detenía, o la gravedad que se rendía ante ella. También podían ser ambas cosas, no le extrañaría
—Perdón, ¿nos conocemos?
Iori tenía razón. Esa voz era melodiosa, graciosa, y le levantaba el humor. Mimi trató de permanecer seria ante, lo que consideró, era un milagro.
—No, no todavía. Soy Mimi Tachikawa, amiga de Ken, una digielegida, y detective privada.
—Oh, así que una amiga de Ken ¡encantada de conocerte! Soy Rei Noda.
Hizo una reverencia. Sus tirabuzones rebotaron con gracia.
— Al fin una amiga de Ken, ya pensaba yo que sólo conocía a ese niño Iori. Detective ¿eh? A qué debo su visita, señorita agente —bromeó sin poder contener una risa.
—Justo por el tema que comentas. Que Ken lleva ya un buen tiempo saliendo contigo pero nadie te conoce. El grupo se ha reunido varias veces pero Ken siempre llega solo y bueno, me preguntaba… ¿es porque no te agradamos, no?
—¿Eh? Ay no, claro que no. No me pueden caer mal personas que no conozco. Y si todos son como Ken, o Iori, o como tú, sería imposible. Lo que pasa es que no he tenido tiempo. Entre los exámenes, el voluntariado, y el coro de la iglesia… no quería que pensaras eso.
Su reacción le pareció sincera. Rei parecía dolida por el comentario.
Debía estar acostumbrada de agradar a la primera. Y Mimi no quería seguir haciéndola sentir desdichada.
—A lo mejor damos una fiesta por el fin del año académico. O por la primavera. Hay rumores de que será en casa de Yamato ¿lo conoces? el músico. Podrías pasarte.
—Supongo que podría ser así. Lo hablaré con Ken. Que emocionante ¿no te parece?
Sonrió mostrando todos sus dientes blancos.
Al final del día tuvo que reconocer que Rei Noda era agradable, y eso, sintió Mimi, no estaba bien: «las chicas que salen con el enamorado de tu amiga son siempre enemigas». Regla número uno de la Cosmopolitan. O tal vez la segunda regla, la primera tenía que ser esta otra: «elije la cartera adecuada para cada ocasión».
Reflexionó un segundo sobre el bolso que ella había elegido para acompañar al cloche. Tal vez un hobo no era lo más recomendable para una investigación, pero ¿qué sabe la Cosmopolitan de espionaje?
Observó la fotografía del Izzy durmiente y se recostó en el tocador.
Iori no era un cómplice. Rei, aunque no quería admitirlo, tampoco lo era.
Recordó las palabras de Rei «Lo hablaré con Ken», eso había sonado a pedir permiso. El maldito de Ken había engañado a ambos ¿y por qué hacía eso? ¿Por era tan importante mantener su noviazgo con Hikari oculto?
Su sombrero cloche le decía que la respuesta estaba allí ante sus ojos, evidente, pero inalcanzable. Tal vez, como muchos detectives, necesitaría otro par de ojos.
Y al cabo de pocos segundos, el móvil de Koushiro comenzaba a vibrar.
—Sweetie, ¿quieres ser mi Watson?
Koushiro cambió el móvil de mano. Mimi estuvo segura que una sonrisa se extendía por los labios del muchacho.
—Siempre creí serías más del tipo Nancy Drew, pero claro, puedo ser Watson.
*.*
NOTAS
Holas! Bueno, es lo que es.
Uno. Sombrero cloche es el típico sombrero femenino de los años 20. Un hobo es este típico bolso en forma me media luna.
Dos. Akutagawa, escritor japonés. Su obra está compuesta mayoritariamente por cuentos. Dato curioso, fue adoptado por su tío materno.
Tres. Watson es el acompañante de Sherlock. Nancy Drew es una detective de novelas juveniles.
Nos leemos. Adieu!
