Capítulo veinticinco
De hijos y de bienes, tu casa llenes
O, lo que es lo mismo,
Pequeñas sorpresas
Nueva York
A pesar de la inquietud por la que habían pasado todos luego del encuentro con Momo, los minutos se alargaron sin que sucediera nada digno de mencionarse.
Excepto que Máscara Mortal estaba bailando con la hija adoptiva de Dohko de Libra. Shaka enarcó ambas cejas cuando escuchó a Milo comentarle ese detalle a Kamus.
A través del cosmos podía percibir claramente a la muchacha en cuestión. Su alma era una estrella brillante. Resultaba natural que Angello se sintiera atraído por ella como una polilla a una vela encendida. El Caballero de Cáncer no era consciente del detalle, pero Shaka había visto su alma y sabía que, precisamente por haber crecido atrapado entre distintos tipos de oscuridad (cada uno más terrible que el otro), Angello se sentía irremediablemente fascinado por todo lo que implicara luz.
Esa era justo una de las cosas que había tomado en cuenta cuando pensó que podría tener una oportunidad con él. Shaka se conocía a sí mismo perfectamente y sabía que era una presencia luminosa, mucho más que la jovencita china. Pero lo que no había de ser, no sería, y él aceptaba con naturalidad que tendría que conformarse con ser un amigo (quizá, eventualmente, incluso un amigo cercano), pero nada más.
Lo que no era natural era la vaga irritación que sentía al respecto. El Caballero de Cáncer había sido totalmente honesto y no había motivos para resentirse. Y la muchachita (agraciada, sí, como toda quinceañera, pero definitivamente no una belleza) ni siquiera sabía del pequeño drama.
Definitivamente, no tenía la menor idea de por qué Shunrei le caía tan mal, si ni siquiera habían sido presentados.
Cuando Atenea se retiró a su habitación (cerca de la una de la mañana), sus Caballeros de Oro suspiraron aliviados (con todo disimulo) y no perdieron tiempo en enviar a dormir también a los de Bronce (que no en vano eran todavía unos adolescentes). Luego de decidir el primer turno de guardia (Shura y Aldebarán), los restantes quedaron en libertad de dormir también o demorarse un poco más en la fiesta.
Curiosamente, Saga volvió a encontrar a Afrodita en el mismo balcón. Esta vez, en lugar de acodarse junto a él para contemplar la ciudad, Saga se sentó en una silla y contempló a Afrodita.
-No comprendo –murmuró Afrodita, después de un rato de silencio-. Entiendo que me haya confundido con una mujer, medio mundo lo hace… ¿pero por qué asumió que era una… "acompañante"? ¿Es por el maquillaje? ¿Por la forma en que visto?
Saga lo miró de arriba abajo. Siendo honestos, comprendía todavía menos que Afrodita la confusión del paparazzo. Afrodita estaba vestido muy correctamente… y, exceptuando el color inusual de sus labios y la ligera capa de maquillaje (en opinión de Saga, había que ser demasiado observador para notarla con tan poca luz), no había nada que invitara a confundirlo con una mujer, mucho menos con una prostituta, fuera barata o cara… quizá tuviera algo que ver el cabello largo, pero buena parte de los Caballeros de Atenea lo tenían igual o más largo que él, incluyendo al propio Saga. Claro que sus rasgos, tan delicados, no ayudaban en absoluto.
-No es un sujeto muy inteligente –declaró Saga-. Debe haber dicho lo primero que le vino a la cabeza porque eras el que estaba más cerca en ese momento. Lo que me gustaría saber es qué le hizo pensar que éramos pareja.
Afrodita se acercó a él y le dedicó una sonrisa coqueta.
-Elemental, mi querido Saga: eres casi tan hermoso como yo.
Saga resopló, divertido. La personificación de la humildad, sin duda alguna.
Miró de reojo a Afrodita, que ahora parecía perdido en sus pensamientos, todavía sonreía, pero parecía algo triste.
-¿Cómo es Estocolmo? –preguntó Saga.
Afrodita parpadeó con desconcierto.
-¿Estocolmo? Bueno… no se parece a Nueva York. Los edificios no son tan altos… Hay edificaciones antiguas, aunque no tanto como las del Santuario… y más verde y menos contaminación que aquí… el clima es bastante más frío que el de Grecia. No sé… ¿qué quieres saber?
-Yo nunca he estado en una ciudad grande por más de unas pocas horas. De hecho, nunca había estado fuera de Grecia, si descontamos el Hades.
-…¿Y?
-Pero tú sí has estado fuera, ¿no? Viviste en Estocolmo durante cuatro años…
-Tres.
-¿Te gustaba estar ahí?
-Pasé yendo del apartamento a la Universidad y de la Universidad al apartamento, con paradas ocasionales en alguna biblioteca. No puedo decir que haya disfrutado realmente la ciudad.
-Entonces, ¿no la echas de menos?
-No. A veces siento nostalgia de Groenlandia, Nuuk es un sitio encantador; con frecuencia echo de menos el Monte Parnaso; a veces extraño Isla Citeres, ¿pero, Estocolmo? No, a Estocolmo, no. Ni siquiera recuerdo la parte de Suecia en la que nací, porque era todavía un bebé cuando mi padre me llevó con él al Parnaso. ¿Sabes que cuando llegué a Estocolmo por primera vez no sabía sueco?
-¿No?
-Aparte de griego, solo sabía un poco de inglés… y palabrotas en italiano. Angello y yo aprendimos sueco al mismo tiempo y él lo pronuncia mejor que yo, para mi eterna vergüenza.
-Jeh, yo nunca he podido hablar bien lemuriano. A mi padre le molesta bastante eso.
-Ah, sí, te he escuchado intentar hablar en ese idioma.
Entonces… ¿no era la ciudad la que provocaba esa expresión melancólica en Afrodita? En ese caso, podía asumir que sí lo había molestado lo que había dicho el periodista.
O tal vez…
-Afrodita…
-¿Sí?
Era poca la distancia que los separaba en ese momento, Saga alargó ambas manos, tomó las de Afrodita y tiró de él. El Caballero de Piscis terminó sentado en sus piernas, mirándolo con una mezcla de hilaridad y exasperación.
-Oh, no de nuevo –protestó-. Saga, te tengo mucho afecto, pero no es un buen momento en mi vida como para que quieras acercarte a mí y hablarme de amores.
-Eso implica que sí puede llegar a haber un momento adecuado.
La sonrisa de Afrodita se evaporó al tiempo que liberaba sus manos de las de Saga.
-Hay muchas razones por las que dudo que estos intentos tuyos por seducirme vayan a llegar a buen puerto. Para empezar, estoy de luto.
Eso sí logró sorprender a Saga. Había notado que últimamente Afrodita parecía preferir ropa de colores oscuros y que ya no salía a divertirse con los otros inadaptados, pero no había relacionado eso con las señales externas de un duelo formal.
Claro, si Afrodita pensaba seguir las reglas antiguas para un luto, iniciar una relación amorosa durante ese tiempo estaría muy mal visto.
-De acuerdo, esperaré a que termines el duelo –declaró.
-Ah, Saga, pero…
-¿Cuánto tiempo?
-Eh… El trece de mayo del próximo año, pero…
-Entonces, es un trato, esperaré hasta entonces.
-Hum… Pero…
-¿Por quién es el luto?
-Arles…
Un instante después, Afrodita se encontró en el suelo sin saber cómo había llegado ahí.
Levantó la mirada y se encontró con Saga, que lo había dejado caer al levantarse en forma violenta.
-¡¿Guardas luto por él?! –gritó Saga.
Afrodita no pudo responder. Miraba a Saga con expresión asombrada. Los ojos de Saga habían cambiado de color… pero no era el tono de rojo que distinguía a los ojos de Ares.
-¿S-Saga…?
-¡¿Cómo puedes hacerme algo así?!
-¿De qué…?
-¡¿Cómo pudiste traicionarme de esta manera?!
-Pero yo no…
-¡Cállate!
La ira de Saga estaba a punto de desbordarse, pero vio algo que lo hizo detenerse en seco: Afrodita tenía todo el aspecto de estar esperando un golpe.
Con un grito de frustración, Saga alcanzó la puerta en pocas zancadas, cruzó la pista de baile y se marchó. Una vez fuera del hotel, empezó a caminar sin rumbo.
Afrodita pensó que iba a golpearlo. El Caballero de Piscis tal vez no era el más fuerte de los Doce, pero sí era el que conocía mejor a Saga, sus técnicas, fortalezas y debilidades. Si había un miembro de la Orden de Atenea que debería estar en capacidad de enfrentar a Saga de igual a igual, ese era Afrodita… y se había encogido como una criatura aterrada, esperando el golpe sin siquiera intentar protegerse…
Y eso que no sabía lo cerca que había estado de matarlo durante la visión provocada por Leúmnades. ¿Cómo era posible que pudiera intimidarlo al punto de hacerlo olvidar que era un guerrero?
Ixión. Cierto, había visto a Afrodita encogerse así antes: en presencia de Ixión. El orgulloso y terco Afrodita solamente se comportaba así en presencia de su Maestro, y Saga había logrado el mismo efecto por…
…¿Una tontería?
¿Realmente tenía importancia si Afrodita guardaba luto por alguien que en realidad no había existido nunca?
Arles era una personalidad secundaria, una sombra del lado oscuro del corazón de Saga. La parte de él que era un monstruo.
…Y el que Afrodita quisiera honrar eso con un periodo de duelo se sentía como una traición y dolía como una puñalada.
Justo lo que le habría gustado a Arles.
Ares había dicho que había monstruos en los rincones de su mente.
Podía sentir a uno en particular arañando desde su tumba en ese momento.
Cuando por fin logró dejar de caminar, ya parecía cercano el amanecer… y Saga no sabía en dónde se encontraba.
Saori podía percibir claramente la angustia de Afrodita, aunque el Caballero de Piscis se las arreglaba para disimular ante los otros.
Al filo del amanecer, él ya no pudo soportar más la desesperación y fue a buscarla para informarle que Saga había salido sin decir a dónde, y muy alterado.
Ella intentó localizarlo a través del cosmos, pero la tormenta que pudo percibir en el alma de Saga la hizo retroceder alarmada.
-¿Por qué fue que discutieron? –preguntó, sin ocultar ni su sorpresa ni su preocupación.
-No le agradó saber sobre el luto…
-¿Quién está de luto? –preguntó Milo.
-Yo.
-¿Murió alguien de tu familia?
-Preferiría no hablar de eso ahora.
Saori disimuló un bostezo. Estaba preocupada, pero también era una adolescente que estaba cansada y soñolienta.
-Está bien, calmémonos un poco –indicó-. Shion, Afrodita, vengan conmigo. Los demás, regresen a dormir.
-Yo voy contigo –dijo Seiya de inmediato.
-No esta vez –respondió Saori.
-Pero…
-Por favor, Seiya. Te llamaré si hace falta, pero creo que Shion, Afrodita y yo podremos manejar mejor esto.
-Hum.
Seiya no estaba contento, pero no protestó más.
Shion y Afrodita, bastante intrigados, siguieron a Saori hasta otro piso del hotel y la puerta de una suite. Notaron claramente que se comunicaba con alguien por medio del cosmos durante todo el camino, pero no pudieron percibir con quién.
Saori llamó a la puerta y esta se abrió de inmediato.
-Buenas noches, Alteza –saludó Krishna de Crisaor.
-Buenas noches, Shogun del Océano Índico. ¿Kanon…?
-Está vistiéndose –dijo Julián, que estaba cerca de ahí.
Julián y los demás Shoguns estaban reunidos en la sala de la suite, todos en pijamas y con el aspecto inconfundible de haber tenido que despertar bruscamente.
-Lo siento, no pensé que los haría levantarse a todos –dijo Saori, avergonzada.
-No fuiste tú, fue Poseidón –dijo Julián-. Percibió que hablabas con Kanon e insistió en saber cuál era la emergencia.
-Oh.
-Ah, ya están aquí –Kanon entró a la sala abrochándose la jacket.
-Sí, ¿crees que…?
El teléfono de Kanon sonó en ese momento y Saori se interrumpió. ¿"Somebody save me"? ¿No era ese el tema de una teleserie?
Aquello era una locura. No hablaba inglés y ni siquiera podía recordar el nombre del hotel. Jamás en su vida había estado fuera del Santuario más allá de Atenas. ¿Cómo iba a orientarse en esa ciudad de locos, que tenía un bosque completo justamente en medio?
Podía contactar mentalmente a alguno de los otros Caballeros, pero… sería tan humillante…
Entonces recordó que tenía consigo el teléfono. Menos mal que le quedaba esa opción, aunque fuera solo un poco menos humillante.
Llamó a Kanon.
-¿Mm…? ¿Hola? –Kanon contestó al quinto timbrazo, y Saga dedujo que acababa de despertarlo.
-Estoy perdido.
Kanon tuvo que luchar consigo mismo para no decirle que, en su opinión, Saga estaba perdido en más de una forma y desde hacía muchos años.
-Describe el lugar.
-Hay árboles…
-Oh, cuánta precisión.
-…y bancas. Y una estatua de un hombre sentado en una banca con un libro abierto, cerca de él hay un ave que forma parte de la escultura, un polluelo de cisne, me parece.
-Con eso basta. Quédate donde estás e iré a buscarte.
Kanon cortó la llamada. Saori, Julián, Shion y Afrodita lo miraban con extrañeza. ¿Por qué había atendido el teléfono fingiendo estar amodorrado?
-Era Saga. Está en el Parque Central, cerca de la estatua de Hans Christian Andersen. No encuentra el camino de regreso.
No fue demasiado difícil encontrarlo, sentado junto al autor de "La Sirenita" y con todo el aspecto de haber pasado un muy mal rato esperando en el parque en aquella fría madrugada.
Kanon fue el primer en acercarse a él y le pidió con toda naturalidad una explicación… solo que jamás esperó que Saga se la diera. Por cerca de diez minutos, Kanon, Saori y Shion guardaron un estupefacto silencio mientras Saga relataba (no muy coherentemente) su problema con Afrodita.
Cuando terminó, un muy confundido Kanon tuvo que hacer un par de intentos antes de lograr responderle con el tono burlón que empleaba en circunstancias normales.
-Oyéndote hablar así, casi podría jurar que estás celoso –declaró, con la vaga esperanza de recibir una respuesta irritada y una explicación un poco más clara, porque lo que le había parecido entender (que Saga estaba enamorado de Afrodita desde hacía tiempo y que este acababa de rechazarlo) simplemente… no podía ser posible.
-¡Pues sí, estoy celoso! ¡¿Y qué?!
Hasta ahí las posibilidades de que hubiera entendido mal.
-…¿De Afrodita y…? –Kanon enmudeció y Saga se sintió desconcertado al ver que su gemelo palidecía un poco.
-¿Kanon?
Luego de otro par de intentos, Kanon logró articular algo.
-¿Saga, tú…?
-¿Qué te pasa?
Kanon tomó aire y habló con un tono más calmado, aunque sin el toque de burla que habría servido para que Saga no lo tomara en serio.
-Nada. Solo dame un minuto para lamentarme por todos los sobrinos que no podré malcriar y volveré a la normalidad.
Los ojos de Saga se agrandaron con alarma.
-No estaba preparado para conversar contigo al respecto cuando teníamos quince y ahora… Supongo que pude hacértelo saber con un poco más de tacto… -fue el turno de Saga para palidecer al recordar que Shion estaba con ellos y, finalmente caer en la cuenta que acababa de "salir del armario" frente a su padre, su hermano y su diosa. En un parque, cuando apenas amanecía, y en medio de una penosa rabieta. Con un gran esfuerzo de voluntad, se volvió hacia el Patriarca, que estaba junto a Saori y era el único que no lucía sorprendido (otra muestra de su legendario autodominio, sin duda alguna)-. Padre… lo siento… yo no quería que te enteraras así…
-No es ninguna novedad –replicó Shion-. Lo he sabido desde hace años.
-…¡¿Ah?!
-Estoy seguro de que lo supe antes que tú –continuó Shion, con una calma que (ahora podía comprender Saga) no era fingida-. Kanon, deja de exagerar, ¿quieres?, puedo apostar que también lo sabías, o por lo menos lo sospechabas. ¿Sobrinos que no podrás malcriar? ¡Por favor!
-No es lo mismo verlo venir a que te lo confirmen sin anestesia –replicó Kanon, con tono melodramático.
-Sin burlas, Kanon, lo último que necesita tu hermano es a alguien riéndose de él por algo sobre lo que no tiene control.
-Esa es la palabra clave, según veo –respondió Kanon, repentinamente tan serio que era casi imposible distinguirlo de Saga-. Hermano mío, por mucho que ames a Afrodita, no puedes mandar en su corazón ni en su mente. Estar celoso no te ayudará a lograr nada, excepto alejarlo.
-No quiero compartirlo con nadie –admitió Saga, a regañadientes.
-¿Ni siquiera con Arles?
-¡Especialmente con Arles!
-O sea, ni siquiera contigo mismo –apuntó Kanon.
-¡Exacto!
Saori suspiró.
-Arles era su amigo. Siempre estará en medio de ustedes hasta que Afrodita pueda dejarlo ir. Cuando me pidió permiso para iniciar el luto, me pareció una excelente idea, el dolor lo estaba carcomiendo por dentro y pienso que cumplir los ritos lo ayudará a sanar. Deberías seguir su ejemplo y tratar de sanar tú también.
-Hn.
Los otros tres le dirigieron idénticas miradas de sorpresa. Aquel sonido despectivo viniendo de Saga… era casi imposible de creer.
-En serio, Saga. Arles era… otra persona, pero al mismo tiempo era parte de ti y…
-Era un monstruo. No merece que Afrodita lo llore.
-¿Realmente es tan malo que haya una persona capaz de echar de menos incluso a la peor parte de ti mismo?
-Alteza…
-Piénsalo –Kanon le dio una palmada en el hombro-. Si quería tanto a tu lado malo, debe adorar tu lado bueno.
Fue una suerte para Kanon que Shion y Saori estuvieran ahí. De otro modo, Saga le habría respondido con algo mucho más serio que un gruñido.
Los días que siguieron en el Santuario de Atenea fueron terriblemente incómodos y tensos.
Nadie sabía exactamente qué pasaba y muy pocos se atrevieron a preguntar, pero era evidente que había ocurrido alguna especie de conflicto entre el Caballero de Géminis y el de Piscis, que habían dejado por completo de dirigirse la palabra.
Santuario Submarino
Kanon se sentó en su sillón y trató de alejar su mente de todos los problemas que cargaba consigo.
Julián estaba empezando a encontrar aburrido (con toda razón) el juego de engaños que Saori deseaba montar con la familia Kido. Tanto Poseidón como el muchacho eran de carácter más directo y poco dados a juegos de estrategia. Si Saori quería lograr algo, sería mejor que se apresurara un poco.
-Maa!
Abrió los ojos justo a tiempo para ver al dragón blanco trepar por el sillón para acomodarse en su sitio favorito (es decir, el hombro de Kanon). Contuvo la respiración un instante al sentir que las afiladas garras del cachorro le rozaban la yugular. La motora fina de Laosan era sencillamente admirable, eso tenía que reconocerlo. Si el pequeño dragón no fuera tan cuidadoso, ya habría dado muerte unas cincuenta veces a su humano favorito.
-¿Todo bien, pequeño?
Laosan apoyó la cabeza contra el cuello de Kanon y se acomodó de manera que la mayor parte de él quedaba oculta por el cabello del Shogun. Esa era una señal clara de que había algo disgustando al dragón blanco.
Si decidía responder su pregunta, sería a su tiempo, cuando se hubiera calmado. Así que Kanon se resignó a esperar y volvió a hundirse en sus pensamientos.
El chequeo médico de los tres dragoncitos lo dejó con más dudas que certezas.
La mayor parte de sus órganos internos estaban donde correspondía (al menos en dos de los tres casos) y funcionaban bien, pero (como había pronosticado Kuolong y como temía Xian), había diversos grados de hermafroditismo en los cachorros.
El médico indicó que el azul (Laoda) era sin duda un macho, pero su crecimiento era ya notoriamente menor que el del verde (Laoer) y muy probablemente cuando llegara a adulto no tendría el tamaño promedio de un dragón macho. Sus proporciones eran correctas (un gran consuelo) y el médico dijo, restándole importancia al detalle con un encogimiento de hombros, que sería el equivalente de un humano no muy alto.
Preocupaba más el caso de Laosan, quien, aunque ya no era precisamente del tamaño de un gato (pronto sería un serio problema su tendencia a encaramarse en el hombro de Kanon), era el que tenía la menor tasa de crecimiento. Si Laoda iba a ser "no muy alto", Laosan definitivamente sería "muy bajito". Y, por si fuera poco, Laoda por lo menos sería fácil de reconocer como macho cuando fuera adulto, a Laosan resultaría sumamente difícil distinguirlo de una hembra (una hembra bajita, además). Para empeorar el asunto, no era ninguna de las dos cosas. El médico pensaba que quizá, eventualmente, con algo de suerte (no, más bien con muchísima suerte), Laosan podría desarrollar al menos una parte del complicado sistema reproductor de los dragones hembra, pero lo dudaba mucho… y además, no le sería de ninguna utilidad. En ese momento, todo indicaba que el dragón blanco sería completamente estéril y nadie de su raza (macho o hembra) llegaría a sentir el menor interés por él (o ella). "A este, críalo como si fuera humano", había dicho el médico con una dureza que estuvo a punto de ganarle un puñetazo de parte de Kanon, especialmente después de ver que el comentario logró que a Xian se le llenaran los ojos de lágrimas.
¿Quién se creía que era para hablar así? Kanon tenía la firme convicción de que "sus" tres pequeños dragones eran absolutamente perfectos. Si tenía que criarlos lo más lejos posible de cualquier otro dragón aparte de Xian y Feng, perfecto. No tenían por qué escuchar comentarios despectivos.
Unos instantes después se descubrió a sí mismo pensando que debería preguntarle a Afrodita cómo lidiaba con los pequeños inconvenientes que generaba su aspecto andrógino. No solo porque pensaba que a Laosan le vendría bien algo de apoyo cuando llegara el momento, sino también pensando en Laoer.
El negro (la negra, mejor dicho), Laoer, tenía pocas posibilidades de ser fértil, pero era más hembra que macho (ligeramente). Solo que era la más grande de los tres y acabaría siendo una chica demasiado alta y con una severa ausencia de curvas. A ella muy fácilmente la confundirían con un macho y el médico había tenido la poca delicadeza de comentar que no sería para nada atractiva.
Fue un alivio para todos cuando el médico abandonó el Santuario Submarino.
-¿Dragón Marino? –la voz de Xian sonaba inquieta y Kanon abrió los ojos inmediatamente.
-¿Sucede algo?
Xian le indicó con un ademán que mirara a Laoda, quien estaba frente a él. Era divertido el detalla de que ya era más o menos capaz de distinguir expresiones en los dragones. Eso y el lenguaje corporal del dragón azul le dio a entender de inmediato que Laoda tenía algo importante que comunicar.
Laosan siseó y Kanon tuvo la repentina certeza de que lo que molestaba al blanco tenía relación con el azul. Intrigado, permaneció en silencio, esperando una explicación.
Laoda avanzó unos cuantos pasos, se detuvo de nuevo… y empezó a cambiar.
Era notorio el esfuerzo que realizaba. Kanon estuvo a punto de pedirle a Xian que lo detuviera, pero no sabía si eso más bien podría complicar las cosas, por lo que se esforzó por mantenerse calmado.
Finalmente, Laoda logró terminar el proceso y frente a Kanon ya no estaba un dragón, sino un niño humano de unos siete años y grandes ojos verdes, que parecía esperar que él dijera algo.
Laosan siseó de nuevo (un sonido que a Kanon se le antojó despectivo), mientras que Laoer daba grititos de entusiasmo. Xian dejó escapar un suspiro de alivio; no sonrió, pero parecía complacida. Kanon, pasada la primera sorpresa, se sintió todavía más inquieto.
-Xian, me rindo. ¿Qué es lo que está pasando?
Ella tardó unos segundos en responder.
-Quiere que le des un nombre.
-¿Eh? ¿No se llama Laoda?
-"Laoda", "Laoer" y "Laosan" no son nombres. Solo son palabras que indican en qué orden nacieron. Mi gente no da nombre a los cachorros hasta que sean capaces de ganárselos.
-…¿Todo este tiempo los he estado llamando "Primero", "Segunda" y "Tercero"?
-Sí, al igual que el resto de nosotros, ¿por qué te desagrada eso?
-Un nombre es uno de los primeros derechos de un niño…
-No son niños, Shogun, son cachorros.
-…Olvídalo. ¿Cómo se supone que ganen un nombre?
-Depende de cada uno: aprendiendo, combatiendo, mostrando alguna habilidad… Cuando un dragón joven logra algo digno de un nombre, debe presentarse ante los ancianos de su familia y pedir que elijan un nombre para él o ella. Laoda acaba de mostrarnos que posee talento para cambiar de apariencia y quiere que le des un nombre.
-Esta… transformación… ¿tu gente considera que es lo bastante buena como para merecer un nombre?
-Sí, un trabajo muy detallado y está manteniendo este aspecto sin problemas. Si no supieras qué es realmente, ¿sospecharías que no es humano?
-Para nada. Es solo que no se parece mucho que digamos a Feng ni a ti… ¿Se parece a su padre?
-No –Xian desvió la mirada-. Su magia es lo que determina su aspecto, no la genética. Por esa misma razón es que sus ojos son como los tuyos y no como los míos… Tal vez dentro de unos trescientos años pueda "diseñar" la apariencia que vaya a adquirir, pero son pocos los que logran algo así.
-¿Y por qué viene conmigo? ¿No debería pedirle su nombre a Fei?
-Mi padre no está en condiciones de hacerlo y… bueno, ya sabes que Laoda te considera su madre, él cree que te corresponde a ti.
-No sé nombres para dragones… -Kanon estaba empezando a sentirse alarmado-. Y, en cualquier caso, hay personas mayores que yo en mi familia… ¡Claro!
Kanon abrió una puerta a la Otra Dimensión cerca de ellos; Xian retrocedió, sorprendida.
-¿Qué haces, Shogun?
-Si los ancianos de la familia son quienes eligen los nombres de los niños, lo correcto será que acudamos a ellos.
Santuario de Atenea
Mientras Arles fue líder en la Orden, Atenea daba audiencia a sus Caballeros en el Salón del Trono.
Ahora Misty sabía que aquella mujer (más hermosa que las más bellas obras de arte dedicadas a la diosa) no fue en ningún momento más que una ilusión proyectada por el falso Patriarca, un sueño de hermosura perfecta (sospechosamente parecida a Afrodita de Piscis, si uno era lo suficientemente malpensado, y Misty lo era de sobra), pero un sueño al fin y al cabo.
La realidad era un tanto decepcionante.
La oficina en la que tuvo que entrar era elegante (eso no lo podía negar) y moderna (sin duda alguna), pero no tenía nada de la grandeza sobrecogedora del Salón del Trono; y la jovencita de cabello castaño y ojos oscuros ciertamente jamás podría competir en Miss Universo (le faltaban por lo menos 20cm para alcanzar la estatura mínima).
Claro que era demasiado pronto como para juzgar la belleza de la actual encarnación de la diosa (apenas tenía catorce años), pero Misty echaba de menos la solemnidad y la grandeza que se respiraban en el Santuario antes de la llegada de la verdadera Atenea.
En aquella oficina, su ropa y su comportamiento eran anacrónicos. Cuando se arrodilló para saludar a la diosa, se sintió ridículo. Así no había manera de que pudiera obligarse a sentir devoción por ella.
Lo que sentía era fastidio, exasperación y ganas de terminar lo más rápido que pudiera para regresar a sus labores.
-Me mandó llamar, Alteza –declaró, y esperó instrucciones con la mirada baja, no por respeto sino para no tener que mirar la oficina ni a la chiquilla.
-Ah, gracias por venir… Levántate, por favor. Eres mi primo, no necesitas ser tan formal.
No se movió de su sitio, pero la miró horrorizado.
Una cosa era presumir de familiaridad con Saga y llamar "tío" a Shion cuando el Patriarca estaba lejos… en cambio, invocar un parentesco con la diosa…
-Es impropio mencionar eso, Alteza.
-Llamas "tío" a mi padre y "primos" a mis hermanos.
-Para hacer rabiar a Saga, solamente por eso. No podría faltarle el respeto a usted de esa manera.
-…Toma asiento, ¿quieres?
¡¿Sentarse en presencia de la diosa?!
-Eso no sería correcto, Alteza.
-Entonces no es una petición: es una orden. Me fastidia hablar con alguien que está arrodillado y quiero que te sientes. ¿Bien? ¿Qué esperas?
Saori aguardó hasta que Misty se acomodó en el sillón frente a su escritorio y entonces se sentó ella también.
-¿Todos los piscis están tan obsesionados con el protocolo?
-…Águila tiende a seguir las reglas menos al pie de la letra que Afrodita y yo.
-Hum. ¿Puedo llamarte Maurice?
-Su Alteza puede lla…
-Corrijo –interrumpió Saori-. ¿Prefieres que te llame Maurice o Misty?
-…Prefiero Misty.
-¿En serio? –Saori se sorprendió un poco y Misty no tuvo más remedio que seguir el protocolo y aclarar su respuesta.
-Mi Maestra me puso ese apodo porque la primera vez que logré elevar mi cosmos había mucha humedad y acabé creando niebla. "Maurice" es como me llama mi madre cuando estoy en problemas.
-Únicamente la he escuchado referirse a ti como Maurice.
-Y eso resume nuestra relación. ¿De qué desea hablarme, Alteza?
-Son varios asuntos…
Saori le resumió la situación sobre el sello mal creado en la memoria de Saga y que el Caballero de Géminis ignoraba que ella también era hija de Shion y Febe. Misty asintió de vez en cuando y aceptó la instrucción de ser discreto sobre ese último detalle por lo menos hasta que Saga estuviera en condición de recordarlo por sí mismo. Definitivamente no tenía la menor intención de hacer uso del permiso que le estaba dando Saori de llamarla "prima" y tratarla con familiaridad cuando Saga no estuviera cerca, pero no lo mencionó sino que se limitó a agradecer el privilegio con palabras y tono que no la engañaron para nada.
-Y luego está esto –Saori decidió que era mejor pasar a otro tema y señaló los papeles en su mesa.
Era el informe de Misty sobre la formación de las decurias.
-¿Sí, Alteza?
-¿Los Caballeros Negros?
-Estamos tratando de resolver eso. Quise asignárselos a Albiore de Cefeo porque tiene un temperamento muy paciente, pero a él le preocupa (con justa razón) la actitud de dos de sus discípulos hacia el resto de la Orden. Luego del incidente con Pavus y Lotus, llegamos a la conclusión de que es mejor no poner a los Caballeros Negros en una decuria en la que puedan encontrar un ambiente hostil. Su fuerza es inferior a la de los Caballeros de Bronce y tendrían una desventaja injusta si…
-Me alegra ver que lo has meditado.
-¿Eh?
-¡Saori! –Ikki entró sin anunciarse.
-Qué bueno que decidiste acompañarnos.
-Enviaste a buscarme como a un sirviente.
-Sabes que eso no es cierto.
Ikki se dejó caer en el sillón contiguo al de Misty y le dedicó una mirada de enojo al Caballero de Plata cuando advirtió que este parecía escandalizado.
-¿Qué? –reclamó.
-…Nada… -respondió Misty, con un tono que dejaba en claro que estaba pensando lo contrario de lo que decía.
-Tenemos que discutir la situación de los Caballeros Negros –terció Saori, antes de que aquello se complicara.
-¿Qué pasa con ellos? Por mí, pueden largarse cuando les dé la gana.
-Te consideran su líder.
-Solo derroté a su jefe y eso no fue gran cosa. Pelearon bajo mis órdenes cuando les pedí que lo hicieran y se comportaron tan bien como pudieron. Me parece que estamos a meno y me alegrará no volver a verlos jamás.
-No tienen a dónde ir –apuntó Saori.
-Se las arreglarán.
-Son tus hermanos.
-Me importa un carajo.
-Er… Lo de "hermanos" fue metafórico, ¿verdad? –preguntó Misty, que empezaba a desear encontrarse a kilómetros de ahí.
-Fue literal –dijo Saori, sin apartar la mirada de Ikki.
-Oh… Creo que preferirán discutir esto en privado.
-No te levantes, primo –recalcó Saori, todavía sin mirarlo.
Misty, que estaba a medio levantarse del sillón, volvió a sentarse, mortificado.
-¿Puedes ir al grano de una puñetera vez? –exigió Ikki.
-Modera ese lenguaje –advirtió Misty.
-Ah, claro. Olvidé que estoy en presencia de damas.
Misty parpadeó lentamente y se repitió a sí mismo unas cuantas veces que no iniciaría una pelea frente a la diosa.
…Ya habría tiempo para eso después.
-Mi primera idea era pedirte que te hicieras cargo de ellos, como decurión.
-¿Qué diantres es eso?
-Cuando la Orden tiene veinte o más Caballeros de Bronce activos, se organizan en grupos de diez, cada uno bajo la autoridad de un Caballero de Plata. Esos Caballeros de Plata son los decuriones y tienen la misión de dirigir a los Caballeros de Bronce. Misty, aquí presente, es el encargado de asignar los…
-¡De ninguna manera! –exclamó Ikki-. ¡No voy a ser la niñera de esos cinco! ¡Ya tengo suficiente con ser la niñera de Shun y otros ocho!
-Es un alivio para mi atribulado corazón ver que tomas en cuenta a Ichi, Nachi, Geki, Ban y Jabu –replicó Saori, sombría.
-¡Jah!
-Alteza –intervino Misty-. En la historia de la Orden, jamás un Caballero de Bronce ha sido decurión.
-Siempre hay una primera vez para todo.
-¿Por qué no le haces caso a la lagartija?
-Fénix. Solamente el Caballero de Cáncer tiene permiso para llamarme así –Misty estaba empezando a perder la paciencia.
-Si mal no recuerdo, el otro día me estabas buscando pleito con bastante insistencia, la-gar-ti-ja.
-Tenía curiosidad –la voz de Misty empezaba a adquirir tono gélido-. Es mucho lo que he escuchado sobre el Fénix de Bronce como guerrero. Se dice que conoces técnicas mentales que rivalizan con las de la Casa de Géminis. Ahora, sin embargo, mi curiosidad no es sobre las técnicas que dominas o hayas podido desarrollar por tu cuenta, sino acerca de este reporte –Misty tomó una de las hojas de su informe y se la tendió a Ikki, ignorando las cejas enarcadas de Saori-. Por favor, lee el segundo párrafo y dime si esa declaración es correcta.
Ikki miró la hoja y se la devolvió.
-¿Correcto con respecto a qué?
-¿Andrómeda es de signo virgo y Pegaso efectivamente es sagitario?
-Sí, ¿y qué con eso?
-Creí que las fechas estaban mal. Primero de diciembre, ¿eh?
-Sí, esa es la fecha de nacimiento de Seiya, justo como dice ahí.
-Perfecto, entonces. Todo aclarado. Alteza, si le parece bien, creo que ya no necesitamos más de la ayuda del Fénix para terminar de realizar los trámites.
Saori frunció el ceño.
-Ikki, solo para que lo dejemos claro. ¿Renuncias a tu autoridad sobre los Caballeros Negros?
-Sí –gruñó él.
-Entonces, yo los acojo y te agradezco el que hayas sido de utilidad para atraer a mi servicio a los herederos de antiguos enemigos. Puedes retirarte.
-Hn.
Una vez que la puerta se cerró detrás de Ikki, Misty colocó cuidadosamente la hoja donde correspondía, volvió a su lugar en el sillón y esperó. Saori seguía con el ceño fruncido.
-Le diste la hoja de cabeza –dijo ella luego de unos instantes.
-Así es.
-En toda la hoja no había una sola referencia a Seiya o Shun.
-Es correcto.
Saori suspiró, apoyó los codos sobre la mesa y escondió la cara entre las manos durante casi un minuto.
-Ikki no sabe leer –dijo luego, con voz serena.
-Ajá.
-¿Cómo lo supiste?
-Ixión no le enseñó a leer ni siquiera a su propio hijo, tampoco a Afrodita. Ellos dos aprendieron porque Saga se tomó el trabajo de enseñarles. Mi madre ahora está enseñándole a leer a Esmeralda. Simple lógica.
-Tendría que descartar a Ikki como decurión aunque no él no hubiese rechazado el puesto.
-Si él hubiese estado dispuesto, habríamos encontrado la forma de que pudiera hacerse cargo mientras continúa su educación. Mucho me temo que su actitud no es la más adecuada y quizá tenga algo que ver lo descuidada que está su formación académica. La de otros Caballeros de Bronce también deja algo que desear, pero la suya es un caso grave.
-¿Qué otros?
-Bueno, solo uno. Pegaso.
-¿De qué hablas? Seiya es…
-Probablemente uno de los mejores guerreros en la historia de la Orden, sin duda alguna. Me refiero únicamente a su formación académica. Águila tenía solo doce años cuando se le ordenó hacerse cargo y la razón principal para eso fue que era la única japonesa en el Santuario. Mi predecesor consideró que Pegaso estaría más a gusto con alguien con quien pudiera hablar en su lengua materna, y, si bien Águila demostró que es una buena Maestra, no es menos cierto el hecho de que ella misma todavía está estudiando. Pegaso ha estado… dando largas últimamente al hecho de que debe volver a recibir clases y completar sus estudios a pesar de ser ya un Caballero, por lo que, a más tardar en una semana o dos, tendré que llamarle la atención a Águila y quizá asignarle otro Maestro a Pegaso. Eso sería una humillación para ella y no deseo tener que hacerlo.
-Hablaré con Seiya –suspiró Saori-. ¿Los otros ocho?
-No tengo queja al respecto. Todavía no he terminado el informe sobre eso, pero…
-¿Puedes darme un adelanto? –Saori sonrió.
-Creo que Ursa Major y Andrómeda tienen aptitud para la medicina. Aprovechando que el dios Asclepo está aquí, Cefeo y yo hemos estado dándole vueltas a una idea…
-Le preguntaré si puede aceptarlos como discípulos.
-Bien. Dragón y Lobo han expresado un par de veces interés en cursar estudios superiores, pero no han mencionado una especialidad en particular, pienso que en un año o dos, la mayor parte de este grupo de jóvenes habrá dado con su vocación.
-Excelente. Volviendo al tema de los Caballeros Negros… Mi primera opción era Ikki. La segunda eres tú.
Misty se tomó un instante para considerar el detalle de que era la décima o quinceava vez que resultaba ser "la segunda opción"… antes de caer en la cuenta de lo que implicaban las palabras de Saori.
Tenía sus propios planes. Ya había retrasado un año su ingreso a la Universidad de Atenas porque las fechas en las que debía completar los trámites coincidieron con el inicio de la crisis ocasionada por la amenaza de la supuesta usurpadora y sus Caballeros rebeldes. Ahora que tenía una segunda oportunidad y que ya estaba iniciando (de nuevo) sus trámites de ingreso, Atenea le pedía que tomara a su cargo a cinco adolescentes confundidos. Lo más cercano que tenían a un Maestro acababa de renunciar a ellos formalmente; por lo tanto, si los tomaba como decurión, tendría que encargarse no solo de entrenarlos y ayudarlos a encontrar su lugar en la Orden, sino además ser su apoyo emocional, su guía espiritual y velar por su formación intelectual. Trabajo a tiempo completo y mucho peor que si de repente se encontrara convertido en padre soltero… de cinco adolescentes.
Podía irse despidiendo de la universidad.
Por pura fuerza de voluntad, tragó el nudo que se le formó en la garganta y encontró fuerzas como para sonreírle a Saori.
-Será un honor, Alteza.
Saori enarcó una ceja.
-Eres buen actor, primo, pero no suenas tan contento como pretendes hacerme creer.
¿Sal en la herida, además? Misty apretó los labios, frustrado.
-No es exactamente lo que planeaba hacer el resto de mi vida –admitió-, pero…
Saori agitó una mano, como espantando una mosca imaginaria.
-Te ofrezco esto: trabaja un año con los Caballeros Negros, ayúdalos a integrarse a la Orden… y yo me encargaré de que ingreses a la Universidad Visva Bharati dentro de un año. Tienes mi palabra de honor. ¿Eso encaja mejor con tu plan de vida?
La mente de Misty quedó en blanco por un momento.
-¿Visva Bharati? –repitió, incrédulo. Sus ahorros no daban como para permitirse vivir en India durante tres o cinco años. Ni siquiera había considerado la posibilidad de solicitar beca. Era demasiado lejos, demasiado complicado, era solo un sueño de niño…
Saori sacó unos papeles más de debajo de su informe. Misty los reconoció de inmediato.
-Eso…
-Tu ensayo sobre Rabindranath Tagore –confirmó Saori.
Por primera vez en mucho tiempo, el Caballero de Lacerta se sonrojó completamente sin poder hacer nada para evitarlo.
-Tenía catorce años cuando lo escribí –protestó débilmente.
-Y es excelente.
-Si me matriculo en la Universidad de Atenas, no tendría que descuidar mis deberes como líder de los Caballeros de Plata. Asistir a Visva Bharati… tendría que vivir allá, no podría… sería necesario elegir un reemplazo…
-Un reemplazo temporal.
-Incomodaría a todos…
-Se adaptarán. Y nada te impide supervisar el trabajo que realice tu reemplazo. Puedes aprovechar este año para encargarte de los Caballeros Negros y entrenar a tu segundo al mando, de manera que cuando estés en la universidad solo tengas que levantar la cabeza de los libros si ocurre una verdadera emergencia. Dime, Misty, ¿crees que valdría la pena intentarlo?
Él le regaló el raro espectáculo de una sonrisa absolutamente sincera.
-Sí, lo creo.
-Entonces, ¿trato hecho?
-Trato hecho. Empezaré hoy mismo con los Caballeros Negros.
Saori sacó de una de las gavetas de su escritorio un trozo de metal que, extrañamente, parecía brillar por sí mismo. Misty contempló aquello boquiabierto.
-¿Oricalco…?
-Sí. Es mi deseo que los Caballeros Negros realmente sean parte de mi Orden, y me doy cuenta de que será necesario crear un grado aparte para ellos. Encárgate de que este oricalco y también algo de bronce sean integrados a sus armaduras cuando sea hora de repararlas.
-Por supuesto.
Saori lo acompañó hasta la puerta, felicitándose mentalmente por lo bien que había salido esa entrevista en particular, aunque con una nueva (y enorme preocupación) más sobre sus hombros ahora que sabía del problema de Ikki.
Sin embargo, la sorpresa que sintió cuando Ikki fingió leer un texto que estaba "patas arriba", no fue nada comparada a la que experimentó cuando Misty se despidió de ella con un beso en la mejilla.
Quizá este piscis no estaba tan obsesionado con el protocolo después de todo.
Todavía estaba sonriendo cuando sintió el cosmos de Kanon apareciendo de repente cerca de ahí.
No estaba solo, pero quienes lo acompañaban eran completos desconocidos para ella. Caminó apresuradamente hasta uno de los patios interiores del palacio, donde encontró al Shogun del Atlántico Norte en compañía de Shion, Febe, Saga, Geist, Galatea… una mujer, un niño y dos cachorros de dragón.
-¿Que quieres que haga qué? –exclamó Shion, luego de las presentaciones de rigor y de escuchar la petición de Kanon.
-Escoger un nombre para este niño –repitió Kanon, pacientemente.
Shion no acababa de entender qué pasaba. Ya estaba enterado (gracias a Saga) sobre los dragones refugiados en el Santuario de Poseidón, incluso encontraba divertido el que tres crías de esa familia hubieran confundido al Shogun del Atlántico Norte con su madre… ¿pero acaso Kanon estaba tratando de empeorar las cosas?
-Siguiéndoles el juego no estás ayudando a estos niños –advirtió, mirando con desaprobación no solo al "niño" frente a él, sino también a la dragona negra (que continuaba convenientemente refugiada detrás de Kanon) y al dragón blanco (que lo miró desafiante desde el hombro de Kanon y emitió un siseo enojado).
-No es un juego –dijo Xian, con amargura-. Para los dragones es algo muy serio.
-No te preocupes –intervino Saori-. Si Shion no se considera la persona apropiada para escogerle un nombre, lo haré yo.
-Eso sería incorrecto, Alteza –respondió Shion, alarmado-. Les corresponde a los ancianos de la familia el encargarse de algo así…
-O sea, él y Saga –dijo Kanon.
-¡Hey! –protestó Saga.
-Si el Maestro no se siente cómodo, puede hacerlo Saga –continuó Kanon, ignorando a su hermano, como si no estuviera ahí-. Y si Saga tampoco quiere hacerlo, entonces puedo asumir la responsabilidad sin ningún problema, Alteza. Solo vine a preguntar para completar las formalidades, ahora regresaré al Pilar del Atlántico Norte y me pondré de acuerdo con Xian para escogerle un nombre apropiado.
Shion frunció el ceño. Kanon hablaba con tranquilidad, pero a él no se le escapaba el aspecto dolido de Xian ni el gesto abatido de Laoer y el gesto enojado de Laosan. Laoda aguardaba con estoicismo y su expresión era ilegible, pero, a juzgar por lo que dejaban ver su madre y hermanos, el rechazo de Shion debía resultarles humillante.
-Debería ser la familia de su padre la que se encargara de nombrarlos –dijo, mirando a Xian.
-Mi difunto esposo cayó en desgracia ante el Rey Dragón y fue ejecutado como un criminal común. Mis suegros borraron su nombre de los registros familiares para salvarse a sí mismos.
-Pero eso…
-De acuerdo con las leyes y las costumbres de los dragones, mis hijos son menos que huérfanos: ni siquiera existen –la amargura habitual en la voz de Xian estaba teñida además con la rabia que aduras penas podía contener, incluso en las mejores circunstancias.
Shion no pudo evitar pensar en Kanon teniendo que pasar inadvertido durante toda su infancia y sacudió la cabeza. Ahora tenía claro por qué les estaba siguiendo el juego. El gemelo que nunca existió no podía abandonar a su suerte a tres niños que no existían.
-Olvidémonos de los abuelos paternos, entonces. Acércate, niño.
Laoda obedeció y Shion lo miró atentamente. Esperaba dar con las palabras adecuadas al primer intento, porque sospechaba que los otros dos no tardarían mucho en pedirle sus respectivos nombres.
-Bien, pequeño. Vienes a mí por un nombre. ¿Comprendes que se lo estás pidiendo al patriarca de una familia a la que no te une la sangre?
-Sí, señor –respondió el dragón, voz clara y pronunciando perfectamente cada palabra, para sorpresa de Kanon.
Shion sonrió.
-No soy dragón. El nombre que pueda darte no tendrá relación ni con tu raza ni con tu origen. ¿Lo comprendes?
-Sí, señor.
-¿Y estás dispuesto a aceptarlo? Tal vez no te agrade, o tal vez la familia de tu madre no lo apruebe.
-Estaré orgulloso del nombre que elija para mí.
Shion guardó silencio mientras pensaba al respecto. Se daba cuenta de que ese pequeño dragón poseía un alma nueva, recién creada, no era la reencarnación de ninguno de los hijos de Pólux ni de ninguna de las hijas de Cástor, lo cual era algo simplemente extraño.
Los cinco jóvenes que habían sido los herederos de los Tindáridas siempre trataban de volver como hijos de los Caballeros de Géminis, se había dado el caso de que nacieran como primos o como hermanos, quién de los dos fuera su padre no parecía importarle a los Hados en tanto fueran parientes cercanos, así que, dada la relación entre Saga y Afrodita, había asumido en esa vida los cinco serían hijos de Kanon. Y ahora Kanon llegaba con tres hijos adoptivos que no eran Xanto ni Leuko ni Mavros, mucho menos Erse o Koré. Sus nietos tenían planeado saltarse otro ciclo más de reencarnaciones o Kanon iba a terminar haciéndose cargo de una familia absurdamente grande.
¿O al aceptar servir a Poseidón había cambiado su destino lo suficiente como para que las Moiras se vieran obligadas a crear una nueva línea dinástica para él? ¿Qué sucedería entonces con sus nietos?
¿Y qué nombre podía elegir para ese pequeño dragón?
-Los árabes consideran que la constelación de Géminis es parte de una constelación más grande –dijo, finalmente decidido, luego de contemplar el cabello leonado y los ojos verdes de Laosan-. Creo que ese será un nombre adecuado para ti. Eres Asad.
-Gracias, abuelo –respondió Asad, con una sonrisa.
La sonrisa de Shion se congeló por un segundo. Acarició una vez más el cabello de Asad y le lanzó una mirada llena de advertencias a Kanon, que estaba aguantándose la risa con grandes dificultades.
Por supuesto, le había dado nombre al dragón, suplantando el lugar que debería haber ocupado uno de sus abuelos, era lógico (desde el punto de vista de Asad) empezar a llamarlo "abuelo" a partir de ese momento. El manipulador de Kanon se las había arreglado para obligarlo a aceptar en público la adopción de los tres dragones y la propia diosa estaba ahí para ratificarlo. Casi parecía que lo hubieran planeado…
Santuario de Poseidón
-Fue muy amable por parte de tu Maestro el nombrar a La... a Asad –murmuró Xian, trabándose un poco con el nombre griego, cuando regresaron al Santuario de Poseidón.
-No pudo negarse delante de los niños. Si hubiera llegado yo solo a pedírselo, habría encontrado cómo escaparse.
-En cualquier caso, no era su obligación, no es tu padre…
-Xian, ese sujeto estirado que le puso a tu primogénito un nombre que significa "León" es mi padre.
-Ah… ¿Ah? ¿En serio?
Por primera vez desde que la conocía, Xian no lucía enojada, angustiada o tensa, solo… sorprendida.
-¿Y recuerdas al tipo amargado, pero igualito a mí, que estaba con él? Es mi hermano gemelo.
-Eh… eso sí pude deducirlo, pero… no te pareces mucho a tu padre.
-Dices eso porque no me has visto imitándolo. Pero, en serio, ¿de quién crees que heredé esta melena imposible de peinar?
-Hum. ¿Alguna de las damas que estaban ahí era tu madre?
-Sí, y las otras tres son mis hermanas.
Hubo un largo silencio.
-…Toda tu familia estaba presente…
-Así es como debe ser, ¿no?
Xian sonrió. La suya era una sonrisa débil, casi inexistente, pero una sonrisa al fin y al cabo.
-Sí, Shogun, no podría haber sido mejor.
Alrededores del Santuario de Atenea
-¿Todo está listo? –preguntó Algia cuando regresó de trabajar.
-Sí –respondió Antares, que estaba colocando unas tiras de lana en unas ramas verdes. Luego de comprobar que Arturo no estaba lo bastante cerca como para escucharlo, el joven daimon miró a la daimónide del Dolor-. Mañana temprano, Arturo y yo buscaremos a nuestra madre en el Santuario de Atenea.
Continuará
