Disclaimer: Nada de lo que reconozcan me pertenece, los personajes son de la maravillosa Stephenie Mayer. Solo me divierto con ellos junto a mi imaginación. La trama es mía.

Summary: Nueve años han pasado desde la última vez que Isabella sintió la felicidad en primera persona. Desde ese momento, su vida gira en una absoluta oscuridad; siendo presa de las decisiones de los demás. ¿Podrá la reaparición de alguien importante brindarle la fuerza que necesita para que, por primera vez, luche por su felicidad?

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¿Qué es la felicidad?

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Capítulo 24: Obstáculos

"Todas las adversidades que he tenido en mi vida, todos los problemas y obstáculos, me han fortalecido...Uno no se da cuenta de cuando sucede, pero una patada en los dientes puede ser la mejor cosa que le puede suceder en un momento dado."

Walt Disney

BPOV

Serví el último vaso de leche chocolatada a los niños y me acerqué a Renata.

—Los niños se ponen muy felices cuando saben que vendrás —sonrió cálidamente—. Como siempre te digo, es un placer para nosotros contar con tu presencia.

—También lo es para mí, Renata —aseguré, mirando con una sonrisa a todos los niños beber su merienda—. Estos niños alegran mis días y lo seguirán haciendo.

—¿Aún no piensas tener hijos? —mi estómago se encogió—. Estoy segura que serás una excelente madre, tan solo con verte interactuar con los chicos y ayudarlos como lo haces, se nota que te encanta todo esto, tus hijos serán muy afortunados por tenerte como mamá y, obviamente, a Edward como papá.

Me abracé a mí misma dándome confort. Escuchar esas palabras, todavía hacía que se me encogiera el corazón.

—Es algo complicado y delicado, Renata —sorprendentemente mi voz sonó firme—. Todavía hay mucho camino por delante.

Iba a contestarme, pero uno de los chicos la llamó; se disculpó conmigo y fue en detrás de su buscador. Me quedé allí parada, mirando a todos los chicos sonriendo y carcajeándose. Fruncí el ceño al ver un lugar de la larga mesa vacío; cuando acomodamos a los niños, no había ninguno que sobrara. Miré en todas las direcciones y, por la ventana, vi a una niña sentada en el patio, sola y abrazándose a sí misma. Sin dudarlo fui hasta allí, rápidamente.

Al llegar al lado de la niña, reconocí a esa pequeña de cabello castaño con rizos… cada vez que la veía, no dejaba de imaginar que Carlie se vería así, como ella. Tendrían la misma edad y sus facciones se parecían mucho a las que imaginé que tuvo mi pequeñita.

—¿Por qué estás aquí y sola? —pregunté, sentándome a su lado.

—Los niños no dejan de molestarme… —hipó, escondiendo su rostro sobre sus rodillas.

—¿Por qué molestarían a una niña tan linda como tú? —Comencé a acariciar su cabello sin darme cuenta.

—No lo sé… —sobó su nariz y levantó su cabecita de su escondite. Me vi reflejada en sus grandes ojos verdes grisáceos y suspiré, sintiendo una punzada en el pecho—. Señorita Isabella, ¿usted piensa que puede haber una familia esperando por mí?

Se me encogió el corazón.

—Claro que sí —respondí, sin dejar de acariciar sus cabellos—. ¿Te cuento algo? Si las cosas se dieron de esta manera, debe haber una explicación para todo; no bajes las esperanzas, eres una niña muy dulce y estoy segura que a cualquier persona le gustaría brindarte una familia.

—No lo creo así… —murmuró—. Todos los días vienen muchas personas a vernos, pero casi siempre se llevan a los niños más pequeños; ayer se fue Tom.

—Todos tienen las mismas posibilidades de ser adoptados… —suspiré—. ¿Cuántos años tienes?

—Cumpliré nueve después de Navidad… —sonrió, dejando ver sus dientes—. Aquí me siento muy bien, Renata y Aro son muy buenos con nosotros, igual que usted…

—Puedes llamarme Bella —sugerí.

—Y tú puedes llamarme Lexie, o Lex o… como quieras —encogió sus hombros y rió suavemente—. ¿Tienes hijos, Bella?

—No, no los tengo —suspiré—. He tenido a una niña pero ya no está con nosotros, ahora debería tener tu edad. —Traté de que mi voz no se rompiera pero, estaba segura, que fue imposible.

—Lo siento… —murmuró, le sonreí—. Estoy segura que ella está bien en el cielo, cuidando de ti y del señor Edward, Renata dice que cuando un niño se marcha, una nueva estrella sale en el cielo y que se transforman en angelitos.

Lexie tomó mi mano y le dio un ligero apretón, hasta ese momento no me di cuenta que mis ojos se habían aguado.

—¿Nunca pensaste en adoptar un niño? —Su pregunta me tomó por sorpresa—. Estoy segura que serías una muy buena mami y tu esposo un muy buen papi. A mí me gustaría poder decirle a alguien mamá y papá, ese es un sueño que nunca cumplí.

—Ten fe en que algún día lo podrás hacer…

—¿Puedo pedirte algo? —asentí—. ¿Me abrazas? Así me siento mejor, eso me ayuda mucho.

Con mis ojos picando, abrí mis brazos y Lexie se refugió en ellos; no me pude contener y lloré en silencio, sintiendo como las lágrimas mojaban mis mejillas. Jamás me había permitido tener un contacto tan cercanos con los niños del hogar, siempre me mantenía al margen; leyéndole libros, sirviéndoles alimento o trayéndoles ropa. Hoy, era la primera vez que platicaba tan de cerca con alguien y ese alguien… no era nada más ni nada menos que la pequeña de rizos castaños… aquella niña, que desde el primer momento en que la vi, me hizo sentir algo especial por ella.

—Tú eres muy buena con nosotros, Bella —murmuró en mi hombro—. Gracias por querernos.

La estreché más contra mi cuerpo, sin ser capaz de omitir ninguna palabra. Las palabras de Lexie habían viajado hasta lo más profundo de mí ser.

Sentí una presencia frente a nosotras y me encontré con el rostro sonriente de Edward, mirándonos con ternura y emoción, le devolví la sonrisa y él se acercó a nosotras.

—Hola —saludó.

Lexie quitó su cabeza de mi pecho y miró a Edward con timidez y sus mejillas ligeramente ruborizadas.

—Hola, señor Edward… —murmuró, con la vista clavada en sus manos.

—Puedes llamarme Edward, nada de señor.

Lexie asintió, aunque no respondió. Edward me miró con intriga, encogí mis hombros y sonreí.

—Ella es Lexie, Edward —la presenté—. Y, un pequeño pajarito, me contó que le encanta dibujar y que lo hace fantásticamente bien.

—¿Eso es cierto, Lexie? —preguntó Edward.

—Me gusta dibujar, pero no sé si lo hago bien o no… —respondió dubitativa—. Puedo enseñarles mis dibujos, si desean.

—Nos encantará —dijimos ambos al unísono, y Lexie se carcajeó.

—Ahora vuelvo —fue brincando hasta el interior del hogar.

Vi como se marchaba y sentí unos brazos rodearme con ternura, recargué mi cabeza en el hombro de Edward y él me dio un beso en el tope de mi cabeza.

—Es una niña preciosa… —murmuré con la mirada perdida en algún punto del patio—. Me recuerda mucho a la imagen que mi mente creó de Carlie.

—Lo mismo me sucedió el primer día que me trajiste aquí —giré para verlo a los ojos—. Es una niña muy especial.

Asentí dándole la razón.

—Jane me dijo que estarías acá, así que me atreví a venir.

Sonreí y vimos como Renata se acercaba a nosotros, al vernos sonrió de oreja a oreja y nos levantamos del pequeño masetero que utilizamos como sillones.

—Lexie me mandó a decirles que les está preparando unos dibujos. —Explicó, sentí a Edward estrecharme por la cintura—. Ella es una niña muy dulce y sentimental.

—¿Hace mucho está aquí? —preguntó Edward.

—Desde que tiene tres años… —suspiró—. Toda su familia falleció en un accidente automovilístico, tenía dos hermanos más grandes y sus padres, ella sobrevivió de milagro. No hay otra explicación.

Mi cuerpo se estremeció completamente y abracé a Edward más fuerte.

—¿No tenía ninguna otra familia?

—No —respondió con pena—. Solo un tío de parte del padre, pero no quiso saber nada de ella… según tenemos entendido, él y su difunto hermano se pelearon desde muchos años atrás y su resentimiento fue tanto, que ni siquiera se quiso hacer cargo de su única sobrina viva.

»Cuando la trajeron aquí, nos costó mucho poder hacerla interactuar con los demás niños, siempre fue muy tímida y callada. Hubieron muchas familias que querían darle asilo, pero ella no hablaba cuando estas personas venían, con Aro pensamos que era un mecanismo de defensa, después de todo estuvo presente en el momento en que toda su familia murió.

La mano de Edward subía y bajaba por mi cintura, dándome ánimos.

—Sigue siendo igual de introvertida, tenemos a la psicóloga que habla con ella, pero es lógico que sea así, aquí no habla mucho con los niños pero sé que su mayor deseo es encontrar a una familia que la ame y que la haga sanar.

Asentí dándole la razón, esas habían sido las palabras que utilizó Lexie hace pocos instantes.

—La vida está llena de obstáculos, pero sé que hay alguien esperando por ella y que Lexie será feliz en el futuro. Lo tiene merecido, es una niña muy dulce y con mucho amor para dar y recibir, es una pena que siga estando aquí, pero supongo que todo tendrá una razón.

Nos sumergimos en un cómodo silencio, reflexionado ante las palabras sabias de Renata. Ella tenía razón, tanto Lexie como los demás niños merecían poder pertenecer a una buena familia, donde los quieran y los valoren como tal. Así como la niña de rizos castaños, todos los niños del hogar tenían una triste historia detrás de ellos… pero el destino era sabio y, si las cosas sucedieron de esa manera, debía tener alguna explicación lógica.

—¡Aquí tengo el dibujo! —Exclamó una dulce voz, algo agitada por la carrera que venía haciendo.

—Ten cuidado Lex, puedes caerte y golpearte —puntualizó Renata, mirándola con dulzura. Lexie asintió cohibida y se acercó hasta nosotros.

—Tomen, lo hice para ustedes. —Bajó la vista a sus zapatillas y extendió su mano sosteniendo un papel en nuestra dirección.

Nos miramos con Edward y tomé el papel en mis manos. Al hacerlo, vimos una pequeña casa, rodeada de muchos árboles y naturaleza, con algunas flores distribuidas por el césped y una hamaca colgando de uno de los árboles, perfectamente dibujados. Arriba de ese paisaje, había un sol muy brillante y un cielo celeste, completamente despejado.

—Es hermoso, Lexie —murmuré.

—¿En serio? —levantó su cabeza y clavó sus preciosos ojos en los míos, con una mirada completamente brillante.

—Por supuesto que es hermoso —secundó Edward y se agachó para quedar a su altura. Lexie lo miró con una mezcla de timidez y alegría—. ¿De quién es esa casa?

Se encogió de hombros—. Supongo que me gustaría vivir en una igual a esa, siempre quise tener un columpio para mí.

Edward le sonrió tiernamente y acarició sus cabellos suavemente. Mi corazón se oprimió de ternura, era tan lindo ver como actuaba frente a los niños.

—A mí también me encantan los columpios —dijo Edward—. Jamás me cansaría de ellos.

—¿De veras? —Preguntó Lexie, sus ojos brillaban todavía más que antes—. Aquí tenemos algunos, ¿quieres ir junto a mí?

Edward me miró con ojos brillantes y sonreí en respuesta, tratando de disimular el nudo que se formó en mi garganta. Se tomaron de las manos y se dirigieron a pocos pasos de mí, donde se alojaban unos cuatro columpios en perfecto estado.

—Ahora entiendo por qué eligió ser pediatra —murmuró Renata a mí lado, viendo como Edward empujaba el columpio donde Lexie se hamacaba, con una hermosa risa de alegría—. Jamás vi a Lex tan feliz con personas totalmente ajenas a nosotros.

—Edward tiene un don para los niños… —murmuré, sin despegar la vista de los dos.

—Será un excelente padre…

Pasé mis brazos a mí alrededor y asentí dándole la razón a Renata. Edward sería un excelente padre, de eso no había dudas… y yo era incapaz de darle ese regalo.

Una lágrima rodó por mi mejilla.

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Me miré al espejo desde todos los ángulos, a simple vista parecía que todo andaba bien… aunque había algo que no terminaba de convencerme. ¿Sería bueno ir de negro a una boda? No le veía el sentido de que fuera lo contrario, pero… no sé, me sentía algo insegura.

—Ese vestido te queda perfecto, Bella —soltó un suspiro cansador, pude ver a través del espejo como rodaba sus oscuros ojos—. Te lo dice una aficionada de la moda, créeme… llevas horas mirándote —agregó riendo, no pude evitarlo y sonreí; tenía razón.

Volví mi vista a mi reflejo y observé cada detalle del hermoso vestido, seleccionado a la velocidad de la luz. Fue algo así como amor a primera vista, en el momento en que lo vi… fue como si un cartel de neón me dijera que ese era el vestido indicado para mí.

Y… es que, toda la prenda te enamoraba. El vestido era completamente negro, largo hasta los pies, con un escote bastante pronunciado con tiras sujetas firmemente alrededor del cuello y una falda de encaje que, en la parte debajo de la falda, se hacía sutilmente transparente, dejando al descubierto los hermosos zapatos de tacón también negros. La cintura estaba delicadamente rodeaba de un hermoso cinturón, en un tono negro acharolado. Pero, el arma mortal del vestido y, probablemente lo que me hacía sentir insegura, era la espalda descubierta en alto grado.

—Está como diseñado especialmente para ti, yo no lo dudaría ni un segundo… además tampoco es que haya tiempo para hacerlo.

—¿No es muy… atrevido?

Puso los ojos en blanco.

—No es atrevido, es perfecto —insistió—. Llévalo, no te arrepentirás.

Suspiré y volví a mirarme al espejo, la verdad es que el vestido era hermoso y no me quedaba tan mal. ¡Dios, odiaba ser tan indecisa con la ropa!

Cerré mis ojos y dejé de pensar, le sonreí a la vendedora y le dije que me lo llevaría. Busqué con la vista a Lily, pero estaba hablando por el celular, o más bien discutiendo con la florista o eso había escuchado.

¡Oh, sí!

Los planes habían cambiado drásticamente, las últimas dos semanas estuvieron… atareadas, sí creo que esa es la palabra correcta. Desde la cena en el departamento en el cual estaba viviendo ahora —o sea, el piso que fue de Charlie—, habían pasado exactamente catorce días y estos días fueron una total e incomparable locura.

Finalmente, los planes de la boda de Garrett y Kate se habían mega-archi-recontra- adelantado. De tener un margen de cuatro meses para planearla, el lapso se acortó a solamente dos mínimas semanas. Decir que todo el mundo puso el grito en el cielo era poco, las más alteradas eran las hermanas Denali, sin lugar a dudas.

¿Por qué se habían cambiado los planes? Fácil, Garrett comenzaría a trabajar en su nuevo puesto en el hospital de Londres la semana entrante, eso los dejó con muy poco tiempo para reacción, por eso se apuró todo.

Por otra parte, la pareja a punto de dar el sí tenían una suerte envidiable. Prácticamente, todos los detalles de la boda pudieron hacerse, como si se tratara de un año de anticipación; tener amigos inmersos en el tema, era un total golpe de suerte.

Jacob había hablado con su cuñado y le facilitaron el salón para la recepción. Por otro lado, Kate ya había visto su vestido de novia y había decidido comenzar a diseñarlo con anticipación para que éste fuera modificado dependiendo al avance su embarazo, en conclusión: su vestido estaba listo. Además, otro golpe de suerte, mi nueva vecina —Lily Smith—, era organizadora de eventos… por lo que no tuvo ningún problema en hacer magia en poco tiempo con la organización de la boda, era genial en su trabajo y Kate estaba maravillada con ella. Para los demás detalles, se puedo arreglar de la mejor manera, solo les faltaban las minorías de las cosas y ayudaba en mucho que no pretendían hacer una gran fiesta, solo algo tranquilo con las personas más cercanas a los novios.

—¡Uff! Odio a la gente que no se pone de acuerdo, si le digo que serán arreglos blancos y lilas… ¿Qué demonios no se entiende de eso? —bufó exasperada—. Lo siento Bella, cuando las cosas no se salen como las planeo comienzo a… ponerme histérica.

—No te preocupes Lily, imagino que no debe ser fácil toda esta situación.

—No y hazme recordar que golpee a Kate cuando la vea —sonrió—. Solo necesito ir a un lugar más, ¿me quieres acompañar?

Asentí tomando la bolsa de mi compra y agradecer a la vendedora por tenerme toda la paciencia del mundo; era una mala cliente y lo admitía.

Seguí de cerca a Lily y nos detuvimos en una casa de mantelería, según me dijo mi vecina necesitaba recoger un pedido sin falta. Yo solo me quedé allí, asintiendo cuando me hacía algunas preguntas o expresándole que me gustaban sus elecciones.

Lilian Smith, resultó ser una mujer muy simpática y divertida. Sin querer, nos habíamos vuelto muy cercanas desde esa mañana que me invitó a tomar un café en su departamento —hace varios días atrás—. Lily era nativa de Seattle, solo tenía un año más que yo —o sea, veintisiete—, y no hacía mucho se había mudado a vivir sola; tuvo que verse obligada a hacerlo el día que decidió internar a su madre, quedando prácticamente sola… al menos así me contó que se sentía, aunque su amado novio, Adam, era una gran compañía y apoyo para ella.

Estas últimas semanas, literalmente nos veíamos a cada momento, sobre todo porque Kate prácticamente se había mudado a mi departamento o al de Lily, para ultimar los detalles de su boda. El día que Kate se enteró que Lily era organizadora de eventos, temí que se pusiera de rodillas y besara los pies de mi nueva vecina, jamás pensé ver a Kate tan fuera de sí; tenía una sonrisa más grande que el mismo gato de Alicia en el país de las maravillas. Aunque era entendible, yo estaría de igual manera si me casara con el hombre que amaba.

Mi celular comenzó a sonar y sonreí al ver la imagen del contacto que me llamaba.

—Hola —sonreí como una idiota.

Hola, amor —respondió esa aterciopelada voz—. Ya salí del hospital, ¿necesitas que te recoja de algún sitio?

—Aún estoy con Lily en el centro comercial, aunque yo ya acabé de hacer todo —expliqué mirando de reojo a mi vecina.

¿Quieres que pase a recogerte? —sugirió, aunque supe que estaba ansioso.

—¿Algún motivo en especial, Cullen?

Escuché su risa.

No puedo ocultarte nada… —imaginé que estaba sonriendo de costado—. De hecho, necesito pasar tiempo con la mujer que amo que, desgraciadamente para mí, ha estado muy atareada estas últimas semanas, descuidándome.

Rodé los ojos.

—¡Oh, lo siento noble caballero! —Exclamé con sarcasmo—. Ven a buscarme en el tercer piso, no te tardes.

Estaré en cinco minutos, no te muevas de donde estás.

Finalizamos la llamada y me acerqué a Lily para despedirme de ella.

—Ya me parecía que estaba aguantando mucho —dijo e hizo que riera—. Solo me faltan un par de cositas y habré acabado, ¿mañana nos vemos?

—Claro —asentí con la cabeza—. ¿Estás segura que no necesitas ayuda?

—No, el señor Denali se encargó de contratar a un ejército de ayudantes, no te preocupes. Tú solo preocúpate por ponerte más bella de lo que eres.

—Gracias por ayudarme, Lily. No sé que hubiese hecho sin ti.

—Lo mismo digo, gracias por confiar en mí y en conseguirme este trabajo… organizar eventos es mi vida. —Colocó su mano sobre mi hombro—. En serio, creo que el tenerte como vecina me ha hecho entender que, finalmente, aún existen personas buenas en este mundo.

La miré enarcando una ceja, completamente confundida por su comentario. Aunque no pude preguntarle nada más, ya que fue detrás de la vendedora para contratar lo que todavía faltaba. No quise darle más vueltas al asunto y salí del local.

A penas puse un pie fuera, unos hermosos ojos verdes me miraban con calidez. Sin pensarlo dos veces, me tiré a sus brazos y lo besé apasionadamente, sin importarme ni el lugar ni las personas que nos quedaban mirando con una mueca graciosa en sus rostros.

—¡Vaya! —Exclamó Edward, sosteniéndome de la cintura—. Y yo que pensaba que era el único que te extrañaba.

—¡Tonto! —Reí, mientras le propinaba un golpe juguetón en el pecho—. ¿Nos vamos?

—¿Tan ansiosa por este cuerpo, pequeña?

Rodé los ojos y no pude evitar largar una fuerte carcajada que hizo voltear las cabezas de las personas que pasaban a nuestro alrededor.

—De hecho, más que ansiosa… vienes vestido con tu traje de doctor y ya sabes lo que eso me provoca —lo dije en tono casual, siguiendo la broma de Edward.

Lo que no me esperé fue su reacción, sus ojos —antes divertidos—, tomaron un matriz negro, oscurecidos por el deseo. Conocía esa mirada y tuve que apretar mis muslos en respuesta.

—Nos vamos —cogió mi mano y entrelazó nuestros dedos.

—¿Ansioso por este cuerpo, doctor Cullen? —utilicé sus palabras.

—Como no te das idea. —Contestó y volamos —literalmente— por los pasillos del gigantesco centro comercial.

Los últimos días habíamos estado muy ocupados, yo ayudando a Kate en lo que me fuese posible junto a las demás chicas y Edward asistiendo al hospital, esta semana le había tocado hacer las guardias, por lo que muchas noches las pasó fuera del departamento.

Desde que me mudé, todos los días posibles, los pasaba junto a Edward. Prácticamente vivíamos juntos y eso me encantaba, poder dormir abrazada a él y alejar esas concurridas pesadillas, era indescriptible. Siempre había soñado con ser la última persona que mirara antes de irse a dormir y la primera en ver al levantarse, por cuestiones de la vida, ahora eso se cumplía y no sabía cómo agradecerlo.

Si bien estábamos en una especie de burbuja, la preocupación no quedaba al margen… sobre todo, cuando no teníamos noticias nuevas de ninguno de mis padres o de la familia McCarty. No podía evitar sentirme algo intranquila o, hasta en ciertos casos, paranoica. A veces, en las salidas que hacíamos con las chicas, no podía dejar de pensar que alguien me observaba desde lejos, aunque eso no era verdad, solo era mi mente pasándome una mala jugada.

La última vez que supimos algo de ellos, fue con la inesperada aparición de Renée fuera del hospital esperando por Edward. Desde ese momento, todo se tranquilizó. Al principio, pensé que vendrían a buscar al departamento en primera instancia, después de todo… ¿Dónde más podría ir?

La cuestión que no fue así y una parte de mí se alegraba, aunque la parte que ganaba era la de la preocupación… no quería ser pesimista, pero presentía que no se quedarían de brazos cruzados y eso me asustaba y mucho.

—¿Todo marcha bien?

La voz de Edward me sacó de mis cavilaciones, lo miré sonriendo y asentí. Miré hacia mi alrededor y no me había dado cuenta que ya habíamos llegado al edificio. Al entrar al departamento, fui rápidamente a quitarme los zapatos, caminar mucho me había pasado factura y mañana debía utilizar unos zapatos de tacón casi todo el día, solo esperaba que mis pobres pies soportaran esa tortura.

—¿Por qué te noto tan callada?

Edward me abrazó por detrás y me dejé caer sobre su cuerpo.

—Solo estoy algo cansada, no es nada —suspiré.

Sentí como sus labios besaban mis cabellos.

—No debes preocuparte por ellos Bella, ¿recuerdas lo que dijimos?

—Sí, lo sé —me giré y lo miré a los ojos—. Pero es que… no tener noticias de ellos, me frustra demasiado y me pone muy nerviosa. Yo sé que ellos menos que nadie, dejarán pasar esto como sí; sobre todo Emmett, estoy segura que muchos en el bufete se habrán enterado que lo dejé y Emmett jamás soportará que su imagen se vea manchada.

Edward comenzó a trazar dibujos sin sentido en la piel expuesta de mi espalda baja, sin decir ni una palabra; sabía que me cedía el momento para que me desahogara.

—Tanya me dijo que debía estar tranquila y demostrar seguridad ante cualquier eventualidad, pero no sé… muchas veces no me siento capaz de hacerlo. Sé que cambié y que, de a poco, trato de volver a ser la de antes. —Suspiré—. ¿Y si no puedo? ¿Si ya es muy tarde?

—Tks, tks —chasqueó su lengua y me silenció colocando un dedo sobre mis labios—. No quiero volver a escucharte decir eso, eres fuerte pequeña… has llegado muy lejos, por favor… no volvamos casilleros para atrás. Sabemos que no es una situación fácil, pero hemos podido reponernos de peores cosas. Ya no pienses así, ¿de acuerdo?

Refregué mis ojos con ambas manos; odiaba sentirme así.

—Lo siento… —murmuré cabizbaja.

—No tienes que sentir nada, solo quiero que tú te sientas bien contigo misma —sonrió con dulzura—. Solo tú eres capaz de terminar con toda esta mierda y sabes que tienes a muchas personas apoyándote, sobre todo yo.

Me enganché a su cuello y lo abracé con todas mis fuerzas. Últimamente, millones de cosas daban vueltas y vueltas por mi cabeza, de momentos haciéndome sentir invencible, segura, capaz de luchar contra quien sea; pero, en otros momentos, me sentía insegura, cobarde y sin fuerzas para seguir dando pelea.

Había hablado con Tanya de estas cuestiones y me dijo que era normal lo que estaba sintiendo, que no me curaría de la noche a la mañana, ya que era un proceso bastante exceso y, todavía lo era más por el hecho de que estuve nueve años viviendo de la misma manera.

Ahora, mi mayor temor era la recaída. Aunque quería confiar en mí y en mi nueva etapa, como había dicho Edward, habíamos superado situaciones peores…, solo era cuestión de tiempo y de valentía.

Sacudí mi cabeza y traté de alejar los malos pensamientos de ella. Intenté recomponer mi semblante y curvé una pequeña sonrisa.

—Tanya me dijo otra cosa hoy… —jugueteé con los mechones de su cabello.

Edward parpadeó varias veces seguidas, sabía que lo había confundido con mis cambios de ánimo, pero no podía evitarlo. Eso también me pasaba, me sentía algo bipolar… podía pasar de estar triste y caída a sentirme feliz y vital; aunque, siempre que me sucedía lo segundo, estaba en compañía de Edward.

—¿Qué te dijo? —enterró su nariz en mi cuello, solté unas risitas por las cosquillas que eso me causó.

—Me dijo que sabe cuál es mi verdadero problema —dije alejándome de él.

—¿Ah, sí? —preguntó acercándose a mí—. ¿Y cuál es? —volvió a preguntar enganchando sus manos en torno a mi cintura.

—Enamorarme —contesté pérdida en sus ojos verdes.

—¡Uf! Un serio problema —respondió mirándome intensamente y cubrió mi boca con la suya.

Sonreí en sus labios y regresé el beso con mayor intensidad. Lo que dije no era del todo verdad, sino que Tanya remarcó que desde que había aceptado lo que me pasaba con Edward, estaba jodida. Fue más que nada una charla de amigas, no de psicóloga a paciente. Y ella llevaba toda la razón, porque yo me sentía así, pero me gustaba estar jodida. Después de todo, Edward me amaba igual de lo que yo lo amaba a él.

—¿Sabes, pequeña?

—Uhm… —fue mi brillante respuesta, pero es que sentir sus dedos jugueteando en mi vientre y sus labios recorrer mi cuello con maestría no dejaba que me concentrara en nada más que las sensaciones que me hacía sentir.

—Ya que los novios no desean una despedida de solteros… —siguió haciendo un camino de besos por toda la extensión de mi cuello hasta llegar a mi oído y morder el lóbulo de éste—. ¿Qué te parece si hacemos una en su honor?

Solté una risita.

—¿Cómo es eso?

—Ya verás…

Lo último que sentí fue la superficie plana y suave del colchón sobre mi espalda y el cuerpo de Edward sobre el mío, además de nuestra ropa desapareciendo a la velocidad de la luz.

Sí, definitivamente quería ver de qué se trataba nuestra despedida de solteros en honor a Kate y Garrett.

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¿Cómo era posible que hayan podido armar esta perfección solo en quince días?

Garrett y Kate habían decidido hacer la ceremonia al aire libre, aprovechando los últimos rayos de sol antes de que el crudo frío del invierno no nos diera tregua.

Lily había hecho un trabajo excepcional, todo estaba cuidadosamente decorado. Por donde se viera, los hermosos arreglos florares blancos y lilas rodeaban el lugar. Hasta el pasillo por donde iría la novia, estaba decorado de la misma manera, creando un colchón de flores realmente precioso. Había unas cuantas sillas enfundadas con cubres blancos y moños lilas, esperando por ser ocupadas por los pocos invitados que estábamos en la lista.

—¡Bella, estás hermosa!

Me volteé rápidamente y sonreí al ver a Alice. Su vestido era rosa y tenía solo una manga larga, dejando el otro brazo al descubierto, su cintura era finamente rodeada por un cinturón en el mismo color que el vestido entero, no poseía escote pero su espalda estaba descubierta. Su rostro estaba ligeramente maquillado, solo lo necesario y su cabello suelto con algunas ondas.

Ahora entendía por qué traía a mi hermano babeando por ella; no solo era una hermosa persona por dentro, sino que por fuera era realmente hermosa.

—Tú estás hermosa —la halagué saludándola con ganas.

—¿Dónde está Edward?

—Calmando a Garrett —rodé los ojos, divertida—. No pensé que se pondría tan nervioso.

—¡Pobre, Garrett! —Secundó Alice—. Aunque los nervios antes de dar el sí, son imposibles de mitigar. Recuerdo que Jasper hasta vomitó minutos antes, realmente se puso muy tenso.

Hice una mueca de tristeza.

—Me hubiese gustado estar junto a él…

Alice me dio una sonrisa confortante y tomó una de mis manos con las suyas.

—No fue la gran cosa, creo que si fuimos unas diez personas éramos un montón —sonrió—. No te voy a mentir, a mí también me hubiese gustado que estés y a Jasper mucho más, pero ahora estás aquí y lo demás lo dejaremos en el pasado.

Suspiré aunque sus palabras no me tranquilizaron. Fui una muy mala hermana, el día más importante de Jasper no estuve junto a él, solo por seguir huyendo de las únicas personas que me amaban de verdad.

—¿Es que estoy en el cielo que veo a dos ángeles frente a mí?

Tanto Alice y yo rodamos los ojos.

—Hola, Jasper —lo saludé con un beso en la mejilla.

—Estás completamente hermosa, Bonita.

Nos sumergimos en una charla entretenida y de la lucha que había pasado Alice para que Jasper se decidiera por qué traje utilizar para el día de hoy. Se ve que la indecisión en la indumentaria venía de familia. Al poco tiempo, el lugar se iba llenando con los demás invitados, todos vestidos elegantemente y con una sonrisa en sus rostros.

Sentí unas manos aprisionarme por la cintura y solté unas risitas al sentir el aliento de Edward hacerme cosquillas en mi cuello.

—Eres la mujer más hermosa de todas… —susurró en mi oído. Rodé mis ojos, no dejaba de decirme eso desde que me vio salir del baño del departamento.

Si decía que yo estaba hermosa, definitivamente él estaba perfecto. Llevaba un traje negro, con una camisa gris oscura y una corbata del mismo color de su traje y mí vestido; su cabello tenía el mismo aspecto rebelde de siempre, haciéndolo lucir aún más guapo de lo que ya es —como si eso fuese posible—.

Escuchamos a alguien aclararse la garganta y Edward rió al ver el ceño fruncido de Jasper, aunque se notaba que solo lo hacía para molestarnos.

—Eso es, amigo —escuchamos una voz detrás nuestro—. Deberías hacer que tenga límites, ¿Qué es eso de andar toqueteando a la hermana de tu mejor amigo, viejo?

—Estaba muy tranquilo el lugar sin ti, Jake —dijo Edward.

—Sé que soy imprescindible —guiñó un ojo.

Rápidamente nos saludó y comenzamos a reír con todas las ocurrencias de nuestro amigo. Desde que Jacob había vuelto a nuestras vidas, todo era risas y carcajadas con él. Cada vez sentía que nos aproximábamos cada día más a los días felices como los del instituto.

—¿Es normal sudar como un marrano?

Todos miramos en dirección a Garrett, pálido como la cal y con una expresión de terror en su rostro.

—Estás poniéndote la soga al cuello, es normal que te arrepientas.

—No me arrepiento, solo que… ¿Y si no soy un buen esposo?

—¡Cállate, Jacob! Lo estás poniendo peor. —Regañó Jasper—. Escucha Garrett, es normal que estés así… hoy cambiará tu vida, pero debes estar tranquilo con eso. Kate y tú están hechos el uno para el otro y, en sentido figurado, ustedes ya son como una pareja casada, hoy solo pondrán un título legalizado a su relación.

—Olvídate de las salidas nocturnas hasta altas horas de la noche… —dijo Jacob, mortificado con la idea.

—Jasper tiene razón —agregó Edward, haciendo caso omiso a Jake—. Ya te lo dije, Garrettcito… solo relájate y piensa que es Kate, la mujer que elegiste hace más de siete años.

—Cambiarás la botella de cerveza por una mamadera llena de leche… —insistió el moreno, Garrett lo miró con miedo.

—Han pasado muchas cosas para estar donde están hoy —siguió Edward, taladrando con la mirada a Jacob—. ¿Recuerdas todas las noches en Londres que me decías que morías de amor por ella y que tenías miedo que ella no sintiera lo mismo? —Garrett asintió—. Estarás casándote en pocos minutos con la mujer de tu vida, la madre de tu futuro hijo y la mujer que amas.

—Nada de dormir noches seguidas, tu nuevo despertador será el llanto del bebé… —siguió enumerando Jacob.

—No le hagas caso —volvió a tomar la palabra mi hermano, Alice tenía una mueca de gracia en su rostro y yo ahogué una risita disimulando con tos—. La vida de casado no es mala, sobre todo cuando lo haces con la persona correcta. Piénsalo de esta forma, comenzaran su propia historia como marido y mujer y, por si eso no fuera poco, tendrán un hijo en poco tiempo. No estés nervioso, hoy prometerás amar a Kate frente a todas las personas que los quieren. Dejarás en claro que Kate te pertenece y que tú le perteneces a Kate.

—Ya no habrá sexo divertido, siempre la misma cosa… tú me entiendes —Jacob le guiñó un ojo, siguiendo con su divertida lista.

—¡Ya para, Jacob! —Bramó Jasper—. Estás poniéndolo más nervioso.

—Solo estoy enumerando las contras, alguien tiene que hacerlo… —encogió sus hombros.

Garrett refregó sus manos en su rostro, me acerqué a él y coloqué una mano sobre su hombro para que, de alguna manera, sepa que nosotros lo apoyábamos.

—Es lógico sentir miedo y nerviosísimo ahora mismo, pero créeme que cuando veas a Kate caminar hacia ti… toda inseguridad desaparecerá y no verás el momento de decir tus votos y que oficialmente la puedas presentar como tu esposa.

Sus hombros se relajaron y me sonrió con ganas, lo próximo que sentí fueron sus brazos estrecharme con fuerza. Le devolví el abrazo con ganas, brindándole apoyo.

—Eres increíble, gracias Isabella-Bella —murmuró en mi oído.

—No me agradezcas nada —contesté.

Los padres de Garrett se acercaron a nosotros y nuestro amigo nos presentó ante ellos. Habían llegado de Londres hace poco y eran seres maravillosos, se notaba a leguas el amor que sentían por su hijo.

—Será mejor que vayamos a nuestros lugares, la novia ya llegó.

Todos asentimos y fuimos rumbo al improvisado pero perfecto altar, donde los novios darían el sí. Edward entrelazó nuestras manos y nos dirigimos en silencio, yo con algo de dificultad por los tacones y el césped, no era una buena combinación.

Besé castamente los labios de Edward y él se dirigió a su lugar, era el padrino de la boda y estaría al lado de su mejor amigo, siendo partícipe de uno de los mejores días en la vida de Garrett. Mi lugar estaba junto a Alice, Jasper, Jacob y la familia Cullen, justo en la primera fila dos lugares después de los padres de Garrett.

—¿Se desmayará? —preguntó Jake, mirando hacia el lado del novio.

—Espero que no… —contestó Jasper, ahogando una risita.

Chist, silencio… —pidió Jane, señalando en dirección a la alfombra acolchonada de flores.

Una suave música comenzó a sonar y todos los presentes nos pusimos de pie, esperando la entrada de la novia. Miré de soslayo hacia Edward y lo vi colocar su mano sobre el hombro de su mejor amigo, brindándole ese apoyo silencioso que estaba segura tanto necesitaba.

Las primeras en aparecer fueron las hermanas Denali, completamente perfectas enfundadas en un hermoso vestido color lila con un listón en sus cinturas de color negro, haciendo juego con sus zapatos. Tanya llevaba el cabello recogido en un complicado peinado, mientras que Irina llevaba su perfecta cabellera rubia suelta con algunos apliques puestos en él, en sus manos sostenían un arreglo de flores lilas y blancas. Sus acompañantes —Laurent junto a Irina y Tanya junto a su primo—, llevaban puesto un traje color negro con una camisa blanca acompañada por una corbata del mismo color que el vestido de las damas de honor.

La música cambió y comenzó a sonar la marcha nupcial de Mendelssohn; junto a la música, apareció Kate luciendo más bella de lo que jamás la había visto, enganchada del brazo de su padre, el señor Denali. Su vestido era más sencillo de lo que imaginé, pero eso no quitaba lo elegante y hermoso que era, su pequeña pero ya notable pancita hacía que tenga un toque especial a su atuendo. El vestido era de un completo blanco, con un escote en forma de corazón, con una tira a cada lado del hombro. Era pegado al cuerpo y solo se ampliaba en la parte de la falda, aunque muy sutilmente. Su cabello estaba suelto, solo lo agarraba una pequeña vincha blanca con algunos apliques y algunos rizos caían sobre su espalda y parte de sus hombros haciéndola ver totalmente angelical y hermosa.

Al llegar junto a Garrett, su padre colocó la mano de su hija sobre la de su yerno y murmuró unas palabras que solo los novios pudieron escuchar. Sentí unos ojos clavados en mí y desvié mi vista hacia Edward, que me miraba fija e intensamente, le devolví la mirada con una suave sonrisa y él me guiñó un ojo.

La ceremonia comenzó y todos hicimos silencio, para escuchar las palabras del obispo. El principal tema era la importancia del matrimonio y la confianza entre la pareja. Cuando el momento de decir los votos en voz alta llegó, se escuchó una sonora respiración por parte de los dos.

—Mi hermosa Kate, sé que tendría que haber preparado algo para leer… pero me temblaban tanto las manos que no fui capaz de hacerlo —se escuchó una risa colectiva, Garrett tomó una profunda respiración y prosiguió—: Nunca imaginé que había una persona destinada para mí hasta que mis ojos se posaron en ti; desde ese primer momento supe que ya no quería nada más, solo a ti. Luché mucho por conquistarte y creo que lo conseguí —sonrió cálidamente y secó una pequeña lágrima que cayó sobre la mejilla de su futura esposa—. Me enseñaste el verdadero significado del amor y ahora también el de la familia —sus manos se posaron sobre el vientre de su amada—. No concibo una vida sin ti, te amo más de lo que las palabras expresan y te prometo que te haré feliz todos los días de mi vida. Te elijo como esposa para amarte con todo lo que soy, hacerte reír en las mañanas, estar contigo en los momentos difíciles y en las alegrías, hasta que la muerte nos separe.

Mis ojos se toparon con dos luceros verdes, no se habían apartado de mí en ningún momento. El rostro de Edward se veía iluminado, con una expresión que no pude descifrar y su mirada era intensamente tierna y misteriosa.

—No sé qué decir… —murmuró Kate y mi atención se posó en ella—. Viajé a Londres con la intensión de estudiar una carrera que me apasiona, jamás pensé que también encontraría al amor de mi vida allí. Caí rendida a tus pies desde el primer día, aunque me hice la dura —sonrió cálidamente y se escuchó un coro de risitas—. Eres todo lo que necesito, Garrett... lo que necesitamos… —posó sus manos sobre la pequeña vida que se formaba en su interior—. Sé que seremos muy felices, porque estaremos juntos en las buenas y en las malas. Te amo tanto que duele, por todo eso te elijo como esposo para amarte todos los días de mi vida y hacerte feliz cada día de nuestra vida, juntos.

Un silencio reinó entre nosotros y el obispo volvió a tomar la palabra para preguntar esa frase que todos estábamos esperando.

—Sí, quiero —contestó solemne Garrett, una vez hecha la pregunta.

Repitió la pregunta y ahora fue el turno de Kate para responder.

—Sí, quiero.

Los nombró marido y mujer y, luego de colocarse las alianzas, el beso esperado llegó. Todos los presentes estallamos en aplausos y más de uno largó una lágrima de emoción. Mis ojos volaron hacia Edward y con sus labios moduló un «Te amo», se lo respondí de la misma forma sintiendo que mis ojos comenzaban a picar por la intensidad de su mirada hacia mí.

Mi cabeza viajó hacia un sueño despierto, nos imaginé a Edward y a mí en la misma situación, prometiéndonos ante todas las personas queridas que nos amaríamos todos los días de nuestras vidas, que nos haríamos felices y estaríamos el uno con el otro tanto en los momentos felices como en los de tristeza, apoyándonos y amándonos sin importar nada más.

Era una fantasía demasiado hermosa y perfecta; aunque muy lejana, no era fácil poder llevarla adelante. Lastimosamente, yo seguía estando casada con un hombre que aborrecía y que no daba indicios de querer otorgarme mi deseado divorcio.

Muchas veces solo quería volver el tiempo atrás, volver a ese horrible día que hizo que mi mundo se cayera a mis pies, alejándome de las personas que mas amaba y quitándolas de mi camino. Si solo hubiese sido distinto, si hubiese sabido lo que ocurriría, nada de esto estaría pasando. Quizás Edward y yo nos hubiésemos casado y nuestra pequeña Carlie nos habría alcanzado las alianzas en el día de nuestra boda, quizás tendríamos una hermosa casa, cercana a alguna playa o a algún parque gigante, quizás tendríamos más hijos… siendo felices, por el solo hecho de estar juntos.

La realidad era otra, nada de eso existía… salvo mi amor puro por Edward y, por alguna extraña razón, él sentía lo mismo que yo, haciéndome sentir amada y deseada… además de brindarme esperanzas y creer que aún había tiempo para obtener nuestra felicidad.

Unos fuertes brazos me rodearon con fuerza y escondí mi cabeza en su pecho, aspirando su embriagante perfume.

—Te amo —susurré, apretándome contra él.

Hizo que lo mirara y sus ojos me desarmaron, tenía su mirada tan brillante y llena de amor que hizo que mi corazón se acelerara y quedara totalmente deslumbrado. Esta vez, sus ojos me veían de una forma muy distinta en comparación a otras veces.

—Eres todo lo que necesito… —respondió en mi mismo tono de voz.

Nuestras bocas como imán y metal se unieron en un abrasador beso. Decían que las bodas ponían sentimental a las personas y, esta vez, no fue una excepción… me sentía totalmente conmovida por el acontecimiento, por desear ser como Kate y Garrett y poder amar a Edward sin ningún impedimento, ni personas aborrecedoras que asechaban por nosotros.

Hicimos el viaje al salón en completo silencio, íbamos en mi auto junto a la familia de Edward. Él sostuvo mi mano en todo el camino, sin soltarme en ningún momento. Al llegar al destino, dejamos que los demás entraran, Edward me sostuvo por la cintura y avisó que iríamos en unos momentos más.

—¿Qué sucede, pequeña?

Me abracé a él, escondiendo mi cabeza en el hueco de su cuello y aspiré su perfume; siempre hacía eso cuando quería que la tristeza pasara.

—Nos imaginé a nosotros en el lugar de Garrett y Kate —murmuré, sin quitar mi cabeza de su escondite—. Si pudiera cambiaría tantas cosas…

—Hey, mírame —colocó dos dedos debajo de mi barbilla e hizo que lo mirara a los ojos. Al hacerlo pude ver una mezcla de ternura y anhelo en ellos—. Yo igualmente nos imaginé allí y, si pudiese, cambiaría muchas cosas también. Pero… Bella, esta es nuestra realidad, debemos luchar por construir ese futuro juntos… ya no tiene sentido que sigamos amargándonos por las cosas que no pudimos hacer en el pasado. Lo importante es que estamos juntos y tenemos mucho camino por delante. Te amo y me amas, eso es lo verdaderamente importante.

Asentí convenciéndome con sus palabras. Él tenía razón, debía tratar de dejar de seguir pensando en las cosas que me hubiese gustado que sucediesen nueve años atrás, ya no tenía sentido volver a amargarme por el destino, después de todo… si tenía que ocurrir de esa manera, debía tener alguna explicación… ¿o no?

Suavicé mi expresión y dibujé una sonrisa sincera en mis labios, Edward me la devolvió con los ojos brillantes y besó castamente mis labios.

—¿Entramos?

—Después de usted, bella dama —hizo un gesto con la mano y me reí de su ocurrencia.

Apenas entramos al interior del hermoso y elegante salón, nos encontramos con Lily y, por supuesto, nos acercamos para saludarla.

—Has hecho un trabajo excepcional, todo quedó maravilloso.

—Aún estoy a las corridas —se rió—. Me alegro que les haya gustado el resultado, la verdad es que yo también estoy bastante satisfecha.

—Eres una gran profesional, siéntete orgullosa de ti misma —nos sonrió cálidamente.

—Gracias, chicos… —suspiró—. Aparte de Adam, nadie me ha dicho eso nunca… salvo mi madre, aunque nunca entendió de qué iba mi trabajo —sonrió nostálgicamente.

Enarqué una ceja.

—¿Es que están ciegos? Eres excelente.

Encogió sus hombros—. No estoy acostumbrada a que las cosas me salgan bien…, estoy hecha para sufrir…

Miró hacia la nada, Edward y yo nos miramos sin entender bien qué quiso dar a entender.

—¡Hey, tú! —Exclamó y me sobresalté—. Deben ser ocho lugares por mesa, has puesto seis… —nos miró con una disculpa en sus ojos—. Debo ir a supervisar, nadie puede hacer nada solo.

No nos dio tiempo a contestarle algo, ya que se había ido en un abrir y cerrar de ojos. Edward me miró divertido.

—Lily es extraña, a veces me pregunto si sufre algún tipo de problemas de bipolaridad.

Rodé los ojos y enganché mi brazo en su cintura.

—Es una buena mujer, le ha tocado sufrir mucho… no debe ser fácil tener a tu madre internada y que no se acuerde de ti o solo lo haga por pocos momentos.

—Supongo que sí… —besó mi frente—. ¿Vamos con los demás?

Al cabo de una hora o más, los flamantes recién casados aparecieron en el salón y todos los presentes estallamos en aplausos y felicitaciones. Ambos estaban que no les cabía la felicidad en ellos y eso era totalmente entendible y justificable.

—Creo que no te lo dije antes, pero estás hermosa Bella —sequé mis labios con la servilleta antes de responder.

—Tú también lo estás, Jane.

Su vestido era de un precioso color verde oscuro, con pequeñas tiras sobre su hombro y largo hasta cubrir sus pies, protegidos por elegantes zapatos de tacón de color beige. Su cabello perfectamente alisado y un maquillaje sutil, marcando sus hermosos ojos y belleza natural.

—¿Sabes? Nunca fui muy aficionada a las bodas, pero debo decir que ésta fue muy emotiva y especial.

—Lo mismo pienso, nos rodea un ambiente cálido.

Nos quedamos en silencio y me reí al ver a Edward bailar con Esme y las caras que el primero le hacía a su madre, haciendo que estallaran a carcajadas en consecuencia. Carlisle los miraba de cerca y sacaba fotos en cada oportunidad que tenía.

—He recibido una nueva oferta de trabajo —murmuró Jane, mi atención se volvió a centrar en ella.

—Felicitaciones… —sonreí—. ¿A qué firma pertenece?

—Amun Malek.

Mis ojos se abrieron desmesuradamente.

—¡Vaya! —tragué pesado.

—Lo sé, aún no puedo creer que me hayan tenido en cuenta… son la segunda firma más importante, luego de… tú sabes.

Asentí y vimos a Alice acercarse a nosotras.

—No sé tú Bella, pero yo iría a marcar territorio… —curvó una sonrisa.

La miré confundida y señaló con su dedo índice hacia la dirección en donde antes se encontraba Edward bailando con su madre, miré a Esme y ahora bailaba con su esposo. Seguí con mi vista en la misma dirección, hasta topar mis ojos con Edward… lo vi todo rojo.

Una rubia escultural, enfundada en un pequeñísimo vestido y unos mega-tacones en sus pies, marcando y acentuando sus kilométricas piernas, estaba muy descaradamente cerca de mi Edward. Aunque no podía ver su rostro, ya que estaba de espaldas a mí, su lenguaje corporal demostraba lo incómodo que estaba, ante la cercanía de esa extraña y voluptuosa mujer.

Sin dudarlo un segundo, me levanté del asiento, escuchando las risas de mis amigas al ver mi reacción, y, en tres grandes zancadas, estuve a su lado. Edward no se percató de mi presencia, pero la imitación trucha de Barbie si lo hizo, me fulminó con la mirada y me miró de arriba abajo.

Abracé a Edward por detrás y le di un beso en el cuello, sonriéndole con suficiencia a la oxigenada.

—¡Aquí estás, amor! —exclamé, lo suficientemente alto para que me escuchara la tipa.

—Gracias a Dios —murmuró Edward en mi oído y me colocó delante de él, rodeándome la cintura con sus fuertes brazos.

La rubia me aniquilaba con sus ojos, no pude evitar reírme disimuladamente de su expresión; le había arruinado su plan, estaba segura.

—No me dijiste que venías acompañado…

¿Fue capaz de decirlo con reproche? ¿Qué se creía?

—De hecho… no te he dicho nada. —Contestó Edward, apretándome contra él.

—¿Necesitabas algo?

—Contigo no estoy hablando —siseó, con voz mordaz. La fulminé con la mirada y apreté mis dientes—. Además fuiste tú la que interrumpió, estábamos bien.

Ah… no, hasta aquí la señora Paciencia.

—Escúchame tres cosas: primero, no había nada que interrumpir. Segundo, no sé quién te has creído para hablarme de esa manera y, tercero, deberías intentar cazar por otro lado, él ya está ocupado, querida.

Hizo un berrinche y se fue refunfuñando por la bajo. Escuché unas risitas detrás de mí y me giré para ver a Edward, totalmente rojo por las carcajadas.

—No sé qué es tan gracioso —me crucé de brazos.

—Eres toda una fiera cuando te pones celosa —se acercó a mí y me estrechó por la cintura, bajando sus manos hacia la piel desnuda de mi espalda baja, cortesía del diseño del vestido.

—No dejaré que cualquier Barbie se te acerque… mucho menos en mi presencia.

—No te preocupes, sabes que las Barbies no son lo mío, solo hay una castaña que me tiene loco y esa eres tú.

—Más te vale… —susurré y no pude evitar reírme por la situación.

Edward negó con su cabeza totalmente divertido y me besó en los labios, cuando sentí los ojos de la oxigenada en nosotros, no lo dudé y crucé mis brazos por el cuello de mi Edward e hice el beso más apasionado, invadiendo su boca con mi lengua y jalando un poco los cabellos de su nuca.

¡Toma esto, Barbie Trucha!

La voz de Kate se escuchó por el micrófono y nos separamos a regañadientes de nuestra interesante sesión de besos. Sentí los ojos de nuestros amigos puestos en nosotros y no pude evitar mantenerme sin reír al ver las caras de Jane y Alice, ambas me mostraron sus pulgares arriba… totalmente orgullosas de mí y de mi manera de echar a la intento de rubia.

Todas las mujeres solteras se colocaron en forma de ronda alrededor de Kate, Alice se acercó a nosotros junto a mi hermano y Jacob.

—No entiendo cómo es que se desesperan tanto por un tonto ramo, como si fuera que eso es el pasaje directo al matrimonio —Jake puso los ojos en blanco.

—Que a ti no te interese, no quiere decir que a los demás tampoco, Jacob —respondió Alice.

—Pero… dime que son lo suficientemente inteligentes para creer que mañana serán las próximas en casarse por atrapar un estúpido ramo.

Nadie dijo más nada, ya que Kate comenzó a contar hasta tres antes de tirar el dichoso ramo. Hizo un amague y las chicas comenzaron a gritar histéricamente, hasta temí por los ojos de una… ya que otra mujer, estiró sus brazos de una manera peligrosa. Al decir finalmente tres, el ramo voló por los aires y todo sucedió como en cámara lenta. El ramo se aproximaba aún más hacia nuestro lado, pasando por alto a todas las mujeres cercanas a la flamante novia. Como si se tratara de algún hechizo o algún estilo de magia, el ramo aterrizó a mis pies… y hasta imaginé que me hacía una mueca, burlándose de mí.

—¡Jooooo! ¡Edward será el próximo en colgarse la soga al cuello! —Exclamó Jacob, totalmente eufórico con la situación.

Mi cara enrojeció de tal manera que estaba segura se habría teñido de violeta, todos los pares de ojos del salón estaban puestos en nosotros —ya que Edward mantenía sus manos enganchadas en torno a mí—. Jane señaló con la vista el ramo y supe que tenía que agacharme y recogerlo, así lo hice... lo tomé en mis manos y lo puse delante de mí.

Giré para ver a Edward y él tenía la misma mueca de asombro que yo, aunque sus ojos brillaban con gran intensidad y sus labios dibujaban una cálida sonrisa divertida.

Kate estuvo a mi lado y me tomó de las manos para hacernos la foto, como se acostumbraba a hacer con la mujer que atrapaba el ramo. Aunque en mi situación, fue totalmente al revés; es decir, el ramo me atrapó a mí, siquiera quería jugar o estaba en la ronda junto a las demás.

—Parece que pronto tendremos una nueva boda entre nosotros, no se olviden de invitar a sus amigos aunque nos mudemos a Londres —murmuró Garrett abrazándome junto a Kate para tomarnos la fotografía.

Cuando el momento embarazoso terminó, volví nuevamente con los demás.

—Eso fue una indirecta muy directa, enana —bromeó Jacob.

Rodé los ojos y dejé el ramo sobre mi cartera; el ritmo de la música cambió y unos acordes lentos y suaves resonaron por todo el lugar, la pista se fue llenando de distintas parejas encabezada por los novios.

—¿Vamos? —miré la mano extendida hacia mí.

Con una sonrisa en mis labios, la tomé gustosa y nos encaminamos hacia la pista de baile junto a los demás. Al acomodarnos en ella, las manos de Edward descansaron sobre la piel desnuda de mi espalda y mis brazos rodearon su cuello.

—¿Ya te he dicho que eres la mujer más hermosa de todas?

—Unas miles de veces, contando desde que salimos del departamento —contesté.

—¿Sabes cuál es la mejor parte? —preguntó, lo miré interrogativamente—. Que eres mía y ahora todo el mundo sabe que seremos los próximos en contraer matrimonio.

Me atoré con mi propia saliva.

—No tomaré esto a la ligera, pequeña y ya estoy imaginando ese día… tú caminando hacia mí, con un hermoso vestido blanco.

—Edward…

—Lo sé pequeña, sé que es pronto para hablar de esto, pero es lo que más deseo y ese ramo… —suspiró y trazó dibujos sin sentido en mi espalda—. No veo la hora de que te deshagas del gorila y podamos estar juntos sin restricciones.

Me elevé de puntitas y acaricié sus labios con los míos.

—Solo un poco más…

Asintió.

—Solo un poco más… —repitió y su boca cubrió la mía con más ímpetu, olvidándonos de todo lo que nos rodeaba y de donde estábamos; solo importábamos nosotros dos.

Aún habían muchos obstáculos por delante, solo deseaba ser lo suficientemente fuerte para poder enfrentarlos.

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Hola, aquí estoy otra vez :)... son tan lindas las bodas, a mí me encantan. ¿A alguien más le gustó Lexie? :3

¿Qué les pareció el capítulo? ¿Les gustó? Si fue así o no, espero sus reviews... son un gran incentivo para seguir :)

Gracias, gracias y gracias por todo el apoyo, de verdad, no tengo palabras de agradecimiento. Lamento si el capítulo tiene algún error, pero no fue beteado... cuando mi beta me pase el capítulo corregido, lo reemplazaré.

Sin más me voy despidiendo, ojalá tengan un excelente comienzo de semana y terminen más que bien el domingo. Nos leemos pronto, o eso espero, todo depende de la Universidad ¬¬

Muchos, muchos besos :*

Si desean pueden unirse al grupo de la historia, donde subo los adelantos de los próximos capítulos. Están todos invitados, anímense no muerdo (todavía xDD): www facebook com/ groups /335389406582045/ (sin espacios y recuerden agregar los puntos), o pueden encontrar los links en mi perfil.

Alie~