Saint Seiya: Siguiente Generación.
Fanfic escrito por: Andrómeda
Primera Fecha de publicación: 3 de junio del 2011; para la página de Facebook: Yuna De Águila (Saint Seiya Omega Ω)
Edición: Rankakiu
Disclaimer: Saint Seiya es propiedad de su autor Masami Kurumada; así como de TOEI Animation LTD.
Nota del editor: Muy buenas a los lectores de este Fanfic. Es un gusto dejarles el vigesimoquinto capítulo de Siguiente Generación, escrito por la autora Andrómeda. Sin más que agregar, los dejo con la lectura, esperando sea de su completo agrado. Saludos.
Rankakiu
En el capítulo anterior de Siguiente Generación: De no ser por la oportuna aparición de Aarón, Kimiko de Casiopea habría muerto a manos del Héroe Mítico Orfeo. Aarón le dice a Kimiko que él se encargará de exterminar a Orfeo, a lo cual la santa accede y se retira a ayudar en otro lugar. El encuentro comienza, suscitándose una pelea que poco a poco se inclinó a favor de Orfeo. Mientras, Aquiles, otro Héroe Mítico, se dispone a ir al templo de Libra a eliminar a su respectivo santo guardián; Sofía de Dragón aparece y lo encara para impedirlo. Belerofonte, al parecer ha eliminado a Hakirei de Aries y a Yuuko de Grulla y se dispone a cruzar el templo de Tauro, encontrándose con Aldebarán y sosteniendo un duelo. El santo de Piscis usa sus mejores técnicas y pone a raya a Orfeo por breves instantes. El duelo se intensifica cuando Aarón decide usar sus rosas azules, provocando una enorme emoción en Orfeo…
Siguiente Generación
Capítulo 25: Melodía de espinas (Parte II).
Tras el choque de cosmos de ambas técnicas, siguió una explosión que retumbó por todo el templo del gran toro. Cuando se disipó la nube de polvo, reveló a un Aldebarán con su armadura cuarteada, en especial la zona del pecho donde se hizo evidente una profunda herida que sangraba profusamente. El santo dorado incluso vomitó su sangre y esta fue a dar al suelo, salpicando sus pies. En cambio, Belerofonte no tenía ningún rasguño ni señal de herida. Aldebarán, lejos de rendirse, frunció el ceño, apretó los dientes y encendió su cosmos de nueva cuenta. Sin embargo, antes de ejecutar o moverse siquiera, Belerofonte mandó una poderosa onda expansiva de su cosmos, la cual fue capaz de derribar al corpulento santo, haciendo que su cara diera de lleno contra uno de los pilares que sostenía el templo. El impacto fue tan brutal que terminó por destrozar por completo dicho pilar, junto con su casco y sus hombreras, dejando a Aldebarán fuera de combate.
Belerofonte contempló al derrotado caballero con una mirada de menosprecio. Después le dio las espaldas, marchándose de ahí y reiniciando su camino, ahora dirigiéndose al templo de Géminis.
A Aarón le dolió el percibir que el cosmos de su amigo y compañero Aldebarán de Tauro se desvaneciera en su totalidad. Había caído un santo dorado más. Cerró los ojos en un intento de reprimir sus lágrimas. Era cruel, pero necesario, ya que tales sentimentalismos le estorbarían en su batalla contra el Héroe Mítico Orfeo. Ya le presentaría sus respetos a sus compañeros caídos cuando terminara esta Guerra Santa. Abrió los ojos, recuperando su ferocidad de combate.
—Orfeo, no saldrás vivo de aquí, ¡y Ares será vencido! —Dijo Aarón con firmeza, mientras en su mente lograba escuchar una tenue pero bella melodía, aunque no podía distinguir con precisión cual instrumento musical era el responsable.
—Muy optimista Aarón, ¡pero solo es un sueño utópico! —Orfeo respondió, al mismo tiempo que comenzó a tocar su lira. — ¡Tocare tu réquiem de tumba! ¡DEATH…!
— ¡Esa técnica ya no te funcionará! — Exclamó Aarón, guardando sus rosas azules y sustituyéndola por una rosa blanca. — ¡Esta será la última rosa que verás! ¡BLOODY ROSE! —Expulsó su cosmos, lanzando la mortífera rosa blanca, impidiendo así que el Héroe Mítico tocara su lira. Orfeo se concentró en la crítica situación en la que se encontraba, primero teniendo un rostro de severa seriedad y después sonriendo con alevosía por unos instantes, mismos que no pasaron desapercibidos para Aarón, dejándolo confundido.
— ¡DIVINE MELODY! —Exclamó el guerrero del dios Ares, subiendo de súbito su cosmos y ejecutó una nueva pieza musical, cuyas notas consiguieron deshacer la rosa en mil pedazos.
— ¡¿Qué?! —Exclamó Aarón, horrorizado de ver como una de sus máximas técnicas era detenida con una facilidad insultante.
La música de Orfeo tuvo en Aarón un efecto similar a las otras melodías, aturdiendo su cuerpo, aunque aún podía moverse con cierta libertad. De pronto, de la lira de Orfeo salieron cientos de cuerdas que se dirigieron a Aarón a una velocidad monstruosa. El caballero apenas logró esquivarlas moviéndose a un lado, solo para aumentar su horror al descubrir que dichas cuerdas lo perseguían, como un perro de caza a su presa. La segunda vez que intentó esquivarlas al saltar hacia las alturas, no tuvo suerte, ya que un par de ellas logró sujetar con una fuerza de hierro su muñeca y tobillo izquierdos, tumbándolo al suelo.
El resto de las cuerdas consiguieron atraparlo cuando se puso de pie y empezaron a estrujarlo sin piedad alguna. Orfeo tocó sus últimas notas y las cuerdas adquirieron un brillo anaranjado, para después desencadenar una explosión de cosmos que mandó a Aarón hacia arriba, hiriéndolo de gravedad y cuarteando su armadura, además de que las hombreras derechas desaparecieron por completo. Recibido el ataque, Aarón cayó de bruces al suelo dejando un hueco profundo con la forma de su silueta.
Sofía no podía creerlo. Aquiles había detenido otra vez su ataque con una sola mano. El Héroe Mítico miró réprobamente a la santa del Dragón, negando con su cabeza. Aquiles solo le bastó con darle un golpe a la amazona, usando el puño de Sofía, y de esta manera devolverle la técnica en su contra. La amazona salió disparada con una fuerza enorme y terminó por chocar de espaldas contra una gran roca a la cual dejó un hueco con la forma de su silueta. La tiara de la armadura de Dragón se quebró en pedazos, y después Sofía cayó contra el suelo duro.
—Eres muy débil niña, —espetó Aquiles con una mirada seria, —aún no puedo entender como Ulises pudo perder contra alguien como tú.
— ¡No… dejare que… mates a mi maestro! — Dijo Sofía, incorporándose difícilmente. — ¿Por qué?—Preguntó quedamente, temblando a causa de sus heridas. — ¡¿Por qué quieren matar a mi maestro?! —Exclamó de forma inquisitiva, concentrando su cosmos y dejando de temblar.
—Ares quiere destruir todo el Santuario y toda posibilidad de que se levante después de esta Guerra Santa; y los mejores candidatos para Patriarca son los santos dorados de Libra y Acuario. Esa es mi razón. —Explicó sin mayor emoción.
Sofía de Dragón se indignó de sobremanera al escuchar semejante respuesta.
— ¡Maldito!— Exclamó la santa de cabellos negros, enfadada, encendiendo su cosmos lo más que pudo. — ¡ROZAN SHO RYU HA! —Sofía volvió al ataque, expulsando una gran cantidad de energía cósmica que se materializó en un rabioso dragón de esmeralda y jade. Sin embargo, esta vez Aquiles ni siquiera tuvo la necesidad de detener el ataque como las anteriores veces. Simplemente esquivó al dragón de una manera poco usual: por unos instantes se rodeó de un aura que hizo su cuerpo intangible, puesto que la técnica pareció traspasar su cuerpo sin que hubiera un choque de masas o que atravesara de forma violenta su persona; de forma sencilla el dragón siguió su trayectoria, como si un hubiera un enemigo en medio de su camino. La técnica terminó por chocar contra varios árboles, derribándolos y convirtiéndolos en grandes astillas.
—Es inútil, ninguna técnica puede traspasar mi defensa. —Agregó el Héroe Mítico, volviéndose tangible otra vez. Sofía torció la boca, mostrando frustración.
—"Ahora lo recuerdo, —pensó la chica —este tipo puede esquivar técnicas a último minuto… la Defensa Divina." —Se dijo mentalmente.
Belerofonte llegó sin interrupciones a las entradas del templo de Géminis. Si bien quiso detener a Orfeo de matar a Aarón –siendo un trabajo que le correspondía a él– al final decidió dejarlo por la paz. Si su compañero ganaba, ya arreglaría cuentas con él. Si Aarón se llevaba la victoria, se hacía necesario atraer su atención y que mejor manera de lograrlo que llegando hasta la cámara del Patriarca, en donde el Héroe Mítico acabaría con esta Guerra Santa, dándole muerte a Athena. Con ese plan en mente es como siguió recorriendo los doce templos.
—Ahora tengo que ir con la misma Athena, —se dijo a si mismo Belerofonte en voz alta, mientras entraba al templo de Géminis, —para saber por qué lo hizo. — Su suposición de que el caballero que custodiaba la casa de los gemelos haría acto de presencia para detenerle no estuvo errado. Yamil apareció desde la oscuridad del templo, iluminando los interiores con su cosmos radiante de oro.
—Así que tú eres el Legendario Héroe Belerofonte. —Expresó Yamil de Géminis, caminando hasta que quedó frente a frente a su adversario, mientras que al mismo tiempo seguía elevando su cosmos de forma impresionante. A pesar de que Belerofonte le llevaba dos cabezas de altura, Yamil no se amedrentó. — ¡Pero no importa que tan fuerte seas, no pasarás de aquí! —Amenazó.
—Tus compañeros de las anteriores casas me dijeron lo mismo y fallaron. —Replicó Belerofonte. —Nosotros somos Héroes Míticos, somos seres que hemos dejado de ser humanos y hemos trascendido al estatus de legendarios por nuestras acciones heroicas. —Dijo Belerofonte sin inmutarse ante el gran cosmos de Yamil.
—Qué bonito cuento, pero esa no es razón suficiente para asustarme. —Yamil tomó una postura de combate, concentrando su cosmos en su mano derecha para desplegar una técnica potente, y demostrando una resolución de pelear e incluso de morir junto al Héroe Mítico, todo para que no llegara con su amada diosa Athena.
—Te lo advertí…—Belerofonte solo cerró sus ojos y quemó su cosmos para acabar con esta absurda pelea lo más rápido posible.
Orfeo dibujó una sonrisa de amplia satisfacción al ver el cuerpo humeante de Aarón y el santo dorado no daba señales de levantarse, aunque a juzgar por el débil pero consistente cosmos de Aarón, supo que aún estaba vivo, sin embargo con ese último ataque, el Héroe Mítico dudaba de la sobrevivencia de su oponente. Decidió dejar que sus últimos momentos de vida los pasara en esa agonía.
—Debo decir que fue un honor volver a pelear contra ti, Aarón. —Dijo Orfeo con un gesto arrogante y sus ojos brillando de alegría desbordante por su victoria. Se dio media vuelta para marcharse y dejar al santo a su suerte. —Pero aquí ya se definió todo: ¡soy el mejor! ¡Ahora a Ares-sama no le quedará ninguna duda! —Dijo, riendo a carcajadas. Finalmente su sueño lo había cumplido.
Aarón tenía la sensación de que sus fuerzas estaban desapareciendo. Pero no fue nada comparado con el sentimiento de estar perdiendo su fuerza de voluntad para vivir.
—"¿Volver a pelear?" —Pensó Aarón ante las palabras dichas de su enemigo. ¿Acaso ya había peleado contra él antes, en una vida anterior? —"Maldición, otra vez esta confusión". —Aarón cerró sus ojos, rindiéndose lentamente. — "¿Mi réquiem comenzará ahora? ¿O he muerto sin haber escuchado tan hermosa melodía?"—En este punto, su conciencia comenzaba a desvanecerse. —"Sharon… me hubiera gustado verte por última vez". —Con ese último pensamiento, ya se encontraba listo para morir, sin embargo y de repente, el santo comenzó a escuchar una magnifica y hermosísima melodía, una pieza musical que jamás, en su vida de caballero dorado, había escuchado. — "¿Que esta melodía? No es un violín…"—Calló por unos momentos sus pensamientos para distinguir el instrumento musical. — "¡Claro! ¡Es un piano! ¡Es una melodía realmente bella!" —Tras haberla escuchado, Aarón reaccionó, recuperando su voluntad de vivir y sobre todo, sus esperanzas. — "¡Y es mi melodía!" —Concluyó, cerrando sus puños y abriendo los ojos intempestivamente. Esta vez el dolor había desaparecido por completo. Su cosmos se elevó de súbito, brillando con más intensidad que nunca y se reincorporó con gran gallardía. Sus ojos adquirieron una expresión determinada, de alguien que maneja y administra su destino, dueño de sí mismo. Estaba claro ahora que el combate aún continuaba.
Orfeo, ante la repentina expulsión de cosmos, volteó a ver a Aarón, a quien ya creía derrotado. El verlo levantado con un valor inquebrantable le aterrorizó por unos breves instantes.
— ¡Piscis! —Orfeo abrió sus ojos en sorpresa, mientras Aarón caminaba hacia él. — ¡Deberías haber muerto, esta era mi melodía máxima!—Agregó, mientras, involuntariamente retrocedía unos pasos.
—Tu melodía es poca cosa. —El comentario del santo hirió el orgullo de Orfeo, quien frunció el ceño y soltó un gruñido de furia. —Ahora la escucho… una melodía, proveniente del piano. ¡Mi melodía! —Exclamó Aarón, elevando aún más su cosmos. Orfeo se preparó, quemando su cosmos y preparando su lira al punto.
—Recordar algo tan vago como eso no te ayudará, ya que yo tengo la llave de tus respuestas. —El guerrero de Ares sonrió, ocultando con sutileza su miedo repentino.
— ¡Entonces recuperaré esa llave! — Exclamó el santo de Piscis, dirigiéndose hacia Orfeo con una gran velocidad que dejaba una fina estela de polvo a su paso. — ¡Esta es mi verdadera melodía! ¡JET! —Vociferó con todas sus fuerzas, acumulando su potente cosmos en su puño derecho.
— ¡Este golpe…!—Orfeo no pudo terminar ni defenderse debido a la velocidad impresionante de Aarón ya que recibió de lleno el puñetazo en su barbilla. El Héroe Mítico no solo sintió la tremenda fuerza física del golpe, sino también una presión titánica alrededor de su cuerpo; y debido al golpe, el músico fue lanzado directo a los aires a una altura considerable. Orfeo solo alcanzó a gritar, mientras su casco se hizo trizas.
El templo de los gemelos se cimbró e inmediatamente después hubo una explosión de energía que lo derribó por completo. Aún había nubes de polvo elevándose desde el suelo, cuando Belerofonte apareció, victorioso. En su mano izquierda sostenía a Yamil de su cabello, con muchas heridas en forma de puño en su torso y su armadura agrietada, incluso con algunos grandes fragmentos de metal faltantes. Belerofonte dio unos pasos, arrastrando consigo al santo dorado de Géminis y luego sin más, el Héroe Mítico lo arrojó sin mucho esfuerzo, lejos de él, como si de un objeto inservible se tratara.
—Ese santo de Géminis tenía razón. —Dijo Belerofonte caminando hacia el templo de Cáncer, mientras un hilo de sangre aparecía en su frente, reconociendo el poder y valía de Yamil de Géminis. —Pero aún le falta mucho por aprender; yo he vivido 193 años.
Sin embargo, Belerofonte percibió algo inesperado, lo que le obligó a detener su marcha momentáneamente. Volteó su cabeza hacia la izquierda, y cuya dirección apuntaba hacia las barracas de las amazonas, el lugar de la batalla de Orfeo contra Aarón. Aun cuando mantenía su rostro sereno e insondable, abrió los ojos por la sorpresa.
—Imposible… esta técnica…—Belerofonte pensaba lo peor en ese momento y lo reflejó con una gruesa gota de sudor, recorriendo su sien.
—"Imposible, ¿acaso él…?"—Pensó Heracles, observando hacia la misma dirección que Belerofonte. No obstante, sintió una presencia que le resultaba familiar, acercándose hacia él. Se ocultó en un pilar tan ancho como alto, pero no por cobardía, sino para evitar una pelea más que inútil, ya que tenía un asunto pendiente que resolver con cierta persona.
—Ese idiota ya se había tardado… ¿pero habrá recuperado todo? —Se preguntó Ícaro, cruzándose de brazos y mirando el oscuro cielo.
Aquiles había detenido con efectividad el puño de Sofía de Dragón por enésima vez. —"¡Hum! Ya falta poco para que la Promesa se cumpla". —Pensó, mirando, al igual que sus demás compañeros, hacia las barracas de las santas. La desviación de su mirada no pasó desapercibida para la chica de cabellos negros, quedando confundida por la acción de Aquiles.
Orfeo finalmente cayó al suelo de cabeza, dejando tras de sí un enorme cráter asimétrico. El músico no dio señales de levantarse pronto y el santo de Piscis quedó muy pasmado por la ejecución de su nuevo ataque, así como de su magnitud. Se quedó contemplando su puño derecho, el cual luego abrió. — ¿Que es esta melodía? Acaso… ¿será cierto lo que me dijo Maha-san? —Se preguntó, mientras le daba vueltas a su mano.
Los pensamientos de Aarón pronto fueron interrumpidos por Orfeo, el cual se levantó de inmediato, expulsando una gran cantidad de cosmos que desató una pequeña explosión, haciendo las dimensiones del cráter más grandes y que levantó piedras y nubes de polvo. El Héroe Mítico tenía una cara llena de odio e ira.
— ¡No creas que esa técnica me acabará, no de nuevo! —Exclamó Orfeo furibundo. Cada paso que daba, en realidad era un pisotón que desmoronaba el suelo terreo alrededor de su pie. — ¡Debo darte fin ahora! — Volvió a encender su cosmos, listo para tocar su mortífera lira. — ¡Esta melodía es la última que escucharas! —Prometió, vociferando con ardor. Aarón respondió elevando sus cosmos y concentrando su defensa.
Akuma de Cáncer vio, desde las entradas de su templo, como Belerofonte subía las escaleras con total calma. Sus compañeros habían fracasado, según su criterio, por ser tan débiles. Era su momento de brillar y demostrar su superioridad sobre los demás.
— ¡Hum! He escuchado algo interesante. Has penado durante muchos años. Un alma que debió morir hace mucho tiempo. ¡De eso me encargaré! —Dijo el santo de Cáncer, cuando a Belerofonte solo estaba a unos cuantos escalones para que entrara al cuarto templo. Akuma desplegó su capa con una mano, y el viento se encargó de hacerla ondear.
El Héroe Mítico detuvo su marcha. Otra batalla inútil se acercaba y a él no le quedaba más remedio que vencer humillantemente a sus oponentes. Adjudicarse una cuarta victoria no le motivaba, no cuando sus oponentes eran unos alfeñiques que ni siquiera valían la pena de alzar su puño.
— ¿Quieres sufrir lo mismo que tus compañeros? —Preguntó Belerofonte sonriendo con arrogancia, esperando disuadir al santo del cangrejo de combatir.
—No me subestimes. Yo soy el gran Akuma, un piadoso que manda las almas al inframundo. — Dijo el santo de Cáncer, sonriendo sádicamente. — ¡Y la tuya será la siguiente! —Aseguró con una sonrisa cruel que se amplió por todo su rostro.
—Ya he vuelto del inframundo y estoy aquí por voluntad divina, algo que tú no puedes negar o destruir. —Aclaró, quemando su cosmos.
—Ya lo veremos…Dijo Akuma, quien concentró su cosmos y señaló al héroe con la punta de su dedo índice. — ¡SEKI SHIKI MEKAI HA! —Exclamó, creando una espiral de ondas que el Héroe Mítico no se molestó en esquivar. Jugaría con el santo dorado en sus propios dominios.
Aarón comprendió la necesidad de contraatacar antes de que Orfeo tocara su lira, así que de forma veloz se lanzó al ataque y para ello cargó su cosmos en su puño derecho. Pero el santo de Piscis estaba por cometer un grave error.
— ¡JET! — Exclamó el santo, cometiendo el error de usar la misma técnica dos veces para alegría de Orfeo, y como era de esperarse, El Héroe Mítico esquivó su ataque, usando una velocidad mayor a la de su oponente y ladeándose de tal forma que ambos, por unas milésimas de segundo, quedaran de espaldas. — ¿Qué…?—Aarón se mostró sorprendido.
— ¡No me volverás a dar con esa técnica! ¡REQUIEM! —Orfeo contraatacó con más tino, tocando ferozmente su lira y cuya música paralizó el cuerpo de Aarón por completo. Esta vez no salieron cientos, sino unas decenas de cuerdas que, en vez de atrapar y estrujar, atravesaron la armadura, piel y músculos de Aarón y muchas de estas cuerdas se concentraron particularmente en su torso. Las ondas sonoras de la melodía viajaron por las cuerdas, introduciéndose en el cuerpo del desventurado santo. Los efectos fueron terribles, causándole a varios órganos una hemorragia interna, junto con el hecho de que la música también dañaba la armadura de Piscis.
Aarón gritó de sufrimiento, sangrando profusamente por la boca. Luego de terminar su melodía, las cuerdas salieron del cuerpo del santo de forma salvaje y rápida, seguramente causando cortes internos. Para finalizar, Orfeo expulsó una onda expansiva que repelió a Aarón violentamente, lanzándolo muy lejos de él. El dorado terminó por caer de espaldas hacia una pequeña pradera de flores. Orfeo caminó hacia él para ver si ya había muerto en efecto. De no ser así, simplemente le daría el golpe de gracia y finalmente el ganaría la contienda. El Héroe Mítico se relamió los labios, sonriendo con crueldad, de tan solo pensar en la victoria. Cuando estuvo cerca de Aarón, comprobó que el santo aún respiraba de forma lenta y pausada. No le quedaba mucho tiempo de vida, pero aun así no estaría dispuesto a correr el riesgo.
—Tu cuerpo está sumamente herido. Ya deberías haber muerto con esta técnica. —Dijo Orfeo., haciendo una mueca de desagrado y desconcierto.
Idalia de Fénix llegó con una llamarada espectacular, a un lugar abierto, cubierto en su mayoría por un pasto frondoso que llegaba hasta sus tobillos y ruinas que alguna vez fueron orgullosas construcciones de estilo griego. Alrededor de ella quedó un círculo, hecho de cenizas de pasto, con algunas pequeñas flamas que seguían ardiendo. Ese era el lugar en donde también estaba Heracles, escondido. Se quedó quieta unos segundos y después se volteó, viendo hacia unas ruinas en particular y decidió hablarle a su oponente.
— ¡Sal de tu escondite, maldita rata! —Exigió altivamente la amazona.
Heracles reconoció a la dueña de tan singular voz. Para él era perfecto que la situación se desarrollara así, ya que no tendría que buscar más a la persona con la que tenía un asunto pendiente.
— ¡Hum! Apenas sentiste mi presencia sólo por qué pensé en voz alta. —Dijo Heracles, saliendo de su escondite a paso firme, revelándose ante la santa.
— ¿Así que eras tú quien está aquí? Yo no tengo nada que ver contigo; quien mató a tu hermano menor fue Selenia. —Dijo Idalia, que poco a poco se le escapa de sus manos el control de su ira.
—No vengo por lo de Perseo, vengo por un asunto más importante. —Respondió Heracles, quien al igual que Idalia, no podía contener su furia.
Idalia quedó un poco perpleja. ¿A qué se refería Heracles? De pronto la respuesta le llegó a su mente, recordando que si Selenia había peleado contra Perseo, ella había peleado con la guardiana de Belerofonte…
— ¿Hipólita?—Preguntó en un hilo de voz que desafortunadamente si alcanzó a escuchar el Héroe Mítico.
—Así es; ¡debo de acabarte con mis propias manos! —Contestó Heracles, elevando su cosmos y también con ello encendiendo más su llama de venganza, demostrando con ello su interés de acabar la pelea de un solo golpe.
— ¡Tú no eres mi objetivo! —Alegó la amazona del ave inmortal, casi gritando. — ¡Debo de acabar con Deimos, no contigo! —Exclamó altaneramente. Idalia concentró su cosmos. Su instinto le decía que por más que intentara, era imposible convencer al Héroe Mítico de quitarse de su camino. Desde el principio fue una pelea inevitable.
— ¡Eso no me importa!—Gritó coléricamente, expulsando una onda expansiva de cosmos que creó una ráfaga de viento que se desvaneció a los pocos segundos, producido por el efecto de chocar su puño contra su palma, como una manera de mostrar su fogosa rabia. ¡Ni Ares-sama, ni Deimos-sama! ¡Sólo quiero que pagues la muerte de la persona más importante para mí! ¡GALACTICA EXTENSION! —Exclamó Heracles, juntando ambas palmas y después extendiendo los brazos, revelando una energía concentrada en sus manos, con la forma de un ovalo muy alargado.
— ¡¿Qué…?!—Idalia se mostró más sorprendida por las palabras de Heracles, que por su técnica.
— ¡No he podido traspasar esa Defensa Divina! —Exclamó Sofía, desesperada de que sus intentos hayan sido ineficientes.
La amazona del Dragón estaba jadeando de cansancio y su frente empapada de sudor. Ya había perdido la cuenta de cuantas veces atacó al Héroe Mítico, y todos esos intentos tenían un punto en común: habían sido en vano. Aquiles no había recibido un solo golpe y ni un solo rasguño o cosquilleo. En verdad su Defensa Divina era altamente efectiva y de temer.
— ¿Ya te diste cuenta que es inútil? —Preguntó Aquiles dando un par de pasos, lo que obligó a Sofía a retroceder. —Muy pocos han podido ver a través de ella, entre ellos están los otros Héroes. —Explicó. — ¡Así que entiende y déjame pasar! —Comenzó a elevar su cosmos. — ¡O sufre el mismo destino que tu maestro!—Agregó, preparándose para atacar y terminar con ella de una vez por todas.
—"Este cosmos… es fuerte". —Reflexionó Sofía en mente al sentir el increíble poder de Aquiles. —Pero no solo eso… existe un brillo dorado en él, como si antes fuera una persona de corazón puro". —Pensó, viendo en su mente un aura dorada en Aquiles que manifestaba melancolía. De repente, su mente se nubló con una neblina de turquesa y negro amalgamados. La neblina fue disipándose poco a poco y la santa del Dragón descubrió que se encontraba en un dojo, hecho totalmente de madera y claramente en un espacio cerrado, cuya ubicación seguramente era al lado de un hogar. En el Shomen (1) del dojo, se encontraba el Kamidana (2) que contenía una estatuilla de dragón, cubierta por láminas de oro, además de que en la pared del Kamidana había varios pergaminos que contenían numerosos caracteres japoneses en romanji que decían palabras como "Disciplina", "Sabiduría", "Dominio" y "Perfección". Al lado izquierdo de la estatuilla, se encontraba un estante que servía de sostén a varias katanas, junto con sus respectivas wakizashi (3), formando así tres pares del conjunto daisho (4). Parecía experimentar un sueño, aunque más bien se tratara de una visión.
—"Aquí es Japón, pero es diferente a como luce ahora."—Dijo Sofía, dando unos pasos en el dojo. — Imposible, ¿es el pasado?" —Se preguntó, ya que dojo lucía con las características del Japón antiguo. Enseguida, escuchó un golpe, seguido de unos sollozos y por instinto se enfocó en el origen de los sonidos. Visualizó a un hombre vestido en kimonos de entrenamiento, de físico delgado pero fornido, de cabello muy corto y en color negro, ostentando una mirada demasiado severa, producto de una combinación de férrea disciplina y enorme decepción.
— ¡Levántate, Kazuki! —Ordenó con dureza aquel hombre, dirigiéndose a un niño, no mayor de doce años, e igualmente ataviado con kimonos de entrenamiento del arte del kendo. El niño era una versión más afable y en miniatura del hombre severo.
— ¡Pa… padre… ya no quiero! —Expresó el niño agotado gimoteando y pronto no contuvo sus llantos y lágrimas. — ¡No me gusta esto! —Dijo con frustración y dando un puñetazo al suelo de madera.
Su padre no se lo tomó nada bien. Se acercó a su hijo y le soltó un golpe en plena cara, luego lo tomo de una de las mangas de su kimono y le obligó a pararse para proseguir con el entrenamiento.
— ¡Cállate y continua! —Exclamó el hombre, alzando aún más la voz y empujando a su hijo como si fuera algo desagradable de tener en sus manos.
—"Imposible… ¿acaso este es…?"—Sofía estaba incrédula ante la escena que se desarrollaba ante su presencia. Tras esa extraña visión, todo volvió a negro en su mente, y la santa del Dragón volvía a sentir y escuchar el ambiente de la batalla del Santuario. Había regresado a la realidad.
—"¿Acaso era Aquiles? Suena ridículo…"—Meditó Sofía en pensamientos. Aquello no podía ser posible.
Pero cometió un error fatal. Al seguir descifrando la visión que tuvo, no reparó en que Aquiles encendió su cosmos y reunía relámpagos en su mano derecha, y que se transformaron en una esfera de energía blanca.
— ¡Toma esto! ¡ROLLING THUNDER! —Aquiles lanzó la esfera con la palma abierta, aprovechando que su oponente se quedó inerte por unos segundos. Cuando Sofía pudo procesar que ya se encontraba en la realidad, era demasiado tarde. Sintió el ataque dirigirse hacia su persona con una velocidad aterrante y solo le quedaba tiempo para defenderse, así que usó el escudo de su armadura. Aunque de nada sirvió, ya que la esfera, al mero contacto, destruyó por completo el escudo del Dragón y la esfera chocó contra su estómago, dándole una fuerte descarga eléctrica que incluso la elevó en los aires por la fuerte corriente de electricidad. La técnica se desvaneció y Sofía cayó de bruces al suelo, con un impacto de gran magnitud que sumó más piezas de armadura destruidas, esta vez siendo las hombreras, junto con su máscara de amazona; de su cuerpo inmóvil salieron líneas de humo.
Aquiles se acercó para comprobar si había muerto y retomar su camino para eliminar al santo dorado de Libra. Al verla, concluyó que le quedaba poco tiempo de vida, así que en un acto de bondad dejaría que ella muriera sola.
—Ahora sólo espera tu muerte. —Dijo Aquiles, mirando con desdén a Sofía. Se dio media vuelta, dispuesto a marcharse, pero ni siquiera había dado un paso, cuando, sorpresivamente, sintió que la amazona lo agarraba del tobillo. — ¡Dragón! —Exclamó el Héroe Mítico en sorpresa; por unos instantes sintió un miedo recorrerle su espina dorsal. No podía concebir que todavía tuviera energías para combatir ni mucho menos aferrarse tenazmente a la vida.
—Nu… nuestro… combate… aún no acaba…—Musitó Sofía, quien a pesar de estar sumamente débil, tenía la voluntad de continuar, como toda una guerrera consagrada a Athena.
Desde el cielo surgió un brillo de blancos intensos que cada vez se hacía más grande, y llegado a un punto, el brillo se transformó en miles de luces de energía que adquirieron líneas en espiral. Pronto logró divisarse en los cielos a dos figuras, cayendo velozmente a la tierra. Al Héroe Mítico Belerofonte no le preocupó ese hecho en absoluto. Tan solo le bastó usar su fuerza y velocidad combinadas para poder planear en medio del aire y así acercarse al templo de Leo. Logró aterrizar, poniendo ambos pies primero, sin hacerse daño y destruyendo varias escaleras por su combinación hercúlea de fuerza y velocidad.
En cuanto a Akuma, no tuvo tanta suerte ya que se encontraba inconsciente, con varios hilos de sangre por todo el cuerpo y, por supuesto, con su armadura totalmente llena de grietas y abolladuras. El santo del cangrejo impactó de espaldas con el techo de su templo, dejando un hoyo de gran tamaño en el mismo y su caída fue detenida abruptamente por el piso de mármol. La fuerza con la que chocó fue la responsable de que su armadura se destruyera del todo, quedando innumerables añicos dorados desperdigados por doquier.
Belerofonte subió los escalones que le faltaban y penetró en el templo del león de Nemea. Tan solo dio unos pasos cuando sintió de repente un cosmos encenderse y fuera recibido con millones de golpes que dejaban un rastro de luces entrecruzadas.
— ¡LIGHTNING PLASMA! —Exclamó a todo pulmón Javier de Leo, liberando su más poderosa técnica. Él no permitiría que su adversario pasara por el templo del león, no sin dar pelea, y no sin antes de que el guerrero de Ares atravesara por un infierno para lograrlo.
—Lo he dicho muchas veces, —dijo Belerofonte, recibiendo los millones de impactos de luz que no le afectaban en lo absoluto —nadie puede vencerme. —Javier detuvo su técnica viendo la inefectividad de la misma. —En mis tiempos de gloria, me sentía tan feliz derrotando a genios; pero ahora debo de conformarme con vencer a simples santos que creen que lo pueden todo. —Expresó, caminando con seguridad y encendiendo su cosmos. — ¡Ahora apártate! —Exclamó con ferocidad, mientras concentraba su cosmos en su puño.
— ¡Este tipo…!—El santo de Leo elevó su cosmos, preparándose para recibir el ataque del Héroe Mítico.
— ¡BOOMERANG! —Exclamó Belerofonte, lanzando el golpe con su brazo izquierdo.
Sin embargo, Javier elevó aún más su cosmos en instantes, y milagrosamente logró detener el ataque, usando para ello su brazo derecho y cuya mano retuvo firmemente el antebrazo de Belerofonte a solo unos centímetros de impactar en contra de su pecho, ante lo cual, el santo dorado sonrió de satisfacción.
— ¡Apuesto que soy el primero! —Exclamó con un orgullosa autorrealización y mirando fijamente al Héroe Mítico.
— ¡El primer tonto que hace esto! —Esta vez era Belerofonte quien sonreía con malicia, concentrando más cosmos en su golpe.
— ¡¿Qué… que es este golpe?! —Javier observó cómo Belerofonte abrió su mano izquierda, colocándola en el peto de su armadura de Leo. Horrorizado, el santo contempló como a continuación, su oponente aplicaba una insondable presión en su mano cerrándola, consiguiendo deformar el metal dorado como si fuera arcilla y agarrando de esta forma peculiar a su oponente. No conforme, Belerofonte utilizó otra vez su fuerza, esta vez poniendo de cabeza al santo de Leo.
Un soldado raso del Santuario asestó su puño en el pecho del Héroe Mítico Ícaro, y para el terror del guerrero, su golpe ni siquiera le hizo cosquillas. Ícaro agarró al soldado por el cuello, utilizando su mano derecha, además de que el levantar unos centímetros del suelo a su desafortunado oponente no le costó trabajo. El guerrero de Ares aplicaba más fuerza de poco en poco, conformándose con estrangularlo. Sin embargo, algo hizo que volteara su cabeza. Percibió por unos segundos como su compañero Heracles peleaba contra la amazona de bronce de Fénix, en vez de que estuviera peleando contra el santo de Libra o Acuario. Gruñó de fastidio y descargó su frustración contra el pobre soldado, atravesando su pecho con la mano izquierda, todavía con la vista fija en el horizonte en donde estaba su compañero.
—Maldita sea, —Dijo Ícaro con molestia, retirando su mano ensangrentada del cuerpo del soldado —ese idiota de Heracles. Este plan ya me cansó, así que iré a vencer a los otros dos que pueden ser Patriarca. —Y dicho eso, soltó el cuerpo del soldado y se fue de ahí, revelando que antes ya había vencido cientos de soldados, todos ellos tumbados en el suelo, muertos y con su sangre formando un enorme charco.
—Ya todo acabó…—Dijo Orfeo, mirando a Aarón en el suelo, agonizando.
Y mientras el santo de Piscis solo observaba, Orfeo elevó su cosmos y alzó su brazo derecho, preparado para dar el golpe final.
Continuará…
En el próximo capítulo de Siguiente Generación: El poderoso Belerofonte continúa su travesía por los doce templos, siendo imparable. Mientras, en el templo de Acuario, se suscitará un combate entre el Héroe Mítico Ícaro y Gabriel de Acuario. El duelo se inclina a favor de Heracles, poniendo en serias dificultades a Idalia de Fénix. La pelea de Aarón de Piscis contra el Héroe Orfeo llegará a su conclusión. ¿Será Aarón quien se lleve la victoria? Y de ser así ¿Tendrá las respuestas que tanto ha buscado? Los misterios empezarán a resolverse…
Notas:
(1) Shomen: La parte frontal del Dojo, ubicado de forma opuesta a la entrada. Normalmente dicha pared era construida en dirección al norte.
(2) Kamidana: Especie de altar (puede ser de religión sintoísta o budista) que tradicionalmente se coloca al frente del Dojo (Shomen). En dicho altar, los practicantes de artes marciales dan sus respetos a los espíritus de sus ancestros o a los mismos dioses.
(3) Wakizashi: Sable de corta longitud, de entre 30 a 60 cm. Usada exclusivamente por los samuráis en conjunto con la katana. Dicho sable podía ser usado en espacios cerrados debido a su corta longitud, haciéndolo más efectivo que la katana.
(4) Daisho: Nombre compuesto por las palabras "Daito" (Espada grande) y "Shoto" (Espada pequeña). Los términos designan a la katana y a la wakizashi, las espadas usadas exclusivamente por los samuráis.
